29 ene 2015

Rienda corta para los espías argentinos

En su edición de ayer, el diario estadounidense The New York Times publicó una nota sobre el caso Nisman escrita por Horacio Verbitsky. Aquí se reproduce el texto completo.



 Por Horacio Verbitsky

El 14 de enero el fiscal Alberto Nisman acusó a la presidente Cristina Fernández de Kirchner y a su ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timerman de encubrir la denunciada participación de Irán en un ataque terrorista de 1994.
Nisman fue hallado muerto cuatro días después, horas antes de su programada presentación para exponer sobre sus hallazgos ante el Congreso. Los títulos de los diarios en todo el mundo sugirieron que el gobierno tenía alguna responsabilidad en una de esas tragedias, o en ambas. Yo no lo creo.
Antes de que lo encontraran con una bala en la cabeza, Nisman había investigado durante casi una década el peor ataque terrorista en la historia argentina, la voladura del centro comunitario judío de Buenos Aires, que mató a 85 personas en julio de 1994. Su muerte conmovió al país y distrajo la atención de su escrito acusatorio de 290 fojas. La oposición veía la audiencia en el Congreso como un arma contra el gobierno mientras el partido gobernante se preparaba para señalar los puntos más débiles del escrito.
Los medios están filtrando fragmentos de 5.000 horas de grabaciones telefónicas de Inteligencia, en las cuales no se escucha a la presidente ni a su canciller. Además sobran los rumores acerca de si Nisman fue asesinado o se suicidó. La señora Kirchner osciló entre suponer que fue un suicido y sugerir que no lo fue. En un año electoral, aunque ella no puede postularse para un nuevo mandato, estas vacilaciones no favorecen a su partido.
Especulaciones a un lado, es importante cuestionar la exactitud de los cargos contenidos en la denuncia, que señala en dirección a Irán. El documento, que fue publicado on line, es autocontradictorio.
Primero, acusa a Timerman (quien es judío y fue víctima de la dictadura antisemita que secuestró y torturó a su padre) de buscar la anulación de las Alertas Rojas u órdenes de captura de INTERPOL contra los iraníes acusados. Luego cita una grabación en la que un presunto agente iraní denuncia a Timerman con un insulto antisemita, por no anular las alertas rojas.
Nisman fue criticado por el mismo hombre a quien elogiaba, el ex secretario general de INTERPOL, Ronald K. Noble. La acusación repite 96 veces que Kirchner y Timerman trataron de conseguir que INTERPOL levantara las alertas rojas contra los acusados iraníes. Pero Noble, que era el responsable de las alertas rojas, lo negó y dijo que los gobernantes argentinos fueron consistentes en el sentido contrario.
En una entrevista publicada el 18 de enero, Noble declaró que “lo que Nisman dice es falso”. El mismo día Nisman fue hallado muerto.
Es extraño que un fiscal con la experiencia de Nisman haya preparado un documento tan débil para formular tan serios cargos contra la presidente y el canciller. De las 290 fojas del documento, sólo dos dicen qué delitos se habrían cometido, sin mención alguna ni a doctrina ni a jurisprudencia. Por esto mucha gente cree que el documento no fue escrito por un abogado y que Nisman fue engañado y usado.
Es más posible encontrar la clave de esta historia en el gobierno del ex presidente Carlos Menem que en el actual. Menem es de origen sirio y antes de las elecciones presidenciales de 1989 se reunió en Damasco con el presidente Hafez al Assad, que le brindó apoyo financiero. La participación argentina en la Operación Tormenta en el Desierto contra el aliado de Siria, Irak, en 1991, arruinó ese romance. En 1992 fue demolida la embajada de Israel en la Argentina y en 1994 voló la mutual judía.
Documentos secretos desclasificados en 2003 revelaron que el primer ministro israelí Yitzhak Rabin mandó a la Argentina un enviado personal apenas horas después del ataque de 1994 con el propósito de concertar una versión común de los hechos para comunicar a la prensa. En ese momento, Rabin enfrentaba la presión política de los opositores a las conversaciones de paz con los palestinos en Oslo, que por primera vez contaban con la aprobación siria.
Después de reunirse con Menem, el enviado de Rabin acusó por el ataque a Irán. La misma semana, un vocero del Departamento de Estado de Washington fue más allá y excluyó a Siria de la lista de sospechosos.
A Menem también le pareció políticamente conveniente apartar la mirada de Siria e hizo todo lo posible para impedir que se investigara la pista siria, debido a su relación previa con el gobierno de Assad y sus promesas incumplidas de apoyo diplomático y cooperación en tecnología nuclear y misilística.
Hoy Menem está procesado junto con algunos miembros de su gabinete, con el juez y con dos de los fiscales, acusados de obstruir la justicia y encubrir evidencias sobre el atentado de 1994.
La organización que presido, el Centro de Estudios Legales y Sociales, representa a un grupo de víctimas del atentado. En 2005, el entonces presidente Néstor Kirchner reconoció la responsabilidad del Estado por no haber prevenido el atentado ni resolverlo después.
Se firmó un acuerdo en el que el Estado se comprometió a modificar la ley de inteligencia para impedir cualquier interferencia con la justicia. Llevó casi una década que la viuda de Kirchner, que ahora conduce el país, comenzara a cumplir ese compromiso.
En diciembre, la señora de Kirchner pareció actuar sobre la promesa de su difunto marido al descabezar la conducción superior de la Secretaría de Inteligencia en un retrasado intento de limpiar la casa.
La muerte de Nisman puede haber sido un gol en contra; muchos creen que el destituido jefe de operaciones de inteligencia, Antonio Stiuso, alimentó el escrito de Nisman y podría estar involucrado en su muerte.
De acuerdo con la denuncia, el Memorando de Entendimiento que la Argentina e Irán firmaron en enero de 2013 facilitó el encubrimiento, cuyo objetivo secreto era permitir la adquisición de petróleo iraní, algo altamente improbable debido a su alto contenido de azufre, seis veces mayor al que admiten las refinerías argentinas. Pero el propósito explícito del Memorando era permitir que el juez interrogara a los acusados iraníes y que se estableciera una Comisión Internacional de la Verdad, formada por prestigiosos juristas de otros países.
Firmar un memorandum con la ingenua ilusión de que algún día permitiera llevar a los acusados ante un tribunal, como ocurrió con los acusados libios por el avión derribado sobre Lockerbie en 1988, no constituye delito. El gobierno argentino ignora quiénes son los culpables pero quiere permitir que la justicia los descubra.
La muerte de Nisman y la incertidumbre que se prolonga sobre el atentado de 1994 pusieron en evidencia las fallas del sistema judicial argentino y su relación promiscua con los servicios de inteligencia.
Las prometidas reformas no pueden postergarse. La Argentina necesita más transparencia, más control sobre los servicios de Inteligencia y la interrupción de los lazos inapropiados entre espías, jueces y fiscales.
La señora de Kirchner anunció esta semana la disolución de la Secretaría de Inteligencia y la creación de una Agencia Federal de Inteligencia. Este es sólo el primer paso para conseguir justicia para las víctimas del atentado de 1994 y la familia de Nisman.

Cuartos cerrados, preguntas abiertas

La muerte de Nisman


La muerte del fiscal Alberto Nisman, más allá de las olas, tipo tsunami, en el campo político, ha despertado al Sherlock Holmes que muchos llevan adentro. El descubrimiento de su cadáver obstruyendo por dentro la puerta del baño se acerca mucho a las características básicas de lo que tradicionalmente se conoce como “crimen de cuarto cerrado”. Esa categoría nació con la narración de Edgar Allan Poe “Los crímenes de la calle Morgue”, que Gastón Leroux reforzó con su relato “El misterio del cuarto amarillo”. Un espacio cerrado, donde nadie ha podido entrar normalmente y donde se produce una muerte o se ha manifestado la intención de asesinar a alguien.
Haciendo la autopsia de esos “cuartos cerrados” se produce, inevitablemente, el descubrimiento de que se trata de un juego de engaño, una charada, resuelta siempre por uno de dos caminos, o el muerto, por alguna razón, disfrazó el hecho de intento de asesinato, o la solución llega por lo inverosímil, como el mono con navaja que ingresa por un ventanuco en “Los crímenes de la calle Morgue”; algo que se nos hace creíble sólo gracias al talento gótico de Poe. Es que la literatura policial es un juego de sobremesa y el detective el avatar del lector en ese juego. De modo que analizar la muerte de Nisman desde un cuarto cerrado no conduce a nada. A nada que no sea un mero juego.
Lo que no quiere decir que no se pueda especular o, si se quiere, “jugar”, pero con otras reglas, las reglas de un modo narrativo que se aparta sustancialmente de la ficción policíaca para navegar en aguas de una sociedad en que las reglas son otras: la novela negra. Para dejar claro el desde dónde cabe citar a Jorge Luis Borges, admirador de la novela policíaca y detractor de la novela negra. Decía que la diferencia estaba en que en la novela policial, producido el crimen, alterado el orden, introducido el caos, el investigador daba con la solución y restauraba el orden. En cambio, en la novela negra, todo intento de investigar, de destapar las razones del caos, conduce a mayor caos y al cuestionamiento del orden.
Para reducirlo a lo esencial, en la novela policial se busca quién fue al autor de la muerte, ya sea la propia o la de un tercero, en tanto que en la novela negra la pregunta es por qué lo hizo. Qué razones, qué presiones, qué circunstancias llevaron a que alguien se mate o mate a un tercero. Y esa pregunta, en tanto que los humanos son entes sociales, lleva al entorno, a la sociedad y a los grupos de poder que compiten por el control, desde reglas de juego que no son las del acertijo ni las del marqués de Queensberry, que reglamentan el boxeo y prohíben pegar por debajo del cinturón, morder o patear los testículos del adversario.
Por estas cuestiones, que ponen en tela de juicio las imparcialidades, resulta sensato, utilitario y más en contacto con la realidad, no jugar a los cuartos cerrados, sino a las preguntas abiertas. ¿Durante los diez años de la investigación en torno al atentado a la AMIA nadie reparó en que no había avances? ¿La permanencia, en el circuito oficial, de agentes de inteligencia ligados a la última dictadura, es producto de la desidia y la falta de control? ¿La inconsistencia de las denuncias del fiscal, previas a su muerte, indican que alguien lo usó como torpedo? Si es así, ¿con qué lo apretaron para que diera ese paso, si él, por su profesión, sabía que era un disparo de humo? ¿Cuál fue su rol en un juego de poderes que lo puso en el rubro “use y tire”, de propia mano o de mano ajena?
De todas maneras, cualquiera que sea el punto de partida para ver el caso Nisman, y hacerse preguntas, conviene recordar que las sociedades que conocemos y habitamos son pirámides discontinuas, y esto vale tanto para la economía como para la aplicación de la justicia y las leyes. En términos económicos, una gran base tiene poco, mientras el vértice de la pirámide, mucho más pequeño, tiene tanto o más que toda la base en su conjunto. En términos de justicia, a cierta altura, cerca del vértice, la pirámide se corta, se discontinua, hay un vacío. Desde abajo hasta el corte, todos estamos sujetos a las leyes y todos somos investigables y procesables; todos estamos al alcance de la policía y los jueces. Del corte hacia arriba las reglas son otras, y se modifican, atenúan o ignoran en relación con el poder real –político y económico– de quien o quienes son sospechados de cometer el delito.
Algunos casos internacionales corroboran esa realidad. Por ejemplo, que las mentiras del general Colin Powell sobre armas de destrucción masiva que justificaron la invasión de Irak, nunca lo llevaron ante un tribunal. Por ejemplo, el suicidio, luego caratulado como homicidio, de Roberto Calvi, “el banquero de Dios”, que apareció colgado de un puente en Londres. Detrás y en torno al personaje, se movían el Banco Ambrosiano, el Banco del Vaticano y la logia Propaganda Due, de la que son aún parte Licio Gelli, conocido en Argentina por sus relaciones con Emilio Eduardo Massera, protagonista del golpe genocida de 1976, y el muy conocido Silvio Berlusconi. O, por ejemplo, las operaciones de entidades de inteligencia que actúan por sus propios intereses, o los de sus mandantes, que no siempre son los gobiernos de sus países. Un caso que lleva a esa franja de hechos fue la invasión de Cuba por Bahía de los Cochinos. Una jugada inconsulta de la CIA, ligada en ese tiempo a sectores del petróleo, para colocar entre la espada y la pared al presidente John F. Kennedy. El mismo Kennedy que reaccionó cuestionando la dirección de la CIA, para ser poco más tarde asesinado en Dallas, supuestamente por un desequilibrado Lee Oswald, que fue convenientemente silenciado con la muerte, como también lo sería luego su asesino, Jack Ruby.
El caso de Kennedy, a quien no mataron en un cuarto cerrado sino en una plaza de Dallas, a pleno sol, aún espera una respuesta que niegue la multiplicidad de datos que conducen a un asesinato programado. La sospecha, una vez que instalada, es muy difícil de erradicar. Desde la muerte de John F. Kennedy hasta hoy han pasado 52 años.

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Los griegos sacan su dinero de los bancos por temor a un ‘corralito’

Antes incluso de que el nuevo Gobierno de Grecia llegue a sentarse a renegociar las condiciones de su rescate, como es su intención, el Ejecutivo de Alexis Tsipras puede tener que hacer frente a una crisis aún más grave. Los bancos griegos están sufriendo una fuga de depósitos mayor incluso que la que vivieron las entidades en lo peor de la crisis de deuda europea en 2012, lo que pone en riesgo la liquidez del sistema.

Las entidades han perdido más de un 8% de los depósitos en el último mes

Imagen del parqué de la Bolsa de Atenas. EFE/Archivo



Los datos no dejan lugar a dudas. En diciembre pasado, los ciudadanos griegos retiraron 3.000 millones de euros en depósitos, una cifra que se ha disparado hasta los 11.000 millones este mes, dato todavía provisional. Según Bloomberg, la retirada de fondos de los bancos entre el 19 y el 23 de enero “fue incluso mayor que la que sufrió el país en mayo de 2012”,cuando se especulaba con la salida de Grecia del euro. Ante situaciones similares, los Gobiernos de otros países han optado por implantar restricciones de movimientos de capital, lo que se conoce como uncorralito financiero.
En noviembre pasado, el sistema financiero tenía 164.000 millones de euros en depósitos. Eso supone que entre diciembre y enero, la banca griega ha perdido el 8,5% del total de sus fondos, por debajo de los niveles más bajos registrados en 2012 de 151.000 millones.
“La fuga de depósitos refleja el temor a un impuesto sobre los depósitos y a controles de capital al estilo de los implantados en Chipre”, sostienen los analistas de Citigroup, que esta semana ha mandado a un equipo al país, que envía un informe de situación diario a sus clientes. A juicio de estos expertos, sin embargo, no parece existir temor entre los clientes a una salida de Grecia del euro.
La tesis del miedo a un corralito financiero pero sin abandonar la unión monetaria se confirmaría con el destino que los griegos dan al dinero que sacan de los bancos. Según JP Morgan, la mayoría lo guarda debajo del colchón, ya que los billetes en circulación en el país aumentaron “significativamente” en diciembre, en concreto en 2.200 millones de euros. “Eso sugiere que el 70% de los depósitos retirados van a parar bajo el colchón”, sostiene el banco en una nota. Tampoco falta quien está sacando su dinero del país. Por ejemplo, las compras de fondos monetarios con sede en Luxemburgo se han acelerado esta semana, un indicador de referencia según JP Morgan, hasta los 206 millones de euros, frente a los 91 millones de la semana anterior o los 107 millones registrados en todo el mes de diciembre.
Los expertos creen que el 70% del dinero retirado se guarda bajo el colchón
En esas circunstancias no es de extrañar que el sector financiero sufriera este miércoles en Atenas la peor jornada bursátil de su historia. Las acciones del Alpha Bank, el Banco Nacional de Grecia, el Pireus Bank y el Eurobank Ergasias cayeron entre un 25% y un 30% y hacían perder un 9,24% al índice general, hasta su nivel más bajo en dos años. Solo en esta semana los bancos han perdido más de 11.000 millones de euros de capital en los mercados, la misma cuantía que lograron atraer en todo 2014 y que se había convertido en una de las mayores de su historia. También han sufrido fuertes pérdidas las compañías eléctricas, cuya privatización ha sido paralizada por el nuevo Gobierno. La empresa eléctrica DEI perdía un 14,51%, mientras que el puerto de El Pireo retrocedía un 8,34% y el de Salónica un 12,50%.
El mercado augura que la tensión no va a desaparecer fácilmente y eso ha disparado la rentabilidad que exigen a la deuda griega. Los bonos a 10 años han pasado del 9,4% al 10,4% en una sola jornada y el rendimiento de la deuda que vence en julio de 2017 ha pasado del 10,9% del viernes pasado a superar el 16%. El Banco de Grecia asegura no tener problemas de fondos hasta el mes de marzo

Periodista alemán: "Mentimos para convencer de la necesidad de guerra contra Rusia"

El experiodista y exasesor del Gobierno federal de Alemania, Udo Ulfkotte, ha revelado su participación en el llamado 'periodismo negro', confesando que tuvo que mentir en reiteradas ocasiones. El destacado experiodista pone de manifiesto la campaña antirrusa en la prensa occidental.



26 ene 2015


WIKIPEDIA


"Mentía, traicionaba, recibía sobornos y ocultaba la verdad a la opinión pública", confiesa el periodista en su libro 'Gekaufte Journalisten' ('Periodistas comprados') enfatizando que "lo que estaba haciendo no era periodismo, sino propaganda". Para Ulfkotte, el colmo era la campaña antirrusa desatada en la prensa occidental, que comenzó hace un año bajo el liderazgo de la CIA, según recoge el portal Sputnikbig.


A su juicio, la cobertura de la prensa occidental de los acontecimientos en Ucrania es un claro ejemplo de manipulación de la opinión pública. "¡Es repugnante!", exclama Udo. "Si observamos desde fuera el trabajo de las redacciones de los principales medios, como 'Frankfurter Rundschau', 'Der Spiegel', a uno le da la sensación de que los editores y periodistas se han puesto cascos virtuales impermeables al sonido y repiten sin cesar '¡La guerra contra Rusia! ¡La guerra contra Rusia!'".

Ulfkotte no tiene dudas de que bajo el dictado de los servicios especiales 'Der Spiegel' publicó la información de que el Boeing malasio fue derribado sobre Ucrania por un misil ruso sin presentar ninguna prueba. Recuerda que esta información falsa fue un pretexto para la imposición de las sanciones occidentales contra Rusia, que de hecho, "ha sido una declaración de guerra económica a gran escala, que luego se complementó con precios del petróleo reducidos artificialmente y una depreciación del rublo orquestada".

El propósito principal del libro era la explicación del hecho de que "los periodistas mintieron a sus lectores a fin de convencerles de la necesidad de la guerra contra Rusia". Udo dice estar harto de este nivel de mentiras sólo propio de las 'repúblicas bananeras'. El experiodista denuncia que todos los noticieros de televisión y los principales periódicos y revistas que fomentan la opinión en Occidente, están siendo manipulados y distorsionados por Estados Unidos.

28 ene 2015

Las conexiones del fiscal Alberto Nisman con Estados Unidos que revela Wikileaks


A lo largo de los años, el fiscal Alberto Nisman no hizo más que dejar rastros de su alineamiento con Estados Unidos. En la colección de cables de la embajada norteamericana en Buenos Aires, dados a conocer por Wikileaks, hay decenas de informes de visitas de Nisman a la delegación diplomática donde discutía la orientación de la causa, pedía disculpas por no avisar de tal o cual medida que tomó y les enviaba textos que recién después presentaría a la Justicia.


Como transcribió Página 12 el 27 de febrero de 2011, los norteamericanos se mostraron muy enojados: “No hay que orientarse a la pista siria ni a la conexión local. Seguir esas pistas podría debilitar el caso internacional en contra de los acusados iraníes”. Las instrucciones al fiscal se las daban desde la Oficina Legal, nombre de fantasía usado en lugar de FBI. Desde ahí le marcaban la cancha.

Cuando terminó el juicio oral por el caso AMIA, con Carlos Telleldín y los policías bonaerenses declarados inocentes, el mismo tribunal ordenó que se investigara a los que sembraron pistas falsas en la investigación que consideraron “un armado al servicio de políticos inescrupulosos”. Esto derivó después en el procesamiento, confirmado, del ex juez Juan José Galeano, los ex fiscales, el comisario retirado Jorge “El Fino” Palacios, el titular de la SIDE, Hugo Anzorreguy, varios agentes de la misma secretaría y hasta el titular de la DAIA, Rubén Beraja. Pese a que existía orden del tribunal de investigar, la embajada le insistía a Nisman que no fuera para ese lado, ni para la pista siria, ni para la conexión local. “Eso le da argumentos a los iraníes”, escribían en los cables publicados por Wikileaks.

Como relató en este diario el periodista Santiago O’Donnell el 17 de febrero de 2013, hubo 196 cables emitidos por la embajada en los que figuraba la sigla AMIA. O’Donnell transcribe de Wikileaks que en noviembre de 2006 Nisman le adelantó a la embajada que el juez Canicoba Corral procesaría a los sospechosos iraníes. En diciembre 2007, Nisman les presentó un borrador de una orden de captura de dos carillas, pero no les satisfizo a los funcionarios norteamericanos. Dos meses después llevó otro borrador de nueve páginas que sí fue aceptado.

En los cables se deja constancia que Nisman siempre estuvo dispuesto a colaborar, que les anticipaba sus decisiones y que incluso les pidió disculpas varias veces –figura en tres cables– porque en una ocasión no les adelantó una medida que iba a adoptar. Esto ocurrió en mayo de 2008. Los textos dejan en claro que es Nisman el que pide tomar contacto. En noviembre de ese mismo año, le anticipa a la embajada que accionará civilmente contra los iraníes. En mayo de 2009, Nisman llamó a la delegación diplomática para anticiparles que iba a pedir la captura de Samuel Salman El Reda, como una especie de coordinador del atentado.

Mucho antes de eso, en 2005, se produjo un curioso episodio del expediente. Nisman informó que ya tenía el nombre del conductor suicida que se estrelló en la AMIA, Ibrahim Hussein Berro, un joven libanés de 21 años. En uno de sus decenas de viajes a Estados Unidos, Nisman entrevistó a dos hermanos de Berro que vivían en Detroit. Al regreso, el fiscal –asistido por funcionarios norteamericanos– sostuvo que Abbas y Hassan Berro habían declarado que efectivamente Ibrahim fue el suicida. Pero una lectura de la declaración de los hermanos lleva a la conclusión contraria: dijeron que estaban convencidos que Ibrahim murió en el sur del Líbano. Los hermanos repitieron esto en varias radios argentinas, poniendo en duda lo armado por Nisman y funcionarios norteamericanos. Por supuesto que tampoco se encontró ningún rastro en Migraciones o en cualquier otra instancia de que Ibrahim haya estado por este lado del planeta.

En mayo de 2008 se dio el momento de mayor desazón del entonces embajador Earl Anthony Wayne. En un cable emitido a las 23 horas del 22 de mayo, el representante norteamericano se quejó por el pedido de detención de Carlos Menem y los demás funcionarios por desviar la investigación. “Cuando la oficina de Legales (en verdad el FBI) le hizo notar a Nisman que su anuncio podía llevar otra vez a que el gobierno iraní cuestionase la credibilidad o imparcialidad de la investigación, Nisman dijo que no debería, aunque luego concedió que no había considerado las implicancias que el pedido de detención podría tener en la investigación internacional.” Otra cosa que molestaba al embajador: que los medios consideraban a Alberto Kanoore Edul como la punta de la llamada pista siria. Una de las vertientes de la causa del encubrimiento fue que el ciudadano argentino de origen siriolibanés Kanoore Edul le había hecho un llamado a Carlos Telleldín una semana antes del atentado. Telleldín fue quien armó la Trafic, con partes robadas, que estalló en la AMIA. Kanoore Edul nunca pudo explicar esa llamada, por lo que se ordenaron allanamientos en sus domicilios. La medida se demoró a raíz de que el padre de Kanoore Edul, viejo amigo de Carlos Menem, fue a la Casa Rosada a hablar con Munir Menem. Eso retrasó los allanamientos varias horas. Nisman puso en marcha una investigación sobre esos hechos, pero a los norteamericanos no les gustó nada: no querían ni que se acuse a Menem ni a los sirios ni que se buscara la conexión local. Su objetivo eran los iraníes.

En su vínculo con la embajada, Nisman no estaba solo. Su referente en la SI, Jaime Stiuso, representaba a quienes dentro de la secretaría se alineaban con los servicios de inteligencia norteamericanos. Los hombres cercanos a Daniel Scioli sostienen que fueron agentes de Estados Unidos los que filmaron al gobernador en el último viaje a Miami, cuando estuvo con Bill Clinton, y que desde allá le hicieron llegar las imágenes al sector alineado con ellos en la SI. De ese grupo, la filmación pasó a un candidato opositor.

Semejantes maniobras y las operaciones desde la SI, a través de jueces de Comodoro Py, contra el Memorandum también fueron características de los últimos tiempos. Eso puso en marcha la decisión de la Presidenta de hacer un fuerte recambio de toda la cúpula de la SI.

Herido por la pérdida de su referente en la Inteligencia y los fondos que eso significaba, con pocas chances de llevar algo a la embajada, el fiscal pateó ayer el tablero. Tal vez busca convertirse en una víctima y tiene la esperanza de sacarse de encima una causa de cuyos magros avances –como dicen los familiares– es uno de los responsables.

Raúl Kollmann

Página 12