30 dic 2020

SORPRESAS TE DA LA VIDA

Un año de pandemia, revueltas y elecciones: El (inesperado) viaje al centro ideológico que deja el 2020 en América Latina

Ociel Alí López
29 dic 2020 





En el año de la pandemia, que azotó con casi 800.000 muertes a todo el continente americano, ocurrieron hechos políticos de suma importancia que han producido un giro político que hasta hace meses no parecía muy probable.


Quizá el desenlace de mayor impacto lo refiera la derrota del populismo de derecha, formateado desde el trumpismo en EE.UU., y el triunfo de la democracia liberal y su estado profundo.

Con más de 330.000 decesos por el coronavirus (es decir, más de seis veces las muertes de estadounidenses que dejó toda la guerra de Vietnam), EE.UU. vivió una revuelta racial sin precedentes por su extensión geográfica y temporal, luego del asesinato del afroamericano George Floyd a manos de la policía. Mientras tanto, en el plano propiamente político, se realizaron las elecciones con mayor participación de su historia y que resultó con la victoria del demócrata Joe Biden.

Es posible que en EE.UU. no debamos hablar de un 'año de cambio', sino más bien de uno en el que regresó "normalidad" política que había entrado en turbulencia desde el advenimiento de Trump en la presidencia en 2016. 

Un año imposible de olvidar para los estadounidenses.

América Latina también dio un vuelco ideológico similar, al ir desde la derecha hacia fórmulas de izquierda 'atemperadas', en comparación con el ciclo progresista anterior de la década pasada, que fue mucho más radical. En paralelo, los gobiernos de derecha, referentes otrora sólidos, terminaron por debilitarse. 


América Latina también dio un vuelco ideológico similar al de EE.UU.: transitó de la derecha hacia fórmulas de izquierda 'atemperadas', en comparación con el ciclo progresista anterior de la década pasada, que fue mucho más radical. En paralelo, los gobiernos de derecha, referentes otrora sólidos, terminaron por debilitarse. Es, en resumidas cuentas, una vuelta al centro político.


Es, en resumidas cuentas, una vuelta al centro político. Así podría ilustrarse en pocas palabras la estela que deja el 2020. 

Nuevo ciclo progre atemperado 

América Latina ha sido de las regiones más castigadas por el coronavirus, ya que hubo casi medio millón de muertes en todo el subcontinente.

Imágenes de grandes fosas comunes, personas muertas en la calle contagiados de covid-19 e incineraciones de cadáveres en plena vía pública estremecieron a la región, que no estaba preparada para una pandemia de esta magnitud. 

En medio de esta situación, y con fuertes medidas de confinamiento y distanciamiento social, la política no se paralizó. 

Después de un convulso 2019 en el que grandes oleadas de protestas desestabilizaron Colombia, Chile, Ecuador, Haití y Puerto Rico; un golpe militar en Bolivia sacó al líder histórico Evo Morales; y EE.UU. trató de imponer en Venezuela el interinato a distancia del opositor Juan Guaidó, el 2020 implantó un confinamiento que obligó durante el primer semestre a una retirada del espacio público y a una desmovilización general.

Pero desde agosto comenzó un descongelamiento político que hizo que el 2020 fuese no solo un año pandémico, sino también uno de grandes eventos políticos en la región. 

Quizá el de mayor importancia sea el plebiscito en Chile el 25 de octubre, en el que el 78 % de los votantes pidieron derogar la constitución de Pinochet y erigir una nueva. Lo relevante de este hito es que termina de desplazar al modelo neoliberal por excelencia de América Latina, algo en lo que ya habían adelantado las intensas protestas de 2019.

En Bolivia, el gobierno de facto realizó varias postergaciones de las presidenciales, lo que generó protestas populares que lograron dos objetivos: fijar de manera definitiva la fecha electoral para el 18 de octubre y comprobar el rechazo del sector militar hacia las órdenes represivas de la entonces presidenta de facto, Jeanine Áñez. Finalmente, los comicios reafirmaron que el país andino seguía teniendo preferencia clara por el Movimiento Al Socialismo (MAS), que logró el 55 % de los votos en primera vuelta, en contra de la avanzada de la derecha racista que lo removió por la fuerza con magros resultados electorales.

En Colombia volvieron las duras protestas que se habían visto en 2019, esta vez por el asesinato del taxista y abogado Javier Ordoñez por parte de la policía. Pero este año las movilizaciones no vinieron solas. La detención de Álvaro Uribe en agosto fue un duro revés no solo para el gobierno actual del presidente Iván Duque, sino también para el uribismo, especialmente porque quedaron al descubierto rupturas internas en el bloque hegemónico que ha gobernado al país los últimos 20 años, y que ahora da señales de un proceso de disolución debido a sus derrotas electorales, legales y políticas.

Los gobiernos de México y Argentina utilizaron el 2020 para consolidarse, a pesar de que la pandemia causó estragos en ambos países, bajo las figuras de Andrés Manuel López Obrador y Alberto Fernández, cuyos triunfos en 2019 ya anunciaban un giro político en un continente dominado ampliamente por la derecha y el neoliberalismo.

Habría que analizar muy bien este cambio de horizonte que se consolidó en 2020, pero que no implicó la contundencia del ciclo progresista anterior, liderado por Hugo Chávez, Luis Inácio Lula da Silva y Néstor y Cristina Kirchner. El pragmatismo fue el signo de ambos gobiernos, que si bien mantuvieron sus programas y discursos progresistas, se permitieron maniobras para no enquistarse en radicalismos que quedaran fuera de realidad política y económica. En el caso de López Obrador, logrando buenas relaciones con el gobierno de Trump, y en el de Fernández, generando un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional de reestructuración de su deuda.

El pragmatismo fue el signo de los gobiernos de México y Argentina, que si bien mantuvieron sus programas y discursos progresistas, se permitieron maniobras para no enquistarse en radicalismos que quedaran fuera de realidad política y económica.


Ambas experiencias son ilustrativas de la vuelta a la política fuera de los radicalismos de la derecha que vienen de fracasar los últimos años, y de los radicalismos de izquierda del primer ciclo progresista.

Y no fue solo en estos países.

El nuevo gobierno de Bolivia, con su presidente Luis Arce, también ha sostenido una vuelta moderada y racional luego de la desordenada avanzada neoliberal de la derecha.

También el gobierno del presidente Maduro aplicó un conjunto de medidas pragmáticas de apertura de la economía que terminaron por consolidar un proceso de dolarización y privatizaciones, pidiendo incluso la ayuda de del Fondo Monetario Internacional, algo impensado en Venezuela durante las dos décadas del chavismo.

La economía como condicionante

Más allá de la política, la situación general está condicionada por la crisis económica de todo el continente, marcada por el confinamiento como respuesta a la pandemia, que ha hecho caer la economía en -7,7 % anual en América Latina, según las cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Por su parte, EE.UU. vivió la peor caída económica de su historia desde la crisis del '29, presentando un PIB de -31 % en el segundo trimestre del año.


Si este 2020 ocurrió un viaje hacia el centro, sobre todo desde el advenimiento de una derecha radical que surgió con Trump, Bolsonaro, Duque, Piñera y el grupo de Lima, es probable que en el próximo año la crisis económica no permita radicales cambios políticos.

Este derrumbe económico es el signo de este 2020, que producirá estragos sociales que aún están por verse, aunque ya se puede advertir la apertura de una brecha en los procesos de escolarización que se cruza ahora con el problema de la exclusión digital.

Si este 2020 ocurrió un viaje hacia el centro político, sobre todo desde el advenimiento de una derecha radical que surgió con Trump, Bolsonaro, Duque, Piñera y el grupo de Lima, es probable que en el próximo año la crisis económica no permita radicales cambios políticos, aunque es posible que esta misma coyuntura sea el catalizador de nuevos procesos radicales de izquierda o derecha.

Estaremos atentos al 2021.