Por Jorge Elbaum
10 de marzo de 2024

. Imagen: AFP
La confrontación estructural que genera la actual Guerra Fría es el resultado de la incapacidad de Occidente para aceptar la soberanía plena de China y Rusia y su respectiva influencia sobre el resto del mundo. En el relato que Washington pretende difundir, a través de sus propaladoras de sentido, Beijing es una autocracia que desafía su hegemonía global y Moscú es un actor geoestratégico, que debe ser fragmentado y/o aislado. El G7, la OTAN y el AUKUS –creado en 2021– se articulan para reducir el liderazgo de los BRICS, demonizar a quienes desafían las actualizaciones del Consenso de Washington y sabotear las capacidades chinas de desarrollo económico, científico y tecnológico.
La confrontación estructural que genera la actual Guerra Fría es el resultado de la incapacidad de Occidente para aceptar la soberanía plena de China y Rusia y su respectiva influencia sobre el resto del mundo. En el relato que Washington pretende difundir, a través de sus propaladoras de sentido, Beijing es una autocracia que desafía su hegemonía global y Moscú es un actor geoestratégico, que debe ser fragmentado y/o aislado. El G7, la OTAN y el AUKUS –creado en 2021– se articulan para reducir el liderazgo de los BRICS, demonizar a quienes desafían las actualizaciones del Consenso de Washington y sabotear las capacidades chinas de desarrollo económico, científico y tecnológico.

