12 oct 2015

Irak bombardeó un convoy en el que viajaba el máximo líder del Estado Islámico

Hubo al menos 15 muertos

Las fuerzas iraquíes bombardearon hoy un convoy en el que supuestamente viajaba el líder del grupo extremista Estado Islámico (EI), Abu Bakr al Bagdadi, en la provincia occidental de Al Anbar, según informó el Ejército de ese país. 

Abu Bakr al Bagdadi.














Un comunicado de la Comandancia de Operaciones Militares iraquí informó que el Ejército del país, en colaboración con la Célula de los Halcones de los servicios secretos, atacó el convoy, en el que creen que viajaba Al Bagdadi. En el ataque, sostuvo el texto, murieron importantes dirigentes de la organización islamista radical.

"De acuerdo a informaciones precisas de los servicios secretos y con la participación de la Fuerza Aérea iraquí, se logró efectuar una heroica operación contra el convoy del criminal terrorista Al Bagdadi", aseguró el comunicado, citado por la agencia de noticias EFE.

Asimismo, explicó que el bombardeo se produjo cuando la caravana de vehículos yihadistas viajaba por la zona de Al Karabela para participar de una reunión de líderes del EI, por lo que también fue atacado el lugar de la cita, donde murieron y resultaron heridos varios dirigentes del grupo.

"Todavía se desconoce el estado de salud del criminal Al Bagdadi, que tuvo que ser trasladado en un vehículo", señaló el texto y agregó que más tarde se difundirá la lista con los nombres de los dirigentes muertos en el ataque.

Una fuente de seguridad de Al Anbar informó a EFE que al menos quince yihadistas del EI, entre ellos varios líderes, perdieron la vida en ese ataque, en el que también resultaron heridas veinte personas.

La fuente añadió que hasta ahora se desconoce si Al Bagdadi resultó muerto o herido.

Las tropas iraquíes libran una cruenta batalla con el EI para tratar de recuperar el control de la provincia de Al Anbar, después de que el grupo conquistara su capital el pasado mayo.

Desde junio de 2014, el EI controla la ciudad de Mosul, la más importante del norte de Irak, y desde entonces avanzaron a otras zonas de ese país y de Siria.

Stiglitz llamó a "reescribir reglas del mercado"

El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, realizó un llamado a "reescribir la reglas del mercado", con una mayor participación del Estado en la economía, para canalizar el ahorro financiero hacia el desarrollo sostenido, entre otras propuestas.













Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, participó en el Seminario "Reformas Estructurales, desigualdad y crecimiento" en el marco de la cumbre de la Asamblea Anual conjunta del FMI y Banco Mundial. 

El economista, que celebró en Lima la votación de Naciones Unidas de nueve principios "como un importante paso" para frenar el accionar de los fondos buitre, consideró que para el desarrollo de los países y para bajar la desigualdad, tanto en países centrales como en vía de desarrollo, requiere un fuerte rol del Estado.

Dijo que si bien "en muchos países es mala palabra aumentar impuesto, creo que se deberían aumentar impuestos en EEUU; a nadie le gusta pagar, pero si uno quiere inversiones en infraestructura, tecnología y demás son bienes comunes, son bienes públicos", lanzó el Nobel, que el viernes ultimo mantuvo un encuentro con el ministro de Economía, Axel Kicillof, donde dialogaron sobre los logros alcanzados en torno a marcos legales para las deudas de países.

En segundo lugar, opinó que quizá sea necesario crear otros marcos legales económicos para que los países en desarrollo obtengan valor de los recursos naturales. Hoy países como en África, donde reciben sólo una fracción de esos recursos".

Además, realizó un llamado a canalizar el ahorro financiero hacia el sector productivo, de la mano del sector público. "Hay muchísimo ahorro;.el problema reside que el sector privado financiero tiene la mira muy corta, nunca invierten a largo plazo, no invierten en la gente, tienen una mentalidad a corto plazo", dijo.

Y lanzó: "tenemos que cambiar la manera en que se maneja economía en Estados Unidos, no sólo para se aumenten ahorros sino que se empleen de manera más productiva".

Opinó que la desigualdad es un decisión de cómo estructuremos le economía y la sociedad, y esto significa que para reducirla, las reglas del juego tienen que cambiar.

Puso como ejemplo de lo anterior la respuesta dada frente a crisis por países como Grecia y España, que eligieron un modelo que golpea al empleo, sobre todo los de los jóvenes.

Las políticas de ajuste, "son políticas que se impusieron en estos países y dieron como resultado estos niveles sobre desigualdad", disparó.
Las reformas más eficientes para conseguir equidad dependerá de la etapa de desarrollo de cada país. "En el marco general tenemos que reescribir las reglas del mercado que suponen decisiones políticas y económicas", dijo el Nobel.

Por último, Stiglitz opinó que los empleados deben participar en decisiones claves de la compañía, donde la mujer tenga un rol igualitario y se cuiden las condiciones laborales, como un transporte adecuado para desplazamiento al centro laboral.

CABEZA DE TURCO

LA INVESTIGACION DEL DOBLE ATENTADO EN ANKARA SE ENFOCA EN LA PISTA JIHADISTA

Turquía apunta al Estado Islámico

Según la policía, los explosivos utilizados son similares a los usados en el ataque suicida del 20 de julio en Suruç, muy cerca de la frontera con Siria, que mató a 33 activistas pro kurdos y fue atribuido al EI.

Miles de personas homenajearon a las 95 víctimas del peor atentado de la historia de Turquía, perpetrado el sábado contra una manifestación pacifista en Ankara, y acusaron al poder de alimentar la tensión social a tres semanas de las elecciones legislativas. Ningún grupo se adjudicó la matanza por el momento. Tampoco hubo detenciones. Las primeras investigaciones apuntan a la autoría del Estado Islámico (EI). Según la policía, los explosivo utilizados, TNT, son similares a los usados en el ataque suicida del 20 de julio en Suruç, muy cerca de la frontera con Siria, que mató a 33 activistas pro kurdos y fue atribuido a los jihadistas.
El primer ministro Ahmet Davutoglu dijo el sábado que existen fuertes indicios de que la doble explosión, frente a la principal estación de trenes de la capital turca, fue obra de dos suicidas. En un primer momento el gobierno sospechó también del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y del Frente Revolucionario por la Liberación del Pueblo (DHKP-C), de extrema izquierda.
Cerca del lugar de las explosiones, miles de personas fueron convocadas por sindicatos, ONG y partidos prokurdos que llamaron a la protesta del sábado. Los manifestantes acudieron a homenajear a las víctimas y a denunciar la responsabilidad del presidente Recep Tayyip Erdogan en el ataque, a gritos de “gobierno renuncia” y “Erdogan asesino”. “Yo soy una madre de familia y estoy preocupada por mis hijos”, declaró Zahide. “Me manifiesto por mis hijos, y por nuestro futuro. Cada vez que hay muertos, yo también muero un poco”, agregó la obrera en medio de la muchedumbre.
Los participantes de la movilización en la capital acusaron al presidente y a su gobierno de mantener vínculos con los jihadistas del EI, y de haber tomado la decisión de no garantizar debidamente la seguridad de la manifestación de anteayer.
“Nuestros corazones sangran pero no actuaremos con espíritu de venganza ni de odio”, aseguró Selahattin Demirtas, líder de la principal formación pro kurda del país, el Partido Democrático del Pueblo (HDP), uno de los convocantes de la marcha. Esperamos al 1 de noviembre, fecha de las legislativas anticipadas, y entonces empezaremos a trabajar para derrocar al dictador, sostuvo. Demirtas manifestó desde la tribuna que, según su partido, hubo 128 muertos en la doble explosión. Según el balance del gobierno murieron 95 personas y 507 resultaron heridas, de las cuales 65 se encuentran en cuidados intensivos.
El presidente Erdogan apunta al HDP de ser cómplice de los terroristas del PKK, grupo ilegal en Turquía que ha prometido aniquilar a sus adversarios. El 20 de julio, 33 militantes de la causa kurda murieron en Suruç, cerca de la frontera siria, en un atentado atribuido al EI. El PKK acusó al gobierno de Ankara de colaborar con los jihadistas para hacer frente común contra los kurdos. Valiéndose de ese argumento, los rebeldes reanudaron sus ataques contra la policía y el ejército, provocando las represalias de las fuerzas turcas. Dos militares turcos murieron ayer en un enfrentamiento con rebeldes kurdos.
Davutoglu ordenó tres días de luto nacional, y en todo el país, las banderas ondearon a media asta. Ayer se celebraron los primeros funerales.
Llegaron desde los cuatro rincones de Turquía para recoger los cuerpos de sus seres queridos. Frente a la morgue, los familiares de las víctimas del atentado de Ankara afrontaban el duelo con pena, rabia e incredulidad. Sólo el trajín regular de los coches fúnebres rompía el silencio. Debajo de tiendas, sentados en alfombras o en mantas, cientos de hombres y mujeres de todas las edades esperaron, entre lágrimas, bajo una fina lluvia, a que les entregaran los restos de sus seres queridos. La multitud aplaudió tímidamente cada vez que se acercaban los coches fúnebres. Los que intentaban gritar consignas eran acallados por los demás.
“Ya no es momento para banderas o consignas”, explicó una mujer de 23 años, que pidió no ser identificada. “En el sur o en el sureste de Turquía estamos acostumbrados a los muertos, a los mártires, pero aquí no”, expresó entre lágrimas. “Esta vez mataron a cerca de cien personas en el centro de la capital ¿se dan cuenta?”, preguntó la joven, con impotencia.
“Todos habían venido a defender la paz”, afirmó con voz entrecortada Umit, que perdió a su hermana. “No hemos podido recuperar los cuerpos”, se lamentó el joven, que criticó la lentitud de los forenses. Umit acusó a la policía de haber utilizado gases lacrimógenos y de haberlos golpeado mientras intentaban ayudar a los heridos fuera de la estación de Ankara.
“Vi cómo volaban brazos encima de nuestras cabezas. Delante mío vi un cuerpo volar diez metros sobre mí. Había cadáveres, cadáveres por todos lados”, contó emocionada Safiye, una mujer de 50 años que apenas podía mantenerse en pie.
El ataque de Ankara pone al máximo la tensión en el país a veinte días de los comicios legislativos, elecciones en las que Erdogan espera recuperar la iniciativa política tras haber perdido la mayoría absoluta de que gozaba en el Parlamento, desde hacía 13 años, en junio. Los comicios tendrán lugar tres meses después de reanudarse el conflicto armado entre las fuerzas turcas y los rebeldes kurdos, contra lo cual iban a manifestarse las víctimas del atentado de Ankara. El presidente islamo-conservador Erdogan condenó el ataque y canceló una visita prevista a Turkmenistán, aunque desde el atentado no ha hablado todavía en público.

El narcotráfico y los militares

El fenómeno de la violencia y la inseguridad asociado a la droga ha llegado a la Argentina. Los orígenes de este negocio ilegal y gran parte de sus beneficiarios se encuentran y actúan fuera de nuestras fronteras, aunque siempre tienen socios nacionales. Por ello mismo, estamos ante una problemática que no solo afecta a nuestro país sino que constituye un fenómeno de estructura y alcance global.


 Por Nilda Garré *

En nuestra sociedad, existe una instalada percepción de que las fuerzas de seguridad y en menor grado la justicia, están siendo sobrepasadas por la capacidad corruptora y el poder de fuego, más conocida como la estrategia de “plata o plomo”, del crimen organizado. La primera y natural reacción es que el Estado responda con más eficiencia y mayores capacidades para neutralizar los deplorables efectos de esta actividad delictiva. En esto, todos estamos de acuerdo.
Sin embargo, en el ámbito de la campaña electoral, los oportunistas en busca de votos que adoptan el discurso de “mano dura”, con total ignorancia sobre el tema, vienen planteado la opción más fácil, la que demostraría más energía para enfrentar el problema: involucrar a los militares en el combate al narcotráfico.
Salvando las distancias, es la misma lógica que algunos usaron en los 70 para pedir que los militares conduzcan la “lucha contra la subversión”. Es pretender vender a la gente el engañoso argumento de que hay que usar a los militares “que están en los cuarteles sin hacer nada” para controlar a los narcos que asuelan las calles matando gente y drogando a la juventud. El concebir a los militares como respuesta al problema es plenamente equivocado porque pretende que una institución con la misión, el adiestramiento y el equipamiento para la guerra en defensa de la Nación ante amenazas o agresiones de otros estados, se dedique a una actividad policial, que implica investigar ciudadanos y organizaciones dentro del país, tener dominio de inteligencia criminal, vigilar y detener personas, temas para los cuales las FFAA no están preparadas y actividades que la ley les prohíbe hacer.
Pero, atento que las leyes se pueden cambiar, hay que subrayar algo por demás importante: por su propia naturaleza, función y capacitación, no existe precedente en el que los militares hayan ganado una guerra contra las drogas. En Colombia, sólo en el período más violento de la guerra contra el narcotráfico hubo 52000 muertos. Cuando México involucró a más de 40000 militares en su guerra a las drogas a partir de 2006 tuvieron un resultado de más de 45000 muertes violentas relacionadas con esa lucha. Similares consecuencias se observan en Honduras o Guatemala y hablemos de Afganistán, que después de la intervención y de la ocupación militar pasó a ser el principal productor y exportador mundial de heroína. En todos estos ejemplos la militarización del combate a las drogas ha sido un fracaso con gravísimos costos. Está demostrado que el peor error es declarar una guerra convencional a un enemigo invisible con capacidad de infiltrarse en las propias estructuras del Estado.
II Con ánimos de traer sentido común y realismo al debate, conviene poner sobre el tapete algunos puntos que quedan por fuera de los discursos de campaña y son importantes como insumo para la reflexión del ciudadano/a, no del votante, porque las elecciones y los discursos de candidatos pasan, pero los problemas de la ciudadanía quedan.
1. Seguridad y Defensa. No hay Ninguna Fórmula Perfecta.
No existe ningún modelo perfecto que prescriba el alcance y relación entre seguridad y defensa al que todos debiéramos adherir. De hecho en los ordenamientos legales de los países del continente existen grandes diferencias. Por ejemplo, hay estados del Caribe y Centroamérica en donde directamente no existen las Fuerzas Armadas como tales y son las fuerzas de seguridad quienes cumplen misiones en el ámbito de la defensa. En otros más cercanos como Colombia, prácticamente no hay división: la policía es parte del Ministerio de Defensa. Lo que sí es relevante es que en cada esquema nacional la relación seguridad y defensa responde a las realidades y necesidades de cada contexto y es el resultado de decisiones políticas y legales adoptadas en el marco de la soberanía de cada país.
En Argentina las leyes de Seguridad y de Defensa, aprobadas con amplios consensos, establecen una clara distancia y división de responsables y jurisdicciones. Las razones por las cuales los militares argentinos tienen vedado realizar tareas de seguridad pública o inteligencia son obvias. Cuando lo hicieron, esas actividades no funcionaron en beneficio de la seguridad ciudadana, la institución se corrompió y se erosionaron las capacidades de las FFAA para su misión principal que es la defensa del territorio, su población y la soberanía de la Nación.
2. No Podemos Volver Atrás a Mitad del Camino de la Reforma en Defensa.
Estamos a medio camino en la implementación de la reforma estructural más profunda de la política e instituciones de la defensa. Esto implicó haber asumido la conducción política de la defensa y de su instrumento militar que son las Fuerzas Armadas, la eliminación de hipótesis de conflictos con países hermanos, la nueva doctrina de la conjuntez y la metodología de planeamiento estratégico por capacidades. Estos fueron cambios fundamentales por los cuales nuestro país ha logrado un liderazgo internacional y especialmente regional. Culminar esta etapa es clave para pasar a la siguiente que tiene mucho más que ver con opciones tácticooperacionales como el redespliegue territorial y la adquisición de nuevos sistemas y equipamiento militar.
En ese marco, pretender cambiar el rol de las FFAA para que reemplacen a las de seguridad es equivocado y retrocede en el camino de las inconclusas reformas que tanto nos han costado, y que pretende solo efectos inmediatos para un problema que se debe abordar de forma integral con perspectivas de salud pública, de inclusión social y de seguridad pública. Todo lo anterior no significa tampoco un purismo principista indiferente al avance de la droga mientras metemos cadenas a las puertas de los cuarteles. La ley actual es muy clara en el sentido de que en situaciones de crisis se puede acceder al apoyo logístico que pueden brindar las FFAA. Pero debe existir un verdadero estado de emergencia y el empleo de las fuerzas militares debe tener fecha de inicio y una fecha de culminación. Nadie niega que los militares puedan tener equipamiento útil para el apoyo técnico como elementos de transporte o radares. De hecho operativos como el Escudo Norte I y II tratan de propiciar ese apoyo pero reiteremos, en situaciones temporales y hasta que las fuerzas de seguridad puedan adquirir sus propias capacidades y medios a tales efectos.
3. Necesitamos una Política Nacional Integral de Prevención y Control en el Marco de una Estrategia Regional de Cooperación.
En este artículo no se pretende explicitar en detalle una política sino contribuir al debate con la seriedad que implica plantear las cosas reales y no lo que la gente asustada quiere escuchar porque cree y le hacen creer que es la solución. En este sentido es necesario considerar algunos aspectos que demandan adoptar decisiones políticas, legales, económicas y sociales.
Necesitamos antes que nada un buen diagnóstico. Sin ello nunca sabremos la verdadera magnitud de la problemática y la consiguiente identificación de las prioridades que definirán las políticas de atención. En segundo lugar, debemos tener una verdadera estrategia nacional e integral en materia de políticas de seguridad ciudadana y lucha contra el crimen organizado en todas sus manifestaciones, en especial droga, trata, armas y lavado, que esto debe incluir indefectiblemente modalidades que involucren coordinadamente las acciones preventivas y punitivas de los poderes locales, provinciales y nacional, acompañados por la inteligencia criminal y los órganos de investigación y administración de justicia. La participación ciudadana en la prevención y contención de los efectos de la droga y la trata es asimismo tan clave como policías en las calles, gendarmes en las fronteras y agentes estatales confiscando fondos y bienes mal habidos.
Políticas parciales punitivas de lo “visible” no solo no resuelven el problema sino que a veces generan otros nuevos. La represión al consumidor y al pequeño “dealer” vendedor, si es aislada de los otros componentes de una política integral, es una medida demostradamente condenada al fracaso, no solo porque se ataca al eslabón más débil y más fácil de reemplazar de la cadena, sino porque genera a su vez otros problemas estructurales como embudos judiciales y sobrepoblación en cárceles que se transforman en universidades del crimen. Los EEUU declararon a través del Presidente Nixon su guerra a las drogas hace más de 40 años. Hoy con menos del 5 por ciento de la población global el país tiene casi 2,5 millones de presos por drogas, casi todos ellos consumidores pequeños y vendedores. Esta cifra representa más del 25 por ciento de la población encarcelada a nivel mundial. Y sin embargo sigue manteniendo el triste record de ser el primer país consumidor de drogas. Un caso opuesto es Portugal, que hace diez años descriminalizó la venta de bajo nivel y el uso de todas las drogas ilícitas. Desde entonces disminuyó en un 50 por ciento el número de adictos de sustancias duras y drogas intravenosas así como la violencia relacionada con ellas. Es importante también observar lo que sucede en esta materia en Uruguay. Y también el informe de la famosa Comisión Global de Políticas de Drogas, conformada por altos dignatarios como Kofi Annan, ex presidentes como Clinton, Cardozo, Gaviria, etc., que concluyó con recomendaciones como “Terminar con la criminalización, la marginalización y la estigmatización de las personas que usan drogas pero que no hacen ningún daño a otros” y alentó a los gobiernos a que experimenten con modelos de regulación legal de las drogas. El ex presidente colombiano César Gaviria agregó: “No podemos ignorar por más tiempo hasta qué punto la violencia, el crimen y la corrupción relacionados con las drogas en América Latina son los resultados de las fallidas políticas de guerra a las drogas,”. Este informe es un insumo para el debate sobre drogas en la Sesión Especial de la Asamblea de Naciones Unidas el próximo año.
El cocodrilo depredador del narcotráfico no nada en la droga sino en la verde agua del dinero. Controlar los cuantiosos fondos del crimen organizado que entran a través del lavado al mercado financiero legal es la política más eficaz para generar “inseguridad jurídica” al negocio del narcotráfico. Es sacarle el agua al cocodrilo, y es el mejor remedio para que busquen huir a otros lugares. Esto implica que busquemos nuevas, mayores y más eficientes normas de regulación y control a las entidades financieras y los bancos, y a las industrias presas fáciles del lavado como las de hotelería, turismo, construcción, juegos de azar, etc. Medidas de este tipo tienen un altísimo efecto disuasivo a la penetración del crimen organizado.
Otro aspecto de alta importancia es resolver el problema de la coordinación internacional, comenzando en nuestra propia región. Las fronteras se han convertido en obstáculos para las autoridades nacionales y en verdaderos puentes de conexión del crimen organizado transnacional. La solución debe pasar tarde o temprano por agrandar la jurisdicción por sobre las fronteras a través de la conformación de un esquema regional de control de delitos como el tráfico o la trata, especialmente en materia de inteligencia criminal. Esto es posible plantearlo hoy en el marco de la integración subregional que estamos avanzando bajo el paraguas de Unasur.
Ser realista no es vencer “prejuicios” del pasado respecto a los militares, como pretenden algunos políticos, analistas y candidatos. Ser realistas en esta materia es propiciar la mejoría mediante el fortalecimiento de las instituciones de seguridad encargadas por ley de brindar precisamente eso: seguridad ciudadana. Estos candidatos y partidos presionados por el nerviosismo de la derrota electoral, adoptan la conducta de quienes solo tienen un martillo: todos los problemas lucen como clavos; y los militares son un martillo fácil de agarrar.
La violencia y la inseguridad son problemas de la seguridad y no de la defensa. La política de lucha contra el narcotráfico no debe separar el control de la prevención, con ejes de acción transversales y operacionales entre lo local y lo nacional y cooperación efectiva entre lo nacional y lo regional. Ojalá logremos una estrategia nacional que podamos mostrar y compartir con otros países en la Sesión Especial sobre drogas de las Naciones Unidas en el 2016.
* Embajadora ante la OEA.

A dos semanas de las elecciones presidenciales en Argentina, un análisis sobre el legado de los tres mandatos kirchneristas

Por Mario Wainfeld

Doce años largos de gobierno, un legado amplio. Remembranzas de otros años terminados en “5”: 2005, 1945, 1955. Lo que construyó y pensaba Kirchner. Las presidencias de Cristina, cambios de etapa. El kirchnerismo y el primer peronismo, analogías a la distancia.


Quedan dos semanas para las elecciones generales y menos de dos meses para la transmisión de mando. Los poderes fácticos nunca bajan la guardia así que nada está escrito de antemano. Acá a la vuelta, en Brasil, tramaron una operación mediática desestabilizadora en la víspera misma de la reelección de la presidenta Dilma Rousseff. Tal vez acá tengan una baza oculta y similar. Puede pasar, no se sabe. Por ahora, todo indica que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le entregará la banda a su sucesor en tiempo y forma, con un contorno estable y razonable.


La tradición nacional transforma esa supuesta rutina en algo valioso y no tan frecuente. El presidente Raúl Alfonsín anticipó meses la transición para que asumiera Carlos Menem, que había ganado las elecciones. Fernando de la Rúa, el otro mandatario radical ulterior a 1983, terminó mucho peor: con dos años de anterioridad y con bruta crisis institucional. Eduardo Duhalde desempeñó un interinato que debió abreviar por motivos conocidos y sangrientos. Llegó tras Adolfo Rodríguez Saá quien duró una semana.


Este cronista es refractario a las comparaciones con etapas históricas anteriores a la recuperación democrática. Interpreta que las diferencias de época les restan precisión y hasta pertinencia. Para quien disienta con ese parecer valga rememorar que Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón fueron depuestos por sendos golpes de estado cuando cumplían su segundo mandato constitucional, consagrado en elecciones libérrimas. Arturo Frondizi y Arturo Illia, consagrados con proscripción del peronismo, sufrieron suerte similar.


La transición del segundo período de Cristina apunta a ser prolija, conforme al calendario pautado hace años. El término de comparación más cercano es del ex presidente Carlos Menem en 1999. Hay sensibles diferencias en la coyuntura de la partida y también en el modo en que tramitaron la sucesión.


Menem quiso desvirtuar la legalidad. Ya vencido, se enfrentó frontal y hasta brutalmente con Duhalde, su ex compañero de fórmula y candidato peronista.


Más allá de especulaciones interpretativas o meras sanatas, Fernández de Kirchner no instó una reforma constitucional ni alguna movida plebiscitaria para prolongar su estadía en la Rosada. Ahora acompaña jugando fuerte la candidatura del gobernador Daniel Scioli. Es diáfano que éste no es un sucesor ungido por la líder del Frente para la Victoria (FpV) ni un representante cabal de su visión de la Argentina.

Es prematuro vaticinar escenarios cuando no se sabe ni siquiera el resultado del comicio pero el comportamiento de la presidenta hasta ahora ha sido sistémico y sin los tics más rupturistas de los líderes carismáticos más obcecados o encerrados en su círculo.

Legados: Cristina hace campaña y se va despidiendo… son dos caras de una misma moneda. Convoca al voto popular invocando lo realizado en más de doce años de gestión.

Más pendientes de la forma que del mensaje, por ideología y por conveniencia, sus adversarios despotrican contra las cadenas nacionales y desoyen las enumeraciones que son impactantes.

La deuda externa seguirá gravitando pero se ordenó en buena medida y se disminuyó su ratio con relación al Producto Bruto Interno (PBI) que creció exponencialmente.

Se crearon millones de puestos de trabajo, aumentó la afiliación sindical. La tasa de desempleo bajó drásticamente y se mantiene muy lejos de los dos dígitos.

Quedan problemas severos para intentar resolver. La desigualdad es el primero, en opinión de quien esto firma. Cuesta mensurarla… es más sencillo recordar que un tercio de la clase trabajadora es informal, sin acceso fáctico a los derechos que sí ejercen compañeros de clase que trabajan en relación de dependencia.

El saldo institucional del kirchnerismo es menoscabado, ninguneado o sencillamente negado por la Vulgata dominante lo que no le resta entidad. En una escala de valores subjetiva subrayamos primero una parte de los progresos en materia laboral y social. Jubilaciones cuasi universales, con aumentos semestrales estipulados por ley. La Asignación Universal por Hijo (AUH), innovación de la etapa que se actualiza de igual modo. Las convenciones colectivas libres y en alza. El Consejo del Salario mínimo vital y móvil. La paritaria nacional docente. Los programas Progresar y ProCrear. Los nuevos regímenes para empleadas de casas particulares y trabajadores rurales. 
No es poco, ni se enumeran todos.

En otro carril, se legisló el matrimonio igualitario y normas ampliatorias de derechos de minorías y de género.

Se promulgaron Códigos de fondo, que superan por mucho a los vetustos volúmenes mal emparchados que databan de décadas o siglos atrás. Son perfectibles, abiertos a que leyes nuevas avancen o rectifiquen sobre el terreno trazado.

Tecnópolis y el Centro Cultural Kirchner son territorios amplios, de calidad, generosos y gratuitos que mejoran la oferta de bienes culturales o de esparcimiento. Una está en el Conurbano, el otro en la Capital. Miles y acaso millones de argentinos que recorren toda la escala social los fatigan día a día. Claro que en el futuro se los podrá gerenciar novedosamente o hasta cambiar su nombre, si le place a los que vendrán. Pueden “destituir” a Kirchner o llamar “Negrópolis” a Tecnópolis como lo hacen en quinchos VIP. Aun así, la comunidad amplió su patrimonio: atesora una base material bella y sólida para movidas novedosas o creativas.

“Ella” gobernó desde 2007. Dos años antes amojonó el primer hito de su trayectoria electoral ascendente.

2005: El 2005 fue un año muy propicio para Kirchner y su proyecto político. Crecía todo lo que él pulsaba a diario: el PBI, las reservas, su propia imagen, la popularidad de sus acciones de gobierno. El primer canje de deuda había sido un éxito, advendría el desendeudamiento respecto del Fondo Monetario Internacional. La Cumbre de Mar de Plata abría un horizonte luminoso en la región sepultando al ALCA y revelando la vigencia de liderazgos políticos diversos aunque convergentes en buena medida. El Consejo del Salario se convocó por primera vez, la CTA tenía sus sillas en la mesa. Kirchner lo cerró aumentando lo pactado entre las representaciones patronales y gremiales. El pequeño milagro que era un signo de época, arduo para repetir más adelante.

Kirchner fechaba la salida del purgatorio: 10 de diciembre de 2007. Calculaba que para consolidar el “modelo” serían necesarios al menos diez años continuos de gobierno. Confiaba en lograrlos. El hombre no macaneaba cuando hablaba de política. Creerle era factible pero resultaba peliagudo compartir su optimismo o voluntarismo o utopismo. Ni qué decir cuando empezaba a insinuar que no iría por la reelección. Desafiaba al manual pero lo tenía en la cabeza y sabía ser obcecado.

Siempre precisaba y (re)quería más. Entre otras variables le era imperioso acrecentar su poder y construir un sustituto de la segunda vuelta electoral ganadora que le había birlado la mala fe de Menem. Pulsear con los poderes fácticos y foráneos era su praxis cotidiana. Hacerlo por el poder político, una necesidad. Esa disputa exigía confrontar dentro del peronismo, más allá de debates académicos sobre su historia, composición o pertinencia. Cristina Kirchner, se sabe, fue la primera candidata en la provincia de Buenos Aires, en pos del plebiscito que faltaba.
Antes de que se conociera el escrutinio ya estaba decidido que sería la candidata en 2007. La capacidad de la candidata en campaña y la formidable cosecha de votos reforzaron la hoja de ruta.

Más Estado y menos laborismo: El imaginario del primer kirchnerismo no otorgó centralidad a las políticas sociales a las que consideró consecuencias del crecimiento económico. “El trabajo” y el pleno empleo eran las claves para superar la pobreza, el desmantelamiento del aparato productivo y la perdida de la autoestima colectiva. Esa concepción, llamémosla laborista asumiendo que simplificamos, se reveló insuficiente para la nueva estructura socio económica de la Argentina.

La valoración del rol del estado y de la especificidad de las políticas sociales es concomitante con el primer gobierno de Cristina Kirchner.
La recuperación-reestatización del sistema jubilatorio es pieza clave de ese enriquecimiento conceptual. La AUH valió como asunción de que “tener trabajo” no equivalía a cubrir todas las necesidades de una fragmentada y desigual clase trabajadora.

La estructura de la protección social amplia, con cobertura de toda la población (o, ay, casi toda) enriqueció el legado.

El rol del estado mutó, acorde con las exigencias de la economía globalizada y en crisis permanente a partir de 2008.

El conflicto con “el campo” seguramente apuró los tiempos. El gobierno incurrió en varios errores y fue derrotado en el Congreso. Kirchner dijo entonces que esas contingencias adversas “parieron el gobierno de Cristina”. En el momento, sonaba a disparate o a consuelo. Con el tiempo se comprobó que era un diagnóstico bastante certero. ¿Lo sabía o lo deseaba y trataba de ayudar a construirlo? No hay modo de chequearlo. Y, ya que estamos, en política o en la vida querer algo es un primer paso (necesario aunque no suficiente) para tratar de construirlo.

La recuperación de empresas estatales estratégicas (regaladas o malvendidas antaño a la codicia privada o estatal de otros países) es otro avance del que hubo atisbos previos al 2007 pero que se consolidó desde entonces.

Prioridades, objetivos e instrumentos: El tercer mandato fue el más difícil, en parte por condicionantes internacionales, en parte porque perdieron eficacia instrumentos que habían sido muy funcionales en los años precedentes. La restricción externa creció como problema y condicionante del porvenir. La industria local perdió empuje como creadora de empleo y reveló falencias estructurales.

De cualquier manera el kirchnerismo sostuvo con obstinación y alta eficacia varios objetivos centrales: el empleo, el consumo interno como motor de la economía, un esquema amplísimo de protección social, el achicamiento de la deuda externa. 

Ninguno llegó al summum pero todos son incomparables con la herencia que, aunque algunos necios lo nieguen, obró como condicionante severo.

Tales objetivos suponen asignación de recursos, no hay política económica que no ponga plata o no discierna prioridades. Las predilectas del oficialismo son consistentes con la tradición nacional popular, en su versión del siglo XXI.

Cuando están por cumplirse setenta años del 17 de octubre, vale la pena rememorar lo que se pensó sobre el primer peronismo. No se presupone que la historia se repita monótonamente pero hay constantes dignas de observación. En su momento se creyó que el justicialismo era un epifenómeno de la forzosa sustitución de importaciones o un cover local del fascismo. Se supuso que fuera del estado se marchitaría. Para ayudar a la profecía, los revolucionarios libertadores de 1955 reprimieron y asesinaron peronistas de variada condición. No funcionó conforme lo previsto.

Ahora se lee que el kirchnerismo es una derivación del alza del precio de las commodities, que caerá con su merma. Quizá todo sea más complejo o interesante.

Por ahí hay fuerzas o liderazgos que sintonizan con los intereses populares aunque no den siempre en la tecla. La dimensión emocional del peronismo, tan esquiva u odiosa para sus adversarios, acaso sea consecuencia de la afinidad profunda entre mandatarios y ciudadanos antes que síntoma de la irracionalidad de los más humildes.

No es sencillo medir la magnitud de los cambios sociales, de la redistribución de riquezas, bienes inmateriales y hasta prestigio. Acaso un baremo sea las reacciones que suscita entre los nuevos titulares de derechos, los que mejoraron posición relativa cotejado con los que la pasaban mejor con el Ancien Régime. 
El rencor, a menudo la furia que se prodiga contra esos dos estadios del peronismo (que tuvo otros, peores) podría ser un termómetro que comprueba la magnitud de los avances.

Con otra vara podrá suponerse que se obraron cambios reformistas, matizados, zigzagueantes que son los más habituales dentro del sistema democrático.

Scioli no es a Cristina lo que Dilma a Lula. Es menos, por decirlo rápido. Tampoco es lo que Duhalde fue a Menem. Es más y distinto cualitativamente. Si venciera, se le traslada un legado que es un capital enorme y un mandato popular inequívoco.

Especular sobre el futuro es tentador aunque muy trabajoso cuando quedan tantas incógnitas por develar empezando por el veredicto ciudadano. Si se repitiera el trazado del mapa de preferencias en las elecciones provinciales y en las Primarias Abiertas se corroboraría que hay un lazo firme entre los sectores populares y el FpV. Un diseño de pertenencias que sugiere que las clases sociales perviven y tienen identidad. En cómo eligen, en cómo se pronuncian y aún en cómo se vinculan afectivamente con ciertos gobernantes.

Morderse la cola

En campaña, se habla sobre la campaña. Es imposible seguir todos los debates o reportajes en radio, diarios o la tele pero una panorámica trabajosa permite notar que muchos candidatos priorizan hablar sobre las encuestas. Los del Frente para la Victoria explican que ganarán en primera o, como poco, en segunda vuelta. Los de PRO que no sucederá así y que Mauricio Macri vencerá en el ballottage. Los aliados de Sergio Massa “informan” que ya alcanzaron o superan al PRO.

En una sociedad abierta cada quien es dueño de elegir su temario. Sorprende que numerosos aspirantes al voto popular se caractericen como consultores en vez de arrimar propuestas o ideas fuerza o discursos sobre el país que desean.

El “debate sobre el debate” es una vuelta de tuerca que se desinfla. Este cronista entiende que todo tipo de difusión es válido y algo suma. Dicho esto, no comparte que un debate entre candidatos sea un estadio superior de la civilización. La experiencia comparada no es tan unánime como se narró en los medios en estos días.

El debate del domingo pasado no ayudó a los apologistas extremos. Fue híper reglado como sucede, por ejemplo, en España. El formato acartonó a los competidores. Fue difícil rescatar una idea novedosa, algo no enunciado en la maratón de intervenciones periodísticas que tienen todos a diario. Los periodistas cumplieron la función de maestros de ceremonias. No quisieron o no pudieron preguntar ni menos repreguntar.

La cobertura posterior se centró en la faz competitiva: quién ganó y quién perdió. El Gran Jurado dominante dio por gran derrotado al gobernador Scioli quien para ellos lo estaba de antemano, por no concurrir.

De nuevo: todos tienen derecho a argumentar y es más que lícito que cada uno lo haga como le parece o conviene. Lo que quedó pendiente es calcular el aporte real de lo sucedido tras un par de horas bastante aburridas.

Las consideraciones sobre el rating no atañen a este cronista: una polémica puede ser interesante y hasta profunda sin congregar taaanta audiencia. Pero la obsesión de los comunicadores VIP por saber cuánto “midió” sincera cuál es su escala de valores, mediática y política.

– Macri inaugura una estatua de Juan Domingo Perón. Uno supone que sus partidarios no le creen pero adscriben a una táctica de real politik que supone que los peronistas son zonzos y se dejan engrupir fácilmente.

– Se anuncia que Massa apoyará a Macri si éste llega al ballottage. Sería un bombazo si no fuera el propio Mauricio quien lo dice.

– El gobernador Juan Manuel Urtubey formula anuncios exorbitantes sobre un potencial acuerdo con los fondos buitre. Se ignora su legitimidad para hacerlo. Se entiende que construye su propia imagen, vaya a saberse para qué. Su palabra lo autoexcluye de intervenir en cualquier tratativa futura. Ni aun el más abdicante de los negociadores (la Argentina tuvo demasiados) se rinde al adversario antes de sentarse a conversar.

Teorizar sobre la comunicación es complejo, muchas son sus variables y las posturas posibles. Nadie niega, a esta altura de la civilización, que los receptores tengan protagonismo y que su ecuación incida en el resultado.

La audiencia, “la gente”, “la ciudadanía”, “el pueblo” o la designación colectiva que usted elija lucen poco conmovid@s o interesad@s en la frondosa oferta que se le propina. Hay quien cree que es apatía o desinterés. También podría suceder que haya definido sus preferencias en las Primarias Abiertas y ahora espere para hacerlo de nuevo. En el ínterin puede preferir volcarse al laburo, la vida privada, el ocio.

Se podrá interpretar mejor qué está pasando cuando se conozcan el nivel de participación y los resultados. De cualquier modo, ante el aluvión poco creativo y nada novedoso, la reacción predominante parece sensata sin autorizar conclusiones prematuras y más lanzadas.


Página 12