Los tres pilares de la energía global tras la crisis de Ormuz
20 jul 2026
La crisis del estrecho de Ormuz no solo ha alterado el equilibrio geopolítico en Oriente Medio, sino también ha dejado al descubierto una nueva realidad del mercado energético mundial. Hoy, el futuro de la industria petrolera depende cada vez más de la interacción entre tres grandes actores, indica el analista de mercados petroleros Konstantín Símonov.
Los expertos ya habían comenzado a hacer balance del último conflicto en torno a Irán, cuando la situación en el estrecho de Ormuz volvió a agravarse bruscamente. En realidad, esto no resulta demasiado sorprendente. Parece que ahora no tiene mucho sentido especular sobre lo que ocurrirá exactamente en el estrecho de Ormuz a corto plazo. Sin embargo, sí es perfectamente posible extraer algunas conclusiones sobre la transformación del mercado mundial del petróleo.
La crisis de Ormuz ha definido con claridad a tres actores clave cuyas relaciones determinarán en gran medida la evolución de la industria petrolera. Puede decirse que ahora el mercado del petróleo se sostiene sobre tres pilares. No obstante, a diferencia de la antigua concepción de la estructura del mundo, estos pilares mantienen entre sí relaciones muy complejas, lo que no garantiza estabilidad sino, por el contrario, una mayor turbulencia.

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El primer pilar son los Estados Unidos. Conviene analizar su lógica con más detalle, ya que fueron ellos quienes se convirtieron en los iniciadores y la principal fuerza impulsora de la nueva gran guerra en Oriente Medio.
Estados Unidos lleva tiempo ocupando el primer lugar tanto en la producción de petróleo como de gas. Sin embargo, la auténtica revolución fue su transformación en exportador de petróleo, productos petrolíferos y GNL. La crisis de Ormuz consolidó precisamente este papel de Estados Unidos, lo cual es de importancia fundamental.
Durante mucho tiempo, Estados Unidos fue percibido como el mayor consumidor de hidrocarburos. Según los datos del Energy Institute, al cierre de 2025 Estados Unidos seguía por delante de China: en Estados Unidos se consumieron algo más de 1.000 millones de toneladas de petróleo, mientras que en China solo 793 millones de toneladas.
La guerra con Irán demostró que ahora es precisamente la función de Estados Unidos como proveedor de petróleo y GNL al mercado mundial la que debe tenerse en cuenta. Y, consciente de que la demanda mundial de petróleo y gas sigue creciendo a un ritmo menor del que desearían los productores, actúa con extrema dureza contra sus competidores: los demás exportadores de hidrocarburos. Las compañías petroleras rusas ya han sentido el impacto de las sanciones estadounidenses.
El primer pilar son los Estados Unidos. Conviene analizar su lógica con más detalle, ya que fueron ellos quienes se convirtieron en los iniciadores y la principal fuerza impulsora de la nueva gran guerra en Oriente Medio.
Estados Unidos lleva tiempo ocupando el primer lugar tanto en la producción de petróleo como de gas. Sin embargo, la auténtica revolución fue su transformación en exportador de petróleo, productos petrolíferos y GNL. La crisis de Ormuz consolidó precisamente este papel de Estados Unidos, lo cual es de importancia fundamental.
Durante mucho tiempo, Estados Unidos fue percibido como el mayor consumidor de hidrocarburos. Según los datos del Energy Institute, al cierre de 2025 Estados Unidos seguía por delante de China: en Estados Unidos se consumieron algo más de 1.000 millones de toneladas de petróleo, mientras que en China solo 793 millones de toneladas.
La guerra con Irán demostró que ahora es precisamente la función de Estados Unidos como proveedor de petróleo y GNL al mercado mundial la que debe tenerse en cuenta. Y, consciente de que la demanda mundial de petróleo y gas sigue creciendo a un ritmo menor del que desearían los productores, actúa con extrema dureza contra sus competidores: los demás exportadores de hidrocarburos. Las compañías petroleras rusas ya han sentido el impacto de las sanciones estadounidenses.
Ahora, además, Estados Unidos ha demostrado disponer de instrumentos militares de influencia sobre el mercado destinados a desconectar de él a sus competidores. El nuevo conflicto militar con Irán no solo provocó el bloqueo de Ormuz, sino que también desencadenó ataques iraníes contra la infraestructura petrolera y gasística de los países productores del Golfo.
Debe reconocerse a Estados Unidos como un 'proveedor expulsor': un exportador que eliminará a sus competidores del mercado por cualquier medio, incluidos los instrumentos militares y políticos. Estados Unidos ha demostrado una actitud completamente nueva hacia los conflictos armados. Yo la denomino "la guerra del grifo": cuando Estados Unidos puede iniciarla rápidamente cuando lo considera necesario y terminarla con la misma rapidez.
Los acontecimientos de mediados de julio, cuando Estados Unidos comenzó a bombardear Irán y este volvió a restringir la navegación por Ormuz, lo confirman claramente. Trump puso fin a la guerra, dio inicio a la Copa Mundial de Fútbol, celebró su cumpleaños y el 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, y luego volvió a "abrir el grifo".
Estados Unidos mostró la vulnerabilidad de la logística ajena y, al mismo tiempo, recordó el poder de su Armada, que constituye simultáneamente una amenaza para el suministro de hidrocarburos 'ajenos' (incluido en el marco de la lucha contra quienes violan las sanciones estadounidenses) y una garantía de la fiabilidad de los envíos procedentes de los propios Estados Unidos.
Hoy en día, la navegación en la zona de Ormuz depende ya no solo de Irán, sino también de Estados Unidos, que puede utilizar la guerra en la región como un conflicto controlado: puede apagarla o volver a intensificarla. En este sentido, Estados Unidos ni siquiera necesita lograr un cambio de régimen en Irán hacia uno completamente leal.
Debe reconocerse a Estados Unidos como un 'proveedor expulsor': un exportador que eliminará a sus competidores del mercado por cualquier medio, incluidos los instrumentos militares y políticos. Estados Unidos ha demostrado una actitud completamente nueva hacia los conflictos armados. Yo la denomino "la guerra del grifo": cuando Estados Unidos puede iniciarla rápidamente cuando lo considera necesario y terminarla con la misma rapidez.
Los acontecimientos de mediados de julio, cuando Estados Unidos comenzó a bombardear Irán y este volvió a restringir la navegación por Ormuz, lo confirman claramente. Trump puso fin a la guerra, dio inicio a la Copa Mundial de Fútbol, celebró su cumpleaños y el 250.º aniversario de la independencia de Estados Unidos, y luego volvió a "abrir el grifo".
Estados Unidos mostró la vulnerabilidad de la logística ajena y, al mismo tiempo, recordó el poder de su Armada, que constituye simultáneamente una amenaza para el suministro de hidrocarburos 'ajenos' (incluido en el marco de la lucha contra quienes violan las sanciones estadounidenses) y una garantía de la fiabilidad de los envíos procedentes de los propios Estados Unidos.
Hoy en día, la navegación en la zona de Ormuz depende ya no solo de Irán, sino también de Estados Unidos, que puede utilizar la guerra en la región como un conflicto controlado: puede apagarla o volver a intensificarla. En este sentido, Estados Unidos ni siquiera necesita lograr un cambio de régimen en Irán hacia uno completamente leal.
Lo importante es que los países del golfo Pérsico y los principales importadores de hidrocarburos comprendan que Estados Unidos puede, si lo desea, cerrar fácilmente Ormuz. Resulta muy significativo que durante la guerra Trump ofreciera constantemente a los compradores adquirir hidrocarburos estadounidenses. Esto sonó con especial insistencia durante la visita de Estado de Trump a China en mayo de 2026.
Otro aspecto importante para Estados Unidos es el muy oportuno aumento de los precios mundiales del petróleo. El hecho es que la producción petrolera estadounidense se ha enfrentado a determinados problemas técnicos. Está aumentando el contenido de agua en los pozos, así como la relación entre el gas extraído y el petróleo. Resolver estos problemas solo es posible mediante nuevas inversiones. Y los productores de petróleo de esquisto no estaban en absoluto preparados para realizarlas con los precios vigentes a comienzos de 2026.

El precio del Brent supera los 90 dólares en medio de la escalada entre EE.UU. e Irán
Los bajos precios hacían que la perforación de nuevos pozos en varias cuencas no fuera rentable. En cambio, el fuerte aumento del precio del petróleo incrementó el atractivo de nuevos proyectos en Estados Unidos, incluidos no solo los de esquisto, sino también los del golfo de México. También cobra sentido el cambio de poder en Venezuela: los proyectos de altísimo coste en la cuenca del río Orinoco eran completamente inviables con los precios de comienzos de año.
Otro aspecto importante para Estados Unidos es el muy oportuno aumento de los precios mundiales del petróleo. El hecho es que la producción petrolera estadounidense se ha enfrentado a determinados problemas técnicos. Está aumentando el contenido de agua en los pozos, así como la relación entre el gas extraído y el petróleo. Resolver estos problemas solo es posible mediante nuevas inversiones. Y los productores de petróleo de esquisto no estaban en absoluto preparados para realizarlas con los precios vigentes a comienzos de 2026.
El precio del Brent supera los 90 dólares en medio de la escalada entre EE.UU. e Irán
Los bajos precios hacían que la perforación de nuevos pozos en varias cuencas no fuera rentable. En cambio, el fuerte aumento del precio del petróleo incrementó el atractivo de nuevos proyectos en Estados Unidos, incluidos no solo los de esquisto, sino también los del golfo de México. También cobra sentido el cambio de poder en Venezuela: los proyectos de altísimo coste en la cuenca del río Orinoco eran completamente inviables con los precios de comienzos de año.
Pero ahora el interés por ellos puede aumentar considerablemente. Las nuevas inversiones en el petróleo de esquisto y en los proyectos costa afuera de Estados Unidos, así como en los países políticamente controlados por Washington, pasan a ser potencialmente rentables.
La producción de petróleo crudo en Estados Unidos ya se acerca a los 14 millones de barriles diarios. Si además se incluyen el condensado y los biocombustibles (es decir, lo que en Estados Unidos se denomina 'liquids'), la diferencia resulta aún más impresionante. Estados Unidos alcanza los 24 millones de barriles diarios. Durante la crisis de Ormuz, Estados Unidos se convirtió en exportador neto de petróleo crudo. Esto ocurrió por primera vez desde 1943. En mayo, las exportaciones estadounidenses de petróleo alcanzaron un récord de 5,6 millones de barriles diarios.
Es cierto que las importaciones también se situaban aproximadamente en esos mismos volúmenes. Al mismo tiempo, comenzó una venta activa de reservas estratégicas. En esencia, Estados Unidos se apoderó del mercado petrolero europeo, del que fueron expulsados los proveedores rusos. Hoy, algo menos del 50 % de las exportaciones estadounidenses de petróleo crudo tienen como destino Europa.
Pero lo más importante es que Estados Unidos continuó aumentando las exportaciones de productos petrolíferos. En su informe de junio, el Departamento de Energía de EE.UU. estima las exportaciones netas de productos petrolíferos en 6,3 millones de barriles diarios.

Las cartas que aún guarda Irán por si estalla una guerra a gran escala
Sí, unos precios excesivamente altos impulsan el precio de la gasolina en el mercado interno y proporcionan argumentos a los partidarios de las energías renovables para reducir el consumo de petróleo crudo. Hace falta equilibrio. Por eso Trump puso el conflicto militar en pausa. Sin embargo, poco después, lo reanudó. Esta táctica permitirá a Estados Unidos regular los precios del petróleo no solo mediante el comportamiento de los especuladores en el mercado de futuros, sino también mediante guerras controladas.
El segundo pilar es la OPEP+, de la que también forma parte Rusia. Se encuentra bajo una presión evidente, y la política agresiva de Estados Unidos constituye un desafío manifiesto. La OPEP+ fue creada hace diez años con el objetivo de influir en los precios mundiales. Funcionó, pero poco a poco la expansión de la producción y las exportaciones estadounidenses acabó generando el principal problema. Para elevar los precios, la OPEP+ tenía que limitar su producción, pero apareció el "efecto del polizón". Estados Unidos (así como Canadá, Noruega, Guyana y Brasil), que no forma parte de la OPEP+, aumentaba tranquilamente su producción, apropiándose de una mayor cuota de mercado.
Al comprender el comportamiento del otro pilar —Estados Unidos—, los países de la OPEP+ se encontraron ante un problema serio. Ya no podrán ser reguladores del mercado simplemente reduciendo o aumentando la producción. Además, Estados Unidos decidió reducir la cuota de mercado de la OPEP+ también mediante métodos político-militares. Contra Rusia aplicó sanciones; contra Arabia Saudita, el bloqueo de Ormuz. Además, durante la crisis de Ormuz, la OPEP+ perdió a Emiratos Árabes Unidos. La producción petrolera de este país alcanzó en junio los 3,8 millones de barriles diarios.
La producción de petróleo crudo en Estados Unidos ya se acerca a los 14 millones de barriles diarios. Si además se incluyen el condensado y los biocombustibles (es decir, lo que en Estados Unidos se denomina 'liquids'), la diferencia resulta aún más impresionante. Estados Unidos alcanza los 24 millones de barriles diarios. Durante la crisis de Ormuz, Estados Unidos se convirtió en exportador neto de petróleo crudo. Esto ocurrió por primera vez desde 1943. En mayo, las exportaciones estadounidenses de petróleo alcanzaron un récord de 5,6 millones de barriles diarios.
Es cierto que las importaciones también se situaban aproximadamente en esos mismos volúmenes. Al mismo tiempo, comenzó una venta activa de reservas estratégicas. En esencia, Estados Unidos se apoderó del mercado petrolero europeo, del que fueron expulsados los proveedores rusos. Hoy, algo menos del 50 % de las exportaciones estadounidenses de petróleo crudo tienen como destino Europa.
Pero lo más importante es que Estados Unidos continuó aumentando las exportaciones de productos petrolíferos. En su informe de junio, el Departamento de Energía de EE.UU. estima las exportaciones netas de productos petrolíferos en 6,3 millones de barriles diarios.
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Sí, unos precios excesivamente altos impulsan el precio de la gasolina en el mercado interno y proporcionan argumentos a los partidarios de las energías renovables para reducir el consumo de petróleo crudo. Hace falta equilibrio. Por eso Trump puso el conflicto militar en pausa. Sin embargo, poco después, lo reanudó. Esta táctica permitirá a Estados Unidos regular los precios del petróleo no solo mediante el comportamiento de los especuladores en el mercado de futuros, sino también mediante guerras controladas.
El segundo pilar es la OPEP+, de la que también forma parte Rusia. Se encuentra bajo una presión evidente, y la política agresiva de Estados Unidos constituye un desafío manifiesto. La OPEP+ fue creada hace diez años con el objetivo de influir en los precios mundiales. Funcionó, pero poco a poco la expansión de la producción y las exportaciones estadounidenses acabó generando el principal problema. Para elevar los precios, la OPEP+ tenía que limitar su producción, pero apareció el "efecto del polizón". Estados Unidos (así como Canadá, Noruega, Guyana y Brasil), que no forma parte de la OPEP+, aumentaba tranquilamente su producción, apropiándose de una mayor cuota de mercado.
Al comprender el comportamiento del otro pilar —Estados Unidos—, los países de la OPEP+ se encontraron ante un problema serio. Ya no podrán ser reguladores del mercado simplemente reduciendo o aumentando la producción. Además, Estados Unidos decidió reducir la cuota de mercado de la OPEP+ también mediante métodos político-militares. Contra Rusia aplicó sanciones; contra Arabia Saudita, el bloqueo de Ormuz. Además, durante la crisis de Ormuz, la OPEP+ perdió a Emiratos Árabes Unidos. La producción petrolera de este país alcanzó en junio los 3,8 millones de barriles diarios.

Captura de pantallaGettyimages.ru
Los países de la OPEP+ participantes en el acuerdo produjeron en junio 27,6 millones de barriles diarios. La diferencia respecto al objetivo superó los 7 millones de barriles diarios. Eso es precisamente lo que la alianza perdió debido a las acciones agresivas de Estados Unidos.
Si se consideran todos los miembros formales de la OPEP+, la producción será mayor: 36,3 millones de barriles diarios. Pero incluso esta cifra muestra que la OPEP+ controla ya menos del 40 % de la producción mundial de petróleo. Al mismo tiempo, la salida de países de la OPEP+ convertiría a muchos productores en peces más pequeños, que difícilmente podrán resistir el empuje de Estados Unidos, el principal pilar del mercado. Sin embargo, la cuestión de cambiar la política de la OPEP+ en un mercado en transformación se vuelve cada vez más urgente.
El tercer pilar es China. Precisamente el reconocimiento de su papel en el mercado petrolero puede considerarse uno de los resultados más importantes de la crisis de Ormuz. Recuerdo muy bien cómo, en los primeros días de la crisis, muchos expertos occidentales aseguraban que, si el bloqueo de Ormuz se prolongaba más de un mes, el mercado sufriría una catástrofe y los precios alcanzarían al menos los 150 dólares por barril.
Los países de la OPEP+ participantes en el acuerdo produjeron en junio 27,6 millones de barriles diarios. La diferencia respecto al objetivo superó los 7 millones de barriles diarios. Eso es precisamente lo que la alianza perdió debido a las acciones agresivas de Estados Unidos.
Si se consideran todos los miembros formales de la OPEP+, la producción será mayor: 36,3 millones de barriles diarios. Pero incluso esta cifra muestra que la OPEP+ controla ya menos del 40 % de la producción mundial de petróleo. Al mismo tiempo, la salida de países de la OPEP+ convertiría a muchos productores en peces más pequeños, que difícilmente podrán resistir el empuje de Estados Unidos, el principal pilar del mercado. Sin embargo, la cuestión de cambiar la política de la OPEP+ en un mercado en transformación se vuelve cada vez más urgente.
El tercer pilar es China. Precisamente el reconocimiento de su papel en el mercado petrolero puede considerarse uno de los resultados más importantes de la crisis de Ormuz. Recuerdo muy bien cómo, en los primeros días de la crisis, muchos expertos occidentales aseguraban que, si el bloqueo de Ormuz se prolongaba más de un mes, el mercado sufriría una catástrofe y los precios alcanzarían al menos los 150 dólares por barril.
La principal víctima debía ser China, como el mayor importador de petróleo del mundo. Pero eso no ocurrió. ¿Por qué? Porque China utilizó sus reservas estratégicas y comerciales, que antes de la crisis sumaban aproximadamente 1.200 millones de barriles de petróleo. Durante 2024 y 2025, China llevó a cabo uno de los programas de acumulación de reservas más amplios de toda su historia. Se preparó muy bien para Ormuz.
Como resultado, China simplemente redujo drásticamente sus importaciones, y lo hizo sin perjudicar el consumo interno (aunque tuvo que reducir las exportaciones de productos petrolíferos). Si se compara mayo de 2026 con mayo de 2025, la caída de las compras a proveedores extranjeros superó los 13 millones de toneladas, o algo menos de 100 millones de barriles.
Como resultado, China simplemente redujo drásticamente sus importaciones, y lo hizo sin perjudicar el consumo interno (aunque tuvo que reducir las exportaciones de productos petrolíferos). Si se compara mayo de 2026 con mayo de 2025, la caída de las compras a proveedores extranjeros superó los 13 millones de toneladas, o algo menos de 100 millones de barriles.
Las estadísticas oficiales de aduanas correspondientes a junio aún no se han publicado, pero las estimaciones preliminares muestran que la reducción de las importaciones fue igualmente significativa. Si se toma un período más largo, de enero a mayo, las importaciones de petróleo disminuyeron aproximadamente un 5 % interanual. Al mismo tiempo, China conservó una parte considerable de sus reservas.

Sombrío pronóstico de Goldman Sachs sobre los precios del petróleo
Sin embargo, Estados Unidos se quedó con Venezuela, de donde China compraba activamente petróleo. Y sigue presionando a Irán (no es ningún secreto que el petróleo iraní se vende principalmente a la República Popular China). Por ello, la lucha entre los pilares continúa. Es importante señalar que la imposición excesivamente agresiva de sus recursos energéticos por parte de Estados Unidos ya provoca un rechazo firme en China. Trump tiene suficiente ímpetu para declarar una guerra arancelaria a China y, al mismo tiempo, ofrecerle sus propios recursos energéticos.
Entretanto, China lleva ya más de un año sin importar petróleo ni GNL de Estados Unidos. China comprende que la creación de una situación de escasez artificial de petróleo se está convirtiendo en un escenario perfectamente realista. Y es necesario responder a ello. Llegar a un acuerdo con el primer pilar será extremadamente difícil. Sobre todo, porque ya ha sometido el mercado europeo. Por lo tanto, será necesario construir relaciones más estrechas con el segundo pilar, incluyendo la creación de sus propias reglas para el comercio del petróleo. Es posible que aumente el comercio petrolero en yuanes, así como la actividad de ventas en las bolsas chinas.
Sombrío pronóstico de Goldman Sachs sobre los precios del petróleo
Sin embargo, Estados Unidos se quedó con Venezuela, de donde China compraba activamente petróleo. Y sigue presionando a Irán (no es ningún secreto que el petróleo iraní se vende principalmente a la República Popular China). Por ello, la lucha entre los pilares continúa. Es importante señalar que la imposición excesivamente agresiva de sus recursos energéticos por parte de Estados Unidos ya provoca un rechazo firme en China. Trump tiene suficiente ímpetu para declarar una guerra arancelaria a China y, al mismo tiempo, ofrecerle sus propios recursos energéticos.
Entretanto, China lleva ya más de un año sin importar petróleo ni GNL de Estados Unidos. China comprende que la creación de una situación de escasez artificial de petróleo se está convirtiendo en un escenario perfectamente realista. Y es necesario responder a ello. Llegar a un acuerdo con el primer pilar será extremadamente difícil. Sobre todo, porque ya ha sometido el mercado europeo. Por lo tanto, será necesario construir relaciones más estrechas con el segundo pilar, incluyendo la creación de sus propias reglas para el comercio del petróleo. Es posible que aumente el comercio petrolero en yuanes, así como la actividad de ventas en las bolsas chinas.

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La crisis de Ormuz demostró que el petróleo sigue siendo un bien indispensable y que la creación de una escasez artificial genera problemas para muchos Estados. Al mismo tiempo, el período de funcionamiento tranquilo ha quedado atrás: la aspiración de Estados Unidos a la dominación energética mundial ha generado una enorme turbulencia, también en la logística y el comercio.
La crisis de Ormuz demostró que el petróleo sigue siendo un bien indispensable y que la creación de una escasez artificial genera problemas para muchos Estados. Al mismo tiempo, el período de funcionamiento tranquilo ha quedado atrás: la aspiración de Estados Unidos a la dominación energética mundial ha generado una enorme turbulencia, también en la logística y el comercio.
Sin embargo, es posible encontrar una respuesta a este desafío, entre otras cosas, mediante la creación de coaliciones entre grandes productores y compradores sobre nuevas bases. Al mismo tiempo, la geopolítica no solo ha regresado al negocio del petróleo, sino que ha pasado a ocupar en él un lugar central.
Por Konstantín Símonov, director ejecutivo de la Fundación de la Seguridad Energética Nacional de Rusia
Por Konstantín Símonov, director ejecutivo de la Fundación de la Seguridad Energética Nacional de Rusia