Javier Buenrostro
12 nov 2019

Después de semanas de presión de los grupos opositores en Bolivia y un bien orquestado proceso de desestabilización que incluía a las élites económicas bolivianas, medios de comunicación afines a ellas, falsas demandas laborales de grupos de represión como la Policía y en última instancia la participación determinante del Ejército, el presidente Evo Morales fue obligado a dimitir después que habían secuestrado a familiares de miembros del Movimiento al Socialismo (MAS), quemado su casas o los habían ultrajado de distintas maneras. Con una profunda responsabilidad democrática y con el ánimo de no causar víctimas inocentes (al contrario de Sebastián Piñera en Chile), Evo decidió dar un paso al costado para evitar una guerra civil y un baño de sangre en Bolivia.



