Argentina: Que el paso del tiempo no borre la verdad. A 50 años del golpe de 1976, el país enfrenta esta batalla por verdad y justicia
On Mar 24, 2026
Con más de mil condenas, cientos de nietos aún por encontrar y nuevas identificaciones forenses, el país sostiene la memoria activa sobre los crímenes de la dictadura mientras el tiempo se convierte en un desafío clave para reconstruir la historia completa.
A medio siglo del inicio de la última dictadura militar, la Argentina sigue librando una pelea decisiva contra el olvido. Aunqueel terrorismo de Estado terminó en 1983, sus consecuencias continúan abiertas en cientos de historias atravesadas por la desaparición forzada, la apropiación de bebés, la búsqueda de restos y la necesidad de sostener los juicios por crímenes de lesa humanidad. Hoy, el gran enemigo ya no es solo la impunidad: también es el tiempo.
El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas tomaron el poder e inauguraron uno de los períodos más oscuros de la historia argentina. La represión ilegal desplegada por el régimen dejó miles de muertos y desaparecidos, desarticuló familias enteras e interrumpió el funcionamiento institucional del país. Cincuenta años después, los organismos de derechos humanos, la Justicia y los equipos forenses todavía trabajan para reconstruir identidades, encontrar restos y reunir pruebas que permitan completar una verdad que aún no está cerrada.

Con más de mil condenas, cientos de nietos aún por encontrar y nuevas identificaciones forenses, el país sostiene la memoria activa sobre los crímenes de la dictadura mientras el tiempo se convierte en un desafío clave para reconstruir la historia completa. A medio siglo del inicio de la última dictadura militar, la Argentina sigue librando una pelea decisiva contra el olvido. Aunquel terrorismo de Estado terminó en 1983, sus consecuencias continúan abiertas en cientos de historias atravesadas por la desaparición forzada, la apropiación de bebés, la búsqueda de restos y la necesidad de sostener los juicios por crímenes de lesa humanidad. Hoy, el gran enemigo ya no es solo la impunidad: también es el tiempo.