14 feb 2026

SISTEMA, DOMINACION Y CIPAYOS

De Milei a Bukele, las consecuencias del culto a Silicon Valley en el Sur Global. La fantasía de un mundo aséptico, sin Estado ni política

Por Dylan Resnik

13 de febrero de 2026


Javier Milei se reúne por tercera ocasión con el magnate Elon Musk en Nueva York (Presidencia de Argentina/EFE)


¿Qué une a Javier Milei con Nayib Bukele, el presidente de El Salvador? ¿Y con Mark Zuckerberg y Elon Musk? 
El imperativo de no-intervencionismo estatal es alzado por las big tech, impulsado por la Casa Blanca y replicado en países como El Salvador y Argentina, donde los efectos se vuelven contra los sectores más vulnerables. Qué se esconde detrás de las narrativas tecnolibertarias.

Los 10 mil kilómetros que separan a la Casa Rosada de Silicon Valley se borran de un plumazo cuando se miran de cerca los discursos de los dirigentes y magnates y se pone la lupa sobre las narrativas tecnolibertarias que inundan sus idearios. Es un rumor que suena entre los valles de San Francisco y tiene su eco en el Sur Global. Un mantra repetido por políticos y empresarios: no hay nada más eficiente y transparente que la tecnología.

La irrupción de la inteligencia artificial llegó con la promesa bajo el brazo de lograr algo superior al ser humano. Eso sí, siempre y cuando se deje a las empresas actuar con libertad. Regular, en este mantra ideológico, se pronuncia igual que atentar. El win-winismo es la doctrina madre de todas las batallas: libertad de empresa es hacer que ganen todos.

Jorge Orovitz Sanmartino es doctor en Ciencias Sociales por la UBA. En una extensa entrevista con Página|12, analiza lo que se esconde detrás de las utopías tecnolibertarias, donde conviven economistas como Milton Friedman con un recalcitrante capitalismo de la vigilancia y la promesa de un mundo aséptico, sin Estado ni política.

En un estudio reciente publicado en la revista Visioni LatinoAmericane, el también director de la nueva Diplomatura en Privacidad y Protección de Datos Personales en la UNTREF —que comienza en abril, con un staff de docentes de nivel internacional y tiene las inscripciones abiertas— aborda este tema a partir de dos casos en particular: el de Bukele en El Salvador y el de Milei en Argentina.

¿Qué se entiende por “narrativas tecnolibertarias” y de dónde surge el concepto?

Jorge Orovitz Sanmartino: Es un concepto que se viene discutiendo en el campo académico. Tiene que ver con un conjunto de discursos, de imaginarios y relatos que presentan a la tecnología, a la inteligencia artificial y la tecnología digital como fuerzas liberadoras capaces de resolver problemas complejos, sociales y políticos de una manera simple, sin intermediación política, sin la corrupción, sin la burocracia, sin la mediación de la política y las instituciones. Esto encaja perfecto en el imaginario libertario propiamente dicho de la sospecha, de la denuncia de las instituciones públicas, del Estado, de la política como robo, como equivalente a la mafia, como dijo Javier Milei.
¿Y cuándo surge este concepto?

En los últimos 10 años. Toda la bibliografía está relacionada en particular con la inteligencia artificial, que lo que hace es acelerar la capacidad de procesamiento de datos, lo que permite también resultados que en políticas públicas se utilizan mucho. Inferencias sobre cómo puede el procesamiento de datos estadístico permitir generar perfiles y generar situaciones que permitan también ser preventivos. Por ejemplo, en el campo de la salud, en el campo del transporte y en el campo ambiental tiene una cantidad importante de aplicaciones. Ahora, este imaginario tecnolibertario lo que permite es imaginar un espacio autoregulado sin la política, sin las mediaciones, sin la deliberación democrática.


US President Donald Trump meets with El Salvador President Nayib Bukele (KEN CEDENO / POOL/EFE)

¿Por qué es importante estudiar estos discursos en dos países como El Salvador y Argentina?


Porque son una expresión clara, químicamente pura, de la utopía tecnológica libertaria. Bukele se hizo fanático de las monedas digitales basado en la narrativa de la libertad de las personas contra cualquier regulación. Los libertarios norteamericanos ya habían imaginado territorios independientes de cualquier Estado, basados en monedas digitales, donde no existe la democracia sino la asociación de accionistas viviendo en un mundo sin Estado.

En el caso de Bukele, agitó popularmente la idea de que el bitcoin le daba a la población más autonomía individual y la posibilidad de ser libres en sus transacciones evitando cualquier regulación del sistema financiero estatal y evitando la inflación monetaria. Sabemos que finalmente este experimento fracasó. Pero el territorio sin ley de las criptomonedas siempre termina perjudicando a los pequeños ahorristas y beneficiando a los administradores, y a los amigos del poder. Un caso de estafa abierta con criptomonedas lo tenemos en el propio Milei y el caso $Libra.

Milei, por su lado, declaró públicamente en la televisión que el Estado podría ser sustituido por robots, como ciertos hoteles de Japón. Es una narrativa que imagina la toma de decisiones basada en algoritmos eficientes, que pueden pasar por encima de la “interferencia política”, de la burocracia, que nos ahorraría dinero despidiendo a los trabajadores del Estado. Pero el mito del gobierno por el algoritmo se basa en creer que la inteligencia artificial es neutra, pero en realidad la política no desaparece, el poder no desaparece, se concentra en las manos de los dueños de dichos algoritmos. La superación de la “casta” y de la “política” no da como resultado eficiencia gubernamental, sino la concentración del poder en manos de los grandes dueños de los sistemas algorítmicos.


Feria Tecnología - Las Vegas The EngineAI T800 humanoid robot is demonstrated during the annual Consumer Electronics Show (CES) in Las Vegas, Nevada on January 6, 2026. (Photo by Patrick T. Fallon / AFP) (PATRICK T. FALLON/AFP)

¿Qué consecuencias tienen estos discursos sobre las poblaciones?

La operación quizá no es fácil de ver, pero la tecnología aparece como una vía de escape frente a la soberanía democrática: cuanto más automatizada, descentralizada o algorítmica es la decisión, menos lugar queda para la deliberación colectiva, la regulación pública o el control ciudadano. Todas estas son formas de blindar el poder económico de la soberanía popular.

Entonces vemos otro aspecto de la narrativa tecnolibertaria: la profunda desconfianza en las instituciones democráticas. Porque toda decisión que toma la comunidad mediante leyes se vuelve un obstáculo para la libre valorización del capital. De ahí que la narrativa libertaria pretenda sustituir las decisiones políticas democráticas por procedimientos tecnocráticos. El tecnolibertarianismo, en consecuencia, es profundamente autoritario.

¿Por qué estas narrativas esconden mecanismos autoritarios?

Las grandes tecnológicas norteamericanas son el sector más dinámico de la economía, junto al sector financiero y militar. Y esto tiene un peso importante a la hora de defender ese modelo de negocio desregulado y privado. La confluencia reciente de Trump con los grandes tecno oligarcas está basada en este mismo interés por mantener libre de cualquier interferencia, vale decir, de cualquier legislación que defienda los derechos ciudadanos por sobre el interés de sus ganancias.

Las tecnologías de vigilancia permiten hoy un control social sin precedentes, que haría palidecer los peores fantasmas de Michael Foucault. No es un panóptico que nos mira desde nuestro encierro, sino una vigilancia basada en la libertad de entregar nuestros propios datos que producimos cotidianamente las personas, sin darnos cuenta. Y en nombre de la seguridad nacional los Estados procuran tomar el control de esos datos.

Los contratos millonarios de Palantir y otras tecnológicas con el ICE para perseguir inmigrantes es solo un ejemplo. La vigilancia gubernamental y el capitalismo de vigilancia son dos caras de la misma moneda. Es imposible proteger la privacidad del autoritarismo sin abordar la privacidad del consumidor. Los gobiernos no podrían ejercer el nivel de vigilancia que ejercen sin la vigilancia comercial de los datos que nosotros mismos aportamos en nuestra vida cotidiana sin darnos cuenta.


¿Y cómo se traduce este discurso en Argentina? Teniendo en cuenta los acuerdos comerciales con Estados Unidos y con OpenAI, que prometió una inversión millonaria.

Primero hay que aclarar que con el acuerdo con OpenAI a los dos días se dijo que no era cierto, que no iban a establecerse data centers. Pero pongamos que sí, porque es la política, Argentina no va a tener ventajas en la cadena de valor. El data center puede estar acá, puede haber un procesamiento, pero los grandes beneficiados desde el punto de vista de las innovaciones tecnológicas siguen siendo los centros imperiales.

En ese sentido no es verdad que se proponga un encadenamiento tecnológico que pueda ubicar a la Argentina, como dijo Milei, en el cuarto productor o el cuarto hub de inteligencia artificial. Para que esto suceda deberían desarrollarse capacidades tecnológicas propias y en conjunción con aquellos países que puedan compartirlas. Puede ser Brasil, pueden ser los países del sur global, países de América Latina, pero no las grandes compañías que no comparten las innovaciones tecnológicas.


Sam Altman, creador de ChatGPT, junto a Javier Milei durante la reunión que mantuvieron en San Francisco

Además, en el imaginario está la posibilidad de comprar servicios ya hechos, llave en mano, como lo hace El Salvador con su sistema de plataformas educativas, que eviten el sistema educativo y está en manos de Google. Es un servicio público educativo manejado por una gran corporación privada, como si uno fuera un cliente y no un ciudadano escolarizado.

Estos servicios no son neutros porque impiden otros caminos, impiden otras variantes de desarrollo que sí son posibles, que sí son reales, que pueden concretarse a través de un plan estratégico de innovación tecnológica. Y lo que está faltando es eso, un plan estratégico de innovación tecnológica. Los reactores nucleares para enfriar los centros de datos no son un encadenamiento, no son una innovación tecnológica. Yo por lo menos en este punto no le veo realmente un futuro. No veo que estas promesas libertarias puedan hacerse realidad, para nada.

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