El saqueo de Kemet
Lo que no nos cuentan cuando miramos a Egipto
Por Emiliano "Emiwa" Gorrini
07 de julio de 2026

Egipto recupera el "ataúd verde" del Museo de Ciencias Naturales de Houston KHALED ELFIQI. EFE
Mientras la selección argentina se prepara para enfrentar a Egipto en los octavos de final del Mundial, la historia de este país invita a revisar el legado de Kemet desde una mirada antirracista, cuestionando siglos de colonialismo, extractivismo y blanqueamiento histórico.
A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, las campañas militares y expediciones científicas impulsadas por las potencias europeas marcaron el nacimiento de la egiptología moderna, recordando quizás, las grandes menciones que hicieron los fundadores del conocimiento europeo como Herodoto, Sócrates, Isócrates, Platón y Manetón, entre otros, que abiertamente contaban que sus grandes saberes los obtuvieron de los habitantes de las cuencas del Nilo.
A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, las campañas militares y expediciones científicas impulsadas por las potencias europeas marcaron el nacimiento de la egiptología moderna, recordando quizás, las grandes menciones que hicieron los fundadores del conocimiento europeo como Herodoto, Sócrates, Isócrates, Platón y Manetón, entre otros, que abiertamente contaban que sus grandes saberes los obtuvieron de los habitantes de las cuencas del Nilo.
Aquella civilización, conocida por sus habitantes como Kemet —término que, para el pensamiento afrodiaspórico, se traduce como “la tierra de los negros”—, fue el epicentro del conocimiento que Occidente intentó sistemáticamente apropiarse y blanquear.
Uno de los primeros en arribar con su ejército fue Napoleón, quien se llevó todo lo que pudo de esas tierras, incluyendo el Disco Zodiacal de Dendera, un bloque de piedra de 2.55 x 2.53 metros, donde se encuentran representadas las constelaciones del cielo que le dan origen a los signos del zodiaco que actualmente utilizamos, con constelaciones que el humano actual aún no encuentra.
Uno de los primeros en arribar con su ejército fue Napoleón, quien se llevó todo lo que pudo de esas tierras, incluyendo el Disco Zodiacal de Dendera, un bloque de piedra de 2.55 x 2.53 metros, donde se encuentran representadas las constelaciones del cielo que le dan origen a los signos del zodiaco que actualmente utilizamos, con constelaciones que el humano actual aún no encuentra.
El disco fue robado y llevado al Museo Louvre en París, Francia. Otro viajero fue Champollion, conocido como “El padre de la Egiptología” quien muy lejos de las capacidades de construcción de los egipcios, dinamitó cientos de lugares para “estudiar” y tomar “prestados” miles de objetos sagrados.
Desenterrar las bases del conocimiento humano y aceptar que este conocimiento fue desarrollado en Africa, por negros, supuso siempre un gran problema para los estudiosos europeos. Los mismos africanos que dejaron de ser considerados seres humanos para justificar el genocidio más grande que tuvo la humanidad hasta ahora, la trata trasatlantica de esclavizados.
Desenterrar las bases del conocimiento humano y aceptar que este conocimiento fue desarrollado en Africa, por negros, supuso siempre un gran problema para los estudiosos europeos. Los mismos africanos que dejaron de ser considerados seres humanos para justificar el genocidio más grande que tuvo la humanidad hasta ahora, la trata trasatlantica de esclavizados.
¿Cómo explicar al mundo que la astronomía, las matemáticas, la biología, la anatomía, la médicina, la agricultura, la arquitectura, todo lo que sabemos fue aprendido de los negros del Nilo?
El intento de blanqueamiento de Egipto sigue la línea del intento de blanqueamiento del origen de la humanidad, cuando se intentó falsificar cráneos de dudosa antigüedad y colocarlos en Europa para combatir los verdaderos hallazgos en Ethiopia. Contra todo esto lucharon personas como Cheik Anta Diop, quien tuvo que crear un método científico para establecer el nivel de melanina en la piel de las momias y confirmar su negritud.
A este proceso se suma la soberbia de los autoproclamados “descubridores de Egipto”. Durante 200 años, llegaron a Kemet financiados por la riqueza del colonialismo global para, con migajas, comprar información a los locales sobre las ubicaciones más importantes. Luego, obligaban a esos mismos habitantes a cargar baldes de arena para desenterrar los tesoros que, finalmente, los europeos se llevarían a sus casas con las manos impolutas; un ejemplo claro es Howard Carter “descubriendo” la tumba de Tutankamón.
Egipto es, sin dudas, la matriz de las religiones contemporáneas; un legado expresado en mitos, simbolismo, armonía y proporción. En Kemet, los atributos o funciones de un único Dios creador se representan mediante los Neter, aquellas figuras antropomorfas mal llamadas “dioses”. Toda la cosmogonía heliopolitana —que emerge desde el Nun o “las aguas primordiales” hasta conformar la Enéada Divina— culmina en el Mito de Osiris, donde la unión con Isis da nacimiento a Horus, cimentando la mayor influencia directa para el concepto cristiano de la Sagrada Familia.
Este inmenso conocimiento se traslada también a la ciencia material. Quien pise los templos del Nilo notará la abrumadora influencia arquitectónica que Kemet dejó para Occidente, utilizando geometría sagrada y proporciones áureas miles de años antes de que existiera Fibonacci. En cuanto a la medicina, el complejo acto de la momificación requirió un nivel anatómico superlativo, sumado a los cientos de registros de intervenciones quirúrgicas documentadas en los papiros de Ebers y Edwin Smith, con más de 3500 años de antigüedad.
Sin embargo, hablar de Egipto omitiendo los procesos históricos de invasión, colonización, extractivismo y racismo es ser cómplices de quienes se apropiaron de este legado. Hoy mismo, cientos de proyectos internacionales y corporaciones buscan descifrar jeroglíficos para adueñarse de estas técnicas ancestrales, continuando un blanqueamiento sistemático que lleva 200 años exhibiéndose en los museos de todo el mundo. Si verdaderamente queremos gozar del conocimiento Kemético, es de suma urgencia asumir la responsabilidad de reparar la historia.
*Artista y activista antirracista de DIAFAR.
El intento de blanqueamiento de Egipto sigue la línea del intento de blanqueamiento del origen de la humanidad, cuando se intentó falsificar cráneos de dudosa antigüedad y colocarlos en Europa para combatir los verdaderos hallazgos en Ethiopia. Contra todo esto lucharon personas como Cheik Anta Diop, quien tuvo que crear un método científico para establecer el nivel de melanina en la piel de las momias y confirmar su negritud.
A este proceso se suma la soberbia de los autoproclamados “descubridores de Egipto”. Durante 200 años, llegaron a Kemet financiados por la riqueza del colonialismo global para, con migajas, comprar información a los locales sobre las ubicaciones más importantes. Luego, obligaban a esos mismos habitantes a cargar baldes de arena para desenterrar los tesoros que, finalmente, los europeos se llevarían a sus casas con las manos impolutas; un ejemplo claro es Howard Carter “descubriendo” la tumba de Tutankamón.
Egipto es, sin dudas, la matriz de las religiones contemporáneas; un legado expresado en mitos, simbolismo, armonía y proporción. En Kemet, los atributos o funciones de un único Dios creador se representan mediante los Neter, aquellas figuras antropomorfas mal llamadas “dioses”. Toda la cosmogonía heliopolitana —que emerge desde el Nun o “las aguas primordiales” hasta conformar la Enéada Divina— culmina en el Mito de Osiris, donde la unión con Isis da nacimiento a Horus, cimentando la mayor influencia directa para el concepto cristiano de la Sagrada Familia.
Este inmenso conocimiento se traslada también a la ciencia material. Quien pise los templos del Nilo notará la abrumadora influencia arquitectónica que Kemet dejó para Occidente, utilizando geometría sagrada y proporciones áureas miles de años antes de que existiera Fibonacci. En cuanto a la medicina, el complejo acto de la momificación requirió un nivel anatómico superlativo, sumado a los cientos de registros de intervenciones quirúrgicas documentadas en los papiros de Ebers y Edwin Smith, con más de 3500 años de antigüedad.
Sin embargo, hablar de Egipto omitiendo los procesos históricos de invasión, colonización, extractivismo y racismo es ser cómplices de quienes se apropiaron de este legado. Hoy mismo, cientos de proyectos internacionales y corporaciones buscan descifrar jeroglíficos para adueñarse de estas técnicas ancestrales, continuando un blanqueamiento sistemático que lleva 200 años exhibiéndose en los museos de todo el mundo. Si verdaderamente queremos gozar del conocimiento Kemético, es de suma urgencia asumir la responsabilidad de reparar la historia.
*Artista y activista antirracista de DIAFAR.