8 dic 2020

POCO Y NADA

¿Qué puede cambiar en Venezuela? Lo que se desprende de los resultados de las parlamentarias

Ociel Alí López


7 dic 2020 




Del primer boletín oficial ofrecido por Indira Alfonzo, rectora del Consejo Nacional Electoral, la madrugada de este 7 de diciembre, ya se pueden generar las primeras interpretaciones, así como comenzar a vislumbrar los nuevos, o no tan nuevos, desafíos para cada sector político.

El resultado de las elecciones parlamentarias para el período 2021-2026 está dentro de lo esperado: una victoria contundente de la coalición chavista Gran Polo Patriótico (GPP), liderada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que logró el 67 % de los votos. No obstante, aún no se sabe qué cantidad de curules obtiene y si el resultado implica una mayoría absoluta, aunque la proyección permite pensar que será así.

El otro dato esperado de la noche, la abstención, llegó a un aproximado de 69 %, según los primeros cómputos. Una cifra muy elevada en relación a las anteriores parlamentarias de 2015, que fue de 29 %.

A pesar de sacar menos votos que en las pasadas parlamentarias de 2015, en las que perdió, el GPP ha logrado vencer fácilmente y liderará el poder legislativo, gracias a su voto duro y, especialmente, al llamado a la abstención de la oposición radical, que no participó en las elecciones.

Los datos preliminares dan cuenta de un escenario muy similar al de las presidenciales de 2018, en las que el GPP sacó el 67 % de los votos y la abstención llegó al 54 %. En relación a aquel evento, el panorama ha cambiado poco en términos de correlación de fuerzas electorales y se mantienen las tendencias: no hay ninguna sorpresa ni ruptura.

La oposición tampoco consigue ningún hito, ya que los resultados develan aún más la debilidad en este sector. Su principal coalición, Alianza Democrática, que incluye a partidos tradicionales como Acción Democrática y Copei, además del partido evangélico Nuvipa, llega al 17,9 %, un porcentaje más bajo que el resultado que obtuvo en las presidenciales de 2018, que fue alrededor del 30 % (sumando las planchas opositoras existentes) y que no le tributó éxitos políticos posteriores. La otra coalición opositora, Venezuela Unida, llega apenas al 4%.


La propuesta de consulta que realizará el sector de Guaidó esta semana, para preguntar sobre la legitimidad de las parlamentarias, no es apoyada por el resto del liderazgo opositor: le han dejado solo en su intento de aplicar un mecanismo que es tan simulado como ineficaz.


Ninguno de los partidos opositores que asistieron pudieron convocar a la gran masa de los 7.728.025 votantes de oposición que participaron en las legislativas de 2015. Así, habrá ahora un Parlamento con una oposición electoral muy débil, que no parece convocar a las mayorías opositoras y que no impedirá el liderazgo total del chavismo.

El partido Comunista de Venezuela (PCV), que antes sumaba a la coalición del gobierno y se convirtió en el único partido del chavismo disidente que mantuvo sus siglas y tarjetas –una vez el tribunal Supremo de Justicia nombró en septiembre directivas adhoc en casi una decena de partidos–, ahora se lleva el 2,7 % de los votos (menos de 200.000), lo que no permite explicar significativamente la merma de la coalición chavista.

La oposición radical

Por su parte, la oposición radical intentará adueñarse del magro resultado de la participación (31 %), pero esto no representa, como ya se comprobó en 2005 (15 %) y 2018 (54 %), algún tipo de poder efectivo para intervenir en la política.

Además, el porcentaje de abstención tampoco debería ser reconocido por este sector, debido a que rechazan todo el proceso y sistema electoral. En todo caso, hasta ahora, cuando han escogido esta misma estrategia, esto no ha significado ningún escollo para que el chavismo se consolide en todos los poderes públicos. No hay evidencias que ahora será diferente.

Elcampo de la oposición radical es verdaderamente árido. Aunque traten de adjudicarse el llamado a la abstención, la continuidad administrativa que intentan aplicar diputados de la Asamblea Nacional saliente, para perpetuar el interinato de Juan Guaidó, es algo muy difícil de justificar, sobre todo cuando hay un lapso constitucionalmente limitado: el 5 de enero de 2021, fecha en la que vence el actual mandato del Parlamento.

La propuesta de consulta que realizará el sector de Guaidó esta semana, para preguntar sobre la legitimidad de las parlamentarias, no es apoyada por el resto del liderazgo opositor. Le han dejado solo en su intento de aplicar un mecanismo que es tan simulado como ineficaz y que da cuenta de una fragmentación general también en el campo radical.

Hay que tomar en cuenta, para explicar la abultada abstención, los más de 4,7 millones de emigrantes venezolanos, según cifras de la ACNUR, que han salido del país los últimos años.

Impacto en la política nacional

La nueva Asamblea Nacional podrá designar funcionarios tan importantes como el fiscal, contralor y defensor del pueblo y los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral, cuyos cargos duran siete años, así como los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, cuya gestión dura hasta doce años. La propia Asamblea Nacional se extenderá hasta 2026, más allá del actual gobierno, que constitucionalmente llega hasta 2024.

Así que, con este triunfo, el partido de gobierno tendrá el control político hasta, al menos, el segundo lustro de esta década, y en el caso del alto tribunal, hasta la década del '30.

En la fotografía electoral se vislumbra cuesta arriba la realización de un referendo revocatorio presidencial, que podría ejercerse constitucionalmente a partir del 2022 y al que el mismo presidente Nicolás Maduro ha asomado como opción política.

La posición que tomen los gobiernos de México y Argentina será clave, ya que permitirá saber si hay expectativas de cambios en las políticas de los gobiernos latinoamericanos en torno al tema Venezuela.


A pesar del triunfo, la alta abstención obliga a los políticos chavistas a repensar su estrategia de convencimiento. Por los momentos, el gobierno tratará de redefinir sus relaciones financieras internacionales usando el evento electoral como elemento de legitimación para llevar a cabo sus funciones económicas en lo concerniente a la aprobación de convenios, tratados y renegociación de deuda.

A escala interna, le permitirá aprobar el presupuesto nacional y autorizar créditos adicionales, entre otras muchas funciones.

Resulta obvio que ni la Unión Europea ni EE.UU. ni muchos países de América latina van a reconocer la nueva Asamblea Nacional, lo que va a dificultar el proceso de reinserción de Venezuela en el sistema internacional, pero no necesariamente va a debilitar al gobierno de Maduro.

La posición que tomen los gobiernos de México y, especialmente, Argentina será clave, ya que permitirá saber si hay expectativas de cambios en las políticas de los gobiernos latinoamericanos en torno al tema Venezuela.

Por otro lado, si el principal escollo del gobierno son las sanciones del departamento del Tesoro de EE.UU., el resultado de hoy no necesariamente implica algún cambio en esta complicada relación. Deberá esperar entonces por la transición en el gobierno estadounidense a ver si se produce alguna modificación al respecto.

Además, cabe esperar el último zarpazo de los halcones de Washington, quienes van de salida pero antes pueden ejercer algún tipo de acción radical.

Pero lo más importante que deja la jornada es el creciente descrédito de las mayorías populares hacia las convocatorias políticas de todos los bandos, que deberán rehacer sus estrategias si quieren seguir evitando la despolitización, que siempre es caldo de cultivo para nuevos experimentos políticos.