Por Juan Francia
23 de febrero de 2026

Activistas se congregan cerca de la plaza Jean Jaurès en Lyon, durante una marcha en homenaje al fallecido simpatizante de extrema derecha Quentin Debranque. (EFE/EFE)
La muerte en Lyon de Quentin Deranque como consecuencia de una pelea callejera entre fascistas y antifascistas el jueves 12 de febrero pasado, desató un verdadero linchamiento político y mediático en Francia contra el principal movimiento político de izquierda La Francia Insumisa (LFI), liderado por Jean-Luc Mélenchon. Quentin tenía 23 años y era militante del colectivo Némesis, un grupo de extrema derecha que se caracteriza por su discurso xenófobo, antimusulmán, racista y anti-trans.
La muerte de un joven de ultraderecha como consecuencia de una pelea entre fascistas y antifascistas en Lyon dio pie a que el partido de Melenchon fuera demonizado por las otras fuerzas políticas.
Todo comenzó el día 12 a las 17.30 cuando un grupo de 7 mujeres de Némesis frente al Instituto de Estudios Políticos de Lyon colocó una banderola repudiando la presencia en esa casa de estudios de la eurodiputada por LFI Rima Hassan, quien acudió a dar una conferencia. Rápidamente otro grupo de individuos se hizo presente para arrancar la banderola, en lo que pareció ser una disputa entre estudiantes universitarios. Media hora más tarde dos grupos de encapuchados se enfrentaban a algunos metros del Instituto, uno de extrema derecha y el otro antifascista. Luego de un breve intercambio de golpes los miembros de Némesis se retiraron pero Deranque y otros dos amigos quedaron aislados y fueron golpeados. Deranque fue hospitalizado y murió dos días después víctima de una conmoción cerebral.
Entre los antifascistas habría miembros del colectivo disuelto por el gobierno el año pasado denominado la Joven Guardia, organización de la que el joven diputado insumiso Raphaël Arnault es uno de sus fundadores y uno de sus asistentes parlamentarios habría estado en el lugar de los hechos. La escena estaba servida para que los adversarios de la derecha que hace tiempo acusan a LFI de ser la fuente de casi todos los males que amenazan a Francia, buscaran sacar el máximo provecho político de la muerte de Quentin.
Desde entonces se puso en marcha toda la batería mediática y política de los partidos que van desde la extrema derecha pasando por el denominado extremo centro del macronismo y aliados, hasta la izquierda “responsable”, se apresuraron a condenar al movimiento liderado por Mélenchon y adjudicar una “responsabilidad moral”, como lo hizo la portavoz del gobierno Maud Bregeon. “Tienen las manos manchadas de sangre” dramatizó el diputado Laurent Wauquiez, buscando el protagonismo que ha perdido frente a su rival dentro del partido Los Republicanos, Bruno Retailleau, actual candidato a presidente por esa fuerza política de derecha. Éste último no quiso quedarse atrás en la carrera por ver quien llegaba más lejos en fustigar a LFI, y utilizó una frase marketinera “la extrema izquierda mata”.
El eurodiputado por Plaza Pública, la izquierda civilizada, Rafael Glucksmann, pareció jurar por los santos evangelios de la Social Democracia cuando dijo “es impensable albergar la mínima duda de que sea posible una alianza con LFI” para las presidenciales de 2027. Han sido escasas las voces que se han atrevido a disentir con el tsunami inquisidor, como la del diputado comunista Stéphan Peu que dijo que le perturbaba “la explotación que se hace de este drama”, “la demonización a cualquier precio” de la fuerza política de Mélenchon. En este mismo sentido la candidata presidencial por Lucha Obrera, Nathalie Arthaud, dijo que “la instrumentalización de lo que pasa es escandalosa y es la ocasión soñada para la extrema derecha, la derecha y el gobierno de quedarse con la piel de Jean-Luc Mélenchon y de La Francia Insumisa”.
Por su parte el fuego mediático contra los insumisos se ha traducido en tapas de periódicos y revistas y editoriales contra LFI, llegándola a presentar como una fuerza fascista y antidemocrática. Verdaderos juicios mediáticos contra miembros de la fuerza política de izquierda, en particular contra la eurodiputada Rima Hassan, el diputado Raphaël Arnault y el líder de los insumisos Jean-Luc Mélenchon. Los medios hegemónicos presionan para que LFI suspenda a Aranult por su supuesta vinculación moral, porque al momento de los hechos que costaron la vida a Deranque el diputado se encontraba en la Asamblea Nacional y no hay posibilidad de asociarlo materialmente al crimen; también reclaman que se censure a la eurodiputada Hassan, porque atribuyen a sus intervenciones en las universidades francesas ser la causa del desorden público.
El intento de aislar y construir un “cerco sanitario” alrededor de LFI no es nuevo, pero lo novedoso de la actualidad es la virulencia de los ataques y la coordinación de casi todo el arco político, con los grandes medios de comunicación. Las clásicas etiquetas que han instalado contra LFI de “antisemitismo”, “peligro para la república”, “fascistas de izquierda” o “ultraizquierdistas”; aunque no guarden relación con la realidad, continúan repitiéndose y una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en una verdad, decía el ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels. No existe ninguna condena judicial contra integrantes de LFI por antisemitismo, como si existen contra miembros de la extrema derecha de Agrupamiento Nacional, RN. Y la calificación de ultraizquierda tampoco se condice con el programa político de LFI.
La histeria desatada contra LFI, sus militantes y Mélenchon recuerda a las cacerías del macartismo en Estados Unidos, o los pogromos contra los judíos y no es inocua. Esta última semana se han multiplicado los ataques vandálicos contra locales de LFI en toda Francia llegando a la evacuación de la sede central de París, por amenaza de bomba el miércoles pasado. El presidente de LFI Manuel Bompard expresó su inquietud por el aumento de las amenazas de muerte en las redes sociales contra candidatos insumisos para las elecciones municipales del mes próximo.
El sábado 21 de febrero unas tres mil personas manifestaron en Lyon en homenaje a Quentin Deranque. Los manifestantes de extrema derecha, llegaron de toda Francia, e incluso de otros países europeos como Italia, Suiza o Polonia. En el cortejo, mayormente compuesto por hombres jóvenes, se vieron algunos saludos nazis, se escucharon consignas homófobas, contra los musulmanes, los antifascistas, Mélenchon y LFI.
No obstante que la eurodiputada de extrema derecha Marion Maréchal, dice que la violencia de su familia política es “irrisoria” comparada con la de la extrema izquierda; LFI dio a conocer una lista de 12 personas asesinadas por la extrema derecha en los últimos cuatro años, contra una sola víctima mortal provocada por los antifascistas, Quentin Deranque. Entre las víctimas del odio xenófobo figura el rugbier argentino Federico Martín Aramburu, asesinado en marzo de 2022 por Loïk Le Priol, un extremista del Grupo Unión Defensa, GUD, una organización anticomunista disuelta en 2024.
El gobierno de Macron prevé una reunión esta semana para abordar la problemática de los grupos de acción violenta. Pero el tribunal de inquisición mediático y político que se puso en marcha esta última semana focalizado en LFI y los antifascistas, crea el clima para que se tomen medidas contra esas organizaciones.
En este escenario de intolerancia en el discurso político y de condenas mediáticas, donde la izquierda está dividida, la extrema derecha de RN busca aliarse con la derecha de Los Republicanos, y aumentar sus oportunidades para la gran batalla política de la elección presidencial de 2027.
El expresidente socialista François Hollande, preocupado por quién se puede beneficiar políticamente en este río revuelto, criticó “la voluntad de meter en escena la confrontación entre la extrema derecha” con La Francia Insumisa, porque concretiza la profecía de Mélenchon: al final será “ellos” contra “nosotros”.
Entre los antifascistas habría miembros del colectivo disuelto por el gobierno el año pasado denominado la Joven Guardia, organización de la que el joven diputado insumiso Raphaël Arnault es uno de sus fundadores y uno de sus asistentes parlamentarios habría estado en el lugar de los hechos. La escena estaba servida para que los adversarios de la derecha que hace tiempo acusan a LFI de ser la fuente de casi todos los males que amenazan a Francia, buscaran sacar el máximo provecho político de la muerte de Quentin.
Desde entonces se puso en marcha toda la batería mediática y política de los partidos que van desde la extrema derecha pasando por el denominado extremo centro del macronismo y aliados, hasta la izquierda “responsable”, se apresuraron a condenar al movimiento liderado por Mélenchon y adjudicar una “responsabilidad moral”, como lo hizo la portavoz del gobierno Maud Bregeon. “Tienen las manos manchadas de sangre” dramatizó el diputado Laurent Wauquiez, buscando el protagonismo que ha perdido frente a su rival dentro del partido Los Republicanos, Bruno Retailleau, actual candidato a presidente por esa fuerza política de derecha. Éste último no quiso quedarse atrás en la carrera por ver quien llegaba más lejos en fustigar a LFI, y utilizó una frase marketinera “la extrema izquierda mata”.
El eurodiputado por Plaza Pública, la izquierda civilizada, Rafael Glucksmann, pareció jurar por los santos evangelios de la Social Democracia cuando dijo “es impensable albergar la mínima duda de que sea posible una alianza con LFI” para las presidenciales de 2027. Han sido escasas las voces que se han atrevido a disentir con el tsunami inquisidor, como la del diputado comunista Stéphan Peu que dijo que le perturbaba “la explotación que se hace de este drama”, “la demonización a cualquier precio” de la fuerza política de Mélenchon. En este mismo sentido la candidata presidencial por Lucha Obrera, Nathalie Arthaud, dijo que “la instrumentalización de lo que pasa es escandalosa y es la ocasión soñada para la extrema derecha, la derecha y el gobierno de quedarse con la piel de Jean-Luc Mélenchon y de La Francia Insumisa”.
Por su parte el fuego mediático contra los insumisos se ha traducido en tapas de periódicos y revistas y editoriales contra LFI, llegándola a presentar como una fuerza fascista y antidemocrática. Verdaderos juicios mediáticos contra miembros de la fuerza política de izquierda, en particular contra la eurodiputada Rima Hassan, el diputado Raphaël Arnault y el líder de los insumisos Jean-Luc Mélenchon. Los medios hegemónicos presionan para que LFI suspenda a Aranult por su supuesta vinculación moral, porque al momento de los hechos que costaron la vida a Deranque el diputado se encontraba en la Asamblea Nacional y no hay posibilidad de asociarlo materialmente al crimen; también reclaman que se censure a la eurodiputada Hassan, porque atribuyen a sus intervenciones en las universidades francesas ser la causa del desorden público.
El intento de aislar y construir un “cerco sanitario” alrededor de LFI no es nuevo, pero lo novedoso de la actualidad es la virulencia de los ataques y la coordinación de casi todo el arco político, con los grandes medios de comunicación. Las clásicas etiquetas que han instalado contra LFI de “antisemitismo”, “peligro para la república”, “fascistas de izquierda” o “ultraizquierdistas”; aunque no guarden relación con la realidad, continúan repitiéndose y una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en una verdad, decía el ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels. No existe ninguna condena judicial contra integrantes de LFI por antisemitismo, como si existen contra miembros de la extrema derecha de Agrupamiento Nacional, RN. Y la calificación de ultraizquierda tampoco se condice con el programa político de LFI.
La histeria desatada contra LFI, sus militantes y Mélenchon recuerda a las cacerías del macartismo en Estados Unidos, o los pogromos contra los judíos y no es inocua. Esta última semana se han multiplicado los ataques vandálicos contra locales de LFI en toda Francia llegando a la evacuación de la sede central de París, por amenaza de bomba el miércoles pasado. El presidente de LFI Manuel Bompard expresó su inquietud por el aumento de las amenazas de muerte en las redes sociales contra candidatos insumisos para las elecciones municipales del mes próximo.
El sábado 21 de febrero unas tres mil personas manifestaron en Lyon en homenaje a Quentin Deranque. Los manifestantes de extrema derecha, llegaron de toda Francia, e incluso de otros países europeos como Italia, Suiza o Polonia. En el cortejo, mayormente compuesto por hombres jóvenes, se vieron algunos saludos nazis, se escucharon consignas homófobas, contra los musulmanes, los antifascistas, Mélenchon y LFI.
No obstante que la eurodiputada de extrema derecha Marion Maréchal, dice que la violencia de su familia política es “irrisoria” comparada con la de la extrema izquierda; LFI dio a conocer una lista de 12 personas asesinadas por la extrema derecha en los últimos cuatro años, contra una sola víctima mortal provocada por los antifascistas, Quentin Deranque. Entre las víctimas del odio xenófobo figura el rugbier argentino Federico Martín Aramburu, asesinado en marzo de 2022 por Loïk Le Priol, un extremista del Grupo Unión Defensa, GUD, una organización anticomunista disuelta en 2024.
El gobierno de Macron prevé una reunión esta semana para abordar la problemática de los grupos de acción violenta. Pero el tribunal de inquisición mediático y político que se puso en marcha esta última semana focalizado en LFI y los antifascistas, crea el clima para que se tomen medidas contra esas organizaciones.
En este escenario de intolerancia en el discurso político y de condenas mediáticas, donde la izquierda está dividida, la extrema derecha de RN busca aliarse con la derecha de Los Republicanos, y aumentar sus oportunidades para la gran batalla política de la elección presidencial de 2027.
El expresidente socialista François Hollande, preocupado por quién se puede beneficiar políticamente en este río revuelto, criticó “la voluntad de meter en escena la confrontación entre la extrema derecha” con La Francia Insumisa, porque concretiza la profecía de Mélenchon: al final será “ellos” contra “nosotros”.