9 ene 2024

SIN SOLUCION FINAL

Por qué Israel no puede bombardear a Hamás hasta la sumisión

OTHER NEWS (Por Anders Persson* – Haaretz, Israel)
08.01.2024







Netanyahu causó revuelo en 2016 cuando, en la cámara de la Knesset, leyó un libro que sostenía que las guerras decisivas se ganan mediante una violencia abrumadora. Pero factores únicos de Hamás y Gaza, así como la amenaza de una escalada regional, hacen que Israel no pueda utilizar el ultimátum de «rendirse o morir».

Hace siete años, en diciembre de 2016, Benjamin Netanyahu fue visto en la cámara de la Knesset con un libro en la mano. Los periodistas israelíes preguntaron curiosos qué estaba leyendo su primer ministro.

El libro resultó ser Nada menos que la victoria: Las guerras decisivas y las lecciones de la historia, del historiador John David Lewis. El argumento principal del libro es que es posible quebrar la voluntad de luchar de un enemigo mediante una violencia abrumadora, que en las guerras decisivas se dan al enemigo dos posibilidades: rendirse o morir.

En aquel momento (el periódico) Haaretz señaló que «El tiempo podrá decir si el libro de Lewis influye en el futuro pensamiento militar del primer ministro».

Ahora ese tiempo ha llegado. Israel se enfrenta a la operación de contrainsurgencia más difícil de los tiempos modernos, quizá de la historia militar. El reto que tiene Israel es mucho más complicado que al que se enfrentó Estados Unidos en lugares como Faluya y Mosul.

Netanyahu parece fijarse en los ejemplos citados en el libro de Lewis como manual de táctica. El problema es que es muy posible que la guerra de Gaza no tenga precedentes y Hamás está demostrando ser un enemigo especialmente formidable.

En su libro, Lewis demuestra con seis estudios de casos desde la Antigüedad hasta la Segunda Guerra Mundial, que las victorias aplastantes en las guerras pueden conducir a acuerdos de paz que no sólo son estables y duraderos, sino también morales.

Sus capítulos sobre la Alemania nazi y Japón demuestran que sí es posible obligar a grandes potencias a rendirse, aplastar ideologías y bombardear ideas que fueron, posiblemente, más poderosas de lo que son hoy Hamás y su islamismo militante en Gaza.

Respecto a la Alemania nazi y Japón, Lewis escribió que no bastaba con derrotarlos en el campo de batalla, sino que era necesario destruir total y permanentemente la capacidad militar de ambos países y su voluntad de luchar. En pocas palabras: «rendición incondicional».

Sus rendiciones incondicionales significaron que millones de alemanes y japoneses se salvaron de una muerte segura y recuperaron sus vidas. En ambos países la paz sustituyó a la guerra como política nacional.

No es motivo de controversia en los estudios académicos sobre la guerra encontrar el argumento de que el objetivo de una guerra es derrotar la voluntad de luchar del enemigo, o que las victorias decisivas conducen a una paz más estable.

Los estudios han observado una tendencia en los últimos 15 años a favor de las victorias militares frente a los acuerdos de paz negociados, empezando en 2009 cuando el gobierno de Sri Lanka derrotó decisivamente a los Tigres Tamiles, que en su día habían sido considerados como una de las organizaciones terroristas más fuertes del mundo. Otro ejemplo es el de Rusia, que puso fin a su «operación antiterrorista» en Chechenia tras aplastar brutalmente a una guerrilla islamista, demostrando que es posible bombardear incluso a los militantes islamistas hasta la sumisión.

Pero las condiciones en Gaza son muy diferentes a las de otros conflictos recientes o pasados. Es única porque el territorio es uno de los más densamente poblados del mundo. Hamás también ha gobernado Gaza durante casi dos décadas, lo que también es único entre las organizaciones terroristas islamistas, que normalmente sólo gobiernan durante unos pocos años antes de ser derrocadas.

Según el dirigente de Hamás Yahya Sinwar, su organización había construido más de 500 kilómetros de túneles bajo Gaza, el llamado «metro de Gaza».

A diferencia de Estados Unidos y Rusia en Irak y Siria, Israel no tiene ningún aliado local en Gaza que le ayude a luchar. Las IDF también actúan en Cisjordania y a lo largo de la frontera con Líbano, lo que significa que una parte significativa de los militares israelíes están comprometidos en otros lugares.

Con las posibles excepciones de la guerra de 1948, que provocó un éxodo palestino masivo, y la guerra del Líbano de 1982, que pretendía aplastar a la OLP, Israel nunca ha luchado para acabar con la voluntad de luchar de sus enemigos.

En todas sus demás guerras -incluidas las dos intifadas (levantamientos) palestinas- Israel se contentó con un alto el fuego formal o informal cuando terminaron, a menudo bajo presión estadounidense.

La gran pregunta ahora es si Israel actuará de forma diferente en esta guerra. Israel tiene sin duda la capacidad militar para derrotar a Hamás y su ideología en Gaza.

Alternativamente, Israel tiene la capacidad de expulsar por la fuerza a los palestinos, incluido Hamás, de Gaza mediante bombardeos, asedios, hambre y otros medios de coerción. Sin embargo, es dudoso que Israel tenga la voluntad de hacer nada de esto, a pesar de las repetidas promesas de Netanyahu de que está comprometido a aplastar a Hamás, matar a sus líderes y a todos sus 30.000 combatientes.

A pesar de la brutalidad de su campaña de bombardeos en Gaza, hasta ahora Israel sólo ha conseguido matar a unos 8.000 miembros de Hamás, según el portavoz de las FDI, lo que supondría el 30% de su fuerza. Asimismo, la mayor parte de la cúpula política y militar de Hamás, en Gaza y en el extranjero, sigue con vida, y gran parte de su infraestructura en el sur de Gaza también parece intacta.

El hecho de que Hamás haya logrado repetidos intercambios de rehenes por prisioneros durante la guerra demuestra que sigue funcionando y controlando amplias zonas de Gaza, y que está por encima de otras organizaciones militantes que mantienen rehenes capturados en la franja.

Cada vez está más claro que Israel carece del apoyo de Estados Unidos para hacer lo necesario para derrotar militarmente a Hamás y aplastar su ideología y sus ideas. Si Israel ataca Gaza con más fuerza de la que lo ha hecho, no sólo se arriesga a una guerra regional más amplia y al colapso de los acuerdos de paz con Egipto y Jordania, sino también a debilitar toda la arquitectura de seguridad estadounidense en la región.

También está cada vez más claro que esta guerra es un desastre político para el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que esperaba iniciar su campaña electoral con un tratado de paz entre Israel y Arabia Saudita. En lugar de ello, Biden entra en esta campaña electoral con pésimos números en las encuestas y datos de apuestas claramente en su contra.

Donald Trump, por otra parte, ha recibido un gran impulso debido a esto.

Hoy es difícil ver un camino claro hacia una victoria militar decisiva para Israel. Asimismo, el camino hacia un alto el fuego permanente también parece lejano, especialmente con la mayoría de los líderes de Hamás aún vivos, la organización algo intacta y más de la mitad de los cerca de 250 rehenes israelíes aún en cautivos en Gaza tres meses después del comienzo de la guerra, un golpe mortal para la moral del país.

Al mismo tiempo, en la guerra podrían ocurrir muchas cosas que alteraran los cálculos políticos y militares de todas las partes: podrían producirse epidemias, la población podría sublevarse contra Hamás, los palestinos podrían huir o verse obligados a abandonar Gaza amenazando la estabilidad de la región, Biden podría obligar a Israel a aceptar un alto el fuego, el gobierno israelí podría caer.

Lo más terrible de todo es que la situación podría degenerar en una guerra regional. Por otra parte, la poderosa Arabia Saudí podría ayudar a rebajar las tensiones, y así sucesivamente. Pero sea cual sea el rumbo que tomen las cosas, tres meses después de iniciada la guerra sigue siendo difícil lograr un aplastamiento decisivo no sólo de Hamás, sino también de su ideología.


Si no es posible una victoria militar decisiva en Gaza, es posible que Israel tenga que lidiar de nuevo con un alto al fuego formal o informal, como ha hecho en todas las guerras anteriores desde 1948. Esto significaría probablemente que los políticos israelíes, encabezados por el ex ministro de Defensa Avigdor Lieberman, se equivocaron cuando prometieron, una y otra vez, tras la guerra de 2014 que la próxima guerra en Gaza sería la última. 07.01.24

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*Anders Persson es cientista político en la Universidad Linnaeus de Suecia, especializado en las relaciones UE-Israel/Palestina. Su último libro, «EU Diplomacy and the Israeli-Arab Conflict, 1967-2019», fue publicado por Edinburgh University Press en 2020. En X (antes Twitter): @82AndersPersson.

Traducido del original en inglés por Adriana Fernández









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