12 oct 2015

Organizaciones entregan carta al canciller en rechazo al TTP y exigen conocer su contenido

CHILE
La organización Chile Mejor sin TPP entregó este jueves una carta dirigida al Canciller Heraldo Muñoz donde exigen conocer el contenido del Acuerdo Transpacífico alcanzado este lunes entre 12 países, incluido Chile y que se enmarca en un mega tratado comercial.






La misiva fue entregada al ministro junto a su declaración fundante con cientos de adhesiones institucionales y personales, representativas de un sector importante de la ciudadanía organizada chilena, donde expresarán sus planteamientos y demandas sobre el Acuerdo.

Entre otros aspectos, las organizaciones exigen que el país conozca el texto del acuerdo y que se den garantías de que Chile realizará el proceso de consulta a los pueblos indígenas, como le obligan los tratados que ha suscrito.

Acompañaron a esta entrega, representantes de las organizaciones y ciudadana/os adherentes que se han sumado al rechazo de este tipo de negociaciones a espalda de la ciudadanía. Se espera que la Cancillería emita una declaración y responda a las exigencias de los diferentes actores sociales.


Santiago, 8 de octubre de 2015
SeñorHeraldo Muñoz MinistroRelaciones Exteriores
Presente
Señor Ministro:Cientos de organizaciones y personas,representativas de un arco significativo y plural de la ciudadanía organizada del país, ha constituido la plataforma
Chile Mejor sin TPP,cuyo propósito es revertir el secretismo con que su repartición ha negociado este tratado e informar a la ciudadanía sobre sus alcances que,a nuestro entender, son negativos para el futuro nacional. Junto con esta carta, entregamos a usted nuestra declaración fundacional y la primera lista de adhesiones, las cuales expresan la voluntad de un debate abierto a la opinión pública, proceso que debió realizarse mucho antes de la firma del tratado por parte de nuestro país, como corresponde a una nación democrática.
Sin otro particular le saludan atentamente, en representación de
Chile Mejor sin TPP.
Comité Ejecutivo
Plataforma Ciudadana 
Chile Mejor sin TPP

El Desconcierto

11 oct 2015

Qué implica este atentado y quién puede estar detrás

TURQUIA
La resurrección del Estado profundo
Demirtas apunta a la nebulosa integrada por exmiembros del espionaje y la ultraderecha
Al menos 86 muertos en el peor atentado de la historia de Turquía


JUAN CARLOS SANZ 10 OCT 2015 -

Turquía ha retrocedido este sábado 40 años en su historia. La imagen de modernidad que ofrecían grupos de jóvenes bailando un aire kurdo en un acto a favor de le paz en la plaza de la estación del tren de alta velocidad de Ankara saltó por las aires con la explosión de dos bombas de oscuros orígenes. Los turcos vuelven a tener el corazón en un puño a tres semanas de unas elecciones decisivas para el futuro del país. Está en juego el manteniendo de un sistema de equilibrio de poderes frente a la imposición de un modelo hegemónico en favor del presidente Recep Tayyip Erdogan.

El voto del miedo planea de nuevo sobre una ciudadanía que parecía haber olvidado los años de plomo de la década de los setenta, cuando los enfrentamientos entre grupos violentos de ultraizquierda y los Lobos Grises de la ultradercha sembraban el terror a diario. De unos ciudadanos que veían ya lejana la era de los golpes de Estado y de la sangrienta insurgencia kurda en los años ochenta y noventa.

A pesar del atentado que causó cuatro muertos y conmocionó Diyarbakir, la capital del Kurdistán turco, en vísperas de las elecciones del 7 de junio, los votantes desafiaron al miedo y negaron la mayoría absoluta al partido islamista y conservador de Erdogan. El milagro lo logró un joven líder nacionalista kurdo Selahattin Demirtas al superar el restrictivo listón del 10% que permite el acceso al Parlamento gracias a los sufragios de muchos turcos liberales y progresistas que veían en su partido el único freno posible a la ambición de poder del presidente de Turquía.

Desde entonces no ha dejado de correr la sangre. Un nuevo atentado en Suruç, junto a la frontera siria, se cobró 33 vidas en julio, y la ruptura del alto el fuego entre la guerrilla kurda del PKK y el Ejército turco ha causado centenares de muertos en los tres últimos meses en ataques y atentados. El partido prokurdo HDP difícilmente va poder ser asociado a una alternativa democrática en los comicios del 1 de noviembre por muchos electores. Como en cada ocasión que se dispara el sentimiento nacionalista turco, las enseñas nacionales han vuelto a apoderarse del paisaje cotidiano.

El atentado de ayer en Ankara, con un balance de víctimas sin precedentes incluso en los años más negros del terrorismo en Turquía, amenaza con recortar las opciones políticas a Demirtas y puede contribuir a consolidar el “sultanto” de Erdogan hasta el centenario de la República de Turquía, en 2023.

Cuando el PKK se disponía a declarar un alto el fuego electoral, las explosiones de la capital turca dinamitan también la perspectiva de un final de campaña sin violencia.
El habitualmente moderado Demirtas fue contundente al atribuir los atentado a una “mafia del Estado”. El llamado “Estado profundo”, una nebulosa integrada por antiguos miembros de los servicios de seguridad y de espionaje y por sectores ultranacionalistas y de extrema derecha, estaría actuando, según el líder del HDP, como un “asesino en serie”.

“El fallo de Griesa es escandaloso”

REPORTAJE AL ECONOMISTA FRANCES JEAN PAUL FITOUSSI, SOBRE LA CRISIS MUNDIAL Y LA DISPUTA CON LOS FONDOS BUITRE

Especialista en temas internacionales y un estudioso de los procesos latinoamericanos de las últimas décadas, Fitoussi elogió la postura argentina ante los fondos buitre y rechazó las recetas de consolidación fiscal y devaluación.



 Por Federico Kucher

”La Argentina hizo muy bien en no acatar el fallo del juez Griesa. La decisión de la justicia norteamericana fue escandalosa”, dijo en diálogo con Página/12 el economista francés Jean Paul Fitoussi. El profesor de la Universidad de Sciences Po de París, de visita en Buenos Aires por invitación de la Universidad de Tres de Febrero (Untref), aseguró que el mundo desarrollado atraviesa por un estancamiento crónico debido a la incapacidad para incrementar la productividad de su economía, al tiempo que indicó que los países emergentes, más allá de las tensiones que se observan en la actualidad, tienen importante margen para continuar expandiendo sus mercados internos al ritmo en que lo hicieron en los últimos años. Afirmó además que las políticas de austeridad que proponen entidades como el Fondo Monetario Internacional, resultan nocivas para el empleo y el crecimiento a nivel mundial.
–¿Cuál es el panorama de la economía global?
–El mundo está en una situación de estancamiento. Uno de los elementos que está impactando desde hace algunos años es el decrecimiento del comercio internacional. Se pasó de una tasa de aumento del 12 por ciento a una inferior al 4 por ciento. Esto significa que los países están en crisis. La mayor parte de los países están en crisis. Y también significa que hay una renacionalización de las actividades productivas. Por ejemplo, en China la sustitución de importaciones le permite a la industria crecer por las necesidades del propio mercado interno. Se observa que Europa está mal, lo mismo que Japón y otras economías asiáticas. Estados Unidos anda mejor pero preocupa que el empleo no esté creciendo lo suficiente. Hay una particularidad en el crecimiento de Estados Unidos, que se asocia con que la economía avanza al tiempo que cae la tasa de participación de la población en el mercado de trabajo. El único elemento que parece favorable en el escenario mundial es el menor precio de los combustibles, aunque es un elemento frágil porque no se sabe hasta cuándo puede durar.
–¿Las tensiones en países desarrollados son las mismas que en los emergentes?
–Es conveniente diferenciar entre mundo avanzado y las economías en vías de desarrollo. Las dificultades en el crecimiento que se observa en los países emergentes se explican porque en los últimos diez años hubo un crecimiento formidable y ahora es lógico ver cierta desaceleración. Esto quiere decir que la crisis en los países del tercer mundo no debería prolongarse mucho. Tienen capacidad para recuperarse. El nivel de vida de países como la Argentina es la mitad del nivel de vida de Estados Unidos. Por tanto, hay una posibilidad para que estas economías se sigan expandiendo para converger hacia los niveles de los países ricos. Es el mismo principio que permitió a Europa, tras la segunda guerra mundial, converger al nivel de vida de Estados Unidos.
–¿Y qué pasa en el mundo avanzado?
–El crecimiento de los países desarrollados, a diferencia de los emergentes, fue mediocre en los últimos diez años. La crisis de estas economías se debe a la lentificación general de la productividad. Es un elemento estructural, que genera preocupación por su efecto en el mercado de trabajo. La recesión significa que no se crea empleo. Y que se destruye empleo. La recesión en Europa hace aumentar el desempleo. El problema es que en los países ricos no se sabe cuáles son las actividades que podrían permitir crear nuevos puestos de trabajo. En los países emergentes, estas actividades que permitirán recuperar el nivel de vida son la construcción, el equipamiento doméstico, la industria automotriz y también las nuevas tecnologías de información y comunicación. Pero en el mundo desarrollado estas ramas ya se encuentran en la frontera del saber y no tienen margen para seguir absorbiendo ocupación. Para avanzar en materia de puestos de trabajo se necesitaría un incremento de la productividad, pero es algo que no parece que vaya a suceder. Para los países ricos surge entonces una nueva tesis, que es la del estancamiento secular por incapacidad para incrementar la productividad.
–¿Las propuestas de ajuste del FMI son la salida al estancamiento global?
–El Fondo Monetario Internacional preconiza un presupuesto público más equilibrado con aumentos de impuestos y una reducción de gastos. Hace cincuenta años que el Fondo propone programas de esta índole. La consolidación fiscal y el incremento de la competitividad a través de la devaluación de las monedas son sus caballitos de batalla. ¿Esta es la solución para un mundo que anda mal? Mi respuesta es que no. Porque estos tipos de política pueden funcionar si un país se encuentra en una situación de dificultad económica mientras que el resto del mundo funciona bien. Pero si varios países andan mal y se implementan estas medidas, el primer resultado va a ser un descenso de la actividad. Por caso, un incremento de la competitividad cambiaria en Brasil quiere decir que los productos brasileños pasan a ser más competitivos que los argentinos. O sea que Argentina tendrá más dificultad para vender su producción. ¿Para qué sirve esto? Bueno, la idea que hay detrás de las recomendaciones del FMI es que los países exporten al país vecino el desempleo generado por las políticas de austeridad fiscal. Como se sabe, en un contexto de recesión generalizada, el incremento de los impuestos y la caída del gasto público crean más desocupación. En Europa la situación de crisis y estancamiento que no se logra superar muestra el efecto de las políticas conservadoras. En la Zona Euro se aplicaron medidas idénticas a las que plantea el Fondo, es decir la consolidación fiscal y la búsqueda de incrementar la competitividad cambiaria.
–¿El sobreendeudamiento de algunos países europeos agrava las tensiones?
–En temas de deuda, el ejemplo de Grecia es concreto. Los griegos no se endeudaron en una moneda nacional, sino que se endeudaron en euros y el euro es una moneda sobre la que los gobiernos europeos no tienen ningún tipo de control. Para los griegos, entonces, es como si fuera una divisa extranjera. Esto hace muy difícil la situación. El episodio de crisis en 2002 en la Argentina fue bastante similar, puesto que el país se había endeudado en dólares y no en pesos. Previo a ese momento, recuerdo que les advertí a los funcionarios argentinos que la situación era explosiva, no me hicieron caso pero a los pocos meses se dio el colapso de la convertibilidad. De todas formas, la salida argentina fue más sencilla respecto de lo que puede observarse en Grecia, porque el país cuenta con su propia moneda, su propio Banco Central y, por tanto, los argentinos tienen la capacidad para financiar gasto público con creación de moneda. Los países de la Zona Euro no tienen esta alternativa. La Argentina, por supuesto, tiene otro problema como es la disputa judicial contra los fondos buitres. Es algo que no llego a entender. No hay razones para explicar el fallo del juez Griesa, porque en la medida que los acreedores se muestran dispuestos a especular, tienen que afrontar el riesgo de su conducta especulativa. Si pierden dinero, es una pena. Pero no pueden decir perdí y entonces me lo tienen que devolver. La posición del Gobierno argentino de no acatar el fallo fue más que positiva. El país hizo muy bien. Es un fallo escandaloso.

Demasiado grande para enjuiciar

Muy grandes

 Por Alfredo Zaiat

En la tarea de promocionar el libro de memorias de su gestión durante la crisis que estalló en 2008, el ex titular de la Reserva Federal (banca central estadounidense) Ben Bernanke reveló lo que se sabe pero no se dice habitualmente: la existencia de impunidad de la gran banca internacional para cometer fraudes y estafas. El lunes pasado empezó a distribuirse The courage to act. A memoir of a crisis and its aftermath donde Bernanke realiza el balance de su tarea al frente del banco central más poderoso del mundo durante la peor crisis económica desde la depresión del treinta del siglo pasado. Confiesa que cree que banqueros de Wall Street deberían haber terminado en la cárcel pero, a la vez en línea con el pensamiento y la acción del poder político de Estados Unidos, afirma que ni los financistas ni las entidades pueden ser encarcelados. Apunta que la estrategia del Departamento de Justicia debería haberse concentrado en la responsabilidad de los individuos y no sólo en las corporaciones porque “es obvio que todo lo que se hizo ilegalmente no fue por una entidad abstracta”.
La gran banca internacional fue multada por organismos de control con miles de millones de dólares por diferentes delitos cometidos antes y en el transcurso de la actual crisis financiera, que aún sigue presente extendiéndose a la economía real con estancamiento de la actividad y caída del comercio mundial (como se analizó el domingo pasado aquí, la OMC disminuyó su previsión de crecimiento del intercambio de bienes y servicios del 3,3 a 2,8 por ciento para este año). En una entrevista con el diario USA Today para difundir su libro de más de 600 páginas, Bernanke afirmó que los bancos no pueden ir a la cárcel pero que algún ejecutivo debería haber ido. Es la postura conocida de culpar a empleados infieles o irresponsable por la debacle financiera. Pero la crisis en el corazón de las finanzas globales no ha estallado por maniobras diseñadas por ejecutivos codiciosos, sino que el origen debe bucearse en su rasgo sistémico. O sea, la raíz de la crisis se encuentra en el propio funcionamiento de la actual fase del capitalismo global dominado por las finanzas.
El cuadro que acompaña esta columna exhibe los casos más emblemáticos de sanciones a bancos internacionales. El más resonante por el monto involucrado tuvo como protagonistas a los bancos Wells Fargo, JPMorgan, Citigroup, Bank of America y Ally Financial, entidades que aceptaron de forma colectiva pagar la histórica suma de 25 mil millones de dólares para evitar juicios por haber realizado embargos inmobiliarios abusivos. El fraude con los créditos hipotecarios denominados subprime lidera ese ranking de multas, con la gran banca de Estados Unidos desembolsando unos 130 mil millones de dólares para extinguir investigaciones oficiales. La estafa con esos préstamos no ha sido la única causa de sanciones. Fueron multados también por blanqueo de capitales, manipulación de la tasa interbancaria de Londres, del mercado de divisas y productos derivados, y violación de sanciones económicas.
Existen diferentes estudios sobre el monto global que hasta ahora han abonado en el rubro sanciones los grandes bancos internacionales. La firma CCP Research Foundation, con sede en Londres, calculó que las diez mayores entidades del mundo han pagado en los últimos seis años multas por 262.000 millones de dólares (más de la mitad del PIB argentino). Otra estimación fue realizada por Boston Consulting Group en el documento “Global Risk 2014-2015: Building the Transparent Bank”, calculando 178.000 millones de dólares entre 2009 y septiembre de 2014. El banco de inversión Morgan Stanley realizó por su parte una investigación sobre las futuras cuentas a pagar de las entidades. Evaluó que bancos europeos y estadounidenses deberán desembolsar 70.000 millones de dólares más hasta fines de 2016 por indemnizaciones y multas por manipulación de mercados de divisas e hipotecas. Así el monto total ascendería a 248.000 millones de dólares.
Miles de millones más o menos, esas sumas fueron entregadas por los bancos para evitar juicios o para disminuir sanciones de los respectivos organismos de control. Sus ganancias en los balances se resienten un poco pero han seguido acumulando utilidades crecientes. O sea, contabilizan ganancias por fraudes y manipulación de mercados, pagan una multa que es por un monto menor a la utilidad obtenida, y continúan con el negocio. Las autoridades de control estadounidenses y europeas golpean un poco a los bancos en el rubro ganancias pero sin dañarlos. En realidad las multas impuestas a bancos no permiten poner fin a sus comportamientos fraudulentos.
La posición políticamente correcta de Bernanke postulando que algún financista debiera haber ido a la cárcel es la misma que libera a los bancos de su responsabilidad. La postura oficial de brindar impunidad a banqueros y a bancos fue expresada por el entonces procurador general de Estados Unidos, Eric Holder, en una presentación realizada en junio de 2013 ante la Comité Judicial del Senado. Holder resumió la doctrina oficial con el precepto “Too big to prosecute o to jail”: demasiado grande para enjuiciar o para encarcelar a los banqueros. Es la reformulación del postulado Too big to fail, justificación de responsables de las bancas centrales, como lo fue Ben Bernanke, para rescatar a los grandes bancos durante la crisis para evitar supuestos males mayores en la economía. Holder dijo en forma textual: “Estas instituciones son tan grandes que es difícil llevarlas ante la Justicia y, si se hace, nos daremos cuenta de que, efectivamente, inculparlas por sus actividades criminales podría tener repercusiones negativas para la economía nacional, incluso mundial”.
El argumento dominante entonces es que los grandes bancos cometen una gran cantidad de actividades delictivas, pero no se los enjuicia porque alteraría la “estabilidad financiera”. Esto significa que los bancos no son sujetos alcanzados por la ley como el resto de las empresas o de las personas, sino que son entidades que están fuera del alcance general de la justicia. Los bancos tienen por lo tanto impunidad para delinquir. Los banqueros no van presos ni los bancos pierden su licencia para operar. Pagan la multa después de alcanzar un acuerdo en la justicia o con los entes de control financiero y pueden continuar con sus fraudes a pequeños ahorristas, manipulación del mercado de commodities, del oro o de la tasa Libo, la utilización de información privilegiada, o la oferta a sus clientes ricos de una plataforma para la evasión, fuga y lavado de capitales.
azaiat@pagina12.com.ar

Cuentas Pendientes

 DOS PRESENTACIONES DE VERBITSKY EN NUEVA YORK

Los problemas y sus causas

El columnista de Página/12 y presidente del CELS presentó en Nueva York la edición en inglés de su libro Cuentas Pendientes y participó en un debate sobre las ciudades y la justicia social desde un enfoque de derechos humanos, con destacados urbanistas internacionales. La dictadura militar, sus cómplices civiles, los efectos del neoliberalismo y la necesidad de amplias coaliciones para revertir esas consecuencias nefastas.
 Por Horacio Verbitsky

Debate en la New School sobre el Derecho a la Ciudad.
En 1977 un decreto del gobierno militar reguló los barrios cerrados en la Provincia de Buenos Aires pero ni siquiera mencionó la vivienda popular. Los desarrolladores inmobiliarios compran tierra barata y esperan, sin pagar ningún impuesto, hasta que la inversión pública decuplica su precio, momento en que construyen allí un barrio privado y se apropian de todos los beneficios. Este fenómeno se agravó en los ’90 por la introducción de la soja transgénica, que expandió la frontera agropecuaria e invadió la periferia de las ciudades. Las restricciones en el acceso a un hábitat adecuado o decente han llegado a constituir el más serio problema social. Los sectores de mayores ingresos fueron empujando a los pobres hacia lugares cada vez más alejados y costosos, con grandes déficits sanitarios y constantes inundaciones. El resultado es una terrible fractura social: los ricos encerrados en sus barrios y los pobres recluidos en asentamientos ilegales sobre las peores tierras, ocupadas por la fuerza. La violación de los derechos de esta población incluye informalidad laboral, pobres oportunidades educativas, dificultades de acceso a la justicia, diversas formas de abuso, coerción y violencia, especialmente en el caso de los migrantes pobres. Esta gente suele ser presa de una policía corrupta que controla el tráfico de drogas.
La reapertura en 2001 de los juicios por crímenes de lesa humanidad y las políticas de memoria, verdad y justicia han merecido encomio nacional e internacional. Hasta ahora en esos procesos ha habido 522 condenados y 57 absueltos en juicio, y 250 sobreseídos o con falta de mérito en la instrucción de los procesos. Esta proporción indica que no se trata de tribunales populares que ejercen la venganza sino de procesos regulares, con garantía del debido proceso y el derecho de defensa. Además en los últimos años, como parte de una tendencia regional, ha habido una reconfiguración del rol del Estado, promotor de una agenda progresiva no sólo en términos de derechos humanos sino también en el campo económico-social. La expansión de derechos se manifestó en las nuevas leyes de migraciones, salud mental, tierras indígenas, matrimonio igualitario, educación sexual, identidad de género, medios audiovisuales, entre otras. La asignación universal por hijo es cobrada por 3,6 millones de chicos de hasta 18 años y la cobertura previsional alcanza al 97 por ciento de la población en edad jubilatoria. Todo esto implicó una mayor presión impositiva, que a su vez provocó respuestas hostiles de sectores poderosos y presiones desestabilizadoras.
Los principales desafíos actuales residen en los desarrollos inmobiliarios y la especulación con las tierras urbanas y rurales, la expansión de la frontera agropecuaria, los agronegocios, las industrias extractivas y el daño ambiental, que exacerban las desigualdades sociales y afectan en especial a los sectores urbanos de bajos ingresos, los pequeños agricultores y las comunidades indígenas.
El aumento del costo de la tierra debido a la reactivación de las obras públicas y el incremento de los precios de las viviendas urbanas empeoran las oportunidades de acceso al hábitat para una gran parte de la población.
En la última década numerosas organizaciones sociales se movilizaron para fortalecer la capacidad estatal de regular los mercados, implementar mecanismos para una distribución más justa de las cargas y beneficios del proceso de urbanización, de modo de reducir los actuales niveles de desigualdad y articular esfuerzos entre organizaciones y entidades públicas responsables de las políticas de hábitat. El CELS participa en estas actividades mediante una compleja estrategia, que ha evolucionado desde la exigibilidad legal de los derechos hacia la investigación, la acción colectiva con otras organizaciones, el litigio estratégico, la difusión y capacitación.
No se trata sólo de promover la construcción de más unidades de vivienda porque a menos que se cambien las reglas del juego, esto producirá un mayor déficit urbano. El enfoque del problema debe ser político, ya que la ciudad es la mayor construcción colectiva y democrática en la que se produce y se expresa la política. Las profundas desigualdades en el acceso a un hábitat decente son la evidencia empírica de un proceso que reduce ese complejo producto cultural y colectivo que es la ciudad a una mera mercancía. Los mecanismos de mercado no pueden garantizar el uso equitativo y sustentable de la propiedad y la reproducción de la ciudad.
Un importante conjunto de organizaciones sociales constituyeron en 2004 el Foro de Organizaciones de Tierra, Infraestructura y Vivienda de Buenos Aires. Este Foro, del que forma parte el CELS, redactó en forma participativa 17 proyectos de ley. Esto incluyó años de encuentros y talleres con centenares de organizaciones de barrios e instituciones intermedias. El interés de numerosos legisladores provinciales permitió en 2012 la sanción de la ley de justo acceso al hábitat, superando una firme oposición de sectores muy poderosos. La ley reconoce el derecho de todos los bonaerenses a un lugar apropiado para vivir, en condiciones que favorezcan su plena integración, e incorporó principios básicos para el fortalecimiento de la capacidad de intervención estatal en la dinámica urbana y el mercado de propiedades, que tradicionalmente excluyeron de una ciudad más justa a vastos sectores de ingresos bajos y medios. Después de su sanción pasó un año hasta que fue publicada en el Boletín Oficial, sin lo cual no podía entrar en vigencia, y otros ocho meses hasta la instalación del Consejo Provincial de Hábitat creado por la ley. Esto sólo fue posible gracias a una histórica manifestación y la celebración de una asamblea popular dentro de la Legislatura. El poder del mercado inmobiliario explica las resistencias del propio Ejecutivo bonaerense a su aplicación efectiva. La experiencia del CELS, en este y en otros campos, es que la sanción de una ley sólo constituye un primer paso y que para lograr su real aplicación es imprescindible mucho trabajo de organización de sus beneficiarios.
Como parte de esa movilización se creó el espacio multisectorial HABITAR AREGENTINA, integrado por organizaciones, instituciones académicas, movimientos sociales y legisladores. Además de apoyar la sanción de la ley bonaerense esta original iniciativa redactó otros cinco anteproyectos legislativos: de planeamiento territorial, de vivienda y producción social de hábitat, de regularización de la propiedad de la tierra, de desalojo y de regulación de alquileres. También presentó una serie de propuestas políticas, agrupadas en un documento titulado Consenso Nacional por un Hábitat Decente. Sus dos vectores estructurales son la incorporación de un verdadero enfoque de derechos a las políticas de hábitat y la comprensión de la situación del hábitat rural y urbano como problemas específicos pero interrelacionados. Esto se expresa a su vez en diversas metas, como la necesidad de políticas públicas para regular y redistribuir la riqueza en el mercado de propiedades, la regulación de los alquileres, la producción social del hábitat, la seguridad en la posesión y la regularización de las tierras urbanas y rurales, la democratización de los procedimientos en casos de desalojos y relocalizaciones y el acceso a los servicios básicos y el equipamiento social.
Este año se realizó un evento masivo en el cine Gaumont de la Capital, que se llenó de gente venida de todo el país, donde debatieron los asesores técnicos de los precandidatos presidenciales; dos en Córdoba con la presencia de los candidatos a la intendencia de la ciudad y a la gobernación provincial y otros en Tucumán, Ushuaia, Río Grande y Resistencia. La evaluación del debate y de la batalla política contra la desigualdad, en la Argentina y parte de Latinoamérica, muestra la necesidad de producir sustanciales cambios legislativos pero también su insuficiencia para proteger los derechos de los habitantes. Los planes de vivienda sólo producen transformaciones sustentables si se vinculan con políticas sociales que manejen con los mismos criterios la redistribución y la administración de tierras. Esto no puede lograrse sin una batalla política que sólo es posible librar mediante la construcción de un espacio compartido de acciones públicas, que incluya a diferentes actores sociales y políticos. El rol en esta acción colectiva de los organismos defensores de los derechos humanos puede ser decisivo para modificar la relación de fuerzas.

Los cómplices económicos

Los juicios por crímenes de lesa humanidad llegaron a convertirse en parte del contrato social de los argentinos y, en consecuencia, sin retroceso posible, como lo definió el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. Hasta hoy se han pronunciado 522 condenas y 57 absoluciones y otros 250 imputados fueron sobreseídos o no se encontró mérito para llevarlos a juicio. Esta es una prueba contundente de que no se trata de vengativos tribunales populares sino de procesos regulares con todas las garantías de defensa. En 2012, el ex dictador Jorge Videla se confesó con un par de periodistas. Les dijo que entre 7 y 8000 detenidos desaparecidos habían sido asesinados, que los empresarios les pedían que mataran a diez mil más, que la jerarquía católica fue amistosa y que los capellanes actuaron como colaboradores voluntarios de la represión. Por eso, cada vez más tiende a abandonarse la expresión “dictadura militar”, por términos más abarcadores que reflejen la realidad de un bloque integrado también por políticos, empresarios y eclesiásticos. Hay empresarios procesados por la desaparición de sus trabajadores, víctimas que demandan a los bancos que financiaron a la dictadura, acciones en los tribunales laborales por hechos ocurridos en los lugares de trabajo, la investigación estatal sobre el caso Papel Prensa y la creación de unidades investigativas de los crímenes de lesa humanidad en dos instituciones tan improbables como la Comisión Nacional de Valores y el Banco Central.
El tribunal militar internacional de Nuremberg dijo que los empresarios que cooperaron con el régimen nazi no podían ser considerados inocentes “si sabían lo que estaban haciendo”. Pero luego de la inmediata posguerra el derecho internacional quitó la vista de los actores no estatales, porque el paradigma prevaleciente era que sólo el Estado puede violar los derechos humanos. Además, y el comienzo de la Guerra Fría dio lugar a nuevas alianzas que relegaron al olvido a las responsabilidades pasadas. Algo parecido ocurrió en la Argentina en 1984. El gobierno de Raúl Alfonsín era débil y la influencia del neoliberalismo en todo el mundo aconsejaba que la justicia transicional se limitara a la protección de los derechos políticos y civiles. Pero al concluir la Guerra fría, la comunidad internacional se inclinó a aplicar las normas de derechos humanos a las empresas y en 2011 el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas adoptó el Informe Ruggie, que fija los principios a seguirse en materia de empresas y derechos humanos.
El Terrorismo de Estado descansó en un plan político y económico que tuvo ganadores y perdedores. La represión de los trabajadores produjo una profunda redistribución del ingreso en su contra, así como la reformulación, concentración y achicamiento del sector industrial. La militarización de las grandes fábricas y la represión sistemática para disciplinar a los trabajadores y sus representantes implicó la participación activa de las empresas, que se beneficiaron en gran medida por la restricción de los derechos laborales. Los abogados del pequeño Colegio de la City de Buenos Aires y del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (FORES) redactaron en la década de 1970 la enmienda al Código Procesal Civil y Comercial que decretó la dictadura entre sus primeros actos para permitir que los árbitros extranjeros prevalecieran sobre la jurisdicción nacional. En la década de 1990 las mismas personas intervinieron en las políticas de desregulación y privatización, y hasta el presente representan a empresas extrajeras que litigan contra el Estado Nacional ante el sistema internacional de arbitraje, en perjuicio de los derechos económicos, sociales y culturales de los argentinos. En 2014, el fiscal Federico Delgado, uno de los autores del libro, promovió una investigación sobre la responsabilidad del FMI como cómplice del terrorismo de Estado, y el Congreso incluyó una cláusula única en el mundo en el Nuevo Código Civil y Comercial: la imprescriptibilidad de las acciones civiles por crímenes de lesa humanidad. El mes pasado, la Cámara de Diputados aprobó la creación de una comisión nacional investigadora de la complicidad económica, que ahora debe tratar el Senado. La oposición de varias organizaciones patronales muestra la continuidad política desde entonces hasta el presente. En su carta abierta a la Junta Militar, Rodolfo Walsh caracterizó la restauración oligárquica con una frase del presidente de la Sociedad Rural: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”. A casi cuarenta años del golpe, este simple objetivo sigue siendo un programa de acción.