1 mar 2026

LA ERA DE LOS DESCARTABLES

ARGENTINA
Un laboratorio tan fascinante para Wall Street como dañino del tejido social
Tercer año del experimento libertario


Por Pablo Tigani
01 de marzo de 2026 


Los cruzados del ajuste: el presidente Javier Milei y su ministro Luis Caputo. (JUAN MABROMATA/AFP)


Bienvenidos al laboratorio biopolítico más audaz del siglo XXI, donde la República Argentina se ha erigido como el principal exportador mundial de un experimento tan fascinante para las élites de Wall Street como letal para el tejido social de sus habitantes: la transmutación de una nación soberana en una gélida, inerte y deshumanizada hoja de cálculo. 
El Gobierno apunta a construir una estabilidad macroeconómica en donde el sufrimiento de muchos se presenta como la prueba máxima de “responsabilidad fiscal”.

En este ecosistema de “espiritualidad negativa”, la virtud pública ya no se mide en términos de bienestar, cohesión o desarrollo humano, sino en puntos básicos de riesgo país y en la capacidad de alcanzar la santidad fiscal mediante el superávit primario, sin importar que el altar de dicho éxito esté alfombrado con las recetas de farmacia no compradas por jubilados, las pensiones por discapacidad bajo sospecha inquisidora o los platos vacíos de quienes el sistema ha decidido, unilateralmente, que ya no son “productivos”.

Arquitectura del ajuste

El relato oficial, amplificado por los centros de poder económico algorítmicamente, presenta los logros de 2024 y el primer semestre de 2025 como un milagro de racionalidad técnica y coraje político sin precedentes. Se nos habla de una eliminación fenomenal de desequilibrios de flujo y stock, de una “motosierra” que cortó el gasto público y por lo tanto, las necesidades de financiamiento.

“Supuestamente”, la emisión monetaria fue cortada de cuajo y se obtuvo un ajuste fiscal cuya magnitud -ha pasado de un déficit total del 4,6% al superávit del 0,3% del PBI- no tiene parangón en la historia moderna del país. Se destaca el saneamiento de las cuentas públicas como el “ancla fundamental” y la mayor fortaleza del plan económico de un gobierno que despertó curiosidad global.

En esta nueva gramática del poder libertario, la vejez ha dejado de ser una etapa de la vida protegida por el contrato social y la solidaridad intergeneracional para redefinirse bajo la gélida categoría de “pasivo fiscal”. El jubilado ya no aparece en los discursos oficiales como un sujeto de derecho con una historia laboral que lo respalda, sino como un costo hundido que debe ser gestionado, auditado y, preferentemente, minimizado.

Reducir las jubilaciones por la vía de la licuación inflacionaria o permitir que el poder adquisitivo se desplome frente a la canasta básica no es solo una medida contable para alcanzar el equilibrio del Tesoro; es una decisión ontológica sobre el valor de la vida que ya no produce excedente.

Desapego sistemático

Los perfiles de los operadores, tecnócratas de carrera y decisores de organismos multilaterales que hoy celebran el saneamiento de las cuentas públicas argentinas no son desviaciones psicopatológicas. No son “monstruos” en el sentido clásico de la palabra; son productos exitosos del sistema educativo y financiero global, figuras altamente funcionales que operan bajo una subjetividad sin límites internos.

El mal, en el capitalismo financiero contemporáneo, no se manifiesta como una explosión de violencia pasional, sino como un ejercicio administrativo de autocontrol extremo y desapego afectivo sistémico. Esta “demonología” permite que un funcionario firme un recorte en oncología pediátrica con la misma impasibilidad con la que se ajusta el nudo de la corbata antes de una entrevista en la televisión financiera.

Vulnerabilidad como objeto de sospecha


En el marco de esta economía moral del daño, las políticas orientadas hacia las personas con discapacidad representan quizás el indicador más crudo del grado de deshumanización alcanzado por la administración Milei-Sturzenegger. Bajo la égida de la austeridad como “virtud pública”, la asistencia estatal -que en cualquier sociedad civilizada constituye un derecho humano básico- deja de concebirse como tal para ser tratada discursivamente como un “privilegio abusado” o una “estafa al contribuyente”.

Se instala desde las usinas del poder una sospecha permanente y corrosiva; se interroga institucionalmente si la persona realmente “merece” la protección social, si no estará “exagerando” su condición o si, en última instancia, no resulta “demasiado oneroso” para el erario público sostener su existencia digna.

La vulnerabilidad extrema deja de despertar solidaridad para transformarse en un frío objeto de auditoría punitiva. La compasión, pilar del lazo comunitario, es sistemáticamente reemplazada por una desconfianza estatal que busca el ahorro fiscal en el recorte de lo vital. Se auditan las vidas como si fueran asientos contables, ignorando la angustia de quien depende de un medicamento o de una prestación para, simplemente, seguir respirando.

El futuro como coartada

El sacrificio de los vulnerables siempre encuentra su justificación en un futuro idealizado, abstracto y profundamente despersonalizado. Se construye una narrativa mesiánica donde el empobrecimiento de hoy es el abono para el crecimiento de mañana; donde el sufrimiento presente es la “inversión” necesaria para una estabilidad futura.

Sin embargo, para los sectores que hoy pagan el costo del ajuste -jubilados cuyos ingresos se licúan, trabajadores cuyas condiciones se precarizan en nombre de la “flexibilidad”- ese “mañana” es una quimera que rara vez los incluye.

Es una estafa de proporciones existenciales; se le pide paciencia a quien tiene hambre, se le pide esperanza a quien no tiene medicinas, mientras que los beneficios del ajuste -la baja del riesgo país y el alza del Merval- son cosechados hoy mismo por una minoría que nunca conoció la carestía. El “derrame” es una promesa; el despojo es una realidad diaria.

Dialéctica del éxito


El análisis de la performance del gobierno de Javier Milei, según los datos que el establishment celebra, revela una disociación profunda entre los indicadores financieros y la sostenibilidad vital de la población. Los analistas destacan la eliminación de desequilibrios de flujo y stock, el rápido descenso de la inflación cerrando 2024 por debajo de las proyecciones iniciales y el cumplimiento estricto de obligaciones financieras que permitió reconstruir el mercado de deuda local.

Pero este “éxito de quirófano” -donde la operación técnica es aplaudida pero el paciente agoniza en la camilla- se ha edificado sobre pilares de extrema fragilidad. El descenso de la inflación se basó en un ancla fiscal y cambiaria que contribuyó a frenar la inercia, pero a costa de un notable ajuste fundamentado en la licuación del gasto público y los recortes de la “motosierra”.

No estamos ante un proceso de eficiencia administrativa, sino ante una transferencia de ingresos regresiva que utiliza la devaluación para reducir los pasivos del Banco Central y volver a “tomar deuda”-desde abajo- a expensas de los ahorros y los ingresos de la clase media y baja. Los avances en el “sinceramiento” de precios relativos (tarifas, combustibles y transporte) son leídos por los inversores como señales de normalización, pero actúan como dispositivos de exclusión biopolítica.

Inconsistencia estructural


A pesar del optimismo de los analistas que destacan el falso “superávit sin precedentes” y la “dinamización del sector financiero”, el modelo presenta inconsistencias que ponen en duda su sostenibilidad hasta 2027.

Una economía que basa su estabilidad en la caída vertical del consumo interno y en la erosión sistemática de los ingresos de quienes menos tienen, se enfrenta a un límite antropológico y político insoslayable. La paz cambiaria y la reducción de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo son logros técnicos que carecen de base social si la estructura productiva del país se desmorona bajo el peso de tarifas impagables y una demanda inexistente.

La actual “paz de los mercados” es una calma superficial que ignora el malestar acumulado en el tejido vivo del país. Sin una recuperación del lazo humano como criterio político fundamental, el supuesto éxito macroeconómico corre el riesgo de ser recordado como el preludio de un colapso social de proporciones históricas.

La historia argentina es un cementerio de planes económicos que fueron aplaudidos por el establishment, seis meses antes de estallar por los aires ante la presión de una realidad social insoportable.

Epistemología de la crueldad

¿Cómo se gestó la aceptación social de este “mal administrativo”? La respuesta reside en una transformación epistemológica profunda operada desde el poder. El gobierno ha logrado instalar la “pedagogía del daño necesario”. En esta narrativa, el bienestar es un pecado del pasado y el dolor es la prueba de fuego de la purificación. Se construye una épica del sufrimiento donde el ciudadano debe sentirse orgulloso de su propia privación, convencido de que está contribuyendo a una “causa mayor” cuya dirección deciden los mismos tecnócratas que nunca se sacrifican.

Esta epistemología descansa sobre la premisa de que la sociedad es una entidad enferma que requiere una “terapia de choque” no solo fiscal, sino moral. El ajuste, por tanto, se reviste de una pátina de redención. El establishment celebra la desregulación a cargo de Sturzenegger no solo como un hito económico, sino como un signo de un “retorno a la civilización”. Lo que omiten es que esa civilización se levanta sobre la descivilización de los lazos más básicos de solidaridad. El “éxito” es, en realidad, una forma de necropolítica financiera; el poder de decidir quiénes deben ser sacrificados para que los bonos argentinos continúen su trayectoria ascendente.

Los supuestos logros que despertaron la curiosidad global y el asombro por el estilo disruptivo de Javier Milei son radicalmente inconsistentes con la cruel austeridad y el esfuerzo inhumano requeridos para obtenerlos.

La estabilidad macroeconómica se está intentando construir sobre una jerarquización biopolítica donde el sufrimiento de los débiles se presenta como la prueba máxima de “responsabilidad fiscal”. Argentina no ha resuelto un problema económico; ha institucionalizado la irresponsabilidad organizada y el desprecio por la vida vulnerable.

La pregunta que queda latente para el periodo 2026-2027 no es si los números seguirán cerrando en las planillas de los analistas, sino si la sociedad argentina permitirá que el concepto de “éxito” siga siendo sinónimo de descarte humano.

Los sistemas que cruzan el umbral de la indiferencia absoluta no colapsan por oposición externa, sino por implosión interna debido a su propio vaciamiento ético. Sin una reinstitucionalización de la responsabilidad moral y una recuperación de la empatía como motor de la política, el mundo que estamos construyendo bajo el aplauso de los mercados se volverá, sencillamente, insoportable. La historia, que no sabe de índices de riesgo país pero sí de memorias colectivas, dictará su sentencia final.

Pablo Tigani es Doctor en Ciencia Política, Máster en Economía Política Internacional.

Un freno al carry ¿Y ahora?

Por Hernán Letcher




Banco Central de la República Argentina (GUADALUPE LOMBARDO)


Hasta mediados de febrero, el BCRA emitía para comprar reservas de manera sostenida y, luego, el Tesoro esterilizaba a través de endeudamiento neto en las licitaciones quincenales, manteniendo alta la tasa. Además, el endeudamiento se concentraba en títulos a tasa fija: en el acumulado del año, el Tesoro dejo vencer más de $5,2B de títulos Dólar Linked que rotaron a Lecap (el stock aumentó $7,5B) mostrando el fuerte apetito por carry que, además, producto del viento de cola internacional, la emisión de ON´s, y la retracción de las importaciones, profundizó la apreciación hasta un mínimo de $1.365 el último lunes.

Pero recientemente, el gobierno decidió cambiar la dinámica. En primer lugar, el jueves 19, el BCRA intervino en el mercado secundario de LECAPs, inyectando $0,8B al circulante para que se detenga la suba en la tasa. En segundo lugar, frente al vencimiento de $5,6B de LECAP, Finanzas optó por no ofrecer ni un sólo título a tasa fija, obligando a redirigirse a otro tipo de títulos (ajustados por inflación o el nuevo bonar en dólares), o a ir al mercado secundario, forzando un exceso de demanda de tasa fija y consecuentemente, una suba en el precio de los títulos y la caída de la tasa (funcionó: los títulos que rendían 3,0% TEM ahora rinden 2,6%-2,7% TEM). 

Como se esperaba, el resultado de la licitación generó la vuelta del “punto Anker”, con un rollover de 93,3%, por lo que este último viernes ingresaron a la Base Monetaria $0,5B provenientes de la cuenta del Tesoro en el BCRA. La contracara de esta estrategia fue una suba del dólar (moderada en parte el viernes) y un comienzo del desarme de posiciones de carry trade por parte de los inversores que, de descontrolarse, podría provocar suba en las tasas y en el dólar. Durante la última semana la divisa norteamericana acumuló un incremento de $35, alcanzando los $1.400 el viernes, mientras que las tasas a un día cayeron de la zona del 35,0% TNA al 23,0% TNA durante el mismo período.

Esta fuerte jugada fue acompañada del anuncio de un nuevo bono en dólares del Tesoro en moneda extranjera con pago de cupón mensual y vencimiento en octubre de 2027 (AO27). Se trata del primer instrumento en dólares del Tesoro con vencimiento antes del fin de mandato y cupón mensual, orientado a captar ahorristas con “dólares en el colchón” y bancos con dólares “ociosos”. Considerando que los depósitos en dólares se encuentran en récord histórico (USD 38.200 millones) al igual que los FCI (USD 18.000 millones) el límite de USD 250 millones quincenal por licitación luce muy bajo. Pero el nivel no es casual: busca dar una fuerte señal de compresión en las tasas a las que se endeuda el tesoro (al restringir la oferta de AO27 su precio es mayor), y por consiguiente, una fuerte caída del Riesgo País.

La combinación de búsqueda de baja de tasas en pesos (al no ofrecer tasa fija) y oferta de un título en dólares, responde a una intención del equipo económico de “desacelerar” la máquina del carry y canalizar lentamente el desarme hacia títulos soberanos (AO27), sobre todo, para darle un golpe de gracia al Riesgo País mostrando voluntad de pago y acumulación de reservas.

¿Qué pasó en concreto? Aunque hubo mucha demanda y el “corte” se hizo en 5,9% de TIR, en la rueda posterior a la colocación, todos los títulos soberanos cayeron de precio y subió el Riesgo País. El problema es que, si sucede esto, la estrategia queda expuesta a tener que continuar colocando a un mayor costo en lugar de haber aprovechado el apetito inicial para asegurar los fondos, a lo que se suma que, si la reacción inicial del mercado no se revierte, no parece que el gobierno tenga otra estrategia bajo la manga para bajar el Riesgo País y habilitar el rolleo de deuda. El resultado no es menor: parece haber eyectado a Alejandro Lew de la Secretaría de Finanzas e impulsado a Federico Furiase en su reemplazo.

Sin solución en el frente cambiario

En el frente cambiario, los resultados no mejoran. Los datos del Balance Cambiario del Banco Central, publicados el último viernes, muestran una Cuenta Corriente Cambiaria negativa en casi USD 1.000 millones y Formación de Activos Externos por USD 2.730 millones, que debieron financiarse con ingresos netos de la Cuenta Financiera: la deuda del sector privado inyectó USD 2.030 millones, mientras que las de Organismos Internacionales hizo lo propio en USD 2.750 millones. Otra vez sopa: nuevo aumento del endeudamiento neto.

Argentina y el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos

En el escenario internacional destacó la noticia del fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos, que revierte la política económica más importante de Trump y demuestra complicaciones para llevar adelante su proyecto. Una incipiente debilidad política de Trump, especialmente de cara a las elecciones de medio término de noviembre del 2026, puede tener impactos directos e indirectos negativos sobre el programa económico de Milei.

La política de Trump generó un viento de cola para el contexto macroeconómico argentino: durante su asunción y hasta la fecha, el dólar se debilitó 9,7% medido contra una canasta de monedas como el índice DXY (lo que dio mayor margen a Caputo para mantener el peso apreciado), bajo la tasa (lo que permitió un flujo de capitales desde títulos estadounidenses hacia países emergentes), redujo el costo de endeudamiento soberano (por caída en la tasa libre de riesgo), ayudó con el swap al Tesoro en la previa de las elecciones, e intervino en la causa YPF solicitando a la jueza Preska que YPF no fuera declarada en desacato.

La morosidad como resultado del programa económico

El viernes pasado se conocieron los datos oficiales del informe sobre bancos y mostraron nuevamente valores récord en la mora de las familias: una suba de 0,5 p.p. hasta el 9,3% sobre total de créditos. A pesar del cobro del aguinaldo y la baja de tasas de mercado a corto plazo, la dinámica es la misma y no muestra signos de desaceleración ya que el problema de fondo es la pérdida de poder adquisitivo. Anticipo: en enero, el monto total de irregularidad aumentó por encima del 10% y la cantidad de titulares en mora se incrementó más de 6%.

La situación de las familias es aún más compleja. El último informe sobre Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC), de julio de 2025, mostró que las familias se endeudan a la vez con bancos y con “fintechs” (Mercado Pago, NaranjaX, entre otras), lo que representa el 27,0% de la deuda familiar. En este segmento, la morosidad es cercana al 25,0%. Como la carga de deuda con PNFC no está incluida en el cálculo de carga de intereses sobre el ingreso familiar (13,5% en oct-25), podemos estimar que para octubre 2025 la carga por el total de servicios de deuda de las familias superaba el 18% del total de sus ingresos y nada hace creer que ese número haya dejado de crecer en los últimos meses.

Cuando se pone la lupa, la festejada estabilidad del dólar choca de frente con las dudas monetarias, con la “solución” al problema cambiario (¿se puede sostener una economía con USD 4.000 millones mensuales de fuga y turismo con endeudamiento?) y con la realidad cotidiana de los argentinos endeudados.