Lil María Pichs Hernández
(Xinhua/Joaquín Hernández)
Es fácil pensar en la épica del pasado: está en los libros, en documentales, en fotos en blanco y negro; está en los testimonios sorprendentes del vecino, del abuelo de un amigo; está en anécdotas llenas de nostalgia, de orgullo, de sentido de pertenencia, de buen humor. Los yanquis le llaman “Bay of pigs” (Bahía de Cochinos), nosotros le llamamos «Playa Girón» y con solo dos palabras algo se activa en nuestros cerebros. No hay que decir más. Automáticamente vienen a la mente: la foto de Fidel saltando del tanque, las imágenes de los puestos de mando, los videos de pésima resolución de la playa, de la línea interminable de mercenarios que se han rendido, y caminan con las manos en la cabeza.
Es fácil pensar en la épica del pasado: está en los libros, en documentales, en fotos en blanco y negro; está en los testimonios sorprendentes del vecino, del abuelo de un amigo; está en anécdotas llenas de nostalgia, de orgullo, de sentido de pertenencia, de buen humor. Los yanquis le llaman “Bay of pigs” (Bahía de Cochinos), nosotros le llamamos «Playa Girón» y con solo dos palabras algo se activa en nuestros cerebros. No hay que decir más. Automáticamente vienen a la mente: la foto de Fidel saltando del tanque, las imágenes de los puestos de mando, los videos de pésima resolución de la playa, de la línea interminable de mercenarios que se han rendido, y caminan con las manos en la cabeza.


