¿A qué viene Peter Thiel a la Argentina?
Una audiencia en la Cámara de Diputados indagando sobre el dueño de Palantir
29 de agosto de 2026

La audiencia en la Cámara de Diputados sobre Peter Thiel. Prensa Diputados
Expusieron académicos y periodistas para advertir que el país es un laboratorio del tecnofascismo. Se teme que entreguen a esta empresa de IA las bases de datos del Estado para entrecruzarlas y profundizar la motosierra, la vigilancia y la manipulación.
“La inversión de Thiel en Vaca Muerta demuestra lo que está en juego: la presencia de las corporaciones más poderosas de este nuevo capitalismo y de sus magnates, en nuestra política interna. Para Silicon Valley, el territorio nacional es un enclave para chupar los recursos que demanda la industria que controlará la economía de este siglo. Y Argentina, en la imaginación libertaria y de Thiel, queda condenada a la periferia: una economía extractiva orientada a la exportación de materias primas, situada en el extremo inferior de la cadena de valor”, dijo el Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA, Mariano Caputo, durante la audiencia informativa realizada este viernes en Cámara de Diputados de la Nación, de la que participaron 32 expositores, en su mayoría académicos y periodistas especializados.
Expusieron académicos y periodistas para advertir que el país es un laboratorio del tecnofascismo. Se teme que entreguen a esta empresa de IA las bases de datos del Estado para entrecruzarlas y profundizar la motosierra, la vigilancia y la manipulación.
“La inversión de Thiel en Vaca Muerta demuestra lo que está en juego: la presencia de las corporaciones más poderosas de este nuevo capitalismo y de sus magnates, en nuestra política interna. Para Silicon Valley, el territorio nacional es un enclave para chupar los recursos que demanda la industria que controlará la economía de este siglo. Y Argentina, en la imaginación libertaria y de Thiel, queda condenada a la periferia: una economía extractiva orientada a la exportación de materias primas, situada en el extremo inferior de la cadena de valor”, dijo el Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA, Mariano Caputo, durante la audiencia informativa realizada este viernes en Cámara de Diputados de la Nación, de la que participaron 32 expositores, en su mayoría académicos y periodistas especializados.
La iniciativa, organizada por el diputado Juan Marino (Unión por la Patria) surge del misterio que rodea a la llegada del empresario Peter Thiel a la Argentina en abril, quien se reunió con el Presidente de la Nación y ministros: de ningún encuentro trascendió absolutamente nada de manera formal. Pero es evidente que hay planes muy profundos, desde el momento en que el Gobierno está modificando y creando leyes que se adaptan perfectamente a los requerimientos de las big tech globales, prácticamente a cambio de nada positivo para el país. El pedido de informes presentado al Poder Ejecutivo, Expediente 1758-D-2026, no obtuvo respuesta.
Ofrendas para Silicon Valley
Mariano Caputo profundizó explicando que la llegada de Thiel tiene dos aristas. Por un lado, el dominio que EE.UU. reclama sobre el hemisferio occidental a partir de su confrontación con China. Por el otro, la reforma del Estado que el gobierno libertario ofrenda a Silicon Valley para la extracción de recursos minerales y energéticos que demanda la industria de la IA. El RIGI y el Súper RIGI son las principales armas jurídicas de esta avanzada contra la soberanía nacional: “El imperialismo que EE.UU. ejerce en la política y en las finanzas, se complementa con la búsqueda de garantizar la cadena de suministros para los monopolios tecnológicos.
Peter Thiel no vino
En una mesa estaban los carteles donde podrían haberse sentado Javier Milei y Peter Thiel, quienes fueron invitados a dar explicaciones. Y el evento tuvo una fuerte repercusión en medios y redes, a medida que se va instalando en la sociedad la noción del peligro que implica abrirles las puertas a empresarios como estos, íntimamente ligados a los intereses y los servicios de inteligencia de EE.UU. Mariano Caputo remató: “La presencia de Thiel en la Argentina confirma que nuestro territorio se ha vuelto un objeto de apropiación y de disputa para el desarrollo estratégico de la IA. Silicon Valley y EE.UU. lideran una doble carrera.
Ofrendas para Silicon Valley
Mariano Caputo profundizó explicando que la llegada de Thiel tiene dos aristas. Por un lado, el dominio que EE.UU. reclama sobre el hemisferio occidental a partir de su confrontación con China. Por el otro, la reforma del Estado que el gobierno libertario ofrenda a Silicon Valley para la extracción de recursos minerales y energéticos que demanda la industria de la IA. El RIGI y el Súper RIGI son las principales armas jurídicas de esta avanzada contra la soberanía nacional: “El imperialismo que EE.UU. ejerce en la política y en las finanzas, se complementa con la búsqueda de garantizar la cadena de suministros para los monopolios tecnológicos.
Donde un Estado defiende su soberanía frente a las grandes plataformas --como se hizo en Brasil--, Trump responde con aranceles. En el juego de intereses cruzados entre la política y los capitales tecnológicos, no está claro quién conduce a quién. Palantir y Thiel se presentan como los garantes del dominio estadounidense en el mundo durante este siglo”.
Peter Thiel no vino
En una mesa estaban los carteles donde podrían haberse sentado Javier Milei y Peter Thiel, quienes fueron invitados a dar explicaciones. Y el evento tuvo una fuerte repercusión en medios y redes, a medida que se va instalando en la sociedad la noción del peligro que implica abrirles las puertas a empresarios como estos, íntimamente ligados a los intereses y los servicios de inteligencia de EE.UU. Mariano Caputo remató: “La presencia de Thiel en la Argentina confirma que nuestro territorio se ha vuelto un objeto de apropiación y de disputa para el desarrollo estratégico de la IA. Silicon Valley y EE.UU. lideran una doble carrera.
Por un lado, una lucha monopolista por producir la IA más eficiente, la que consiga incrustarse en la mayor cantidad de actividades económicas posibles. Por el otro, una carrera armamentística con China, el gran enemigo imaginario que justifica la expansión de la IA con fines bélicos. El Súper RIGI es el instrumento jurídico de la derecha para que esta carrera se traslade a la Argentina. El gobierno de Milei garantiza a estos capitales la entrega del territorio durante las próximas tres décadas. La IA funciona con centros de datos que requieren minerales, energía, agua y tierras frías. Por eso el interés por la Patagonia”.

Un palantir vidente
Julián Varsavsky es comunicólogo y periodista de Página/12 especializado en el cruce entre política, militarismo y tecnologías. Y expuso que lo que vino a hacer Thiel, se revela en el nombre de su empresa inspirado en El Señor de los Anillos: Palantir. Esta es una esfera vidente para ver a distancia y en el tiempo, y comunicarse con personas para manipularlas. Pero hay hechos pasados que permiten intuir el presente. El diario The Guardian investigó que el bombardeo que mató a 165 niñas en Irán confundiendo una escuela con un cuartel, fue una falla de la IA de Palantir, que toma decisiones instantáneas en el campo de batalla para seleccionar blancos.
Matar sin intervención humana
El periodista especializado en tecnología, Nicolas Lantos –El Destape— analizó el debate acerca de si debe haber siempre un humano que dé el clic final, ante un ataque de un dron. Porque el algoritmo ya vigila, recoge los datos, los procesa, decide los blancos y ejecuta. Pero todavía hay una persona que tiene unos segundos para dar el sí final: “este es el último límite que Palantir se propone borrar. Por eso, cuando Milei promociona una reforma que permitiría crear ´corporaciones no humanas´ administradas por IA, lleva la misma pregunta al terreno empresarial”.

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En Europa se lo quieren sacar de encima
Esteban Magnani --Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista tecnólogo en Página/12-- subrayó que Palantir avanzó al interior del Estado norteamericano: en el ICE --el servicio de migración--, el IRS --el servicio impositivo-- y el aparato militar; e interviene en otros países dentro de varias policías y servicios de inteligencia europeos, en el servicio de salud del Reino Unido y el control de fronteras en América Latina: “así se automatizan decisiones sin la mirada de un funcionario humano que podría tener un prurito, cuestionarlo o denunciarlo.
Esteban Magnani --Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista tecnólogo en Página/12-- subrayó que Palantir avanzó al interior del Estado norteamericano: en el ICE --el servicio de migración--, el IRS --el servicio impositivo-- y el aparato militar; e interviene en otros países dentro de varias policías y servicios de inteligencia europeos, en el servicio de salud del Reino Unido y el control de fronteras en América Latina: “así se automatizan decisiones sin la mirada de un funcionario humano que podría tener un prurito, cuestionarlo o denunciarlo.
Por eso hay una creciente oposición en Europa a realizar nuevos contratos con Palantir. El Alcalde de Londres decidió no firmar un contrato de la policía con la empresa. También los servicios de inteligencia de Francia y Alemania están pensando en rescindirle contratos. Pero una vez que el sistema está operativo, esas cancelaciones son muy costosas y complicadas. Una vez que el Estado resignó ciertas capacidades, es muy difícil recuperarlas”.
Magnani puso el foco en las singularidades de Thiel como un sujeto que es producto del aislamiento que genera el dinero, que lo aísla de la realidad de las mayorías, algo que le permite construirse narrativas autocomplacientes sin que nadie de su entorno las cuestione: “Su dinero funciona como vara única de una meritocracia que le sirve de prueba para creer que realmente es genial y que, solo por méritos propios, es rico y poderoso.
Magnani puso el foco en las singularidades de Thiel como un sujeto que es producto del aislamiento que genera el dinero, que lo aísla de la realidad de las mayorías, algo que le permite construirse narrativas autocomplacientes sin que nadie de su entorno las cuestione: “Su dinero funciona como vara única de una meritocracia que le sirve de prueba para creer que realmente es genial y que, solo por méritos propios, es rico y poderoso.
Cree que la libertad fundamental es la libertad del mercado. Financia una organización que propone crear Network States, pequeños Estados privados en plataformas marinas”. Es coherente que haya financiado la campaña de J.D. Vance --ex empleado suyo— a la vicepresidencia de EE.UU. y es un aceleracionista: cree que hay que liberar la tecnología de cualquier tipo de restricción porque eso es lo que permitiría salvar a la civilización occidental frente al desafío chino.
Al mismo tiempo, Thiel opina que hay civilizaciones atrasadas y que este es el momento del hard power –en lugar del soft power— y de abandonar las ideas woke que simplemente nos debilitan y llevan a un colapso de la civilización. También es transhumanista: cree que la muerte una contingencia evitable que se puede resolver con tecnología. Por eso aboga por las transfusiones de sangre joven en personas mayores y quiere que lo congelen para que lo despierten cuando se haya encontrado una “solución” a la muerte.
Es inversor de una zona especial en Honduras llamada Próspera, que tiene leyes y gobernanza propios por fuera de la justicia y de la Constitución hondureña. La aprobación de la ley que habilita estas zonas especiales fue posible gracias al golpe de Estado de 2009. En Próspera se ofrecen charlas sobre biohacking, sobre “Cómo evitar la muerte” y terapias génicas que se promocionan indicando que no estarían autorizadas en otros países por las regulaciones. Conociendo lo que ya hizo Thiel en otros lugares, podemos elaborar hipótesis acerca de sus planes en Argentina”.
Un palantir vidente
Julián Varsavsky es comunicólogo y periodista de Página/12 especializado en el cruce entre política, militarismo y tecnologías. Y expuso que lo que vino a hacer Thiel, se revela en el nombre de su empresa inspirado en El Señor de los Anillos: Palantir. Esta es una esfera vidente para ver a distancia y en el tiempo, y comunicarse con personas para manipularlas. Pero hay hechos pasados que permiten intuir el presente. El diario The Guardian investigó que el bombardeo que mató a 165 niñas en Irán confundiendo una escuela con un cuartel, fue una falla de la IA de Palantir, que toma decisiones instantáneas en el campo de batalla para seleccionar blancos.
Y se usa en el genocidio en Gaza. Esto hace Palantir, dijo el periodista: “entrecruza millones de datos y toma decisiones de manera maquinal. Si a Thiel un error como este no le genera culpa, eso encierra una lógica: nacido en Alemania, de niño fue con su familia a vivir a la Sudáfrica del apartheid, donde lo mandaron a una escuela filo-nazi que no aceptaba negros. Jonatan Taplin documenta en su libro El Fin de la Realidad, que una compañera de universidad de Thiel --ya en EE.UU-- le contó que en los años 90, Thiel aun defendía el apartheid y ella se lo reclamó. Pero Thiel le dijo que negarle los derechos civiles a los negros era algo sensato, en términos económicos. Y agregó esa mujer: ´A Thiel, cualquier cuestión moral le era irrelevante´. Por lo visto, eso no ha cambiado.
Varsavsky advirtió sobre el riesgo de entregarle todos los datos del país a esta clase de personas: Palantir ofrece procesar millones de datos para ejecutar políticas. El Gobierno prometió crear un Gemelo Digital Social, del cual aún no hay nada. Esto significaría que el Estado argentino le dará a Palantir sus bases de datos de salud, de la Dirección Nacional de Migraciones, de la economía y del Arca, censos poblacionales, domicilios, informes de la Side, los de los ministerios, antecedentes policiales y etc. Palantir simulará escenarios con ese gemelo y hará propuestas. Esto se usó para expulsar a 620.000 inmigrantes en EE.UU. Esta tecnología serviría para profundizar la motosierra. Además, Palantir hace vigilancia y manipulación política estudiando redes sociales y bases de datos privadas: el riesgo es que operen a nivel de microtargeting en las elecciones.
Para perfilar al personaje, el periodista explicó que Thiel es un tecno-optimista: cree que nada debe interponerse en el camino del progreso tecnológico, el cual proviene de los “monopolios creativos”. Thiel dijo que le tiene fobia al Estado porque le limita la capacidad de mover dinero con fluidez. Por eso creó Pay Pal, que al principio funcionó como un banco multinacional paraestatal que facilitaba el lavado de dinero. Su sueño húmedo es que el ámbito digital tenga autonomía y desregulación absolutas para no pagar impuestos y tener derecho a extraer y procesar datos personales de millones de personas, de países y de instituciones. Por eso es libertario: “quiere poder hacer el negocio que sea, por antiético e ilegal que fuese, sin que haya un gobierno o una ley que les ponga límite”.
Una República Tecnológica
Para indagar en la filosofía de Thiel, Varsavsky explicó que su mano derecha empresaria, Alex Karp, escribió el libro La República Tecnológica, un manifiesto tecnofascista donde profetiza que “la era nuclear está llegando a su fin”. Porque la capacidad de disuasión de los países ya no se lograría mediante armas nucleares, sino sistemas de IA como los que vende su empresa: por eso habría que construir armas con IA. Karp se opone a la liviandad de Facebook y otras redes. Bajo la premisa de que “queríamos coches voladores pero Silicon Valley nos dio 140 caracteres”, reclama que con la IA, los EE.UU. retomen de manera autoritaria el liderazgo mundial, aplicando una vigilancia tecnológica marca Palantir, la marca que está penetrando al Estado argentino.
“En Argentina, Thiel puede experimentar como si fuésemos conejillos, atraído por el experimento libertario que nos convierte en un laboratorio político siniestro”, dijo Varsavsky. Karp se nutre en la Ilustración Oscura, ese movimiento antiliberal que sueña con sustituir la democracia por una suerte de monarquía corporativa gestionada por un consejero delegado, como Javier Milei. Por eso es coherente que Thiel haya dicho: “Yo no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Porque desean una alianza entre el Estado y las empresas tecnológicas: es decir, una República Tecnológica que carezca de deliberación, como la ocurrida ayer en el Congreso.
Varsavsky advirtió sobre el riesgo de entregarle todos los datos del país a esta clase de personas: Palantir ofrece procesar millones de datos para ejecutar políticas. El Gobierno prometió crear un Gemelo Digital Social, del cual aún no hay nada. Esto significaría que el Estado argentino le dará a Palantir sus bases de datos de salud, de la Dirección Nacional de Migraciones, de la economía y del Arca, censos poblacionales, domicilios, informes de la Side, los de los ministerios, antecedentes policiales y etc. Palantir simulará escenarios con ese gemelo y hará propuestas. Esto se usó para expulsar a 620.000 inmigrantes en EE.UU. Esta tecnología serviría para profundizar la motosierra. Además, Palantir hace vigilancia y manipulación política estudiando redes sociales y bases de datos privadas: el riesgo es que operen a nivel de microtargeting en las elecciones.
Para perfilar al personaje, el periodista explicó que Thiel es un tecno-optimista: cree que nada debe interponerse en el camino del progreso tecnológico, el cual proviene de los “monopolios creativos”. Thiel dijo que le tiene fobia al Estado porque le limita la capacidad de mover dinero con fluidez. Por eso creó Pay Pal, que al principio funcionó como un banco multinacional paraestatal que facilitaba el lavado de dinero. Su sueño húmedo es que el ámbito digital tenga autonomía y desregulación absolutas para no pagar impuestos y tener derecho a extraer y procesar datos personales de millones de personas, de países y de instituciones. Por eso es libertario: “quiere poder hacer el negocio que sea, por antiético e ilegal que fuese, sin que haya un gobierno o una ley que les ponga límite”.
Una República Tecnológica
Para indagar en la filosofía de Thiel, Varsavsky explicó que su mano derecha empresaria, Alex Karp, escribió el libro La República Tecnológica, un manifiesto tecnofascista donde profetiza que “la era nuclear está llegando a su fin”. Porque la capacidad de disuasión de los países ya no se lograría mediante armas nucleares, sino sistemas de IA como los que vende su empresa: por eso habría que construir armas con IA. Karp se opone a la liviandad de Facebook y otras redes. Bajo la premisa de que “queríamos coches voladores pero Silicon Valley nos dio 140 caracteres”, reclama que con la IA, los EE.UU. retomen de manera autoritaria el liderazgo mundial, aplicando una vigilancia tecnológica marca Palantir, la marca que está penetrando al Estado argentino.
“En Argentina, Thiel puede experimentar como si fuésemos conejillos, atraído por el experimento libertario que nos convierte en un laboratorio político siniestro”, dijo Varsavsky. Karp se nutre en la Ilustración Oscura, ese movimiento antiliberal que sueña con sustituir la democracia por una suerte de monarquía corporativa gestionada por un consejero delegado, como Javier Milei. Por eso es coherente que Thiel haya dicho: “Yo no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Porque desean una alianza entre el Estado y las empresas tecnológicas: es decir, una República Tecnológica que carezca de deliberación, como la ocurrida ayer en el Congreso.
Y esta utopía tendría como único fin, hacer a un grupo de tecnomagnates, astronómicamente ricos. Para ello la democracia un estorbo burocrático. Y los ciudadanos son datos procesables. Remató Varsavsky: “como dijo Thomas Mann, ´cuando el fascismo regrese, lo hará bajo el nombre de la libertad´. Pues la República de Palantir, obsesionada por una supuesta libertad solo para un grupito, es la vanguardia del proyecto neofascista de Donald Trump; es un plan explicitado por quienes lo quieren ejecutar”.
“Para Thiel, la IA es una tecnología militar”
Natalia Zuazo, especialista en política tecnológica y digital, planteó que desde hace décadas, los Estados primero compran tecnologías y después se preguntan por sus consecuencias, sin preguntarse “¿qué problema queremos resolver? ¿Existe tecnología que nos ayude a hacerlo mejor? Y luego decidir qué tecnología y con qué condiciones puede resolver el problema: “El ciclo de inversiones iniciado en 2023 en el mundo ya se convirtió en el mayor auge de gasto en infraestructura tecnológica de la historia, superando en velocidad a la fiebre ferroviaria del siglo XIX.
“Para Thiel, la IA es una tecnología militar”
Natalia Zuazo, especialista en política tecnológica y digital, planteó que desde hace décadas, los Estados primero compran tecnologías y después se preguntan por sus consecuencias, sin preguntarse “¿qué problema queremos resolver? ¿Existe tecnología que nos ayude a hacerlo mejor? Y luego decidir qué tecnología y con qué condiciones puede resolver el problema: “El ciclo de inversiones iniciado en 2023 en el mundo ya se convirtió en el mayor auge de gasto en infraestructura tecnológica de la historia, superando en velocidad a la fiebre ferroviaria del siglo XIX.
Y Thiel es uno de los dueños de estas tecnologías, un hombre que lleva tres décadas en la vanguardia de los desarrollos tecnológicos y comparte con el gobierno argentino la ideología de la desregulación absoluta de los mercados. Su negocio es vender tecnologías dedicadas al monitoreo y la vigilancia de la población. Con dos objetivos: política interna y política exterior y guerra”.
Según Zuazo, la IA es, ante todo, una tecnología militar para Thiel, la cual vende a través de una teología del miedo, de un mundo estancado “a causa de los defensores ambientales y de los derechos humanos”, que él mejorará a través de sus tecnologías. Pero tiene una contradicción importante: “Al mismo tiempo que rechaza al Estado que regula, controla y redistribuye, lo necesita para que contrate sus productos y le comparta sus datos: los principales clientes de Palantir son los Estados. Y desarrolla tecnologías de guerra que vende al mundo.
Según Zuazo, la IA es, ante todo, una tecnología militar para Thiel, la cual vende a través de una teología del miedo, de un mundo estancado “a causa de los defensores ambientales y de los derechos humanos”, que él mejorará a través de sus tecnologías. Pero tiene una contradicción importante: “Al mismo tiempo que rechaza al Estado que regula, controla y redistribuye, lo necesita para que contrate sus productos y le comparta sus datos: los principales clientes de Palantir son los Estados. Y desarrolla tecnologías de guerra que vende al mundo.
En Ucrania, Palantir entró tres meses después de iniciada la guerra y se convirtió, no sólo en la tecnología que Zelensky utilizó para la guerra, sino que ya funciona en todo el Estado. En la Franja de Gaza, Palantir trabajó con la inteligencia militar israelí en el desarrollo de Lavender, un sistema que detecta “objetivos” y delega las decisiones de muerte a través de bombardeos masivos a poblaciones civiles”. Por eso Zuazo reclama defender una ley sólida de defensa de los datos personales. Y derogar el RIGI y rechazar el súper RIGI, leyes que condicionan de manera determinante el presente y el futuro. Y en tercer lugar, retomar un proyecto tecnológico propio, soberano.
Matar sin intervención humana
El periodista especializado en tecnología, Nicolas Lantos –El Destape— analizó el debate acerca de si debe haber siempre un humano que dé el clic final, ante un ataque de un dron. Porque el algoritmo ya vigila, recoge los datos, los procesa, decide los blancos y ejecuta. Pero todavía hay una persona que tiene unos segundos para dar el sí final: “este es el último límite que Palantir se propone borrar. Por eso, cuando Milei promociona una reforma que permitiría crear ´corporaciones no humanas´ administradas por IA, lleva la misma pregunta al terreno empresarial”.
Y el siguiente paso sería un gobierno sin humanos, es decir, sin política en el circuito: “es el viejo sueño de aislar a la economía de las decisiones democráticas en nombre de la técnica, pero para beneficio de cada vez menos personas que acumulan más capital que nunca en la historia”. Esto sería el fin del lobby, el cual busca influir en los gobiernos, pero no reemplazarlos. Y no es el complejo militar-industrial, esa alianza entre el gobierno y sus contratistas.
Esto sería, en cambio, la absorción de las funciones críticas del Estado por parte de un grupo muy reducido de personas que, simultáneamente, fabrica las armas, gestiona la inteligencia, opera las comunicaciones, controla los datos y ocupa los cargos clave que deberían supervisar todas esas operaciones. Sería un Estado en el que la política es reemplazada por la ejecución algorítmica y las funciones soberanas quedan absorbidas por infraestructuras privadas. Dijo Lantos: “Thiel no encontró en la Argentina solamente impuestos bajos y energía, sino el experimento político más avanzado de sus propias ideas con un Gobierno dispuesto a transformar sus premisas en ley”.
Rocco Carbone, filósofo italiano que vive en Argentina, conceptualizó al tecnofascismo como la articulación de las nuevas modalidades de acumulación del capitalismo: “la crisis que está atravesando el occidente cristiano, se debe al desplazamiento del capitalismo de libre empresa hacia un capitalismo tecnológico monopólico, corporativo, global, absolutista y totalitario, inmerso en una carrera para la conquista de los mercados globales y por la privatización del Estado llevada a cabo por una nueva clase social: las aristocracias tecnofinancieras y sus servidores políticos.
Rocco Carbone, filósofo italiano que vive en Argentina, conceptualizó al tecnofascismo como la articulación de las nuevas modalidades de acumulación del capitalismo: “la crisis que está atravesando el occidente cristiano, se debe al desplazamiento del capitalismo de libre empresa hacia un capitalismo tecnológico monopólico, corporativo, global, absolutista y totalitario, inmerso en una carrera para la conquista de los mercados globales y por la privatización del Estado llevada a cabo por una nueva clase social: las aristocracias tecnofinancieras y sus servidores políticos.
La nueva herramienta que necesita ese tecnocapitalismo es el tecnofascismo, una fuerza política que tiene esencialmente un propósito: volver privado lo público, o sea, al Estado. Y Argentina está en el corazón de esa disputa”.