Red Voltaire | París (Francia) | 10 de marzo de 2026
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El Guía de la Revolución de la República Islámica de Irán, el ayatola Alí Khamenei, y el Guía General interino de la Hermandad Musulmana, Salah Abdel Haq.
Permítanme, por esta vez, no hacer aquí un análisis de la situación geopolítica sino proponer un testimonio y una reflexión. El “Eje de la Resistencia”, la mayor fuerza militar del Medio Oriente, ha desaparecido abruptamente y es importante que tomemos conciencia de las razones ideológicas que causaron su desaparición. Esa fuerza se había convertido en algo que ya no tenía relación con lo que fue en el momento de su creación. Ahora tenemos el deber de interrogarnos sobre los errores que llevaron a su desaparición para no volver a cometerlos.
El “Eje de la Resistencia” es un concepto propio de la defensa iraní, basado en la movilización de las minorías chiitas del Medio Oriente. Inicialmente, se trataba de capitalizar la simpatía que la revolución islámica del ayatola Rulah Khomeiny había suscitado para armar y organizar las minorías chiitas. Aquella revolución representaba la liberación del colonialismo anglosajón. Garantizar la protección de Irán era, para todos los que luchaban contra el capitalismo, una necesidad. La interpretación del islam que el imam Khomeiny promovía convertía el culto chiita del dolor en una fuerza, recordando que el imam Alí había luchado y se había sacrificado por la justicia. Su ejemplo mostraba a todos el camino a seguir.
Pero ese sistema de “proxis” o intermediarios violaba la soberanía de los Estados en los que esas minorías chiitas creaban sus grupos armados. Eso se hizo insoportable para aquellos Estados en 2011, cuando la mayoría chiita se sublevó en Bahréin, y debido al subsiguiente intento de derrocar la familia real bahreiní, que es sunnita.
Fue en aquel momento cuando Qassem Soleimani fue ascendido al grado de mayor general. Soleimani transformó el Eje de la Resistencia proponiendo a cada una de las organizaciones implicadas actuar de manera independiente y realizar por sí mismas la revolución khomeinista en su propio país. En pocos años, Irán dejó de tener “proxis” ya que estos se convirtieron en milicias extranjeras aliadas. Cristianos y sunnitas se sumaron a los combatientes de la base chiita. El temor que esas milicias inspiraban a los gobiernos de sus países iba in crescendo. Con Irán y Siria, el Hezbollah libanés, el Hachd al-Chaabi iraqui, el movimiento yemenita Ansar Allah y muchos más, el Eje de la Resistencia se convirtió en la fuerza armada más importante del Medio Oriente.
El Guía de la Revolución iraní, el ayatola Alí Khamenei, tratando de reunir todo el mundo musulmán bajo su autoridad, comenzó a establecer relaciones con grupos que no compartían la concepción del antiimperialismo del imam Khomeiny. Así comenzó a suministrar armamento al Hamas, la rama palestina de la Hermandad Musulmana, que a partir de 2014 empezó a acoger en sus filas miembros de la resistencia palestina.
Históricamente, el Hamas había surgido de la incorporación de los discípulos de Izz al-Din al-Qassam (1882-1935) a la Hermandad Musulmana –de ahí el nombre de las Brigadas Izz al-Din al-Qassam, la principal fuerza armada del Hamas. La estrategia del Hamas se caracteriza por no tener en cuenta la diferencia entre blancos militares y objetivos civiles, un modo de acción militar que Occidente denomina “terrorismo”. Izz al-Din al-Qassam fue el organizador de los pogromos de 1935 en Palestina.
No recuerdo con precisión si fue en 2011 o en 2012 cuando el ayatola Alí Khamenei me invitó a una conferencia panislamista que estaba organizando en Teherán. Aunque yo soy católico, Khamenei consideraba que mi lucha por la verdad me convertía en “musulmán”. Todas las denominaciones musulmanas del mundo estaban representadas en aquella conferencia, desde los ismaelitas hasta los talibanes, pasando por los wahabitas y los sufistas. Durante los recesos para comer, yo iba de una mesa a otra, tratando de seguir las discusiones. Como no hablo árabe ni farsi, hacía preguntas en inglés. Y rápidamente noté que cada grupo hablaba mal de los demás. La unidad era sólo una fachada. Recuerdo que me sorprendió la animosidad de los miembros de Al-Qaeda y de la Hermandad Musulmana hacia el Guía Supremo iraní (chiita) que los había invitado.
Regresemos al Hamas. Es absurdo ver el Hamas como una entidad homogénea, sin tener en cuenta que desde 2014 esa organización se compone de dos corrientes diferentes. Para los palestinos era muy difícil enrolarse en las redes clandestinas de la resistencia. En 2007, el Hamas ganó las elecciones en Gaza. Eso le dio visibilidad. Los palestinos deseosos de incorporarse a la resistencia, pero decepcionados por al-Fatah, comenzaron a enrolarse en el Hamas. En 2014, cuando ya era evidente que los yihadistas habían sido derrotados en Siria, por el presidente Bachar al-Assad, los palestinos que se incorporaban al Hamas comenzaron a exigir que este cortara sus vínculos con la Hermandad Musulmana, que había luchado contra la República Árabe Siria. La mención que presentaba al Hamas como “Rama Palestina de la Hermandad Musulmana” fue eliminada de los documentos oficiales de la organización.
El presidente sirio Bachar al-Assad tuvo que combatir al Hamas, en 2012, cuando miembros de esa organización –acompañados de agentes del Mossad israelí y de elementos de Al-Qaeda– comenzaron a asesinar líderes palestinos refugiados en Yarmouk, aglomeración urbana palestina en Damasco, la capital siria. Pese a ello, el presidente Assad recibió al alcalde de Gaza, Khalil Hayya, el 19 de octubre de 2022. Pero siempre se negó a recibir a los miembros del Hamas que mantenían vínculos con la Hermandad Musulmana.
Es importante entender bien la naturaleza de ese conflicto: la Hermandad Musulmana y los miembros del Hamas vinculados a ella luchan por instaurar un califato, un Estado musulmán que se extendería hasta abarcar el mundo entero, mientras que los antimperialistas luchan por la creación un Estado palestino que sería parte de un Estado binacional judeo-árabe. Los documentos oficiales del Hamas posteriores a 2014 mantienen la ambigüedad sobre esa cuestión.
En 2012 o 2013 pude conversar con el embajador del Hamas en Teherán, durante un almuerzo organizado por el ministro de Exteriores de Irán –estaba sentado a la derecha del ministro y yo estaba frente a él. Aproveché la ocasión para preguntarle por qué su organización había asesinado a mis amigos del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) en Damasco. El representante del Hamas lo negó. La conversación subió de tono. El ministro iraní seguía el intercambio, dejándome hablar y sin intervenir, hasta que, súbitamente, puso fin a la discusión y al almuerzo.
El 18 de junio de 2025, o sea, después de la caída del presidente sirio Bachar al-Assad, el Guía General interino de la Hermandad Musulmana, Salah Abdel Haq, propuso al ayatola Alí Khamenei hacer «la unidad de la Umma islámica» para enfrentar «el enemigo común» que es «la entidad sionista». Es importante determinar siempre el orden de prioridades. Al aceptar aquel compromiso, Khamenei ganó poder y consolidó la unidad del mundo musulmán pero abandonó su principal ideal: la igualdad entre todos los hombres.
Los israelíes prisioneros de la resistencia palestina generalmente reciben un trato correcto, según los testimonios de los rehenes liberados en Gaza. Pero no fue así en algunos casos, se dice que el jefe del Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, había ordenado hambrearlos.
La unidad panislamista se derrumbó a causa de sus propias contradicciones, con la operación “Diluvio de Al-Aqsa”. El 7 de octubre de 2023, el Hamas lanzó un gran ataque contra Israel, probablemente con la complicidad de Benyamin Netanyahu, hipótesis que mencioné inmediatamente en diferentes artículos y videos. El parlamento israelí prohibió mencionar esa posibilidad, bajo pena de 5 años de cárcel, y la censura militar israelí prohibió la publicación de todo material que aborde esa cuestión. La verdad no saldrá a la luz hasta que la paz y la democracia regresen a Israel.
El Hezbollah libanés y el movimiento yemenita Ansar Allah rechazaron inicialmente unirse al enfrentamiento del Hamas contra el Estado hebreo, pero acabaron haciéndolo, en un esfuerzo por detener la matanza de civiles palestinos. El horror que todos vivimos en aquel momento era muy mal consejero. Una vez más, muchos de nosotros asumimos la perspectiva de un conflicto racista, entre judíos y árabes, cuando en realidad, en mi opinión, el único combate justo es la lucha por la igualdad entre todos los hombres.
Sin darse cuenta, el “Eje de la Resistencia” se vio arrastrado a una lucha que no le correspondía, contra la existencia de un Estado exclusivamente judío. Al hacerlo, se ganó la hostilidad de Estados Unidos, ahora empeñado en aplastarlo. Lo que vino después, el asesinato del secretario general del Hezbollah libanés –un líder laico que no defendía la creación de un Estado religioso– fue sólo el principio del fin.
El Guía de la Revolución de la República Islámica de Irán, el ayatola Alí Khamenei, fue asesinado por Israel, con el consentimiento del presidente estadounidense Donald Trump, después de haber aceptado la alianza con la facción antisemita del Hamas.
Nuestro deber es sacar enseñanzas de los hechos. No todas las alianzas son aceptables. No es posible ganar junto a individuos que difieren de nosotros sobre algo tan fundamental como la igualdad entre todos los seres humanos. De hecho, esos son tan enemigos como aquellos contra quienes luchamos actualmente.
No es casualidad que elementos de la llamada izquierda europea, que apoyaron íntegramente al Hamas, militen hoy en apoyo a corrientes antidemocráticas, como los que se hacen llamar “antifascistas” cuando en realidad matan a quienes no piensan como ellos.
No es un deshonor replegarse ante un adversario militarmente superior y asumir la necesidad de años de resistencia, pero sí lo es tratar de vencer junto a enemigos del género humano.
El “Eje de la Resistencia” es un concepto propio de la defensa iraní, basado en la movilización de las minorías chiitas del Medio Oriente. Inicialmente, se trataba de capitalizar la simpatía que la revolución islámica del ayatola Rulah Khomeiny había suscitado para armar y organizar las minorías chiitas. Aquella revolución representaba la liberación del colonialismo anglosajón. Garantizar la protección de Irán era, para todos los que luchaban contra el capitalismo, una necesidad. La interpretación del islam que el imam Khomeiny promovía convertía el culto chiita del dolor en una fuerza, recordando que el imam Alí había luchado y se había sacrificado por la justicia. Su ejemplo mostraba a todos el camino a seguir.
Pero ese sistema de “proxis” o intermediarios violaba la soberanía de los Estados en los que esas minorías chiitas creaban sus grupos armados. Eso se hizo insoportable para aquellos Estados en 2011, cuando la mayoría chiita se sublevó en Bahréin, y debido al subsiguiente intento de derrocar la familia real bahreiní, que es sunnita.
Fue en aquel momento cuando Qassem Soleimani fue ascendido al grado de mayor general. Soleimani transformó el Eje de la Resistencia proponiendo a cada una de las organizaciones implicadas actuar de manera independiente y realizar por sí mismas la revolución khomeinista en su propio país. En pocos años, Irán dejó de tener “proxis” ya que estos se convirtieron en milicias extranjeras aliadas. Cristianos y sunnitas se sumaron a los combatientes de la base chiita. El temor que esas milicias inspiraban a los gobiernos de sus países iba in crescendo. Con Irán y Siria, el Hezbollah libanés, el Hachd al-Chaabi iraqui, el movimiento yemenita Ansar Allah y muchos más, el Eje de la Resistencia se convirtió en la fuerza armada más importante del Medio Oriente.
El Guía de la Revolución iraní, el ayatola Alí Khamenei, tratando de reunir todo el mundo musulmán bajo su autoridad, comenzó a establecer relaciones con grupos que no compartían la concepción del antiimperialismo del imam Khomeiny. Así comenzó a suministrar armamento al Hamas, la rama palestina de la Hermandad Musulmana, que a partir de 2014 empezó a acoger en sus filas miembros de la resistencia palestina.
Históricamente, el Hamas había surgido de la incorporación de los discípulos de Izz al-Din al-Qassam (1882-1935) a la Hermandad Musulmana –de ahí el nombre de las Brigadas Izz al-Din al-Qassam, la principal fuerza armada del Hamas. La estrategia del Hamas se caracteriza por no tener en cuenta la diferencia entre blancos militares y objetivos civiles, un modo de acción militar que Occidente denomina “terrorismo”. Izz al-Din al-Qassam fue el organizador de los pogromos de 1935 en Palestina.
No recuerdo con precisión si fue en 2011 o en 2012 cuando el ayatola Alí Khamenei me invitó a una conferencia panislamista que estaba organizando en Teherán. Aunque yo soy católico, Khamenei consideraba que mi lucha por la verdad me convertía en “musulmán”. Todas las denominaciones musulmanas del mundo estaban representadas en aquella conferencia, desde los ismaelitas hasta los talibanes, pasando por los wahabitas y los sufistas. Durante los recesos para comer, yo iba de una mesa a otra, tratando de seguir las discusiones. Como no hablo árabe ni farsi, hacía preguntas en inglés. Y rápidamente noté que cada grupo hablaba mal de los demás. La unidad era sólo una fachada. Recuerdo que me sorprendió la animosidad de los miembros de Al-Qaeda y de la Hermandad Musulmana hacia el Guía Supremo iraní (chiita) que los había invitado.
Regresemos al Hamas. Es absurdo ver el Hamas como una entidad homogénea, sin tener en cuenta que desde 2014 esa organización se compone de dos corrientes diferentes. Para los palestinos era muy difícil enrolarse en las redes clandestinas de la resistencia. En 2007, el Hamas ganó las elecciones en Gaza. Eso le dio visibilidad. Los palestinos deseosos de incorporarse a la resistencia, pero decepcionados por al-Fatah, comenzaron a enrolarse en el Hamas. En 2014, cuando ya era evidente que los yihadistas habían sido derrotados en Siria, por el presidente Bachar al-Assad, los palestinos que se incorporaban al Hamas comenzaron a exigir que este cortara sus vínculos con la Hermandad Musulmana, que había luchado contra la República Árabe Siria. La mención que presentaba al Hamas como “Rama Palestina de la Hermandad Musulmana” fue eliminada de los documentos oficiales de la organización.
El presidente sirio Bachar al-Assad tuvo que combatir al Hamas, en 2012, cuando miembros de esa organización –acompañados de agentes del Mossad israelí y de elementos de Al-Qaeda– comenzaron a asesinar líderes palestinos refugiados en Yarmouk, aglomeración urbana palestina en Damasco, la capital siria. Pese a ello, el presidente Assad recibió al alcalde de Gaza, Khalil Hayya, el 19 de octubre de 2022. Pero siempre se negó a recibir a los miembros del Hamas que mantenían vínculos con la Hermandad Musulmana.
Es importante entender bien la naturaleza de ese conflicto: la Hermandad Musulmana y los miembros del Hamas vinculados a ella luchan por instaurar un califato, un Estado musulmán que se extendería hasta abarcar el mundo entero, mientras que los antimperialistas luchan por la creación un Estado palestino que sería parte de un Estado binacional judeo-árabe. Los documentos oficiales del Hamas posteriores a 2014 mantienen la ambigüedad sobre esa cuestión.
En 2012 o 2013 pude conversar con el embajador del Hamas en Teherán, durante un almuerzo organizado por el ministro de Exteriores de Irán –estaba sentado a la derecha del ministro y yo estaba frente a él. Aproveché la ocasión para preguntarle por qué su organización había asesinado a mis amigos del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) en Damasco. El representante del Hamas lo negó. La conversación subió de tono. El ministro iraní seguía el intercambio, dejándome hablar y sin intervenir, hasta que, súbitamente, puso fin a la discusión y al almuerzo.
El 18 de junio de 2025, o sea, después de la caída del presidente sirio Bachar al-Assad, el Guía General interino de la Hermandad Musulmana, Salah Abdel Haq, propuso al ayatola Alí Khamenei hacer «la unidad de la Umma islámica» para enfrentar «el enemigo común» que es «la entidad sionista». Es importante determinar siempre el orden de prioridades. Al aceptar aquel compromiso, Khamenei ganó poder y consolidó la unidad del mundo musulmán pero abandonó su principal ideal: la igualdad entre todos los hombres.
Los israelíes prisioneros de la resistencia palestina generalmente reciben un trato correcto, según los testimonios de los rehenes liberados en Gaza. Pero no fue así en algunos casos, se dice que el jefe del Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, había ordenado hambrearlos.
La unidad panislamista se derrumbó a causa de sus propias contradicciones, con la operación “Diluvio de Al-Aqsa”. El 7 de octubre de 2023, el Hamas lanzó un gran ataque contra Israel, probablemente con la complicidad de Benyamin Netanyahu, hipótesis que mencioné inmediatamente en diferentes artículos y videos. El parlamento israelí prohibió mencionar esa posibilidad, bajo pena de 5 años de cárcel, y la censura militar israelí prohibió la publicación de todo material que aborde esa cuestión. La verdad no saldrá a la luz hasta que la paz y la democracia regresen a Israel.
El Hezbollah libanés y el movimiento yemenita Ansar Allah rechazaron inicialmente unirse al enfrentamiento del Hamas contra el Estado hebreo, pero acabaron haciéndolo, en un esfuerzo por detener la matanza de civiles palestinos. El horror que todos vivimos en aquel momento era muy mal consejero. Una vez más, muchos de nosotros asumimos la perspectiva de un conflicto racista, entre judíos y árabes, cuando en realidad, en mi opinión, el único combate justo es la lucha por la igualdad entre todos los hombres.
Sin darse cuenta, el “Eje de la Resistencia” se vio arrastrado a una lucha que no le correspondía, contra la existencia de un Estado exclusivamente judío. Al hacerlo, se ganó la hostilidad de Estados Unidos, ahora empeñado en aplastarlo. Lo que vino después, el asesinato del secretario general del Hezbollah libanés –un líder laico que no defendía la creación de un Estado religioso– fue sólo el principio del fin.
El Guía de la Revolución de la República Islámica de Irán, el ayatola Alí Khamenei, fue asesinado por Israel, con el consentimiento del presidente estadounidense Donald Trump, después de haber aceptado la alianza con la facción antisemita del Hamas.
Nuestro deber es sacar enseñanzas de los hechos. No todas las alianzas son aceptables. No es posible ganar junto a individuos que difieren de nosotros sobre algo tan fundamental como la igualdad entre todos los seres humanos. De hecho, esos son tan enemigos como aquellos contra quienes luchamos actualmente.
No es casualidad que elementos de la llamada izquierda europea, que apoyaron íntegramente al Hamas, militen hoy en apoyo a corrientes antidemocráticas, como los que se hacen llamar “antifascistas” cuando en realidad matan a quienes no piensan como ellos.
No es un deshonor replegarse ante un adversario militarmente superior y asumir la necesidad de años de resistencia, pero sí lo es tratar de vencer junto a enemigos del género humano.