Alberto Rodríguez García.
9 abr 2021

A menudo tengo la sensación –cada vez menos irónica– de que los mayores guardianes de la Revolución Islámica iraní no se encuentran en Qom o en Teherán, sino en Washington. Da igual quien se siente en el despacho oval que los halcones se encargarán de recordar a los iraníes por qué muchos llaman a EE.UU. 'el gran satán' y por qué el estado de alerta constante, lejos de una paranoia infundada, es una necesidad de supervivencia.













