29 may 2026

LAWFARE A PLENO

ARGENTINA. EL PODER DICTA LAS SENTENCIAS
"Nunca vi bolsos ni valijas". Cada nuevo testigo que declara hunde aún más la operación de los “Cuadernos”

Por Irina Hauser

29 de mayo de 2026 - 0:01


Jueces Comodoro Py causa "Cuadernos" Judges Enrique Mendez Signori (C), German Castelli (R) and Fernando Canero are seen at the Comodoro Py courthouse as former Argentine president (2007�2015) Cristina Kirchner appears for questioning in Buenos Aires on March 17, 2026.  (Photo by Luis ROBAYO / AFP) LUIS ROBAYO. AFP


Otro testigo del juicio de los “Cuadernos” aseguró que nunca vio bolsos, valijas, ni tampoco se cruzó con Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández de Kirchner ni con sus hijos Máximo y Florencia en el período en el que vivió en el edificio de Juncal y Uruguay –entre 2007 y 2011-- donde el matrimonio presidencial tenía un inmueble.

El hombre se llama Ignacio Laplacette y su relato coincide con el del encargado, Julio Silva, quien incluso denunció la semana pasada que aunque su declaración de primera instancia decía que había visto ese tipo de movimientos, no era lo que había dicho ni lo que había observado. Aclaró que firmó porque estaba bajo amenaza del fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadío: “acordate que tenés dos hijas”.

Ni bolsos ni mucho movimiento

La importancia de estos testimonios es que chocan con parte del contenido de los cuadernos de Oscar Centeno, excofer de Roberto Baratta –exnúmero dos del Ministerio de Planificación Federal— y los relatos de arrepentidos según los cuales había entregas de dinero en bolsos y valijas en la vivienda de Recoleta. Además, es un elemento que se utiliza para incriminar a la expresidenta. El encargado había dicho que sí se había cruzado en ocasiones a Daniel Muñoz, el fallecido secretario de los Kirchner, quien solía ir a recoger correspondencia mientras ellos vivieron en la Quinta de Olivos.

Laplacette, de 55 años y voz resonante, declaró que vio a Muñoz apenas dos veces. Comentó que cruzó unas palabras con él cuando puso en venta su departamento, como para ver si le interesaba, y le pareció que se lo tomó a mal. Al final se presentó como interesado el empresario Osvaldo Sanfelice, contó, pero al escriturar se presentó Osvaldo De Sousa, imputado en el juicio. Comentó que fue una operación común y corriente, con una lógica discusión sobre el precio.

--¿Había comentarios de que había gente que entrara con bolsos con valijas que se dirigieran al piso de los Kirchner, algo irregular que llamara la atención del consorcio? –preguntó sin vueltas el abogado José Manuel Ubeira, que defiende a Oscar Thomas (exdirector de Yaciretá).

-- La verdad que yo no lo vi, no vi nunca ningún bolso ni mucho movimiento, nunca los vi a a ellos tampoco, ni a los hijos. Era un consorcio donde éramos tan pocos que era raro cruzarse con la gente—respondió Laplacette.

La gran Stornelli

A Laplacette le preguntaron cómo fue que había concurrido a declarar a Comodoro Py (el 8 de agosto de 2018, a una semana de las primeras detenciones). En el acta de la fiscalía de Stornelli decía que se había hecho “presente en la mesa de entradas” y “manifestó su deseo de aportar información que refirió podía resultar de utilidad para la investigación”.

Lo que declaró ante el Tribunal Oral Federal 7 fue otra cosa. Contó que directamente lo contactó el fiscal Stornelli, primero por whatsapp y luego lo llamó por teléfono. Le preguntó si tenía datos para aportar a la causa y lo descolocó. Recordó que en ese momento estaba comprando un lavarropas y pensó que era una broma, pero pronto advirtió que era realmente el fiscal. Lo convocó a declarar ese mismo día. Al dar testimonio, habló en forma elogiosa del encargado, quien le había dicho que los Kirchner no iban allí y contó cómo fue la venta a través de Sanfelice, en un momento en que le habían diagnosticado cáncer. Dijo, y repitió ante el tribunal, que tiempo después cuando pasó por la zona vio la ventana tapada con un papel y le llamó la atención. Eso fue todo.

Stornelli, vale recordar, fue quien recibió los famosos cuadernos (sus fotocopias) de manos del periodista de La Nación Diego Cabot. Primero le tomó declaración como testigo reservado en la causa conocida como “GNL”, contra Baratta y exministro Julio De Vido. Después abrió una causa independiente sin mandarla a sorteo. Es decir, se quedó con el caso junto con Bonadío. Se le atribuye la frase “no hay sortijas para todos” cuando comenzó la seguidilla de detenciones de empresarios de la obra pública: el mensaje era que si inculpaban a CFK y funcionarios de su gobierno como “arrepentidos”, recuperaban la libertad. En los primeros meses del juicio oral, ya 27 imputados (entre exfuncionarios y empresarios) denunciaron haber declarado bajo presión. Algunos admiten haber mentido en incluso haber dejado constancia en escribanías para no ir a la cárcel.

Stornelli, es ostensible, estuvo también en la cocina de la declaración testimonial de Jorge Bacigalupo, el exsargento de la Policía Federal, amigo de Centeno, que le entregó los cuadernos a Cabot. El fiscal, de hecho, había ido a verlo a su casa y de ahí lo llevó a declarar a Comodoro Py el 31 de agosto de 2018. El policía es investigado como autor de las enmiendas y tachaduras que hay en esos escritos de donde surgen los relatos de supuestos pagos de coimas en bolsos que Centeno decía que trasladaba. La reciente declaración de Bacigalupo en el juicio alimentó las sospechas de la participación de inteligencia policial en los inicios de la causa.

La ex de Centeno

Después de su descompensación el martes último –lo que obligó a suspender su testimonio--, terminó de declarar este jueves Hilda Horovitz, la expareja de Centeno. Había dicho que la usó a ella como “testaferro” y que en noviembre de 2017 lo había denunciado, casualmente (o no), en la fiscalía de Stornelli en la causa GNL, con el planteo de que se había comprado demasiados autos e inmuebles para los ingresos que debía tener como chofer de Planificación. En aquel primer tramo de su testimonial dijo que había visto los cuadernos, pero no su contenido.

Horovitz se descompuso y quedó disfónica después de que le mostraran mensajes que ella le mandaba a Baratta en tono extorsivo, para que le consiguiera cosas (vivienda, arreglos, dinero). Le daba a entender que tenía información que podía comprometerlos tanto a él como a Centeno. Baratta nunca le respondía. Le habían mostrado también intercambios con Miriam Quiroga, la exdirectora de Documentación que decía que era secretaria de Néstor y que se hizo famosa hablando de bolsos con plata en la Casa Rosada enviados a Santa Cruz (lo que jamás se comprobó y llevó a que se cerrara la causa por ese asunto). Horovitz quería que Quiroga la contactara con Jorge Lanata, que la había entrevistado. Dijo que le dio documentación vinculada con los autos de centeno, pero ella no se la devolvió nunca.

Entre los mensajes que le enviaba a Baratta, había fotos de unos bolsos que habían quedado en su casa, que se supone que usaba Centeno, y que ella en cierto momento decidió llevarle a Stornelli porque temió que la acusaran de algo. Una de las fotos era un bolso con un billete de 100 dólares adentro. Lo que dijo Horovitz sobre pinta el carácter de su testimonio:

--Ese bolso donde aparecen los cien dólares, esa foto que usted manda, ¿cuál es el propósito?—le preguntó Ubeira.

--No, ese es trucho, yo lo saqué, es trucho, y no sé, yo le vuelvo a decir—contestó.

--¿Trucho qué es, señora?— repreguntó el abogado.

--Yo había conseguido ese dólar trucho y se la mandé a Baratta—fue la explicación.

Un poco antes la mujer había dicho: “Me estoy mandando al muere sola”. Le preguntaron a qué se refería, y dijo que estaba “aceptando la realidad de que yo les mandé los mensajes a Roberto y a Centeno”. Incluso dijo que había conseguido lo que pretendía, como un departamento en Capital. “Yo estoy aceptando lo que hice, que no es mucho, porque todo el mundo... Acá vino uno que se hizo el demente, porque yo no puedo creer que un encargado, sabiendo la vida y obra de todo el mundo, no se acuerde de lo que vio, porque el encargado es el que sabe hasta lo último, y toda la cuadra sabe lo que pasa, y no se acuerda, medio raro”, se aventuró a opinar sobre la declaración de Silva.

Sobre el final de la declaración el presidente del tribunal, Enrique Méndez Signori, le mostró que en primera instancia ella había declara: “De vez en cuando, Centeno me iba comentando lo que escribía en los cuadernos.”

--No me acuerdo de haberlo dicho, la verdad que no me acuerdo, pero tampoco me acuerdo de que él me haya comentado. Yo lo único que sabía era que él escribía, como dije en varias oportunidades, que eso lo iba a usar cuando terminara todo esto, o la gestión en la que estaba, si Baratta se iba y no lo llevaba a ningún lado—dijo Horovitz. El abogado de la Unidad de Información Financiera, Mariano Galpern, le preguntó si Centeno le explicaba por qué lograría eso con las anotaciones. Si esperaba que le dijera que los cuadernos hablaban de sobornos y bolsos con dinero, no lo consiguió. “No, ya le digo, él hablaba muy poco conmigo (…) No éramos una pareja que charlábamos”.