21 jul 2014

El Boeing malasio bajó de altura a petición de controladores ucranianos

Catástrofe del Boeing de Malaysia Airlines en el este de Ucrania


El Boeing malasio que se estrelló en Ucrania iba a una altura más baja de la prevista por el plan de vuelo, declaró hoy el vicepresidente de Malaysia Airlines, Huib Gorter, en una rueda de prensa en Ámsterdam.
Según Gorter, el plan de vuelo estipulaba una altura de 10.660 metros, pero los pilotos tuvieron que bajar hasta 10.050 metros por exigencia de controladores aéreos ucranianos.
Indicó además que todos los sistemas de la aeronave funcionaban con normalidad cuando desapareció de los radares.
“El más reciente chequeo del avión se realizó el 11 de julio de 2014. (…) Todos los sistemas de comunicación funcionaban con normalidad antes de que desapareciera de los radares”, dijo.
Gorter informó que por el momento no está determinada la nacionalidad de cuatro de los pasajeros.
“Según últimos datos, a bordo del Boeing siniestrado había 189 neerlandeses, 44 malasios, 27 australianos, 12 indonesios, nueve británicos, cuatro belgas, cuatro alemanes, tres filipinos, un canadiense y un neozelandés. La nacionalidad de cuatro personas todavía no está determinada”, comunicó.
El Boeing 777 de Malaysia Airlines, que cubría la ruta de Ámsterdam a Kuala Lumpur con 283 pasajeros –entre ellos 85 niños– y 15 tripulantes a bordo, cayó ayer en la provincia de Donetsk, en una zona controlada por las milicias que se oponen con las armas al Gobierno de Kiev. No hubo sobrevivientes. 
El primer ministro de Ucrania, Arseni Yatseniuk, afirmó no poseer dudas de que el Boeing malasio fuera derribado por sistemas antiaéreos Buk.
“En la etapa actual no tenemos ninguna duda de que el avión fue derribado, y la causa de su caída es un disparo de misil, y lo más probable es que haya sido del sistema Buk M1”, dijo este lunes Yatseniuk en una conferencia de prensa.
Según sus palabras, “queda completamente claro” que el sistema puede ser operado sólo por especialistas. Yatseniuk aseguró que la preparación de estos profesionales se realizó “en territorio ruso”.
Previamente el Ministerio de Defensa ruso había negado que un sistema antiaéreo Buk u otras armas del Ejército ruso hubiesen cruzado la frontera con Ucrania. Al mismo tiempo, según datos de este ministerio, la ruta del Boeing 777 y el lugar de su caída están dentro de la zona de alcance de tres baterías Buk M1 ucranianas y de tres baterías de otros sistemas antiaéreos de ese país.
El Boeing 777 malasio que realizaba un vuelo de Ámsterdam a Kuala Lumpur con 298 personas a bordo, cayó el pasado jueves en el este de Ucrania, en una zona controlada por las milicias que luchan contra el Gobierno de Kiev. En la catástrofe no hubo sobrevivientes. Las autoridades de Kiev acusaron del siniestro a las milicias independentistas. Estas afirmaron que no poseen medios capaces de derribar un avión a esa altura.
En reiteradas ocasiones Rusia declaró que no está involucrada en los sucesos del sudeste de Ucrania y no posee tropas y servicios especiales de inteligencia en el lugar. El jefe del Ministerio de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, destacó que no existen causas para acusar a Rusia del empeoramiento de la situación en esa región de Ucrania.

Matanza en el barrio de Shayahía

Las bombas que caían durante todo el domingo en el barrio de Shayahía, en el este de la ciudad de Gaza, mataron al menos a 67 palestinos e hirieron a unos 400 más.
Ha sido el peor día de la ofensiva militar israelí en Gaza. Entre los muertos, decenas de niños, también el conductor de una ambulancia que quedó calcinada y un reportero palestino que lo acompañaba.
Columnas y nubes de humo gris coronan numerosos edificios del barrio, convertido en una zona devastada. Las ambulancias corren con heridos evacuados de los escombros y en la calle aún yacen cuerpos sin vida.
En la morgue del hospital Al-Shifa, en Gaza, no caben los cadáveres y en el centro no hay sitio para tantos heridos.
“En mi familia han muerto 12 personas, entre ellas mi sobrino de cuatro años”, explicó a Nóvosti Shadi Ayad, de 26 años.
Las ambulancias no paraban de llegar al hospital con más víctimas, entre ellas muchos niños con sus cuerpos destrozados por la metralla.
El hospital se ha convertido en un campo de refugiados donde se han instalado vecinos de Shayahía.
“No sabemos donde cobijarnos. Aquí no van a bombardear, así que nos quedamos. Estamos rendidos, hemos venido caminando durante dos horas desde Shayahía”, relató Umm Mohammed, una vecina del barrio.
Más de 81.000 personas se alojan ya en 61 escuelas y edificios de la UNRWA habilitados como campos de desplazados, según esta agencia. Pero los centros de la UNRWA no dan abasto.
Los bombardeos se han interrumpido parcialmente en Shayahía entre las 13.30 y las 15.30 horas (11.30 y 13.30 GMT) del domingo, el periodo en el que se había decretado una tregua solicitada con la Cruz Roja Internacional. Pero el alto el fuego no se respetó totalmente. El Ejército israelí acusó a Hamás de violarlo y atacar a sus soldados “con fusiles automáticos, granadas y diversas armas”.
Al final, la tregua se alargó hasta las 17.30 (15.30 GMT). La orden del Gobierno israelí era “acabar con la infraestructura de túneles que los terroristas utilizan para infiltrarse en Israel” y los soldados han entrado esta madrugada en Shayahía porque “es un nido de túneles, algunos llegan hasta las casas”, aseguró un portavoz del Ejército israelí.
Los militares que entraron con blindados en Shayahía encontraron resistencia de milicianos palestinos y en los combates murieron 13 soldados y ocho resultaron heridos. Las bajas militares de Israel son ya 18 y las civiles, dos. Los bombardeos segaron la vida de diez palestinos más en otros puntos de Gaza. La lista de muertos es de 425 y la de heridos supera los 3.000.

Alemania y Estados Unidos: una brecha sin precedente

IMMANUEL WALLERSTEIN / LA JORNADA –
 El 10 de julio, el gobierno alemán demandó el retiro inmediato del jefe de la misión de la CIA en Berlín. Tal exigencia no es inusual, aun entre aliados ostensibles. Lo que es inusual es que deba ser anunciado públicamente y con tanta fanfarria. ¿Qué es lo que da cuenta de lo que algunos ya están llamando una brecha sin precedente en las muy cercanas relaciones entre Estados Unidos y la República  Federal Alemana desde 1945?
En tan sólo un día el asunto fue la ocasión para dos textos importantes: un editorial en Los Ángeles Times y un reportaje en el periódico alemán Der Spiegel. Ambos son pesimistas en torno a si tal brecha sin precedente pueda ser reparada con prontitud, si es posible repararla.
El editorial de Los Ángeles Times, escrito por Jacob Heilbrun, se titula La ruptura germano-estadunidense. La palabra ruptura es inequívoca. O casi. Tras una revisión panorámica de varios comentarios alemanes, Heilbrun finaliza con esta admonición: “Si Obama es incapaz de controlar el espionaje en Alemania puede descubrir que está ayudando a convertir en adversario a un aliado. Para Obama, decir auf wiedersehen a un aliado de muchos tiempo le asestará un golpe a la seguridad nacional estadunidense que ninguna cantidad de información secreta podrá justificar”.
Si Heilbrun parece tener muy poca esperanza de que su punto de vista sea escuchado en Washington, palidece ante el reportaje principal de Der Spiegel de la misma fecha. Este largo texto se intitula: La opción de Alemania: ¿Será Estados Unidos o Rusia? Una sección del reportaje tiene por título: La gota que derramó el vaso. Cita a alguien que no está en la izquierda o a alguien que haya promovido relaciones más cercanas con Rusia. Menciona, en cambio, a un promovente de la economía de libre comercio, conservador y pilar de las relaciones con Estados Unidos, alguien que es cabeza de una organización conocida como el Puente Atlántico. En un tono de desesperación, dice: Si (los más recientes alegatos acerca del espionaje) resultan ser ciertos, es tiempo de que esto se detenga. Nótese que el escrito dice que es tiempo de que esto se detenga, no de que haya ulteriores discusiones o negociaciones al respecto. Sólo detenerse.
Un último detalle punzante: el embajador estadunidense en Alemania no habla alemán. El embajador ruso es tan fluido en alemán, que casi no se le nota el acento. La entrada a la oficina del embajador estadunidense está protegida con el nivel más alto de seguridad posible, sobrepasando aun la que gobierna la entrada a la Oficina Oval de la Casa Blanca. La entrada a la embajada rusa es tan casual, que ocasiona desconcierto.
¿Es esta brecha sin precedente tan repentina e impredictible? Por ahora, cada uno de los periódicos importantes y menores en Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otras partes está publicando esta historia, analizando las causas y predicando entorno a la solución. Sobre todo, casi todos los artículos buscan a quien culpar. Los sospechosos principales son la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y el presidente Obama. Pero, ¿acaso son simplemente las poco sabias decisiones de la NSA o de Obama? En otras palabras, ¿podría haber sido diferente? Bueno, seguramente en los detalles. El gobierno estadunidense ha sido estúpido y muy torpe. Sin embargo, el problema es estructural. No son los errores coyunturales ni la estupidez de quienes detentan el poder en Estados Unidos.
El problema básico es que Estados Unidos está y ha estado por algún tiempo en decadencia geopolítica. No le gusta esto. En realidad no lo acepta. Con seguridad no sabe cómo manejarlo, es decir, minimiza las pérdidas para Estados Unidos. Así que intenta restaurar lo irrestaurable –el liderazgo estadunidense (léase: la hegemonía) en el sistema-mundo. Esto hace de Estados Unidos un actor muy peligroso. No es pequeño el número de agentes políticos en Estados Unidos que llaman a alguna suerte de acción decisiva –sea lo que esto pueda significar. Y las elecciones estadunidenses pueden depender en gran parte de cómo juegan este juego los actores políticos estadunidenses.
Eso es de lo que se están percatando los europeos en general y ahora la canciller Angela Merkel. Estados Unidos se ha vuelto un socio muy poco confiable. Así que aun aquellos que en Alemania y otros países de Europa tienen nostalgia por el cálido abrazo del mundo libre, con renuencia se están uniendo a los menos nostálgicos en decidir cómo sobrevivir geopolíticamente sin Estados Unidos. Y eso los está empujando a la alternativa lógica: a un techo europeo que incluya a Rusia.
Y conforme alemanes y europeos en general se mueven inexorablemente en esta dirección, tienen sus dudas. Si ya no pueden confiar en Estados Unidos, ¿podrán realmente confiar en Rusia? Y lo más importante, ¿podrán hacer un arreglo con los rusos que los rusos encuentren importante y necesario cumplir? Pueden apostar que eso es lo que se está discutiendo en los círculos internos del gobierno alemán hoy, y no cómo reparar la brecha irreparable de confianza con Estados Unidos.
Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein

Israel emplea bombas de dardos de acero contra población civil, según el CPDH



























LOS PROYECTILES CAEN INDISCRIMINADAMENTE EN UNA AMPLIA ZONA





Foto: CPDH/THE GUARDIAN


Alcanzan velocidades similares a las de una bala. Estos dardos o "flechettes" son capaces de perforar incluso un casco y matar a una persona. La trayectoria de dispersión abarca un arco cónico de unos 300 metros de largo y 90 metros de ancho, por lo que su impacto es indiscriminado.

En concreto, el CPDH ha informado de que se dispararon seis proyectiles de dardos de acero contra la localidad de Juzaa, al este de Jan Yunís, el pasado 17 de julio. Una mujer de 37 años, Nahla Jalil Najjar, sufrió heridas en el pecho por el impacto de estos proyectiles.

El Ejército israelí no ha desmentido que utilice este tipo de munición en el conflicto. "Como norma, el Ejército solo utiliza armas que son consideradas legales según el Derecho Internacional y de una manera absolutamente coherente con las normas de un conflicto armado", ha señalado un portavoz militar israelí en declaraciones al diario británico 'The Guardian'.

Este tipo de munición no es ilegal desde el punto de vista del Derecho Internacional Humanitario, pero la organización israelí de defensa de los Derechos Humanos B'Tselem ha denunciado que "otras normas del Derecho Internacional convierten en ilegal su uso en la Franja de Gaza".

"Uno de los principios más fundamentales es la obligación de distinguir a los implicados en los combates y evitar herir a quienes no lo están. De este principio se deriva la prohibición de utilizar un arma imprecisa que probablemente provocará heridas a civiles", argumenta el grupo israelí, según recoge 'The Guardian'.

Sin embargo, el Tribunal Supremo israelí avaló en 2002 el uso de esta munición en 2002 y el Ejército israelí la considera particularmente eficaz en zonas en los que los combatientes enemigos se ocultan entre la vegetación. Israel ha empleado estos dardos en los últimos años tanto en Gaza como en territorio libanés.

Israel ha sido criticado por el uso de armamentos como el fósforo blanco durante la ofensiva de Gaza de finales de 2008 y principios de 2009, conocida como Plomo Fundido. En un primer momento Israel negó haber empleado obuses de artillería con fósforo blanco, pero más tarde admitió su utilización, aunque sólo para crear pantallas de humo. El fósforo blanco mató a decenas de personas y causó graves quemaduras a los supervivientes, ya que este químico incendia y consume el aire de la zona de impacto y las llamas incluso se meten en los pulmones

20 jul 2014

La falsa autopsia del apoderado de Graiver








Genocida Ramon Camps

Por Daniel Cecchini


El testimonio de un médico que vio y escuchó al genocida Ramón Camps ordenar que se falsearan las causas de la muerte de Jorge Rubinstein puede repercutir en la investigación sobre el despojo de Papel Prensa. El cadáver estaba en la morgue de la Bonaerense


El lugar era grande, con una mesada donde había un cadáver; estaba lleno de gente. Lleno de tipos con uniforme, de la Policía, de la Marina, del Ejército y otros. El ambiente parecía dominado por la exaltación. Los tipos se acercaban al cadáver y lo insultaban, le gritaban, lo puteaban: ‘¡Judío de mierda!’, ‘¡Judío hijo de puta!’. Era algo dantesco. Pasaron unos minutos y vi bajar a alguien por la escalera… ¡Era Camps! Se paró, miró a los presentes, que hicieron un inmediato silencio, y en tono de arenga militar, casi gritando, dijo algo así: ‘Ustedes, señores, están aquí para algo importantísimo. Este individuo –creo que ahí llenó también su boca con insultos de todo tipo– es un delincuente montonero… de los Graiver. Acá tiene que quedar claro que se murió por muerte natural, que no le hicimos nada. Se murió solo’.”
El testimonio pertenece al médico Alejandro Olenchuk, quien luego de 37 años de silencio relató lo ocurrido el 4 de abril de 1977 en la morgue policial ubicada en el subsuelo del edificio de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, ubicada en la calle 2 entre 51 y 53 de La Plata. El cadáver al que se refiere Olenchuk era el de Jorge Rubinstein, de 51 años, apoderado del Grupo Graiver, asesinado ese mismo día durante una sesión de torturas en el centro clandestino de detención conocido como Puesto Vasco. Allí, en ese momento, también estaban detenidos-desaparecidos Lidia Papaleo e Isidoro, Juan y Eva Graiver, entre otros integrantes del grupo empresarial que poco antes había sido despojado de Papel Prensa por los propietarios de los diarios Clarín, La Nación y La Razón en complicidad con los máximos jefes de la dictadura cívico-militar instalada el 24 de marzo de 1976.
El relato del médico Alejandro Olenchuk fue obtenido por el también médico e investigador Ricardo Martínez en el marco de sus indagaciones sobre la participación de los médicos de la morgue de la Bonaerense en el encubrimiento del genocidio cometido por la última dictadura.
La presencia en el lugar del jefe de la Policía Bonaerense, coronel Ramón Camps, para dar en persona, a una “junta médica” de ocho integrantes, la orden directa de falsificar la autopsia de Jorge Rubinstein revela no sólo la importancia que la dictadura daba a la operación relacionada con los familiares y socios de David Graiver, a quienes había secuestrado pero necesitaba vivos para someterlos a un “consejo de guerra” que validara el despojo de todas sus propiedades, sino que también pone en evidencia una puja intestina entre los dictadores, con Camps –apoyado por el gobernador de facto de la provincia, Ibérico Saint Jean, y el Jefe del Primer Cuerpo de Ejército, Guillermo Suárez Mason (a) Pajarito– de un lado y Jorge Rafael Videla del otro.
Testimonio de un médico. El relato del médico Alejandro Olenchuk fue obtenido por el también médico e investigador Ricardo Martínez en el marco de sus indagaciones sobre la participación de los médicos de la morgue de la Bonaerense en el encubrimiento del genocidio cometido por la última dictadura. El resultado de este trabajo –anticipado por Miradas al Sur en su edición del 23 de marzo de este año– quedó reunido en el libro La marca de la infamia, de la Madre de Plaza de Mayo Adelina Dematti de Alaye con la colaboración de la investigadora Karen Wittenstein y el propio Martínez.
Olenchuk, por entonces jefe de Anatomía Patológica del Hospital San Juan de Dios de La Plata, fue involuntario testigo de los hechos, ya que concurrió a la morgue policial por orden del ministro de Salud de la provincia en esa etapa de la dictadura, Joseba Kelmendi de Ustarán, sin saber para qué se lo convocaba. También –gracias a la intervención de un forense policial, cuyas motivaciones aún hoy desconoce– pudo evitar su participación en la falsa autopsia.
En su relato, Olenchuk recuerda con lujo de detalles lo que le ocurrió el 4 de abril de 1977. “Ese día no me puedo olvidar cuando el telefonista del hospital, un hombre alto y grande, me vino a buscar para decirme que el ministro quería hablar conmigo y que debía ir al Ministerio –cuenta–. Pensé muchas cosas y también de las peores, pero sin llegar a tranquilizarme me dije que si me quería echar no me llamaría el ministro, y si querían detenerme tampoco. Las dos veces que me echaron no me avisó nadie. La única precaución que se me ocurrió fue avisarle a otro de los jefes médicos del hospital. ‘Mire doctor, le dije, me llama el ministro para hablar conmigo, quiero que usted sepa’. El hombre entendió mi intención de inmediato”.
Una vez en el Ministerio, en la antesala del despacho del ministro, Olenchuk se encontró con otro médico, el entonces director del Policlínico General San Martín nombrado por la dictadura, Ramón Posadas, que también había sido citado. “Eso me tranquilizó, ya que a Posadas lo tenía como una persona alejada de cuestiones políticas (…). La verdad es que al saber que éramos dos, algo me tranquilizó”, explica. Una vez dentro del despacho, el ministro De Ustarán fue deliberadamente impreciso sobre el propósito de la citación. “Nos dijo: ‘Necesitamos que ustedes representen al Ministerio en una actividad en la Jefatura de Policía’”, recuerda. Y agrega: “Yendo para allá, me doy cuenta de que no llevaba guardapolvo, me pareció que si iba vestido con guardapolvo estaba, no sé, como más protegido. Así que paré en el Instituto Médico (n. de la r.: se refiere al Instituto Médico Platense, ubicado a menos de cien metros de la Jefatura), agarré uno de un médico amigo y me lo puse”.
En el hall de la Jefatura, Olenchuk no supo hacia dónde dirigirse, hasta que se encontró con otro médico. Se trataba del policía médico Jorge Antonio Bergés, hoy condenado por crímenes de lesa humanidad. “Ni bien entro, se me cruza un médico que me reconoció, uno de Quimes. El apellido era Bergés –dice–. Me conoció al instante porque había sido alumno mío, y con mucha amabilidad me atendió… y cuando le dije que me habían citado, enseguida me guió al lugar (…). Me señaló la puerta y entré solo. Bergés por entonces no era como ahora, ahí se movía como pez en el agua. Conocía todo. El lugar era un piso inferior o en un subsuelo, porque tuve que bajar una escalera. Cuando bajo llego a uno sala grande… lo que vi no me lo olvidaré jamás.”
Lo que el médico Alejandro Olenchuk vio y escuchó en la morgue es lo que se reproduce al principio de esta nota. La “junta” para cumplir con la misión ordenada por el genocida Ramón Camps estaba conformada por ocho médicos, dos civiles (Olenchuk y Posadas) y cinco policías médicos y un médico militar a quienes Olenchuk no conocía. La investigación de Adelina Dematti de Alaye, Ricardo Martínez y Karen Wittenstein pudo identificarlos de la siguiente manera: J. C. Rebollo (subcomisario), R.O. Calafell (subcomisario), R. Canestri (oficial principal), Eduardo Sotés (subcomisario), O. Raffo (jefe del Cuerpo Médico de la Unidad Regional de San Martín) y el teniente primero médico del Regimiento 7 de Infantería Ricardo Nicolás Lederer.
Después de la arenga, Camps se fue por donde había llegado. Olenchuk no sabía qué hacer. “Camps se retira y no sé cuánto pasó para que uno de los presentes, alguien que yo no conocía, se dirige a mí y me dice: ‘¿La autopsia la va a hacer usted, doctor?’ –recuerda–. Cuando escuché eso me quedé mudo, sin saber qué decir. Qué podía decir… En eso, un médico medio bajo y creo que de bigotes se apresura a cualquier respuesta mía. ‘Disculpe, doctor –dijo–, pero me parece que la autopsia la debo realizar yo porque soy médico forense de la Policía’. Yo tomé esas palabras como una salvación. Creo que ese médico me conocía, creo haberlo visto por el Policlínico… creo que también tenía una hija que era médica. Mi respuesta fue instantánea: ‘Sí, por supuesto, doctor’… Y me fui (…). Yo quería irme de allí”.
El certificado de defunción de “NN o Jorge Rubinstein” (así se lo identifica en el Libro Morgue), firmado por uno de los médicos participantes de la falsa autopsia, Eduardo Sotés, consigna como causa de muerte “Insuficiencia cardíaca aguda como consecuencia de su propia patología. No se han encontrado violencias externas ni tampoco internas que planteen culpabilidad de terceros”. El informe está acompañado de once fotografías y en varias de ellas se aclara: “No se observan signos de violencia externa”. En otras palabras: Jorge Rubinstein, asesinado en la sala de torturas del centro clandestino de detención Puesto Vasco, había dejado de existir por causas meramente naturales, ni más ni menos que lo que había ordenado Camps. Y no se culpe a nadie.
Secuestros y tensiones intestinas. A principios de marzo de 1977, el genocida Ramón Camps, jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, pudo finalmente dar la orden a sus grupos de tareas para que pusieran en marcha la “Operación Amigo”, cuyo objetivo era el secuestro de los integrantes del Grupo Graiver. Al frente de la tarea puso a su hombre de mayor confianza, el comisario Miguel Etchecolatz.
El 14 de marzo fueron secuestradas la viuda de David Graiver, Lidia Papaleo, y dos de las secretarias ejecutivas del grupo, Lidia Gesualdi y Silvia Fanjul. Tres días después, el 17 de marzo, corrieron la misma suerte Isidoro (hermano de David), Juan y Eva Graiver (sus padres) y el apoderado del Grupo empresario, Jorge Rubinstein, cuyo estado de salud era delicado y estaba reponiéndose de un presunto accidente automovilístico del que se sospecha que fue un atentado. Días más tarde fueron secuestrados Rafael Ianover, quien había sido el principal testaferro de David Graiver en Papel Prensa, y otros familiares e integrantes del Grupo.
Para Camps se trataba de una operación largamente demorada. Tenía en la mira a los Graiver, por “judíos y montoneros”, desde poco después de instalado el golpe de Estado, pero hasta entonces habían estado fuera de su alcance por precisas órdenes del dictador Jorge Rafael Videla. Los dictadores los necesitaban libres pero presionados para darle visos de legalidad a una de sus operaciones más importantes: que los dueños de los diarios Clarín, La Nación y La Razón se quedaran con las acciones de Papel Prensa, la única empresa productora de papel para diarios del país.
En Silencio por Sangre. La verdadera historia de Papel Prensa, Jorge Mancinelli y quien esto escribe explicaron que se trataba de una necesidad estratégica de la dictadura, para contar con la complicidad comunicacional y propagandística de los tres diarios más importantes de la Argentina. En noviembre de 1976, los familiares del malogrado David Graiver y el testaferro Rafael Ianover se habían visto obligados, bajo amenazas de muerte, a traspasar sus acciones a los dueños de los tres diarios durante una reunión realizada por la noche, en las oficinas que el diario La Nación tenía en el edificio de Florida 1. Aunque la empresa estaba valuada en alrededor de 15 millones de dólares, la transacción se hizo por 996.000 dólares, de los cuales la viuda de Graiver sólo recibió 7.000 en ese momento. No recibiría más.
Conseguidas las firmas para el traspaso, faltaban aún algunos aspectos legales que prolongaron la operación de apropiación hasta principios de marzo de 1977. Recién entonces, el dictador Videla, a través del general Guillermo Suárez Mason, le dio luz verde a Camps para que secuestrara a los Graiver. Pero los necesitaba vivos –aunque quebrados por las detenciones ilegales y las torturas– para someterlos a un consejo de guerra, instruido por el general Bartolomé Gallino, que los encontrara culpables del delito de “subversión económica” para así poder expropiar, a través de la Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial (Conarepa), el resto de las empresas del Grupo.
Una vez secuestrados, los integrantes del Grupo Graiver fueron confinados en Puesto Vasco y, más tarde, en el Pozo de Banfield, donde fueron sometidos a constantes torturas. Mientras esto ocurría, los dueños y los representantes legales de los tres diarios que se habían apropiado de Papel Prensa se reunían con Gallino para “darle letra” para los interrogatorios.
Pero en Puesto Vasco, Jorge Rubinstein “se les quedó” a los torturadores. La noticia de su muerte fue un duro golpe para Camps, que vio peligrar su posición en el Ejército y en el andamiaje represivo de la dictadura. No quería que Videla –contrariado por ese “exceso”– ordenara su desplazamiento. En ese contexto, la falsa autopsia de Rubinstein ordenada por Camps y perpetrada en la morgue de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires no sólo fue una maniobra tendiente a ocultar una muerte más del plan sistemático de represión ilegal de la dictadura sino también un intento del jefe de la Bonaerense de armarse un escudo protector por haber contrariado las órdenes de sus superiores.
Ahora, el testimonio del médico Alejandro Olenchuk sobre la autopsia de Rubinstein arroja nueva luz sobre los hechos. Seguramente, su contenido llegará al conocimiento del titular del Juzgado Federal en lo Criminal N° 10, Julián Ercolini, donde la causa que investiga la apropiación de Papel Prensa parece dormir el sueño de los (in)justos.