2 mar 2026

ESTA VEZ SERA DIFERENTE

IRAN NO ES VENEZUELA
EEUU, entre el Destino Manifiesto y el «excremento del diablo»

Álvaro Verzi Rangel,
On Mar 1, 2026





Las guerras de Estados Unidos por apoderarse del petróleo se han convertido en un tema recurrente en la política y diplomacia del país: desde el siglo 19, el concepto de Destino Manifiesto incluye en la expansión territorial y el control de los recursos naturales, en especial del petróleo.

Se debe tener en cuenta que Irán dispone de las terceras reservas de crudo más importantes del mundo, después de Venezuela y Arabia Saudí . Las reservas de Venezuela están ahora supervisadas por EEUU y las de Arabia Saudí son de un país aliado de Washington dispuesto incluso a meterse en esta refriega contra Irán, rival en el Golfo Pérsico.

Irán es uno de los grandes abastecedores de China, a la que envía el 90% de su producción, lo que supone un 10% de las compras de crudo chinas. Lo que teme EEUU es el daño que Teherán podría hacer al tráfico de hidrocarburos en Oriente Medio si se ve bajo una amenaza existencial.

Si Irán ataca en represalia los yacimientos petrolíferos de sus vecinos del Golfo, y tiene capacidad para hacerlo, o cierra el estrecho de Ormuz al paso de los petroleros árabes, asiáticos y occidentales, la catástrofe está asegurada. Por Ormuz pasa el 22% del petróleo mundial y un 20% del gas licuado.


En primer lugar, que dispone de las terceras reservas de crudo más importantes del mundo, después de Venezuela y Arabia Saudí. Las reservas de Venezuela están ahora supervisadas por EEUU y las de Arabia Saudí son de un país aliado de Washington dispuesto incluso a meterse en esta refriega contra Irán, su rival en el Golfo Pérsico.

Es normal que Pekín haya levantado la ceja y exigido el “cese inmediato” de las hostilidades. Y no es baladí este resquemor. A nadie se le escapa que en la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU figura el estrangulamiento energético de China, su mayor competidor global.


En tercer lugar, está el daño que Teherán podría hacer al tráfico de hidrocarburos en Oriente Medio si se ve bajo una amenaza existencial. Si Irán ataca en represalia los yacimientos petrolíferos de sus vecinos del Golfo, y tiene capacidad para hacerlo, o cierra el estrecho de Ormuz al paso de los petroleros árabes, asiáticos y occidentales, la catástrofe está asegurada. Por Ormuz pasa el 22% del petróleo mundial y un 20% del gas licuado.

Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, el petróleo se convirtió en un recurso estratégico, y Estados Unidos ha utilizado su control sobre yacimientos petroleros para influir en las estrategias militares de otros países.Hoy, el petróleo sigue siendo un factor clave en la política y la economía de EEUUy el país ha desplegado varias estrategias para asegurar su acceso a este recurso vital.

El Departamento de Justicia de EEUU presentó una demanda para tomar posesión legalmente de un petrolero sancionado y de casi dos millones de barriles de petróleo incautados frente a la costa de Venezuela en diciembre, otro paso del gobierno de Donald Trump para reafirmar su poder sobre el sector petrolero venezolano tras bombardear Caracas y secuestrar al mandatario Nicolás Maduro. Es la primera demanda presentada por Washington para iniciar el proceso legal con el fin de asumir formalmente el control de uno de al menos 10 petroleros interceptados por las autoridades estadounidenses desde finales del año pasado.




El gobierno de Trump se ha propuesto controlar la producción, la refinación y la distribución global del petróleo de Venezuela, y decidir hacia dónde fluyen los ingresos. Ya comenzó a levantar sanciones amplias para permitir que empresas extranjeras operen en Venezuela, y asegurarse la apropiación de lo producido por sus ventas.


Irán no es Venezuela, algo que quizá no lo adviertan en la Casa Blanca, pero sí lo saben en Israel. Netanyahu podría haber dado ese paso hace mucho tiempo, pero el riesgo era muy alto y consideró que es mejor que lo asuma EEUU, sobre todo porque desvía las miradas del genocidio en Gaza y Cisjordania. A Netanyahu le interesa mucho que esta crisis, convertida en guerra abierta, se extienda por toda la región, al menos como una hecatombe económica que haga temblar los mercados y alcance a lugares tan distantes como China o la Unión Europea.

Más allá de derrocar el régimen islámico iraní y acabar con su potencial bélico, a Trump le interesaba sobre todo apoderarse del petróleo iraní, como lo hizo con las mayores reservas de hidrocaruburos del mundo, en Venezuela, y así controlar el flujo mundial del petróleo.



A Trump se le cayó definitivamente la máscara de pacificador mundial y dejó a un lado su compromiso para evitar por la vía diplomática que Irán fabrique armas nucleares. Los objetivos reales del ataque combinado lanzado por EEUU e Israel buscan el afianzamiento del Estado judío como superpotencia aliada en Medio Oriente, ya sin enemigos de fuerza en la región, y el refuerzo del control del flujo mundial de petróleo y gas en una zona que abastece en buena parte a China, el principal rival global de Washington.

Pero los mercados financieros han entrado en estado de shock ante la inminente parálisis del Estrecho de Ormuz, el paso por donde transita el 20% del petróleo del planeta. Con el crudo Brent acechando la barrera de los 100 dólares antes de la apertura del lunes, la comunidad internacional observa con temor cómo esta escalada militar podría transformarse, en cuestión de horas, en una crisis inflacionaria sin precedentes y en el inicio de un reordenamiento forzado del mercado energético global.

Expertos de J.P. Morgan y analistas de Barron’s advierten que si las hostilidades se mantienen o escalan, el precio se disparará rápidamente hacia el rango de los 100 a 150 dólares el barril. La combinación de una operación de «cambio de régimen» y la represalia inmediata de Irán contra aliados de EEUU ha creado una prima de guerra sin precedentes.



La mayor amenaza para la estabilidad económica es el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del consumo mundial de petróleo (20 millones de barriles diarios). Un cierre, aunque sea parcial, dejaría a las refinerías de Asia y Europa sin suministros básicos en cuestión de días. La capacidad de respuesta de la OPEP+, liderada por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos tiene la capacidad física de inyectar entre 2 y 3 millones de barriles adicionales al día, lo que será inútil si los misiles iraníes alcanzan las terminales de exportación de sus vecinos o si el paso por Ormuz queda minado.

El mayor temor de los inversores globales está en el bloqueo del Estrecho de Ormuz, ya que gran parte del mercado energético global transita por allí. Su ubicación estratégica, que separa a Irán de la Península Arábiga: cualquier interrupción en este paso marítimo, por donde transitan 20 millones de barriles diarios (20% del consumo mundial) tiene la capacidad de paralizar industrias enteras y disparar la inflación a nivel mundial en cuestión de horas.

Casi todo el gas natural licuado (GNL) de Qatar y el crudo de Arabia Saudita, Iraq, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos dependen de esta vía: no existen rutas terrestres o tuberías con la capacidad suficiente para compensar un cierre de este estrecho. Un bloqueo, aunque sea breve, dispararía la inflación global a niveles no vistos desde los años 70, predicen en Wall Street.

El excremento del diablo

El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso, arquitecto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), avizoró en su libro fundamental ‘Hundiéndonos en el excremento del Diablo’ (1976) la codicia y presiones externas que iban a circundar la explotación petrolera en Venezuela, décadas antes de que EE.UU. agrediera el país y secuestrara a su presidente con la finalidad de controlar su venta de crudo.

Ya advertía en la década de los 70 que las divisas extranjeras obtenidas por la venta de crudo, que era llamado por los indígenas prehispánicos como «excremento del diablo», solo podían emplearse en bienes y servicios foráneos. «Nos encontramos obligados a comprar cosas extrañas que para rendir buen provecho han de combinarse expertamente con bienes y servicios nacionales a fin de satisfacer verdaderas necesidades de los venezolanos».

Esta campaña contra Irán puede sacudir el mercado del petróleo con la caída de los suministros de las extractoras 
iraníes y con la amenaza, muy real, de que Teherán bloquee el estrecho de Ormuz e impida el trasiego marítimo de crudo hacia el resto del mundo. La amenaza de un barril de petróleo a cien dólares es muy real.



Irán es el quinto productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por detrás de Rusia, Arabia Saudí, Irak y Emiratos Árabes Unidos. Produce unos 3,3 millones de barriles al día, es decir un 11% del total de los doce países que integran la OPEP. Equivale a un 4,5% del bombeo global.

*Sociólogo y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)