22 may 2015

El avance yihadista desconcierta a Estados Unidos

Washington se resiste a implicarse más en la guerra, pero constata que las fuerzas iraquíes son incapaces de derrotar al EI



                        Obama, este jueves en el Despacho Oval. / JONATHAN ERNST (REUTERS)






Desconcertada por los avances recientes del Estado Islámico (EI) en Siria e Irak, la Administración Obama reexamina la estrategia. Los cambios, de momento, son mínimos. El Pentágono ha enviado cohetes antitanques y estudia ampliar el entrenamiento de las tropas locales.
El problema es que los estadounidenses se resisten a implicarse más en la guerra, pero constatan que las fuerzas iraquíes, por sí solas, son incapaces de derrotar a los yihadistas. Irak, 12 años después de la invasión, ocupa de nuevo el centro de la pelea política.
Irak es, para Estados Unidos, la guerra sin fin. Cuando parece que ha terminado, regresa. La toma, en menos de una semana, de Palmira (Siria) y Ramadi (Irak), por el EI es un contratiempo para Washington. Casi un año después del inicio de una intervenciónpara frenar a los terroristas yihadistas suníes, los resultados son magros.

Casi un año después del inicio de una intervención para frenar a los terroristas yihadistas suníes, los resultados son magros
En Irak, la estrategia de la Administración Obama consiste en apoyar con bombardeos aéreos y asesores militares sobre el terreno a las fuerzas iraquíes que combaten contra el EI. Ahora hay unos 3.000 asesores. En Siria, es más complicado. EE UU, que allí participa en la guerra con ataques aéreos, es enemigo del régimen de Bachar el Asad y del EI, que son enemigos entre sí.
El presidente Barack Obama no quiere enviar tropas terrestres. Esta opción, como la de desentenderse definitivamente de Irak y Siria y dejar de bombardear, está descartada. El inconveniente es que esta estrategia obliga a EE UU a delegar en fuerzas locales.
En Mosul, hace un año, y en Ramadi ahora, el Ejército de Irak ha demostrado su deficiente preparación para derrotar al EI. La otra fuerza local son las milicias chiíes, algunas controladas por Irán. El problema aquí, para Washington, es ceder el control de la guerra a Teherán.
El objetivo del presidente Obama es crear una fuerza con suficiente presencia suní. Se trata, primero, de integrar a este grupo en un Ejército, el iraquí, dominado por los chiíes. Y segundo, de evitar que el conflicto se convierta en una guerra civil en la que, gane quien gane, los intereses estadounidenses saldrán dañados.

Irak, 12 años después de la invasión, ocupa de nuevo el centro de la pelea política en Estados Unidos
La caída de Palmira y Ramadi ocurre menos de una semana después de que un mando militar estadounidense dijese que el EI estaba “a la defensiva” y que ya sólo era capaz de realizar “ataques a pequeña escala, localizados, de hostigamiento”.
Palmira y Ramadi obligan a repensar la estrategia. El mayor cambio puede consistir en aparcar los planes para reconquistar Mosul, la otra gran ciudad iraquí en manos de los yihadistas, y centrarse en Ramadi. A esto se añade el envío de 2.000 cohetes antitanques, y la posibilidad de reforzar el adiestramiento de fuerzas locales.

En Washington, el debate sobre la responsabilidad se reabre. ¿Fue culpa del presidente republicano George W. Bush al invadir Irak en 2003? ¿De Obama al replegarse en 2011? Los candidatos republicanos presidenciales apuntan al demócrata Obama.
Todos escuchan la pregunta: ¿habría invadido Irak sabiendo que las armas de destrucción masiva no existían? Los titubeos de Jeb Bush, hermano de George, ante esta pregunta, o el no de halcones como el senador Marco Rubio, demuestran que la discusión —y la herida— siguen abiertas.
Oficialmente la guerra terminó en diciembre de 2011, cuando se retiraron las últimas tropas estadounidenses. O acaso antes, en mayo de 2003, cuando Bush hijo declaró “misión cumplida” a borde del portaaviones Abraham Lincoln, tres meses después de la invasión.
En realidad, Estados Unidos lleva obsesionado con Irak desde mucho antes: desde 1990, cuando Sadam Husein invadió Kuwait y el presidente George Bush padre empezó a movilizar una coalición internacional contra Husein.

El Pentágono admite las primeras muertes de civiles en la campaña

REUTERS (WASHINGTON)
Estados Unidos ha reconocido por primera vez este jueves que durante la campaña de ataques aéreos que comenzó el pasado verano en Siria e Irak contra el Estado Islámico ha habido bajas civiles.
El Departamento de Defensa ha admitido que “probablemente” dos niños sirios murieron en un bombardeo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos en noviembre en los alrededores de la ciudad siria de Harim. El ataque golpeó instalaciones del grupo Jorasán, integrado por veteranos de Al Qaeda.
“Lamentamos la pérdida no intencionada de vidas”, dijo en un comunicado el general James L. Terry, comandante de la campaña contra el EI. “La coalición sigue tomando todas las medidas razonables durante el proceso de objetivo para mitigar los riesgos a los no combatientes, y para cumplir con los principios de la ley de conflictos armados”.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos ha informado este jueves de que los ataques aéreos de la coalición internacional han acabado con la vida de más de 2.200 milicianos de Estado Islámico y 131 civiles en Siria en los últimos ocho meses.

ESTO PASA CUANDO ESTAN IMPUNES

Declaraciones del presidente del Centro Militar por desaparecidos

Dijo que quienes van a la Marcha del Silencio “tienen un resentimiento especial” y que el gobierno debe “ofrecer algo” a cambio de información.
21 MAY 2015



El presidente del Centro Militar, Guillermo Cedrés, realizó este jueves polémicas declaraciones sobre la Marcha del Silencio, y pidió al gobierno que “motive” de alguna manera a los militares que puedan tener información sobre el destino de los desaparecidos durante la dictadura.

Consultado acerca de la Marcha del Silencio de este miércoles, Cedrés dijo que hay cosas más importantes en el país que merecen atención.

“Bueno, es un hecho que lo realizan determinadas personas que tienen un resentimiento especial por algo que les ha sucedido y que no lo han todavía asimilado debidamente”, dijo el militar retirado.

“Acá se produjo, lamentablemente, una guerra muy fea, muy atroz. Y que a veces las personas, por intereses personales, piensan solamente eso y no piensan que el funcionamiento de un país es bastante más que eso. En estos momentos una multinacional dejó tirado a 700 obreros”, agregó en declaraciones a la prensa tras celebrar un nuevo aniversario del Centro Militar.

“Entonces hay cosas que son bastante, tan o más importantes que esos hechos como para tener que detenernos en algo en particular. Yo no escucho a determinados legisladores ahora que se hayan preocupado porque quedaron tirados los obreros de la regasificadora, por ejemplo, y ese es un hecho muy grave”, comentó Cedrés.

PLATA. 

También reclamó resarcimiento económico para los militares que enfrentaron a la guerrilla Tupamara: “Ni siquiera los servidores públicos han sido resarcidos económicamente y sí han sido resarcidos económicamente todas las personas que han combatido al Estado uruguayo”.

Consultado sobre el grupo de trabajo que creó el presidente Tabaré Vázquez para investigar los delitos cometidos antes y durante la dictadura, desde 1968 a 1985, Cedrés reclamó que se comience en 1962, cuando comenzaron a actuar los Tupamaros.

En ese sentido defendió a José Mujica y al ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro: “Hay dos personas que hacen autocrítica, el ex presidente Mujica y Fernández Huidobro. Son dos personas que reconocen que pasó, que hubo una guerra”.

CHANTAJE.

 El presidente del Centro Militar dijo que las Fuerzas Armadas ya proporcionaron toda la información que tenían sobre el destino de los desaparecidos.

“Las demás cosas son individuales, son temas de cada persona. En el ámbito de la Justicia el indiciado no comete falso testimonio, o sea que puede perfectamente no decir lo que él hizo”, destacó.

“A parte, si no hay algo que motive que esas personas puedan decir algo, no sé, los demás no sabemos nada. Es un problema con cada uno. Que les ofrezcan. Si usted quiere averiguar algo habrá que hablar con quien sepa, y a quien sepa ofrecerle algo”, agregó.

“Conmigo y con el 99% de la fuerza no van a averiguar nada porque no sabemos”, concluyó.

21 may 2015

Cameron le apunta a la inmigración

GRAN BRETAÑA

El primer ministro británico anunció que presentará ante el Parlamento una ley con un enfoque "más duro, más justo y más rápido" tanto para frenar la llegada de extranjeros como para sancionar a los "ilegales" que trabajan en ese país, a quienes se les decomisará los ingresos. La inmigración neta estimada aumentó de 290 mil personas en 2013 a 318 mil en 2014, y el compromiso de campaña de David Cameron fue reducirla a 100 mil.




Los números de la Oficina Nacional de Estadísticas aumentan la presión sobre Cameron, quien había prometido durante la reciente campaña electoral que reduciría la inmigración neta anual a un nivel inferior a 100 mil. "Las cifras demuestran que aún tenemos que recorrer mucho camino para lograr nuestro objetivo", comentó el premier británico.
Cameron dijo que tiene la intención de presentar la próxima semana en el parlamento una nueva ley de inmigración y que presidirá un grupo de trabajo del gobierno para lograr un enfoque "más duro, más justo y más rápido" del problema de la inmigración.
"Con esta ley de inmigración y ampliando nuestras acciones, vamos a acabar con las casas llenas de trabajadores ilegales, vamos a impedir que los inmigrantes ilegales paralicen su deportación y vamos a formar a los británicos para que puedan realizar los trabajos que el Reino Unido necesita", afirmó Cameron.
La libre circulación dentro de la Unión Europea puede tener como consecuencia, según Cameron, que "los sistemas nacionales de bienestar se conviertan en un incentivo adicional no intencional para grandes movimientos migratorios".
"Cambios en el sistema de bienestar para reducir la inmigración en la UE serán una exigencia absoluta en la renegociación" de la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea, recalcó y señaló que el establecimiento de controles más estrictos de la inmigración responde a la preocupación de la opinión pública por el hecho de que "si la inmigración es incontrolada, hay una presión incontrolada sobre los servicios públicos".

GONZALO CARÁMBULA

Otro que se nos va temprano y en una fecha especial... 


Roger Rodriguez


GONZALO CARÁMBULA

Otro que se nos va temprano y en una fecha especial... Todos lo sabíamos hace un buen tiempo y estaba luchando. Me queda su calma sonrisa, hasta el final. Militante comunista, preso, torturado, fue uno de los que empujó la caída de la dictadura en los ochenta. Desde la clausurada La Plaza con su hermano Marcos, desde el también cerrado diario cooperativo Cinco Días con una barra grande de soñadores. 
Más tarde desde La Hora Popular. Fue diputado por el Frente Amplio, director de Cultura en la Intendencia y Secretario de Prensa del gobierno de Mujica... Y todas las palabras que anteceden solo son simples datos que no puede contener la humanidad de esta entrañable persona que vivió con compromiso en cada latido. 
En la pluma de Alfredo Zitarrosa: hará falta, hay un sitio de él en la fila, se verá ese vacío, habrá una respiración que falta, su cara en la gráfica del Pueblo, su voz en la consigna, en la pasión de andar, sus piernas en la marcha, sus zapatos hollando el polvo, sus ojos en la contemplación del mañana, sus manos en la bandera, en el martillo, su lengua en el idioma de todos, el gesto de su cara en la honda preocupación por sus hermanos... Hasta siempre.

EL CRUCE DE LO PARTICULAR Y LO COLECTIVO EN EL ESCENARIO DE LOS JUICIOS DE LESA HUMANIDAD


Ave Fénix

La psicoanalista y testigo en juicios de lesa humanidad Ana María Careaga plantea que los campos de concentración del nazismo y los centros clandestinos de detención en Argentina y el Cono Sur ponen de relieve los efectos que esas prácticas pueden tener no sólo en lo jurídico, sino también en el plano de la subjetividad.
 Por Ana María Careaga *

Opinión
En el año 1920, con su obra Más allá del principio del placer, Sigmund Freud conceptualiza la pulsión de muerte. Atravesado en su existencia por las dos guerras mundiales –nació en 1865 y murió en 1939–, e interrogado desde su propia circunstancia y por intelectuales y protagonistas de esa época, Freud desarrolla el concepto del mal, en relación con la condición humana. Y es este “mal intrínseco” el que se manifiesta en la historia de la humanidad frente a genocidios, torturas, crímenes masivos, como expresión de lo peor que los seres humanos pueden poner en juego por sus propios intereses y en defensa de posiciones de poder económico, político, social, cultural o de otra índole.
Los campos de concentración del nazismo en Alemania y en otros países de la región, los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio en Argentina y el Cono Sur, entre otras experiencias de crímenes aberrantes, ponen de relieve los efectos que esas prácticas pueden tener, su imprescriptibilidad en el tiempo, no sólo desde el punto de vista jurídico por tratarse de delitos de lesa humanidad y genocidio y ajustarse desde esa perspectiva a la jurisprudencia internacional, sino también en el plano de la subjetividad.
En los estrados judiciales argentinos tienen lugar en el presente los relatos de las víctimas que fueron atravesadas por esas experiencias. Cada una de ellas, desde sus marcas, desde su singularidad, intenta poner palabras a algo que se torna del orden de lo indecible, precisamente porque todo lo que se dice parece insuficiente para ligar algo del horror de esa experiencia traumática. Sin embargo, el efecto aliviador puede situarse en el intento mismo de la palabra, en una instancia pública de juzgamiento ejemplar de algunos de los autores materiales de estos delitos.
Así como en el espacio analítico se trata en muchos casos de que las víctimas del terrorismo de Estado advengan primero como tales, para luego desde su condición de sujeto “poder hacer” con esa experiencia; en este movimiento, en el cruce de lo particular y lo colectivo que implica el escenario de los juicios, se pone en juego la singularidad de cada sujeto que narra su vivencia traumática, y cada uno de esos testimonios va reconstruyendo, en su repetición, una porción de ese relato histórico, acaecido en la noche más oscura de la historia argentina, que va reescribiendo e inscribiendo otro modo de decir, en una instancia pública en la que el Estado asume su responsabilidad.
Las vivencias de dolor, de pérdida de un ser querido, de búsqueda infructuosa, de desaparición, tortura y muerte, tienen y han tenido efectos inmensurables en miles de seres humanos, familias, sociedades en su conjunto.
Hitler proclamaba a viva voz “¿quién se acuerda del genocidio armenio?” para alentar a sus secuaces a cometer los delitos más atroces. Esas prácticas aberrantes, manifestaciones de intolerancia, segregación, discriminación, racismo, tienen consecuencias. “Somos intolerantes”, sostenía a viva voz en sus discursos de aquellos años ante una sociedad anestesiada.
Uno se pregunta, por el contrario: ¿Cómo olvidar? ¿Cómo olvidar aquello que en sus efectos y repetición, insiste?
Hoy tenemos presente en la memoria el genocidio armenio, los crímenes del nazismo y los estragos del terrorismo de Estado; las secuelas que en los planos político, social, económico y cultural, y en el de la subjetividad, han dejado en estas sociedades.
A lo largo de la historia, diferentes intentos de respuestas y “de hacer con eso” tomaron y toman forma en ámbitos de debate, y en distintos escenarios, desde variadas disciplinas y diversos discursos, y también desde disímiles productos artísticos y culturales.
El cine es uno de ellos. En la película alemana Phoenix (2014), traducida aquí como Ave Fénix, se ponen de relieve cuestiones muy profundas de la experiencia concentracionaria tomadas de la vivencia real del campo. La protagonista, recién liberada de su cautiverio, despojada de su condición de sujeto, arrancada de su identidad en su propio rostro baleado, desfigurado y reconstruido por una operación, necesita de un otro, su marido en este caso –portador de parte de su identidad en la medida en que afirma su condición de sobreviviente por su existencia–, “si no hubiera sido por él, no hubiera sobrevivido”.
Ella se mira al espejo y el espejo le devuelve un rostro que no reconoce. El hilo conductor que asimila el hecho traumático en el submundo de la reclusión no tiene fronteras. Acerca de las condiciones de reclusión y sus consecuencias en los centros clandestinos de detención de la última dictadura en Argentina, numerosos son los relatos que evidencian el intento de arrasar con la identidad de la víctima.
“Cuando estaba en la celda vinieron a buscarme para cortarme el pelo, me lo cortó otra detenida-desaparecida. Al terminar me hizo mirarme en una especie de trozo de metal pulido que hacía las veces de espejo. No me reconocí”, reza un testimonio.
La angustia ante la pérdida de la identidad, de la condición de ser humano. El desaparecido reducido a la posición de objeto, despojado de su nombre, llamado por un código, un número, es además desfigurado de los rasgos que hacen que pueda re-conocerse a sí mismo.
De esto también dan cuenta testimonios de la experiencia argentina: “Nos pusieron a varios en una sala, todos parados, con cadenas en los pies y los ojos vendados. El guardia salió de esa celda colectiva y dijo que no debíamos mirar. Asomé la mirada por debajo de la venda. La escena que vi –un grupo de seres flacos, enjutos, harapientos y rapados, todos iguales–, en medio de ese lugar maloliente y nauseabundo, me devolvió la imagen de una foto de un campo de concentración nazi”, rememora una declaración.
En la película, la protagonista se plantea: “Me van a preguntar por lo que viví”. Para recordar una ocasión en donde una niña la mira mientras ella tiene puesto el vestido de su madre.
Nuevamente, la simetría con lo ocurrido en nuestro país: “Una vez me vinieron a buscar para torturarme. Como estaba embarazada siempre tenía puesto el mismo vestido que estaba sucio, mugriento, el mismo que tenía cuando me secuestraron. Me lo sacaron y me pusieron por un día el vestido de otra embarazada que se habían llevado”, narra una vivencia que da cuenta de la repetición de lo siniestro.
La identidad aferrada a lo conocido, detenida en una marca, un objeto, un nombre –propio o de un ser querido–, la mortificación del cuerpo que evidencia desde lo peor la mortificación de la existencia. “Nadie te va a preguntar por lo que pasó”, escucha el personaje del film. La palabra queda suspendida.
Con el número que los nazis habían tatuado en su brazo, que el vestido de mangas tres cuarto deja ver en parte, enfocado por la cámara, ella empieza a cantar. Poco a poco retorna su voz, el canto es lo que la hace recuperar su condición de sujeto de la que había sido despojada. Punto de inscripción de su identidad que la hace volver a su dignidad como respuesta a la indignidad del mal.
La voz funcionando allí como registro de su propio cuerpo, de su identidad perdida que en ese acto recupera. Ese desecho que camina, habla y escribe como una autómata, que no puede registrar mediante las emociones la noticia de las pérdidas, canta, y al hacerlo se restituye.
La paradoja de necesitar de un otro para volver a ser uno mismo, momento inaugural del ser humano que es hablado por ese Otro de los primeros cuidados que lo introduce en la cultura, que lo concibe, que elige un nombre para él, que lo espera frente a la soledad de la existencia puesta de relieve en su crudeza, pero frente a la cual el sujeto apela a sus propios y más genuinos recursos, ubicando un objeto en el campo del Otro que lo aloja.
Esas marcas en el cuerpo atormentado tienen su correlato en otras marcas, las de la subjetividad, desde las cuales se instala la dialéctica necesaria para ese movimiento de lazo al Otro.
Si bien Freud se va a dedicar al final de su obra a profundizar acerca del malestar en la cultura, ya en los albores de su construcción teórica sitúa a la palabra como sustituto de la acción, planteando que si no se puede abreaccionar un trauma psíquico, su recuerdo conserva el afecto que en su origen tuvo.
La exclusión del otro como diferente, la negación de la pluralidad, la no aceptación del otro como diverso, implican la anulación de la singularidad, el rechazo al advenimiento del sujeto alojado en otro en y desde su singularidad. La alienación del sujeto al otro es lo que a su vez inaugura la inscripción de la particularidad de su historia en lo universal de su condición.
Como el ave fénix, en los campos de concentración el sujeto vejado, reducido a puro resto, resiste desde sus marcas singulares, y es desde esa impronta que re-inventa su existencia.
Volver de la muerte implica re-conocerse en ella para salir de ella, subjetivar las marcas del cuerpo mancillado desde otras marcas más primitivas, que contribuyan a restituir la identidad perdida.
Las madres de los desaparecidos lo hicieron una y otra vez, y continúan haciéndolo desde hace 38 años, al ser resignada parte de su propia identidad en la desaparición de sus hijos, se reinventaron como Madres dándole a esa entidad el estatuto de un símbolo que las atravesaba en el hecho traumático irreparable de pérdida de su ser querido y las introducía en un significante colectivo que ligaba ese agujero negro a una búsqueda imprescriptible como la propia desaparición.
* Psicoanalista, docente, testigo en los juicios de lesa humanidad.