Uno de los más importantes triunfos de las nuevas democracias ha sido el inicio de la subordinación del poder militar al poder civil. Solamente en México, Costa Rica, Cuba y Nicaragua esto ocurría, debido a sus particulares revoluciones.
Luis Varese
Los demás países teníamos a la Fuerza Armada como permanente Espada de Damocles sobre el cuello juvenil de las incipientes democracias. Espada de Damocles que sucesivamente cayó y guillotinó democracias y seres humanos durante décadas en nuestra América. Hubo excepciones claro, con el Coronel Caamaño en República Dominicana, el general Juan Velasco Alvarado en Perú, con Juan José Torres en Bolivia, Torrijos en Panamá e incluso en Chile con Pratts o Bachelet que buscaron cambiar esa servil dominación u oponerse al golpe como los dos últimos chilenos, para nombrar solamente alguno de los militares patriotas dignos hijos de Túpac Amaru, de Sucre, de Bolívar de San Martín.