28 mar 2015

ASÍ FUE LA TORTURA EN ÉPOCAS DE BORDABERRY

En el Batallón 13


José Jorge Martínez. Uno de los capítulos de su libro “Crónicas de una derrota-Testimonio de un luchador”.

“Siento correr un portón de hierro y me invade una música estridente. Me bajan, me atan fuertemente las manos por detrás con un cable y me sacan la funda que me envuelve la cabeza: estoy contra una pared. Luego me tapan los ojos con una tela áspera y la anudan fuertemente. También me cuelgan algo del cuello y alguien me dice que en adelante me llamarán por un número que me

indica y que por los nervios olvido de inmediato. Ahora me toman firmemente del brazo y me conducen unos metros. Una voz me pregunta: cómo te llamás. Contesto Martínez. Una bofetada. Me pregunta de nuevo: cómo te llamás. Uno aprende rápido y contesto José Jorge Martínez. El Tito, comenta el interrogador, y sigue: la mano viene brava para vos, ¿vas a hablar? Callo, esperando otra bofetada. No se produce. Me toman de nuevo del brazo y me llevan, me hacen subir una escalera de madera y luego de unos pasos nos paramos. De súbito me toman vigorosamente de los brazos y de la nuca, son dos pienso, y me doblan, hundiéndome la cabeza en un tacho con agua. Es un agua con algo viscoso, con olor nauseabundo, vómito pienso, es un olor inconfundible pienso, mientras cierro fuertemente la boca. Al cabo de un momento, es fácil de aguantar me digo. Pasa el tiempo y sigo con la cabeza en el agua. Siento que me asfixio, el pecho parece explotar, me agito inútilmente, lo único que pienso es no abrir la boca, pero el agua comienza a entrar por la nariz, me sacudo, la nariz me arde. Me levantan. Respiro a bocanadas, ruidosamente, ansiosamente. Me preguntan: vas a hablar. No digo nada. Otra, se dicen, y de nuevo me empujan por la nuca hacia el agua, larga, interminablemente; siento que voy perdiendo el control, no resisto, no resisto, abro la boca y aspiro, el agua y la porquería entran pero no aire, me convulsiono, me sacan. Me preguntan: vas a hablar, puto. No digo nada. Me impulsan otra vez hacia el tacho y así todo recomienza.

Estoy parado hace mucho tiempo, no sé dónde ni cuánto. Pienso insistentemente, obsesivamente, bueno, esto es así, se aguantó una vez, se puede aguantar otra, hay que pasarlo de a una vez, de una vez por vez, sí, de una vez por vez”.

“Siento que me ponen una capucha, no sé de que material: está húmeda, huele a roña, a inmundicia. Me llevan casi corriendo, a los tropezones y de inmediato estoy otra vez con la cabeza en el agua. Pero para mi alivio esta vez me sacan pronto: un tipo me toma la capucha a la altura de la garganta y la aprieta. No entiendo qué pretende. El tipo la aprieta aun más, la estruja y siento que me falta el aire; abro bien la boca y en vez de aire me entra la capucha, me sacudo como loco, me sujetan violentamente, deben ser tres, me asfixio, siento que me voy, el tipo afloja y me llega aire que trago a borbotones; el tipo vuelve a estrujar la capucha, imagino que la capucha entra también por la nariz, pataleo y logro zafar pero un golpe en la cabeza da conmigo en el suelo y puedo respirar aliviado. Una voz me dice: vos te la buscaste, ahora vas a saltar, vas a ver lo que es bueno. Advierto que a los tirones me arrancan la ropa y me dejan desnudo; me tiran sobre algo duro pero flexible, no sé, sí, parece una cama metálica con elásticos y con una arpillera mojada arriba.

Picana, es la picana; me recorren el cuerpo y yo me arqueo, salto como una rana, me tiran agua encima y siento que vibro todo entero. Alguien me dice: vas a hablar, hijo de puta. La picana pasa por el pecho y me da como un golpe, percibo lejanamente que me paralizo. Un tipo me levanta los labios, hurga en mi boca cerrada y un rayo continuo se me descarga. Oigo a alguien que grita, que aúlla, soy yo”.

“Me están haciendo subir otra vez la escalera; de nuevo la picana, me digo, ¿cuántos días van? Tres, cuatro, no me acuerdo bien. Una vez por vez me repito monótonamente, hay que pasarlo una vez por vez. Estoy arriba y con las vísceras apretadas espero que empiece, pero no, un tipo me habla. Amable, firme. Me está diciendo que es al cohete que me haga masacrar, que tarde o temprano todos terminan hablando. A esta altura por las voces ya me he dado cuenta que los que torturan son oficiales, que los soldados, los números, sólo te llevan y traen, pero aun así éste es otra cosa”.

“El tipo pierde la paciencia, o hace que la pierde, y me grita, es un truco, pienso, es técnica elemental de interrogatorio, pienso, y el tipo me insulta, se evapora su corrección, me golpea, es un golpe seco y duro, es una cachiporra de goma identifico, el tipo me da en la espalda, en los brazos, se encarniza en los muslos, que queman, atontado en un momento me caigo y el tipo me sigue dando en el suelo, sin parar. No, ahora se detiene y me vuelve a conminar, vuelve a ser convincente, dice que me tiene lástima, que no sea idiota al pedo. Callo. Vuelve a pegarme en los muslos. Duele mucho, pero pienso que se puede soportar, que al lado de la picana en la pija eso no es nada, que mejor siga con los golpes y gimo para impresionarlo.

Al final se detiene. Debe haber hecho un gesto porque sin más palabras me agarran y me llevan escaleras abajo. Me hacen caminar un trecho y luego me dicen quieto y me dejan. Estoy desconcertado. Ya sé que alzando con disimulo la cabeza puedo entrever algo debajo de la venda, por las comisuras: lo hago brevemente y percibo otros pies, concluyo que estamos de plantón, esperando. Siento una conversación, parece radial, alguien está diciendo 300 Carlos, sí, aquí Oscar 2, escucho”.

“Debe ser ya media mañana. Alzo la cabeza para tratar de ver algo cuando un fuerte golpe en la cabeza me saca las ganas: y al cabo de un rato alguien viene y me coloca algodones en los ojos debajo de la venda: esto debe ser jodido, pienso, cuando noto que algunas hebras se me han metido debajo de los párpados.

Me vienen a buscar y me digo, con pánico, de nuevo arriba. No, me ponen otra vez la atadura a la espalda, maniobran con ella y siento que soy lentamente izado, mis brazos arqueados en la espalda se elevan y alzan tras ellos el cuerpo, éste se estira, me pongo de puntillas, se sigue elevando: estoy en el aire. Alguien ha tanteado con el pie haciéndome oscilar y así quedo.

No pensaba en nada, duraba como una cosa, cuando me apercibo que ahora con las puntas de los pies rozo el piso: me duelen terriblemente los omóplatos pero igual hago un esfuerzo para bajar; me retuerzo, lo voy logrando y consigo que los dedos de mi pie derecho se apoyen, sí, se apoyan en el suelo. No me dan tiempo para saber si he mejorado o empeorado porque alguien viene, siento que maniobra con la cuerda y vuelvo a elevarme en el aire. Es insoportable, pero continúa sin pausas.

Puedo ver, a través de la venda puedo ver con claridad a unos niños que me miran atentos, curiosos, son cinco o seis y uno tiene los dedos en la boca: están callados e inmóviles; ahora se mecen, crecientemente se mecen en el aire mientras me miran reflexivos. Estoy abstraído ante los niños que me custodian expectantes mientras oscilan ingrávidos como movidos por una brisa.

Alguien me toma por los sobacos y me alza mientras otro va soltando la cuerda; voy recobrando la lucidez en tanto los músculos de los hombros se van encogiendo entre punzadas taladrantes: siento que me voy a derrumbar pero me sostienen y luego uno me lleva trastabillando, me hace acostar y me arropa con un poncho. Quedo muerto.

Estoy otra vez en el gancho, colgado. Una voz, alguien, me habla y yo me retuerzo en el aire; la voz me pregunta si ahora estoy dispuesto a hablar, nada digo, el tipo me insulta larga y pacientemente, me lo pregunta de nuevo y yo decido no contestarle pero me oigo decir entre gemidos nombres no, nombres no cuando algo me toca y salto, es la picana, yo me arqueo, los omóplatos van a reventar, me sacudo, cimbreo como una bandera sacudida por un ventarrón. Voy perdiendo la noción de las cosas.

Alguien me toma por los sobacos”.

“Nuevamente estoy de plantón. Llevo cinco, no, seis días con esta rutina diabólica, plantón, gancho, picana, reposo, plantón, gancho, picana. Llevo cinco, no, seis días, dormitando sólo parado, los pies están hinchados y vivo en un sopor que no sé qué pensarán ellos pero que hacen más soportable el tormento”.

“Estoy colgado del gancho. De pronto aparece Adriana que se detiene a lo lejos y me mira callada, meditativa. Yo me pregunto qué estará haciendo ahí, qué imprudencia, la van a agarrar, qué incauta. Ella me mira en silencio y yo me esfuerzo para hacerle señas con la cabeza de que se vaya ya, que no se arriesgue porque la va a quedar. No me hace caso y mi tensión sube: qué temeridad y todo para qué, si al menos tentara aflojarme la cuerda y yo pudiera apoyarme en el suelo: pero no, está demasiado lejos. Ahora parece que me ha comprendido y sin darse vuelta comienza a alejarse lentamente, cuando yo me apercibo que tengo una necesidad y le digo que me traiga un par de alpargatas, sí, necesito imperiosamente un par de alpargatas. Ella no contesta ni da señales de haber oído; alpargatas, le imploro, le grito, por favor, alpargatas. Desaparece, se ha ido: pero yo necesito alpargatas.

Estoy de plantón. Siento ruidos familiares porque estoy al lado del baño y del baño mana como un arroyo de aguas servidas que empieza a mojarme los pies: es mierda, diablos, es mierda...”

“Estoy sentado: es el descanso de cinco minutos. Siento los ojos pegajosos. Me preocupa que la infiltración de los algodones debajo de los párpados haga que sienta que mis ojos supuren permanentemente y que provoque que la pringue de hilos de algodón, pestañas y líquido vayan formando como pequeños bolsones. Alguien viene y me examina la pierna. Es que al costado de la pantorrilla ha erupcionado como una úlcera y exuda una débil mezcla de pus y sangre. Ya lo había entrevisto con indiferencia, como una curiosidad. Ahora que me examinan me digo que es raro porque nunca he tenido várices, me pregunto displicente a qué se deberá. El tipo parece que me pasa un algodón mojado, una y otra vez, y en la maniobra le huelo un tufo alcohólico; me pone una gasa y la sujeta con una cinta. Yo pienso decirle que no se preocupe por pavadas, lo que me importa son los ojos que supuran cada vez más, sí. El tipo parece que se ha ido: a mí lo que me preocupan son los ojos

Estoy sentado y viene alguien que me dice: tomá, mientras me da un par de pastillas y yo me digo: qué bueno, debe ser para los ojos, el médico será un borracho pero se acordó; las trago y luego recuerdo que no alcancé a planteárselo pero tal vez el tipo se dio cuenta, y me digo qué atento, qué tipo piola. Mientras, viene la orden, de pie, y cuando me dispongo a pararme siento una mano en el hombro y me dicen no, vos no, dormí. Me invade una enorme sensación de felicidad, de reconocimiento y gratitud, y me recuesto encogido entre los ponchos. Qué bien se está: mi agradecimiento es totalizador, qué buenos son pienso, después de nueve días podré dormir, qué tipos macanudos. Me despierto y quedo absorto: veo grandes manchas de color, geométricas, como un conjunto de edificios que se movieran lentamente, meciéndose, tal como si fueran haces de luz multicolor. Es un espectáculo tranquilo, de una serenidad increíble, profundamente armonioso, que trae paz y bienestar. Lo observo sosegado, sin preguntarme a qué corresponderá. Lo acepto plácidamente encantado. Los planos de luz se cortan, se entroncan como si estuvieran regidos por una música inaudible. Es posible que me haya muerto, me digo sin el menor asomo de inquietud, sí, es posible, mientras alguien cerca está diciendo: 300 Carlos, aquí Oscar 1.

Los plazos se han acortado: ahora, cuando me cuelgan del gancho, los niños me vienen a ver casi de inmediato”.

“... ¿cuánto llevo aquí? Concluyo que debe ser un mes, más o menos un mes. Qué mierda. Me viene una certidumbre, absoluta, total: estoy en reparaciones y dentro de poco recomenzará todo, pero sólo una vez, sí, una vez, y luego abandonarán y me llevarán al Juzgado: si después de todo ya saben todo, me dejarán en paz. Sólo tengo que aguantar otra tanda de torturas como la primera: si aguanté una puedo aguantar otra, y después me dejarán en paz, me dejarán en paz”.

“Luego de cuatro o cinco días de recuperación todo ha recomenzado: la colgada, la picana, los plantones; todo el día, todos los días. Es inaguantable; antes me decía una vez por vez, pero ahora ya sé que esa una vez va a durar un mes por lo menos, un mes soportando esto. Ya no sólo me duelen los hombros cuando me cuelgan, sino que al llevarme y tocarme casualmente siento ya un tormento. Mejor estar muerto, me digo, mejor morir que seguir soportando esto.

Dale, puto de mierda, hablá, qué ganás con hacerte masacrar. Nombres no, nombres no. Salto en el aire, siento que me desgarro.

Me llevan, otra vez me llevan al gancho: pero no, la escalera, será otra vez el tacho, es preferible, me enlazan una cuerda al cable que me ata las muñecas en la espalda y me empujan, tropiezo, me empujan y quedo montado a caballo sobre una barra. Un tipo me dice: mirá que esto nadie lo aguanta, largá mejor. Quedo expectante, aterrado, y contesto nombres no, nombres no. La picana, salto en el aire, me retuerzo y caigo, la barra es filosa y el tajo es como si me seccionara en la entrepierna el hueso, no me dan tiempo ni para pensar y vuelvo a saltar, es como si me rajaran todo el cuerpo, siento que todo yo estallo, ahora caigo sobre los testículos, van a explotar, vuelvo a saltar, siento que me voy, salto.

Estoy acostado porque han suprimido los plantones: luego que me aplican el caballete me bajan y me acuestan. Y aquí quedo, en un sopor, idiotizado, todo el resto del día. Rechazo la comida, mejor dicho, no la ingiero, simplemente no hago nada. Nada. Dormito.

Me tiran agua a la cara, cobro conciencia, me levantan y me llevan: de nuevo el caballete, mejor morir me digo. Estoy en lo alto de la escalera, doy un brusco tirón, me suelto, monto a horcajadas sobre la baranda, voy a saltar, me agarran, me tiran al suelo, gritan. Pará, hijo de puta, qué querías, tirarte, bien, soldado, bien, estuvo atento, pero para qué querías hacerlo, para qué, qué fanáticos.

Me llevan, otra vez me llevan. Me digo esto no va a parar nunca, no, no va a parar”.

“Viene alguien que me quita la atadura y me alcanza una camisa y un short. Recién me apercibo que estoy casi desnudo, con sólo un calzoncillo: y que está mugriento. En dos meses sólo una vez me ducharon con una manguera y cantidad de veces me cagué encima. Sí: no sólo es el calzoncillo, soy yo el que está inmundo. Me pongo la ropa y me preocupo porque el short es muy chico: qué falta de consideración, me digo.

Voy en un camión cerrado. Pienso que a lo mejor me llevan a un Juzgado militar (...). Sigue otro rato y ahora se detiene. Me bajan con cuidado y me doy cuenta que no venía solo. Siento gritos e insultos, me empujan, me golpean, hemos llegado a un cuartel, imagino”. http://www.laondadigital.com/laonda/laonda/201-300/265/a3.htm

Comentario de Andres Gesto: La Unidad de Capacitación (de la UDELAR) se llama José Jorge "Tito" Martínez Fontana en honor a un reconocido funcionario de la Universidad de la República. José Jorge "Tito" Martínez Fontana nació en 1931. En 1954 ingresó por concurso a la Universidad de la República como funcionario no docente.
Estudió arquitectura, fue militante del Centro de Estudiantes, tuvo una destacada participación en la consecución de lo que fue el Plan de Estudios 1952 y en la lucha por la Ley Orgánica.
Durante la Dictadura fue detenido, torturado durante 37 días y recluido, primero en un cuartel y luego en el Penal de Libertad, durante nueve años.
Cuando el Ing. Rafael Guarga fue electo Rector de la Universidad de la República, Martínez le acompañó como Asistente Académico desde 1998 hasta su jubilación en el 2000. A modo de homenaje se le asignó su nombre a la Unidad de Capacitación.

Brasil: transformaciones nacional-populares y clase media

Por Rafael Cuevas Molina

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Sectores medios reaccionarios y obtusos han salido a la calle a mostrar su disconformidad con esos gobiernos que piensan tanto en los pobres. Piden golpes de Estado, sacan a relucir prejuicios anticomunistas y muestran una agresividad impropia de “la gente linda”.
Varios países latinoamericanos, pero especialmente Brasil, han logrado sacar de la pobreza a extensas capas de la población, haciéndolas ingresar en la clase media. Los logros brasileños son espectaculares, y son uno de los resultados del acento en las políticas sociales que, desde el gobierno de Lula, se viene poniendo en práctica.
Sacar a la gente de la pobreza debe ser una desiderata de primer orden, especialmente en nuestra época, cuando la humanidad cuenta con los recursos para hacerlo, pero el acaparamiento de los beneficios del desarrollo, que crece exponencialmente en la cúspide de la pirámide social, no lo permite.
Ingresar en la clase media es, pues, bueno, deseable y loable. Pero la clase media es extensa, variada, desigual, a tal punto que, a lo mejor, es preferible hablar de sectores medios, en plural, y no utilizando el concepto de “clase”, que abonaría en dirección de una cierta homogeneidad que no posee.
Es bueno hacer la distinción anterior para evitar hacer generalizaciones abusivas. Hay, en los sectores medios, quienes viven de un salario y quienes son pequeños y medianos empresarios. Hay diferencias de educación y de capacidad de consumo.
Los sectores medios son inestables, pueden subir o bajar en la escala social con relativa facilidad y eso marca su mentalidad. Tienden, por lo tanto, a ser conservadores, a cuidar sus logros materiales, y se sienten retados a demostrar que les va bien, que tienen éxito económico, profesional o empresarial. Es decir, a mostrar que no bajan sino que suben en la escala social.
En una sociedad como en la que vivimos en América Latina, los sectores medios son consumistas e individualistas. El consumo es una marca que puede otorgar distinción, mostrar que se está bien, que se va para arriba, que se es mejor que los demás. El individualismo es producto de la lucha feroz por escalar en la pirámide social.
Se habla, por lo tanto, de una mentalidad clasemediera que es, en buena medida, la mentalidad de la apariencia a través de la posesión de cosas. El clasemediero es más que los demás porque tiene algo que los demás no tienen, o que es mejor que lo que los demás tienen. Tal vez un carro más grande, más rápido, más a la moda. Tal vez una casa con más habitaciones, hecha con materiales más costosos, más parecida a las de los ricos.
La mentalidad clasemediera siente horror a que se le confunda con el pobre, o a que se piense que proviene de la pobreza. Hará todo lo posible por mostrar que nunca estuvo estacionado ahí, es decir, en la pobreza, y buscará la forma de encontrar ancestros prestigiosos que le den lustre a su presente: un abuelo europeo, rubio y con dinero, por ejemplo, que perdió toda su fortuna por azares del destino; unos parientes en algún lugar lejano en donde nieva, toman vinos finos y ven con desprecio a la hordas atrasadas del tercer mundo. Indios o negros no existen en el árbol genealógico familiar.
Las políticas sociales de los gobiernos nacional populares de América Latina han permitido que los sectores medios se ensanchen criando, así, los cuervos que les sacaran los ojos. Esos sectores medios ensanchados, conservadores y temerosos, temen que más personas sigan llegando al lugar que ellos ocupan ahora. Lo que quieren es afianzar su estatus y los demás, que se olviden. Han olvidado de dónde vienen, pero saben con certeza a dónde quieren ir: hacia el paraíso clasemediero, es decir, al centro comercial a comprar, a estar entre sus iguales, a sentirse “gente bonita” y olvidarse de esos negros feos que habitan en ciudadelas mugrosas de las que no deberían de salir nunca.
Estos sectores medios reaccionarios y obtusos han salido a la calle a mostrar su disconformidad con esos gobiernos que piensan tanto en los pobres. Piden golpes de Estado, sacan a relucir prejuicios anticomunistas y muestran una agresividad impropia de la gente linda.
La semana pasada se manifestaron en Brasil y antes en Caracas y Buenos Aires. Deberían formar una internacional clasemediera con representación en la OEA para poder pedir más fácilmente la intervención de los Estados Unidos para poner las cosas en orden.
*Presidente AUNA-Costa Rica

Informe de la Justicia de EEUU vincula a agentes de la DEA con prostitución

El escándalo apenas comienza. Este jueves el Departamento de Justicia reveló un informe de 131 páginas en el que se revela cómo un grupo de agentes estadounidenses vivieron en el país durante tres años en apartamentos que les dio el gobierno colombiano. Entre el 2005 y el 2008 se habrían celebrado majestuosas fiestas con prostitutas financiadas por capos del narcotráfico.

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La noticia se dio a conocer a través de los periodistas John Bresnahan y Lauren French, del portal político.com, quienes se basan en un informe de la oficina del Inspector General que publicó el Departamento de Justicia.
“Al menos 10 agentes de la DEA ya han admitido haber participado de dichos encuentros y varios de ellos recibieron suspensiones de dos a 10 días como castigo”, según el portal Político.
Entre las denuncias que revela el informe se asegura, además, que agentes de la Policía Nacional de Colombia habrían “custodiado las armas de los agentes de la DEA mientras se celebraban las fiestas”, como se lee en el informe que cita el portal. “Los oficiales extranjeros alegaron que, además de las prostitutas, a tres Agentes Especiales de la DEA, los miembros del cartel les proporcionaron dinero, regalos caros y armas”, agrega el informe. Aún no se han revelado nombres de carteles, capos ni de los agentes involucrados.
Esta no es la primera vez que se da a conocer algo similar, aunque sí podría ser la más grave. Hace tres años, unos días antes de la visita del presidente Barack Obama a la Cumbre de las Américas, 12 agentes del Servicio Secreto se vieron involucrados en un escándalo similar  en Cartagena, al confirmarse que llevaron prostitutas a sus habitaciones de hotel. El caso aún está bajo investigación.
El agravante de este escándalo sería que las ‘fiestas sexuales’ habrían sido patrocinadas por quienes los agentes de la DEA están obligados a perseguir.
Las escandalosas revelaciones hacen parte de una investigación que adelanta la oficina del Departamento de Justicia sobre acoso sexual dentro de la DEA, del FBI y de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas y Explosivos.
Aparentemente, la oficina de responsabilidad profesional de la DEA se enteró de la situación hasta 2010 a través de una denuncia anónima. Sin embargo, la DEA ya había sido alertada sobre este tipo de acusaciones debido a las quejas de la administración del edificio en el que se encuentra la oficina de la DEA en Bogotá.
El Representante Republicano Jason Chaffetz dijo al portalpolítico.com que “esto no se puede ignorar. (…) Tenemos que entender qué es lo que está pasando con la cultura (…) cada vez que un nacional entra en un otro país está buscando problemas”.
“Tenemos que entender lo que está sucediendo. Necesitamos saber cómo se van a responsabilizar a estas personas. No debe haber duda sobre la severidad de la pena”, dijo Chaffetz.
“El oficial extranjero (“foreign officer”) supuestamente arregló ‘fiestas sexuales’ para estos agentes de la DEA con prostitutas financiadas por los cárteles de la droga locales en las habitaciones arrendados por el gobierno, durante varios años”, dice el informe del Inspector General.
“El Departamento ya está trabajando para aplicar la normatividad que garantice una política de cero tolerancia frente al acoso sexual y a la mala conducta se aplica y para que los incidentes se reporten correctamente. El Departamento también se comprometió a garantizar la adecuada conservación y la divulgación de las comunicaciones electrónicas, incluidos los mensajes de texto e imágenes”, dijo Patrick Rodenbush, un portavoz del Departamento de Justicia.

Ver informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos:

Hervé Falciani, el hombre que reveló las maniobras de lavado y fuga de divisas del HSBC

Falciani fue quien reveló el listado, que incluye a más de 4 mil personas físicas y jurídicas de Argentina con cuentas por U$S 3.500 millones, encabezado por el Grupo Clarín.

En un entrevista exclusiva con el periodista Ari Lijalad, y la primera que brinda a un medio argentino, el ingeniero informático franco-italiano dio detalles de su denuncia a los grandes evasores y las maniobras del banco HSBC para facilitar el lavado y la fuga.Audio Player






Con sus respuestas en un castellano, itálico-francés, Falciani, criticó no solo a la función de los bancos, sino también denunció un entramado que abarca a los medios de comunicación, “muchas veces los bancos controlan la prensa, porque no quieren que se hable de esto” explicó. “Lo que se tiene que entender es que hace falta poco para poder blanquear dinero”, dijo.

“Todo eso es posible sólo por motivo de falta de control, que no se llevaban en los bancos y que no se llevan tampoco ahora. Es claro que son ellos, los políticos, que escuchan más a los empresarios que a la lógica y los intereses de todos”, explicó.

Falciani insiste en que la mejor manera de recuperar los 20 mil billones que están fugados a nivel global, es realizando acciones conjuntas entre los países y brega por una coordinación entre Italia, Francia, España y Argentina.
“Por supuesto, podemos mirar los clientes o, al mismo tiempo, podemos mirar a los bancos. Los clientes pueden ser los testigos que van a ofrecer medidas para cambiar el sistema.”, explicó.

“Tengo que explicar que he insistido para que Argentina haga preguntas también a otros banqueros, como gente de la UBS, Creditte Suisse, y otros.”

Falciani, explicó que no es fácil llegar a que los casos de esta relevancia sean afrontados por la justicia: “He tenido más de 5 años para que empiecen las investigaciones judiciales. Y ese es el ejemplo de todo el problema que tenemos. El peligro que yo veo para mí, para los que estamos luchando contra esta opacidad, es que muchas veces también los bancos controlan la prensa.

No quieren que se hable de esto. No quieren, no dejan que se hable de esto.” “Te quieren matar no sólo con una pistola, sino con el tiempo, con la falta de medios”, reveló.

“Jamás he podido hacer alguna cosa sólo. Pude hacer estas acciones sólo gracias a la ayuda de muchas personas.” y agregó a modo de máxima que “No se pueden cambiar las reglas que son injustas sin enfrentar a las reglas, a las leyes”.

Ante la pregunta de Ari Lijalad, sobre si aceptaría venir a la Argentina para colaborar con las investigaciones sobre evasión respondió: “Claro. Estoy esperando hace muchos años poder participar y ayudar. Y como lo digo, hace falta sólo que lo pidan en un modo legal, oficial. Yo he hecho muchos viajes `escondido´, pero ahora que las cosas están cambiando falta sólo un gobierno con valor que tenga el valor de pedir esta ayuda oficialmente. India ha pedido esto, y espero que también Argentina va a pedir esta ayuda, y pueda organizar esta ayuda en colaboración con el Estado francés”.

Hervé Falciani está imposibilitado de viajar ya que tiene un pedido de INTERPOL que le impide desplazarse.

El ingeniero informático continuó: “Usted tiene que elegir, o tener unos o tener miles. ¿Que prefieres? Si nosotros apuntamos sobre los clientes vamos a obtener unos. Pero si apuntamos sobre los bancos vamos a obtener miles de veces más. No es porque esté bien que los clientes no paguen impuestos. Es porque los mecanismos van a sacar más resultados. Sólo por eso”

“Y que si vamos por un banco podemos acabar con esto, acabamos con los otros bancos también.”.

Hervé Falciani, nacido en 1972 en Montecarlo, Mónaco, es un ingeniero de sistemas italo-francés que desde 2009 colabora activamente con la justicia de varios países aportando información de supuestas cuentas de más de 130 000 evasores fiscales que podrían tener dinero en bancos suizos, en concreto con información que consiguió cuando trabajaba en la filial suiza del banco HSBC

Esta información se conoce como ‘Lista Falciani’
http://www.radionacional.com.ar/?p=51564#.VRVCPRdWwM8.facebook


La democracia del dinero


 Por Osvaldo Bayer



La democracia del dinero. Un tema para discutir ya. En Alemania, todos los años se reinicia esta discusión. Acaban los diarios de publicar la gran noticia: “Los gerentes alemanes ganan más que nunca”, y se trae la lista. Para no creer en una democracia. El que más gana es el gerente general de la empresa automovilística Volkswagen, Martin Winterkorn, que en 2014 obtuvo 15,9 millones de euros. Algo increíble, seis por ciento más de lo que percibió en 2013. El segundo en cobrar más es Dieter Zetschke, presidente de Daimler-Mercedes Benz, con 14,4 millones de euros anuales, cinco por ciento más que el año anterior. En tercer lugar, nada menos que el director del correo alemán, Frank Appel, con 9,6 millones de euros, 22 por ciento más que en 2013; luego Ulf Schneider, de la empresa Fresenius, con una ganancia anual de 9,2 millones de euros, 70 por ciento más que en 2013; luego Kurt Bock, de BASF, 7,8 millones, 54 por ciento más que en 2013; luego Kasper Rorsted, de Henkel, con 7,7 millones; Joe Kaeser, de Siemens, con 6,7 millones; Martin Dekkerss, de Bayer, con 6,7 millones; Elmar Degenhardt, de Continental, y Anshu Jain, del Deutsche Bank, ambos con 6,2 millones anuales cada uno.
Increíble. Una sociedad que se dice democrática, donde los jubilados y desocupados viven con 500 euros mensuales. Mientras bajo el mismo cielo hay gente que gana millones. ¿Es democracia esto? Sí, Alemania es considerado el país más democrático de Europa. Es como para ir al espejo de casa y sacarse la lengua a sí mismo. Aquí la ironía llega ya a sus límites: Grecia, con el nuevo gobierno de izquierda, manifestó ante Europa su imposibilidad de pagar sus deudas al Mercado Común Europeo. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, le respondió que les rebaje los sueldos a los jubilados. Es increíble, sí, es que los jubilados griegos tienen fama de ser los que mejor están en Europa. Pero, ¿qué sentido tiene que una sociedad democrática les quite a sus jubilados para pagar deudas exteriores? Democrático, el ministro.
Debe comenzar ya la gran discusión sobre lo que es democracia. No puede ser que se llame democrático a un país donde hay personas que ganan millones y otros que tienen apenas para comer, si lo tienen. Democracia, ante todo, debe significar Libertad en Igualdad. Lo repetimos siempre, cabe una vez más nuestro Himno Nacional de 1813: “Ved en trono a la noble Igualdad. ¡Libertad, Libertad, Libertad!”. Es como para cantárselo a estos ejecutivos alemanes en pleno rostro. No es democrático un régimen donde algunos ganan millones y otros –y no son pocos– reciban apenas monedas. Hablo de Alemania, pero en Estados Unidos las diferencias son peores. Lo que ganan los ejecutivos de las empresas es el triple o más de lo que ganan los ejecutivos alemanes.
Las empresas tienen un argumento cuando se les reprochan esos altos pagos: “Si no se les paga eso los managers se van a Estados Unidos donde los atraen con mejores sueldos”. Sí, los ejecutivos norteamericanos, como decimos, ganan dos o tres veces más que lo que reciben los alemanes en su país. Quiere decir que el “mal de la democracia”, con las diferencias sociales tan grandes, viene de ese ejemplo de llamada democracia. En 2014, el ejecutivo que en Estados Unidos ganó más dinero fue Robert Iger, del consorcio Walt Disney, que obtuvo unos 32,1 millones en euros, para comparar con el ejecutivo alemán de más ganancias: 15,9 millones de euros.
Además, a los ejecutivos se les pone a disposición autos con choferes y se les pagan todos los gastos de comunicación.
Son todas fórmulas económicas inspiradas en el ejemplo de Estados Unidos, que siguen imponiéndose con su forma de actuar en el mundo entero.
Todo pertenece al reino de la hipocresía. El que es rico “por algo será”, es el principio ético que vale. No se estudia, por ejemplo, cómo el poder somete y cómo las posibilidades de llegar a los sueldos vienen a ser el único fin moral de la sociedad.
Por supuesto, esa forma de cambiar la Etica por la “capacidad de producción” o la capacidad de ganar más es el fondo de la ideología capitalista. Que –y esto lo repetimos una vez más– se basa en la democracia del voto. Y del ciudadano que cree que ya con poner el papel en la urna es un democrático. La realidad de nuestra democracia es que hay partidos políticos que tienen millones y otros que dependen apenas del bolsillo del obrero.
Alguna vez el pueblo argentino saldrá a la calle cantando ese increíble “Ved en trono a la noble Igualdad. ¡Libertad, Libertad, Libertad!” y hará valer esos principios tan soñados por aquellos hombres de Mayo como Moreno, Belgrano y Castelli.
Hay un ejemplo en el mundo: el pueblo armenio que –desde que los turcos cometieron ese horrible crimen del genocidio armenio con más de un millón y medio de víctimas– no dejó nunca en todo el mundo de reclamar justicia. Y eso ha tenido su eco. Nadie ya puede negar ese crimen tan cobarde y absurdo. Por ejemplo, la Iglesia Católica Argentina, por primera vez en su historia, dio una misa en la Catedral por las víctimas armenias en aquel holocausto. La misa fue ofrecida por el cardenal Marco Aurelio Poli. Y estaba presente el arzobispo de la Iglesia Apostólica Armenia para Argentina y Chile, monseñor Mouradian. Por su parte, el papa Francisco anunció que oficiará una misa en la Basílica de San Pedro por las víctimas armenias, el 12 de abril próximo. Y para el 24 de abril próximo, a las 19.15, se organizó un acto religioso en “reconocimiento de los mártires del genocidio armenio” en el convento de Santa Anna Kloster, Munich, donde actuará el coro de mujeres de Geghard, Armenia.
La movilización constante de todo un pueblo a lo largo de un siglo ha tenido ese reconocimiento. Sólo así, con la gente en la calle, lograremos un mundo sin miserias, sin niños con hambre y en Libertad.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-269176-2015-03-28.html