Por Cristian Dellocchio
Enviado especial a Kansas City
19 de junio de 2026


Mientras miles miraban el partido, a unas cuadras había desolación. Sin Credito
Muy cerca de uno de los puntos de reunión más concurridos para ver los partidos, la ciudad que hospeda a la Selección Argentina revela su cara más injusta. Las únicas palabras que se escuchan en la placita son las de un hombre descalzo. Se las dice al par de zapatos que tiene delante, como observándolo mientras ambos descansan del sol bajo la sombra de un árbol. Los acompañan otras personas, silenciosas, con las miradas perdidas y la ropa guardada en bolsas o alguna valija desgastada.
En la vereda de enfrente está la Biblioteca Pública de la ciudad, improvisado refugio de los que pasan día a día en busca de comida, un baño o simplemente resguardarse del clima. Al mismo tiempo, a cuatro cuadras de distancia, algunos miles celebran en un mini fan fest la gentileza de un australiano para el primero de Estados Unidos. Pero en la placita no se escucha nada. Nadie grita el gol, no aparecen las camisetas ni el maquillaje tricolor que se ve por todos lados, tampoco hay celulares sintonizando el partido.
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Son los marginados, los rezagados, varios de ellos en silla de ruedas. En medio del centro de la ciudad, en una cuadra donde el color de piel se invierte totalmente respecto del resto. Esta vez, como es feriado, los dejaron en banda. Los tremendos portones de la Biblioteca están cerrados -de esos con llamadores dignos de mansión embrujada- y las ventanas permanecen tapeadas con tablas de madera porque hace algunos días fueron vandalizadas. Alrededor hay oficinas de lujo y edificios de 15 o más pisos de altura. Uno de estos, muy vistoso por sus esculturas y diseño de época, se denomina Centro Católico (reminiscencia de una de las famosas frases maradonianas).
De acuerdo con estadísticas privadas, Kansas City es la ciudad con el porcentaje más alto de personas homeless (sin techo): una cada 125 habitantes. A su vez, la pobreza ronda el 14%. “El alcalde dice que gobierna para Jackson County -zona más urbana, más popular- pero vive en Johnson County -los suburbios-”, cuenta una trabajadora sobre el pintoresco Quinton Lucas, quien recibe sonriente a los visitantes a través de un cuadro suyo colgado en la salida del aeropuerto.
En dirección hacia el mini fan fest, un muchacho muy parecido al de la placita se ve que encontró el sombrero que hasta hace un rato estaba tirado en una maceta, con etiqueta de precio y todo: 25 dólares, licencia oficial de la FIFA. Huella indeleble de que los festejos mexicanos de la noche anterior dejaron a más de uno malherido por el alcohol. Encuerado y descalzo, el joven se pone a bailar al ritmo de los bombos que a unos metros hacen sonar un grupo mixto de estudiantes afrodescendientes -ellos tocan, ellas bailan- en conmemoración del Juneteenth, la razón del feriado. Un policía no tardará en echarlo.
El Juneteenth celebra la oficialización de la libertad de las personas esclavizadas, algo que sucedió en 1865 pero este es recién su sexto año como feriado. En Kansas City el evento organizado por la tarde en los alrededores del Museo del Jazz no es tan popular como en otras ciudades del resto del país, pero tiene su convocatoria. O mejor dicho, no es tan masivo como el banderazo convocado por los hinchas ecuatorianos que llegaron para ver el partido contra Curazao, este sábado a las 21 en el Estadio Arrowhead donde debutó la Argentina.
Cambiando el tono
Si algo se le puede destacar a la ciudad elegida por la Selección es la predisposición de su gente. La noche del segundo triunfo mexicano, estadounidenses iban y venían vestidos con la camiseta azteca. A diferencia de lo que se propaga desde las altas esferas políticas trumpistas, la hermandad con la comunidad latina se percibe muy fuerte en las calles. Son generaciones criadas en comunidades con mucha inmigración, con amigos latinos de toda la vida.
Así como con los de color verde, también de amigables fueron con los miles de argentinos que se pasearon durante varios días hasta que les dejaron su lugar a los de camiseta amarilla. Para este sábado se estima la presencia de entre 30 y 40 mil fanáticos del equipo dirigido por Sebastián Beccacece, obligado a ganar tras la caída frente a Costa de Marfil y cerrando con Alemania la última fecha. “Hizo mal todos los cambios”, despotrica José contra el pelilargo conductor argentino, uno de los muchos asistentes al banderazo realizado en la esquina en la que Piero Hincapié y Lionel Messi comparten un mural. Lejos de la biblioteca, pero no tanto. No tan lejos, hay otra plaza como la del primer párrafo, pero más grande.
De acuerdo con estadísticas privadas, Kansas City es la ciudad yanqui con el porcentaje más alto de personas sin techo.
Son los marginados, los rezagados, varios de ellos en silla de ruedas. En medio del centro de la ciudad, en una cuadra donde el color de piel se invierte totalmente respecto del resto. Esta vez, como es feriado, los dejaron en banda. Los tremendos portones de la Biblioteca están cerrados -de esos con llamadores dignos de mansión embrujada- y las ventanas permanecen tapeadas con tablas de madera porque hace algunos días fueron vandalizadas. Alrededor hay oficinas de lujo y edificios de 15 o más pisos de altura. Uno de estos, muy vistoso por sus esculturas y diseño de época, se denomina Centro Católico (reminiscencia de una de las famosas frases maradonianas).
De acuerdo con estadísticas privadas, Kansas City es la ciudad con el porcentaje más alto de personas homeless (sin techo): una cada 125 habitantes. A su vez, la pobreza ronda el 14%. “El alcalde dice que gobierna para Jackson County -zona más urbana, más popular- pero vive en Johnson County -los suburbios-”, cuenta una trabajadora sobre el pintoresco Quinton Lucas, quien recibe sonriente a los visitantes a través de un cuadro suyo colgado en la salida del aeropuerto.
En dirección hacia el mini fan fest, un muchacho muy parecido al de la placita se ve que encontró el sombrero que hasta hace un rato estaba tirado en una maceta, con etiqueta de precio y todo: 25 dólares, licencia oficial de la FIFA. Huella indeleble de que los festejos mexicanos de la noche anterior dejaron a más de uno malherido por el alcohol. Encuerado y descalzo, el joven se pone a bailar al ritmo de los bombos que a unos metros hacen sonar un grupo mixto de estudiantes afrodescendientes -ellos tocan, ellas bailan- en conmemoración del Juneteenth, la razón del feriado. Un policía no tardará en echarlo.
El Juneteenth celebra la oficialización de la libertad de las personas esclavizadas, algo que sucedió en 1865 pero este es recién su sexto año como feriado. En Kansas City el evento organizado por la tarde en los alrededores del Museo del Jazz no es tan popular como en otras ciudades del resto del país, pero tiene su convocatoria. O mejor dicho, no es tan masivo como el banderazo convocado por los hinchas ecuatorianos que llegaron para ver el partido contra Curazao, este sábado a las 21 en el Estadio Arrowhead donde debutó la Argentina.
Cambiando el tono
Si algo se le puede destacar a la ciudad elegida por la Selección es la predisposición de su gente. La noche del segundo triunfo mexicano, estadounidenses iban y venían vestidos con la camiseta azteca. A diferencia de lo que se propaga desde las altas esferas políticas trumpistas, la hermandad con la comunidad latina se percibe muy fuerte en las calles. Son generaciones criadas en comunidades con mucha inmigración, con amigos latinos de toda la vida.
Así como con los de color verde, también de amigables fueron con los miles de argentinos que se pasearon durante varios días hasta que les dejaron su lugar a los de camiseta amarilla. Para este sábado se estima la presencia de entre 30 y 40 mil fanáticos del equipo dirigido por Sebastián Beccacece, obligado a ganar tras la caída frente a Costa de Marfil y cerrando con Alemania la última fecha. “Hizo mal todos los cambios”, despotrica José contra el pelilargo conductor argentino, uno de los muchos asistentes al banderazo realizado en la esquina en la que Piero Hincapié y Lionel Messi comparten un mural. Lejos de la biblioteca, pero no tanto. No tan lejos, hay otra plaza como la del primer párrafo, pero más grande.
De acuerdo con estadísticas privadas, Kansas City es la ciudad yanqui con el porcentaje más alto de personas sin techo.