Los oscuros negocios de Brad Parscale, el jefe de Cerimedo
Por Daniel Kersffeld
25 de agosto de 2026 - 00:01

25 de agosto de 2026 - 00:01

Brad Parscale y Fernando Cerimedo. Archivo -
El intento de femicidio de Fernando Cerimedo en Bolivia puso en descubierto el nivel de articulación de la internacional ultraderechista en América Latina y, una vez más, su connivencia con el poder, con la violencia y con la corrupción. Ya sea en Argentina, en Chile, en Brasil o en Honduras, un reducido grupo de activistas dedicados a la consultoría electoral y al asesoramiento político ha establecido borrosas redes en las que se entremezclan lo legal y lo ilegal, y en la que la acumulación de poder en las sombras es utilizada, mayormente, para el desenvolvimiento de actividades criminales y para la consumación de delitos inconfesables.
En todos los casos, quien se encuentra en el centro neurálgico de esta red subterránea es Brad Parscale, a quien sus seguidores consideran como el principal “gurú digital” de la extrema derecha.
Originario de Topeka, Kansas, y con una licenciatura en estudios en finanzas internacionales por la Trinity University, en 2012 Parscale, hasta ese entonces un desconocido operador digital, se vinculó a la familia Trump como diseñador de los sitios de sus diversos productos empresariales.
Pero sería en 2016 cuando tuvo su consagración al ayudar a transformar la plataforma publicitaria de Facebook gracias a una iniciativa de microsegmentación entre distintos tipos de públicos que resultaría estratégica para impulsar la victoria electoral de Donald Trump.
Para lograr su objetivo, Parscale no dudó en apelar a los servicios de Cambridge Analytica, empresa responsable de la filtración informática de millones de datos sobre los eventuales votantes que, sumado a una campaña sucia de infundios, tergiversaciones, publicidad engañosa y falsas acusaciones, se transformaría en todo un modus operandi para el desenvolvimiento de futuras estrategias electorales hipertecnologizadas y encaradas por la ultraderecha en todo el planeta.
A partir del éxito político de 2016, Parscale asumió el cargo de jefe de campaña para la reelección de Trump en 2020; sin embargo, sería destituido pocos meses más tarde.
Ya sin contacto directo con el actual mandatario, aunque sí con varios referentes de la juventud trumpista, Parscale se habría dedicado desde entonces a construir un conglomerado digital, en la percepción de que la política ya no sólo significa persuadir a los votantes, sino que, además, se centra en dominar los algoritmos que determinan lo que la gente ve y lo que puede creer.
En septiembre de 2025, el exasesor de Trump fue una vez más revalidado cuando, a través de su empresa, Clock Tower X, fue contratado para una limpieza de imagen por el gobierno de Israel, severamente cuestionado a nivel global por su accionar en Gaza luego de los atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023.
Aunque oficialmente la campaña tenía como objetivo combatir el creciente antisemitismo en línea, en realidad, el propósito era impedir que los jóvenes conservadores se volvieran contra Israel, en un proceso que se agravó, sobre todo, desde la reciente guerra de Estados Unidos contra Irán.
Según el Wall Street Journal, el contrato de 45 millones de dólares incluía la emisión de millones de mensajes de texto generados por inteligencia artificial y enviados a teléfonos móviles estadounidenses por un grupo denominado “Amigos por la Paz”.
La operación se llevó a cabo a través de un grupo de empresas de medios y relaciones públicas interconectadas, todas ellas dirigidas por Parscale, y que contaron con el apoyo de personas influyentes en el ecosistema de la derecha conservadora que, en sus redes sociales, debían dirigirse a los jóvenes con un lenguaje específico en aquellas publicaciones relacionadas con Israel.
Según la revista Time, la empresa de Parscale produciría 100 piezas de contenido original al mes, con al menos el 80% dirigidas a la “Generación Z” en TikTok, Instagram, YouTube y podcasts.
Parscale prometió que la iniciativa generaría al menos 50 millones de impresiones digitales al mes, además de influir en cómo herramientas de IA como ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic y Gemini de Google caracterizaban a Israel y a su política en Gaza.
La columna vertebral desde la que se estructuró toda esta operación mediática fue Salem Media Network y sus “canales de distribución alineados”: una extendida empresa de radiodifusión y publicación de orientación cristiana conservadora en la que Parscale se desempeña como director de estrategia.
El intento de femicidio de Fernando Cerimedo en Bolivia puso en descubierto el nivel de articulación de la internacional ultraderechista en América Latina y, una vez más, su connivencia con el poder, con la violencia y con la corrupción. Ya sea en Argentina, en Chile, en Brasil o en Honduras, un reducido grupo de activistas dedicados a la consultoría electoral y al asesoramiento político ha establecido borrosas redes en las que se entremezclan lo legal y lo ilegal, y en la que la acumulación de poder en las sombras es utilizada, mayormente, para el desenvolvimiento de actividades criminales y para la consumación de delitos inconfesables.
En todos los casos, quien se encuentra en el centro neurálgico de esta red subterránea es Brad Parscale, a quien sus seguidores consideran como el principal “gurú digital” de la extrema derecha.
Originario de Topeka, Kansas, y con una licenciatura en estudios en finanzas internacionales por la Trinity University, en 2012 Parscale, hasta ese entonces un desconocido operador digital, se vinculó a la familia Trump como diseñador de los sitios de sus diversos productos empresariales.
Pero sería en 2016 cuando tuvo su consagración al ayudar a transformar la plataforma publicitaria de Facebook gracias a una iniciativa de microsegmentación entre distintos tipos de públicos que resultaría estratégica para impulsar la victoria electoral de Donald Trump.
Para lograr su objetivo, Parscale no dudó en apelar a los servicios de Cambridge Analytica, empresa responsable de la filtración informática de millones de datos sobre los eventuales votantes que, sumado a una campaña sucia de infundios, tergiversaciones, publicidad engañosa y falsas acusaciones, se transformaría en todo un modus operandi para el desenvolvimiento de futuras estrategias electorales hipertecnologizadas y encaradas por la ultraderecha en todo el planeta.
A partir del éxito político de 2016, Parscale asumió el cargo de jefe de campaña para la reelección de Trump en 2020; sin embargo, sería destituido pocos meses más tarde.
Ya sin contacto directo con el actual mandatario, aunque sí con varios referentes de la juventud trumpista, Parscale se habría dedicado desde entonces a construir un conglomerado digital, en la percepción de que la política ya no sólo significa persuadir a los votantes, sino que, además, se centra en dominar los algoritmos que determinan lo que la gente ve y lo que puede creer.
En septiembre de 2025, el exasesor de Trump fue una vez más revalidado cuando, a través de su empresa, Clock Tower X, fue contratado para una limpieza de imagen por el gobierno de Israel, severamente cuestionado a nivel global por su accionar en Gaza luego de los atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023.
Aunque oficialmente la campaña tenía como objetivo combatir el creciente antisemitismo en línea, en realidad, el propósito era impedir que los jóvenes conservadores se volvieran contra Israel, en un proceso que se agravó, sobre todo, desde la reciente guerra de Estados Unidos contra Irán.
Según el Wall Street Journal, el contrato de 45 millones de dólares incluía la emisión de millones de mensajes de texto generados por inteligencia artificial y enviados a teléfonos móviles estadounidenses por un grupo denominado “Amigos por la Paz”.
La operación se llevó a cabo a través de un grupo de empresas de medios y relaciones públicas interconectadas, todas ellas dirigidas por Parscale, y que contaron con el apoyo de personas influyentes en el ecosistema de la derecha conservadora que, en sus redes sociales, debían dirigirse a los jóvenes con un lenguaje específico en aquellas publicaciones relacionadas con Israel.
Según la revista Time, la empresa de Parscale produciría 100 piezas de contenido original al mes, con al menos el 80% dirigidas a la “Generación Z” en TikTok, Instagram, YouTube y podcasts.
Parscale prometió que la iniciativa generaría al menos 50 millones de impresiones digitales al mes, además de influir en cómo herramientas de IA como ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic y Gemini de Google caracterizaban a Israel y a su política en Gaza.
La columna vertebral desde la que se estructuró toda esta operación mediática fue Salem Media Network y sus “canales de distribución alineados”: una extendida empresa de radiodifusión y publicación de orientación cristiana conservadora en la que Parscale se desempeña como director de estrategia.
Otras empresas de su propiedad o que él mismo había creado, como Campaign Nucleus e Influenceable, tendrían la responsabilidad de penetrar directamente en las juveniles huestes ultraderechistas de Trump. Pero, hasta el momento, no parecería que la misión de Parscale haya tenido éxito.
Según el Centro de Investigación Pew, la opinión positiva tanto de Israel como de Netanyahu se encuentra en disminución desde 2025: solo el 32% de los estadounidenses tiene ahora una opinión favorable del gobierno israelí, el nivel más bajo en décadas.
La tendencia se profundiza todavía más cuando, según el mismo estudio, los republicanos menores de 30 años tienen opiniones similares tanto sobre los israelíes como sobre los palestinos, lo que representa un cambio radical con respecto a lo que ocurría hace unos años, cuando eran mucho más propensos a favorecer a los primeros.
En una etapa de ascenso de la judeofobia en los Estados Unidos, que registra cifras crecientes desde 2023, el apoyo hacia Israel por parte de la Casa Blanca habría sido, además, uno de los principales causantes de la crisis que por estas semanas comienza a sufrir el hasta ahora inexpugnable movimiento MAGA, que estaría fragmentándose por la aparición de un nuevo sector crítico con el involucramiento de Estados Unidos en conflictos externos, como el que tiene lugar desde hace medio año con Irán, todavía sin una solución clara a la vista.
Desde sus bases en Washington y en Miami, y sin descuidar sus negocios con gobiernos como el israelí, Parscale creyó también en la posibilidad de erigir gobiernos autoritarios y antipopulares en el escenario latinoamericano.
En general, con colaboradores de baja ralea, y ligado al Departamento de Estado conducido por Narco Rubio y a dirigentes republicanos de La Florida, Parscale apeló a sus oscuros conocimientos para contribuir a derrumbar las alternativas progresistas y a provocar su reemplazo por figuras construidas desde laboratorios políticos de la ultraderecha, como son los casos de Jair Bolsonaro, Javier Milei, Nasry Asfura y Rodrigo Paz, el mandatario boliviano que justamente tenía a Cerimedo como su principal asesor y que hoy comprueba que aquel a quien brindaba todos los beneficios y privilegios por sus supuestos contactos con Washington es quien podría provocar su dramática salida del poder en un plazo no demasiado lejano.
Tal como se publicó en The New Yorker, la expresión de Tara McGowan, consultora demócrata y asesora de Hillary Clinton, fue dedicada a Parscale luego de las elecciones de 2016, pero podrían referirse a Fernando Cerimedo o a cualquier otro consultor “estrella” de la ultraderecha: “No hace falta ser un genio para tener un impacto enorme. Ni siquiera hace falta infringir las reglas. Una persona común y corriente, con suficiente tiempo, dinero y apoyo, puede usar Facebook para ayudar a un demagogo a ganar unas elecciones nacionales”.
Según el Centro de Investigación Pew, la opinión positiva tanto de Israel como de Netanyahu se encuentra en disminución desde 2025: solo el 32% de los estadounidenses tiene ahora una opinión favorable del gobierno israelí, el nivel más bajo en décadas.
La tendencia se profundiza todavía más cuando, según el mismo estudio, los republicanos menores de 30 años tienen opiniones similares tanto sobre los israelíes como sobre los palestinos, lo que representa un cambio radical con respecto a lo que ocurría hace unos años, cuando eran mucho más propensos a favorecer a los primeros.
En una etapa de ascenso de la judeofobia en los Estados Unidos, que registra cifras crecientes desde 2023, el apoyo hacia Israel por parte de la Casa Blanca habría sido, además, uno de los principales causantes de la crisis que por estas semanas comienza a sufrir el hasta ahora inexpugnable movimiento MAGA, que estaría fragmentándose por la aparición de un nuevo sector crítico con el involucramiento de Estados Unidos en conflictos externos, como el que tiene lugar desde hace medio año con Irán, todavía sin una solución clara a la vista.
Desde sus bases en Washington y en Miami, y sin descuidar sus negocios con gobiernos como el israelí, Parscale creyó también en la posibilidad de erigir gobiernos autoritarios y antipopulares en el escenario latinoamericano.
En general, con colaboradores de baja ralea, y ligado al Departamento de Estado conducido por Narco Rubio y a dirigentes republicanos de La Florida, Parscale apeló a sus oscuros conocimientos para contribuir a derrumbar las alternativas progresistas y a provocar su reemplazo por figuras construidas desde laboratorios políticos de la ultraderecha, como son los casos de Jair Bolsonaro, Javier Milei, Nasry Asfura y Rodrigo Paz, el mandatario boliviano que justamente tenía a Cerimedo como su principal asesor y que hoy comprueba que aquel a quien brindaba todos los beneficios y privilegios por sus supuestos contactos con Washington es quien podría provocar su dramática salida del poder en un plazo no demasiado lejano.
Tal como se publicó en The New Yorker, la expresión de Tara McGowan, consultora demócrata y asesora de Hillary Clinton, fue dedicada a Parscale luego de las elecciones de 2016, pero podrían referirse a Fernando Cerimedo o a cualquier otro consultor “estrella” de la ultraderecha: “No hace falta ser un genio para tener un impacto enorme. Ni siquiera hace falta infringir las reglas. Una persona común y corriente, con suficiente tiempo, dinero y apoyo, puede usar Facebook para ayudar a un demagogo a ganar unas elecciones nacionales”.