Antònia Crespí Ferrer. Público.es
Feb 15, 2026
Entre su primera presidencia y la segunda, Trump creó todo un nuevo circuito de ‘podcasters’ e ‘influencers’ que fueron ganando terreno como vía de información alternativa a los medios tradicionales. Las réplicas del despido masivo en el diario estadounidense The Washington Post, con 300 periodistas en la calle, han sacado a la superficie la crisis multifactorial que sufren los medios estadounidenses. A los problemas económicos de base, el cambio del modelo de negocio, la pérdida de confianza de los lectores y la aparición de las imágenes creadas por la IA, se les suma una capa más: la erosión de su papel como cuarto poder.
El presidente Donald Trump ha sido clave para minar la tarea de fiscalización de los periodistas; no solo por acorralarlos en esta administración, sino por eliminar la rendición de cuentas que era propia de una manera de hacer política que desapareció con Trump.
«El periodismo en EEUU ha podido ser tan bueno porque los periodistas hacían bien su trabajo, pero porque también existía un sistema de rendición de cuentas de los políticos. Y cuando eso empieza a desmoronarse, los periodistas estadounidenses no saben qué hacer», expone el profesor de periodismo de la Universidad de Columbia Jonathan Soma. Para Soma, una de las capas que se suman a toda la crisis financiera de los grandes medios tradicionales en EEUU es esta sensación, a escala global, por parte de «quienes están en el poder de que no necesitan rendir cuentas y por eso pueden dar respuestas tontas, ignorar preguntas o expulsar a los periodistas».
Las redacciones estadounidenses se encuentran en un punto en el que se ha solapado la crisis del modelo de negocio periodístico y la expansión del tsunami de desinformación con las imágenes generadas por IA, con un momento político en el que se quiere anular la capacidad de fiscalización de los medios.
«Ahora que el sistema empieza a desmoronarse, los periodistas estadounidenses no saben qué hacer. Dicen: Oh, tal vez mañana será mejor o quizá simplemente reportaremos con más intensidad. Pero creo que ahora es un momento para que los periodistas estadounidenses aprendan de los periodistas del resto del mundo que han tenido que lidiar con regímenes antiperiodistas, en lugares como Brasil, Hungría, Filipinas… para poder salir de esto».
Las redacciones estadounidenses se encuentran en un punto en el que se ha solapado la crisis del modelo de negocio periodístico y la expansión del tsunami de desinformación con las imágenes generadas por IA, con un momento político en el que se quiere anular la capacidad de fiscalización de los medios.
«Ahora que el sistema empieza a desmoronarse, los periodistas estadounidenses no saben qué hacer. Dicen: Oh, tal vez mañana será mejor o quizá simplemente reportaremos con más intensidad. Pero creo que ahora es un momento para que los periodistas estadounidenses aprendan de los periodistas del resto del mundo que han tenido que lidiar con regímenes antiperiodistas, en lugares como Brasil, Hungría, Filipinas… para poder salir de esto».
Durante su primer mandato, Trump ya se encargó de atacar a los medios tradicionales, acusándolos de fake media y similares. Aún así, el presidente seguía dependiendo del ecosistema mediático tradicional y estaba obsesionado con las noticias que los periódicos publicaban sobre él. En los años de impás entre su primera presidencia y la segunda, el trumpismo se encargó de ir creando todo un nuevo circuito de podcasters e influencers que fueron ganando terreno entre los seguidores del presidente como vía de información alternativa a los medios tradicionales.

Ahora, Trump ha llenado la sala de prensa de la Casa Blanca con esos podcasters y new media ultraconservadores que han crecido a la sombra del movimiento MAGA. La irrupción de estos medios alineados con la agenda de Trump ha estado minando el papel fiscalizador que tienen las ruedas de prensa diarias de la Casa Blanca, a la vez que ha dado más margen de maniobra al mandatario para atacar y acosar a los medios tradicionales. Ya sea en forma de vetos o demandas millonarias, como contra las cadenas ABC y CBS, y The New York Times así como The Wall Street Journal. En los casos de las dos televisiones, las compañías decidieron enterrar la disputa judicial pasando por caja.
Soma apunta que los litigios judiciales también sirven para agravar los problemas económicos que muchos medios sufren, obligándolos a elegir entre asumir el coste de la noticia o no publicarla. «Las demandas son una de las formas favoritas de los regimenes autoritarios para atacar a los periodistas, usando demandas frívolas que les hacen perder tiempo y dinero, y hemos visto esto en todo el mundo», señala.
Soma apunta que los litigios judiciales también sirven para agravar los problemas económicos que muchos medios sufren, obligándolos a elegir entre asumir el coste de la noticia o no publicarla. «Las demandas son una de las formas favoritas de los regimenes autoritarios para atacar a los periodistas, usando demandas frívolas que les hacen perder tiempo y dinero, y hemos visto esto en todo el mundo», señala.

Aunque el editor de The Washington Post vinculase los despidos con los efectos de la IA en los motores de búsqueda, para Soma los recortes tienen que ver con un problema estructural que ya se había estado cocinando desde que Jeff Bezos, el propietario de Amazon, adquirió la cabecera. «Mucha gente está preocupada por la industria de las noticias y la posibilidad de la inteligencia artificial reemplazando el trabajo de los periodistas. Pero lo que pasó en el Post está más bien relacionado con Bezos y con la manera en que se ha gestionado el periódico en los últimos años: el giro más hacia la derecha en el lado editorial, la pérdida de lectores, cosas así.
Esto es algo que le pasó específicamente al Post, independientemente de la IA o de todas esas cosas; es simplemente Bezos haciendo algo muy a su estilo», argumenta el profesor de periodismo.
Aunque sí que también añade que bebe de los problemas económicos que azotan al periodismo en Estados Unidos. El periódico del Watergate no es el único en sufrir una sangría de trabajadores en los últimos años. En 2024 Los Ángeles Times despidió al 20% de su plantilla, mientras que 2025 estuvo marcado por pérdidas valoradas en unos 50 millones de dólares.
Para Soma la crisis estructural en el modelo económico radica en que los medios se encuentran en un momento de «transición» en lo que respecta al modelo de negocio. «Estamos pasando por un período de transición, en el que las redacciones grandes y tradicionales como The Washington Post están yendo a redacciones más pequeñas, modernas y ágiles, que quizá se centran en la participación de la comunidad. Son redacciones más específicas y pequeñas en las que la gente quizá confía más», explica el profesor, que resalta que «tenemos un problema de confianza, especialmente en la era de la inteligencia artificial».
