(Las amenazas de EEUU a Venezuela)
Luis Britto García
Degollar al prójimo es acto desagradable que requiere la coartada de la justificación y el alegato de que beneficia a la víctima. “¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”, responde Caín al Eterno cuando éste le objeta haber asesinado a Abel. Nadie queda mal desde que se inventaron las excusas. A partir de allí, son tantos los homicidios, que se ha perdido la cuenta y se conmemoran apenas los ejecutados con algún pretexto ridículo.


