ESPAÑA (Other News/Manuel Gare – Contexto y Acción (CTXT)*) -
15.03.2022

Supremacistas y afines al ideario de Trump, desde Canadá a España, vuelven a apuntarse un tanto delante de nuestras narices.
Tras la disolución del Freedom Convoy en Ottawa y otras partes del país, y con el sucedáneo estadounidense -el autodenominado People's Convoy- acercándose a Washington, ha llegado el momento de formular la pregunta más importante: ¿cómo es posible que Canadá diera alas a una movilización de extrema derecha hasta el punto de convertirla en una cuestión de Estado? Mientras la ciudad recupera su aburrida normalidad -una de las frases que encabezaron las contraprotestas de los vecinos fue "Make Ottawa Boring Again"-, los principales organizadores se encuentran en mitad del que será un largo proceso judicial y hace semanas que Trudeau levantó la polémica Ley de Emergencias: su gobierno se centra ahora, quizá en busca de un golpe de efecto tras la catástrofe, en interpelar con dureza a Rusia.

Supremacistas y afines al ideario de Trump, desde Canadá a España, vuelven a apuntarse un tanto delante de nuestras narices.
Tras la disolución del Freedom Convoy en Ottawa y otras partes del país, y con el sucedáneo estadounidense -el autodenominado People's Convoy- acercándose a Washington, ha llegado el momento de formular la pregunta más importante: ¿cómo es posible que Canadá diera alas a una movilización de extrema derecha hasta el punto de convertirla en una cuestión de Estado? Mientras la ciudad recupera su aburrida normalidad -una de las frases que encabezaron las contraprotestas de los vecinos fue "Make Ottawa Boring Again"-, los principales organizadores se encuentran en mitad del que será un largo proceso judicial y hace semanas que Trudeau levantó la polémica Ley de Emergencias: su gobierno se centra ahora, quizá en busca de un golpe de efecto tras la catástrofe, en interpelar con dureza a Rusia.
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