30 dic 2014

El fantasma del chavismo ibérico



Macartismo mediático

El objetivo común de la prensa y la televisión nacionales ha sido siempre el de sostener el régimen bipartidista post-franquista.

Santiago Alba Rico, ensayista y filósofo




Podemos tiene una vida muy corta, pero una historia ya muy larga, hasta el punto de que uno diría que en el último mes ha envejecido mucho.
Esta ilusión de envejecimiento tiene que ver sin duda con la presión exterior. Como habíamos ya advertido, a medida que la nueva fuerza política se ha ido afirmando en encuestas y expectativas de voto, amenazando el bipartidismo dominante, la respuesta del régimen del ’78 ha ido volviéndose más agresiva y más sucia. En esta operación de acoso y derribo, los medios de comunicación –con algunas excepciones– están jugando un papel fundamental como pilares que siempre han sido del orden apañado –y amañado– tras la muerte de Franco. En una ocasión, un amigo cubano me dijo que “Cuba tenía los mejores periodistas del mundo y los peores medios de comunicación”. Algo parecido puede decirse de España y por los mismos motivos: porque, si hay grandes periodistas en los márgenes u ocupándose de temas que no cuestionan los intereses neurálgicos de los medios (como es el caso de algunos reporteros en el campo internacional), el objetivo común de la prensa y la televisión ha sido siempre el de sostener el régimen del 78. Como bien explican Luis Arboleda o Gómez Mompart, la función de los medios durante la transición fue la de legitimar “el control hegemónico del debate público” en detrimento de una ciudadanía siempre pasiva y favoreciendo por eso la complicidad orgánica entre los periodistas y la clase política. En España, los medios han sido siempre partidistas, muy activos por tanto en el marco de la democracia definida por ellos mismos, y brillantes a veces en las pugnas entre partidos, pero sin cuestionar jamás la legitimidad del sistema mismo. Por eso, junto a los mejores periodistas infrautilizados, tenemos también a los peores, movilizados en primera línea con cuchillos traperos y potros de tortura verbal.
Esta connivencia entre periodismo y clase política sobrevive incluso a la competencia comercial, siempre tan “pluralista”, y gira en torno de los tres ejes –como recuerda Manolo Monereo– atornillados por el pacto del ’78: el modelo económico, la monarquía y la unidad de España, lo que explica la defensa casi religiosa que gobernantes y propietarios de medios hacen de la Constitución. En este sentido, es innegable la responsabilidad de los periodistas en el derrotismo democrático de una población que sólo ahora, en el marco de una descomposición gangrenosa del régimen, toma un poco de conciencia, con la visión parcialmente empañada, de lo que nos ha ocurrido. Si los españoles llegamos mal preparados para afrontar políticamente la crisis y asegurar un reemplazo democrático es como consecuencia también del sectarismo mediático. Pensemos, por ejemplo, en la “cuestión nacional”. Nada hubiese sido más fácil que desactivar, mediante un poco de pedagogía sensata, el nacionalismo español que, desde hace siglos, impide realmente democratizar nuestro país; y promover marcos de diálogo y procesos de paz que la mayor parte de los ciudadanos hubieran aceptado si los medios hubieran utilizado su influencia en esa dirección. Hicieron y siguen haciendo todo lo contrario. Salvo contadísimas excepciones, desde 1978 periodistas y grupos mediáticos no han dejado ni un sólo segundo de militar en favor del conflicto, la criminalización del adversario político y el recorte de libertades. Los medios siempre manipulan; podrían haberlo hecho también en favor de la verdad, la convivencia y la democracia.
Los nuestros aceptaron desde el principio que su misión era más bien la sumisión. Nada tiene de raro, por tanto, que ahora se ericen, en pie de guerra, contra Podemos y las “amenazas” que representa. Podemos se ha colado en el horizonte mediático por una alineación planetaria de contingencias, pugnas y voluntades: a la descomposición del régimen y a las luchas internas que ha desencadenado se han añadido la presión social y la inteligencia carismática de un “personaje” –Pablo Iglesias– que hace un año parecía muy inofensivo y muy comercial. Ahora Podemos no puede ser ya desalojado de los medios; por lo tanto, tiene que ser machacado por ellos. Que de pronto haya un “caso Errejón” –junto a los casos Rato, Bárcenas, Blesa, etcétera– revela toda la bajeza artillera de muchos de nuestros medios y de muchos de nuestros periodistas. Cuando se habla de “militantes” y “radicales” otros pensarán en la kale borroka o en okupas alternativos descamisados. Yo pienso enseguida en ABC, en El Mundo, en TeleMadrid, en Ana Pastor, en Alfonso Rojo, en Canal 24 horas y en un largo etcétera de medios militantes y tertulianos radicales. Frente a esa campaña militante y casi militar podemos reaccionar con una sonrisa, pues su agresividad sin duda indica miedo. Pero la historia debería enseñarnos a no despreciar el poder de los medios. Esta operación de acoso y derribo, por muy obscena y evidente que sea, ha conseguido ya envejecer un poco a Podemos e incluso a sus líderes –incluso físicamente–, imponiendo reacciones a la defensiva que generan dos efectos, externo e interno, indeseables. Por un lado, los propios medios se convierten en el objeto del discurso de Podemos, legitimando así como democráticos estos ataques sectarios, mientras que Pablo Iglesias y sus compañeros parecen confesar su culpa y cuestionar la libertad de expresión. Por otro lado, a nivel interno, este ataque feroz y mentiroso obliga a la dirección de Podemos a contraerse sobre sí misma y diseñar políticas defensivas muy hipocondríacas que pueden acabar anteponiendo la lealtad al debate y la crítica. Esa sí sería una gran victoria del régimen del ’78, que podría asimilar así –mucho más que a través del falso “caso Errejón”– la nueva fuerza política, nacida extrauterina, con la vieja política y su vieja matriz partidista.
Porque no hay que olvidar que también hay una causa interna y, si se quiere natural, del envejecimiento “prematuro” de Podemos. En muy poco tiempo se ha pasado del estado líquido y casi desparramado al sólido y casi leñoso. Antes Podemos era una maravillosa gelatina y ahora es una funcional estructura. Sin duda a la “gente” le ha importado poco, pero en la izquierda militante y en los movimientos sociales ha generado una inevitable y lógica desilusión. Antes todo era posible, ahora sólo algunas cosas. Los peligros, en este caso, son también dos. Uno, que la dirección de Podemos, elegida por los inscritos, se aleje del medio extrauterino en el que nació. Dos, que esa izquierda militante, a veces justamente crítica, sólo vea la limitación que acompaña al paso del excitante y juvenil medio líquido al prosaico y maduro estado sólido y, obsesionada con todas las posibilidades que la decisión de los inscritos ha dejado fuera, no sea capaz de ver todo lo que de bueno hay en esas cosas que han quedado dentro y que sí se pueden hacer. Podemos ha envejecido, pero no es viejo. Y sería una catástrofe que la retroalimentación interna del punto 1 y el punto 2 (la contracción del Consejo Ciudadano frente a los Círculos y el puritanismo líquido de los Círculos frente al Consejo Ciudadano) acabe dando la razón a los militantes radicales que desde los medios de comunicación, y desde el bipartidismo dominante, unas veces quieren convertirnos en “vieja casta” y otras en “vieja izquierda” marginal. La victoria sobre el régimen del ’78 y la democratización política y social de España dependen de que no ocurra ninguna de las dos cosas.

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¿Del bloqueo a Cuba al bloqueo del ALBA?

Las razones del deshielo

Diciembre de 2014

Si en toda recomposición geopolítica global todo se trata de sobrevivir, pareciera que la apuesta cubana se precipita y es subsumida por la política imperial, que no considera favorable una franca integración.

Rafael Bautista S. Rebelión




Si el propósito del bloqueo a Cuba fue aislar a esa revolución y, de ese modo, condenarla a la inanición; el reciente anuncio de apertura de relaciones bilaterales entre EE.UU. y Cuba, ¿es el fin del bloqueo o el anuncio de uno nuevo? Porque a partir de la caída del precio del petróleo, la nueva contraofensiva occidental (contra los Brics) contempla un nuevo bloqueo en cierne; no se trata sólo de una guerra declarada contra Rusia e Irán, sino también contra Venezuela (y, en definitiva, contra el ALBA). Como consecuencia del desplome inducido del petróleo, la revolución bolivariana parece perfilarse hacia otra inanición, coadyuvada esta vez por una jugada geopolítica maestra de Washington, pues el discurso antiimperialista de Maduro se desinfla una vez que Cuba “normaliza” sus relaciones con el Imperio.
En toda jugada estratégica, hay siempre un tercero, pero en el caso presente, ya no se trata sólo de Venezuela sino de todo el ALBA, pues esta decisión no sólo descoloca a los gobiernos de la región sino que nos muestra que, en definitiva, más allá de la retórica integracionista, prima demasiado la sobrevivencia propia. Desgraciadamente ésa es la tónica en toda nueva reconfiguración geopolítica global; todo se trata de sobrevivir en un nuevo orden. Eso lo sabe muy bien el Imperio, por eso prefiere la bilateralidad y no tratar con bloques conjuntos (que era a lo que apuntaba la creación del ALBA). Más allá del triunfo moral que representa, para la isla, la admisión del fracaso de la política gringa con respecto a Cuba, llama la atención el desconocimiento que los gobiernos del ALBA tenían al respecto y, más aún, el “oportuno” anuncio de Obama, en medio de dos cumbres latinoamericanas importantes. Aunque no significa el fin del bloqueo a Cuba, en las palabras del presidente Maduro –en el Mercosur– se podía conjeturar lo bloqueada que quedaba, con esa decisión, Venezuela (¿será que para desbloquearse hay que bloquear a otro?).
Para colmo, el silencio de Fidel hace más incómodo el asunto (¿también habrá sido sorprendido como lo fue Maduro?); pues si ya se sabía del pragmatismo político que venía mostrando el gobierno de Raúl Castro, nadie podía sospechar un acuerdo de tal magnitud y, sobre todo, envuelto en medio de una guerra híbrida que patrocina Washington, valiéndose de toda su infraestructura financiera global. ¿Se precipitaron los presidentes o todo formaba parte de una estrategia que preparaba EE.UU. después de que China le arrebatara la iniciativa del libre comercio en el pacífico? Recordemos que el reciente “Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico” culminó con la creación del “Área de Libre Comercio Asia-Pacífico”, donde China sienta hegemonía incluso con los países del TPP y de la Alianza del Pacífico (bastiones de EE.UU. contra el ascenso chino).
Si en toda recomposición geopolítica global todo se trata de sobrevivir, pareciera que la apuesta cubana se precipita y es subsumida por la geopolítica imperial, que no considera favorable a sus intereses una franca integración económico-política de Latinoamérica. Bolivia también anunció una reanudación de relaciones diplomáticas con EE.UU., dejando incómoda a una Venezuela que se verá también en la necesidad de pelear por lo suyo. Si es así, ¿en qué quedan el ALBA, la Celac, la Unasur y el Mercosur? Si no hay una clara perspectiva geoestratégica, todas podrían quedar refuncionalizadas bajo las prerrogativas de una nueva recomposición hegemónica imperial. Nadie objeta la repatriación de los héroes cubanos o el cese de hostilidades, pero lo que se quiere subrayar es que la supuesta apertura no es ajena a la contraofensiva reciente que han desatado EE.UU. y la OTAN contra los Brics, el grupo de Shanghai, el ALBA y todo bloque hostil a la supremacía gringa. Y Venezuela es, en la mirada imperial, el eslabón decisivo para iniciar una ofensiva contra toda la región. No sólo se le quita el sostén económico a la revolución bolivariana (con la caída el precio del petróleo) sino también el sostén discursivo (pues su antiimperialismo se queda sin su mejor argumento).
Las reacciones de nuestros países han sido demasiado ingenuas y, por lo dicho, EE.UU. no sólo ha descolocado a todos sino que ha logrado desunirlos. Venezuela resulta la más afectada pero, si no hay un serio balance de situación geoestratégica (que sólo podría ser común), esa afectación podría expandirse a todo el conjunto ahora en desequilibrio. Como en los episodios anteriores (el golpe a Honduras, o el secuestro del avión presidencial boliviano), nuestros países todavía no sopesan la magnitud de las apuestas de recomposición geopolítica que asume el Imperio, pues al no consolidar una efectiva comunidad político-económica, cada una sigue velando por su estabilidad de manera unilateral. Esa es la mejor forma de arrinconar a nuestros países a una suerte de sobrevivencia marginal, sin nunca consolidar una unión efectiva. Esa ausencia alimenta las pretensiones imperiales. La apuesta del gobierno cubano es sumamente pragmática: ante un eventual recorte de ayuda venezolana (debido a la inestable situación de su economía), opta por una normalización de las relaciones, lo cual conduciría a la apertura comercial y ello, a una peligrosa asimilación vertiginosa al mercado norteamericano. Lo que no pudo el bloqueo bien podría lograrlo el comercio: liberalizar la economía para disolver la revolución.
Fue en la reunión del Mercosur que se notó la incomodidad que produce un anuncio que desinfla uno de los argumentos bandera del antiimperialismo latinoamericano. También hay que recalcar que, al no actualizar, de modo estratégico, el discurso antiimperialista, éste se encuentra a merced de la pura nostalgia, sin repercusión decisiva en el presente. La sola insistencia de la condena al bloqueo fue la carta que le sirvió al Imperio para desinflar el antiimperialismo de nuestros gobiernos, dejando sin argumentos a los presidentes que no pudieron hacer otra cosa que saludar las declaraciones del presidente Obama. En eso hay que destacar la casi nula perspectiva geopolítica que nuestros Estados manifiestan y que les impide diagnosticar de mejor modo la transición hacia un mundo multipolar (que podrían direccionar regionalmente hacia la ceropolaridad, más pertinente al Sur global). Parece que el episodio del secuestro del avión presidencial boliviano sirvió de muy poco, pues la nula respuesta de carácter estratégico que muestran nuestros países ante las arremetidas imperiales no hace sino constatar, para desgracia nuestra, que nuestros gobiernos son todavía incautos en materia geopolítica.
Los términos que enuncia la declaración del gobierno cubano, guarda los amargores que representa el haber vivido el “periodo especial” y, sobre todo, el haber vivido aquello solitariamente. Cuando toda la OEA le dio la espalda a la revolución cubana, ésta persistió heroica, sin más apoyo que el que pudo encontrar en la ex URSS. Cuando sucedió la crisis de los misiles, y el mundo estaba al borde de una guerra nuclear, Cuba fue el chivo expiatorio que cargó con todas las penas, pues gringos y soviéticos negociaron todo a espaldas de la más afectada, que se quedó para siempre estrangulada y, sin embargo, sobrevivió. Y sobrevivió inspirando la liberación de nuestros pueblos.
Desde entonces la liberación se entendía no como una apuesta aislada sino mancomunada. Ese fue el legado de Fidel y, cómo no, de Hugo Chávez. Desde Bolívar esa fue la única posibilidad efectiva de independencia hemisférica. Por eso preocupa que la unidad se vea menguada por gambetas geopolíticas que descolocan de tal modo a nuestros países, que la reacción que pueden ofrecer muestra la pervivencia de estructuras coloniales aun en los estamentos revolucionarios.
Aunque el bloqueo se levantara, otro bloqueo parece estar en cierne, pero ya no sólo contra Venezuela. No hay que olvidar que la política norteamericana no es decidida por el presidente sino por el complejo petro-militar-financiero; estando el Congreso en manos del Oil Party, podría producirse un acuerdo como parte de un canje propuesto entre lobbies que acechan la Casa Blanca: “cedemos” Cuba pero recapturamos Venezuela y su petróleo. Deslegitimar la revolución bolivariana forma parte de las guerras híbridas, es decir, guerras no convencionales que inciden en guerras de desinformación, ciberguerras y la promoción de los letales “caos constructivos”.
Aunque el bloqueo a Cuba formaba parte de la guerra fría, una vez acabada ésta y balcanizada la ex URSS, el bloqueo persiste, pues éste no servía sólo de escarmiento sino significaba la prevalencia de la Doctrina Monroe. El anuncio que hizo John Kerry, a propósito del fin de tal doctrina, no hizo sino confirmar su actualidad en la política exterior norteamericana (desde Madeleine Albright hasta Hilary Clinton, uno puede leer entre líneas el Destino Manifiesto que funda el excepcionalismo gringo).
No sólo la creación de la Alianza del Pacífico sino otras instancias han venido mostrando la insistencia norteamericana en minar toda posibilidad de independencia regional. Lo más inmediato es mermar la influencia china. En el Caribe, la presencia china es preocupante para EE.UU. (sumado a ello la influencia rusa); por eso una recaptura estratégica del Caribe se hace necesaria, y nada mejor que la cobertura mediática de la reanudación de relaciones con Cuba. Se trata de una contraofensiva geopolítica. EE.UU. no puede renunciar a su Mediterráneo, es decir, el Caribe. Como tampoco Obama se puede permitir ser considerado como el presidente que perdió a Latinoamérica. Si el partido republicano, considerado el Oil Party, no ve con buenos ojos el anuncio de Obama, otro tipo de financiadores de la política norteamericana (ligados a los demócratas) aplaude la decisión, pues se trata siempre de la expansión del capital; por eso Thomas Donohue, quien es presidente de la Cámara de Comercio, resalta, en términos que suenan a los prolegómenos de los acuerdos de libre comercio, que “un diálogo abierto e intercambio comercial entre sectores privados de ambos países generará beneficios comunes”, y termina señalando que “la comunidad empresarial de Estados Unidos da la bienvenida al anuncio de hoy”.
Al parecer, bajo sofisticadas estratagemas de política exterior, se están detonando armas de destrucción masiva que, en medio de la nueva reconfiguración planetaria, se busca asegurar áreas estratégicas para la recomposición de la economía norteamericana (el poder militar es apenas un apéndice del poder real, aquél se encarga de crear las condiciones para la reproducción del dólar). Si de la reanudación de las relaciones entre EE.UU. y Cuba se produjera un distanciamiento con los demás países del ALBA, se confirmaría la intención del juego norteamericano. Aislando a Venezuela, los demás no correrían mejor suerte; como ya se viene diciendo: donde no haya procesos de regionalización económica sucederán inevitablemente procesos de balcanización.
Lo que se proponía el ALBA, con Chávez y Fidel, era la mancomunidad de esfuerzos para iniciar un proceso de independencia política y económica conjunta. Cuba fue tenaz y fue ejemplo; y cuando aparecieron Chávez, Kirchner, Evo, Correa, Lula, Pepe Mujica, etc., en palabras de Fidel, la isla ya no era más isla. La integración parecía asegurada mientras el Imperio se encontraba acorralado en Medio Oriente. Ahora que la aislada es Venezuela, ¿cómo se puede sostener una integración si, por sobrevivir, y a cualquier precio, empieza a cundir el bilateralismo, pertinente siempre al dominio imperial? Con China se había logrado un foro permanente con la Celac, es decir, una novedosa agenda de relaciones comerciales y económicas entre la región y China, de forma simultánea; lo cual parecía dejar atrás la historia de negociaciones bilaterales siempre funcionales al Imperio (aislados somos fáciles de dominar), pues la asimetría constituye siempre el factor insalvable para nuestros países.
El desplome del precio del petróleo tuvo su impacto en las alternativas que se le presentaban al gobierno cubano; el deterioro de la economía venezolana aparece como una sombra nada halagüeña para la isla: si los venezolanos también optasen por sobrevivir, a toda costa, los cubanos también saldrían afectados. Nos encontramos ya en medio de una guerra fría, donde la guerra económica se expresa en el desplome deliberado del precio del petróleo; sólo los ingenuos en geopolítica no se dan cuenta de que el precio del petróleo ha sido siempre político. Y lo que sucede actualmente no es producto de los vaivenes de la oferta y la demanda sino de la manipulación de la mano del mercado, que no es invisible sino bien visible y bien armada.
El mundo post-Crimea obliga a la decadente potencia unipolar a realizar un retroceso táctico y hacer uso de su infraestructura financiera global. Pero los riesgos son considerables. La ofensiva multidimensional desatada contra Rusia, agravada por la caída del precio del petróleo, que está seriamente dañando el equilibrio presupuestario de países como Irán y Venezuela (sólo Qatar y los Emiratos Árabes podrían sobrevivir con un crudo por debajo de los 70 US$), parece formar parte de una declaración de guerra que EE.UU. y la OTAN anuncian al mundo entero: el mundo no será repartido.
Financieramente el mundo es rehén del dólar, desde que el binomio dólar-petróleo ha sido el sostén del orden mundial desde Bretton Woods, pero desde que el petróleo ha ido retornando a manos nacionales, el orden ya no es más orden y el actual desorden desregulado del mercado petrolero es lo que está originando, en gran medida, la incertidumbre planetaria. Todas las arremetidas imperiales tratan de desordenar todo para imponer un orden mucho más vertical, que se traduciría en un nuevo mapa energético; el Tlcan es una muestra de ello, pues sobre aquella integración de EE.UU., Canadá y México (sobre todo por el petróleo del Golfo y del norte del país azteca), se trataría de sostener la estabilidad energética norteamericana.
La estrategia gringa consiste en controlar áreas estratégicas de acceso privilegiado a fuentes energéticas, lo cual le brinda poder disuasivo ante otras potencias. Contrarrestar el ascenso chino es combinado con una guerra multidimensional contra una Rusia económicamente vulnerable (aunque ya cotiza el gas y el petróleo en otras monedas, lo cual le hace menos dependiente del dólar); al igual que otras economías que, curiosamente, conforman la lista gringa de países hostiles (es difícil que Venezuela y Ecuador sostengan su presupuesto fiscal con los actuales precios del petróleo). Pero esta guerra económica que promueve EE.UU. tiene también consecuencias negativas en su propia producción que, gracias a los hidrocarburos no convencionales, le garantiza (aunque discutible) autosuficiencia.
Pero la arremetida contra el ALBA, su fracturación, tiene que ver con un otro asunto que empieza a cobrar relevancia. Desde el 2006, EE.UU. viene promoviendo y preparando (en el Tlcan) las condiciones de la transición hacia una nueva moneda, ante el probable y posible apocalipsis del dólar. Pues para paliar la descomunal deuda gringa (que oscila por sobre el 600% de su PIB) y cuando los gastos militares superen los ingresos de la propia Reserva Federal, produciendo el estallido de la burbuja del dólar, EE.UU. –se dice– adoptará el amero, mientras congele los dólares del mercado global. Esto conduciría a un colapso del sistema financiero y, en definitiva, al colapso de la economía mundial. Mientras el mundo se venga abajo con todos sus dólares, EE.UU. podría imponer un nuevo patrón monetario sostenido por el colchón energético del Tlcan, además de la recoptación financiera de las economías del Sur.
El bloqueo sería regional y supondría una sangría de nuestras economías mucho más inaudita. En toda reconfiguración geopolítica global, todo consiste en sobrevivir, incluso el Imperio pugna por aquello. Sobrevivir a costa de los demás parece ser su apuesta, por eso la guerra se convierte en una disposición latente de las potencias decadentes, como muestra de su insana resistencia a un nuevo orden global mucho más democrático. El ultimátum de los halcones straussianos, ahora que el Congreso norteamericano está en control del Oil Party y el lobby financiero, suena más amenazante que nunca: “Si EE.UU. cae, haremos que el mundo entero caiga con nosotros”. Parece que a Latinoamérica le ha tocado, en esta transición civilizatoria postcapitalista, enfrentar el desafío de su definitiva independencia. Eso convierte a la región en factor decisivo en la nueva geopolítica mundial. Las condiciones objetivas están dadas. Falta saber si las condiciones subjetivas de la dirigencia de nuestros procesos estarán a la altura de la definición de este culminante momento histórico.

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Fernández Huidobro o la punta del Iceberg

28 de Diciembre de 2014

CONSTANZA MOREIRA

Las declaraciones públicas del Ministro de Defensa Nacional causaron indignación en varios sectores del Frente Amplio (FA). Algunos lo expresaron públicamente. No es para menos. Serpaj es una institución reconocida por su lucha por la verdad y la justicia y merece reconocimiento. Responder a sus reclamos por información con ironías que aluden a la tortura como método es, como mínimo, una perversión del orden original de las cosas. Es como si el actual Ministro considerara que la única manera de obtener información es la tortura. O como si considerara que hacer presión sobre los mandos de las Fuerzas Armadas (FFAA) para obtener información fuera literalmente imposible.
Es desconocer que la información que se tiene ha sido proporcionada por testigos directos o indirectos, familiares, investigadores, periodistas, historiadores. Y sin duda, es desconocer el rol de la Justicia y de algunos jueces en particular, como Mariana Mota, y de algunas fiscales en particular, como Mirtha Guianze. Y el innegable rol que en esto cumplieron las organizaciones que, como Serpaj, trabajan en la causa de los derechos humanos, y a las cuales el Ministro denosta un día sí y otro también. Los militares no han aportado casi nada de información y la búsqueda de los restos de los desaparecidos, treinta años después, sin informaciones precisas, es como arar en el mar.
El FA ha colocado a la causa de los derechos humanos en un primer lugar en el orden de prioridades. Y en función de ello se ha desactivado la Ley de Caducidad (con la ayuda de la declaración de inconstitucionalidad de la Justicia) y los actos administrativos de los gobiernos anteriores. El Ministro Fernández Huidobro fue un firme defensor de no anular la Ley de Caducidad en 2003, cuando en una intensa discusión en el Congreso del FA con Hugo Cores, triunfó la idea de “no hacer olas” con este tema, porque el Frente Amplio no estaba suficientemente preparado para esta lucha.  
Ocho años más tarde, cuando en 2011 el FA se disponía a anular la Ley de Caducidad con una ley “interpretativa” -ya bastante más firme y preparado que en el gobierno “de estreno”-,  el entonces senador Fernández Huidobro decidió renunciar a su banca en forma intempestiva, desviando, por un segundo, la atención de la importante ley que votábamos, para su propia peripecia personal.  
Eppur si muove. Años después, la causa de los derechos humanos sigue viva. Y el Frente Amplio la ratifica una y otra vez, aunque sean magros los hallazgos y pobres los resultados. El Ministerio de Defensa Nacional tiene la obligación de colaborar con la justicia. Y tiene la obligación, no sólo de no obstaculizar la búsqueda de información, sino de asumir el compromiso de colaborar activamente con ello, en línea con la Secretaría de Derechos Humanos y el Ministerio del Interior.
Y si no se está a la altura de las circunstancias, se debe admitirlo humildemente, resaltar las dificultades que se tienen y no irrumpir con declaraciones destempladas contra quienes luchan por estas causas justas, devolviendo a la sociedad el falso espejo, una y otra vez, de que aquí hubo una guerra (en defensa de Fernández Huidobro, integrantes del denominado Foro Libertad y Concordia ratifican la idea de “la guerra” que todo lo excusa) (1).

El iceberg
Pero esta es sólo la punta del iceberg. La curiosa confirmación de Fernández Huidobro al frente de la cartera tampoco está en sintonía con los logros y el espíritu del FA, ni honra uno de sus emblemas principales: la lucha por verdad y justicia como una causa ética, universal y de principios.
El politólogo e historiador Gerardo Caetano ha señalado que la designación de Fernández Huidobro obedece al respaldo militar. En efecto, al menos desde que el actual Ministro se opusiera a la extradición de los militares involucrados en el llamado “caso Berríos”, su defensa de la corporación ha sido consistente, sistemática, y por cierto, muy poco alineada con principios rectores del FA, que reclaman transparencia, verdad, y acceso a la información para todos los ciudadanos. Por si faltara algo, allí está el apoyo explícito de los militares del Foro Libertad y Concordia al actual Ministro.
A lo largo de estos cinco años, el desempeño de la cartera de Defensa Nacional ha fortalecido a la corporación militar y sus privilegios. Y no hablamos de los miserables sueldos de personal de tropa y bajo rango que recibían durante los gobiernos blanqui-colorados, aumentados, por cierto, como el de tantos trabajadores que, esos sí, tuvieron que luchar palmo a palmo por sus mejores salarios.
En primer lugar, terminamos este período de gobierno con un número de efectivos de 28.000 en el Ministerio de Defensa Nacional. Si se piensa que hay 31.000 policías, entenderemos lo que esto significa para un país que desde hace un siglo no enfrenta ningún conflicto armado. El número de efectivos per cápita es de los más altos del mundo.
No sólo no se ha reducido el número de efectivos sino que el presupuesto se ha incrementado en términos absolutos y el Ministro ha sido consistente en las solicitudes de refuerzos de rubros presupuestales en varias áreas (2).
El Frente Amplio ha retrocedido varias casillas y la lucha dada en su último Congreso y en la Unidad Temática sobre temas de defensa para retomar algunas de las ideas del Congreso de 2008 (pasaje de la aviación civil a la órbita civil, modificación de la ley orgánica de las FFAA, eliminación de la justicia militar, modificación del sistema educativo militar), ha fracasado. Y el programa del FA ya ni siquiera recoge algunas de esas ideas cardinales.
La Ley Orgánica de las FFAA sigue sin modificarse, aunque figuraba entre uno de los principales objetivos en el año 2006, cuando se inició el denominado “Debate Nacional sobre Defensa”, del cual surgirían un conjunto de leyes, como la Ley de Defensa, con miras a comenzar la transformación de las FFAA. Al no producirse tal modificación, el sistema de retiros y pensiones militares, sigue siendo de absoluto privilegio respecto del resto de los funcionarios del Estado. Los militares pueden jubilarse a edades más tempranas que el resto de la población y con el 100% de su sueldo (a lo que se agregan, cuando han sido docentes, beneficios adicionales). Ni siquiera en Estados Unidos los militares cobran el 100% de la jubilación, aún cuando creen ser el ejército del mundo. Los demás mortales en Uruguay, apenas cobramos el 48% del sueldo de nuestros diez mejores años, y después de cumplir los 60 años de edad.  
Seguimos manteniendo una Justicia Militar anacrónica, que ya es virtualmente “derogada” con la aprobación del nuevo Código del Proceso Penal, y aprobando aumentos en las rendiciones de cuentas para los “jueces militares”.
La inacción que hemos experimentado en estos años respecto del recorte de los privilegios por un lado, y del anacronismo jurídico que significa la mantención de la Justicia Militar por el otro, son indicativos de una “no-política” con respecto a las FFAA que es toda una definición política. En un país donde el Frente Amplio fue capaz de realizar profundas transformaciones, las FFAA han quedado cómodamente sostenidas por un conjunto de actores (el actual Ministro es sólo uno de ellos pero hay todo un sistema en torno a él que sigue estos lineamientos) que responden a la fuerza de la corporación.
En el Congreso del FA de 2008 se tomaban otras iniciativas que urge atender en el próximo período. La aviación civil en Uruguay, más allá de la creación de la Junta Nacional Aeronáutica, sigue bajo tutela militar y es otra variante que suma dinero constante y sonante a las arcas militares. Muy escasos países quedan con sistemas como este, lo que va contra todas las recomendaciones internacionales. Sobre la base de negociaciones varias con los distintos operadores del sistema, el gobierno ha conseguido mantener la situación incambiada. Perodebe cambiar, y al igual que con Meteorología, se debe iniciar un proceso tendiente a tomar el tema de la aviación civil como un tema de Estado, y no como un tema de las FFAA (es mucho lo recaudado por esta vía, por lo cual la corporación defiende sus atribuciones en este campo con uñas y dientes).
También el Sistema de Educación Militar, consagrado en una ley aprobada en este período sin mayores discusiones, es algo que contradice la lógica del FA de promocionar una educación militar conectada con el resto del sistema de educación pública y no un compartimento estanco tendiente a fortalecer el carácter aislacionista de la corporación militar.
Finalmente, la prórroga de las Misiones en Haití, es simplemente inaceptable. Mientras el gobierno de Michel Martelly va hacia una deriva que lo transformará prontamente en un gobierno ilegítimo (el Presidente se niega a convocar elecciones para la renovación del Senado haitiano con lo cual el mismo quedará absolutamente inoperante en los próximos meses), el Uruguay sigue con sus tropas –aunque reducidas de acuerdo al proyecto que se vota mañana en el Parlamento-, validando, de hecho, la situación ilegítima de un gobierno autoritario.          

No son solo palabras
La indignación actual contra Fernández Huidobro y su falta casi absoluta de apoyo popular no obedecen sólo a sus declaraciones poco felices sobre Serpaj y muchos otros temas, sino a su posición en relación a las  Fuerzas Armadas. Una posición que le ha valido al país atrasarse cinco años en una discusión que comenzó promisoria, allá en el 2006.
Reforzamos el sistema de educación militar, mantuvimos intocado el sistema de jubilaciones y pensiones militares (oneroso para la sociedad toda), consolidamos la existencia de una justicia militar autónoma, fortalecimos a la corporación con sus misiones de “paz”, y año a año incrementamos el presupuesto militar en “operaciones” que distan de tener algún asidero con la realidad de un país que no ha tenido un conflicto militar en los últimos cien años (y nos los ha tenido, por cierto, por su diplomacia, no por las FFAA).
Más importante aún; cualquiera que ha opinado en estos temas, es considerado por el Ministro un “inepto”, un “estúpido”, un “ignorante”, ignorando él, por cierto, que el FA ha decidido desarrollar inteligencia civil y ciudadana en relación a los temas de la Defensa, porque quiere que la “inteligencia militar” esté absolutamente subordinada al poder civil. Y el poder civil es, por definición, el poder de los ciudadanos.
Por consiguiente, desestimar todos y cualquier análisis que se hagan desde la propia izquierda sobre las FFAA. es reclamar para sí y los suyos, el único saber y la única posición autorizada que existe sobre el tema. Refuerza esto la idea de que los “civiles” son ineptos y que quienes integran las FFAA son “los que saben”.
No, el actual Ministro no es el dueño del tema. Y si pretendiera serlo, le diríamos un rotundo no, porque su posición no representa a la masa frenteamplista.

(1) Ver las recientes declaraciones del Coronel retirado José Carlos Araújo en Montevideo Portal. Disponible en:http://www.montevideo.com.uy/auc.aspx?256703,3,1391
(2) Escribí al respecto dos años atrás; ver la columna “El peso de las Fuerzas Armadas en el Estado uruguayo”, publicada en el semanario Brecha, el 16/11/2012.

29 dic 2014

“Hace falta que los pueblos sean más dueños de su destino”

ALEIDA GUEVARA, LA HIJA MAYOR DEL CHE

Nació cuando la revolución apenas comenzaba. Tiene algunos pocos recuerdos de su padre, que desgrana en esta entrevista. Y todos sus ideales: como pediatra trabajó en varios países, brindando asistencia médica en condiciones extremas. Aquí defiende el camino cubano y traza un panorama sobre América latina. “Hay mucho todavía que resolver”, dice sobre el descongelamiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.



 Por Marcelo Justo

Página/12 En Gran Bretaña
Desde Londres
El descongelamiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha sido la gran noticia de fin de año, pero la hija del Che, la pediatra Aleida Guevara, recordó que queda mucho por recorrer. “José Martí decía que cultivaba una rosa blanca para su amigo, pero también para su enemigo. Nosotros tenemos todavía que aprender mucho de Martí. Hay un sentimiento de nuestro pueblo que no se va a borrar tan rápido, porque son muchos años en que el gobierno de Estados Unidos ha mantenido organizaciones terroristas que han actuado en nuestro país. Si hay respeto por la soberanía de nuestro pueblo, podemos comerciar libremente. Hay mucho todavía que resolver”, declaró a la prensa italiana. Página/12 dialogó con Aleida Guevara días antes del anuncio, a su paso por Londres para una conferencia en la Central de Trabajadores británica sobre América latina.
–¿Qué diría el Che hoy de Cuba y América latina?
–No puedo contestar por mi papá, porque él no está, no vivió en esta época. Pero seguramente estaría exigiendo mucho más y estaría peleando con nosotros por las cosas que dejamos de hacer. Eso seguro. Todavía el sueño latinoamericano no es realidad. Nos falta mucho para poder alcanzarlo. El ALBA: fíjate que estamos solamente Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Ni siquiera Argentina y Brasil participan del ALBA. O sea que todavía estamos iniciando un proceso.
–¿Qué dice Aleida Guevara de América latina?
–Yo creo que estamos caminando. En los últimos años ha habido un renacimiento de la Patria Grande. Países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua han marcado la diferencia. Ahora Cuba no es una isla aislada desde el punto de vista político y económico. Formamos parte del ALBA, con lo que comienza una nueva etapa en la integración de América latina. Igual estaría de acuerdo con mi papá en que nos falta muchísimo. Hace falta más unidad dentro de nuestro continente. También nos hace falta que los pueblos sean más dueños de su destino y para eso necesitan ser dueños de lo que producen. Mientras las transnacionales nos sigan sacando nuestras reservas, nuestros productos, y mientras nuestros pueblos sigan pasando hambre, no estaremos llegando adonde de verdad tenemos que llegar. Y hay que recordar otra vez lo que decía el Che en cuanto a que también hay que transformar al hombre junto a los cambios en la producción. Necesitamos hombres que piensen en la solidaridad y en la grandeza que un ser humano siente cuando es útil a otro. Trabajo mucho con el MST, el Movimiento Sin Tierra de Brasil, dando conferencias, exponiendo las cosas de mi papá, discutiendo y aprendiendo de ellos. Me parece uno de los movimientos sociales más importantes de América latina por su coherencia, por su dinamismo, por lo que ha alcanzado viviendo en una sociedad capitalista. El MST ha logrado conquistar tierras, hacer cooperativas y producir muchísimo, pero no sólo para autoconsumo o para tener excedente para vender sino, también, en un excedente para alimentar al resto del movimiento. No sólo trabajan para ellos sino que son solidarios con otros movimientos sociales. Al principio del MST, los campesinos pensaban “yo sólo quiero la tierra para alimentar a mis hijos”. Hoy le pregunta uno lo mismo y dice que ahora se da cuenta de que la tierra no es un bien propio, es un bien colectivo.
–Dice que Cuba está menos aislada, pero la realidad es que sigue sufriendo el bloqueo.
–Está menos aislada gracias a esta nueva realidad en América latina, pero el bloqueo nos ha afectado desde el principio. A veces ha hecho que hombres o niños cubanos perdieran la vida porque no tenían los medicamentos correspondientes. Por suerte tenemos una gran solidaridad de muchas partes del mundo. Eso nos da fuerzas para saber que no estamos solos. Decía José Martí que el hombre que descubre las virtudes de otro es porque las lleva en sí mismo. Si son solidarios con Cuba es porque nos sienten cercanos, porque son capaces de reconocer las virtudes de nuestro pueblo. Pero hay situaciones muy duras por culpa del bloqueo. Le doy un ejemplo: un niño de pocos años de vida con una meningoencefalitis viral que, para curarse, precisa un medicamento que tiene patente en Estados Unidos. Hicimos lo imposible por obtener el medicamento. Cuando lo conseguimos después de muchos problemas con Estados Unidos, el niño había fallecido. ¿Cómo le explica eso uno a la madre? Por eso decimos que el bloqueo produce mucho desgaste económico, pero lo más importante no se puede palpar porque el costo humano que ha causado no se puede valorar en dinero.
–Pero, a pesar del bloqueo, el servicio de salud en Cuba es un referente mundial y Cuba ha exportado doctores.
–La salud del hombre es un derecho. Si uno le pregunta a cualquier ser humano cuánto pagaría por la vida de su hijo, no hay cifra porque es algo que no tiene precio. No se puede negociar con la salud del ser humano. Este principio nos permite mostrar a los pueblos lo que somos. No somos diferentes como seres humanos sino porque nos han educado en una sociedad socialista. Por eso necesitamos dar el ejemplo de que es posible vivir en una forma diferente. En nuestro sistema de salud hemos llegado a tener un doctor por cada 190 familias. Hoy muchos de estos doctores están en otras partes del mundo. Hay pacientes cubanos que están acostumbrados a tocar la puerta y tener un médico a su servicio. Pero el pueblo sabe dónde está su médico y se siente orgulloso de su sistema de salud. Y no es la salud únicamente. Estamos hablando de que todos tengan viviendas dignas, transporte garantizado, seguridad, que estén libres de drogas, de violencia, que todos puedan realizarse como seres humanos. ¿Por qué hemos llevado adelante tantos programas de alfabetización? No sólo en la lengua de la colonización, español, inglés, portugués. También en las lenguas de nuestros pueblos, quechua, guaraní, aymara, para tratar que muchos pueblos puedan leer y escribir. ¿Por qué hacemos esto? Primero, porque la educación es fundamental para que un pueblo sea realmente libre y para que nadie pueda manipularlo y utilizarlo. La educación nos da libertad de elegir. El Che nos recordaba mucho estas cosas. Decía que nosotros podemos decirles a los demás lo que hay que hacer, pero si no mostramos con el ejemplo, no tiene la gente por qué seguirnos.
–Usted tenía cuatro años cuando el Che se fue al Congo y estaba por cumplir siete cuando lo asesinaron en Bolivia. ¿Qué recuerdos tiene de él?
–Tengo muy pocos recuerdos de mi papá. Hice un documental hace poco que se llama Ausencia presente porque todo el mundo me pregunta lo mismo, y yo quiero un día contarles a mis nietas y mis nietos los poquitos recuerdos que me quedan de su bisabuelo y me gustaría que no perdieran la magia que tienen.
–Su padre vivió una gran transformación desde el médico que dejó la Argentina y el revolucionario cubanizado. ¿Tiene algún recuerdo del Che vinculado con la Argentina?
–El único argentino que conocía mi mamá era mi papá. Y mi papá era mal hablado, tenía costumbre de jurar, como todos los argentinos (risas). Mi mamá era de origen campesino y los campesinos en Cuba son muy educados. Entonces ella decía: “Delante de mis niños no puedes decir esas malas palabras”. Y cuando mi hermano Camilo empezó a decir esas malas palabras en la escuela, mamá lo retó a mi papá: “¿Ves? Esas son las consecuencias”. Entonces papá le escribió un cuento a Camilo que se llamaba “Pepe el Caimán”, y papá le contaba que tenía un amigo que se llamaba Pepe el Caimán y que cuando se enteraba de que Camilo decía malas palabras en la escuela, Pepe el Caimán se ponía tan molesto que le mordía la pata a mi papá, así que Camilo se tenía que portar bien para que no le mordiera la pata. Dio resultado. Hoy, Camilo es un hombre hecho y derecho... y no dice malas palabras (risas).
–El mundo en que vivió el Che es diferente al de hoy. Para muchos jóvenes, que pueden compartir las aspiraciones e ideales del Che, resulta incomprensible el camino de la lucha armada y la violencia. ¿Cómo ve esto? ¿Qué les diría?
–Yo pienso que eso depende del momento que uno vive y del momento que está viviendo un pueblo determinado. Yo estoy formada en una sociedad diferente. En nuestra sociedad se valora mucho la vida. Pero nosotros estamos preparados militarmente para defender nuestra patria hasta las últimas consecuencias. Entonces no queremos la violencia, pero tampoco le tenemos miedo. La enfrentamos si hay que enfrentarla. Es una manera de ver el mundo. Está demostrado que “un pueblo unido jamás será vencido”, pero también que “un pueblo armado jamás será aplastado”. Esa es Cuba. Esa es la realidad cubana. Si quieren tenerla en cuenta, bien. Cada cual es dueño de sacar sus propias conclusiones. Yo muchas veces le pregunto a la gente qué haría si viviera en Palestina, en Irak o en Afganistán, hasta qué punto bajarían los manos y no tomarían las armas para defenderse.
–En la Argentina hubo no hace mucho un debate sobre la figura del Che Guevara desde la misma izquierda, y una estudiante dijo que ella lo admiraba, pero al mismo tiempo estaba en contra de la pena de muerte y por eso sentía un verdadero conflicto personal sobre los fusilamientos de La Cabaña en 1959. ¿Cómo ve usted esto hoy?
–Mi papá era presidente de un tribunal. El no ordenaba los fusilamientos. El acataba la decisión de un pueblo. Y la decisión del pueblo era fusilar a los asesinos, torturadores, a la gente que hizo desaparecer a 20 mil cubanos. Esa fue la decisión del pueblo. Mi papá hizo que se cumpliera. Y yo lo hubiera hecho igual. Yo soy médico. Defiendo la vida, la vida de la gente que respeta esa vida. Porque la gente que viola la vida de otra gente, no respeta la vida. Los que hicieron desaparecer 30 mil personas en Argentina y quizás los mejores jóvenes de ese país, ¿cómo hago con ellos? Ojalá estén pudriéndose en la cárcel, ojalá todos estén presos. Sería muy bueno. A mí me preocupa la sentencia de muerte, aunque habría que preguntarles a los padres de esos desaparecidos qué sienten. Es una decisión de un pueblo. Lo que el pueblo decida, hay que acatarlo.
–Como cubana, la influencia del Che tiene algo especial porque además es su padre. Pero hay otras dos influencias que usted siempre menciona: José Martí y Fidel Castro.
–Martí es el maestro desde los primeros momentos de mi vida. Aprendí a leer con él. Aprendí sus poemas desde chica. Hay uno que siempre recuerdo que es “Yugo y estrella”, donde la madre de Martí brinda dos instancias de vida. El yugo, bajar la cabeza y comportarte como un animal de carga, un buey, o la estrella que ilumina y mata en la frente. Con la estrella hay mucha luz. Ilumina y mata: para poder limpiar la costra de una sociedad muchas veces hay que pelear, si no, no lo logras. Martí estaba hablando en aquel momento de la lucha contra los españoles. Y esto no se hacía echándoles aire. Había que echar bala o machete. Esa era su realidad. Ilumina porque va marcando un sendero, y mata porque va eliminando a los enemigos del pueblo. La elección es de cada uno, si eres yugo o estrella.
–¿Y Fidel Castro?
–Fidel Castro es el hombre que lleva a la práctica a José Martí, el que hace realidad la obra de muchos hombres magníficos del país, el que hace que el pueblo cubano tenga por primera vez la posibilidad de llamarse cubano sin presencia extranjera, el que nos ayuda a analizar las cosas. Es también el que nos enseña que somos no sólo latinoamericanos sino afroamericanos, que le debemos al continente africano muchísimo. Fidel inspira, es el que me ha enseñado a mí, junto al ejemplo del Che, a ser internacionalista.
–Este concepto de solidaridad internacional resulta muy difícil de entender en el mundo actual para muchos países, en particular los desarrollados. La realidad es que, con la crisis del ébola, unos 15 mil médicos cubanos se han ofrecido como voluntarios. Su experiencia misma como médica está marcada por este internacionalismo.
–Cuba ha enviado una brigada médica, personal científico y personal auxiliar para tratar de eliminar esta nueva pandemia que está asolando a la humanidad. Estamos trabajando como equipo, que es la mejor manera de trabajar, viendo no sólo la enfermedad sino viendo cómo prevenir, es decir, no sólo en la cura sino en la prevención, para que no haya contagio. Cuba siempre ha tenido misiones especiales médicas. Hemos estado muchos años trabajando con los pueblos africanos. Es un poquito de lo que les debemos. Porque la cultura cubana es eso: la mezcla de afro, español y un poquito de asiático. Hoy hay algunos países que nos pueden pagar por esos servicios, como Qatar o Sudáfrica, y ese dinero lo usamos para las misiones de países como Haití, que no pueden pagar por estos servicios. Pero la razón por la que un médico cubano va es por la solidaridad internacional. No hay dinero que pague el sacrificio humano que representa esto.
–¿Cómo fue su experiencia personal con las misiones?
–En los ’80, Nicaragua no tenía muchos médicos, así que Fidel nos preguntó a los estudiantes del último año de Medicina si queríamos ir allí. Fuimos muchos estudiantes. Hicimos el último año de la carrera allá. Fue una experiencia extraordinaria, porque yo nací con la Revolución Cubana y por tanto crecí siempre muy protegida en mi país, y fue extraordinario salir a otro país y ver cosas que ni me imaginaba que podían pasar, la discriminación con otros seres humanos, la división en un país por ser católico o no, porque la misma Iglesia nicaragüense estaba dividida, el trato con los indígenas... Yo estaba acostumbrada a trabajar con hombres y mujeres negros que son como yo, temperamentales, y decimos lo que pensamos; pero fue la primera vez que tuve contacto con los indígenas. El indígena, para poder sobrevivir durante siglos, bajaba la cabeza y después hacía lo que se le daba la gana. Aprendí muchísimo. Creo que ese último año en Nicaragua me preparó para ser un médico que podía enfrentarme a muchas cosas. Hice más de cien partos. Pero las primeras nicaragüenses que me tuvieron de médico todavía me deben de andar buscando por ahí por los desastres que pude haber hecho (risas). Una cosa que aprendí es lo importante que es lograr entender que hay culturas distintas de las nuestras, olvidarnos del yo y pensar en el nosotros. Años más tarde tuve el privilegio de hablar con parteros quechuas en el norte de Ecuador. Me hubiera gustado tener ese privilegio antes, porque esas mujeres nicaragüenses no me estarían buscando. Cuando le pregunté a una mujer indígena por qué no quería atenderse con un médico blanco, ella respondió: “No entiendo qué tiene que ver mi nombre, apellido y dirección con el dolor que yo siento”. Y es verdad. Nosotros preguntábamos todas esas cosas. Una mujer indígena me enseñó a ser una mejor profesional de la salud. A partir de ese momento, cuando viene un paciente a mi consulta, lo primero que pregunto es en qué puedo serle útil. Y después, si me acuerdo todo lo demás, del nombre y la dirección. Hay muchas cosas de nuestras culturas que pueden ser utilizadas. La manera que se hace el parto. Nosotros ponemos a las mujeres acostadas y sin moverse, y tienen que hacer así sus necesidades fisiológicas; cuando todas las poblaciones del continente y de Africa saben que la mejor manera de parir es sentada o arrodillada.
–¿Cómo fue su experiencia en Angola?
–Fue entre el ’86 y el ’88, los años más difíciles y duros de mi vida. La discriminación racial, lo que significa la colonización de otro pueblo, fueron cosas que aprendí muy duramente allí. No puedo contar todo lo que se sufre allí. Yo trabajaba con niños tuberculosos. Recuerdo mucho a Fátima, una niña tuberculosa a la que tuvimos que sacarle un pulmón porque no había remedio. Y cómo se recuperó después. Recuerdo que lo último que vio aquella niña antes de ir a la operación fue mi rostro, y lo primero que vio después fue también mi cara. Esas memorias quedaron para siempre conmigo. Es muy crudo, sufrí mucho. Recuerdo un día en que teníamos que hacer guardia en el edificio donde vivíamos porque estaba Unita atacando y tocaba mi turno de hacer guardia. En la esquina de mi edificio había un niño tapado con un bulto de periódico, y en eso la guardia va caminando y toca un pie y de abajo de ese bulto sale un niño desnudo y ni siquiera protestó; fue muy difícil para mí poder aceptar eso y entonces lo llamé. Le pedí a una compañera que me guardara el puesto un momento, me quité un pulóver que llevaba puesto y cuando se lo puse, el niño me miró y me dijo: “Mamá”. Es algo que queda con uno el resto de la vida. Cosas en que tú te dices “no hay derecho que exista esto” (se le quiebra la voz y se le humedecen los ojos). Eso me hizo mejor ser humano y mejor médico también, pero por sobre todas las cosas me llenó de fuerzas para darme cuenta de que por mucho que pensemos que hacemos, no es suficiente.
–¿Qué va a pasar en Cuba cuando no estén Fidel Castro ni su hermano Raúl?
–Hay que conocer al pueblo cubano. Es un pueblo que luchó siglos por su soberanía e independencia. Una vez que la obtuvo, ¿la va a perder? Nunca. Fidel y Raúl son especiales. No cabe duda de que Fidel es el guía del pueblo cubano. Pero lo más importante que han hecho es facilitar la educación del pueblo cubano para que nadie los pueda utilizar, manipular o engañar. En ese sentido, el pueblo cubano es un pueblo libre y tiene conciencia de lo que vive y porta en sus manos. Es una decisión del pueblo. Seguimos adelante.

Temas de estrategia política, no de mercado

La crisis del petróleo y un debate interno que pretende eludir su contenido político. La geopolítica de Estados Unidos y la especulación financiera en la determinación del precio.



 Por Raúl Dellatorre

Las explicaciones sobre la causa del descalabro en el precio del petróleo son tan diversas como los pronósticos sobre la duración del hundimiento del valor del barril. El fenómeno de la volatilidad de la cotización no es nuevo, aunque no deja de ser sorprendente cómo algunos análisis se siguen aferrando a la incuestionabilidad de “las leyes del mercado” y cómo, desde allí, critican que el país no siga ese mandato soberano y permita que los precios locales también caigan libremente, de lo que supuestamente se derivarían “las bondades” de tener un combustible barato. En un país que pelea por recuperar su soberanía energética, seguir esos mandatos del “libre mercado” equivaldría a quebrar lisa y llanamente el camino iniciado con la recuperación de YPF en abril de 2012. Algunos datos del actual contexto internacional y otros que dejan revisar lo acontecido con los precios del petróleo en los últimos años permiten echar luz sobre razones de especulación financiera, de geopolítica militar y de mercado (producción y consumo) que aportan a la formación del precio internacional del crudo. Y revelan que no son justamente las razones económicas de mercado, las que definen la cotización.
Si se observa la evolución del precio del petróleo a lo largo de la última década, es fácil concluir que no aparece a la vista algo que se pueda definir como “valor de equilibrio”, ya que la cotización se mantuvo en permanente movimiento y con saltos del 20 al 40 por ciento, para abajo y para arriba, de año tras año, con picos de máxima y de mínima que acentúan mucho más esas diferencias. Desde cotizaciones de 25 dólares el barril durante el año 2003, a los 40 dólares como valor promedio en 2004, 55 dólares en 2005, 70 dólares en 2007 para llegar al infartante 2008, en el que el valor del crudo alcanzó a 145 dólares el 4 de julio, para caer pocos meses después por debajo de 40 dólares. El rebote fue violento, ya que los tres años siguientes fueron de escalada permanente, llegando a promediar 60 dólares en 2009, 80 en 2010 y 95 en 2011. Recién en estos valores, entre 95 y 105 dólares, el crudo reconoció una nivelación relativamente duradera, a lo largo de 2012, 2013 y hasta junio de 2014, antes del brusco salto a 110 dólares en julio y la más abrupta caída posterior, hasta los 55 dólares por barril de WTI de la última semana.
Ninguna de las “razones de mercado” que se esgrimen para explicar la baja del precio del crudo estaba ausente antes de junio de 2014. La disminución de la demanda de energía de la Eurozona y de Japón por estancamiento económico se arrastra desde hace varios años (no menos de tres), cuando el precio seguía subiendo. El aumento de las reservas de crudo de Estados Unidos por el impacto de la producción de shale oil ya se verificaba a fines de 2013 (36.500 millones de barriles al 31 de diciembre, con un incremento del 9,3 por ciento sobre el año anterior); la producción de la OPEP se mantiene en torno de los 31 millones de barriles de crudo diarios desde por lo menos diciembre de 2011. La desaceleración de la economía china no afectó su demanda mundial de petróleo, que siguió aumentando.
Las causas habrá que buscarlas en otro lado, y un buen indicio para encontrarlas es tener en cuenta dos factores. Primero, el precio del crudo se define en un mercado global en el que las operaciones financieras con derivados (apuestas especulativas a futuro, sin intervención del producto físico: es decir, quien compra a seis meses juega a que el precio al contado para entonces esté más caro que el que contrató, y el que vende a futuro apuesta a lo contrario; y al vencimiento el que pierde paga la diferencia) superan, en volumen, en una proporción de 500 a 1, a las que se realizan sobre operaciones reales (con entrega física del producto del vendedor al comprador). Segundo, no hay paridad de fuerzas entre los países que intervienen. Estados Unidos es el mayor consumidor mundial de crudo, y por muchos años fue el mayor comprador (importador) en el mercado. Esa situación lo ponía en cierta paridad con la OPEP, que actuaba como bloque (“cartelizados”). Pero desde que la producción de petróleo en Estados Unidos lo acercó al nivel de autoabastecerse, puede entrar o salir del mercado cuando le plazca, por “razones estratégicas”.
El mercado financiero de Nueva York (Nymex), asociado a Londres, controla la plaza especulativa de materias primas, particularmente el petróleo. La política monetaria de la Reserva Federal no es ajena al actual retiro de los capitales especulativos neoyorquinos del mercado especulativo del crudo (ver aparte). Por otro lado, Estados Unidos hace pesar sus razones o intereses geopolíticos sobre sus decisiones de operación en el mercado petrolero. Entre los integrantes de la OPEP tiene amigos y enemigos. No es casual que, justamente, un miembro “amigo”, Arabia Saudita, se haya prestado al juego de no aceptar una baja en la oferta –como le reclaman los otros socios no tan “amigos” Irán, Venezuela y Ecuador–, convalidando de ese modo la brutal caída del precio. Como gran reservorio de crudo (y de dólares), los saudíes tienen más espaldas que ningún otro miembro de la OPEP para soportar una crisis prolongada.
Otros exportadores extra OPEP, como Rusia, también salen mal parados por la caída del precio. Justamente tres países que están en la mira y “sancionados” por EE.UU. (Irán, Venezuela y Rusia), son los más perjudicados por la “coyuntura” petrolera. Lo que no logró con las sanciones económicas, Washington lo está logrando por el impacto de la crisis petrolera. No es la primera vez en las últimas décadas de historia económica que la “coyuntura” petrolera juega a favor de los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Además de su poderío bélico, la globalización financiera se ha convertido en otra arma letal para quienes tienen capacidad de usarla.
Por todo ello, y así como en su momento se concluyó que librarse del yugo de la deuda externa significaba ganar indispensables grados de libertad en materia de soberanía económica y también política, ¿cabe alguna duda, frente a este escenario, de la importancia de tomar las decisiones de política energética al margen de los vaivenes del mercado, para poder liberar al país de la dependencia energética?
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