20 jul 2014

La falsa autopsia del apoderado de Graiver








Genocida Ramon Camps

Por Daniel Cecchini


El testimonio de un médico que vio y escuchó al genocida Ramón Camps ordenar que se falsearan las causas de la muerte de Jorge Rubinstein puede repercutir en la investigación sobre el despojo de Papel Prensa. El cadáver estaba en la morgue de la Bonaerense


El lugar era grande, con una mesada donde había un cadáver; estaba lleno de gente. Lleno de tipos con uniforme, de la Policía, de la Marina, del Ejército y otros. El ambiente parecía dominado por la exaltación. Los tipos se acercaban al cadáver y lo insultaban, le gritaban, lo puteaban: ‘¡Judío de mierda!’, ‘¡Judío hijo de puta!’. Era algo dantesco. Pasaron unos minutos y vi bajar a alguien por la escalera… ¡Era Camps! Se paró, miró a los presentes, que hicieron un inmediato silencio, y en tono de arenga militar, casi gritando, dijo algo así: ‘Ustedes, señores, están aquí para algo importantísimo. Este individuo –creo que ahí llenó también su boca con insultos de todo tipo– es un delincuente montonero… de los Graiver. Acá tiene que quedar claro que se murió por muerte natural, que no le hicimos nada. Se murió solo’.”
El testimonio pertenece al médico Alejandro Olenchuk, quien luego de 37 años de silencio relató lo ocurrido el 4 de abril de 1977 en la morgue policial ubicada en el subsuelo del edificio de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, ubicada en la calle 2 entre 51 y 53 de La Plata. El cadáver al que se refiere Olenchuk era el de Jorge Rubinstein, de 51 años, apoderado del Grupo Graiver, asesinado ese mismo día durante una sesión de torturas en el centro clandestino de detención conocido como Puesto Vasco. Allí, en ese momento, también estaban detenidos-desaparecidos Lidia Papaleo e Isidoro, Juan y Eva Graiver, entre otros integrantes del grupo empresarial que poco antes había sido despojado de Papel Prensa por los propietarios de los diarios Clarín, La Nación y La Razón en complicidad con los máximos jefes de la dictadura cívico-militar instalada el 24 de marzo de 1976.
El relato del médico Alejandro Olenchuk fue obtenido por el también médico e investigador Ricardo Martínez en el marco de sus indagaciones sobre la participación de los médicos de la morgue de la Bonaerense en el encubrimiento del genocidio cometido por la última dictadura.
La presencia en el lugar del jefe de la Policía Bonaerense, coronel Ramón Camps, para dar en persona, a una “junta médica” de ocho integrantes, la orden directa de falsificar la autopsia de Jorge Rubinstein revela no sólo la importancia que la dictadura daba a la operación relacionada con los familiares y socios de David Graiver, a quienes había secuestrado pero necesitaba vivos para someterlos a un “consejo de guerra” que validara el despojo de todas sus propiedades, sino que también pone en evidencia una puja intestina entre los dictadores, con Camps –apoyado por el gobernador de facto de la provincia, Ibérico Saint Jean, y el Jefe del Primer Cuerpo de Ejército, Guillermo Suárez Mason (a) Pajarito– de un lado y Jorge Rafael Videla del otro.
Testimonio de un médico. El relato del médico Alejandro Olenchuk fue obtenido por el también médico e investigador Ricardo Martínez en el marco de sus indagaciones sobre la participación de los médicos de la morgue de la Bonaerense en el encubrimiento del genocidio cometido por la última dictadura. El resultado de este trabajo –anticipado por Miradas al Sur en su edición del 23 de marzo de este año– quedó reunido en el libro La marca de la infamia, de la Madre de Plaza de Mayo Adelina Dematti de Alaye con la colaboración de la investigadora Karen Wittenstein y el propio Martínez.
Olenchuk, por entonces jefe de Anatomía Patológica del Hospital San Juan de Dios de La Plata, fue involuntario testigo de los hechos, ya que concurrió a la morgue policial por orden del ministro de Salud de la provincia en esa etapa de la dictadura, Joseba Kelmendi de Ustarán, sin saber para qué se lo convocaba. También –gracias a la intervención de un forense policial, cuyas motivaciones aún hoy desconoce– pudo evitar su participación en la falsa autopsia.
En su relato, Olenchuk recuerda con lujo de detalles lo que le ocurrió el 4 de abril de 1977. “Ese día no me puedo olvidar cuando el telefonista del hospital, un hombre alto y grande, me vino a buscar para decirme que el ministro quería hablar conmigo y que debía ir al Ministerio –cuenta–. Pensé muchas cosas y también de las peores, pero sin llegar a tranquilizarme me dije que si me quería echar no me llamaría el ministro, y si querían detenerme tampoco. Las dos veces que me echaron no me avisó nadie. La única precaución que se me ocurrió fue avisarle a otro de los jefes médicos del hospital. ‘Mire doctor, le dije, me llama el ministro para hablar conmigo, quiero que usted sepa’. El hombre entendió mi intención de inmediato”.
Una vez en el Ministerio, en la antesala del despacho del ministro, Olenchuk se encontró con otro médico, el entonces director del Policlínico General San Martín nombrado por la dictadura, Ramón Posadas, que también había sido citado. “Eso me tranquilizó, ya que a Posadas lo tenía como una persona alejada de cuestiones políticas (…). La verdad es que al saber que éramos dos, algo me tranquilizó”, explica. Una vez dentro del despacho, el ministro De Ustarán fue deliberadamente impreciso sobre el propósito de la citación. “Nos dijo: ‘Necesitamos que ustedes representen al Ministerio en una actividad en la Jefatura de Policía’”, recuerda. Y agrega: “Yendo para allá, me doy cuenta de que no llevaba guardapolvo, me pareció que si iba vestido con guardapolvo estaba, no sé, como más protegido. Así que paré en el Instituto Médico (n. de la r.: se refiere al Instituto Médico Platense, ubicado a menos de cien metros de la Jefatura), agarré uno de un médico amigo y me lo puse”.
En el hall de la Jefatura, Olenchuk no supo hacia dónde dirigirse, hasta que se encontró con otro médico. Se trataba del policía médico Jorge Antonio Bergés, hoy condenado por crímenes de lesa humanidad. “Ni bien entro, se me cruza un médico que me reconoció, uno de Quimes. El apellido era Bergés –dice–. Me conoció al instante porque había sido alumno mío, y con mucha amabilidad me atendió… y cuando le dije que me habían citado, enseguida me guió al lugar (…). Me señaló la puerta y entré solo. Bergés por entonces no era como ahora, ahí se movía como pez en el agua. Conocía todo. El lugar era un piso inferior o en un subsuelo, porque tuve que bajar una escalera. Cuando bajo llego a uno sala grande… lo que vi no me lo olvidaré jamás.”
Lo que el médico Alejandro Olenchuk vio y escuchó en la morgue es lo que se reproduce al principio de esta nota. La “junta” para cumplir con la misión ordenada por el genocida Ramón Camps estaba conformada por ocho médicos, dos civiles (Olenchuk y Posadas) y cinco policías médicos y un médico militar a quienes Olenchuk no conocía. La investigación de Adelina Dematti de Alaye, Ricardo Martínez y Karen Wittenstein pudo identificarlos de la siguiente manera: J. C. Rebollo (subcomisario), R.O. Calafell (subcomisario), R. Canestri (oficial principal), Eduardo Sotés (subcomisario), O. Raffo (jefe del Cuerpo Médico de la Unidad Regional de San Martín) y el teniente primero médico del Regimiento 7 de Infantería Ricardo Nicolás Lederer.
Después de la arenga, Camps se fue por donde había llegado. Olenchuk no sabía qué hacer. “Camps se retira y no sé cuánto pasó para que uno de los presentes, alguien que yo no conocía, se dirige a mí y me dice: ‘¿La autopsia la va a hacer usted, doctor?’ –recuerda–. Cuando escuché eso me quedé mudo, sin saber qué decir. Qué podía decir… En eso, un médico medio bajo y creo que de bigotes se apresura a cualquier respuesta mía. ‘Disculpe, doctor –dijo–, pero me parece que la autopsia la debo realizar yo porque soy médico forense de la Policía’. Yo tomé esas palabras como una salvación. Creo que ese médico me conocía, creo haberlo visto por el Policlínico… creo que también tenía una hija que era médica. Mi respuesta fue instantánea: ‘Sí, por supuesto, doctor’… Y me fui (…). Yo quería irme de allí”.
El certificado de defunción de “NN o Jorge Rubinstein” (así se lo identifica en el Libro Morgue), firmado por uno de los médicos participantes de la falsa autopsia, Eduardo Sotés, consigna como causa de muerte “Insuficiencia cardíaca aguda como consecuencia de su propia patología. No se han encontrado violencias externas ni tampoco internas que planteen culpabilidad de terceros”. El informe está acompañado de once fotografías y en varias de ellas se aclara: “No se observan signos de violencia externa”. En otras palabras: Jorge Rubinstein, asesinado en la sala de torturas del centro clandestino de detención Puesto Vasco, había dejado de existir por causas meramente naturales, ni más ni menos que lo que había ordenado Camps. Y no se culpe a nadie.
Secuestros y tensiones intestinas. A principios de marzo de 1977, el genocida Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, pudo finalmente dar la orden a sus grupos de tareas para que pusieran en marcha la “Operación Amigo”, cuyo objetivo era el secuestro de los integrantes del Grupo Graiver. Al frente de la tarea puso a su hombre de mayor confianza, el comisario Miguel Etchecolatz.
El 14 de marzo fueron secuestradas la viuda de David Graiver, Lidia Papaleo, y dos de las secretarias ejecutivas del grupo, Lidia Gesualdi y Silvia Fanjul. Tres días después, el 17 de marzo, corrieron la misma suerte Isidoro (hermano de David), Juan y Eva Graiver (sus padres) y el apoderado del Grupo empresario, Jorge Rubinstein, cuyo estado de salud era delicado y estaba reponiéndose de un presunto accidente automovilístico del que se sospecha que fue un atentado. Días más tarde fueron secuestrados Rafael Ianover, quien había sido el principal testaferro de David Graiver en Papel Prensa, y otros familiares e integrantes del Grupo.
Para Camps se trataba de una operación largamente demorada. Tenía en la mira a los Graiver, por “judíos y montoneros”, desde poco después de instalado el golpe de Estado, pero hasta entonces habían estado fuera de su alcance por precisas órdenes del dictador Jorge Rafael Videla. Los dictadores los necesitaban libres pero presionados para darle visos de legalidad a una de sus operaciones más importantes: que los dueños de los diarios Clarín, La Nación y La Razón se quedaran con las acciones de Papel Prensa, la única empresa productora de papel para diarios del país.
En Silencio por Sangre. La verdadera historia de Papel Prensa, Jorge Mancinelli y quien esto escribe explicaron que se trataba de una necesidad estratégica de la dictadura, para contar con la complicidad comunicacional y propagandística de los tres diarios más importantes de la Argentina. En noviembre de 1976, los familiares del malogrado David Graiver y el testaferro Rafael Ianover se habían visto obligados, bajo amenazas de muerte, a traspasar sus acciones a los dueños de los tres diarios durante una reunión realizada por la noche, en las oficinas que el diario La Nación tenía en el edificio de Florida 1. Aunque la empresa estaba valuada en alrededor de 15 millones de dólares, la transacción se hizo por 996.000 dólares, de los cuales la viuda de Graiver sólo recibió 7.000 en ese momento. No recibiría más.
Conseguidas las firmas para el traspaso, faltaban aún algunos aspectos legales que prolongaron la operación de apropiación hasta principios de marzo de 1977. Recién entonces, el dictador Videla, a través del general Guillermo Suárez Mason, le dio luz verde a Camps para que secuestrara a los Graiver. Pero los necesitaba vivos –aunque quebrados por las detenciones ilegales y las torturas– para someterlos a un consejo de guerra, instruido por el general Bartolomé Gallino, que los encontrara culpables del delito de “subversión económica” para así poder expropiar, a través de la Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial (Conarepa), el resto de las empresas del Grupo.
Una vez secuestrados, los integrantes del Grupo Graiver fueron confinados en Puesto Vasco y, más tarde, en el Pozo de Banfield, donde fueron sometidos a constantes torturas. Mientras esto ocurría, los dueños y los representantes legales de los tres diarios que se habían apropiado de Papel Prensa se reunían con Gallino para “darle letra” para los interrogatorios.
Pero en Puesto Vasco, Jorge Rubinstein “se les quedó” a los torturadores. La noticia de su muerte fue un duro golpe para Camps, que vio peligrar su posición en el Ejército y en el andamiaje represivo de la dictadura. No quería que Videla –contrariado por ese “exceso”– ordenara su desplazamiento. En ese contexto, la falsa autopsia de Rubinstein ordenada por Camps y perpetrada en la morgue de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires no sólo fue una maniobra tendiente a ocultar una muerte más del plan sistemático de represión ilegal de la dictadura sino también un intento del jefe de la Bonaerense de armarse un escudo protector por haber contrariado las órdenes de sus superiores.
Ahora, el testimonio del médico Alejandro Olenchuk sobre la autopsia de Rubinstein arroja nueva luz sobre los hechos. Seguramente, su contenido llegará al conocimiento del titular del Juzgado Federal en lo Criminal N° 10, Julián Ercolini, donde la causa que investiga la apropiación de Papel Prensa parece dormir el sueño de los (in)justos.

El último combate de "Pedro el uruguayo"


Historia de la muerte de un héroe uruguayo y latinoamericano
Traslado de restos de Héctor "Meme" Altesor, Managua. Agosto 1977. Archivo de la familia Altesor Buriano.
Washington Castillo

Era un día con mucho calor como todos los de ese mes en aquella región de nuestro planeta, donde sólo se puede encontrar el fresco reparador debajo de las grandes y bondadosas hojas de las plantas tropicales.
Desde los primeros rayos del sol y en horas avanzadas de la mañana, la selva emite un conjunto de misteriosos sonidos que emergen desde el variado follaje, llenando, los espacios que caprichosamente ha ido dejando el silencio.
Son las aves autóctona las que se encargan de de eso, destacándose el silbido del pequeño y señorial "guardabarranco", le sigue los policromos guacamayos que con sus estridentes graznidos, ordenadamente son parte activa en tan variada orquesta, la que alternativamente es interrumpida por parlanchinas bandadas de loros, o el sonido cual aplausos que produce el batir de alas de otras aves que no cantan, a su vez si miramos con atención hacia los añejos árboles, se podrá ver alguna pareja de monos blancos que cual diestros trapecistas vuelan de árbol en árbol, comunicándose entre ellos con su gutural lenguaje; Por eso es bueno saber que si tenemos el privilegio de entrar en esos templos de la madre naturaleza ese será el comité de recepción oficial que no recibirá.
En tiempos normales es maravilloso ser un espectador, que sólo pagaría para disfrutar de ese calificado concierto.
Pero en aquella aciaga mañana del 16 de julio del 79 aparentemente tan apacible, todo seria distinto, porque había eventos determinados por la presencia de los hombres que harían que todo eso cambiara.
En un lugar (cercano a las orillas del río Ostayo al norte de la localidad fronteriza de Peñas Blancas y al oeste del poblado de Sapoa) entre las pequeñas alturas, serpenteaba un angosto sendero por el que sigilosamente se desplazaba un grupo de combatientes armados.
Sus rostros tostados por el sol denotaban el cansancio y la alegría de haber conversado muchas veces con la muerte, la misma que hacía tiempo ellos osadamente venían desafiando, y al parecer ésta hasta es momento había sido derrotada, pero hay que saber que ella es tenaz y siempre quiere ganar.
Los combatientes eran jóvenes, que dejaron sus cuadernos, sus libros, sus herramientas y todo aquello que más amaban para incorporarse a las guerrillas conducidas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Rememorando la epopeya de las “brigadas Internacionales” que fueron a defender a España del fascismo habían ingresado a Nicaragua desde la Republica Costa Rica para incorporarse al denominado Frente Sur que en cruentos combates le había arrebatado de 10 a 15 kilómetros de territorio a las fuerzas del tirano y avanzaba decidido a la conquista de la capital.
Aquel heterogéneo grupo componía las unidades de avanzada de las fuerzas rebeldes, cumpliendo la misión de una patrulla de reconocimiento ,caminaban decididos, no era para menos la patria que es de todos y es de nadie los aguardaba ansiosa, a la cabeza de la patrulla, dando indicaciones por señas, estaba un nicaragüense de pura cepa, achaparrado y de piel cetrina, "el Chino Benigno"; detrás el resto del grupo, en el que se destacaba uno más alto, de pelo castaño, flaco, enérgico, cuyo uniforme verde olivo se confundía con las anchas hojas: era el teniente Héctor "Meme" Altesor, recién graduado en la misma Academia que yo, y era conocido en Nicaragua con el nombre de guerra de "Pedro el Uruguayo".
“Meme” Altesor era ferroviario, hijo de una familia de luchadores por las sagradas causas de nuestros pueblos. A su padre Alberto, legendario militante; lo conocí cuando yo tendría unos 10 años, lo veía llegar a mi casa paterna del barrio Peñarol con un poco de diarios “Justicia" debajo del brazo, venia regularmente a darle “línea política” a mi padre. Lo recuerdo unas veces hablando sobre el Sindicato, otras veces sobre aquel partido, y otras veces perseguido, o entrando al Parlamento como diputado.
Como un duro quebracho paso la prisión, el exilio, la clandestinidad, en Buenos Aires le hicieron una gran operación del corazón volvió por el gran rió una noche sin luna.
Pero siempre con esa tenacidad admirable, con la misma fuerza en la mirada y la fe casi religiosa de que la “izquierda” sería gobierno algún día.
Para eso tributó todo a esa noble causa y dos de sus hijos tomaron las banderas de relevo y las supieron llevar con honor por los campos de Nicaragua.
Según contaba Benigno nadie fumaba, nadie hablaba, sólo se escucha el inevitable crujido de las ramas secas al pisarlas involuntariamente y los ruidos que hacen las armas al chocar contra el resto del equipo que porta un combatiente.
No había dudas que así, paso a paso, iban ganándole metros al terreno y achicando la hora de la liberación, que estaba llegando para esa en otrora tiranizada patria.
Cuando el grupo iba pasando por una parte del sendero, donde se forma una pequeña garganta flanqueada por unas elevaciones, fue cuando frente a ellos se escuchó el inconfundible sonido que produce un arma al "montarse", o sea el manipular del cerrojo para introducir el cartucho inicial en la recámara, cartucho portador del mortífero proyectil.
Cual tocados por el mismo rayo invisible todos los integrantes del grupo se tienden, e instantáneamente se escuchan los sonidos de otras armas que se preparan, respondiendo con el metálico lenguaje en el que sólo ellas se entienden.
No se veía nada, ni nadie tan sólo hojas, todo estaba paralizado, menos el agua de las vertientes serranas que seguía indiferente corriendo por entre las piedras,
Aunque hacia mucho calor, calor un frío silencio se extiende minutos que parecen horas como si detrás de cada piedra, cada árbol, no hubiera seres humanos dispuestos a arrancarse eso tan preciado que llamamos vida.
Algunos, los más fogueados, reptando lentamente aprovechan para situarse más ventajosamente en el accidentado terreno, hasta que desde las posiciones de los sandinistas una voz dice el consabido "¿quien vive?",.del otro lado se responde otra voz por aquí "Nenin", que era el nombre de guerra de uno de los jefes de los destacamentos móviles sandinistas.
Ante la duda de la trampa se vuelve a hacer otro largo silencio, hasta que "Meme" se acomoda un poco para poder ver entre la tupida maleza, para ello se incorpora lentamente apoyándose en las dos manos, como si fuera a hacer una "lagartija", y observa a su alrededor sin poder ver nada.
En ese momento, y desde donde nadie lo esperaba, suena una larga ráfaga de fusil automático, y en fracción de segundos una andanada de invisibles proyectiles cruzan el espacio y uno de ellos logra acertar en la garganta del "Meme"; su muerte fue instantánea.
Seguidamente se produce un fuerte intercambio de fuego donde caen fulminados los dos operadores de radio, Una ametralladora pesada, VZ37 Checa, que debía dar repuesta no logra funcionar, debido a que su dotación no puede introducirle la cinta con los cartuchos.
"El Chino" Benigno se repliega junto con otros combatientes ya heridos luego de unos instantes de nutrido fuego se callan las armas, solo se escuchan las puteadas, los juramentos y los lamentos de los heridos; entre el olor ocre se disipa el humo tenue y azulado de la pólvora.
Los enemigos emboscados se retiran y allí quedan varios cuerpos tendidos, entre ellos el del Meme, abonando con su sangre generosa aquella tierra tan lejana y a su vez tan cercana.
Llegó el atardecer en el puesto de mando ubicado en unas vetustas edificaciones de lo que fuera una calera, que daba el nombre al lugar: "La Calera".
Allí, reponiéndose de una herida en su espalda, estaba la combatiente Lucía Herrera, para nosotros "La Panchita". O la “Negra Pancha”.
Ella fue la que después del triunfo me contó que cuando escuchó el parte de guerra donde se daba el nombre de los caídos en aquella acción se enteró de que “Pedro el uruguayo”, a quien había conocido en los trajines de la guerra, era una baja.
La Pancha era una chavala que estaba acostumbrada desde muy joven a la vida dura, a la clandestinidad, presa y torturada cuando era estudiante en su Chinandega natal, fogueada en los combates de las Montañas del Norte junto al las fuerzas del “Danto”, cuando aún el triunfo era sólo una tentación.
Cuando me relataba estos hechos no pudo sostener unas caprichosas lágrimas, que rodaron por sus mejillas de piel oscura y dorada a la vez por los últimos rayos del sol que se fue ocultando despacito, en el poniente de la Managua liberada, mientras una bandera azul, blanca y azul se arriaba lentamente a los toques largos del clarín.
Al mes aproximadamente de terminada la guerra, junto a su hermano Iván Altesor, a Benigno y a Gastón, me tocó la triste tarea de ir a recuperar y trasladar su cuerpo para rendirle honores militares y darle sepultura en el cementerio de Managua, donde aún yace.
El Meme estaba enterrado cerca del comando de Sapoa, dentro de lo que era muy común usar como improvisado ataúd: las cajas de madera en las que vienen embaladas las municiones de artillería.
Antes de proceder al traslado, Benigno quiso mostrarnos con lujo de detallas la zona donde se desarrollaron los combates, el lugar y las circunstancias precisas donde había caído nuestro camarada.
Cuando nosotros llegamos a esos lugares donde se había restablecido el silencio, y si no fuera por las vainas de fusil vacías, los trozos de uniformes y equipos militares semi enterrados y esparcidos por varios lugares, nadie diría que apenas hacía un mes, la guerra era la que mandaba.

____Nuestra mayor solidaridad a su hermano Iván, quien lo acompañaba en esa heroica lucha y que actualmente reside con su familia en México.
La Comisión de Difusión del Comité de Base del FA en México "Gral. Víctor Licandro”

Director de ASSE y dirigente sindical procesados junto a empresarios


COIMA
18.07.2014
MONTEVIDEO (Uypress) — Luego de largas horas de interrogatorio en la sede del juzgado dirigido por Néstor Valleti y con un pedido de procesamiento por parte del fiscal Gilberto Rodríguez fue procesado el director de ASSE Alfredo Silva.
Silva fue procesado sin prisión por el delito conjunción del interés público con el privado. También fue procesado el dirigente de la Federación de Funcionarios de Salud Pública Heber Tejeira. En el caso de Tejeira el procesamiento fue con prisión al que se le sumó el delito de cohecho -coima.
Otras cuatro personas fueron procesadas por estafa. En estos casos también fue sin prisión. Se trata de personas vinculadas a la empresa Buena Estrella. Otros cuatro empresarios fueron procesados por cohecho simple y lo fueron sin prisión.
La situación de ASSE, la compleja trama de influencias que tuvieron a Alfredo Silva como uno de sus artífices, según se concluye de las investigaciones judiciales, y su procesamiento llevaron a que la dirigencia del PIT-CNT se reuniera en forma especial y , resolviera remover a Silva como representante de los trabajadores en ASSE.
Como dice el PIT-CNT en su comunicado "los representantes de los trabajadores, en cualquier ámbito, no somos infalibles, como tampoco los son los representantes de otros sectores de la sociedad".
En otro punto informa que "relevará de su responsabilidad a Alfredo Silva, cumpliendo las formalidades del caso". En el mismo comunicado se informa que es convocada la Mesa Representativa del PIT-CNT para el día lunes a las 16 hs.
En junio del año pasado, el Tribunal de Cuentas había observado la contratación directa de Buena Estrella por parte de ASSE. El contrato se firmó por 18.000 horas mensuales, por la suma de $ 127,50 más IVA la hora. El monto mensual por los servicios contratados asciende hasta un máximo de $ 2:799.900, totalizando la suma de $ 19:599.300 en siete meses. La empresa sobrefacturó 15.000 horas más.
La oposición había votado en contra de la contratación directa de esta asociación civil.
Además de Silva, hay otros 23 detenidos que también deberán declarar entre jueves y viernes: cinco exdirectores de los hospitales Maciel, de Rivera, el Centro Auxiliar de Pando y el Instituto Nacional del Cáncer (INCA).
Alfredo Silva fue centro de una polémica el año pasado cuando varios directores de hospitales y policlínicas de la región oeste de ASSE se manifestaron "cansados" de los "permanentes destratos" y conducta "irrespetuosa" del director de ASSE en representación de los trabajadores.

Los BRICS y el desafío al modelo de Bretton Woods


En julio de 1944, representantes de más de 40 países se reunieron en un hotel en Bretton Woods, en New Hamp­shire, Estados Unidos, para diseñar un nuevo modelo de relaciones comerciales y financieras entre quienes se erigían como potencias una vez concluida la Segunda Guerra Mundial.
Han pasado ya 70 años, pero las instituciones nacidas en aquella cita —el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial—  continúan reproduciendo los mismos es­quemas de dominación, para beneficio exclusivo del gran capital en manos de las potencias occidentales.
Las naciones emergentes de Asia, Latinoamérica y África, que en los últimos años han asegurado más del 50 % del crecimiento mundial, no podían seguir esperando por la reforma de estos organismos.
Con el lanzamiento esta semana del Acuerdo de Re­servas de Contingencia y el Banco de Desarrollo del BRICS, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica han decidido comenzar a cambiar el orden existente y reivindicar su papel —cada vez más importante— en la economía internacional.
Pero la “ruptura” del status quo establecido, no solo tendrá implicaciones para este grupo de cinco países, que hoy aportan el 21,1 % del Pro­ducto Interno Bruto global, equivalente a unos 15,8 billones de dólares.
Según la presidenta brasileña, Dilma Rou­sseff, anfitriona de la VI Cumbre del BRICS, el naciente banco —con un capital autorizado de cien mil millones de dólares— “re­pre­sentará una alternativa para las necesidades de financiación de los países en desarrollo” y “compensará las deficiencias de crédito” que existen en las instituciones financieras multinacionales.
Mientras, el fondo de contingencias estará dotado de otros cien mil millones de dólares y también “contribuirá a la estabilidad financiera global”.
De acuerdo con la declaración conjunta suscrita al concluir la reunión en la ciudad de Fortaleza, los mecanismos creados por el BRICS no buscan sustituir ni confrontar al FMI —cuyos recursos suman 937 mil millones de dólares— o al Banco Mundial, sino “complementarlos”.
“Con fundamentos en principios bancarios sólidos, el banco fortalecerá la cooperación entre nuestros países y complementará los esfuerzos de las instituciones financieras multilaterales y regionales para el desarrollo global, contribuyendo, así, a nuestros compromisos colectivos en la consecución de la meta de crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado”, afirma la declaración.
“El acuerdo (de reservas de contingencia) tendrá un efecto positivo de precaución, ayudará a los países para evitar problemas de presión de liquidez a corto plazo, promoverá una mayor cooperación de los BRICS, fortalecerá la seguridad en las finanzas globales y complementará los acuerdos internacionales existentes”, prosigue el texto.
Desde Brasil los BRICS expresaron su “desacuerdo” y “seria preocupación” con el hecho de que el FMI no haya implementado las reformas acordadas en el 2010, “lo que impacta negativamente en su legitimidad, credibilidad y eficacia”.
Ese año, el FMI aprobó una reforma de sus cuotas para otorgarles mayor rol en el organismo a las economías emergentes, sobre todo a China. Sin embargo, la propuesta lleva tiempo empantanada en el enfrentamiento entre demócratas y republicanos en el Congreso de Estados Unidos, y hay quienes aseguran que nunca verá la luz.
De hecho, de acuerdo con Jim O’Neill, inventor del término BRIC (luego se agrega la S), “el peso otorgado entonces a algunos países emergentes ya se ha quedado viejo y es cada vez más evidente que la gobernanza global actual dista mucho de ser la óptima”.
Respecto al Banco Mundial, el documento suscrito por los BRICS plantea que el objetivo universal de acabar con la pobreza extrema “solo será posible si la institución y sus miembros caminan efectivamente en dirección a estructuras de Gobierno más democráticas, fortalecen la capacidad financiera del banco y exploran formas innovadoras de ampliar la financiación para el desarrollo de cada país reconociendo sus necesidades”.
En un contexto en que persisten los efectos de la crisis financiera del 2008, los nuevos mecanismos del BRICS están llamados a ser una alternativa para el mundo en de­sarrollo ante los programas de ajuste de los llamados “gemelos de Bretton Woods”.
No pocas veces los préstamos otorgados por el FMI o el Banco Mundial han im­plicado “condiciones leoninas” para los países en situación crítica, con merma del gasto público, reducción de los poderes estatales y desempleo.
En opinión de la profesora cubana Gladys Hernández, del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, el grupo de las cinco economías emergentes demostró en Fortaleza su voluntad para trabajar en la mejora de la gobernanza económica a nivel global y aumentar la representatividad de los países en desarrollo.
Los BRICS patentaron que el banco fortalecerá la cooperación entre sus países y complementará los esfuerzos de las instituciones financieras multilaterales y regionales para el desarrollo global, contribuyendo, así, a sus compromisos colectivos en la consecución de la meta de crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado, añadió.
Por su parte, el economista argentino Andrés Asiaín, del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, considera que “para las economías del mundo, sobre todo para las no desarrolladas, es importante que las posibilidades de acceso a financiamiento internacional no estén monopolizadas por organismos internacionales, hegemonizados por una única potencia como puede ser Estados Unidos y que aparezcan posibilidades de financiamiento alternativas de otros bloques geopolíticos”.
En ese sentido, el presidente boliviano, Evo Morales, quien participó en la reunión BRICS-Unasur, destacó que la creación del Banco de Desarrollo podría ayudar a países de América Latina y del mundo en general a librarse de la es­peculación y extorsiones fi­nancieras, “del neoliberalismo y del neocolonialismo” que los ha sometido durante décadas.

Solo queda un campo sembrado de cadáveres y chatarra

En el lugar de la catástrofe del avión de Malasia 

Rebeldes prorrusos permitirán el rescate de las víctimas del avión en una zona de 20 km. Foto: Getty Images
Foto: Getty Images
Un inmenso campo cercano a la localidad ucraniana de Grabovo, en la región de Donetsk, es el dramático escenario donde permanecen desperdigados los restos metálicos del avión malasio que se estrelló el jueves junto a decenas de cadáveres de los casi 300 pasajeros que iban a bordo.
A unos 80 kilómetros de la capital regional, Donetsk, en el conflictivo este de Ucrania, un espectáculo dantesco se abre ante los ojos de los pocos periodistas que han llegado al lugar del suceso después de pasar una decena de puestos de control de los rebeldes prorrusos.
Estos custodian la zona del desastre y vigilan a los periodistas que hacen su trabajo entre los restos de la tragedia.
Un gran fragmento del fuselaje del avión deja ver claramente el emblema de la compañía aérea Malaysian Airlines, cuyo vuelo MH17, que cubría la ruta Amsterdam-Kuala Lumpur, se estrelló derribado supuestamente por un misil tierra-aire.
Otros trozos más pequeños del aparato están diseminados en una amplia zona, y entre ellos aparecen también numerosos cuerpos de hombres y mujeres que viajaban en el fatídico vuelo.
Aún quedan trazas de fuego y humo que emanan de los restos del accidente y el lugar está poblado por muchos milicianos armados hasta los dientes.
Estos dejan a los periodistas trabajar y aseguran que no han recogido los cuerpos porque no es su trabajo y porque permiten que los socorristas del Servicio Nacional de Situaciones de Emergencia cumplan sus labores.
Los equipos de rescate acarrean sin cesar camillas en los que trasladan cadáveres en una amplia área de una decena de kilómetros cuadrados.
Uno de los comandantes rebeldes cuyo mote de guerra es “Ugrumin” dice a Efe que no es cierto que ellos dispararan el misil que derribó el aparato malasio cuando volaba a más de 10.000 metros de altura.
“Es una provocación de los servicios de seguridad ucranianos”, asegura.
En la zona del desastre no hay disparos a pesar de encontrarse en una de las regiones separatistas donde se enfrentan los insurgentes prorrusos con el Ejército ucraniano desde abril pasado.
Aunque no se llegó a un alto el fuego entre las partes, de hecho rige una especie de tregua desde que tuvo lugar el dramático suceso.
Además, según informó hoy el Servicio de Seguridad ucraniano desde Kiev, los rebeldes se han comprometido a permitir los trabajos de rescate de las víctimas en un radio de 20 kilómetros.
Así lo acordó el llamado Grupo de Contacto, formado por representantes de Ucrania, Rusia y la Organización para la Seguridad y Cooperacoón en Europa (OSCE) en una videoconferencia celebrada anoche con los prorrusos desde Kiev.
“Las negociaciones a tres bandas terminaron con el acuerdo de que se creará una zona de 20 kilómetros cuadrados para que Ucrania pueda cumplir su tarea humanitaria, recoger los cuerpos y entregarlos a sus familiares”, dijo Valentin Nalivaichenko, jefe de los servicios de seguridad.
(Con información de EFE)