22 mar 2015

FONDOS BUITRE: ROUD PARA ARGENTINA

La crisis de deuda de Argentina no se amplía a títulos públicos locales

El juez Griesa se desdice del bloqueo que había impuesto ocho días antes contra el pago de vecimientos de esos bonos



La crisis de deuda de Argentina no se ampliará a los títulos públicos que el país emitió bajo su propia jurisdicción. El pasado viernes, el juez de Nueva York Thomas Griesa se desdijo del bloqueo que había impuesto ocho días antes contra el pago de vecimientos de esos bonos. La autorización de la transferencia fue lograda por una gestión del Citigroup, el banco norteamericano que opera como agente de pago de esos títulos y que estaba bajo amenaza del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en caso de acatar el anterior fallo de Griesa.
Por una sentencia definitiva del juez neoyorquino, Argentina no ha podido pagar más su deuda reestructurada en 2005 y 2010 bajo legislación de EE UU y Reino Unido desde el pasado julio. Para sortear ese bloqueo, debería abonar lo reclamado por los ‘fondos buitre’ y otros acreedores que rechazaron aquellas reestructuraciones, exigencia que Fernández se niega a admitir. En un principio el pasivo refinanciado bajo ley argentina había quedado excluido del fallo y se seguía abonando con normalidad, pero el pasado día 12 Griesa, de 84 años, cambió de opinión y también lo bloqueó. Es así que el próximo día 31 Argentina iba a incurrir en un impago de su deuda emitida en su propio territorio, con lo que se ampliaría la crisis financiera. Finalmente, el juez neoyorquino autorizó ese pago y también otro del próximo junio.

El día 31 Argentina iba a incurrir en un impago de su deuda emitida en su propio territorio

En el cambio de opinión de Griesa influyó la presión de Citigroup, que se encontraba entre la espada y la pared. Por un lado, el banco norteamericano se mostraba dispuesto a acatar la sentencia de la justicia de su país. Por el otro, el Gobierno de Fernández le advertía que su subsidiaria argentina debía cumplir con la ley del país sudamericano y transferir los 3,7 millones de dólares que el 31 de marzo Argentina debe abonar a sus acreedores.
“Los bancos que operan en Argentina deben cumplir con las leyes argentinas”, advirtió el pasado viernes Fernández, antes de que se conociera el nuevo fallo de Griesa. La presidenta designó entonces un veedor para controlar que Citigroup cumpliera con la transferencia. La filial argentina, que representa el 2% de sus negocios globales, podía perder su licencia para operar en este país en caso de que el dinero no llegara a manos de los inversores. La autorización final del juez de Nueva York trajo alivio al banco norteamericano. Y también a los acreedores que temían dejar de cobrar.
La economía argentina, mientras tanto, no ha sufrido tanto como se prevía el impacto de la crisis de deuda. El PIB creció 0,5% en 2014, según el Gobierno. Consultoras y bancos encuestados por la firma FocusEconomics calculan que en realidad la economía se contrajo 0,7%. La inflación asciende al 20,9%, según el Instituto Nacional de Estadística, o al 31,4%, según consultoras relevadas por parlamentarios de la oposición.

RESULTADOS DE LAS ELECCIONES ANDALUZAS

97,25% escrutado: Susana Díaz gana e iguala el resultado de 2012

Podemos obtiene 15 diputados, Ciudadanos logra nueve diputados e IU cae a nueve
 22 MAR 2015 

El PSOE ha ganado las elecciones andaluzas. Con el 97,25% de los votos escrutados, los socialistas han obtenido 47 diputados, con lo que se quedan a ocho escaños de la mayoría absoluta que perseguía la presidenta de la Junta y candidata socialista, Susana Díaz, cuando decidió adelantar los comicios, pero iguala su actual representación. La segunda fuerza es el PP, que ha logrado de 33 parlamentarios y ha perdido un tercio de su representación. Pero el gran cambio es la irrupción de Podemos, que se convierte en la tercera fuerza regional con 15 representantes en el Hospital de las Cinco Llagas, sede de la Cámara autonómica. Ciudadanos también entra en el Parlamento al obtener nueve sillones. Izquierda Unida, que hasta ahora tenía 12 diputados, obtendría cinco. Susana Díaz se queda lejos de la mayoría absoluta (55 de los 109 miembros del legislativo andaluz) tendrá que pactar para poder gobernar.

Las elecciones adelantadas se han celebrado dentro de la más absoluta normalidad y con una elevada participación con respecto a las de 2012. Los primeros comicios en los que se ponía a prueba el nuevo ciclo político que auguraban las encuestas ha confirmado el ascenso de Podemos y cómo Ciudadanos se ha convertido en un partido capaz de arañar votos al PP.

PSOE, PP e IU, los partidos tradicionales, se han medido con los emergentes, Podemos y Ciudadanos. Y los primeros han resistido con desigual fortuna y los segundos, efectivamente, han emergido pero con resultados dispares respecto a lo que le auguraban las encuestas. El escenario poselectoral que se dibuja es de difícil gestión por la división del voto y hará necesarios los acuerdos para asegurar la gobernabilidad. UPyD vuelve a quedarse fuera.

Los primeros datos fueron los facilitados por el sondeo realizado por la empresa TNS Demoscopia por encargo de la Forta (Federación de Organismos o Entidades de Radio y Televisión Autonómicos), con 33.600 entrevistas a votantes seleccionados de forma aleatoria. El sondeo daba entre 41 y 44 al PSOE; 32 o 35 al PP; de 19 a 22 a Podemos, y seis o siete tanto a Ciudadanos como IU.

A las seis de la tarde, el consejero de Justicia andaluz, Emilio de Llera, relataba que habían acudido a depositar su voto en las urnas el 51,44% de los andaluces, lo que supone un aumento de la participación de casi cinco puntos respecto a las elecciones autonómicas celebradas en 2012, cuando se cifró en 47,32%.

Por provincias, Cádiz era a las seis de la tarde (última hora con datos territorializados) la más destacada, ya que el aumento de la participación se sitúa en más de seis puntos respecto a 2012. En aquellas elecciones, un 41,85% de gaditanos había acudido a votar a las 18 horas. Este domingo, han sido ya el 48,09% los que han acudido a las urnas. Aun así, en porcentajes, Sevilla es la provincia en la que la participación es mayor, ya que el 54,60% de los electores ya ha acudido a votar. Le sigue Jaén, con un 53,97%.

Pese al incremento, el dato de participación no ha logrado superar el registrado en 2008, cuando, a la misma hora, ya había votado el 59,54% de los andaluces.

Andalucía ha registrado hasta el momento sus menores índices de participación electoral en los tres comicios autonómicos convocados en solitario, en los años 1982, 1990 y 2012, cuando se situó en poco más del 66%, cerca de 55%, y el 62,23%, respectivamente. La cifra más alta de participación se registró en los comicios autonómicos de 1996, coincidentes con los generales, con un 77,94%. Según los índices registrados en las sucesivas elecciones, la participación de los electores andaluces en las autonómicas registró oscilaciones importantes con diferencias de hasta 24 puntos, ya que en ninguna ocasión bajó del 54%, pero tampoco alcanzó el 78%.

En concreto, la participación electoral en los comicios autonómicos celebrados en Andalucía durante los últimos 30 años ha sido más alta en las cinco ocasiones en que se han convocado junto a las elecciones generales (1986, 1996, 2000, 2004 y 2008), años en los que el porcentaje de votantes nunca bajó del 68%. Así, la cifra más alta de participación se registró en los comicios autonómicos de 1996, coincidentes con los generales, con un 77,94%, mientras que el mayor índice de abstención se produjo en las autonómicas de 1990, convocadas en solitario, cuando el 45,22% de los andaluces no acudieron a la cita con las urnas.

La simultaneidad de comicios autonómicos y generales siempre ha ofrecido mejores datos de participación, ya que, al margen del 77,94% registrado en 1996, también concentra los otros cuatro mejores índices de la historia electoral autonómica: el 75,79% en 2004; el 73,65% en 2008; el 70,55% en 1986 y el 68,71% en 2000.

La coincidencia con las europeas en 1994 situó el índice de participación en el 67,28%. Adelanto de las elecciones Andalucía celebrará este domingo sus primeras elecciones autonómicas convocadas sin agotar la legislatura desde 1996, cuando el entonces presidente Manuel Chaves las adelantó para hacerlas coincidir con las generales. Hasta los últimos comicios, celebrados el 25 de marzo de 2012, en los que el PP-A fue la fuerza más votada aunque no alcanzase el gobierno merced al pacto entre socialistas e IULV-CA, el PSOE siempre había logrado el triunfo en autonómicas en Andalucía, por mayoría absoluta en cinco ocasiones —1982, 1986, 1990, 2004 y 2008— y por mayoría simple en el resto. Entre 1994 y 1996 gobernó en minoría y Chaves optó por el adelanto electoral frente a la 'pinza' de PP e IU. Entre 1996 y 2004 los socialistas formaron gobierno de coalición con el PA.

Un total de veintidós partidos políticos, una coalición electoral y una agrupación de electores han presentado listas de candidaturas en alguna de las circunscripciones de la comunidad.

De estas formaciones, once han presentado listas en las ocho circunscripciones: PP, PSOE, IU, PA, UPyD, Podemos, Ciudadanos, Falange Española de las JONS, VOX, PCPE y Partido Animalista Contra el Maltrato Animal, mientras que la agrupación de electores Recortes Cero ha concurrido en todas las provincias, excepto Cádiz.

Los tiburones del mercado huelen el petróleo brasileño

Apenas 81 días transcurrieron desde el día que Dilma Rousseff asumió su segundo mandato como presidenta de Brasil. En ese lapso, su gobierno fue cuestionado como nunca antes y apuntado desde distintos flancos con masivas movilizaciones, pedidos de "impeachment" y denuncias por corrupción que, si bien se dirigen principalmente contra el Partido de los Trabajadores (PT) –en el poder desde 2003–, involucran a toda la dirigencia política, retrató Tiempo Argentino.



 Una situación de crisis general que, según el oficialismo, fue potenciada por los medios de comunicación y algunos sectores de la oposición, a los que denunció por fogonear maniobras desestabilizadoras en un contexto de profundas dificultades económicas.
El clima de descontento popular en Brasil no es nuevo. Rousseff ya lo había experimentado en junio de 2013, exactamente un año antes del Mundial de Fútbol. En ese entonces, un millón de personas salieron a las calles para reclamar por los casos de corrupción en el uso de los fondos destinados a la construcción de los estadios para la Copa, pero también por la falta de inversiones en áreas como Educación, Salud y Transporte Público.
Las nuevas protestas, en las que participaron unos dos millones de personas, estuvieron motivadas principalmente por las novedades en el escándalo en Petrobras, que se suma al ya famoso Mensalão. La semana pasada, un total de 54 políticos fueron involucrados en las maniobras para desviar 3700 millones de dólares de la simbólica petrolera estatal entre 2004 y 2012. El dinero habría sido utilizado para sobornar a funcionarios y financiar campañas electorales.
La trama no distingue banderas políticas: entre los acusados aparecen dirigentes del PT y de dos de sus principales socios en el gobierno, el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y el derechista Partido Progresista (PP). Muchos de ellos son viejos conocidos en la función pública. Antonio Palocci, por ejemplo, se desempeñó como ministro de Economía durante la gestión de Lula y luego fue jefe de Gabinete de Rousseff, cargos a los que debió renunciar, en ambas ocasiones, por denuncias de enriquecimiento ilícito. Ahora es acusado porsolicitar unos 666.660 dólares presuntamente desviados de Petrobras para la campaña presidencial que llevó por primera vez al poder a la actual mandataria. Otro de los implicados es el ex presidente Fernando Collor de Mello, quien dejó una triste marca en la historia de la democracia brasileña al tener que abandonar su cargo en 1992, a dos años de haber iniciado su mandato.
Collor de Mello dejó el poder después de implementar una política de confiscación de los ahorros de los ciudadanos –una especie de "corralito brasileño"–, lo que derivó en masivas manifestaciones pidiendo su renuncia y en un "impeachment", es decir, un juicio políticoque lo inhabilitó para ejercer la función pública. Esa figura, la del "impeachment", es la que ahora quieren aplicar, bajo la consigna "Fora Dilma", algunos sectores de la oposición y los medios de comunicación con mayor poder de penetración. Con posiciones más o menos reaccionarias,todos coincidieron en que la presunta participación de la presidenta en la trama de corrupción en Petrobras –cuyo Consejo de Administración fue presidido por Rousseff entre 2003 y 2010– es argumento suficiente para pedir su renuncia. Algo que, por el momento, es más una expresión de deseo de la oposición que una posibilidad jurídica real.
En una serie de marchas oficialistas, mucho menos masivas que las opositoras, el gobierno consideró los pedidos de "impeachment" como un "intento de golpe contra la voluntad popular" manifestada en las elecciones del año pasado, cuando Rousseff obtuvo el 51,6% de los votos, superando apenas por tres puntos a su competidor más cercano, el tucano Aécio Neves. Sin embargo, la presidenta no hizo la vista gorda ante las denuncias en Petrobras y aseguró que la justicia investigará a todos los implicados, independientemente de su filiación política. Algo que no se habían animado a impulsar los anteriores gobiernos brasileños, a pesar de que las primeras denuncias de corrupción en la petrolera habían aparecido ya en 1989.
Rousseff también relevó a la presidenta de Petrobras, María das Graças Foster, una decisión que, sin embargo, demoró meses en tomar. Y anunció la implementación de un paquete con seis medidas para combatir la corrupción que, entre otras cosas, ordena la tipificación del crimen de enriquecimiento ilícito para penalizar a aquellos funcionarios con un crecimiento patrimonial que no se adecúa a sus ingresos.
El fuego cruzado de acusaciones no dejó mucho espacio para pisar la pelota y analizar en mayor profundidad el significado del caso Petrobras. Sin embargo, algunos dirigentes lo hicieron. Es el caso del presidente de la Federación Única de Petroleros (FUT), José María Rangel, quien consideró que, detrás del escándalo en la petrolera, se esconden los deseos de privatización propios del poder económico concentrado.
Rangel denunció, además, el apetito del sector privado y el capital extranjero por cambiar el régimen de división de ganancias sobre la explotación de crudo en los megayacimientos submarinos ubicados en la capa geológica pre-sal. El hombre sabe de lo que habla: lidera una federación que representa al 70% de los trabajadores de Petrobras, es decir, unos 80 mil empleados de plantilla y otros 150 mil tercerizados.
Efectivamente, en el centro del escenario está la disputa por las fenomenales regalías de la empresa estatal. Como sucede en Venezuela con PDVSA o en México con Pemex, Petrobras es una inmensa fuente de recursos para financiar sectores estratégicos.
Sin ir más lejos, en junio de 2013 la Cámara de Diputados brasileña aprobó una ley que estableció que el 75% de las regalías por la explotación de petróleo deben ser destinadas a Educación, mientras el 25% restante tiene que ser dirigido hacia la Salud.
Esa disputa por los recursos públicos se desarrolla en medio de constantes turbulencias en la economía del gigante latinoamericano, que el año pasado se contrajo un 0,15% respecto de 2013. La inflación, por otro lado, alcanzaría en los próximos meses un 7,15%, cifra considerada alta para Brasil. Y, para completar ese complejo panorama, el país vive una de las mayores sequías de los últimos tiempos, que provocó enormes apagones y falta de agua en estados densamente poblados como San Pablo.
Esa delicada situación quizás explica la abrupta caída de la imagen positiva de Rousseff, que pasó del 42% en diciembre del año pasado al 23% en la actualidad, según la encuestadora Datafolha, perteneciente al derechista diario Folha de Sao Paulo. Además, el 77% de los entrevistados cree que la presidenta tenía conocimiento de la corrupción en Petrobras y el 60% la acusa de haber mentido durante la campaña electoral.
Rousseff deberá navegar por mares extremadamente complicados para sortear las dificultades que aparecieron repentinamente en sólo tres meses de mandato, pero que obviamente acarrea ya desde su primera gestión. Porque no sólo tendrá que hacer frente a los habituales embates de los sectores más reaccionarios de la sociedad brasileña. También deberá contener la crisis que se desató puertas adentro del gobierno después de anunciar un ajuste fiscal diagramado por Joachim Levy, su flamante ministro de Economía, apodado "manos de tijera" por su facilidad para aplicar recortes. Un ajuste que poco tiene que ver con las políticas de inclusión social implementadas desde el arribo de Lula al poder, hace 12 años.  

La CIA se ve desbordada ante el inesperado apoyo de civiles al Emirato Islámico


Abrumada y sorprendida por el fulgurante desarrollo del Emirato Islámico, grupo yihadista que ella misma creó, la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos) será objeto de una profunda reorganización. Pero el problema que actualmente enfrenta la Agencia es realmente inédito: una retórica inventada por la CIA para justificar la firma de comunicados reclamando la autoría de atentados terroristas bajo bandera falsa se ha convertido en una poderosa ideología al entrar en contacto con una población cuya existencia la inteligencia estadounidense ni siquiera conocía. Para Thierry Meyssan, la reforma de la CIA será ineficaz y no permitirá a la Agencia manejar el cataclismo que ha provocado en el Levante.

Thierry Meyssan

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 16 DE MARZO DE 2015



El director de la CIA, John Brennan, no entiende por qué hay civiles que apoyan al Emirato Islámico, a pesar de los crímenes que cometen sus mercenarios, amamantados por la propia Agencia estadounidense.

En noviembre pasado, la CIA fue incapaz de evaluar la situación en Siria. Totalmente desorientada por sus propias mentiras, la Agencia ya no lograba identificar las motivaciones de sus «revolucionarios». Peor aún, ni siquiera pudo determinar de cuánto apoyo disponía la «oposición» ni de cuánto respaldo gozaba la República Árabe Siria. Este fracaso no ha hecho otra cosa que empeorar, lo cual quedó demostrado, a finales de febrero de 2015, con el derrumbe del Movimiento de la Firmeza (Harakat Hazm), el ejército oficial de la CIA en Siria [1]. Por supuesto, la vida sigue su curso y la CIA ya reagrupó sus fuerzas en el seno de una nueva formación, bautizada como Frente del Levante (Shamiyat Front).

Con la creación de al-Qaeda, y posteriormente al crear el Emirato Islámico (Daesh), la intención de la CIA era tener a su disposición cierta cantidad de mercenarios que utilizaría en la realización de misiones que ella misma no podía reconocer como propias. Pero la Agencia nunca imaginó que los civiles podían llegar a tomar en serio la fraseología barata que sus expertos inventaron para redactar los comunicados de esos grupos yihadistas. De hecho nadie dio importancia al galimatías de Osama ben Laden, cuando afirmaba que la presencia de los militares no musulmanes de la OTAN en suelo saudita, durante la operación «Tormenta del Desierto», era un sacrilegio que exigía reparación. Es imposible encontrar en el Corán algo que justifique aquella maldición. Y los mercenarios de al-Qaeda no tuvieron ningún escrúpulo en luchar junto a la OTAN en Bosnia-Herzegovina y en Kosovo. Así que no parecía que hubiese razones para creer que ahora sería de otra manera.

Sin embargo, ya en el momento de la guerra contra la Yamahirya Árabe Libia, observé que algunos mercenarios de al-Qaeda parecían realmente deseosos de volver al modo de vida de «los tiempos del Profeta»… en el siglo VII. Al menos ese era el caso en el oscuro emirato islámico que Abdelkarim Al-Hasadi gobernaba en Dernaa. Pero no se trataba para ellos del siglo VII levantino, cristiano y donde no se hablaba árabe. Ni siquiera se referían al siglo VII francés del rey Dagoberto sino al siglo VII de la Península Arábiga, con una sociedad estancada en el tiempo y que se componía –según el Corán– de beduinos ladinos y crueles que el Profeta se esforzó por convertir y apaciguar.

Posteriormente, durante la guerra contra la República Árabe Siria, observé que los sirios que apoyaban a al-Qaeda (y que hoy apoyan el Emirato Islámico), sin mediar en ello móviles financieros, eran todos miembros de familias muy numerosas cuyas mujeres no estaban autorizadas a controlar su fecundidad. La división que iba apareciendo en el país no era de carácter político, en el sentido moderno de la palabra. La ideología de los civiles que apoyan a los yihadistas se resume al deseo de retornar a una época de orígenes míticos, la de los camelleros de una Arabia de la Edad Media. Y la CIA, que provocó la aparición de esa “ideología”, no supo entender la fuerza de lo que estaba fabricando ni seguir su expansión.

Ni siquiera se trata en este caso del clásico boomerang que regresa y golpea a quien lo lanzó, dado que el Emirato Islámico no se ha vuelto contra la CIA. Se trata más bien de la transformación de un grupúsculo terrorista en un Estado y del triunfo, entre algunos sectores de la población, de una retórica ridícula.

La CIA se ve ahora ante el problema de todas las administraciones. Su modo de organización, que le valió en el pasado numerosas victorias en diversas regiones del mundo, ya no funciona porque la Agencia no ha sabido adaptarse. Organizar un golpe de Estado y manipular las masas para que apoyen una organización terrorista son dos cosas muy diferentes.

Es por esa razón que, el director de la CIA, John Brennan, ha anunciado, al cabo de 4 meses de consultas internas, una completa reestructuración de la Agencia.

Hasta ahora, la CIA se componía de

• La Dirección de Inteligencia, encargada de analizar la información y los datos obtenidos;

• La Dirección de Operaciones, rebautizada Servicio Clandestino, encargada del llamado “espionaje humano”;

• La Dirección de Ciencias y Tecnología, especializada en el trabajo vinculado a la información científica y de carácter técnico;

• La Dirección de Apoyo, encargada de manejar el personal, la entrega de equipamiento y del financiamiento.

El personal de la CIA se distribuía en función de sus capacidades: los intelectuales en la Dirección de Inteligencia, los “duros” en la Dirección de Operaciones, los “estudiosos” en la Dirección de Ciencias y Tecnología y los organizadores en la Dirección de Apoyo. Por supuesto, cada Dirección dispone además de colaboradores con perfiles diferentes para poder garantizar su trabajo pero, esquemáticamente, cada Dirección correspondía a un perfil humano bien definido.

Los documentos revelados por Edward Snowden confirman que la CIA es la agencia de inteligencia más grande del mundo, con un presupuesto de 14 700 millones de dólares en 2013 –el doble del presupuesto total de la República Árabe Siria. Sin embargo, la CIA es sólo una más de las 16 agencias de inteligencia que existen en Estados Unidos.

En pocas palabras, con todo ese dinero y todas esas “habilidades”, la CIA estaba dispuesta a vencer la URSS, que acabó por derrumbarse sola –sin ayuda de la Agencia– hace más de 25 años.

Para hacer avanzar la Agencia, John O. Brennan ha decidido generalizar el modelo del Centro Contraterrorista, creado en 1986 en el seno de la Dirección de Operaciones, un modelo ultrasofisticado que incluso ha aparecido públicamente en la serie de televisión 24 horas. Esta unidad multidisciplinaria hizo maravillas para responder instantáneamente a todas las preguntas que se le planteaban. Es capaz de identificar una persona, localizarla y eliminarla en un tiempo ínfimo, para gran regocijo de la Casa Blanca. Y ya sabemos que el presidente Obama visita diariamente su bunker subterráneo para señalar los blancos de sus drones y ordenar el asesinato de quien a él le parece oportuno asesinar, cuando a él le parece y donde a él le parece.

Según John Brennan, se trata ni más ni menos que de hacer entrar la inteligencia –o el espionaje– en la era de las nuevas tecnologías, los ordenadores y los satélites. Para ello la Agencia tendría que someterse a una rápida restructuración alrededor de 16 Centros “a cargo” de cada región del mundo y de diferentes objetivos generales.

Pero ¿cómo habría podido el Centro Contraterrorista darse cuenta de que una fraseología infantil se transformaría en una poderosa ideología?

El éxito del Emirato Islámico proviene, en primer lugar, del apoyo de los Estados que lo respaldan, de su armamento y de su dinero. Pero el apoyo que ha encontrado entre ciertos sirios no tiene nada que ver con el Corán ni con la lucha de clases. Es la rebelión de un modo de vida que está desapareciendo, de una sociedad violenta y dominada por los hombres contra un modo de vida donde se respeta a las mujeres y se abre la puerta al control de la natalidad. En Europa, esa transformación se produjo con el éxodo rural y las dos Guerras Mundiales, sin dar lugar a guerras suplementarias. El Irán del imam Khomeiny la realizó, a inicios de los años 1980, con rotundo éxito y poco a poco se extendió por el mundo árabe hasta tropezar con el Emirato Islámico. Se trata, por consiguiente, de un conflicto que no tiene nada que ver con la divergencia teológica entre chiitas y sunnitas.

Los próximos acontecimientos son perfectamente previsibles. Como siempre, los estadounidenses creen poder resolver el problema recurriendo al progreso tecnológico y van tratar de entender la situación en el «Medio Oriente» con un enorme despliegue de medios informáticos.

Pero ¿cómo podría Estados Unidos, nación fundada hace apenas 2 siglos, entender el enorme cataclismo que ha desatado en el seno de la civilización más antigua del mundo? ¿Cómo podrían los estadounidenses –desde su posición de bárbaros adinerados– y los beduinos del Golfo “organizar” pueblos que son civilizados desde hace 6 milenios?

Porque es precisamente ahí donde reside el secreto del Levante. Se trata de una región donde residen gran cantidad de pueblos diferentes, que tienen cada uno su propia historia, su propia lengua y su propia religión y que hablan además una misma lengua vernácula y colaboran todos en mantenerla viva [2]. Los nasseristas y los baasistas trataron de convertir ese mosaico en una fuerza política única. Quisieron conformar una «nación árabe» con pueblos mayoritariamente no árabes. Un sueño del que sólo subsiste hoy en día… la «RepúblicaÁrabe Siria». Ese es el proyecto político que el Emirato Islámico está atacando. Esa es la civilización que hoy se ve amenazada por los civiles que apoyan a Daesh.

Mientras que los Estados monoétnicos resultan fáciles de conquistar, los pueblos del Levante han aprendido con el tiempo que su diversidad y su imbricación los hacen invencibles. Es precisamente por eso que protegieron a los sobrevivientes de un mundo antiguo, sobrevivientes que hoy se rebelan contra ellos y los minan desde adentro.

¿Cómo podía anticipar la CIA que jóvenes europeos, igualmente nostálgicos de aquellos tiempos antiguos, se unirían por decenas de miles al Emirato Islámico para oponerse a la marcha del tiempo y destruir obras de arte milenarias?

En 2006, la derrota israelí en Líbano mostró como unos cuantos ciudadanos resueltos eran capaces de hacer fracasar el ejército más sofisticado del mundo. El hombre ya se impuso a las máquinas. Es un error creer que el progreso técnico es un criterio de civilización, creer que las computadoras permitirán entender algo e incluso dominarlo. Lo que pueden hacer, en el mejor de los casos, es contener gran cantidad de información, clasificarla y sintetizarla. La reorganización de la CIA permitirá a esa agencia estadounidense de espionaje responder las preguntas del momento, pero no predecir el futuro.

Estadounidenses y europeos son incapaces de reconocer que los pueblos a los que ayer imponían su tutela colonial han logrado salir de su atraso técnico, mientras que ellos mismos siguen sin salir de su propio atraso en materia de civilización. Hoy se ven por tanto ante sus propios límites y han perdido toda capacidad de influencia sobre el cataclismo que involuntariamente han suscitado.

Thierry Meyssan

[1] «Disolución del ejército de la CIA en Siria», Red Voltaire, 4 de marzo de 2015.

[2] El árabe es la lengua común que se habla en el Levante. Pero también se hablan en esa región las diferentes lenguas kurdas, el armenio, el turco, el arameo, el siriaco, el hebreo, etc. Y casi ninguno de sus habitantes es étnicamente árabe.

La ruina de la industria petrolera mexicana


¿PRIVATIZACIÓN O NACIONALIZACIÓN?


por Marcos Chávez M.


México llega al 77º aniversario de la nacionalización del petróleo… ¡sin soberanía energética! En diciembre de 2013, una reforma energética impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto puso fin al monopolio estatal sobre ese recurso natural y PEMEX se halla ahora en virtual quiebra técnica. El analista Marcos Chávez observa en Contralínea que el precio promedio del crudo mexicano destinado a la exportación ha caído de 98,79 dólares por barril, en junio de 2014, a 40,47 dólares en enero de 2015. Y compara seguidamente la situación de México con la de Argentina, país que prefirió nacionalizar su petróleo en abril de 2012.
RED VOLTAIRE | CIUDAD DE MÉXICO (MÉXICO) | 21 DE MARZO DE 2015

El actual presidente mexicano Enrique Peña Nieto presenta su “Reforma energética” en agosto de 2013.

La ley energética aprobada en diciembre de 2013 puso fin al monopolio estatal sobre el petróleo mexicano, vigente desde la nacionalización cardenista de 1938. Dos son los cambios torales de la ley:

1. Se despoja a Petróleos Mexicanos (Pemex), como representante del Estado mexicano, de la responsabilidad exclusiva sobre el manejo integral de los hidrocarburos mexicanos. La relevancia constitucional de la empresa es reducida al mínimo. Pemex deja de ser un organismo descentralizado y para convertirse en una simple “empresa competitiva”, con una actividad limitada a la exploración y explotación de unas cuantas áreas petroleras y a la producción de unos cuantos derivados, la cual estará restringida por la escasez recursos financieros, los onerosos pasivos de Pemex y la excesiva carga fiscal, además de que la empresa estatal estará ambiguamente regulada, lo que le permitirá a sus administradores mantener la opacidad de sus operaciones y dificultará la supervisión de las mismas, una supervisión que debería ser la regla en una sociedad democrática. Pemex se convierte así en un jugador más del mercado y su futuro es incierto, ya que –en condiciones tecnológicas, operativas, financieras desfavorables– enfrentará un escenario competitivo adverso.

2. Se abre toda la cadena productiva petrolera a la participación del capital privado local y trasnacional, por medio de una diversidad de contratos que van desde la exploración y explotación de hidrocarburos hasta la comercialización de los productos terminados, y la redistribución de la renta petrolera desde el Estado hacia los nuevos participantes de la industria.

La reforma energética [mexicana] cierra el largo proceso de desmantelamiento y reprivatización de petróleo iniciado bajo la presidencia de Miguel de la Madrid, quien en 1986 cedió a la empresa privada la producción de 40 de los 70 productos petroquímicos básicos; medida seguida por la fragmentación de Pemex, los proyectos de impacto diferido en el registro del gasto (Pidiregas) del presidente Ernesto Zedillo y los “contratos incentivados de servicios” implantados por el presidente Felipe Calderón, entre otras medidas, con las que se pretendió resolver los problemas operativos y financieros que caracterizan a la industria referida, revertir el deterioro tecnológico y de la infraestructura, la declinación de las reservas y la producción de crudo, gas, petrolíferos y petroquímicos así como la caída de las exportaciones.
Dos proyectos de nación

A menudo, el contraste de los resultados arrojados por dos proyectos de nación distintos, que dicen aspirar a los mismos objetivos por diferentes senderos, resulta francamente odioso. Sobre todo para aquel cuyos saldos son palmariamente desastrosos.

Es interesante comparar los casos de Argentina y México, cuyos gobiernos profesan credos ideológicos, políticos y económicos diametralmente distintos.
El gobierno de Argentina milita en el bando antineoliberal.
El gobierno de México pertenece a la internacional neoliberal.

Pero ambos, con sus reformas energéticas radicalmente opuestas, prometen avanzar estratégicamente hacia la soberanía y la autosuficiencia petrolera de sus países.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, busca alcanzar esas metas a través de la nueva nacionalización de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). Otro presidente argentino, Carlos Menem, la había subastado en 1992, justificando esa medida con una supuesta ineficiencia del organismo, ineficiencia que sería subsanada con su conversión en una virtuosa entidad privada y extranjerizada.

No obstante, en abril de 2012, la presidenta argentina Cristina Fernández recuperó YPF para el Estado y responsabilizó a la española Repsol, que se había apoderado de YPF en 1999, de la crítica situación energética de su país:
caída drástica de las reservas probadas de petróleo y gas, debido a su sobreexplotación y a la falta de inversiones destinadas a su reposición y el mantenimiento de la infraestructura de la industria;
reducción de la producción de esos productos, lo cual obligó el país a importarlos en 2011, por primera vez desde 1994, para compensar los problemas de abastecimiento interno;
especulación con los precios domésticos de sus derivados;
pérdida de ingresos fiscales del Estado;
“política de vaciamiento” financiero de la filial YPF, con la transferencia de sus utilidades a la casa matriz.
El caso argentino

¿Cuáles han sido los frutos de esas estrategias opuestas?

Para Argentina la cosecha no es despreciable. Según Miguel Galuccio, responsable de la era reestatizada de YPF, en 2014 las reservas probadas de su país aumentan en 11,9% con relación a 2013, año en que habían subido en un 10,6%. El índice de reemplazo de reservas, que mide la relación entre los hidrocarburos extraídos y las nuevas reservas incorporadas, es de 163%. En 2013, el índice había sido de 153% y fue considerado como el más alto de los últimos 14 años. Cuando el índice supera el 100%, indica que se incorporan más reservas de las que se extraen.

En Argentina, la producción de hidrocarburos se eleva en un 13,5%, el nivel más alto en la historia de YPF, superando el récord de 2013, cuando había aumentado en un 10,6%; la producción de petróleo crudo crece en un 5,3% y la de gas en un 25%. Esa mejoría se debe a la ampliación de la inversión pública (se eleva a 58 900 millones de pesos argentinos), 97,3% superior a 2013. De ese monto, 49 900 millones se destinan a la exploración y producción (sector upstream), 115% más que antes, y 8 400 millones van a la refinación del crudo así como al procesamiento y purificación del gas natural, la comercialización y distribución de sus derivados, gasolina, querosén, diesel, gas natural y licuado, petroquímicos (sector downstream), un 71% más.

La utilidad operativa de YPF en 2014 es de 19 700 millones de pesos, 64,3% más que en 2013. El beneficio antes del pago de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones (EBIDTA, por su sigla en inglés) crece en 73%. La utilidad neta, después del pago de esos conceptos asciende a 9 000 millones de pesos, 59% más que en 2013. O sea, 2 años de ganancias consecutivas y ascendentes, pese al desplome de los precios internacionales del crudo en 2014.

En el momento en que el Estado argentino recuperó el control de YPF –que en 2011 aporta un 36% de la producción nacional de crudo y condensados y un 23% del gas–, la situación energética de Argentina era crítica. Los indicadores petroleros básicos muestran que en ese momento “el modelo privatista está agotado”, como señalan los economistas Agustín Crivelli y Andrés Asiain en su informe La explotación de hidrocarburos en Argentina. Estudio de caso: YPF SA, opinión que comparte Mariano Barrera en su trabajo La lógica de acumulación del sector hidrocarburífero en Argentina.

El gobierno argentino tenía entonces 2 opciones:
aceptar resignadamente la pérdida de la autosuficiencia y de la soberanía petrolera, debido a la decisión de Repsol que, en función de sus intereses particulares y no en interés de la nación huésped, había decidido maximizar la extracción de los campos adjudicados sin realizar las nuevas inversiones requeridas para compensar el agotamiento de las reservas explotadas, lo cual violaba el compromiso que Repsol había asumido en el momento de la reprivatización,
o revocar la concesión.

Según los expertos citados, entre 1989 y 2010 el horizonte estimado de vida de las reservas de petróleo (relación entre la producción anual y las reservas, que incluye las probadas y la mitad de las probables) había caído de 14 años a 9,5 años y la de gas de 34 años a 7 años. Datos de la Agencia Internacional de Energía estadounidense indican que las reservas probadas habían caído de 12,6 años a 10,9 años entre 1998 y 2011. La Secretaría de Energía argentina indicaba que la producción de crudo de YPF-Repsol declinaba en un 3,5% como promedio anual entre 1999 y 2011. Sin embargo, entre 2004 y 2011, va decreciendo cada año y promedia una caída anual de 6,7%.

Entre 1998 y 2011, las exportaciones de Repsol pasaron de 904 millones de dólares a 669 millones de dólares; una caída de 26%. Mientras tanto, las importaciones a Argentina aumentaron de 96 millones a 1 180 millones, un alza de 1 125%. El saldo pasaba así de un superávit de 808 millones a un déficit de 510 millones. La balanza energética total pasaba de un saldo positivo de 1 500 millones de dólares a 3 700 millones. En 2013, ascendía a 8 100 millones de dólares y en 2014 a 7 400 millones de dólares. Es el coletazo postrero de la privatización petrolera.

Asiain y Crivelli sostienen que el creciente agotamiento de reservas de YPF
“no es consecuencia de una ineficiente gestión empresarial, sino fruto de una estrategia global de la multinacional española”.

Señalan que Repsol obtiene sus mayores ingresos en Argentina pero reparte más de 90% de sus dividendos e invierte en Alaska (Estados Unidos), en el Golfo de México, en el Caribe y en el norte de África:


“Usan las ganancias que les dejan los pozos descubiertos en la época en que YPF era estatal para fondear inversiones en otros países.”
“Se trata de una lógica predatoria que hace caer las reservas en forma vertiginosa”.

Barrera llega a la misma conclusión:


“El problema es que en las últimas 2 décadas las empresas petroleras no reinvirtieron utilidades ni generaron inversiones de riesgo. Sólo explotaron yacimientos ya conocidos.”

Los resultados de YPF en 2014 justifican la nacionalización de la empresa, tanto en el plano económico como político, así como el proyecto de desarrollo que la sustenta: la recuperación estratégica de los hidrocarburos.

Se necesitaba un golpe de mando, como lo hicieron Rusia, Bolivia, Ecuador o Venezuela, por mencionar algunos gobiernos progresistas.

El 9 de agosto de 2012, Cristina Fernández, presidenta de Argentina, inaugura una nueva refinería de YPF, nacionalizada en abril del mismo año.
El caso mexicano

En México, el gobierno federal prefirió la reprivatización. El Reporte de resultados 2014 de Pemex, del 27 de febrero, y los indicadores petroleros de enero de 2015 muestran a una empresa en virtual quiebra técnica y un sector de hidrocarburos en incontenible declive.

El estado de resultados consolidado de Pemex reproduce su incesante deterioro contable, registrado desde la década de 1980, como consecuencia de la crisis de la deuda externa gubernamental, los agobios financieros del Estado, la petrodependencia fiscal y las pérdidas arrojadas por la empresa casi todos los años en sus hojas de balance después del cúmulo de impuestos pagados a la hacienda pública.

En 2014, el segundo año del mandato del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, Pemex es doblemente víctima. Por un lado, es víctima del agravamiento de sus contribuciones fiscales. En 2013 sus impuestos pagados superaban en un 24% el total de sus rendimientos. En 2014, en 55%.

Por otro lado, Pemex es víctima también de la disputa por el mercado petrolero y los conflictos geopolíticos entre las grandes potencias y los principales productores de crudo, que llevan a una guerra de precios. La cotización marcadora del crudo promedio (Brent, West Texas Intermediate y Dubai Fateh) se derrumba de 105,49 dólares por barril en junio de 2014 a 47,45 dólares por barril, su nivel más bajo desde 2005. En febrero de 2015 se ubica en 54,93%.

El colapso petrolero arrastra hacia el abismo el precio medio de la mezcla de exportación. Cae de los 98,79 dólares por barril, en junio de 2014, a 40,47 dólares por barril en enero de 2015. Es su cotización más baja desde abril de 2005, cuando fue de 39,86 dólares por barril.

La combinación del menor precio con la sistemática declinación del volumen de las exportaciones y el aumento de las importaciones de petrolíferos, gas y petroquímicos, reduce de manera importante el superávit comercial de Pemex y su rendimiento bruto, que cae en un 6%. El incremento de los gastos administrativos disminuye su rendimiento de operación en un 15%. Lo mismo ocurre con su rendimiento antes de impuestos y derechos, que declina en un 31%, afectado por el alza de los intereses pagados por sus pasivos internos y externos y por las pérdidas cambiarias.

Una vez cubiertos los compromisos tributarios (derechos sobre extracción de petróleo, gravámenes a los rendimientos petroleros, impuesto sobre la renta y otros), las menguadas ganancias se desvanecen en la bóveda hacendaria y Pemex aparece con una pérdida neta ascendente a 263 800 millones de pesos, 55% más que las pérdidas registradas en 2013.

Si a esos números rojos se añade el concepto de “otros resultados integrales” (inversiones disponibles para la venta, las ganancias o pérdidas actuariales por beneficios a empleados y efectos por conversión), la pérdida integral de Pemex se eleva a 532 700 millones, equivalente a 36 200 mil millones de dólares. En 2013 había sido superavitaria.

Cada año, entre 1998 y 2014, Pemex presenta pérdidas después del pago de impuestos, con excepción de 2006 y 2012.

Como es natural, la precariedad financiera de Pemex tiene al menos un par de efectos. Obliga a Pemex a endeudarse crecientemente para compensar sus restricciones presupuestales. En 2014, su deuda financiera total se eleva en un 36%, ubicándose en 77 700 millones de dólares, similar a la del gobierno federal, que es de 78 600 millones y equivale a un 6,3% del producto interno bruto (PIB).

Su balance general consolidado muestra que sus pasivos totales superan a sus activos, lo que arroja un balance patrimonial negativo por 770 000 millones de pesos, 52 000 millones de dólares. Esa cantidad es 315% peor que en 2013

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El 18 de marzo de 1938, Lázaro Cárdenas, presidente de México, anunciaba la nacionalización del petróleo, principal recurso natural de la nación mexicana. La ley energética aprobada en diciembre de 2013 pone fin al control estatal del petróleo mexicano.

Con indicadores de esa naturaleza y sin estrategia razonable que la vuelva sustentable financiera y operativamente, que garantice utilidades netas aceptables después del gasto de impuestos, cualquier empresa será considerada en quiebra técnica. Hace tiempo se hubiera declarado en bancarrota. La reforma energética del presidente Peña Nieto vuelve inviable el futuro de Pemex y no sería sorprendente su ulterior extinción.

El otro efecto es su incapacidad para cumplir sus metas operativas. Prácticamente todos sus indicadores evidencian su creciente deterioro: declinan los pozos terminados y el promedio de los pozos en operación y los equipos de exploración. Cae la extracción de crudo y la producción de petrolíferos –gasolinas automotrices, combustóleo, diesel, gas licuado de petróleo (GLP), turbosina y otros– y de petroquímicos básicos y secundarios. La precariedad productiva tiene que ser compensada con la creciente importación de los mismos para evitar el desabasto del mercado interno.

Con el castigo presupuestal al que ha sido sometida Pemex desde 1983, y la sobrecarga fiscal que padece desde 1998, difícilmente podría esperarse un desenlace distinto.

Pero esa situación no es más que el resultado de un proyecto de nación que supone que la reestructuración energética y petrolera transita por el desmantelamiento de la estructura paraestatal, la reducción de la rectoría estatal al papel de administradora de concesiones –que no recaerá en Pemex–, la reprivatización y la transnacionalización. Al interés privado del capital se le trasfiere el interés nacional de la “modernización energética”.
Dos años difíciles

Por si no fueran suficientes los tormentos de Pemex de los 33 años precedentes, su tragedia se agudizará en 2015 y 2016, merced al desplome de los precios internacionales del crudo, iniciado en el segundo semestre de 2014 y el cual se ha mantenido en el primer trimestre del año en curso; sus secuelas desestabilizadoras sobre las finanzas públicas y el programa económico propuesto para el tercer año peñista, el cual es desbordado por la realidad petrolera desde su discusión en el Congreso de la Unión; el ajuste fiscal ortodoxo impuesto el 30 de enero ante la pérdida de divisas e ingresos fiscales petroleros (el recorte del gasto público en 124 300 millones de pesos, equivalente a 0,7% del PIB), y los esperados en lo que resta del año, ya que la pérdida de recursos estatales puede ser del orden de 200 000 millones de pesos; y la carencia de un plan gubernamental de contingencia anticrisis que guie una economía que navega a la deriva.

Es el retorno de los tiempos de la improvisación de la infausta fortuna. Como en los dorados tiempos del neoliberalismo criollo, aferrados al madero del destino inescrutable.

El presupuesto para 2015 fue planeado, primero, sobre la base de un precio promedio de 82 dólares por barril de petróleo, precio que se ha reducido a 81 dólares y posteriormente a 79. Aun cuando éste cierra 2014 en 52,36 dólares, la plataforma de producción y exportación es estimada en 2,4 millones de barriles diarios y 1,09 millones de barriles, respectivamente.

Sin embargo, según Pemex, el precio en enero se ubica en 40,15 dólares por barril, 49% por debajo del estimado, en 39 dólares menos. La producción de crudo es de 2,3 millones de barriles diarios y las exportaciones de 1,3 millones de barriles diarios.

El saldo comercial se derrumba en 75% al pasar de 1 547 millones de dólares a 392 millones, lo que representa una pérdida de 1 155 millones de petrodivisas.

Los ingresos petroleros del sector público presupuestario se desploman en 43%, en términos reales; el déficit crece exponencialmente, de 4 900 millones de pesos en enero de 2014 a 95 100 millones de pesos en el mismo mes de 2015, déficit que tuvo que ser financiado con el endeudamiento externo, que se dispara en 77%, en términos reales, y pasa de 72 000 millones de pesos a 131 000 millones de pesos. El saldo negativo del gobierno federal pasa de un superávit por 10 000 millones de pesos a un déficit de 40 400 millones de pesos, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Ante el desorden de los ingresos públicos, las nulas probabilidades de que el precio del crudo de exportación recupere el nivel previsto en el presupuesto (salvo que ocurra una contingencia relevante que los impulse hasta ese nivel) y el escaso esfuerzo oficial por elevar los impuestos para compensar los ingresos perdidos, sólo quedaba la opción del ajuste fiscal ortodoxo: recortar el gasto.

En la redistribución de los costos del ajuste dentro de la administración pública, a Pemex, que proporciona un tercio de los ingresos estatales, le corresponde la mayor carga: el 49% del total. Es decir, su gasto se reducirá en 62 000 millones de pesos, equivalente a 11,5% del total originalmente presupuestado para 2015 (540 000 millones de pesos, 35 500 millones de dólares).

En esas circunstancias, la flamante “empresa competitiva” llega al mundo bastante maltrecha. Al iniciar su segundo año de vida “competitiva”, Pemex se verá obligada a postergar parte de sus inversiones productivas y operativas, según declara su director Emilio Lozoya.

En el efecto en cascada, hasta la misma reforma petrolera ha sido afectada.

Ante las escasas posibilidades de que llegue la avalancha de inversiones privadas previstas, estimadas oficialmente en unos 35 000 millones de dólares anuales, y cuyo monto ha sido reducido en 10 000 millones, prácticamente han sido cancelados los proyectos en aguas profundas y en los yacimientos de esquisto, en espera de mejores tiempos.

El problema es que podría terminarse al actual mandato presidencial [de 6 años] sin que lleguen los “tiempos mejores”

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El consejo de Chicago: aprovechar la conmoción

Milton Friedman siempre aconsejó aprovechar las épocas de crisis porque éstas “facilitarían el proceso de ajuste”. Asimismo, recomendó que las medidas debieran aplicarse rápidamente. Como un “tratamiento de choque” económico.

Los gobiernos mexicanos han sabido aprovechar plenamente las adversidades. Y el actual no parece ser la excepción: aprovechará la conmoción fiscal para avanzar en la reprivatización y transnacionalización petrolera.
Podría retrasarse la concesión de contratos privados en aguas profundas y en lulitas. Pero no en aguas someras, mientras Pemex, inhibida por el recorte presupuestal, está obligada a retrasar sus programas de inversión en exploración y extracción, procesamiento y distribución.

“Como hay menos dinero, tenemos que disminuir el ritmo de inversión de estos proyectos”, dijo Lozoya.

Por ejemplo, Fomento Económico Mexicano (Femsa) acaba de anunciar la ampliación de sus puntos de venta de gasolina. En el reparto de la renta petrolera, Pemex compartirá un proyecto de licuefacción de gas natural ubicado en su terminal de recibo, almacenamiento y regasificación Energía Costa Azul, localizada en Ensenada, Baja California, con las empresas Infraestructura Energética Nova, SAB de CV (IEnova) y su filial Sempra LNG.

También habría perdedores. La decisión de Pemex por cambiar su estrategia de transporte de combustibles por ductos, para evitar los robos, podría perjudicar la calidad, lo cual afectaría a los consumidores.

Pero quizá lo más relevante hasta el momento sea la oportunidad que aparece para llevar adelante un aspecto importante de la reforma petrolera: despedir a trabajadores petroleros, modificar el contrato colectivo de trabajo y privatizar las pensiones de los futuros trabajadores del ramo, entre otras medidas. Los trabajadores petroleros serán sometidos a la lógica del mercado laboral, que no ha sido generoso con el resto de los trabajadores.

La próxima importación de 100 000 barriles diarios de crudo acelerará la integración energética a Estados Unidos.
Marcos Chávez M.

Fuente
Contralínea (México)