Centenario del nacimiento de Aníbal Sampayo
El uruguayo compuso grandes clásicos de la música popular rioplatense
06 de agosto de 2026

Aníbal Sampayo compuso más de 150 canciones. Archivo -
El poeta, cantante, guitarrista, arpista y compositor falleció a los 80, pero antes dejó testimonio de su talento y de su compromiso artiguista.
Tres calles en Uruguay llevan su nombre: Aníbal Sampayo. Una está a justo 491 kilómetros -en auto- del 0 argentino, en Congreso. Queda en la periferia de Colonia del Sacramento, cerca de Barraca “El General” y de los Altos del Calabrés, cruzando el Viejo Puente de la Caballada. La idea fue de vecinos del barrio y la concreción, de la Junta Departamental de la Ciudad. Otra escueta arteria con su nombre es un pasaje cercano a la ruta llamada como uno de los máximos e importantes próceres nacionales uruguayos: Manuel Oribe, uno de los 33 Orientales. La tercera calle denominada Sampayo se erige en la Ciudad de la Costa perteneciente al Departamento de Canelones, en las proximidades del barrio Lagomar.
Y vaya que Sampayo lo merece. Se lo recuerda siempre a este poeta, cantante, guitarrista, arpista y compositor. Pero hoy 6 de agosto con un plus: cumpliría 100 años, si la Parca no se lo hubiese arrancado a Paysandú cuando tenía 80. Por refrescar nomás, el nombre de esas calles y sus porqués empezaron a nacer el 6 de agosto de 1926 en la bella y serena tierra sanducera. Paraje que, junto a sus derredores, daría pluma y sustento a grandes clásicos de la música popular rioplatense.
Por ejemplo, “Río de los Pájaros”, la primera gran canción que compuso Sampayo en un año tan de alba como 1956, de trascendencia transversal a geografías, estéticas, historias y sociedades. Ahora que se tiene la opción, un click despliega la enorme cantidad de veces que la pieza se grabó en todas partes, en todo momento y a través de todo tipo de voces solistas o agrupaciones musicales, aunque la que su autor amó fue la del principal propalador de sus canciones: Jorge Cafrune.
Tres calles en Uruguay llevan su nombre: Aníbal Sampayo. Una está a justo 491 kilómetros -en auto- del 0 argentino, en Congreso. Queda en la periferia de Colonia del Sacramento, cerca de Barraca “El General” y de los Altos del Calabrés, cruzando el Viejo Puente de la Caballada. La idea fue de vecinos del barrio y la concreción, de la Junta Departamental de la Ciudad. Otra escueta arteria con su nombre es un pasaje cercano a la ruta llamada como uno de los máximos e importantes próceres nacionales uruguayos: Manuel Oribe, uno de los 33 Orientales. La tercera calle denominada Sampayo se erige en la Ciudad de la Costa perteneciente al Departamento de Canelones, en las proximidades del barrio Lagomar.
Y vaya que Sampayo lo merece. Se lo recuerda siempre a este poeta, cantante, guitarrista, arpista y compositor. Pero hoy 6 de agosto con un plus: cumpliría 100 años, si la Parca no se lo hubiese arrancado a Paysandú cuando tenía 80. Por refrescar nomás, el nombre de esas calles y sus porqués empezaron a nacer el 6 de agosto de 1926 en la bella y serena tierra sanducera. Paraje que, junto a sus derredores, daría pluma y sustento a grandes clásicos de la música popular rioplatense.
Por ejemplo, “Río de los Pájaros”, la primera gran canción que compuso Sampayo en un año tan de alba como 1956, de trascendencia transversal a geografías, estéticas, historias y sociedades. Ahora que se tiene la opción, un click despliega la enorme cantidad de veces que la pieza se grabó en todas partes, en todo momento y a través de todo tipo de voces solistas o agrupaciones musicales, aunque la que su autor amó fue la del principal propalador de sus canciones: Jorge Cafrune.
A través de ella y de otras piezas similares, el vate sanducero marcó una cancha poética poblada de seres costeros a quienes conocía bien. La morena que lava. El gurí con ojos de yacaré. El padre pescador. Y la madre que cocina charque. Otra de esas piezas es “Ky chororó”, esa oda al pescador y su enorme soledad, que Mercedes Sosa embelleció aún más con su portentosa voz.
Con el par predicho bastaría, pero hay más para tener y guardar entre las más de 150 que Sampayo compuso a lo largo de su vida musical. Entre ellas, una que llegaron a cantar juntas las hinchadas de Nacional y Peñarol durante el entretiempo de un aburridísimo partido (“Cielo en flor”). Otra que produce un antes y un después en la vida de cualquier mortal más o menos sensible cuando la escucha por José Larralde (“Garzas Viajeras”). Y un puñado en que prevalece la canción litoral a pleno, con su rítmica fluvial y sus personajes ribereños: “Río sin fronteras”, “Canción de verano y remo”, “Cautiva del río” y “Verde litoral”.
Con toda esa producción ensambla por supuesto la faz militante de Sampayo. Su compromiso. Una tríada de canciones cuyo nombre dicen todo (“A José Martí”-“A Simón Bolívar”-“Por el Mariscal López”) enlaza a su vez con otra cuyo concepto resumido en sus títulos también dicen todo: “Cielito del prisionero”, “Ejército del pueblo” y “Minué de los Montoneros”. Parte militante esta, pues, que lo llevó a decirse alguna vez como un “luchador social con guitarra”.
La máxima expresión de ello fue sin dudas José Artigas, Aurora, lucha y ocaso del Protector de los pueblos libres, obra conceptual que Sampayo publicó en 1971, junto al conjunto Los Montaraces. “De todos los `istas` que me encajan, el único que comparto es el de artiguista. Creo que los uruguayos tenemos una gran deuda con el pensamiento de Artigas, cada frase que realizó encierra un profundo contenido”, declaró con supina claridad y contundencia en una entrevista que le hicieron en 1999, en el Órgano Escrito de Paysandú. También conocida, a la manera de la era, como la “Cantata Artigas”, la obra encierra en once piezas coligadas vida y obra del protector de los pueblos libres graficada musicalmente en clave de vidalita, gato, cifra, cielito, estilo, candombe, chamamé, huella y guarania.
La posterior dictadura del país celeste no le perdonaría esta obra. Tampoco su adhesión a los Tupamaros. Debido a ello, el itinerario de Sampayo fue un poco el de muchos músicos de su generación. A una década de gran popularidad como la del ‘60, etapa en la que estuvo presente en todas las lunas de Cosquín, sobrevino una posterior enmarcada por la persecución y el ostracismo. En su caso, provocado por una prisión en el paradojal Penal de Libertad, que duró de 1972 a 1980, cuando lo liberaron condicionalmente y se instaló por un tiempo en Brasil para radicarse luego en Suecia, hasta su retorno al Río de la Plata en 1985. “La cárcel fue como una escuela” dijo él alguna vez. Lo dijo porque ese largo lapsus le permitió ordenar ideas y leer mucho.
La ávida lectura de Sampayo en pleno presidio lleva a una tercera vía hacia su alma: su rol como investigador y escritor con base en el folklore uruguayo y las músicas del litoral. Sus libros en carácter de tal llevan por nombres El canto elegido, publicado en 1985; Nuestras Raíces –Toponimia, flora y fauna guaraní en el Uruguay, de 1996, y Desde Paysandú, canto y poesía, publicado editado cinco años después. La trilogía permite, igual que sus discos y luchas, llegar a su tan vigente entraña.
Con el par predicho bastaría, pero hay más para tener y guardar entre las más de 150 que Sampayo compuso a lo largo de su vida musical. Entre ellas, una que llegaron a cantar juntas las hinchadas de Nacional y Peñarol durante el entretiempo de un aburridísimo partido (“Cielo en flor”). Otra que produce un antes y un después en la vida de cualquier mortal más o menos sensible cuando la escucha por José Larralde (“Garzas Viajeras”). Y un puñado en que prevalece la canción litoral a pleno, con su rítmica fluvial y sus personajes ribereños: “Río sin fronteras”, “Canción de verano y remo”, “Cautiva del río” y “Verde litoral”.
Con toda esa producción ensambla por supuesto la faz militante de Sampayo. Su compromiso. Una tríada de canciones cuyo nombre dicen todo (“A José Martí”-“A Simón Bolívar”-“Por el Mariscal López”) enlaza a su vez con otra cuyo concepto resumido en sus títulos también dicen todo: “Cielito del prisionero”, “Ejército del pueblo” y “Minué de los Montoneros”. Parte militante esta, pues, que lo llevó a decirse alguna vez como un “luchador social con guitarra”.
La máxima expresión de ello fue sin dudas José Artigas, Aurora, lucha y ocaso del Protector de los pueblos libres, obra conceptual que Sampayo publicó en 1971, junto al conjunto Los Montaraces. “De todos los `istas` que me encajan, el único que comparto es el de artiguista. Creo que los uruguayos tenemos una gran deuda con el pensamiento de Artigas, cada frase que realizó encierra un profundo contenido”, declaró con supina claridad y contundencia en una entrevista que le hicieron en 1999, en el Órgano Escrito de Paysandú. También conocida, a la manera de la era, como la “Cantata Artigas”, la obra encierra en once piezas coligadas vida y obra del protector de los pueblos libres graficada musicalmente en clave de vidalita, gato, cifra, cielito, estilo, candombe, chamamé, huella y guarania.
La posterior dictadura del país celeste no le perdonaría esta obra. Tampoco su adhesión a los Tupamaros. Debido a ello, el itinerario de Sampayo fue un poco el de muchos músicos de su generación. A una década de gran popularidad como la del ‘60, etapa en la que estuvo presente en todas las lunas de Cosquín, sobrevino una posterior enmarcada por la persecución y el ostracismo. En su caso, provocado por una prisión en el paradojal Penal de Libertad, que duró de 1972 a 1980, cuando lo liberaron condicionalmente y se instaló por un tiempo en Brasil para radicarse luego en Suecia, hasta su retorno al Río de la Plata en 1985. “La cárcel fue como una escuela” dijo él alguna vez. Lo dijo porque ese largo lapsus le permitió ordenar ideas y leer mucho.
La ávida lectura de Sampayo en pleno presidio lleva a una tercera vía hacia su alma: su rol como investigador y escritor con base en el folklore uruguayo y las músicas del litoral. Sus libros en carácter de tal llevan por nombres El canto elegido, publicado en 1985; Nuestras Raíces –Toponimia, flora y fauna guaraní en el Uruguay, de 1996, y Desde Paysandú, canto y poesía, publicado editado cinco años después. La trilogía permite, igual que sus discos y luchas, llegar a su tan vigente entraña.