8 abr 2021

LA BALANZA DEL CORONA

A un año de las elecciones presidenciales en Francia. Macron se juega la carta de la "vacuna para todos" mirando el 2022

Por Eduardo Febbro

08 de abril de 2021



Imagen: EFE

La promesa de que todos los franceses estarán vacunados a finales de agosto es un péndulo afilado que va y viene sobre la cabeza del mandatario. Dependerá de que los laboratorios cumplan y se mantenga el ritmo de la inmunización.
El destino de la salud humana, la estabilidad económica, la crisis social y el porvenir político dependen de la incógnita que esboza la vacuna contra el virus covid-19. Falta un año para las elecciones presidenciales de 2022 y el presidente francés, Emmanuel Macron, apuesta su posible reelección en la carta de la “vacuna para todos” a partir del verano europeo, o sea, junio, julio y agosto. El objetivo consiste en que todos los ciudadanos estén vacunados a finales de agosto. 

El anhelo se convirtió en un compromiso asumido por Macron a finales de marzo. La aparición del virus en 2020 diluyó todos los proyectos reformistas del presidente. Sus programas ya habían enfrentado el muro de la calle con la explosión del movimiento de los chalecos amarillos en 2018-2019 y luego, a finales de 2019, la oposición a la reforma del sistema de pensiones. Fueron dos crisis mayores a las que luego se sumó, en 2020, la aparición del virus y el congelamiento de las reformas y de la economía.

La campaña de vacunación es hoy la piedra angular de una reelección que lo haría entrar en la historia como el primer presidente reelecto con mayoría y gobierno propio después del General de Gaulle. Los ex presidentes François Mitterrand (socialista, 1981-1988 / 1988-1995) y Jacques Chirac (1995-2002 / 2002-2007) fueron reelectos, pero bajo el régimen de la cohabitación política. Ambos habían perdido la mayoría parlamentaria y tuvieron que cohabitar, el primero con un jefe de Gabinete de derecha (Jacques Chirac) y el segundo con un jefe socialista (Lionel Jospin). 

Macron, desde el inicio, rehusó los fatalismos y nombrar las cosas por su nombre. En su primer discurso de 2020 no utilizó la palabra “confinamiento” y, el pasado 31 de marzo, cuando anunció el tercer confinamiento, habló de “restricciones sanitarias extendidas” y puso el rumbo de la salida en la campaña de vacunación.


La campaña empezó el 27 de diciembre de 2020 con la vacunación de Mauricete, una mujer de 78 años que recibió la primera dosis de la fórmula elaborada por Pfizer-BioNTech. Las regulaciones administrativas, la crisis de los suministros de las dos vacunas autorizadas al principio por la Agencia Europea de Medicamentos, Pfizer-BioNTech y AstraZeneca, empantanaron el avance de la operación, muy particularmente la de AstraZeneca cuyo abastecimiento estuvo muy por debajo de las cantidades compradas por la Comisión Europea (80 millones de dosis menos). El Comisario Europeo encargado del aspecto industrial de la estrategia europea de vacunación admitió que “el agujero en el que caímos proviene únicamente de las fallas del suministro de AstraZeneca”.

En el curso del primer trimestre de 2021, el laboratorio soló entregó una cuarta parte de la cantidad pactada con la Unión Europea. Luego surgieron las variantes del virus, en especial la variante inglesa (tres de cada cuatro casos), después vinieron las dudas sobre el impacto real de los efectos secundarios de la vacuna anglo sueca y, por consiguiente, la desconfianza de la población. En cada una de sus declaraciones, Emmanuel Macron destiló la vocación de la vacuna como el horizonte restaurador de toda la crisis. 

Salas de concierto, gimnasios, el más que emblemático Stade de France en las puertas de París, fueron transformados en gigantescos “vacunódromos”. La cancha donde se disputó la final de Mundial de Fútbol de 1998 abrió con la meta de vacunar a unas 10 mil personas por semana durante un período de seis meses. El Palacio presidencial del Elíseo alega que “si se extraen a los menores de 18 años y a los anti-vacunas, llegamos a un abanico que oscila entre 28 y 35 millones de personas. Excepto si se produce una catástrofe logística o industrial, la meta es cumplible”. 

El equilibrio es no obstante flojo y la jugada arriesgada. Cualquier mal paso y toda la estructura se derrumba. La oposición política fustiga al presidente por la decisión que tomó en enero cuando, en contra de las recomendaciones del Comité Científico que asesora al mandatario, Macron decidió instaurar un toque de queda territorial y no nacional. La medida no bastó para contener el virus y a finales de marzo Macron se resignó a reconfinar el país durante un mes.

La promesa de que todos los franceses estarán vacunados al final del verano (agosto) es un péndulo afilado que va y viene sobre la cabeza del mandatario. A principios de abril, 60% de las personas de más de 75 años recibieron la vacuna. No obstante, las previsiones van en la misma dirección que la estrategia presidencial. En marzo fue autorizada la distribución de otra nueva vacuna, la de Johnson & Johnson. Se puede comparar la configuración de los tres primeros meses de 2021 con la actual: Francia recibió 15 millones de dosis entre finales de diciembre y finales de marzo. 

Ahora bien, para abril se esperan 12 millones de dosis, otros 15 millones en mayo y 25 millones en junio. La vacuna Janssen (laboratorios Johnson & Johnson) está en pleno ascenso y se espera que en julio llegue la alemana CureVac. Si los laboratorios cumplen, si se producen vacunas en Europa y si el ritmo de la vacunación no decrece entonces la meta-esperanza de Emmanuel Macron será realidad en sus seis módulos: menos personas infectadas, menos muertos provocados por el virus, menos personas en los servicios de reanimación, reactivación de la economía, costos sociales limitados y una campaña de vacunación exitosa son los ingredientes que organizan la fórmula del éxito.

Con la multinacional farmacéutica francesa Sanofi derrotada en la carrera por descubrir la vacuna y el Instituto Pasteur fuera de juego, las únicas armas al alcance son las cuatro vacunas aprobadas por la Unión Europea: Pfizer-BioNTech, AstraZeneca, Moderna y Johnson & Johnson. Por ahora, la vacuna rusa Sputnik V no entra en la ronda porque la Unión Europea la boicotea. De las cuatro vacunas, la anglo sueca AstraZeneca ha planteado un problema mayor: su imagen es tan pésima que muchas, muchas personas rehúsan vacunarse con ella. 

Cada vez más, la gente prefiere vacunarse con la fórmula Pfizer-BioNTech o Moderna antes que con AstraZeneca. Alrededor de 30% de las citas para vacunarse con AstraZeneca fueron anuladas por la población. El personal que recorre ciertos barrios de París ofreciendo vacunarse tiene problemas para convencer a la gente de que acepte la vacuna AstraZeneca. Una encuesta realizada por el gabinete Odoxa Backbone Consulting revela que 56% de los franceses no quiere ser vacunado con AstraZeneca (64% son mujeres, 49% hombres y entre los jóvenes que tienen entre 25 y 34 años el rechazo alcanza el 71). 

Gran Bretaña le inyectó una ingente complicación a los países de la UE. La Comisión europea pagó por adelantado 336 millones de euros para garantizarse la entrega de 300 millones de dosis. En el curso de los primeros seis meses de 2021 el laboratorio anglo sueco sólo suministrará 70 millones de dosis en vez de las 180 millones previstas.

Salud, economía, crisis social y porvenir político se entrelazan entorno a la campaña de vacunación en los plazos fijados por Emmanuel Macron. La vacuna es un arma de reconstrucción masiva. Y si no llegan las dosis previstas, todo lo contrario.

efebbro@pagina12.com.ar