por Thierry Meyssan
Red Voltaire | París (Francia) | 18 de febrero de 2025
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Los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Rusia, Vladimir Putin, en una foto de 2018.
La paz en Ucrania podría no ser la panacea. La causa del conflicto no es una supuesta voluntad expansionista de Rusia, aunque sea eso lo que afirma la propaganda atlantista, sino la existencia de problemas muy reales. Limitarse a reconocer modificaciones de fronteras no resuelve el problema de fondo. La guerra en Ucrania es consecuencia de la expansión de la OTAN, que violó compromisos previos, y esa expansión amenaza directamente la seguridad de Rusia, país con fronteras tan extensas que se hace muy difícil defenderlas. Para extenderse hasta Ucrania, la OTAN apoyó grupos neonazis, que impusieron su ley en ese país. A ese problema básico se agrega el resurgimiento de un presunto “conflicto de civilizaciones” entre los valores europeos y los valores de los pueblos de Asia. No habrá una paz verdadera mientras las potencias occidentales no respeten los compromisos que ya han contraído y los que pudieran contraer en el futuro.


