6 dic 2014

México en llamas, el colapso del capitalismo neoliberal

Por Ariel Noyola Rodríguez

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El neoliberalismo no es una ideología. Tampoco es un paradigma. Constituye, a grandes rasgos, un proyecto orientado a reforzar el poder de la clase capitalista. En tanto que, crítica de la economía política, la aproximación marxista rechaza, de manera tajante, el antagonismo aparente entre el Estado y el Mercado. En cambio, los economistas ortodoxos se limitan a hacer apología del “Estado de Bienestar”, categoría relacionada con las políticas de inspiración keynesiana implementadas en los países industrializados al término de la Segunda Guerra Mundial.
De acuerdo con la argumentación más común, los aumentos salariales y de gasto público permitieron incrementar el nivel de la demanda agregada y la producción mundial. El incremento de la producción generaba, a su vez, un efecto multiplicador sobre los requerimientos de fuerza de trabajo por parte de las empresas. Mantener el “pleno empleo” garantizaba la obtención de una tasa de beneficio elevada, derivada tanto del aumento de los precios como de la ampliación del mercado interno. Así el “círculo virtuoso” de la acumulación de capital de la segunda posguerra permitió, como nunca antes, alcanzar una expansión económica sostenida en escala global durante más de dos décadas (período también conocido como la época dorada del capitalismo).
Sin embargo, la realidad fue muy diferente. El “Estado de Bienestar” no permaneció ajeno a un sinfín de contradicciones que a la postre representaron un obstáculo para la acumulación de capital. Por ello, es indispensable analizar las condiciones objetivas del neoliberalismo antes de abordar sus consecuencias sobre la economía mexicana.
En primer lugar, la crisis de rentabilidad de la economía de Estados Unidos a finales de la década de los sesenta llevó a las clases dominantes de dicho país a realizar un viraje de enormes proporciones. La persistencia del estancamiento económico y la inflación (estanflación) exigió un cambio de rumbo como un intento de revertir la caída de la tasa de beneficio a favor del capital y en detrimento del movimiento obrero organizado.
En segundo lugar, si bien el inicio del neoliberalismo se asocia generalmente a los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en Inglaterra y Estados Unidos, respectivamente, la crisis fiscal de Nueva York y el golpe de Estado en contra del presidente chileno Salvador Allende ya habían sido utilizados con anterioridad como bancos de pruebas de la ofensiva por parte del capitalismo neoliberal para, de un lado, hacer caer sobre los trabajadores los costos del ajuste y, por otro lado, evitar cualquier tipo de reivindicación a favor de la redistribución de la propiedad y del ingreso.
Por otra parte, hay que tomar en consideración que los efectos del neoliberalismo sobre las economías de la periferia fueron de un calado mucho mayor si se los compara con los países del capitalismo central. México es un claro ejemplo: más de tres décadas de capitalismo neoliberal han colocado al país en un punto tan crítico, cuyos daños difícilmente podrán revertirse en el corto plazo. La incorporación al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) a finales de la década de los ochenta y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994 apuntalaron la dependencia de la economía mexicana respecto a Estados Unidos a través de la destrucción del campo y la industria, sectores que antes habían sido apoyados por el Estado desarrollista.
El retorno del Partido Revolucionario Institucional al Poder Ejecutivo federal en 2012, además de representar un grave retroceso en materia democrática, constituye la profundización del capitalismo neoliberal a una escala sin precedentes. La aprobación del paquete de 11 “reformas estructurales” (laboral, fiscal, educativa, telecomunicaciones, energética, etcétera), a espaldas de la opinión pública mediante el denominado “Pacto por México”, será recordada como el canto del cisne del espíritu nacionalista mexicano. La rendición absoluta frente a nuestro vecino del Norte.
No cabe duda de que la reforma de mayor importancia, la energética, fortaleció de manera decisiva la seguridad hemisférica de Washington en un contexto internacional signado por la creciente rivalidad geopolítica entre potencias imperialistas y el agotamiento acelerado de los recursos naturales de carácter estratégico. Además, la reciente aprobación de las leyes secundarias en materia energética hace operativa de jure la entrega de las principales actividades de Petróleos Mexicanos a las grandes Corporaciones Multinacionales, al tiempo que neutraliza de facto las acciones de tipo compensatorio por parte del Estado mexicano para hacer valer su legitimidad de cara a las contradicciones de la acumulación capitalista dependiente.
Sin embargo, tanto Luis Videgaray como Agustín Carstens, los funcionarios al frente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Banco de México, respectivamente, no dejan de presumir la solidez de los “fundamentos macroeconómicos” de la economía nacional frente a cualquier tipo de “eventualidad externa”. Con todo, el “blindaje” no fue suficiente ante la crisis crediticia de Estados Unidos que estalló en agosto de 2007. Las consecuencias para México no derivaron río abajo en un “catarrito” como sostuvo hasta el final Carstens (en aquél momento titular de la SHCP), sino en hemorragia: la mayor caída del Producto Interno Bruto (6.70 por ciento) en 2009 de todos los países de América Latina.
Actualmente, una vez que las “reformas estructurales” han sido aprobadas, el gobierno de Enrique Peña Nieto busca convencer a los mexicanos, a través del apoyo mediático del duopolio televisivo, que los beneficios producto de los cambios constitucionales tardarán varios años en surtir efecto. No obstante, la agudización de los efectos de la crisis global, consecuencia de una espiral deflacionaria de las materias primas, en especial el petróleo, cuya cotización cayó a menos de 80 dólares el barril en su variedad Brent, nubla las perspectivas optimistas del gobierno de Peña Nieto. En 2013, México registró una tasa de crecimiento de 1.1 por ciento; para 2014, el Fondo Monetario Internacional ha reducido a 2.4 por ciento la proyección de crecimiento económico, tres décimas menos en comparación con la estimación realizada por el gobierno mexicano.
Sucintamente, el fin del estímulo monetario del Sistema de la Reserva Federal y el alza eventual de la tasa de interés de referencia a mediados de 2015 podrían precipitar la devaluación del peso mexicano en relación al dólar. Las reservas internacionales por un monto de 190 mil millones de dólares son insuficientes frente a una estampida masiva de capitales de corto plazo, tomando en consideración el tamaño del mercado cambiario.
Finalmente, la creciente militarización del país, apoyada por Washington, tiene como objetivos la criminalización de la protesta social y la disolución de los movimientos sociales emergentes. Asimismo, pone en evidencia que el discurso neoliberal en torno al “retiro del Estado” oculta, en realidad, una de sus principales paradojas: el sostén irrestricto a favor de la acumulación lleva al Estado capitalista a ejercer el monopolio de la violencia contra los grupos en resistencia.
Con todo, los pilares del capitalismo neoliberal en México no podrán permanecer intactos de manera indefinida. México arde hoy como consecuencia de un régimen económico opresor. La desaparición de 43 estudiantes normalistas en el estado de Guerrero, a finales de septiembre del año en curso, llevó al sistema político mexicano a perder toda legitimidad; la indignación por la masacre de Ayotzinapa puso de manifiesto la enorme capacidad de movilización de la sociedad mexicana: el sujeto histórico revolucionario llamado a derrotar al capitalismo neoliberal y a realizar una transición sistémica que privilegie formas superiores de organización.
*Miembro del Observatorio Económico de América Latina del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Más datos de los evasores

El funcionario dijo que no sólo tiene el detalle de las cuentas, sino también e-mails e información sobre reuniones en Suiza.



El titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, reveló que el organismo cuenta con información detallada de cada uno de los contribuyentes que tenían cuentas en Suiza sin declarar, que incluye e-mails y reuniones de empresarios con los funcionarios del banco HSBC en Suiza y la Argentina. En un entrevista televisiva, el funcionario cuestionó el accionar de los jueces María Verónica Stra-ccia y Javier López Biscayart por haber retrasado la investigación. En este sentido, el último magistrado mencionado envió la causa al fiscal Claudio Navas Rial para que avance con la pesquisa.
“Le entregamos toda la documentación a la jueza porque venía investigando al HSBC en otra causa y lo único que hizo fue mandársela a la Cámara, mientras que López Biscayart nos impuso una serie de medidas que son de cumplimiento imposible, por ejemplo determinar cuál sería toda la deuda de los titulares de esas cuentas”, manifestó el titular del ente fiscalizador.
Echegaray sostuvo que toda la información que fue remitida desde Francia está guardada en “un monoambiente lleno de papeles” sobre las cuentas presuntamente ilegales. Por otro lado, el fiscal Navas Rial ya requirió a la AFIP la información de las declaraciones juradas de los denunciados, por lo que el organismo recaudador deberá presentarse acompañando la totalidad de la documentación que desde el lunes el juez López Biscayart se negó a recibir.
El organismo insistirá ante el fiscal sobre la necesidad de requerir a Suiza la evolución hasta la actualidad de las cuentas reveladas por el ex ejecutivo del HSBC Hervé Falciani. Por otro lado, la AFIP deberá presentarse con la Anses ante el fiscal Guillermo Marijuán, quien se encuentra investigando si la operación de fuga de divisas por parte del HSBC afectó al sistema previsional argentino.
En la misma entrevista televisiva, emitida por el Canal América, Echegaray reconoció que también está investigando a “la principal empresa siderúrgica argentina”, en la que se advirtió una operatoria de fuga de divisas, a través de la distribución de dividendos “destinados al holding de la misma compañía, que tiene sede en Luxemburgo”. Dicha pesquisa apunta al accionar de la multinacional Techint, que en la actualidad también está siendo investigada en Brasil por el escándalo de corrupción en torno de Petrobras.

El capital según Carlos Fuentes

La voluntad política puede ganar la partida al peso de la maldición histórica

Una militante del partido PT con una camiseta de Dilma Rousseff en Brasilia. / UESLEI MARCELINO (REUTERS)
En 1865, Karl Marx afirmó que fue leyendo a Balzac como más aprendió sobre el capitalismo y el poder del dinero. En 2014 uno tendería a decir lo mismo: basta con actualizar los autores y los países. En La voluntad y la fortuna, un magnífico lienzo publicado en 2008, pocos años antes de su muerte, Carlos Fuentes hace un retrato edificante del capitalismo mexicano y de las violencias sociales y económicas por las que atraviesa su país, a punto de convertirse en la narconaciónque hoy cubre las primeras planas de los periódicos.
También nos cruzamos con personajes pintorescos, con un presidente que se comunica al estilo Coca-Cola y que en último término no es más que un patético arrendatario del poder frente a aquel, eterno, del capital, representado por un multimillonario todopoderoso que se parece mucho al magnate de las telecomunicaciones Carlos Slim, poseedor de la mayor fortuna del mundo. Unos cuantos jóvenes vacilan entre la resignación, el sexo y la revolución. Terminarán siendo asesinados por una mujer bella y ambiciosa que quiere su herencia y no necesita la ayuda de un Vautrin para cometer su crimen, prueba clara de que el nivel de violencia ha subido desde 1820. La transmisión patrimonial —objeto de deseo para todos los que están al margen del círculo familiar privilegiado, y a la vez una fuerza destructora de la personalidad individual para todos los que pertenecen a él— se encuentra en el corazón de la meditación del novelista.
Vemos también la influencia nefasta de los gringos, esos estadounidenses que poseen “el 30% del territorio mexicano” y de su capital, y hacen que la desigualdad sea incluso un poco más insoportable. Las relaciones de propiedad son siempre relaciones complejas, difíciles de organizar de manera pacífica en el marco de una misma comunidad política: nunca es sencillo pagarle la renta a un propietario ni ponerse de acuerdo tranquilamente sobre las modalidades institucionales que rodean esa relación y sobre la continuidad de la situación misma. Pero cuando es un país entero el que le paga rentas y dividendos a otro, aquello se vuelve francamente complicado. A menudo siguen ciclos políticos interminables que alternan fases de ultraliberalismo triunfante, autoritarismo y breves periodos de expropiación caótica, que desde siempre han minado el desarrollo de América Latina.
Y sin embargo el progreso social y democrático sigue siendo posible en el continente. Más al sur, en Brasil, Dilma Roussef acaba de ser reelecta por poco gracias al voto de las regiones pobres y de los sectores sociales más necesitados, que, a pesar de las decepciones y de los rechazos que sufrieron por parte del Partido de los Trabajadores (en el poder desde la elección de Lula en 2002), siguen apegados a los avances sociales de los cuales se han beneficiado y que temían ver suprimidos por el regreso de la “derecha” (en realidad, el partido socialdemócrata, porque en América Latina casi todo el mundo dice ser de izquierda, a condición, al menos, de que no le cueste demasiado caro a las élites).
Y sin embargo el progreso social y democrático sigue siendo posible en el continente
De hecho, la estrategia de inversión social adoptada por Lula y Roussef, con la creación de la “bolsa familia” (una suerte de ayuda familiar reservada a los más pobres), y sobre todo el incremento del salario mínimo, permitieron una reducción notable de la pobreza en el transcurso de los últimos 15 años. Estos frágiles logros sociales ahora están amenazados por factores internacionales que afectan gravemente a la economía brasileña y la empujan a la recesión (la caída de los precios de las materias primas, particularmente del petróleo; los avatares de la política monetaria estadounidense; la austeridad europea), y sobre todo por las enormes desigualdades que aún lastran al país.
Volvemos a encontrar el peso de la maldición de la historia de la que nos habla Carlos Fuentes. Brasil fue el último país en abolir la esclavitud, en 1888, en un momento en que los esclavos todavía representaban cerca de un tercio de la población, y las clases poseedoras no han hecho nada para revertir esa desigualdad heredada.
La calidad de los servicios públicos y de las escuelas primarias y secundarias abiertas a todos sigue siendo baja. El sistema fiscal brasileño es terriblemente regresivo y a menudo financia gastos públicos que también lo son. Las clases populares pagan impuestos indirectos muy elevados, con tasas que llegan hasta el 30% en el caso de la electricidad, mientras que las grandes herencias pagan un impuesto irrisorio del 4%. Las universidades públicas son gratuitas, pero no benefician más que a una pequeña minoría privilegiada. Con Lula se instauraron tímidos mecanismos de acceso preferencial a las universidades para las clases populares y las poblaciones negra y mestiza (lo cual causó debates interminables sobre los problemas acarreados por la autodeclaración racial en los censos y en los documentos administrativos), pero su presencia en las aulas sigue siendo irrisoria.
Se necesitarán muchos combates más para romper la maldición de la historia y mostrar que la voluntad política puede ganarle a la buena y mala fortuna.
Thomas Piketty, autor de El capital en el siglo XXI (FCE, 2014, presentado ayer en la FIL de Guadalajara, México), es director de estudios en la École de Hautes Études en Sciences Sociales y profesor en la École d'Economie de Paris (piketty.pse.ens.fr).
Traducción de Adriana Beltrán del Río.

Un giro de 360 grados

No son pocos los que, dos días después de las elecciones, lamentaron su decisión de apoyar al presidente electo Tabaré Vázquez tras conocerse la integración del gabinete que asumirá funciones a partir del primero de marzo.

SAMUEL BLIXEN
Los resultados de la votación del domingo 30 dieron al presidente electo Tabaré Vázquez un respaldo electoral como nunca antes había acumulado otro presidente uruguayo.
Desde ese punto de vista, la legitimidad de su administración será incuestionable; en este sistema, esa legitimidad deriva del voto popular y respalda todo lo que se haga en el futuro que se despliega después de depositar el sobre en la urna.
Sin embargo, no son pocos –aunque es imposible decir si son muchos– los que, dos días después de las elecciones, lamentaron su decisión, tras conocerse la integración del gabinete que asumirá funciones a partir del primero de marzo.
Esa decisión, que formalmente las autoridades del Frente Amplio conocieron por la prensa, también reafirmó las características del “estilo Vázquez”, en especial la capacidad de instalar una ambigüedad planificada.
Las primeras especulaciones giraron en torno al criterio personal del presidente electo, que contrariamente al aplicado por el presidente José Mujica hace cinco años, descarta la “cuotificación” de cargos en función del peso parlamentario de los distintos sectores del Frente.
Tal especulación parte del supuesto ingenuo de que la elección de los ministros responde a un criterio exclusivo de “confianza personal”, como si esa confianza estuviera divorciada de criterios políticos e ideológicos. En todo caso, la “confianza” es resultado de la coincidencia política e ideológica.
La segunda especulación advierte que la composición del futuro gabinete llevó “tranquilidad” a la oposición política y a las corporaciones empresariales, pero que es probable que su integración sea “renovada” a mitad de la gestión, sugiriendo que tal cambio de peones implicaría un cambio de estrategia.
La tercera especulación refiere al grado de descontento que los anuncios provocaron en ciertos sectores del Frente, en especial en el Mpp, que tenía nombres para “sugerir”. Vázquez no recibió a los emisarios, que llegaron tarde. Eso alimentó la conjetura de que el arranque estaría signado por un descontento y una especie de “enfrentamiento”, que para algunos observadores (una calificación de matices respecto de analistas y politólogos), dibujó la imagen de “dos presidentes”, uno en la Torre Ejecutiva y otro en el Palacio Legislativo.
Si hubo malestar –la senadora Lucía Topolansky reveló que el Mpp tenía expectativas para el Ministerio de Educación y que no comprendía la elección de María Julia Muñoz– éste se reduce a aspiraciones por cargos. La senadora se cuidó de recordar, atajando especulaciones sobre “confrontaciones”, que el Mpp siempre ha otorgado una generosa “gobernabilidad” en los dos períodos anteriores. Lo cual es cierto, y ese aporte de “gobernabilidad” se expresó con crudeza cuando el “episodio Gonzalo Fernández-Peirano”. La senadora Topolansky fue enfática, en aquel momento, en la necesidad de respaldar de cualquier manera a Fernández, porque Tabaré Vázquez era el único que podía asegurar el triunfo para un tercer gobierno. No hay entonces sorpresas ni desconciertos sobre las líneas políticas e ideológicas que serán apoyadas.
Está claro que el anunciado gabinete de economía, de la mano de Danilo Astori, promoverá un alejamiento del Mercosur –“mayor independencia de los socios menores”– y un acercamiento al bloque del Pacífico. Rodolfo Nin Novoa, en Cancillería, seguramente resucitará el proyecto de Tratado de Libre Comercio, profundizará la “carnalidad” con Estados Unidos y enfriará las relaciones con la Unasur, en especial con Venezuela y Ecuador. Eleuterio Fernández Huidobro seguirá apañando la impunidad de los terroristas de Estado.
A diferencia del domingo 30, los resultados del domingo 26 de octubre generaron una falsa sensación de “giro a la izquierda”, que los mismos observadores-analistas-politólogos apuntaron a partir del crecimiento del Mpp y sus aliados, más la presencia en el Parlamento de Constanza Moreira y Eduardo Rubio.
En lo que respecta al Mpp, cabe preguntarse si sus votantes acunaban esperanzas de un giro a la izquierda, o si, en realidad, votaron a conciencia la política desplegada hasta ahora, que no sugiere ningún cambio en profundidad; es seguro que entre los votantes hay “despistados” y “realistas”, quién sabe en qué proporción.
Sobre lo que sí se puede especular es que: no habrá cambios sustanciales para reducir la desigual e injusta distribución de la riqueza por la vía de una transformación de la estructura impositiva; no habrá intervención estatal para evitar la especulación sobre los precios al consumo, que afecta a la inflación; no habrá alteración del esquema productivo agroexportador; no habrá políticas de reducción del daño ecológico por la aplicación de pesticidas y fertilizantes; no habrá limitaciones a la forma de invertir los capitales que aterricen en la economía nacional; no habrá modificación de la política de endeudamiento externo. Habrá sí, continuidad en la administración del sistema, con los éxitos conocidos, esos que aseguraron el tercer triunfo.
Como dice Maná: “Se me acabó la fuerza de mi mano izquierda”; la otra va a soltar las riendas.
http://brecha.com.uy/

Un nuevo paso contra los fondos buitre

› LA ONU APROBO LA CREACION DE UN COMITE QUE REDACTARA EL MARCO REGULATORIO MULTILATERAL SOBRE DEUDA SOBERANA


Por 128 votos a favor, 34 abstenciones y sólo 16 en contra, Argentina logró avanzar en el mecanismo con el que se debatirá y creará el texto para limitar los abusos de la especulación financiera. Se realizarán tres reuniones en enero, abril y junio.
 Por Sebastian Abrevaya

La Argentina volvió a recibir un importante respaldo de la comunidad internacional en su lucha contra los fondos buitre. La Asamblea General de las Naciones Unidas, donde nuestro país impulsa la creación de un marco regulatorio para los procesos de reestructuración de deuda soberana, aprobó por 128 votos a favor, 16 en contra y 34 abstenciones, la creación de una comisión para debatir y proponer el contenido de ese nuevo marco regulatorio que será votado el próximo año. “A pesar de la enorme presión que recibieron muchos países por parte de algunos organismos internacionales, el apoyo abrumador hacia la posición de Argentina y el G-77 indica que otra vez tuvimos un triunfo”, aseguró el canciller, Héctor Timerman, quien siguió desde Quito las negociaciones encabezadas por la representante permanente ante la ONU, María Cristina Perceval. Entre los países que votaron en contra se encuentran Estados Unidos, Canadá, Alemania, Israel y Gran Bretaña. La posición argentina, en cambio, fue consensuada y apoyada por el G-77 + China, grupo que incluye a la gran mayoría de los Estados de Latinoamérica, el Caribe y Africa, entre otros.
La resolución aprobada ayer en las Naciones Unidas cumple con el mandato de la Asamblea General votado en septiembre pasado, cuando se estableció la necesidad de sancionar una estructura legal que ponga un límite a los abusos de los fondos especulativos. En esta oportunidad, se incorporaron cuatro países a los 124 que habían acompañado la posición argentina: México, Belice, Papúa Nueva Guinea y Armenia, que resistió la presión de la Unión Europea.
El texto aprobado establece la creación de “un comité especial, abierto a la participación de todos los Estados miembros y observadores de las Naciones Unidas, que elabore, mediante un proceso de negociaciones intergubernamentales y con carácter prioritario en su sexagésimo noveno período de sesiones, un marco jurídico multilateral para los procesos de reestructuración de la deuda soberana con miras a, entre otras cosas, aumentar la eficiencia, la estabilidad y la previsibilidad del sistema financiero internacional y lograr un crecimiento económico sostenido, inclusivo y equitativo y el desarrollo sostenible, de conformidad con las circunstancias y prioridades nacionales”.
Ese comité celebrará “por lo menos” tres reuniones, de cuatro días hábiles de duración, en los meses de enero, mayo y junio/julio de 2015. Funcionará en la sede de la ONU en Nueva York e invitará a participar tanto a sus países miembros así como a organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, entidades del sector privado e instituciones académicas. Entre las primeras se encuentra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Precisamente, al igual que en septiembre, los países que ayer votaron negativamente argumentaron que la Asamblea General de la ONU no es el ámbito adecuado para la discusión de esta temática, sino que debe estudiarse en el marco del organismos como el FMI. “Ni la Unión Europea ni sus Estados miembros participarán en discusiones con el objetivo de establecer un marco multilateral jurídicamente vinculante para los procesos de reestructuración de deuda soberana”, señaló una representante de Italia.
El presidente del G-77 + China y embajador de Bolivia, Sacha Llorenti, remarcó que los 16 países que se opusieron ayer representan el 8,29 por ciento de los votos de la Asamblea General, mientras que esos mismos países representan un 45,73 por ciento de los votos en el FMI. “Si la Asamblea General, que es el lugar más democrático, no es el escenario para debatir, ¿entonces cuál es su rol? ¿De qué nos sirve si no podemos hablar de estos temas?”, preguntó Llorenti. La embajadora Perceval destacó que el mecanismo aprobado permitirá “debatir con apertura, pluralismo, respetando todas las opiniones” y “en igual condición de trato y dignidad”. Timerman por su parte, dijo que se reiteró “el apoyo masivo para que de una vez por todas sean todos los países los que decidan cómo se resuelve el tema de las deudas soberanas y no solamente la Justicia de un país o las decisiones a veces inentendibles de un juez” las que definan estas cuestiones.
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