28 jun 2026

DE LOS CHICAGO BOYS A LOS CIPAYOS BOYS

EL IMPERIO AGRADECIDO
De la Espriella prepara su experimento ultra en una Colombia dividida. El país empieza a ver esbozos del próximo gobierno de extrema derecha

Por Mercedes López San Miguel

27 de junio de 2026 - 17:39



Abelardo de la Espriella habla tras recibir su credencial como presidente electo de Colombia. Mauricio Dueñas Castañeda. EFE

El ultraderechista Abelardo de la Espriella ya exhibe la credencial que lo acredita como presidente electo de Colombia, tras imponerse en el balotaje por apenas 250.000 votos frente al progresista Iván Cepeda. El abogado, que en campaña no dudó en amenazar con “destripar a la izquierda”, comenzó a delinear el gabinete que lo acompañará a partir del 7 de agosto en la Casa de Nariño.
Inspirado en Bukele y Milei, el abogado promete mano dura contra los grupos armados ilegales y reducción del Estado.

De la Espriella eligió para el Ministerio del Interior a Rodrigo Lara, exsenador con el que promete aplicar una política de mano dura inspirada en el modelo salvadoreño de Nayib Bukele. La designación arrastra el peso de la trágica historia colombiana: Lara es hijo de Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia asesinado en 1984 por órdenes de Pablo Escobar, cuando el cartel de Medellín le declaraba la guerra al Estado para frenar la extradición.


El mandatario electo, que se hace llamar “El Tigre”, anunció este viernes el cargo a través de un bizarro video diseñado con inteligencia artificial y saturado de felinos. “El que nunca, a pesar de haber sido víctima de violencia, dejó de trabajar por su patria”, posteó en X. Lara no es un outsider, orbitó siempre en la derecha tradicional y ya en 2006 fungió como zar anticorrupción del gobierno de Álvaro Uribe.

El desguace de la “Paz Total” y el fantasma del déficit

En materia de seguridad, De la Espriella lanzó un ultimátum de un mes para que los grupos armados ilegales se sometan a la justicia, advirtiendo que bajo su gestión no habrá espacio para las mesas de negociación que caracterizaron la política de “Paz Total” del presidente saliente, Gustavo Petro.

En paralelo, el líder ultraderechista designó este sábado a su compañero de fórmula, José Manuel Restrepo, al frente del Empalme Anticorrupción. El electo vicepresidente fue ministro de Hacienda y Comercio del gobierno de derecha de Iván Duque. Inspirado en la motosierra de Javier Milei, De la Espriella promete reducir un 40 % el tamaño del Estado y hacer una “auditoría exhaustiva” para hurgar en las cuentas públicas, agitando la bandera de un déficit fiscal del 6,4 % del PIB y el deterioro de la seguridad, mientras omite convenientemente las sensibles mejoras en los indicadores sociales que deja el gobierno saliente.

“Convoco a todos los colombianos a caminar juntos en esta nueva etapa”, declamó De la Espriella al recibir su credencial. Pero la aparente tregua discursiva del mandatario electo es sumamente selectiva y excluye a Petro. En su alocución, el abogado no ahorró adjetivos para calificar la gestión de la izquierda como un “régimen” abocado a “degradar la majestad de la Presidencia”.

La rápida respuesta de Petro llegó por las redes sociales. Allí contrastó la herencia recibida en 2022 con la que entregará en agosto: un descenso de la inflación (del 10,2% al 5,8%), una baja del desempleo (del 10,6% al 8,8%) y la duplicación del salario mínimo. Desde el Pacto Histórico, la coalición oficialista ya avisó que ejercerá una “oposición firme, democrática y movilizada” en las calles para blindar las reformas previsional y laboral del embate privatizador que se avecina.

Injerencia desde el Norte

El cruce presidencial sumó voltaje internacional cuando Petro tildó a su sucesor de “virrey” de los Estados Unidos. La ironía responde al “respaldo total” que Donald Trump le brindó al colombiano desde su red Truth Social, primero apoyando abiertamente su candidatura para el balotaje y luego celebrando una victoria que vaticina una alianza “poderosa” entre Washington y Bogotá; un alineamiento automático que desde el Gobierno de Petro fue denunciado como un ejercicio de injerencismo puro y duro.

Sobre la llegada al poder de De la Espriella, el historiador Enrique Martínez Ruiz señala que lo previsible es que el periodismo avance con las investigaciones sobre su pasado como abogado. “Periodistas que han sido críticos de Uribe, Duque, también con Petro, ahora van a encontrarle todo el rabo de paja que tiene un personaje tan cuestionable. Lo que se viene son muchos escándalos de los casos poco éticos en los que De la Espriella ha estado implicado, sobre todo, por ser el abogado de Alex Saab, requerido por la Justicia de EE.UU”.

Una nación partida

Pese a que De la Espriella se presenta como el adalid antiestablishment que derrotó a las élites, la radiografía de las urnas devuelve la imagen de una nación fracturada simétricamente. Más de la mitad del electorado —contabilizando los votos de Cepeda y el voto en blanco— le dio la espalda.

Para arañar el punto porcentual que le otorgó el triunfo, el candidato ultra debió tejer alianzas pragmáticas con el cuestionado clan de la familia Char en el Caribe, logrando que el lema “costeño vota costeño” perforara el histórico bastión de Petro.

Antioquia, el departamento más poblado del país, le dio a De la Espriella una luz de más de un millón de votos, absorbiendo el caudal del uribismo visceral e inclinando la balanza nacional. Con Abelardo De la Espriella, el uribismo se transforma, reencarna, advierten voces expertas.

En Bogotá, el Pacto Histórico no logró repetir la masiva movilización de las clases medias urbanas que blindaron a Petro en 2022. Aunque Cepeda ganó en la capital, la ventaja se redujo drásticamente, dejando en evidencia una brecha sociopolítica insalvable: el norte rico y el occidente abrazaron el discurso del ultra; el sur periférico resistió con la izquierda.

El historiador Martínez Ruiz analiza qué funcionó del candidato ultra. “De la Espriella logró finalmente hacer lo que han hecho las extremas derechas en el mundo, que es venderse muy bien con una campaña de marketing. Los símbolos, el tigre, la camiseta de la selección nacional, su histrionismo frente a su rival filósofo: mientras Cepeda hablaba del bien y del mal desde un pedestal, De la Espriella bailaba un vallenato con una máscara de tigre”.

La “patria milagro” que promete el abogado de los sectores más reaccionarios de Colombia nace con el desafío indómito de gobernar un país partido a la mitad.