Por Gerardo Szalkowicz
En 31/05/2022

La animadora hacía malabares para inventar un fervor inexistente. En el bunker del Pacto Histórico, las indisimulables caras largas dominaban el ambiente por sobre el esfuerzo entusiasta de un grupo militante que agitaba a cada rato el “sí se puede”. En las afueras del lujoso Hotel Tequendama, un par de centenares de simpatizantes seguía por pantalla el discurso de Gustavo Petro sin el calor y el color que se preveía unas horas antes. No hubo festejos ni bocinazos en las calles de Bogotá a pesar del resultado inédito: por primera vez en la historia colombiana una coalición del progresismo y la izquierda lograba un abultado triunfo y se convertía en primera fuerza política.
En 31/05/2022

La animadora hacía malabares para inventar un fervor inexistente. En el bunker del Pacto Histórico, las indisimulables caras largas dominaban el ambiente por sobre el esfuerzo entusiasta de un grupo militante que agitaba a cada rato el “sí se puede”. En las afueras del lujoso Hotel Tequendama, un par de centenares de simpatizantes seguía por pantalla el discurso de Gustavo Petro sin el calor y el color que se preveía unas horas antes. No hubo festejos ni bocinazos en las calles de Bogotá a pesar del resultado inédito: por primera vez en la historia colombiana una coalición del progresismo y la izquierda lograba un abultado triunfo y se convertía en primera fuerza política.



