Nicolás Centurión

Las ollas populares se han multiplicado en Uruguay desde hace un año. El gobierno pasó de ignorarlas a contratar una ONG para tercerizar su gestión y concebirlas como un negocio. La ayuda gubernamental a los cada vez mayor número de necesitados, está muy lejos de ser digna. Las cacerolas están vacías de comida. Las cacerolas llenas de ruido que le reclaman al gobierno mayores medidas y empatía. Uruguay vuelve a ver en cada barrio una olla popular y/o un merendero para que miles puedan comer al menos una vez al día.


