8 mar 2026

EL CIRCO Y SU DESVERGUENZA





¿De qué se reían Messi y Trump en la Casa Blanca? Los ecos de la visita del astro futbolístico al presidente de Estados Unidos.

Por Gustavo Veiga

08 de marzo de 2026 - 0:01


El saludo de Messi con Donald Trump (YURI GRIPAS / POOL/EFE)


Vivimos en la impostura de la posmodernidad. Un criminal de guerra sospechado de pedófilo cree ser merecedor del Nobel de la Paz. Trump sueña con Gaza convertida en un resort para multimillonarios y aventura sin pudor que debería designar al futuro líder religioso de un Irán arrasado por sus bombas. Da igual si dice eso o compara a Messi con Pelé. Comenta que el argentino es mejor. Se sonríe con De Paul y Mascherano. Es lo mismo si habla de fútbol o anuncia que cambiaría “el nombre del Golfo de México por el de Golfo de América”. Como en el cuento de Andersen, el rey de jopo desflecado está desnudo. Los carteles de “No King” se multiplican por la geografía de Estados Unidos y él finge que no le importa.

John Gartner, psicólogo y exprofesor de la Universidad Johns Hopkins –la misma que nos informaba sobre la propagación del Covid en la pandemia-, declaró en enero pasado: “Cuando comparo a Trump con Hitler es que están cortados por el mismo patrón y tienen el mismo trastorno de personalidad”.
El presidente de EE.UU. destila elevadas dosis de un narcisismo que se alimenta de poderosos gestos simbólicos. Un narcisismo “maligno”, según 200 profesionales de la salud mental en su propio país que siguieron su comportamiento.

La visita de Messi y sus compañeros del Inter Miami a la Casa Blanca le aportó a Trump el capital político que suelen entregar los deportistas por su repercusión pública. Y más tratándose del mejor futbolista del planeta. ¿Qué habrán pensado de semejante espectáculo los inmigrantes en EE.UU. que el ICE persigue, apalea, detiene y deporta esposados a sus naciones de origen con o sin documentos?

Messi convalidó con su presencia lo que podría haber evitado con su ausencia. Quedar asociado a un personaje que enjuagó su sadismo guerrerista con agua bendita para su imagen. Una imagen inmoral y en declive pronunciado.

Trump fue un anfitrión desopilante de un show televisivo al estilo Gran Hermano. Hizo chistes cómplices. Él conducía y Messi entró a la casa como si nada. No hacía falta un casting previo.
¿Podría haber evitado el encuentro como hizo con Joe Biden cuando no asistió al mismo lugar a recibir la medalla presidencial a la libertad en enero de 2025? Claro que sí. A no ser que se convalide la idea de que lo llevaron forzado. Sería extraño.

La capitana de la selección de fútbol de EE.UU., Megan Rapinoe, y sus compañeras no aceptaron visitar a Trump cuando salieron campeonas del mundo en 2019. Y el soccer de mujeres es más popular que el de varones en Estados Unidos. El presidente tildó a las jugadoras de “grupo radical de maníacas de izquierda”. A Messi, en cambio, le dijo que era su fan.

Por eso el capitán del seleccionado argentino no tiene defensa. Suele dejar así a sus rivales cuando los encara de pantalones cortos. Pero quedó en offside vestido de traje y en la gala que brindó Trump en el Salón Oval. Si fue por convicción propia, es lamentable. 

Y más lamentable si lo hizo porque es la cara comercial más visible de un Mundial cuya sede en EE.UU. debería cancelarse o modificarse. Como ya sucedió cuando Rusia fue suspendida por la FIFA después de invadir Ucrania. Un doble rasero sin atenuantes. Pero claro, Messi juega para una sociedad anónima de Miami y el viscoso y genuflexo de Infantino se babea con lo que recaudará su organización. Las audiencias anestesiadas por el fútbol pagarán para ver los partidos. Mientras el planeta se quema y seguirá quemándose con misiles que descuartizan niños indefensos en Irán, Gaza o el Líbano.

México y Canadá podrían reemplazar a Estados Unidos porque tienen infraestructura suficiente y sedes preparadas para la Copa. Nunca debería ser Irán el excluido -es probable que la FIFA haya desparramado la idea para tantear el terreno– ya que el país fue atacado por la sofisticada maquinaria bélica de Estados Unidos e Israel. A la operación la bautizaron Furia Épica. Una épica que destruyó la escuela de Minab, al sur de Teherán, con niñas adentro mientras estudiaban y mató a varias decenas de pequeñas.

Trump y Netanyahu son dos tipos peligrosos para la vida en este mundo. Messi tendría que saberlo. Eligió salir en una foto evitable. No como los millones de imágenes que le toman cuando juega. Que siga destacándose por su destreza con la pelota y su liderazgo en una cancha. No porque sea noticia su presencia junto al presidente de un imperio que volvió al mundo irrespirable.