Desde mayo de 2008, Líbano es un país que no respeta su propia Constitución y ni siquiera tiene presupuesto. Hoy país a la deriva, el Líbano se ha convertido en una presa fácil para Israel. El fracaso de la operación contra Siria ha llevado al partido colonial a buscar un nuevo objetivo. Todavía es posible evitar una segunda guerra civil en Líbano, pero será difícil impedir una nueva invasión.
por Thierry Meyssan
RED VOLTAIRE | BEIRUT (LÍBANO) | 15 DE MARZO DE 2016
El 25 de mayo de 2008, la Cámara de diputados puso a Michel Sleiman en la presidencia de la República Libanesa, violando así la Constitución del país, cuyo Artículo 49 prohíbe la elección de un alto funcionario a menos de 2 años de haber terminado sus anteriores funciones. Sleiman ni siquiera recibió la presidencia de la República de manos de su predecesor, Emile Lahoud, sino que fue investido por el emir de Qatar, durante una ceremonia en la que estuvo presente, como representante de la antigua metrópoli colonial, el entonces ministro de Exteriores de Francia, Bernard Kouchner, sentado –no entre los invitados– sino en el área reservada a los miembros del gobierno libanés.