Otra Gaza es posible: el renacer de los escombros
Sergio Ferrari
Ago 15, 2026
La destruccion de gtran parte de Gaza exigirá una reconstrucción colosal a nivel financiero, físico y psicosocial. Foto:UNRWA
La reconstrucción de la Franja de Gaza es un proyecto realizable, pero implicará un esfuerzo material, social y sanador de dimensiones colosales. Particularmente desafiante en el contexto de un drama de sociedad debido a que los ataques militares de Israel no han cesado aun después del frágil Alto del Fuego acordado en octubre pasado. Más de 73 mil personas palestinas han muerto, alrededor de 173 mil resultaron heridas y 1.9 millones fueron desplazadas por la fuerza a partir de octubre de 2023.
Según un reciente informe de Naciones Unidas publicado el 10 de agosto, solo en el mes de julio de este año las fuerzas israelíes han matado a unos 160 palestinos en Gaza llevando el número de muertos a más de 1,200 en el enclave devastado desde el llamado alto el fuego. Los expertos onusianos afirman que “incluye a mujeres, niños, personas mayores y otros que se habían refugiado en tiendas de campaña y áreas a las que habían sido dirigidos para su propia seguridad. La mayoría de los asesinatos ocurrieron en zonas de desplazamiento densamente pobladas como Al-Mawasi, lejos de la llamada línea amarilla. Ningún lugar en Gaza es seguro”.
Sin embargo, queda por delante la reconstrucción material y la recuperación psicológica y anímica de la sociedad gazatí, explica en entrevista exclusiva Ursula Hauser, psicóloga suiza graduada por la Universidad de Zúrich, Suiza, y doctorada en Etnopsicoanálisis por la Universidad de Klagenfurt, Austria. Aguda conocedora de Palestina y de los campos de personas palestinas refugiadas en Líbano, durante los últimos 25 años Hauser ha colaborado profesionalmente con colegas psicoanalistas y psicodramatistas en esos países, así como en otras regiones del mundo con realidades conflictivas, como Centroamérica.
Sin embargo, queda por delante la reconstrucción material y la recuperación psicológica y anímica de la sociedad gazatí, explica en entrevista exclusiva Ursula Hauser, psicóloga suiza graduada por la Universidad de Zúrich, Suiza, y doctorada en Etnopsicoanálisis por la Universidad de Klagenfurt, Austria. Aguda conocedora de Palestina y de los campos de personas palestinas refugiadas en Líbano, durante los últimos 25 años Hauser ha colaborado profesionalmente con colegas psicoanalistas y psicodramatistas en esos países, así como en otras regiones del mundo con realidades conflictivas, como Centroamérica.
Desde las ruinas
La guerra arrasó escuelas, universidades, bibliotecas y archivos esenciales para preservar la memoria palestina. También quedaron convertidas en ruinas sus mezquitas, iglesias, instituciones culturales, hospitales y otros espacios comunitarios, todo lo cual le daba cohesión a este pueblo.
Territorio palestion devastado. Foto: Mosab Al Borno
Su reconstrucción exigirá una inversión descomunal, lo que prueba el profundo nivel de la destrucción que sufrió la Franja de Gaza, un territorio de aproximadamente 365 kilómetros cuadrados y con una distancia de 41 kilómetros de Norte a Sur y de unos 6 a 12 kilómetros de Este a Oeste. Comparativamente, equivalente a la mitad de la superficie de Madrid, un 20% mayor que la de Buenos Aires y una cuarta parte de la de Ciudad de México o de la de San Pablo. Con una pérdida de tres cuartas partes de sus edificios y residencias, tan solo la remoción de 60 millones de toneladas de escombros del territorio gazatí demandará trabajos intensivos durante más de siete años. A esto debe sumársele el tiempo adicional para el desminado, lo que habla de la tarea gigantesca que se vislumbra .
Según el Informe Reconstruyendo Gaza (Building Gaza Anew), publicado por la organización solidaria no gubernamental Oxfam Intermón juntamente con el Instituto Palestino de Investigación en Políticas Económicas (MAS, en inglés) y el Centro Palestino de Comercio (PalTrade, en inglés), el costo de la reconstrucción requerirá un mínimo de 71.400 millones de dólares durante la próxima década. Unas siete veces más de lo que hubiera costado reconstruir Gaza tras las principales ofensivas militares israelíes de los últimos 20 años y antes de esta última.
La historia reciente del territorio gazatí, subraya el Informe, está marcada por el mismo patrón histórico que ha tenido que sufrir el pueblo palestino durante décadas: destrucción, reconstrucción parcial y nueva destrucción. “Parcial”, o incompleta, debido a los bloqueos, las restricciones de acceso, las financiaciones insuficientes o, bien, el reinicio de nuevos conflictos. “Antes de que muchas familias pudieran recuperar una vida normal”, señala el Informe, “una nueva ofensiva volvía a destruir viviendas, hospitales, escuelas e infraestructuras”.
Retroceso inimaginable
El rotro humano por el sufrimiento ante la destrucción. Foto: Hussein Jaber-UNRWA
Varios estudios de Naciones Unidas coindicen en que el desarrollo de este territorio ha retrocedido el equivalente de 77 años. En otras palabras, una sociedad prácticamente paralizada en su actividad productiva. Y lamentablemente, con una respuesta de la comunidad internacional más bien tibia, por no decir mezquina. Ejemplo de ello es el hecho de que, a pesar de haber comprometido a mediados de julio 1.000 millones de euros (1.160 millones de dólares) para la reconstrucción, la Unión Europea aún no ha definido ni el monto ni la fecha de la primera cuota.
El Instituto Palestino de Investigación en Políticas Económicas sostiene que el “camino viable” para salir de dicha crisis consiste “no solo [en recrear] un territorio físico, sino también [en ayudar] a los palestinos a reconstruir su vida familiar, sus comunidades, sus instituciones, sus medios de subsistencia y su historia basándose en su derecho inalienable a la autodeterminación”.
Varios estudios de Naciones Unidas coindicen en que el desarrollo de este territorio ha retrocedido el equivalente de 77 años. En otras palabras, una sociedad prácticamente paralizada en su actividad productiva. Y lamentablemente, con una respuesta de la comunidad internacional más bien tibia, por no decir mezquina. Ejemplo de ello es el hecho de que, a pesar de haber comprometido a mediados de julio 1.000 millones de euros (1.160 millones de dólares) para la reconstrucción, la Unión Europea aún no ha definido ni el monto ni la fecha de la primera cuota.
El Instituto Palestino de Investigación en Políticas Económicas sostiene que el “camino viable” para salir de dicha crisis consiste “no solo [en recrear] un territorio físico, sino también [en ayudar] a los palestinos a reconstruir su vida familiar, sus comunidades, sus instituciones, sus medios de subsistencia y su historia basándose en su derecho inalienable a la autodeterminación”.
Por otra parte, y a la luz de todo lo que se ha experimentado y aprendido luego de muchos años de guerra, bloqueos y privaciones, no le queda ninguna duda de que “cualquier marco de recuperación creíble debe ser diseñado por los palestinos, basado en los derechos humanos, centrado en las reparaciones, transparente y enmarcado en un enfoque que vincule la recuperación de Gaza con la unidad del resto del territorio palestino ocupado, el cual incluye Cisjordania y Jerusalén Este”.
Más allá de lo material
Los daños económicos y materiales, recalca Reconstruyendo Gaz, solo representan un aspecto de la realidad ya que “la destrucción del tejido social, de las instituciones y de las comunidades no puede medirse únicamente en cifras y tardará generaciones en recuperarse”.
Un ejemplo elocuente de la crisis actual es la situación de la mujer. Aproximadamente 9 de cada 10 mujeres en una población de 2 millones de personas carecen de un trabajo rentable a pesar de que son cabeza de familia en muchísimos hogares y en incontables situaciones dedican entre 8 y 12 horas diarias a tareas no remuneradas de cuidados, como conseguir agua, cocinar con leña o atender a personas heridas, enfermas o con discapacidades.
Los daños económicos y materiales, recalca Reconstruyendo Gaz, solo representan un aspecto de la realidad ya que “la destrucción del tejido social, de las instituciones y de las comunidades no puede medirse únicamente en cifras y tardará generaciones en recuperarse”.
Un ejemplo elocuente de la crisis actual es la situación de la mujer. Aproximadamente 9 de cada 10 mujeres en una población de 2 millones de personas carecen de un trabajo rentable a pesar de que son cabeza de familia en muchísimos hogares y en incontables situaciones dedican entre 8 y 12 horas diarias a tareas no remuneradas de cuidados, como conseguir agua, cocinar con leña o atender a personas heridas, enfermas o con discapacidades.
Ursula Hauser en Gaza con Um-Jabr, fundadora de un movimiento de mujeres que luchan por la libertad de sus familiares presos. Foto: Maja Hess.
Otro corolario de estos tres años de sufrimientos continuos es una cicatriz muy profunda en el ámbito de la salud. Más de 50 mil personas necesitarán rehabilitación a largo plazo y aproximadamente 1 de cada 4 lesionadas por el conflicto actual se verán afectadas irreversiblemente.
Otro corolario de estos tres años de sufrimientos continuos es una cicatriz muy profunda en el ámbito de la salud. Más de 50 mil personas necesitarán rehabilitación a largo plazo y aproximadamente 1 de cada 4 lesionadas por el conflicto actual se verán afectadas irreversiblemente.
Desafío humano
La recuperación de Gaza no debe entenderse como un acto de caridad, sino como una cuestión de derechos y reparación, concluye enfáticamente Reconstruyendo Gaza. Tampoco consiste únicamente en levantar edificios, sino también en devolverles a millones de personas la posibilidad de vivir con dignidad, recuperar sus comunidades y construir un futuro que pueda consolidarse, no destruirse nuevamente antes de hacerse realidad.
Visión y conceptos que Ursula Hauser comparte sin vacilación. Reconocida por su familiaridad con la situación palestina, de 2002 a 2023 Hauser estuvo a cargo de la formación de un equipo de Gaza Community Mental Health Programm (GCMHP, en inglés) y Palestinian Medical Relief Society (PMRS, en inglés) auspiciado por la organización no gubernamental Medico International Schweiz .
Para Hauser, “ante tanto dolor, una curación total es muy difícil… y si, finalmente, se dieran las condiciones políticas pacificadoras, se debería iniciar la elaboración del trauma individual y colectivo para superarlo poco a poco y para prevenir e impedir la repetición de esa violencia y de una guerra sin fin en el Medio Oriente”. Siempre y cuando, por supuesto, afirma, se acepten las condiciones imprescindibles para cualquier reconstrucción de fondo: “la justicia y la paz y el fin definitivo de la ocupación del territorio palestino”.
Según Hauser, quien durante varios años fue co-responsable del proyecto de Psicodrama del Centro de Tratamiento y Rehabilitación para Víctimas de la Tortura (TRC, en inglés) en la ciudad de Ramallah, en el corazón mismo de Cisjordania, “debería establecerse primero un liderazgo político independiente en la Franja, y las autoridades de salud, además de dar respuesta a las exigencias sanitarias básicas esenciales y de rehabilitación física, deberían priorizar el trabajo de la salud mental de toda la población con terapias de grupo; por ejemplo, el psicodrama”.

Estas terapias, explica Hauser, incluyen psicodrama, sociodrama y teatro espontáneo para acompañar a individuos y grupos comunitarios para ayudarlos a expresarse y crecer juntos. Y además se conocen en Gaza porque desde años, y con el apoyo solidario externo, se han estado formando allí decenas de profesionales capacitados en el sector de la salud mental. “Muchos de estos colegas, mujeres y hombres palestinos”, acota, “siguen ahora mismo trabajando heroicamente entre las ruinas y en carpas de campaña con grupos de mujeres e infantes”.
A largo plazo
Al analizar el impacto de un drama que incluye más de 73 mil personas asesinadas desde octubre del 2023 (una tercera parte, niñas y niños), la pregunta esencial es: ¿Cuánto tiempo necesitará Palestina para digerir tanto dolor? Según Hauser, cuatro a cinco generaciones, como mínimo. Y fundamenta su respuesta con una referencia al estrago causado por crisis más o menos similares en América Latina, donde “se siguen investigando las huellas de dictaduras latinoamericanas en la tercera generación.
Entre otros sitios, en Uruguay, Argentina, Chile, El Salvador y Guatemala”. En estos y otros muchos lugares, remarca, “constatamos que los traumas perduran y se trasmiten en más de tres generaciones, causando trastornos psicosomáticos y graves enfermedades, como depresión y tendencia a suicidios”.
Las consecuencias de todo esto, según la reconocida psicoterapista suiza, van más allá, porque “si los traumas no están elaborados, la población entera estará limitada en su energía vital y perdurará encerrada en el pasado traumático, incluyendo los sentimientos de odio, enojo e impulsos de venganza”. Por esta razón, concluye, solamente con una elaboración colectiva del duelo por las pérdidas de los seres queridos –además de la pérdida de todas sus pertenencias, como casas, árboles de olivos, recuerdos, fotos, juguetes, entre muchísimas otras– se podrá superar, poco a poco. Un paso imprescindible en el arduo proceso de superación del histórico sufrimiento y la recuperación de la alegría y la confianza en el futuro de su tierra.

En dicho proceso, agrega Hauser, “las escuelas tendrán una gran importancia para transmitir los conocimientos históricos y también la tradición y la cultura palestinas, tan ricas en música, canciones, danzas. Y reparar la humillación que sufrió el pueblo palestino por la ocupación racista y clasista desde la Nakba [la expulsión de la población palestina de su propia tierra a partir de la creación del Estado de Israel] en 1948 y en adelante”.
El concepto y la práctica de salud mental, explica Hauser, cuya contribución en este terreno ha sido galardonada en numerosas ocasiones, incluyen el sentido de pertenencia, dignidad y orgullo del ser palestino y la apropiación de una historia de lucha y resistencia. En otras apalabras: se trata de recuperar la identidad, que implica memoria colectiva. De no olvidar para poder recuperar la integridad psicosocial y mental y planificar el futuro de Gaza en tanto personas en su integridad humana, es decir, como sujetos activos.
Resiliencia y resistencia
Esta reconstrucción, según Hauser, presupone un desafío inmenso. No solo en cuanto a conseguir los colosales recursos financieros que hagan falta. Además, y fundamentalmente, poner a prueba y al máximo “la capacidad de resiliencia y resistencia socio-cultural del pueblo y la Nación palestina”. Como condición para ello: “justicia y paz para impulsar esa gigantesca tarea de la salud mental, permitiendo superar el odio y el enojo justificado”.
Su conclusión no tarda en llegar, y es contundente, principalmente en lo que hace a la realidad bélica y de posguerra: “La impunidad -así como la ocupación territorial de Palestina- inhiben cualquier terapia y la recuperación de la identidad … Se trata de una tierra que debe ser libre, con derechos humanos plenamente garantizados y crímenes de guerra debidamente juzgados y sancionados. Se debe restituir la dignidad de un pueblo, de una Nación. Una paz real que garantice que Israel y Palestina puedan vivir como vecinos. Por eso, hablar de reconstrucción de Gaza exige una clara voluntad y responsabilidad políticas previas. Con justicia, libertad, respeto y aceptación del ‘otro’”.
*Periodista, investigador y analista argentino, radicado en Suiza. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)



