11 may 2014

EEUU: Debate sobre subversión sacude al espionaje militar

EEUU: Debate sobre subversión sacude al espionaje militar
Publicado el 5/09/14 •

ROBERTO GARCIA HERNANDEZ / PL
El debate sobre el papel de las agencias de inteligencia de Estados Unidos en las acciones subversivas en ultramar removió en días recientes la cúpula de los servicio de espionaje del Pentágono.

El director de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), general Michael Flynn, y su adjunto David Shedd, anunciaron que abandonarán sus puestos a finales de 2014, antes de cumplir sus períodos de mandato.

Según una nota del Departamento de Defensa, esta decisión estaba “prevista desde hace algún tiempo”, pero el diario Stars and Stripes asegura que las renuncias evidencian contradicciones en los servicios de espionaje militar.

Un alto funcionario cuyo nombre no menciona el artículo dijo que Flynn, que ocupa ese cargo desde julio de 2012, mantiene serias contradicciones con su jefe inmediato superior, el subsecretario de Defensa para Inteligencia, Michael Vickers.

Según Stars and Stripes, Flynn sintió socavada su misión “por elementos de la vieja guardia que obstaculizaban sus intenciones de actualizar los programas de espionaje, incluyendo los que se dedican a la guerra cibernética”.

Aunque no fue anunciado el sucesor de Flynn, medios de prensa mencionan la posibilidad de que sea la general Mary A. Legere, actualmente vicejefa del Estado Mayor del Ejército para las actividades de inteligencia, quien sería la primera mujer en la historia de la DIA en ocupar este puesto.

Este cambio de jefatura tiene lugar en momentos en que el Pentágono intenta expandir las misiones de la DIA en ultramar y mejorar la recolección de información de inteligencia, añade el periódico.

Según la Estrategia de la agencia para el período 2012-2017, en los próximos años se ejercerán de forma vigorosa las capacidades para desplegar “su fuerza de trabajo en zonas de conflicto, áreas de amenazas emergentes, embajadas estadounidenses y a centros de mando aliados”.

En 2012 el Departamento de Defensa inició un programa con un fondo inicial de 100 millones de dólares, para aumentar los oficiales operativos en más de mil 600, y ampliar sus capacidades en acciones encubiertas.

Con ese fin, el Pentágono solicitó al Congreso para el Año Fiscal 2015 más de 58 mil 700 millones de dólares como fondos para estos y otros planes secretos, un incremento de casi dos por ciento en relación con 2013.

Los aumentos de personal tendrán lugar hasta 2017 e incluyen agregados militares en embajadas estadounidenses así como otros oficiales en misiones públicas o secretas.

Los empleados encubiertos de la DIA, de acuerdo con las nuevas proyecciones, serán entrenados por la CIA y trabajarán en estrecha coordinación con las Fuerzas de Operaciones Especiales.

El dimitente general Flynn, ahora caído en desgracia, había asegurado recientemente que este “no es un reajuste marginal de la DIA, sino una reestructuración crucial en interés de la seguridad nacional de Estados Unidos”.

Estas proyecciones, en combinación con el crecimiento de la CIA desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, crearán una red de espionaje de sin precedentes, considera el periodista Greg Miller, del diario The Washington Post.

El plan refleja además la afinidad del presidente Barack Obama por las acciones de guerra no convencional como el espionaje y las misiones encubiertas, estima Miller.

La expansión del papel de la DIA en misiones clandestinas levantó preocupación en el Congreso de Estados Unidos algunos de cuyos miembros denunciaron que estas iniciativas incrementarán las acciones ilegales de subversión contra otros países.

De cualquier forma, la salida intempestiva del general Flynn, y de su adjunto parece, a juicio de expertos en el tema, un ajuste de cuentas de parte de sectores radicales favorables a un papel mucho más activo de la DIA en las misiones subversivas y de espionaje de Estados Unidos a nivel global.

Cuando todo queda al revés

Cuando todo queda al revés

Publicado el 5/09/14 •

DAVID BROOKS / LA JORNADA –
A veces parece que todo está al revés. Durante los últimos días han surgido una serie de ejemplos que hacen pensar que el observador está de cabeza, o las cosas que observa son lo opuesto de lo que dicen ser.El país que se proclama como el faro de la libertad mundial tiene la mayor población encarcelada en el planeta: 2,2 millones de reos. Estados Unidos tiene menos de 5 por ciento de la población mundial, pero casi 25 por ciento de la población encarcelada del mundo. Esta semana, un informe del Consejo Nacional de Investigaciones, grupo científico de élite de la Academia Nacional de Ciencias, reportó que casi uno de cada 100 adultos en el país está en prisión, tasa de 5 a 10 veces más alta que las de Europa y otras democracias. De los encarcelados, 60 por ciento son afroestadounidenses o latinos. El informe señala que la explosión en población encarcelada es en parte resultado de la llamada guerra contra las drogas durante los últimos 40 años.
El país que se considera ejemplo de democracia –o sea, de un gobierno electo y que gobierna en nombre del pueblo– una vez más mostró que el pueblo tiene muy poca influencia sobre sus representantes. A pesar de que la opinión pública está abrumadoramente a favor de un incremento del salario mínimo (en algunos sondeos más de 75 por ciento lo apoya), el Senado, del que más de la mitad de integrantes son millonarios, derrotó esa medida. No fue inusual, ya que recientemente, al analizar sondeos de opinión pública y compararlos con la toma de decisiones políticas en los últimos 30 años, investigadores comprobaron que los intereses de los más ricos casi siempre prevalecen sobre la voluntad e influencia de las mayorías.

En el país que se proclama campeón del mundo civilizado, el Estado sigue asesinando legalmente a reos, incluso en violación al derecho internacional en el caso de varios mexicanos y otros extranjeros. La semana pasada (31/04/2014 – 6/05/2014) el mundo fue testigo de una barbaridad sobre otra en Oklahoma: no sólo se trató de una ejecución, sino de algo que fue más una muerte por tortura, por fallas al ejecutar a un reo, en el intento por matarlo humanamente, acto que el alto comisionado de derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas condenó como probable castigo cruel, inhumano y degradante. En Estados Unidos se han realizado mil 379 ejecuciones desde 1976, y esta fue la número 20 este año. Más allá de la brutalidad, entre 1973 y hoy día, 144 reos que esperaban en las filas de la muerte han sido exculpados (no hay cifras sobre cuántos ejecutados eran inocentes y habían sido víctimas de procesos fallidos), y se calcula que más de 4 por ciento de los que están en espera de ejecución podrían haber sido condenados erróneamente.

Con su autoelogio de ser un país en el cual la justicia impera para todos, en Nueva York está por concluir uno de los últimos juicios relacionados con participantes del movimiento Ocupa Wall Street. Cecily McMillan, estudiante de la Universidad New School, firme promotora de la acción no violenta, está acusada de golpear a un policía debajo del ojo cuando éste intentó arrestarla, acusación que implica una condena potencial hasta de siete años de cárcel. Ella afirma que el policía la agarró por atrás y le lastimó los pechos, y que ella no sabía que el agresor era un oficial cuando le dio un codazo como reacción espontánea de defensa. No importa que el policía haya sido acusado anteriormente de uso excesivo de fuerza, ni que McMillan no tenga antecedentes penales, ni que la policía empleara tácticas de agresión física múltiples veces contra los Ocupa. Como suele suceder, los que denuncian o son víctimas de la injusticia aquí se encuentran en el banquillo de los acusados.

Mientras tanto, como señala el periodista Matt Taibbi en su nuevo libro sobre la aplicación de la justicia en la época de la mayor brecha de riqueza en un siglo, los más ricos se han vuelto intocables por la justicia, mientras se aplica de manera cada vez más agresiva contra disidentes y delincuentes pobres. Subraya, como otros, que ningún ejecutivo de los bancos más grandes, responsables de un fraude masivo que detonó la peor crisis financiera desde la gran depresión, ha sido encarcelado por un hecho que ha impactado a millones de ciudadanos.

En lo que el presidente Barack Obama proclamó desde sus primeros días como el gobierno más transparente de la historia, el director de inteligencia nacional, James Clapper, ha ordenado a todo empleado en el sector de inteligencia y seguridad nacional no tener contacto ni comentar nada con ningún periodista. Por otro lado, la Casa Blanca logró, con sus aliados en el Senado, anular una medida que hubiera obligado a Obama a reportar al público el número de personas muertas o heridas por sus operaciones de uso de fuerza letal, como drones, en Pakistán y otros países.

El primero de mayo, Día del Trabajo en casi todo el mundo menos aquí, país donde se originó con la lucha sindical de los mártires de Chicago por la jornada de ocho horas, a finales del siglo XIX, fecha que en años recientes ha sido resucitada por inmigrantes en lucha por sus derechos básicos, fue oficialmente cambiado a algo que no tiene nada que ver con sus orígenes. El presidente Obama, quien considera Chicago su ciudad de origen, y quien como organizador comunitario seguramente conoce la referencia histórica de ese día –justo el mismo día que inmigrantes y sindicatos se movilizaban por el país en demanda de derechos laborales y civiles–, emitió un decreto para designar el primero de mayo Día de la Lealtad, fecha en la cual renovamos nuestras convicciones y principios de libertad, igualdad y justicia, de acuerdo con la ley y llamó a que todos celebren este día desplegando la bandera estadunidense o jurando lealtad a la república.

A veces es como esas salas de espejos que distorsionan todo e incluso logran invertir el reflejo hasta que todo queda al revés.

David Brooks es periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en los Estados Unidos.

Andrés Carrasco, científico y militante: gracias

Andrés Carrasco, científico y militante: gracias

Falleció Andrés Carrasco, el científico que confirmó los efectos devastadores del glifosato, acompañó con su investigación a los pueblos fumigados y cuestionó que la ciencia esté al servicio de las corporaciones.

Por Darío Aranda

Incluimos la última entrevista que brindó

Con más de 30 años de carrera, fue presidente del Conicet y jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA. Tuvo descubrimientos muy importantes en la d&ea cute;cada del 80 y trabajo constante en los 90, hasta que inició su lucha contra el glifosato cuando estudió en laboratorio el impacto de los químicos en embriones.

En agosto de 2010 estuvo en Chaco, en el conocido episodio de La Leonesa. Estaba por dar su charla, pero empresarios arroceros y punteros políticos intentaron “lincharlo”. “Había concurrido a una escuela de un barrio fumigado, y no pudo hablar. Lo sorprendió la violencia de los defensores del modelo”, señala en su recuerdo el periodista de Página 12 Darío Aranda.

Su trayectoria

El doctor Andrés Carrasco realizó tareas de investigación en diversas Universidades entre las cuales se destacan:

Universidad de Basilea. Suiza.

Instituto de Biología Celular y Molecular de de Universidad de Indiana

Departamento de Genética Molecular. Universidad de Texas. Houston, Texas.

1990-1992. Investigador Adjunto CONICET

1992-1995. Investigador Independiente CONICET

1995-a la fecha. Investigador Principal (Group Leader). CONICET.

1999. Profesor Visitante de Universidad de Götti ngen. Germany. (September-October, 1999).

2002-Universidad de California, Irvine (UCI) USA.

Fue Miembro Activo de las siguientes Sociedades Científicas:

- Sociedad Argentina de Neuroquímica (SAN).

- Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica (SAIB).

- Asociación Argentina de Biología del Desarrollo (AADB).

- Society of Developmental Biology. (SDB-USA)

Además dictó y participó en numerosos cursos y simposios tanto de nivel nacional como internacional y posee publicaciones en Libros desde el año 1971 referidos a la temática “Biología Molecular y la Embriología”.

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En una de sus visitas a nuestra Cátedra Autónoma de Comunicación Social, el científico Andrés Carrasco contó cómo decidió divulgar su investigación sobre los efectos letales del glifosato.: estaba en el sur, pescando, solo, disfrutando la belleza de esa postal natural, sabía que lo que había comprobado era esencial y sintió que el perfecto silencio que lo rodeaba era un grito inmenso. “Hac& eacute; algo”. Para hacerlo solo necesitaba encontrar “un periodista serio y decente”. Y llamó, desde ahí mismo, a Darío Aranda. Él es quien lo despide en estas líneas que eligió publicar en lavaca. Doble honor, que nos obliga y compromete aún más a seguir siendo dignos de ello y de ellos.

Por Darío Aranda

“Soy investigador del Conicet y estudié el impacto del glifosato en embriones. Quisiera que vea el trabajo”

Fue lo primero que se escuchó del otro lado del teléfono

Era 2009 y aún estaba latente el conflicto por la Resolución N°125. Página12 había dado amplia cobertura a las consecuencias del modelo agropecuario y este periodista había escrito sobre los efectos las fumigaciones con agroquímicos.

El llamado generó desconfianza. No conocía al interlocutor. ¿Por qué me llamaba?

El científico avanzó en la presentación. “Mi nombre es Andrés Carrasco, fui presidente del Conicet y soy jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA. Le dejo mis datos”

Nunca había escuchado su nombre. Nunca había escrito sobre científicos y el Conicet me sonaba como un sello

Llamados al diario y preguntas a colegas. Todos confirmaron que era un científico reconocido, treinta años de carrera, con descubrimientos muy importantes en la década del 80 y trabajo constante en los 90, cuando se enfrentó al menemismo

Hice la nota.

Su investigación fue la tapa del diario, (abril de 2009). La noticia: el glifosato, el químico pilar del modelo sojero, era devastador en embriones anfibios. Nada volvió a ser igual. Organizaciones sociales, campesinos, familias fumigadas y activistas tomaron el trabajo e Carrasco como una prueba de lo que vivían en el territorio.

“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”, solía decir él. Y comenzó a ser invitado a cuanto encuentro había. Desde universidades y congresos científicos, hasta encuentros de asambleas socioambientales y escuelas fumigadas. Intentaba ir a todos lados, restando tiempo al laboratorio y a su familia

También ganó muchos enemigos. Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímic os. Abogados de Casafe (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas.

Barañao desacreditó el trabajo y defendió al glifosato (y al modelo agropecuario). Y no dejó de hacerlo en cuanto micrófono se acercara. Incluso cuestionó el trabajo de Carrasco en encuentros de Aapresid (empresarios del agro) y, sobre todo, en el Conicet.

Carrasco no se callaba: “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria”

Los diarios Clarín y La Naci&oacu te;n lanzaron una campaña en su contra. No podían permitir que un reconocido científico cuestionara el agronegocio. Llegaron a decir que la investigación no existía y que era una operación del gobierno para prohibir el glifosato, una represalia por la fallida 125. Carrasco se enojaba. “Si hay alguien que no quiere tocar el modelo sojero es el gobierno”, resumió café mediante en el microcentro porteño. Pero Carrasco era funcionario del gobierno: Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa. Le pidieron que bajase el tono de las críticas al glifosato y al modelo agropecuario. No lo hizo. Renunció

El silencio no es salud

Empresas, funcionarios y científicos lo habían acusado de no publicar su trabajo de glifosato en una revista científica, sino en un diario. Se reía y retrucaba: “No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y, luego, se lo canaliza por medios que s ólo llegan a ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva”.

Era calentón Carrasco. Se enojaba, discutía a muerte, pero luego tiraba algún comentario para distender Nos solíamos ver en un café antiguo cerca de Constitución. Él era habitué. Charlaba con las mozas y debatía de política con el dueño.

Café mediante, le pregunté por qué se metió en semejante baile. Ya era un científico reconocido en su ámbito y no necesitaba dar prueba de nada. Tenía mucho por perder en el mundo científico actual. Me explicó que lo había conmovido el sufrimiento de las Madres del Barrio Ituzaingó de Córdoba. Y que no podía permanecer indiferente. También lamentó que el Conicet estuviera al servicio de las corporaciones. Denunció acuerdos (incluso premios) entre Monsanto y Barrick Gold con el Conicet. Se indignaba. “La gente sufre y los científicos se vuelven empresarios o socios de multinacionales”, disparaba.

Ética

En 4 de mayo de 2009 , el ministro Barañao envió un correo electrónico a Otilia Vainstok, coordinadora del Comité Nacional de Ética en la Ciencia y Tecnología (Cecte). En un hecho sin precedentes, Barañao aportaba bibliografía de Monsanto y pedía que evalúen a Carrasco. Nunca había pasado algo similar. La mayor autoridad de ciencia de Argentina pedía una evaluación ética por un investigación que había cuestionado al químico pilar del modelo agropecuario.

Barañao quería la cabeza de Carrasco.

Vainstok envió un correo electrónico el mismo lunes 4 de mayo, con copia a los nueve integrantes del Comité de Ética. Decía así:

“Estimados colegas, esta tarde he recibido un pedido de que el Cecte considere las expresiones vertidas en artículos periodísticos por Andrés Carrasco con motivo de su investigación de los efectos del glifosato en embriones de anfibios. Adjunto también la bibliografía aportada por Lino Barañao, la entrevista a Carrasco y la entrevista al Ministro Barañao que sacó Clarín”.

El mail se filtró a la prensa. Y Carrasco se enteró de la ope ración de Barañao y Vainstok. El escándalo hubiera sido enorme. El Comité de Ética reculó y no juzgó a Carrasco, pero el camino estaba marcado.

Los de abajo

En agosto de 2010, en Chaco, estaba por dar una charla, pero empresarios arroceros y punteros políticos intentaron lincharlo. Había concurrido a una escuela de un barrio fumigado, y no pudo hablar. Lo sorprendió la violencia de los defensores del modelo.

Ese mismo agosto, la revista estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) publicó la investigación de Carrasco. Lo que había sido un pedido-chicana de sus detractores, no sirvió para calmar las críticas. Continuó la difamación de los defensores del agronegocios. Pero fue un triunfo para los pueblos fumigados, las Madres de Ituzaingó y las asambleas en lucha. Y Carrasco comenzó a tejer diálogos con otros investigadores, de bajo perfil. Sentía particularmente respeto y cariño por jóvenes investigadores de Universidad de Río Cuarto y de la Facultad de Ciencias Médica de Rosario. Solía mencionarlos en las charlas y los señalaba como el “futu ro digno” de la ciencia argentina

Otro veneno

Solíamos cruzarnos en encuentros contra el extractivismo. Y periódicamente nos enviábamos correos con información del modelo agropecuario, alguna nueva investigación, viajes suyos a Europa para contar sobre su investigación, el juicio de las Madres de Ituzaingó, la nueva soja aprobada por el gobierno, los nuevos químicos. Un día recibí uno de sus mensajes. “Hay un nuevo veneno”, fue el asunto de un mail. Alertaba sobre el glufosinato de amonio y lo mencionaba como posible sucesor del glifosato: “El glufosinato en animales se ha revelado con efectos devastadores. En ratones produce convulsiones y muerte celular en el cerebro. Con claros efectos teratogénicos (malformaciones en embriones). Todos indicios de un serio compromiso del desarrollo normal”, precisaba. Y recordaba que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) detalló en 2005 los peligros del químico para la salud y el ambiente. Destacó que desde 2011 el Ministerio de Agricultura había aprobado diez eventos transgénicos de maíz y soja de las empresas Bayer, Monsanto y Syngenta. Cinco de esas semillas fueron aprobados para utilizar glifosato y glufosinato

¿Para qué y para quién investigar?

Otra tarde le envíe un correo electrónico contando de investigadores que confirmaron lo mismo que él, pero en sapos (muchas veces llaman los “canarios de la mina” porque pueden anunciar lo que le sucederá a humanos. Los investigadores tenían miedo a hablar, por las posibles represalias. De inmediato me llamó por teléfono. Fue tajante: “No quiero saber quiénes son. Sólo quiero que le preguntes para qué mierda investigan, si para criar sapos o para cuidar al pueblo que subsidia sus investigaciones. Preguntales eso por favor”. Y cortó

Los investigadores nunca quisieron hablar y difundir masivamente sus trabajos.

Carrasco en Wikileaks

En marzo de 2011 se conoció que la embajada de Estados Unidos lo había investigado y había hecho lobby en favor de Monsanto. Documentos oficiales filtrados por Wikileaks confirmaban el hecho. “No esperaba algo as&i ac ute;, aunque sabemos que estas corporaciones operan al más alto nivel, junto a ámbitos científicos que les realizan estudios a pedido, medios de comunicación que les lavan la imagen y sectores políticos que miran para otro lado. Estaban, y están, preocupados. Saben que no pueden esconder la realidad, los casos de cáncer y malformaciones se reiteran en todas las áreas con uso masivo de agrotóxicos”

El otro Carrasco

En noviembre de 2013 le relaté que en Estación Camps (Entre Ríos) había entrevistado a una mujer que luchaba contra los agroquímicos. Era una trabajadora rural y ama de casa, muy humilde, que había enviudado. Su esposo era peón de campo, vivía rodeado de soja y fue fumigado periódicamente. Comenzó a enfermar, la piel se le desprendía y tuvo graves problemas respiratorios. Murió luego de una larga agonía. La mujer no tenía dudas de que habían sido los agroquímicos que llovían sobre la casa. Y los médicos tampoco tenían dudas, aunque se negaban a ponerlo por escrito. El nombre del trabajador rural víctima de los agroquímicos: Andrés Carrasco.

La viuda había escuchado en la radio so bre el científico homónimo de su marido y el glifosato. Y, entre llantos, contó que le daba fuerzas saber que alguien con el mismo nombre que su esposo estaba luchando contra los químicos que le arrebataron al padre a sus hijos

Le conté la historia por teléfono. El Carrasco científico se conmovió, no podía seguir hablando. Y confesó que solía arrepentirse de no haber investigado antes sobre el glifosato.

La última maniobra

A fin del año pasado me llamó para contarme la última maniobra del Conicet. Había solicitado la promoción a investigador superior y le fue negada. La cuestión iba mucho más allá de la promoción. Lo enojaba el ninguneo de los científicos empresarios y obedientes del poder. Lo habían evaluado dos personas que no conocían nada de su especialidad y otro que es parte de las empresas del agronegocios. Me envió su carta de reclamo al Conicet y relató en detalla la reunión con el Presidente de la Institución. Estaba seguro que era un nuevo pase de factura por lo que comenzó en 2009.

Y le dolía el silencio de académicos que respetaba, incluso de amigos de antaño de las ciencias sociales que le daban la espalda.

Le propuse un artículo periodístico e intentar publicarlo en Página12. Le tenía aprecio al diario, a pesar de que hacía tiempo habían dejado de darle espacio. Le avisé que pondría su versión de los hechos y la del Conicet y de Barañao. Me retruco rápido: “Te van a sacar cagando”.

Lo propuse al diario. Lo rechazaron sin la más mínima explicación. Cuando le avisé la negativa, ni se inmutó. Dijo que era previsible. “En estos años tuve un curso acelerado de lo que son los medios de comunicación”, resumió. Le respondí que estos años había aprendido que el Conicet no era para nada impoluto y que había demasiadas miserias en el mundo científico

Reímos juntos

Y me chicaneaba y recordaba que ahora éramos colegas. Tenía un programa en FM La Tribu donde nadie lo censuraba y daba gran protagonismo a las asambleas y organizaciones en lucha contra el extractivismo. El nombre del programa era todo un mensaje a sus enemigos: “Silencio cómplice”.

Quedamos en juntarnos a comer un as ado y publicar la nota en medios amigos (la publicó lavaca en su periódico MU en marzo pasado).

Intenté para esa nota hablar con “la otra parte”. Barañao dijo que no tenía nada de qué hablar, desechó cualquier pregunta. El presidente del Conicet, Roberto Salvarezza, adujo problemas de agenda.

La última entrevista

Viajó a México al Tribunal Permanente de los Pueblos (tribunal ético internacional, de carácter no gubernamental que evalúa la violación de derechos humanos). Volvió a México en enero. Se descompuso y fue trasladado de urgencia. Lo operaron en Buenos Aires y tuvo largas semanas internado, débil. Cuando le dieron el alta, llamó a casa. “Zafé”, fue la primera palabra. Y de inmediato preguntó: “¿Qué sabés del bloqueo en Malvinas Argentinas (Córdoba, donde se frenó la instalación de una planta de Monsanto)? ¿La tiene difícil Monsanto?” Él había estado en setiembre de 2013 cuando comenzó el bloqueo. Me explicó que tenía para varias semanas de recuperación, pero cuando estuviera mejor quería que vayamos a Có rdoba, a Malvinas Argentinas y también a visitar a las Madres de Ituzaingó. Lo dejamos como plan a futuro.

Hablamos sobre su situación en el Conicet. Le dolía la indiferencia de compañeros del mundo académico, sobre todo de las ciencias sociales. Le pregunté por qué no recurrir a las organizaciones sociales. Se opuso. Argumentó que ya demasiado tenían en sus luchas territoriales como para preocuparse por él. Se ofreció para una entrevista. La hicimos. Algunas citas:

“Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo”.

“El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones”.

“(Sobre la ciencia oficial) Habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para Fracking y Chevron?”

“Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.

Sabía que la entrevista sería para un medio amigo, “no masivo”. Estaba contento, recuperando fuerzas, no iba a dar el brazo a torcer ante Barañao, Salvarezza, el establishment científico y las corporaciones del agro.

El 27 de marzo concurrió a Los Toldos, a una audiencia pública sobre agroquímicos. Estaba débil, pero no quiso faltar. Sucedió lo mismo en la Facultad de Medicina, en la Cátedra de Soberanía Alimentaria (el 7 de abril), donde habló de los alimentos transgénicos y los agroquímicos. No estaba bien, andaba dolorido, pero no quiso faltar. Entendía esos espacios como lugares de lucha, donde debía explicar los efectos de los agroquímicos. Solía decir que se lo debía a las víctimas del modelo.

Al fines de abril avisó por correo electrónico qu e lo habían vuelto a internar. Esperaba que sea algo rápido. Quería volver a su casa, recuperarse y hacer el viaje pendiente a Córdoba, al acampe contra Monsanto

Su legado

Fui testigo de sus últimos seis años. Tiempo en el que decidió alejarse del establishment científico que vive encerrado en laboratorios y sólo preocupado por publicaciones que sólo leen ellos. Se transformó en un referente hereje de la ciencia argentina. No tendrá despedidas en grandes medios, no habrá palabras de ocasión de funcionarios ni habrá actos de homenaje en instituciones académicas

Andrés Carrasco optó por otro camino: cuestionar un modelo de corporaciones y gobiernos y decidió caminar junto a campesinos, madres fumigadas, pueblos en lucha. No había asamblea en donde no se lo nombrara

No existe papers, revista científica ni congreso académico que habilite a entrar donde él ingresó, a fuerza de compromiso con el pueblo: Andrés Carrasco ya tiene un lugar en la historia viva de los que luchan.

Nos queda, entonces, saldar con él una enorme deuda: la de decirle gracias.

Nos vemos en la lucha.

Fuente: www.lavaca.org y SERPAL

Nota completa sobre Andrés Carrasco -incluye el último reportaje "Ciencia Transgénica" y la grabación de la entrevista que le hiciera "Decí Mu":

¿La felicidad puede ser un tema político ? Pistas para bajarse de la globalización,

en este enlace:

http://www.lavaca.org/notas/andres-carrasco
-cientifico-y-militante-gracias/

@PostaPortenia
postaporteñ@ 1164 - 2014-05-10

URUGUAY :Vamos un poquito bien

Vamos un poquito bien

09 MAYO 2014
ESCRITO POR: ANDRÉS DEAN*

ECONOMÍA PARA ARMAR

Los gobiernos del Frente Amplio (fa) han obtenido algunos logros destacables en la búsqueda de una sociedad más igualitaria, aunque, en algunos aspectos, limitados.


En un contexto caracterizado por un crecimiento ininterrumpido e inédito del pbi, en los últimos 12 años se ha logrado reducir sustancialmente la incidencia de la pobreza y la indigencia en nuestro país. Desde un punto de partida fijado en 2004, con una incidencia de la pobreza y de la indigencia de un 40 por ciento y un 4,7 por ciento respectivamente, se ha logrado en 2013 bajar la pobreza al 11,5 por ciento y la indigencia al 0,5 por ciento. Durante los primeros años del gobierno del fa la distribución del ingreso, medida a través del índice de Gini, siguió aumentando. Recién a partir del año 2008 dicho índice comenzó a bajar, año a partir del cual se ha mantenido la tendencia descendente.
Los avances logrados en la distribución del ingreso se apoyaron en el despliegue de un conjunto de medidas. La reforma tributaria, la reforma de la salud, el Plan de Emergencia (Panes) y las asignaciones familiares-Plan de Equidad, constituyeron instrumentos centrales para explicar los mencionados avances. Sin embargo, estas medidas han tenido un efecto muy limitado en el tiempo, ya que han permitido reducir la desigualdad de ingresos en el período que se implementan. Pero el mantenimiento de dichas políticas no permite seguir reduciendo la desigualdad de ingresos. En este sentido, si bien es más difícil de evaluar, es probable que haya sido mayor el efecto de la reinstalación de los consejos de salarios. En el caso de estos últimos, sí es factible que tengan un efecto dinámico al cambiar el poder de negociación de los asalariados desde el momento de su reinstalación.

Ahora bien, ¿por qué estos avances son bastante limitados? La respuesta está en que la enorme mayoría de los ingresos que perciben las personas surgen como retribución por los activos que dichas personas poseen. Dentro de dichos activos se destacan la tierra, las diferentes formas de capital y los niveles educativos de las personas. Las políticas mencionadas ayudaron a modificar las relaciones de poder entre las partes que negocian cómo se distribuyen los ingresos generados entre quienes poseen diferentes activos (por ejemplo en los consejos de salarios), pero sin modificar la distribución de dichos activos. O bien redistribuyeron directamente dichos ingresos a través de la política tributaria y el gasto público.
Sin embargo, con los pocos datos con que se cuenta sobre la distribución de activos, parecería que no se ha avanzado mayormente. Los datos sobre la propiedad de la tierra indican que ésta se ha concentrado. Mientras, los avances en el nivel educativo de los uruguayos, en particular de los más pobres, han sido más bien pocos.
Los pocos avances en esta materia podrían estarse explicando por una debilidad política a la hora de afectar los intereses de las elites de este país, o bien porque se considera que en cierta medida la estructura de la propiedad actual es el resultado de un mercado que funciona de manera relativamente eficiente. En este último caso, podría considerarse que tomar medidas que impliquen una redistribución de activos tendría efectos desfavorables en términos de eficiencia económica.
Sin embargo, una mejor distribución de los activos no sólo es necesaria para alcanzar mejoras importantes y perdurables en la distribución del ingreso. Hay importantes argumentos para sostener que un mayor nivel de igualdad en la distribución de activos permitiría aumentar también la eficiencia económica en un país.
En primer lugar, las estructuras institucionales necesarias para hacer sostenible un alto nivel de desigualdad suelen absorber importantes recursos económicos. La solución a muchos problemas de eficiencia económica suele requerir la existencia de un Estado relativamente fuerte. Pero un Estado con estas características puede ser proclive a aplicar políticas redistributivas. Es por ello que las elites económicas suelen preferir un Estado débil en una economía ineficiente a un Estado fuerte en una economía eficiente. Más aun, los estados de países con economías altamente desiguales tienen que destinar un alto porcentaje del producto económico a hacer cumplir las reglas de juego de las que surge la desigualdad económica.
Pero no sólo el Estado incurre en importantes gastos para hacer cumplir las reglas que permiten una alta concentración de la riqueza. El sector privado también tiene que destinar importantes recursos que podrían haberse destinado a fines productivos, a gastos de supervisión y personal de seguridad. Según un trabajo reciente del Instituto de Economía de la Udelar, de cada cinco empleados de empresas capitalistas en Uruguay, uno está dedicado a tareas de supervisión.

Un segundo argumento a favor de una relación positiva entre igualdad y eficiencia es que en economías con mayores niveles de igualdad es esperable alcanzar mayores niveles de cooperación y confianza. Los economistas suelen asumir que entre actores económicos sólo se pueden dar dos tipos de relaciones: la competencia y la jerarquía. Sin embargo, ninguna relación económica es viable sin un mayor o menor grado de cooperación. Mayores niveles de igualdad, a través de la cooperación, pueden hacer viables o menos costosas algunas actividades económicas que fueran implementadas sobornando (competencia) u obligando (jerarquía).
Un tercer elemento surge del fuerte conflicto de intereses presente en las relaciones económicas entre actores cuando la distribución de activos es muy desigual. Un ejemplo típico es la relación entre trabajador y patrón. El primero no tiene ningún motivo para realizar el mayor esfuerzo posible en el desempeño de sus tareas. Cualquier incremento en los ingresos de la empresa, fruto de su mayor esfuerzo, sería apropiado únicamente por su patrón. Por lo tanto es esperable que el trabajador realice el mínimo esfuerzo que le permita conservar el empleo. Sin embargo este comportamiento sería diferente si el trabajador fuera también el dueño de los activos con los que trabaja. De ser así, el trabajador se apropiaría de los frutos del aumento del esfuerzo. Pero en este caso ese mayor nivel de productividad se alcanzaría con una distribución muy diferente de los activos. Una en la cual los trabajadores fueran los dueños de éstos. Los pocos estudios empíricos que comparan los niveles de productividad de cooperativas de trabajadores y empresas capitalistas han concluido que en las primeras la productividad es igual o mayor respecto a las últimas.
Una importante mejora en la distribución de los activos en Uruguay, además de ser imprescindible para lograr una mayor igualdad, podría también ser conveniente en términos de eficiencia.

* Economista.
http://brecha.com.uy/index.php/politica-uruguaya/3729-vamos-un-poquito-bien

10 may 2014

La tierra repartida en la memoria guajira

La tierra repartida en la memoria guajira

Testigos, partícipes y beneficiados, remueven el recuerdo de los días iniciales en que la Revolución borró años de explotación y concedió el derecho natural de la tierra a sus legítimos dueños

8 de mayo de 2014 18:05:53

A los 95 años, Félix Pérez retribuye con “fidelidad a la tierra”, el beneficio otorgado por la Reforma Agraria.
Con la cercanía de la fecha, 55 años después, todavía hay recuerdos que saltan en palabras vivas desde cualquier rincón de Cuba. “La Reforma Agraria fue una bendición”, se oye decir a más de uno de aquellos hombres, testigos del beneficio colectivo de “repartir el campo” a sus legítimos dueños, por herencia natural del sudor y el trabajo.

“Al menos la noticia, cuando nos enteramos, no la creímos. Habían sido demasiados años de explotación e incertidumbre, para que un hombre, un solo hombre llamado Fidel, acabara de raíz con el problema más grande del campesino cubano: el derecho a trabajar la tierra que pisaba”, afirma Pascual Tejeda, un guajiro de 77 años sembrado a la Sierra Maestra.

Varias veces, en la conversación, se llama a sí mismo afortunado, privilegiado, dichoso… y lo dice por la doble celebración que la casualidad le permitió tener cada 17 de mayo, desde que cumplió 22.

Entonces en aquel espacio de la histórica Comandancia de La Plata, tal vez fuera entre los presentes el único de cumpleaños; pero como campesino al fin, tras la primera firma del jefe máximo de la Revolución, Pascual sumó otro motivo —inmenso— de alegría al día de su santo.

“Cuando llegamos, el Comandante en Jefe ya estaba allí. El lugar no permitía juntar a tantas personas. Fidel entró y salió varias veces de la casita, y cuando hablaba llamaba la atención sobre el significado del momento como uno de los más importantes vividos por Cuba; del golpe al latifundio y el beneficio directo a las familias de más de 200 mil campesinos sin tierra.

“Muy joven aún, no estuve entre quienes recibieron títulos de propiedad, pero mi orgullo fue el mismo de los favorecidos, porque sentí que aquella ley, firmada el mismo día de mi cumpleaños, cumplía el mayor deseo de un guajiro”.

A estas alturas del tiempo, la salud ya no le da para seguir fiel a la azada, aunque le saque provecho a cada palmo alrededor de la casa. “Al menos tengo esas lomas al alcance de la vista”, dice, como en un gesto ligero de defensa que apela al tributo de la memoria. Sin embargo, se guarda para sí un lamento incógnito.

“Vaya a ver a Félix Pérez, en el mismo poblado de Masó, él recibió el título poco después, y lo conserva”.
Pero Félix no estaba en casa. Hubo que ir a buscarlo al conuco mantenido por él mismo, en los lindes del poblado cabecera de Bartolomé Masó, en la provincia de Granma.

La imagen inverosímil de aquel señor ocupado entre surcos de boniato y maíz en crecimiento, enjuto, con menos tamaño que la azada en sus manos, era el mejor retrato de su fidelidad a la tierra.

Con sus impresionantes 95 años lo recuerda todo, el antes y el después, porque continúa cultivando la misma finquita que en la Sierra adquirió en trato informal y mediante dinero, para establecer familia.

“A muy poco estuve de perderla por la ambición de los grandes propietarios. En esta zona recuerdo a los Estrada, quienes descaradamente decían ser dueños absolutos de unas cuantas lomas, igual a otros poseedores menores llamados “criollitos”, pero que fueron ganando cada vez más terreno y sacando a los pobres campesinos.

El primer papel legal de reconocimiento justo como dueño, lo tuvo Félix en sus manos poco tiempo después de la firma de aquella Primera Ley de Reforma Agraria. Con orgullo visible, de vuelta a casa, indica la rúbrica del mismísimo Fidel en su legajo.

Los recuerdos no le permiten precisar la fecha en que lo recibió, pero sí el orgullo enorme con el cual desfiló la masa guajira, título en mano, aquel 26 de julio de 1960, en El Caney de las Mercedes, antes del acto central por el Día de la Rebeldía Nacional.

“El Comandante repitió que ahora la tierra sí era nuestra, y ya no había ni guardias ni nadie con poder para quitárnosla, porque era el fin de los terratenientes responsables de un pasado de miseria y explotación.”

REFORMA ANTICIPADA EN “LAS FINCAS DEL CHE”

Aunque el comandante Ernesto Guevara jamás fue propietario de un metro cuadrado de tierra en el Escambray, todavía en predios de Las Cuabas, El Guineo, El Pedrero y hasta en el intrincado Gavilanes, se habla de “las fincas del Che”.


A Antonio, a la derecha, le duele ver la tierra sin producir y que haya guajiros indiferentes al problema. Foto: Ortelio González Martínez
Con esa denominación los lugareños del lomerío aluden a la primera entrega realizada por la Revolución en la zona, cuando justamente en noviembre de 1958 el entonces jefe del Frente Guerrillero de Las Villas, siguiendo al pie de la letra las orientaciones de Fidel, decide crear el Buró Agrario para proceder a repartir los terrenos expropiados a los latifundistas de la región.

Ovidio Díaz, quien por aquellos tiempos servía de enlace entre la máxima dirección del Partido Socialista Popular en Las Villas y el Ejército Rebelde, ha testimoniado que tras quedar constituida la primera Asociación Campesina el 12 de noviembre, el Che convocó a una concentración para ventilar el asunto. “Él habló, les explicó todo y luego anunció la expropiación de las dos primeras fincas”.

Más demoró Guevara en comunicar la medida que los guajiros del Escambray en comenzar a sembrar las sitierías, primero con sus ranchos de madera, guano y yagua, y luego con plantaciones de viandas, frutales y café.

Sin embargo, la justa decisión sería gravemente amenazada por el clima de confusión y oportunismo que a mediados de enero de 1959 hizo regresar a los antiguos mayorales, acompañados por algunos oficiales del Ejército Rebelde, con la pretensión de dar marcha atrás a la medida.

“Osvaldo Ramírez (1) dijo que habían mandado a sacarnos de aquel lugar porque los dueños habían ayudado a la Revolución, que teníamos que volver para donde vivíamos antes”, contó hace algún tiempo el campesino Wilfredo González, quien como a otros muchos también le tiraron las cosas al potrero.

Enterado del asunto, el Che se dirige a los campesinos en aquel lugar el 8 de febrero de 1959. “Yo les he asegurado ya, y se lo aseguro con la mano en el corazón, que el Ejército Rebelde está dispuesto a llevar la Reforma Agraria hasta sus últimas consecuencias”, proclamó en El Pedrero, quizás en su primer discurso público tras el triunfo revolucionario.

DEL EJEMPLO A LA HERENCIA NECESARIA

Sentado en un taburete recostado a un horcón del portal, el viejo Antonio González Rodríguez, Héroe del Trabajo de la República de Cuba, dice sentir todavía el resoplido de los bueyes y el chirrear de la carreta.

Pasa revista al almanaque de su vida y a los 89 años los recuerdos lo trasladan a una época difunta, cuando sufría como cualquier campesino pobre sin garantías ni propiedades, “muy diferente a lo que sobrevino con los nuevos tiempos, después del 59”.

“La Reforma Agraria fue posible por el sentir y la acción de Fidel, quien desde el juicio del Moncada y después, en la Sierra, tuvo siempre como objetivo la unión del campesinado cubano”, expresa en palabras humildes quien no dudó en entregar sus tierras para formar la actual Cooperativa de Producción Agropecuaria Ignacio Agramonte, de Ciro Redondo, en Ciego de Ávila, una de las mejores bases productivas del país en el cultivo de la caña.

El tiempo no ha podido derrotarlo, y aunque ya se reconoce no apto para seguir cumpliendo largas jornadas en el campo, conserva el ímpetu y la decisión de aquellos primeros años, en que él mismo contribuyó a intervenir las colonias del antiguo central Violeta, hoy Primero de Enero.

Sin embargo, el héroe Antonio, también dejó escapar una observación tangencial, casi subrepticia, que por el tono sonó a inconformidad.

“Ni cuando presidente de la Cooperativa, fui dado a la crítica, pero no se puede ignorar ni dejar de sentir dolor al ver todavía tanta tierra sin producir y guajiros sentados en sus casas sin hacerlas parir, con la necesidad que tiene el país de los frutos del campo”.

No es preocupación casual, ni aislada, la de los fundadores de aquella Primera Ley. Coinciden en que es notable la desidia y la improductividad en mucha tierra buena; que urge pinchar, con nuevos incentivos, la incorporación de más sangre joven que aproveche las bondades de la opción de obtener en usufructo parcelas ociosas, y que también es preciso repensar las estrategias territoriales de atención a las zonas rurales, para frenar la migración a la ciudad y multiplicar en el campo las oportunidades.

Durante la pesquisa, pocos fueron los iniciadores que presentaron a sus hijos convertidos en ejemplos fieles de apego a la tierra. Una gran parte, como sucede cuando las puertas se abren a las oportunidades, escogió los caminos que la Revolución ofreció a todos por igual, y se hizo médico, profesor o ingeniero.

La herencia, no obstante, perduró en algunas de aquellas mismas tierras repartidas, como se han encargado, por ejemplo, dos de los hijos del nonagenario Félix Pérez, allá en las alturas de El Jíbaro, en la Sierra Maestra; o el espirituano Enélido Bombino, montañés arraigado que tomó de su padre Leonilo una de las fincas entregadas por el Che en la zona escambraica de El Guineo; dos caballerías que le han asegurado el sustento a él y a su familia por 55 años, y que según dice, las va a seguir defendiendo hasta con las uñas.

(1) Osvaldo Ramírez posteriormente se pasó a las filas de la contrarrevolución y comandó la banda que asesinó, entre otros, al maestro Conrado Benítez.

Autor: Dilbert Reyes Rodríguez | dilbert@granma.cu
Autor: Juan Antonio Borrego Díaz | jaborrego@granma.cu
Autor: Ortelio González Martínez | ortelio@granma.cu

http://www.granma.cu/cuba/2014-05-08/la-tierra-repartida-en-la-memoria-guajira