El derrocamiento de Allende, contado por Washington
10 septiembre 2013
Desde 1961, apenas posesionado, el presidente John F. Kennedy nombró un comité encargado de las elecciones que se desarrollarían en Chile tres años después. Según la investigación de la Comisión Church del Senado estadounidense[1], estuvo compuesto de altos responsable del Departamento de Estado, la Casa Blanca y la CIA. Este Comité fue reproducido en la embajada estadounidense en Santiago, capital chilena. El objetivo era impedir que el candidato socialista, Salvador Allende, ganara los comicios [2].
Allende era un marxista convencido de que por la vía pacífica se podía llegar al gobierno, y, desde ahí, darle un vuelco a las estructuras del Estado en beneficio de las mayorías empobrecidas. Expresaba que para lograr tal objetivo se debía nacionalizar las grandes industrias, priorizando las que estaban en manos estadounidenses, al ser éstas las que explotaban los recursos estratégicos. Estos, y otros ideales sociales, lo convirtieron en un indeseable para Washington: podría servir de ejemplo para los pueblos de otras naciones latinoamericanas.
Para hacerle oposición, varios millones de dólares fueron distribuidos entre los partidos políticos de centro y de la derecha para que realizaran su propaganda. Al momento de elegir el candidato a la presidencia, Washington decidió apoyar a Eduardo Frei, del partido Demócrata Cristiano, un personaje que impuso a sus otros financiados.
En total, la operación costó unos veinte millones de dólares, una suma inmensa para la época, al punto de sólo poderse comparar con lo gastado en las elecciones presidenciales estadounidenses. Es que Washington no tanto invirtió en el candidato Frey, sino que realizó toda una campaña de propaganda anticomunista a largo plazo.
La Comisión del Senado dijo: “Se explotaron todos los medios posibles: prensa, radio, películas, volantes, folletos, correos, banderolas, pinturas murales.” La Comisión reconoció que la CIA realizó, por intermedio de sus partidos comprados y varias organizaciones sociales, una “campaña alarmista” donde el objetivo principal fueron las mujeres, a las cuales se les aseguraba que los soviéticos y los cubanos llegarían para arrebatarle a sus hijos si ganaba Allende. Afiches distribuidos masivamente mostraban a niños llevando en la frente un tatuaje con la hoz y el martillo. La tradición religiosa también fue manipulada al máximo para que se temiera al “comunismo ateo e impío.”
La operación psicológica funcionó por encima de las expectativas: Frei logró el 56% de votos, mientras que Allende el 39%. La CIA, según la Comisión del Senado, aseguró que “la campaña de inculcar miedo anticomunista había sido la más eficaz de todas las actividades adelantadas.”
Fue una operación psicológica, con carácter de guerra, cuya base eran los planes aplicados en Guatemala que terminaron derrocando al presidente Jacobo Arbenz, en junio de 1954 [3]. Una operación que en Chile no se desmanteló con el triunfo de Frei, porque, a pesar de todo, la cantidad de votos logrados por Allende fue alta. Y el vencido tenía todas las intenciones de presentarse a las futuras elecciones.
En sus Memorias William “Bill” Colby, jefe de la CIA entre 1973 y1976, cuenta que durante las elecciones presidenciales de 1970, “la CIA debió dirigir todos los esfuerzos contra el marxista Allende. Ella se encargó de organizar una vasta campaña de propaganda contra su candidatura.” [4] La operación se llamó “Segunda Vía”. Todo por orden directa del presidente Richard Nixon.
Henry Kissinger, el consejero para la Seguridad Nacional del presidente, expresaría durante una reunión del Consejo de Seguridad sobre Chile, el 27 de junio de 1970: “Yo no veo por qué debemos quedarnos indiferentes, mientras un país cae en el comunismo por culpa de la irresponsabilidad de su pueblo.” [5] O sea, la soberana decisión de los ciudadanos no podía ser válida si no estaba en concordancia con los intereses estadounidenses. Durante esta reunión se decidió sumar trescientos mil dólares a la operación de propaganda que ya se adelantaba.
Según la Comisión Church del senado, Richard Helms, jefe de la CIA desde 1966, envió a dos oficiales de la CIA, a los que conocía desde los primeros preparativos de invasión a Cuba, como responsables; ambos especialistas de la guerra psicológica y la desinformación; con importante participación en el golpe de Estado en Guatemala, y acababan de desembarcar de la guerra en Indochina: David Atlee Phillips y David Sánchez Morales. La Comisión del Senado dijo que una de las consignas que englobaba la campaña era: “La victoria de Allende significa la violencia y la represión estalinista.”
Pero el 4 de septiembre de 1970 Allende ganó las elecciones. Escribe Colby que “Nixon entró en cólera. Él estaba convencido de que la victoria de Allende haría pasar a Chile al campo de la revolución castrista y anti-americana, y que el resto de América Latina no tardaría en seguirle los pasos.” Prosigue el ex patrón de la CIA: Nixon convocó a Helms “y le impuso muy claramente la responsabilidad de evitar que Allende asumiera sus funciones.” En la misma reunión Nixon encargó a Kissinger darle un seguimiento estricto al complot.
Es que quedaba una posibilidad para evitar que Allende asumiera la presidencia: había triunfado pero con una mayoría relativa, debido a que las fuerzas de izquierda se habían dividido, carcomidas por la campaña mediática y/o el dinero que la CIA logró inyectar a ciertos grupos. Por tanto el Congreso chileno se debía reunir el 24 de octubre para decidir entre Allende y Jorge Alessandri, candidato del partido conservador y quien obtuviera la segunda votación. El plan de Washington era, entonces, comprar el voto de congresistas para que no confirmaran el triunfo del socialista. Helms envió a un “grupo de trabajo” que mantuvo una “actividad frenética” durante seis semanas”, según relata Colby. Esto tampoco funcionó y Allende sería declarado ganador de las elecciones.
Los operarios especiales de la CIA tomaron contacto con responsables políticos y militares para seleccionar aquellos que podrían estar listos para actuar contra Allende, “y determinar con ellos la ayuda financiera, las armas y el material que fuera necesario para barrerlo de la ruta hacia la presidencia”, según Colby.
La mayor esperanza se centró en las Fuerzas Armadas, pero todo dependía de su comandante, el general René Schneider. El problema que encontró la CIA es que este militar había expresado claramente que su institución respetaría la Constitución. Y Colby, en sus Memorias, reconoce con una naturalidad espeluznante: “Entonces era un hombre a matar. Se organiza contra él una tentativa de secuestro que termina mal: fue herido al oponer resistencia y muere poco después debido a las heridas.”
Según la Comisión Church el 22 de octubre, muy temprano en la mañana, la CIA entregó a conspiradores chilenos metralletas y municiones “esterilizadas”, denominadas así porque en caso de investigación no es posible determinar su origen. Horas después se produjo el atentado. Tres días después moriría Schneider, “el hombre a matar”. Inmediatamente el presidente Nixon envió un cínico mensaje a su homólogo chileno: “Yo quisiera hacerle parte de mi dolor ante este repugnante acto.” El sucesor de Schneider sería un tal general Pinochet.
El 3 de noviembre de 1970 Allende se posesionó como presidente: Nixon no le envió el regular mensaje de felicitación que exige el protocolo diplomático, ni el embajador estadounidense asistió a la investidura.
Ahora correspondía preparar la desestabilización del nuevo gobierno, lo cual se encargaría a la Dirección del Hemisferio Occidental de la Agencia. Una dependencia que desde 1972 tuvo como director a un oficial con gran experiencia en operaciones clandestinas: Ted Shackley. Y éste nombró a su hombre-sombra, Tom Clines, para que se concentrara en el “caso Allende”, teniendo bajo su responsabilidad a los viejos colegas Sánchez Morales y Atlee Phillips.
En marzo del siguiente año Bill Colby vuelve a ser el superior de Shackley y Clines como subdirector de Operaciones Especiales. Este trío regresaba de estar al frente de la guerra sucia en Indochina, muy particularmente en Vietnam.
Desde 1972 este equipo de la CIA, en Washington y Chile, fue desarrollando la operación más perfeccionada de desinformación y sabotaje económico que hasta ese momento se conociera en el mundo. Colby confesó que fue una “experiencia de laboratorio que demostró la eficacia de la inversión financiera para desacreditar y derrocar a un gobierno.” [6]
No fue todo. Según la Comisión del Senado estadounidense, la estación de la CIA en Santiago se dedicó a recoger toda la información necesaria para un eventual golpe de Estado. “Listas de personas a detener; infraestructuras y personal civil que debían ser protegidos con prioridad; instalaciones gubernamentales a ocupar; planes de urgencia previstos por el gobierno si se diera un levantamiento militar.” [7]
Según el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, esta información sensible de Estado fue obtenida a partir de la “compra” de altos funcionarios y de dirigentes políticos de la coalición partidaria de Allende, La Unidad Popular [8] . Mientras que en Washington los empleados de la embajada chilena se quejaban de la desaparición de documentos, no sólo de la sede diplomática sino de sus propios domicilios. Sus comunicaciones fueron sometidas a escucha. Un trabajo realizado por el mismo equipo que muy poco después se involucraría en el Watergate. [9]
La acción contra Allende necesitó de una campaña internacional de difamación e intrigas. Buena parte de ella fue encargada a un inexperto en política exterior y casi desconocido político, aunque viejo conocido del presidente Nixon y de los hombres que adelantaban la operación: George H.W. Bush. Esa tarea la realizó como embajador en la ONU, función que ocupaba desde febrero de 1971. Cuando fue nombrado para el cargo nadie quiso recordar que pocos meses antes había logrado, como representante a la Cámara de Texas, que se restableciera en ese Estado la pena de muerte para los “homosexuales reincidentes”.
El 11 de septiembre de 1973 se da el sangriento golpe de Estado contra el gobierno de Allende, encabezado por el general Augusto Pinochet, y se desata una terrible represión. Aunque Shackley había dejado su cargo unos días antes de aquel fatídico día, fue la figura clave en el operativo. Su biógrafo afirma: “Salvador Allende murió durante el golpe. Cuando el humo se disipó, el General Augusto Pinochet, dirigente de la Junta Militar, estaba en el poder dictatorial, debido en parte al arduo trabajo de Shackley [...]” [10]
Casi un mes después, el 16 de octubre, Henry Kissinger recibiría el Premio Nobel de la Paz… Al año siguiente del golpe, mientras la dictadura seguía ensangrentando a la nación, el presidente Gerald Ford declaraba que los estadounidenses habían actuado “por los mejores intereses de los chilenos y, obviamente, para los de Estados Unidos.” [11]
Mientras que en 1980 el ex presidente Nixon escribiría: “Los detractores se preocupan únicamente por la represión política en Chile, e ignoran las libertades fruto de una economía libre […] Más que reclamar la perfección inmediata en Chile, deberíamos apoyar los progresos realizados.” [12]
(* Con algunos pocos cambios, este es un capitulo tomado del libro “El Equipo de Choque de la CIA”. El Viejo Topo, Barcelona, 2010.)
Notas:
1- Comisión especial presidida por el senador Frank Church: “Alleged Assassination Plots Involving foreign Leaders.” November, 1975. U.S. Government printing office 61-985, Washington, 1975.
2- Cover Action in Chile, 1963-1973. The Select Committe to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, US Senate. Washington, 18 décembre 1975.
3- El presidente estadounidense Dwight David Eisenhower autorizó a la CIA el derrocamiento de Arbenz, aplicando un plan integral, inédito hasta ese momento en el continente, que contenía acciones de guerra sicológica, mercenaria y paramilitar, cuyo nombre en clave fue PBSUCCESS. Ver: Cullather, Nick. “Secret History: the CIA Classified Accounts of its Operations in Guatemala, 1952-1954″. Stanford University. 1999.
4- Colby, William. “30 ans de C.I.A.” Presses de la Renaissance. París, 1978.
5- Newsweek. Washington, 23 septembre 1974.
6- New York Times. 8 septembre 1974.
7- Cover Action in Chile, 1963-1973. Ob. Cit.
8- Blum, William. “Les guerres scélérates”. Parangon, París 2004.
9- Watergate se llamaba el edificio donde ese encontraban las oficinas del Partido Demócrata. Ilegalmente, en 1972 el presidente Nixon ordenó que fueran puestas bajo escucha. Ante las pruebas y el escándalo el presidente debió renunciar en agosto de 1974. Ver: Marchetti, Victor y Marks, John. “La CIA et le culte du renseignement”. Ed. Robert Laffont. París, 1975.
10- Corn, David. Blond Ghost, “Ted Shackley and the CIA’s Crusades”. Simon & Schuster. New York, 1994.
11- New York Times. 17 septembre 1974.
12- Nixon, Richard. “La vraie guerre”. Albin Michel. París, 1980.
11 sept 2013
Chile 40 años: La osadía de Allende
Chile 40 años: La osadía de Allende
11.09.2013
SANTIAGO DE CHILE (Uypress/SinPermiso - Carlos Abel Suárez*) - “Para mí la mayor gravedad es lo que continúa después del golpe de Estado. Lo que siguió después fue una barbarie, crímenes y asesinatos y destierro (...)”. A 40 años del golpe del general Augusto Pinochet al gobierno socialista de Salvador Allende, compartimos este artículo.
"Para mí la mayor gravedad es lo que continúa después del golpe de Estado...lo que siguió después fue una barbarie, crímenes y asesinatos y destierro. La primera etapa de esta sanación era para mí justicia a los criminales, una especie de Núremberg, que no hubo acá en Chile, y luego las cuestiones institucionales, como el binominal. La dictadura duró 20 años, tuvieron 20 años para hacer lo que les paró el hoyo aquí en Chile y pa poder reorganizar el país pa delante. (...) nada nos asegura que no pueda volver a suceder, lo único que podemos hacer es testimoniar, testimoniar. Ojo con esto...no se pueden volver a cometer esos excesos bajo ningún punto de vista, no se puede perseguir y matar gente por lo que piensa. Una de las cosas buenas que hemos aprendido en la democracia es que la gente pueda expresar su opinión y no sentir miedo. Yo creo que se ha demorado más este proceso porque nos quedamos con un miedo terrible, sobre todo las generaciones más grandes, entonces evidentemente la juventud tiene ese rol: no tener miedo". Rodrigo Salinas, Ilustrador y comediante (38 años)
"Yo soy un defensor acérrimo del gobierno de Allende. Yo creo que ha sido el mejor gobierno de Chile y uno de los mejores gobiernos de la humanidad en cuanto a participación, en cuanto a democracia, en cuanto a acceso a la cultura (...) La editorial Quimantú tenía tiradas de 300.000 ejemplares. Yo noto que hay algo que nadie dice, y es lo que fue el gobierno de la Unidad Popular, lo que fue como gobierno. Y que la gente que participó de ese gobierno tiende como a disculparse, tiende como a ocultarlo. Tiende como a sentir vergüenza, hablan de los excesos. (...) Durante los 3 años de la Unidad Popular no hubo un solo cesante en Chile y a pesar del desabastecimiento, a pesar del mercado negro, nadie pasó hambre, nadie pasó necesidades". Camilo Marks, escritor y abogado defensor de los DDHH durante la dictadura. (65 años)
Estos testimonios forman parte de un impactante documental "40 voces, 40 años", dirigido por Felipe Araya, Patricio Escobar, que fue difundido por la televisión chilena la semana pasada. Seleccioné estos dos testimonios, entre muchos muy buenos, para mostrar dos experiencias distintas (que de algún modo recorren la muestra): la de quienes vivieron los tiempos de Allende y el golpe y la de quienes sufrieron las consecuencias de los largos años de la dictadura y de casi 24 años de los gobiernos que sucedieron a Pinochet.
Escribir sobre el Chile de cuatro décadas atrás es duro para los que de uno u otra manera estuvimos involucrados en ese tiempo. Hasta las personalidades más destacadas no podían hablar del tema. La última vez que me encontré con Clodomiro Almeyda, ex canciller y vicepresidente de la República, (a quien conocía de mucho tiempo antes de que fuera uno de los más destacados dirigentes del Partido Socialista, canciller y vicepresidente de Allende) compartimos varias horas de vuelo entre Santiago y Bogotá y luego una cena en el Hotel. Me contó que había dejado de fumar, de la caída del Muro de Berlín, de cuando cruzó clandestinamente la cordillera para regresar a Chile, una anécdota que yo conocía porque colaboraron unos amigos, de Arafat que le había regalado un collar de cuentas que le ayudaba a bajar la ansiedad de ex fumador, pero cuando llegábamos a la zona de los recuerdos más dolorosos, enmudecía y yo sabía que no podía preguntar. Algo de esto había aprendido entre los exiliados republicanos españoles residentes en Mendoza. También en nuestra propia experiencia argentina con relación a la dictadura. Hay un territorio difícil de franquear y no se trata de culpas, como piensan algunos imbéciles por las que hay que pedir perdón. Es lo mismo que impedía a Jorge Semprun contar su experiencia en Buchenwald, que finalmente pudo concretar en La Escritura o la vida. Allí se vale de un poeta amigo, una tabla que le permite superar el trance: "Nadie puede escribir si no tiene el corazón puro, es decir, si no está suficientemente despegado de sí mismo".
Para los chilenos, también para el resto del mundo, la conmemoración del 11 de Septiembre tiene varios significados, para muchos es la muerte de Allende, el fin del sueño de una experiencia social y política inédita y el comienzo del horror de la dictadura de Pinochet, que destruyó a la mayoría de los chilenos. Para la derecha de Chile y del mundo, fue el triunfo de una contrarrevolución y de la conformación de un modelo económico que sería un ejemplo para un puñado de ricos del mundo, un trofeo que todavía exhiben sin pudor entre los círculos más concentrados del privilegio y de la desigualdad. Esconden, ciertamente, bajo la alfombra la sangre de las víctimas y que esos logros no solamente fueron una hazaña de la competencia y de la iniciativa privada. Fueron el resultado y, principalmente, vaya la paradoja de la intervención del Estado. Porque el Estado siempre está. Mucho más para aquellos que dicen que no debe intervenir.
"Ahora saben - recuerda el escritor Luis Sepúlveda - que la mujer de Pinochet asaltó la organización de Centros de Madres (CEMA), sin realizar la menor inversión de riesgo. Actuaba de la siguiente manera: su marido ordenaba asesinar a alguien, normalmente de izquierda, que tuviera una propiedad grande, apta para la construcción. Esa propiedad pasaba a ser parte, durante algunos días, del Estado chileno, pero luego era regalada a CEMA, organización que dirigía Lucía Hiriart de Pinochet. Esta veterana ladrona, como gato de campo, ordenaba que arquitectos del ejército, pagados por todos los chilenos, hicieran un proyecto de cien o más viviendas, que eran construidas por batallones de soldados, ladrillos, cemento y vidrios del ejército chileno, es decir que no compraba un clavo, todo lo pagaba el Estado chileno. Luego vendía las casas, que además entregaban equipadas con cocina, refrigerador y muebles compradas por el ejército chileno, y el dinero de la venta se perdía en sus cuentas de Miami, Gibraltar, Suiza o las Islas Caimán. Eso - dicen los ladrones y estafadoras chilenos - es competencia desleal, eso es una violación de la libre competencia y no hay manera de explicarles que eso es precisamente la médula de la economía neoliberal de mercado, el robo cometido sin la menor vergüenza y que se llama privatización de las empresas nacionales, el latrocinio impune que se llama "libertad de movimiento para el capital". Ni ella ni sus hijos implicados en peores negocios que los de la ONG de la mamá con ayuda del General, pidieron perdón ni fueron condenados.
Los días de Allende
La maravillosa película de Patricio Guzmán registra con imparcialidad y profundidad esos tiempos fundamentales, que suelen ser interpretados con claves del presente y confusas. Es importante sugerir a los más jóvenes que la vean, que se pase en las escuelas y no sólo de Chile.
Cuando Juan Gabriel Valdés fue embajador del gobierno de la Concertación en Buenos Aires, invitó a políticos argentinos amigos, a chilenos residentes y a periodistas a la presentación del documentado libro Memoria de la Izquierda Chilena, escrito por Jorge Arrate y Eduardo Rojas. Un destacadísimo político argentino, que participaba del panel de presentación - no es al caso mencionarlo para no entrarle a las internas argentinas - confesó que de los dos tomos de la obra, sólo había alcanzado a leer el capítulo de Allende. Y agregó que había estado pensando que si Allende hubiese hecho esto, en lugar de aquello y lo otro en lugar de...es posible que hubiese evitado el golpe de Estado. Yo estaba sentado al lado del actor Patricio Contreras, nos miramos, sonreímos y comentamos: ahora el Chicho sería un viejito huevón, dando conferencias en Harvard o en París.
De más está decir que al intrépido comentarista (ha hecho cosas peores) le enmendaron la plana. La suerte de Allende y de la Unidad Popular estaba echada desde antes de ganar aquellas inolvidables elecciones de septiembre de 1970. Recordemos solamente el testimonio del embajador norteamericano en la mencionada película de Patricio Guzmán, las revelaciones de los documentos desclasificados del Departamento de Estado que informan sobre planes de "contingencia", la operación Camelot, etc., elaborados ya desde los tiempos en que el FRAP era apenas una lejana posibilidad, en las elecciones que ganó Eduardo Frei. Para no abundar con citas de horas y horas de deliberaciones, cientos de informes, testimonios y grabaciones en las comisiones del Congreso de los Estados Unidos - la centralidad que alcanzó el caso Chile en los planes de Nixon y su secretario Kissinger -, el papel de la ITT y las transnacionales, como asimismo lo que investigó el Tribunal Russell durante 1975, etc. Pero todo esto, que a muchos tomó por sorpresa a los largo de 40 años, no era desconocido en 1970. Desde antes de asumir el gobierno se asomó el huevo de la serpiente con el brutal asesinato del comandante del Ejército, René Schneider. Las controversias de esos momentos no ignoraban el peligro, la existencia de la Guerra Fría y el sendero angosto por que debía transitar el gobierno de la UP para cumplir sus promesas electorales.
Allende fue un ejemplo de transparencia en ese sentido, no vendía una imagen diferente de lo que era y así como no rehuía la negociación con los políticos tradicionales y las fuerzas hostiles, con los que había tratado toda su vida política - recordemos que fue por un período breve ministro de salud de Aguirre Cerda, y largos años senador de la República - también era capaz de recibir críticas desde la izquierda y refutarlas sin una pizca de enojo o mal humor. Entre los más próximos se escuchaba decir, entre queja y admiración, que el Chicho confiaba demasiado en su muñeca negociadora.
En la conciencia de los peligros que encerraba esa coyuntura histórica está la premura con que la UP avanzó en una rápida implementación de su programa, nadie le podía echar en cara que no había cumplido sus promesas a los pocos meses de ocupar La Moneda.
Su discurso en el acto de festejo del primer año de gobierno, realizado el 5 de noviembre de 1971 en el Estadio Nacional, muestra con gran transparencia su pensamiento, ideas sobre las que persistió hasta el final:
"Rechazamos, nosotros los chilenos, en lo más profundo de nuestras conciencias, las luchas fratricidas. Pero sin renunciar jamás a reivindicar los derechos del pueblo. Nuestro escudo lo dice: ´Por la razón o por la fuerza´. Pero dice primero 'por la razón´. Ya en nuestros primeros pasos como país soberano, la decisión de los hombres de Chile y la estabilidad de sus dirigentes nos permitieron evitar las guerras civiles.(....) Ya en 1845, Francisco Antonio Pinto escribía al General san Martín: ´Me parece que nosotros vamos a solucionar el problema de saber cómo ser republicanos y continuar hablando la lengua española´. Desde entonces, la estabilidad institucional de la República fue una de las más consistentes de Europa y América (....) El respeto a los demás, la tolerancia hacia el otro, es uno de los bienes culturales más significativos con que contamos. (...) Nuestro camino será aquel construido a lo largo de nuestra experiencia, el consagrado por el pueblo en las elecciones, el señalado en el Programa de la Unidad Popular: El camino al socialismo en democracia, Pluralismo y libertad. (....) Que nadie se llame a engaño. Los teóricos del marxismo nunca han pretendido, ni la historia demuestra, que un partido único sea una necesidad en el proceso de transición hacia el Socialismo".
Terminó su brillante oratoria con esta frase: "Este Chile que empieza a renovarse, este Chile en primavera y en fiesta, siente como una de sus aspiraciones más hondas, el deseo de que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano".
En este discurso, casi sin libreto, está reflejado el conocimiento que tenía Allende de la historia y de que hincaba el diente sin vacilar en los grandes debates de su época; con respecto a un socialismo con rostro humano y también la temeraria confianza que depositaba en la estabilidad institucional y neutralidad de las Fuerzas Armadas, que ciertamente contrastaba con la experiencia de América Latina. Asimismo hay que decir que no se trataba de una confianza ingenua, no cerraba el paso a los procesos de auto organización de los trabajadores, que disgustaban a algunos de sus colaboradores. En los momentos más difíciles, como el "tancazo" del 29 de junio, Allende rechazó airadamente los mayoritarios reclamos de cerrar el Parlamento y tomar medidas contra la Corte de Justicia que le eran hostiles. Allende aseguró que mientras él fuera presidente respetaría las instituciones de la república, y cada vez que se le interpelaba sobre la violencia señalaba el escudo chileno con esa sonrisa pícara: "primero dice por la razón". No obstante, esa misma noche de junio comenzó una gigantesca ocupación de fábricas e instituciones, que abría una etapa de confrontación irreversible. La ex presidenta y actual candidata recordará que ella estaba esos días en el fragor de esas ocupaciones.
Chile por su conformación territorial fue como una isla, encerrado al Este por la Cordillera de los Andes, al Norte por el desierto de Atacama, el resto por el imponente océano Pacífico (el Sur por siglos casi no contaba). Sin embargo, nunca estuvo más unido al mundo que en los años de la Unidad Popular, cosa que no pueden entender los que creen que todo llegó por el Tratado de Libre Comercio con los yanquis o la apertura comercial.
Esto es lo que constata y expresa Allende cuando afirmó: "el deseo de que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano". Verdaderamente acudieron a Chile, no sólo los exiliados de todas partes, que tanto odiaban los momios, especialmente si eran negros, sino científicos, artistas intelectuales que fueron a aportar a esa experiencia singular. Muchos perdieron la vida en esa jugada, otros quedaron marcados para siempre. Entre tantos ejemplos, están los científicos: Stafford Beer (británico), Oscar Varsavsky (argentino), Carlos Eduardo Senna (brasiñelo), Stéfano Varese (peruano), que trabajaron junto al investigador chileno Humberto Maturana, en distintos modelos matemáticos y cibernéticos para su aplicación en la industria nacionalizada. Algunos proyectos cuando los explicaban parecían sueños futuristas, lo dijo muy bien Darcy Ribeiro, que fue asesor de Allende y también estaba vinculado a este proyecto: "Nunca participé de un experimento tan radical y tan generoso. Allí repensábamos con osadía el mundo que era y debía ser, todavía más osadamente, los mundos que debían ser". (1)
¿De qué hay que pedir perdón?
El acreditado Estudio de Opinión Pública difundió esta semana el primer sondeo sobre las futuras elecciones nacionales que se celebrarán el próximo mes de noviembre. Michelle Bachelet registra el 44 por ciento de apoyo contra el 12 por ciento de su contrincante de la derecha Evelyn Matthei. Pero solamente el 53 por ciento dijo que iría a votar. La abstención continua siendo la mancha de la política chilena, donde todavía sigue vigente la Constitución de Pinochet. Al examinar el 53 por ciento que asegura que va a votar, sólo el 18,3 por ciento son jóvenes entre 18 y 30 años. La juventud, que fue la gran protagonista de vida política en las calles de Chile en estos últimos años, no tiene mucho interés en las elecciones. Además la encuesta señala que en las regiones un 62 por ciento quiere participar, mientras que en Santiago la disposición baja al 36,9 por ciento.
El casi seguro futuro gobierno encabezado por Bachelet se enfrentará con viejos y nuevos problemas. ¿Podrá seguir navegando en las aguas semi-neoliberales en medio de la crisis mundial actual? Educación, salud y sistema previsional son número puesto en la agenda o tendrá la respuesta en la calle. Y una reforma hacia una Constitución democrática una tarea ineludible.
Mientras tanto, al son de la campaña podemos sorprendernos por la disculpa de los jueces por su actuación durante el pinochetismo, que aunque tarde merece aplaudirse, la vergüenza ajena por Camilo Escalona, que pide perdón por unas piedras que tiró cuando era un estudiante secundario radicalizado y el gesto que destaca a Ricardo Lagos cuando dice que no tiene que pedir perdón, porque la dictadura arruinó a toda una generación de chilenos. Tal vez se ha quedado corto, han pasado 40 años y Chile sigue siendo el país tan desigual que dejó Pinochet.
Nota:
(1): Carlos E. Senna, Encontros na América do sol. 1983 (Río de Janeiro- Ed. Antares).
*Carlos Abel Suárez es periodista y analista y miembro del Comité de Redacción de SinPermiso
11.09.2013
SANTIAGO DE CHILE (Uypress/SinPermiso - Carlos Abel Suárez*) - “Para mí la mayor gravedad es lo que continúa después del golpe de Estado. Lo que siguió después fue una barbarie, crímenes y asesinatos y destierro (...)”. A 40 años del golpe del general Augusto Pinochet al gobierno socialista de Salvador Allende, compartimos este artículo.
"Para mí la mayor gravedad es lo que continúa después del golpe de Estado...lo que siguió después fue una barbarie, crímenes y asesinatos y destierro. La primera etapa de esta sanación era para mí justicia a los criminales, una especie de Núremberg, que no hubo acá en Chile, y luego las cuestiones institucionales, como el binominal. La dictadura duró 20 años, tuvieron 20 años para hacer lo que les paró el hoyo aquí en Chile y pa poder reorganizar el país pa delante. (...) nada nos asegura que no pueda volver a suceder, lo único que podemos hacer es testimoniar, testimoniar. Ojo con esto...no se pueden volver a cometer esos excesos bajo ningún punto de vista, no se puede perseguir y matar gente por lo que piensa. Una de las cosas buenas que hemos aprendido en la democracia es que la gente pueda expresar su opinión y no sentir miedo. Yo creo que se ha demorado más este proceso porque nos quedamos con un miedo terrible, sobre todo las generaciones más grandes, entonces evidentemente la juventud tiene ese rol: no tener miedo". Rodrigo Salinas, Ilustrador y comediante (38 años)
"Yo soy un defensor acérrimo del gobierno de Allende. Yo creo que ha sido el mejor gobierno de Chile y uno de los mejores gobiernos de la humanidad en cuanto a participación, en cuanto a democracia, en cuanto a acceso a la cultura (...) La editorial Quimantú tenía tiradas de 300.000 ejemplares. Yo noto que hay algo que nadie dice, y es lo que fue el gobierno de la Unidad Popular, lo que fue como gobierno. Y que la gente que participó de ese gobierno tiende como a disculparse, tiende como a ocultarlo. Tiende como a sentir vergüenza, hablan de los excesos. (...) Durante los 3 años de la Unidad Popular no hubo un solo cesante en Chile y a pesar del desabastecimiento, a pesar del mercado negro, nadie pasó hambre, nadie pasó necesidades". Camilo Marks, escritor y abogado defensor de los DDHH durante la dictadura. (65 años)
Estos testimonios forman parte de un impactante documental "40 voces, 40 años", dirigido por Felipe Araya, Patricio Escobar, que fue difundido por la televisión chilena la semana pasada. Seleccioné estos dos testimonios, entre muchos muy buenos, para mostrar dos experiencias distintas (que de algún modo recorren la muestra): la de quienes vivieron los tiempos de Allende y el golpe y la de quienes sufrieron las consecuencias de los largos años de la dictadura y de casi 24 años de los gobiernos que sucedieron a Pinochet.
Escribir sobre el Chile de cuatro décadas atrás es duro para los que de uno u otra manera estuvimos involucrados en ese tiempo. Hasta las personalidades más destacadas no podían hablar del tema. La última vez que me encontré con Clodomiro Almeyda, ex canciller y vicepresidente de la República, (a quien conocía de mucho tiempo antes de que fuera uno de los más destacados dirigentes del Partido Socialista, canciller y vicepresidente de Allende) compartimos varias horas de vuelo entre Santiago y Bogotá y luego una cena en el Hotel. Me contó que había dejado de fumar, de la caída del Muro de Berlín, de cuando cruzó clandestinamente la cordillera para regresar a Chile, una anécdota que yo conocía porque colaboraron unos amigos, de Arafat que le había regalado un collar de cuentas que le ayudaba a bajar la ansiedad de ex fumador, pero cuando llegábamos a la zona de los recuerdos más dolorosos, enmudecía y yo sabía que no podía preguntar. Algo de esto había aprendido entre los exiliados republicanos españoles residentes en Mendoza. También en nuestra propia experiencia argentina con relación a la dictadura. Hay un territorio difícil de franquear y no se trata de culpas, como piensan algunos imbéciles por las que hay que pedir perdón. Es lo mismo que impedía a Jorge Semprun contar su experiencia en Buchenwald, que finalmente pudo concretar en La Escritura o la vida. Allí se vale de un poeta amigo, una tabla que le permite superar el trance: "Nadie puede escribir si no tiene el corazón puro, es decir, si no está suficientemente despegado de sí mismo".
Para los chilenos, también para el resto del mundo, la conmemoración del 11 de Septiembre tiene varios significados, para muchos es la muerte de Allende, el fin del sueño de una experiencia social y política inédita y el comienzo del horror de la dictadura de Pinochet, que destruyó a la mayoría de los chilenos. Para la derecha de Chile y del mundo, fue el triunfo de una contrarrevolución y de la conformación de un modelo económico que sería un ejemplo para un puñado de ricos del mundo, un trofeo que todavía exhiben sin pudor entre los círculos más concentrados del privilegio y de la desigualdad. Esconden, ciertamente, bajo la alfombra la sangre de las víctimas y que esos logros no solamente fueron una hazaña de la competencia y de la iniciativa privada. Fueron el resultado y, principalmente, vaya la paradoja de la intervención del Estado. Porque el Estado siempre está. Mucho más para aquellos que dicen que no debe intervenir.
"Ahora saben - recuerda el escritor Luis Sepúlveda - que la mujer de Pinochet asaltó la organización de Centros de Madres (CEMA), sin realizar la menor inversión de riesgo. Actuaba de la siguiente manera: su marido ordenaba asesinar a alguien, normalmente de izquierda, que tuviera una propiedad grande, apta para la construcción. Esa propiedad pasaba a ser parte, durante algunos días, del Estado chileno, pero luego era regalada a CEMA, organización que dirigía Lucía Hiriart de Pinochet. Esta veterana ladrona, como gato de campo, ordenaba que arquitectos del ejército, pagados por todos los chilenos, hicieran un proyecto de cien o más viviendas, que eran construidas por batallones de soldados, ladrillos, cemento y vidrios del ejército chileno, es decir que no compraba un clavo, todo lo pagaba el Estado chileno. Luego vendía las casas, que además entregaban equipadas con cocina, refrigerador y muebles compradas por el ejército chileno, y el dinero de la venta se perdía en sus cuentas de Miami, Gibraltar, Suiza o las Islas Caimán. Eso - dicen los ladrones y estafadoras chilenos - es competencia desleal, eso es una violación de la libre competencia y no hay manera de explicarles que eso es precisamente la médula de la economía neoliberal de mercado, el robo cometido sin la menor vergüenza y que se llama privatización de las empresas nacionales, el latrocinio impune que se llama "libertad de movimiento para el capital". Ni ella ni sus hijos implicados en peores negocios que los de la ONG de la mamá con ayuda del General, pidieron perdón ni fueron condenados.
Los días de Allende
La maravillosa película de Patricio Guzmán registra con imparcialidad y profundidad esos tiempos fundamentales, que suelen ser interpretados con claves del presente y confusas. Es importante sugerir a los más jóvenes que la vean, que se pase en las escuelas y no sólo de Chile.
Cuando Juan Gabriel Valdés fue embajador del gobierno de la Concertación en Buenos Aires, invitó a políticos argentinos amigos, a chilenos residentes y a periodistas a la presentación del documentado libro Memoria de la Izquierda Chilena, escrito por Jorge Arrate y Eduardo Rojas. Un destacadísimo político argentino, que participaba del panel de presentación - no es al caso mencionarlo para no entrarle a las internas argentinas - confesó que de los dos tomos de la obra, sólo había alcanzado a leer el capítulo de Allende. Y agregó que había estado pensando que si Allende hubiese hecho esto, en lugar de aquello y lo otro en lugar de...es posible que hubiese evitado el golpe de Estado. Yo estaba sentado al lado del actor Patricio Contreras, nos miramos, sonreímos y comentamos: ahora el Chicho sería un viejito huevón, dando conferencias en Harvard o en París.
De más está decir que al intrépido comentarista (ha hecho cosas peores) le enmendaron la plana. La suerte de Allende y de la Unidad Popular estaba echada desde antes de ganar aquellas inolvidables elecciones de septiembre de 1970. Recordemos solamente el testimonio del embajador norteamericano en la mencionada película de Patricio Guzmán, las revelaciones de los documentos desclasificados del Departamento de Estado que informan sobre planes de "contingencia", la operación Camelot, etc., elaborados ya desde los tiempos en que el FRAP era apenas una lejana posibilidad, en las elecciones que ganó Eduardo Frei. Para no abundar con citas de horas y horas de deliberaciones, cientos de informes, testimonios y grabaciones en las comisiones del Congreso de los Estados Unidos - la centralidad que alcanzó el caso Chile en los planes de Nixon y su secretario Kissinger -, el papel de la ITT y las transnacionales, como asimismo lo que investigó el Tribunal Russell durante 1975, etc. Pero todo esto, que a muchos tomó por sorpresa a los largo de 40 años, no era desconocido en 1970. Desde antes de asumir el gobierno se asomó el huevo de la serpiente con el brutal asesinato del comandante del Ejército, René Schneider. Las controversias de esos momentos no ignoraban el peligro, la existencia de la Guerra Fría y el sendero angosto por que debía transitar el gobierno de la UP para cumplir sus promesas electorales.
Allende fue un ejemplo de transparencia en ese sentido, no vendía una imagen diferente de lo que era y así como no rehuía la negociación con los políticos tradicionales y las fuerzas hostiles, con los que había tratado toda su vida política - recordemos que fue por un período breve ministro de salud de Aguirre Cerda, y largos años senador de la República - también era capaz de recibir críticas desde la izquierda y refutarlas sin una pizca de enojo o mal humor. Entre los más próximos se escuchaba decir, entre queja y admiración, que el Chicho confiaba demasiado en su muñeca negociadora.
En la conciencia de los peligros que encerraba esa coyuntura histórica está la premura con que la UP avanzó en una rápida implementación de su programa, nadie le podía echar en cara que no había cumplido sus promesas a los pocos meses de ocupar La Moneda.
Su discurso en el acto de festejo del primer año de gobierno, realizado el 5 de noviembre de 1971 en el Estadio Nacional, muestra con gran transparencia su pensamiento, ideas sobre las que persistió hasta el final:
"Rechazamos, nosotros los chilenos, en lo más profundo de nuestras conciencias, las luchas fratricidas. Pero sin renunciar jamás a reivindicar los derechos del pueblo. Nuestro escudo lo dice: ´Por la razón o por la fuerza´. Pero dice primero 'por la razón´. Ya en nuestros primeros pasos como país soberano, la decisión de los hombres de Chile y la estabilidad de sus dirigentes nos permitieron evitar las guerras civiles.(....) Ya en 1845, Francisco Antonio Pinto escribía al General san Martín: ´Me parece que nosotros vamos a solucionar el problema de saber cómo ser republicanos y continuar hablando la lengua española´. Desde entonces, la estabilidad institucional de la República fue una de las más consistentes de Europa y América (....) El respeto a los demás, la tolerancia hacia el otro, es uno de los bienes culturales más significativos con que contamos. (...) Nuestro camino será aquel construido a lo largo de nuestra experiencia, el consagrado por el pueblo en las elecciones, el señalado en el Programa de la Unidad Popular: El camino al socialismo en democracia, Pluralismo y libertad. (....) Que nadie se llame a engaño. Los teóricos del marxismo nunca han pretendido, ni la historia demuestra, que un partido único sea una necesidad en el proceso de transición hacia el Socialismo".
Terminó su brillante oratoria con esta frase: "Este Chile que empieza a renovarse, este Chile en primavera y en fiesta, siente como una de sus aspiraciones más hondas, el deseo de que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano".
En este discurso, casi sin libreto, está reflejado el conocimiento que tenía Allende de la historia y de que hincaba el diente sin vacilar en los grandes debates de su época; con respecto a un socialismo con rostro humano y también la temeraria confianza que depositaba en la estabilidad institucional y neutralidad de las Fuerzas Armadas, que ciertamente contrastaba con la experiencia de América Latina. Asimismo hay que decir que no se trataba de una confianza ingenua, no cerraba el paso a los procesos de auto organización de los trabajadores, que disgustaban a algunos de sus colaboradores. En los momentos más difíciles, como el "tancazo" del 29 de junio, Allende rechazó airadamente los mayoritarios reclamos de cerrar el Parlamento y tomar medidas contra la Corte de Justicia que le eran hostiles. Allende aseguró que mientras él fuera presidente respetaría las instituciones de la república, y cada vez que se le interpelaba sobre la violencia señalaba el escudo chileno con esa sonrisa pícara: "primero dice por la razón". No obstante, esa misma noche de junio comenzó una gigantesca ocupación de fábricas e instituciones, que abría una etapa de confrontación irreversible. La ex presidenta y actual candidata recordará que ella estaba esos días en el fragor de esas ocupaciones.
Chile por su conformación territorial fue como una isla, encerrado al Este por la Cordillera de los Andes, al Norte por el desierto de Atacama, el resto por el imponente océano Pacífico (el Sur por siglos casi no contaba). Sin embargo, nunca estuvo más unido al mundo que en los años de la Unidad Popular, cosa que no pueden entender los que creen que todo llegó por el Tratado de Libre Comercio con los yanquis o la apertura comercial.
Esto es lo que constata y expresa Allende cuando afirmó: "el deseo de que cada hombre del mundo sienta en nosotros a su hermano". Verdaderamente acudieron a Chile, no sólo los exiliados de todas partes, que tanto odiaban los momios, especialmente si eran negros, sino científicos, artistas intelectuales que fueron a aportar a esa experiencia singular. Muchos perdieron la vida en esa jugada, otros quedaron marcados para siempre. Entre tantos ejemplos, están los científicos: Stafford Beer (británico), Oscar Varsavsky (argentino), Carlos Eduardo Senna (brasiñelo), Stéfano Varese (peruano), que trabajaron junto al investigador chileno Humberto Maturana, en distintos modelos matemáticos y cibernéticos para su aplicación en la industria nacionalizada. Algunos proyectos cuando los explicaban parecían sueños futuristas, lo dijo muy bien Darcy Ribeiro, que fue asesor de Allende y también estaba vinculado a este proyecto: "Nunca participé de un experimento tan radical y tan generoso. Allí repensábamos con osadía el mundo que era y debía ser, todavía más osadamente, los mundos que debían ser". (1)
¿De qué hay que pedir perdón?
El acreditado Estudio de Opinión Pública difundió esta semana el primer sondeo sobre las futuras elecciones nacionales que se celebrarán el próximo mes de noviembre. Michelle Bachelet registra el 44 por ciento de apoyo contra el 12 por ciento de su contrincante de la derecha Evelyn Matthei. Pero solamente el 53 por ciento dijo que iría a votar. La abstención continua siendo la mancha de la política chilena, donde todavía sigue vigente la Constitución de Pinochet. Al examinar el 53 por ciento que asegura que va a votar, sólo el 18,3 por ciento son jóvenes entre 18 y 30 años. La juventud, que fue la gran protagonista de vida política en las calles de Chile en estos últimos años, no tiene mucho interés en las elecciones. Además la encuesta señala que en las regiones un 62 por ciento quiere participar, mientras que en Santiago la disposición baja al 36,9 por ciento.
El casi seguro futuro gobierno encabezado por Bachelet se enfrentará con viejos y nuevos problemas. ¿Podrá seguir navegando en las aguas semi-neoliberales en medio de la crisis mundial actual? Educación, salud y sistema previsional son número puesto en la agenda o tendrá la respuesta en la calle. Y una reforma hacia una Constitución democrática una tarea ineludible.
Mientras tanto, al son de la campaña podemos sorprendernos por la disculpa de los jueces por su actuación durante el pinochetismo, que aunque tarde merece aplaudirse, la vergüenza ajena por Camilo Escalona, que pide perdón por unas piedras que tiró cuando era un estudiante secundario radicalizado y el gesto que destaca a Ricardo Lagos cuando dice que no tiene que pedir perdón, porque la dictadura arruinó a toda una generación de chilenos. Tal vez se ha quedado corto, han pasado 40 años y Chile sigue siendo el país tan desigual que dejó Pinochet.
Nota:
(1): Carlos E. Senna, Encontros na América do sol. 1983 (Río de Janeiro- Ed. Antares).
*Carlos Abel Suárez es periodista y analista y miembro del Comité de Redacción de SinPermiso
La impunidad de los pilotos que bombardearon La Moneda el 11 de septiembre de 1973
La impunidad de los pilotos que bombardearon La Moneda el 11 de septiembre de 1973
3 septiembre, 2013 40 años del Golpe de Estado en Chile, Chile
A pesar de los pactos de silencio que operan al interior de las Fuerzas Armadas, los nombres de los pilotos que organizaron, coordinaron y ejecutaron el brutal bombardeo al palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973 son un secreto a voces. Sin embargo, ninguno de ellos ha enfrentado a la justicia y continúan sin colaborar, negando su participación y la de sus compañeros y siendo calificados como “héroes” por la Fuerza Aérea.
Al mando del comandante Mario López Tobar, jefe del grupo 7 de la Fuerza Aérea de Chile, cuatro habrían sido los pilotos que bombardearon el Palacio de La Moneda la mañana del 11 de septiembre de 1973.
Se trataría de Fernando Rojas Vender, quien llegó a ser Comandante en Jefe de la FACH entre 1995 y 1999, el teniente Ernesto Amador González Yarra, el capitán Eitel Von Mühlenbrock y el teniente Gustavo Leigh Yates, hijo del comandante en jefe de la FACH y miembro de la junta militar. La operación habría sido coordinada desde tierra por el comandante Enrique Fernández Cortez.
Contra todos los pactos de silencio que aún operan en las Fuerzas Armadas, el periodista Eduardo Labarca llegó a estos nombres a fines de la década de los setenta, luego de entrevistar a veinte ex miembros de la FACH y de la Marina que habían sido detenidos, torturados y exiliados por haberse opuesto al golpe militar.
Mas, pese al horror que todavía provoca la imagen de La Moneda en llamas, Eduardo Labarca asegura que los militares que participaron del bombardeo son reconocidos como héroes al interior de la Fuerza Aérea.
“En la Fuerza Aérea, todos estos pilotos, menos el hijo de Leigh que erró el blanco, son héroes y gozan de mucho respeto. Y Rojas Vender, que fue Comandante, era respetado por sus dotes y entre otras cosas porque había disparado contra La Moneda y había acertado. En la Fuerza Aérea, entre los militares, es cosa de prestigio”, afirma.
Para Enrique Villanueva, ex miembro de la Fuerza Aérea y ex integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ese reconocimiento se debe a que se considera que los crímenes fueron cometidos en un contexto de guerra, lo que hace operar los pactos de silencio y, por ende, la impunidad.
“Todo lo que esta gente hizo, todos los asesinatos que cometieron, las desapariciones, las torturas, según ellos las hicieron bajo un contexto de guerra, que los exculpa frente a la sociedad chilena. Y esa es la razón fundamental por la cual no han sido juzgados o, cuando fueron llamados a declarar frente a la justicia, simplemente se negaron a dar los nombres. Ya sabemos quiénes son, pero se negaron a entregar los nombres, haciendo un pacto de silencio”, explica.
Además, Villanueva compara el silencio que existe respecto de quienes bombardearon La Moneda con el ejercido por el general Fernando Matthei, quien hasta el día de hoy desconoce su responsabilidad en las torturas ejecutadas en la Academia de Guerra de la FACH.
“Yo era piloto también, uno se sube en un avión y va en una bandada, el líder puede decir dispara a La Moneda pero yo tengo criterio y le digo cómo se te ocurre que voy a disparar a La Moneda, allí está el Presidente, ¿cómo voy a matar al Presidente? Pero estos canallas fueron así, todos se esconden unos detrás de otros, lo mismo que hace el general Matthei que dice que él no sabía que en la Academia de Guerra se torturaba. Después dijo que sí, que supo porque le contaron, siendo que él era el jefe de la Academia de Guerra, el jefe directo, el dueño en esa época en la que se torturaba. A mí me torturaron ahí”, asegura.
En ese sentido, Jaime Donoso, ex piloto de la FACH que también fue objeto de torturas por oponerse al golpe de Estado, explica que su caso y el de muchos otros ex militares que se negaron a participar del golpe militar es el ejemplo de que, pese a la férrea estructura del Ejército, sí existía la opción de desobedecer.
“Nosotros somos la prueba objetiva de que sí se podía no obedecer órdenes criminales como las que ellos obedecieron y ejecutaron en el año 73. Nosotros nos negamos, no obedecimos las órdenes, por eso nos torturaron, nos tomaron presos y nos mandaron al exilio. La formación militar tiene un eje fundamental, que es el honor, el valor, la patria, el pueblo. Y cuando tú haces un juramento para defender a tu pueblo, uno tiene dos posibilidades: o lo violentas, o lo mantienes. Y para eso hay que ser un militar de honor, ellos no fueron eso”, manifiesta.
A casi 40 años, ninguno de los seis presuntos implicados en el bombardeo a La Moneda ha enfrentado a la justicia o reconocido su responsabilidad en la creación de una de las imágenes más emblemáticas de la dictadura.
http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=9117:la-impunidad-de-los-pilotos-que-bombardearon-la-moneda&catid=26:politica&Itemid=11
3 septiembre, 2013 40 años del Golpe de Estado en Chile, Chile
A pesar de los pactos de silencio que operan al interior de las Fuerzas Armadas, los nombres de los pilotos que organizaron, coordinaron y ejecutaron el brutal bombardeo al palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973 son un secreto a voces. Sin embargo, ninguno de ellos ha enfrentado a la justicia y continúan sin colaborar, negando su participación y la de sus compañeros y siendo calificados como “héroes” por la Fuerza Aérea.
Al mando del comandante Mario López Tobar, jefe del grupo 7 de la Fuerza Aérea de Chile, cuatro habrían sido los pilotos que bombardearon el Palacio de La Moneda la mañana del 11 de septiembre de 1973.
Se trataría de Fernando Rojas Vender, quien llegó a ser Comandante en Jefe de la FACH entre 1995 y 1999, el teniente Ernesto Amador González Yarra, el capitán Eitel Von Mühlenbrock y el teniente Gustavo Leigh Yates, hijo del comandante en jefe de la FACH y miembro de la junta militar. La operación habría sido coordinada desde tierra por el comandante Enrique Fernández Cortez.
Contra todos los pactos de silencio que aún operan en las Fuerzas Armadas, el periodista Eduardo Labarca llegó a estos nombres a fines de la década de los setenta, luego de entrevistar a veinte ex miembros de la FACH y de la Marina que habían sido detenidos, torturados y exiliados por haberse opuesto al golpe militar.
Mas, pese al horror que todavía provoca la imagen de La Moneda en llamas, Eduardo Labarca asegura que los militares que participaron del bombardeo son reconocidos como héroes al interior de la Fuerza Aérea.
“En la Fuerza Aérea, todos estos pilotos, menos el hijo de Leigh que erró el blanco, son héroes y gozan de mucho respeto. Y Rojas Vender, que fue Comandante, era respetado por sus dotes y entre otras cosas porque había disparado contra La Moneda y había acertado. En la Fuerza Aérea, entre los militares, es cosa de prestigio”, afirma.
Para Enrique Villanueva, ex miembro de la Fuerza Aérea y ex integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ese reconocimiento se debe a que se considera que los crímenes fueron cometidos en un contexto de guerra, lo que hace operar los pactos de silencio y, por ende, la impunidad.
“Todo lo que esta gente hizo, todos los asesinatos que cometieron, las desapariciones, las torturas, según ellos las hicieron bajo un contexto de guerra, que los exculpa frente a la sociedad chilena. Y esa es la razón fundamental por la cual no han sido juzgados o, cuando fueron llamados a declarar frente a la justicia, simplemente se negaron a dar los nombres. Ya sabemos quiénes son, pero se negaron a entregar los nombres, haciendo un pacto de silencio”, explica.
Además, Villanueva compara el silencio que existe respecto de quienes bombardearon La Moneda con el ejercido por el general Fernando Matthei, quien hasta el día de hoy desconoce su responsabilidad en las torturas ejecutadas en la Academia de Guerra de la FACH.
“Yo era piloto también, uno se sube en un avión y va en una bandada, el líder puede decir dispara a La Moneda pero yo tengo criterio y le digo cómo se te ocurre que voy a disparar a La Moneda, allí está el Presidente, ¿cómo voy a matar al Presidente? Pero estos canallas fueron así, todos se esconden unos detrás de otros, lo mismo que hace el general Matthei que dice que él no sabía que en la Academia de Guerra se torturaba. Después dijo que sí, que supo porque le contaron, siendo que él era el jefe de la Academia de Guerra, el jefe directo, el dueño en esa época en la que se torturaba. A mí me torturaron ahí”, asegura.
En ese sentido, Jaime Donoso, ex piloto de la FACH que también fue objeto de torturas por oponerse al golpe de Estado, explica que su caso y el de muchos otros ex militares que se negaron a participar del golpe militar es el ejemplo de que, pese a la férrea estructura del Ejército, sí existía la opción de desobedecer.
“Nosotros somos la prueba objetiva de que sí se podía no obedecer órdenes criminales como las que ellos obedecieron y ejecutaron en el año 73. Nosotros nos negamos, no obedecimos las órdenes, por eso nos torturaron, nos tomaron presos y nos mandaron al exilio. La formación militar tiene un eje fundamental, que es el honor, el valor, la patria, el pueblo. Y cuando tú haces un juramento para defender a tu pueblo, uno tiene dos posibilidades: o lo violentas, o lo mantienes. Y para eso hay que ser un militar de honor, ellos no fueron eso”, manifiesta.
A casi 40 años, ninguno de los seis presuntos implicados en el bombardeo a La Moneda ha enfrentado a la justicia o reconocido su responsabilidad en la creación de una de las imágenes más emblemáticas de la dictadura.
http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=9117:la-impunidad-de-los-pilotos-que-bombardearon-la-moneda&catid=26:politica&Itemid=11
10 sept 2013
La libertad según los Zapatistas
El arte de construir un mundo nuevo: La libertad según los Zapatistas – Por Raúl Zibechi
EZLN
3 septiembre, 2013 Opinión
Desde que los medios dejaron de prestarle atención, muchos creen que la rebelión zapatista ya no existe. En silencio, lejos de los focos y las cámaras, han profundizado los rasgos de su construcción autonómica al punto que ya se puede hablar de una sociedad diferente, regida por reglas, códigos y leyes distintas a las del mundo dominante.
Desde sus seis años de altura, Carlos Manuel abraza la cintura de su padre como si nunca se fuera a despegar. Mira el techo y sonríe. Julián, su padre, intenta zafarse. El niño cede pero permanece junto al padre. Irma, su hermana de unos ocho años, observa desde un rincón de la cocina donde su madre, Esther, trabaja sobre el fogón dando vuelta las tortillas de maíz que siguen siendo el alimento principal de las familias rurales.
Los otros tres hijos, incluyendo al mayor, Francisco, de 16, observan la escena que se repite durante las comidas como si fuera un ritual. La cocina es el lugar de pláticas que se esparcen tan lentas como el humo que asciende sobre los techos de zinc. Las palabras son tan frugales y sabrosas como la comida: frijol, maíz, café, plátanos y alguna hortaliza. Todo sembrado sin químicos, cosechado y elaborado a mano. Criado a campo abierto el pollo tiene un sabor diferente, como toda la comida en esta comunidad tojolabal.
Al terminar la comida cada uno lava sus platos y cubiertos, incluso el padre que por momentos colabora en la preparación de la comida. Pregunto si eso es lo normal en estas tierras. Responden que es costumbre en las comunidades zapatistas, no así en las del “mal gobierno”, en referencia a los que, sin sorna, denominan “hermanos priístas”. Esas comunidades, vecinas a las que empuñan la estrella roja sobre fondo negro, reciben bonos y alimentos del gobierno, que les construye casas de bloques y suelo de material.
En toda la semana no hubo el menor gesto de agresividad entre el padre, la madre y los hijos. Ni siquiera gestos de mal humor o reproche. Al parecer, la prohibición del consumo de alcohol suaviza las relaciones humanas. Las mujeres son las que más disfrutan los cambios. “Distingo a los zapatistas por la forma en que se paran, sobre todo las mujeres”, comenta el experimentado periodista Hermann Bellinghausen.
El día del fin del mundo
La nueva etapa que está transitando el zapatismo comenzó el 21 de diciembre de 2012, día marcado por los medios como el fin del mundo que para los mayas es el comienzo de una nueva era. Decenas de miles de bases de apoyo del EZLN se concentraron en cinco cabeceras municipales de Chiapas, las mismas que habían tomado el 1 de enero de 1994.
La reaparición del zapatismo conmocionó a buena parte de la sociedad mexicana. No sólo no habían desaparecido sino que resurgían con más fuerza, mostrando que eran capaces de movilizar una cantidad importante de personas en formación militar, aunque sin armas.
En el comunicado del 30 de diciembre el subcomandante Marcos asegura que “en estos años nos hemos fortalecido y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida. Nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades indígenas afines gobiernos de turno, que reciben limosnas y las derrochan en alcohol y artículos inútiles”.
Agrega que a diferencia de lo que sucede en las comunidades afines del PRI, en las zapatistas “las mujeres no son vendidas como mercancías” y que “los indígenas priístas van a nuestros hospitales, clínicas y laboratorios porque en los del gobierno no hay medicina, ni aparatos, ni doctores ni personal calificado”.
Algo de todo eso pudieron comprobar quienes acudieron a la primera escuelita entre el 12 y el 16 de agosto. En realidad fueron convocados sólo los compañeros de ruta, lo que supone un viraje profundo en sus modos de relacionarse con la sociedad civil: “A partir de ahora, nuestra palabra empezará a ser selectiva en su destinatario y, salvo en contadas ocasiones, sólo podrá ser comprendida por quienes con nosotros han caminado y caminan, sin rendirse a las modas mediáticas y coyunturales”, reza el comunicado.
Agrega que “muy pocos tendrán el privilegio” de conocer la otra forma de hacer política. En una serie de comunicados titulados “Ellos y nosotros” enfatizaron en las diferencias entre la cultura de los políticos del sistema y la cultura de abajo o zapatista, asegurando que no se proponen “construir una gran organización con un centro rector, un mando centralizado, un jefe, sea individual o colegiado”.
Destacan que la unidad de acción debe respetar la heterogeneidad de los modos de hacer: “Todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación, así se oculte con un lenguaje revolucionario, esotérico, religioso o similares. Cuando se habla de “unidad”, se omite señalar que esa “unidad” es bajo la jefatura del alguien o algo, individual o colectivo. En el falaz altar de la “unidad” no sólo se sacrifican las diferencias, también se esconde la supervivencia de todos los pequeños mundos de tiranías e injusticias que padecemos”.
Para comprender este enfoque, que llevó al zapatismo a promover la escuelita de agosto, deben comprenderse los problemas que atravesaron las relaciones con la izquierda electoral y con personas que, en su opinión, “aparecen cuando hay templetes y se desaparecen a la hora del trabajo sin bulla”.
La lógica de la escuelita es opuesta a la de esa cultura política. No se trata de ir a escuchar a los comandantes indios ni al subcomandante Marcos, sino a compartir la vida cotidiana con la gente común. No se trata de la trasmisión discursiva y racional de un saber codificado. La cosa va por otro lado: vivenciar una realidad a la que sólo se puede acceder a través de un ritual de compromiso, o sea estando y compartiendo.
Una vida nueva
“Ya no tenemos dificultades”, dice Julián, sentado en un taburete de madera rústica, en su casa de techo de chapa, paredes de madera y suelo de tierra apisonada. Lo dice con naturalidad frente a quien lleva cuatro días durmiendo sobre tablas de madera, apenas cubiertas con una manta fina. Julián ingresó en 1989 en la organización clandestina. Marcelino, mi guardián o Votán, ingresó poco antes, en 1987.
Con fruición relatan las reuniones clandestinas en remotas cuevas en la montaña, a las que decenas de zapatistas llegaban por la noche, mientras los patrones y suscapangas dormían. Caminaban toda la noche y apenas regresaban al amanecer para incorporarse al trabajo. Las mujeres les cocinaban tortillas a oscuras, para no levantar sospechas. Bien mirado, tiene razón cuando dice que lo peor quedó atrás. El látigo del hacendado, la humillación, el hambre, la violencia y las violaciones de las hijas.
El 1 de enero de 1994 los hacendados huyeron y los capangas corrieron detrás. La “comunidad 8 de Marzo”, a la que llegamos quince forasteros-alumnos (mitad mexicanos, un yanqui de 75 años, un francés, un colombiano, dos argentinas y un uruguayo) está en las tierras que un día fueron ocupadas por Pepe Castellanos, hermano de Absalón, teniente coronel, ex gobernador y propietario de catorce fincas en tierras usurpadas a los indios. Su secuestro, en aquel lejano enero, fue la espita que precipitó la huída de los terratenientes.
La comunidad cuenta con más de mil de hectáreas de buenas tierras, ya no tienen que cultivar en las laderas pedregosas y áridas, cosechan los alimentos tradicional y por recomendación de la comandancia también hortalizas y frutas. No sólo se liberaron del látigo sino que se alimentan mejor y consiguen ahorrar de un modo muy particular. Julián cosecha seis sacos de café, unos 300 kilos, de los cuales deja un saco para el consumo familiar y vende el resto. Según el precio, consigue comprar con cada cosecha entre dos y tres vacas. “Las vacas son el banco y cuando tenemos necesidad vendemos”.
Por necesidad entiende problemas de salud. Su hijo mayor debió someterse a un tratamiento y para sufragarlo vendió un toro. Es la misma lógica que aplica la comunidad. En las tierras comunitarias realizan trabajos colectivos en torno al café y con la cosecha compran caballos y vacas. Entre los animales de las familias y los comunitarios tienen 150 caballos y casi 200 vacunos.
Días antes de llegar los alumnos se estropeó el filtro de agua y para repararlo decidieron vender una vaca. Del mismo modo sostienen la sala de salud, la escuelita y todos los gastos que demandan transporte y alojamiento de los comuneros para cumplir los deberes de los tres niveles del autogobierno: el local o comunitario, los municipios autónomos y las Juntas de Buen Gobierno.
Las mujeres también tienen emprendimientos comunitarios. En esa comunidad tenían un cafetal con el que compraron seis vacas y un gallinero con medio centenar de aves cuyos ahorros utilizan para traslados y gastos de las mujeres que ocupan cargos o asisten a cursos.
Los pocos insumos que no producen las familias (sal, azúcar, aceite y jabón) los compran en la cabeceras municipales en tiendas zapatistas, instaladas en locales que ocuparon después del levantamiento de 1994. De ese modo no necesitan acudir al mercado y toda su economía se mantiene dentro de un circuito que controlan, autosuficiente, vinculado al mercado pero sin depender del mismo.
Las tiendas son atendidas de forma rotativa por los comuneros. Julián explica que cada cierto tiempo le toca estar un mes en la tienda de Altamirano (a una hora de la comunidad) lo que lo obliga a dejar la casa. “En ese caso la comunidad te sostiene la milpa durante quince días y yo apoyo del mismo modo al que tiene que ir a la tienda”. Esther fue cargo en la junta, en el caracol Morelia, a media hora de la comunidad, y sus quehaceres fueron cubiertos de la misma manera, que podemos llamar reciprocidad.
Salud y educación
Cada comunidad, por pequeña que sea, tiene una escuelita y un puesto de salud. En la comunidad 8 de Marzo hay 48 familias, casi todas zapatistas. La asamblea elige a sus autoridades, mitad varones y mitad mujeres, a los maestros y a los encargados de la salud. Nadie puede negarse porque es un servicio a la comunidad.
La escuelita funciona en una sala de la casona abandonada por el hacendado. Aún sobrevive una reja de hierro a través de la que pagaba a sus peones, quienes apenas podían ver una mano que dejaba caer monedas ya que la oscuridad ocultaba el rostro del patrón.
Temprano en la mañana los niños se forman en la cancha de basquetball frente a la casona, marchan en fila con paso marcial guiados por un joven de la comunidad que no debe superar los 25 años. La educación zapatista sufre la falta de infraestructura, los salones son precarios así como las bancas y el mobiliario. Los docentes no cobran sueldo pero son sostenidos por la comunidad al igual que los encargados de la salud.
Sin embargo tiene enormes ventajas para los alumnos: los maestros son miembros de la comunidad, hablan su lengua y son sus iguales, mientras en las escuelas estatales (las del mal gobierno), los maestros no son indios sino mestizos que no hablan su lengua, incluso la desprecian, viven lejos de la comunidad y mantienen una vertical distancia con los niños.
El clima de confianza en las escuelas autónomas habilita vínculos más horizontales y facilita la participación de padres y alumnos en la gestión de la escuela. Los niños participan en muchas de las tareas de la comunidad y, entre ellas, en el sustento de la escuela y de sus maestros. No existe distancia entre escuela y comunidad ya que son parte de un mismo entramado de relaciones sociales.
Si la escuela oficial tiene un currículo oculto a través del cual trasmite valores de individualismo, competencia, organización vertical del sistema educativo y superioridad de los docentes sobres los alumnos, la educación zapatista es el reverso. El currículo se construye en colectivo y se busca que los alumnos se apropien de la historia de su comunidad, para reproducirla y sostenerla.
La transformación y la crítica son permanentes y trabajan para construir de forma colectiva el conocimiento ya que los alumnos suelen trabajar en equipos y buena parte del tiempo escolar transcurre fuera del aula, en contacto con los mismos elementos que configuran su vida cotidiana. Lo que en la educación estatal es separación y jerarquía (maestro-alumno, aula-recreo, saber-no saber), en las escuelas autónomas es integración y complementariedad.
En la salita de salud conviven medicamentos de la industria farmacéutica con una amplia variedad de plantas medicinales. Una chica muy joven se encarga de procesar jarabes y pomadas con esas plantas. La sala cuenta con una huesera y una partera, que completan el equipo básico de salud en todas las comunidades zapatistas. En general, atienden situaciones relativamente simples y cuando se ven desbordados trasladan al paciente a la clínica del caracol. Cuando no pueden resolver, acuden al hospital estatal de Altamirano.
La salud y la educación están escalonadas en los mismos tres niveles que el poder autónomo zapatista. En los caracoles suelen funcionar las clínicas más avanzadas, incluyendo un que cuenta con quirófano y practican operaciones. En los caracoles, que albergan las Juntas de Buen Gobierno, también suelen estar las escuelas secundarias autónomas.
La Escuelita
Siete horas demandó recorrer los cien kilómetros que separan San Cristóbal del caracol Morelia. La caravana de treinta camiones y coches salió tarde y avanza a paso de tortuga. Sobre las dos de la madrugada llegamos al caracol, un recinto donde se asienta un entramado de construcciones que albergan a las instituciones de la región autónoma: tres municipios, doce regiones y decenas de comunidades, gobernadas por la Junta de Buen Gobierno.
Además hay una escuela secundaria y un hospital en construcción, clínicas, anfiteatros, tiendas, comedores, zapatería y otros emprendimientos productivos.
Pese a la hora, una larga fila de varones y otra de mujeres nos esperaban engalanados con sus paliacates. Nos formamos por sexos y uno a uno fuimos conociendo a nuestros Votán. Marcelino alarga la mano y pide que lo acompañe. Vamos hasta el enorme salón de actos directo a dormir sobre los durísimos bancos.
A la mañana café, frijoles y tortillas. Luego hablan los miembros de la junta y explican cómo va a funcionar la escuelita. Por la tarde, casi de noche, salimos hacia la comunidad. Entre los alumnos pudimos ver a Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo, y a Hugo Blanco, dirigente campesino y ex guerrillero peruano, ambos pisando los 80.
Llegamos a la comunidad hacia medianoche luego de media hora a los tumbos sobre la caja de un pequeño camión. Toda la comunidad, formada en filas de hombres, mujeres y niños con sus pasamontañas, nos recibe puño en alto. Nos dan la bienvenida y a cada alumno le presentan la familia donde vivirá. Julián se presenta y cuando ya todos reconocieron a su familia, marchamos a dormir.
Primera sorpresa. Dividieron la casa con un tabique, dejaron una habitación para el huésped con puerta propia y los siete miembros de la familia se amontonaron en una superficie similar. Nos despiertan con las primeras luces para desayunar. Luego vamos a trabajar en la limpieza del cafetal familiar, machete en mano, hasta la hora de la comida.
El segundo día tocó enlazar ganado para ser vacunado y el tercero la limpieza del cafetal comunitario. Así cada día, combinando el trabajo con explicaciones detalladas de la vida comunitaria. Por las tardes tocaba leer los cuatro cuadernos que repartieron sobre Gobierno Autónomo, Resistencia Autónoma y Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo, con relatos de indígenas y autoridades.
Cada alumno podía formular las más variadas preguntas, lo que no quiere decir que siempre fueran respondidas. Pudimos convivir con una cultura política diferente a la que conocemos: cuando se les formula una pregunta, se miran, dialogan en voz baja y, finalmente, uno responde por todos. Fue una experiencia maravillosa, de aprender haciendo, compartiendo, saboreando la vida cotidiana de pueblos que están construyendo un mundo nuevo.
Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el “Informe Mensual de Zibechi” para el Programa de las Américas www.cipamericas.org/es.
http://www.cipamericas.org/es/archives/10446
EZLN
3 septiembre, 2013 Opinión
Desde que los medios dejaron de prestarle atención, muchos creen que la rebelión zapatista ya no existe. En silencio, lejos de los focos y las cámaras, han profundizado los rasgos de su construcción autonómica al punto que ya se puede hablar de una sociedad diferente, regida por reglas, códigos y leyes distintas a las del mundo dominante.
Desde sus seis años de altura, Carlos Manuel abraza la cintura de su padre como si nunca se fuera a despegar. Mira el techo y sonríe. Julián, su padre, intenta zafarse. El niño cede pero permanece junto al padre. Irma, su hermana de unos ocho años, observa desde un rincón de la cocina donde su madre, Esther, trabaja sobre el fogón dando vuelta las tortillas de maíz que siguen siendo el alimento principal de las familias rurales.
Los otros tres hijos, incluyendo al mayor, Francisco, de 16, observan la escena que se repite durante las comidas como si fuera un ritual. La cocina es el lugar de pláticas que se esparcen tan lentas como el humo que asciende sobre los techos de zinc. Las palabras son tan frugales y sabrosas como la comida: frijol, maíz, café, plátanos y alguna hortaliza. Todo sembrado sin químicos, cosechado y elaborado a mano. Criado a campo abierto el pollo tiene un sabor diferente, como toda la comida en esta comunidad tojolabal.
Al terminar la comida cada uno lava sus platos y cubiertos, incluso el padre que por momentos colabora en la preparación de la comida. Pregunto si eso es lo normal en estas tierras. Responden que es costumbre en las comunidades zapatistas, no así en las del “mal gobierno”, en referencia a los que, sin sorna, denominan “hermanos priístas”. Esas comunidades, vecinas a las que empuñan la estrella roja sobre fondo negro, reciben bonos y alimentos del gobierno, que les construye casas de bloques y suelo de material.
En toda la semana no hubo el menor gesto de agresividad entre el padre, la madre y los hijos. Ni siquiera gestos de mal humor o reproche. Al parecer, la prohibición del consumo de alcohol suaviza las relaciones humanas. Las mujeres son las que más disfrutan los cambios. “Distingo a los zapatistas por la forma en que se paran, sobre todo las mujeres”, comenta el experimentado periodista Hermann Bellinghausen.
El día del fin del mundo
La nueva etapa que está transitando el zapatismo comenzó el 21 de diciembre de 2012, día marcado por los medios como el fin del mundo que para los mayas es el comienzo de una nueva era. Decenas de miles de bases de apoyo del EZLN se concentraron en cinco cabeceras municipales de Chiapas, las mismas que habían tomado el 1 de enero de 1994.
La reaparición del zapatismo conmocionó a buena parte de la sociedad mexicana. No sólo no habían desaparecido sino que resurgían con más fuerza, mostrando que eran capaces de movilizar una cantidad importante de personas en formación militar, aunque sin armas.
En el comunicado del 30 de diciembre el subcomandante Marcos asegura que “en estos años nos hemos fortalecido y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida. Nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades indígenas afines gobiernos de turno, que reciben limosnas y las derrochan en alcohol y artículos inútiles”.
Agrega que a diferencia de lo que sucede en las comunidades afines del PRI, en las zapatistas “las mujeres no son vendidas como mercancías” y que “los indígenas priístas van a nuestros hospitales, clínicas y laboratorios porque en los del gobierno no hay medicina, ni aparatos, ni doctores ni personal calificado”.
Algo de todo eso pudieron comprobar quienes acudieron a la primera escuelita entre el 12 y el 16 de agosto. En realidad fueron convocados sólo los compañeros de ruta, lo que supone un viraje profundo en sus modos de relacionarse con la sociedad civil: “A partir de ahora, nuestra palabra empezará a ser selectiva en su destinatario y, salvo en contadas ocasiones, sólo podrá ser comprendida por quienes con nosotros han caminado y caminan, sin rendirse a las modas mediáticas y coyunturales”, reza el comunicado.
Agrega que “muy pocos tendrán el privilegio” de conocer la otra forma de hacer política. En una serie de comunicados titulados “Ellos y nosotros” enfatizaron en las diferencias entre la cultura de los políticos del sistema y la cultura de abajo o zapatista, asegurando que no se proponen “construir una gran organización con un centro rector, un mando centralizado, un jefe, sea individual o colegiado”.
Destacan que la unidad de acción debe respetar la heterogeneidad de los modos de hacer: “Todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación, así se oculte con un lenguaje revolucionario, esotérico, religioso o similares. Cuando se habla de “unidad”, se omite señalar que esa “unidad” es bajo la jefatura del alguien o algo, individual o colectivo. En el falaz altar de la “unidad” no sólo se sacrifican las diferencias, también se esconde la supervivencia de todos los pequeños mundos de tiranías e injusticias que padecemos”.
Para comprender este enfoque, que llevó al zapatismo a promover la escuelita de agosto, deben comprenderse los problemas que atravesaron las relaciones con la izquierda electoral y con personas que, en su opinión, “aparecen cuando hay templetes y se desaparecen a la hora del trabajo sin bulla”.
La lógica de la escuelita es opuesta a la de esa cultura política. No se trata de ir a escuchar a los comandantes indios ni al subcomandante Marcos, sino a compartir la vida cotidiana con la gente común. No se trata de la trasmisión discursiva y racional de un saber codificado. La cosa va por otro lado: vivenciar una realidad a la que sólo se puede acceder a través de un ritual de compromiso, o sea estando y compartiendo.
Una vida nueva
“Ya no tenemos dificultades”, dice Julián, sentado en un taburete de madera rústica, en su casa de techo de chapa, paredes de madera y suelo de tierra apisonada. Lo dice con naturalidad frente a quien lleva cuatro días durmiendo sobre tablas de madera, apenas cubiertas con una manta fina. Julián ingresó en 1989 en la organización clandestina. Marcelino, mi guardián o Votán, ingresó poco antes, en 1987.
Con fruición relatan las reuniones clandestinas en remotas cuevas en la montaña, a las que decenas de zapatistas llegaban por la noche, mientras los patrones y suscapangas dormían. Caminaban toda la noche y apenas regresaban al amanecer para incorporarse al trabajo. Las mujeres les cocinaban tortillas a oscuras, para no levantar sospechas. Bien mirado, tiene razón cuando dice que lo peor quedó atrás. El látigo del hacendado, la humillación, el hambre, la violencia y las violaciones de las hijas.
El 1 de enero de 1994 los hacendados huyeron y los capangas corrieron detrás. La “comunidad 8 de Marzo”, a la que llegamos quince forasteros-alumnos (mitad mexicanos, un yanqui de 75 años, un francés, un colombiano, dos argentinas y un uruguayo) está en las tierras que un día fueron ocupadas por Pepe Castellanos, hermano de Absalón, teniente coronel, ex gobernador y propietario de catorce fincas en tierras usurpadas a los indios. Su secuestro, en aquel lejano enero, fue la espita que precipitó la huída de los terratenientes.
La comunidad cuenta con más de mil de hectáreas de buenas tierras, ya no tienen que cultivar en las laderas pedregosas y áridas, cosechan los alimentos tradicional y por recomendación de la comandancia también hortalizas y frutas. No sólo se liberaron del látigo sino que se alimentan mejor y consiguen ahorrar de un modo muy particular. Julián cosecha seis sacos de café, unos 300 kilos, de los cuales deja un saco para el consumo familiar y vende el resto. Según el precio, consigue comprar con cada cosecha entre dos y tres vacas. “Las vacas son el banco y cuando tenemos necesidad vendemos”.
Por necesidad entiende problemas de salud. Su hijo mayor debió someterse a un tratamiento y para sufragarlo vendió un toro. Es la misma lógica que aplica la comunidad. En las tierras comunitarias realizan trabajos colectivos en torno al café y con la cosecha compran caballos y vacas. Entre los animales de las familias y los comunitarios tienen 150 caballos y casi 200 vacunos.
Días antes de llegar los alumnos se estropeó el filtro de agua y para repararlo decidieron vender una vaca. Del mismo modo sostienen la sala de salud, la escuelita y todos los gastos que demandan transporte y alojamiento de los comuneros para cumplir los deberes de los tres niveles del autogobierno: el local o comunitario, los municipios autónomos y las Juntas de Buen Gobierno.
Las mujeres también tienen emprendimientos comunitarios. En esa comunidad tenían un cafetal con el que compraron seis vacas y un gallinero con medio centenar de aves cuyos ahorros utilizan para traslados y gastos de las mujeres que ocupan cargos o asisten a cursos.
Los pocos insumos que no producen las familias (sal, azúcar, aceite y jabón) los compran en la cabeceras municipales en tiendas zapatistas, instaladas en locales que ocuparon después del levantamiento de 1994. De ese modo no necesitan acudir al mercado y toda su economía se mantiene dentro de un circuito que controlan, autosuficiente, vinculado al mercado pero sin depender del mismo.
Las tiendas son atendidas de forma rotativa por los comuneros. Julián explica que cada cierto tiempo le toca estar un mes en la tienda de Altamirano (a una hora de la comunidad) lo que lo obliga a dejar la casa. “En ese caso la comunidad te sostiene la milpa durante quince días y yo apoyo del mismo modo al que tiene que ir a la tienda”. Esther fue cargo en la junta, en el caracol Morelia, a media hora de la comunidad, y sus quehaceres fueron cubiertos de la misma manera, que podemos llamar reciprocidad.
Salud y educación
Cada comunidad, por pequeña que sea, tiene una escuelita y un puesto de salud. En la comunidad 8 de Marzo hay 48 familias, casi todas zapatistas. La asamblea elige a sus autoridades, mitad varones y mitad mujeres, a los maestros y a los encargados de la salud. Nadie puede negarse porque es un servicio a la comunidad.
La escuelita funciona en una sala de la casona abandonada por el hacendado. Aún sobrevive una reja de hierro a través de la que pagaba a sus peones, quienes apenas podían ver una mano que dejaba caer monedas ya que la oscuridad ocultaba el rostro del patrón.
Temprano en la mañana los niños se forman en la cancha de basquetball frente a la casona, marchan en fila con paso marcial guiados por un joven de la comunidad que no debe superar los 25 años. La educación zapatista sufre la falta de infraestructura, los salones son precarios así como las bancas y el mobiliario. Los docentes no cobran sueldo pero son sostenidos por la comunidad al igual que los encargados de la salud.
Sin embargo tiene enormes ventajas para los alumnos: los maestros son miembros de la comunidad, hablan su lengua y son sus iguales, mientras en las escuelas estatales (las del mal gobierno), los maestros no son indios sino mestizos que no hablan su lengua, incluso la desprecian, viven lejos de la comunidad y mantienen una vertical distancia con los niños.
El clima de confianza en las escuelas autónomas habilita vínculos más horizontales y facilita la participación de padres y alumnos en la gestión de la escuela. Los niños participan en muchas de las tareas de la comunidad y, entre ellas, en el sustento de la escuela y de sus maestros. No existe distancia entre escuela y comunidad ya que son parte de un mismo entramado de relaciones sociales.
Si la escuela oficial tiene un currículo oculto a través del cual trasmite valores de individualismo, competencia, organización vertical del sistema educativo y superioridad de los docentes sobres los alumnos, la educación zapatista es el reverso. El currículo se construye en colectivo y se busca que los alumnos se apropien de la historia de su comunidad, para reproducirla y sostenerla.
La transformación y la crítica son permanentes y trabajan para construir de forma colectiva el conocimiento ya que los alumnos suelen trabajar en equipos y buena parte del tiempo escolar transcurre fuera del aula, en contacto con los mismos elementos que configuran su vida cotidiana. Lo que en la educación estatal es separación y jerarquía (maestro-alumno, aula-recreo, saber-no saber), en las escuelas autónomas es integración y complementariedad.
En la salita de salud conviven medicamentos de la industria farmacéutica con una amplia variedad de plantas medicinales. Una chica muy joven se encarga de procesar jarabes y pomadas con esas plantas. La sala cuenta con una huesera y una partera, que completan el equipo básico de salud en todas las comunidades zapatistas. En general, atienden situaciones relativamente simples y cuando se ven desbordados trasladan al paciente a la clínica del caracol. Cuando no pueden resolver, acuden al hospital estatal de Altamirano.
La salud y la educación están escalonadas en los mismos tres niveles que el poder autónomo zapatista. En los caracoles suelen funcionar las clínicas más avanzadas, incluyendo un que cuenta con quirófano y practican operaciones. En los caracoles, que albergan las Juntas de Buen Gobierno, también suelen estar las escuelas secundarias autónomas.
La Escuelita
Siete horas demandó recorrer los cien kilómetros que separan San Cristóbal del caracol Morelia. La caravana de treinta camiones y coches salió tarde y avanza a paso de tortuga. Sobre las dos de la madrugada llegamos al caracol, un recinto donde se asienta un entramado de construcciones que albergan a las instituciones de la región autónoma: tres municipios, doce regiones y decenas de comunidades, gobernadas por la Junta de Buen Gobierno.
Además hay una escuela secundaria y un hospital en construcción, clínicas, anfiteatros, tiendas, comedores, zapatería y otros emprendimientos productivos.
Pese a la hora, una larga fila de varones y otra de mujeres nos esperaban engalanados con sus paliacates. Nos formamos por sexos y uno a uno fuimos conociendo a nuestros Votán. Marcelino alarga la mano y pide que lo acompañe. Vamos hasta el enorme salón de actos directo a dormir sobre los durísimos bancos.
A la mañana café, frijoles y tortillas. Luego hablan los miembros de la junta y explican cómo va a funcionar la escuelita. Por la tarde, casi de noche, salimos hacia la comunidad. Entre los alumnos pudimos ver a Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo, y a Hugo Blanco, dirigente campesino y ex guerrillero peruano, ambos pisando los 80.
Llegamos a la comunidad hacia medianoche luego de media hora a los tumbos sobre la caja de un pequeño camión. Toda la comunidad, formada en filas de hombres, mujeres y niños con sus pasamontañas, nos recibe puño en alto. Nos dan la bienvenida y a cada alumno le presentan la familia donde vivirá. Julián se presenta y cuando ya todos reconocieron a su familia, marchamos a dormir.
Primera sorpresa. Dividieron la casa con un tabique, dejaron una habitación para el huésped con puerta propia y los siete miembros de la familia se amontonaron en una superficie similar. Nos despiertan con las primeras luces para desayunar. Luego vamos a trabajar en la limpieza del cafetal familiar, machete en mano, hasta la hora de la comida.
El segundo día tocó enlazar ganado para ser vacunado y el tercero la limpieza del cafetal comunitario. Así cada día, combinando el trabajo con explicaciones detalladas de la vida comunitaria. Por las tardes tocaba leer los cuatro cuadernos que repartieron sobre Gobierno Autónomo, Resistencia Autónoma y Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo, con relatos de indígenas y autoridades.
Cada alumno podía formular las más variadas preguntas, lo que no quiere decir que siempre fueran respondidas. Pudimos convivir con una cultura política diferente a la que conocemos: cuando se les formula una pregunta, se miran, dialogan en voz baja y, finalmente, uno responde por todos. Fue una experiencia maravillosa, de aprender haciendo, compartiendo, saboreando la vida cotidiana de pueblos que están construyendo un mundo nuevo.
Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el “Informe Mensual de Zibechi” para el Programa de las Américas www.cipamericas.org/es.
http://www.cipamericas.org/es/archives/10446
9 sept 2013
Argentina:Investigarán la responsabilidad de la banca internacional por financiar la dictadura
Investigarán la responsabilidad de la banca internacional por financiar la dictadura
9 septiembre, 2013 Argentina
La fiscalía ya dio un dictamen a favor de la competencia del fuero. En la causa Garramone se busca establecer la responsabilidad corporativa de la banca internacional en el financiamiento del terrorismo de Estado en los ’70.
La Argentina está cerca de convertirse en el primer país que investigue judicialmente la responsabilidad corporativa de la banca internacional en el financiamiento de la dictadura cívico-militar. La Justicia en lo Contencioso Administrativo debe decidir si acepta comenzar un proceso por una demanda por daños y perjuicios contra el Bank of America y el Citibank, luego de que la fiscalía dictaminara a favor de la competencia del fuero. Es el primer juicio de estas características en la región –con el Estado como tercero involucrado–, que comparte un patrón común con otros países como Brasil, Uruguay y Chile (ver aparte), y en el que se intentará probar que los préstamos otorgados por bancos privados favorecieron la comisión de delitos de lesa humanidad y colaboraron con el sostenimiento de las dictaduras del Cono Sur.
La causa Garramone comenzó su derrotero en la justicia en octubre de 2010. Por casi tres años el expediente fue tramitado en el Juzgado Federal Contencioso Administrativo Nº 8, Secretaría 15, hasta que, finalmente, ahora la jueza subrogante Cecilia Gilardi Madariaga De Negre quedó en condiciones de avanzar con la investigación. Ya el 25 de enero de 2011, la fiscal Laura Magdalena Labarthe se había pronunciado por validar la competencia del fuero y por el avance de la causa, una cuestión objetada por los dos bancos demandados, que sostuvieron que no era una cuestión de la justicia federal y que el Estado no podía ser un tercero interesado. Tanto el Bank of America –que se encuentra unido a Merrill Lynch y localmente opera desde Puerto Madero servicios de banca privada a corporaciones– como el Citibank rechazaron los cargos en una instancia previa de mediación, e interpusieron recursos en los que adujeron la prescripción de los delitos que pudieran caber por complicidad civil.
El pasado 16 de agosto se despejaron todas las incidencias tras un nuevo dictamen favorable de la fiscalía Nº 7, que data del 4 de julio, precisamente el día de la independencia de los Estados Unidos, país donde está la casa matriz de ambas entidades.
De acuerdo al escrito, al que Tiempo Argentino accedió en exclusiva, se exige a los bancos que “informen y expliquen de manera cabal el rol asumido durante el gobierno militar, en orden a las operaciones financieras en las que intervinieran y de las que resultaran aportes, financiamiento, adquisición de títulos de la deuda pública de la República Argentina, préstamos propios y directos y/o en los que actuaran como colocadores y/o con cualquier clase y tipo de intermediación financiera, fundado en el derecho a conocer la verdad de los hechos que asiste a las víctimas de delitos de lesa humanidad”.
El padre de Martín Garramone fue secuestrado y desaparecido en Necochea por un grupo de tareas del GADA 601, el 31 de mayo de 1977. El hilo conductor que fundamenta la presentación judicial –que no registra antecedentes a nivel regional– se apoya en la investigación del jurista Juan Pablo Bohoslavsky, hoy a cargo del departamento de deuda soberana de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo y cuyo trabajo fue presentado en Harvard. El estudio, que incluye registros de la CEPAL y un minucioso análisis de las variables macroeconómicas del país desde el comienzo de la dictadura, concluyó que el apoyo financiero brindado a la Junta Militar fue a sabiendas de que se cometían violaciones a los Derechos Humanos y cuando el mandamás de la economía local era José Alfredo Martínez de Hoz.
GASTOS MILITARES. Desde 1977, cuando los Estados Unidos quitaron oficialmente el apoyo, y con la recomendación del entonces presidente Jimmy Carter de que ningún organismo multilateral de crédito otorgase financiamiento a dictaduras del Cono Sur, Argentina abrió las puertas a la banca privada extranjera, que financió el creciente déficit de las cuentas públicas a partir de préstamos a altas tasas que incrementaron la deuda externa. Pero estos préstamos terminaron por aumentar el porcentaje del PBI destinado a gastos militares y de seguridad interior, que creció del 2,04 al 4,39% durante esos años. Por ende, ayudaron a solventar el aparato represivo del terrorismo de Estado, que posibilitó la logística necesaria para las desapariciones, torturas y asesinatos. Bohoslavsky –quien está por presentar el libro Cuentas Pendientes junto con Horacio Verbitsky, sobre la complicidad civil empresaria con la dictadura– fundamentó jurídicamente cómo, a partir del Derecho Internacional, el comportamiento de las entidades bancarias privadas las ubica dentro de la responsabilidad civil corporativa.
Entre 1979 y 1981 ingresaron al país 15 filiales de bancos extranjeros, 12 de ellos nuevos y tres fusiones. Entre los principales deudores, de acuerdo a la CEPAL, estaba el BCRA y varias empresas del Estado, principalmente el Estado Mayor General de la Armada y del Ejército, pero también YPF, que fue endeudada más allá de sus necesidades, ya que por entonces había retraído sus operaciones.
Esta demanda por 1.666.000 pesos más intereses, según el escrito, también tiene otro punto novedoso: la posibilidad de que el Estado tenga que presentarse “como coadyuvante de esta parte actoral (los demandantes), ya que en el pasado más o menos reciente, el reconocimiento de la existencia de los delitos se ha producido en numerosas instancias institucionales”.
Aunque esta presentación apunta al Citibank y al Bank of America, la nómina de prestamistas, según los registros de la sentencia “Olmos” por la deuda externa, incluye entidades de primera línea a nivel mundial tales como Republic Bank of Dallas, Unión de Bancos Árabes y Franceses, Banco de la Sociedad Financiera Europea, D. G. Bank, Banco Europeo de Crédito, Unión de Bancos Suizos, Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), Banco de Boston, Chase Manufactures, Lloyds Bank, Wells Fargo, Marine Midland, Banco di Roma y Citicorp.
LABERINTO. Esta causa registra un antecedente que terminó en vía muerta al ser obturado por la Justicia Civil y Comercial Federal. El expediente 95.019/2009 denominado “Ibáñez y otros” deambuló por tres juzgados desde el 18 de marzo de 2009, cuando Leandro Manuel Ibáñez y María Elena Perdighe –ambos hijos de desaparecidos– realizaron la presentación solicitando una “diligencia preliminar” para que el Banco Central informe acerca de los montos que entidades financieras internacionales prestaron a la dictadura entre 1976 y 1983. El juez civil y comercial Luis María Márquez y sus pares María Gabriela Vasallo y Graciela González Echeverría se declararon incompetentes en varias oportunidades.
Pero por decisión de la célebre Sala I de la Cámara con los votos de María Susana Najurieta y Martín Diego Farrell –el tercer juez, Francisco de las Carreras, estaba de licencia–, el destino del expediente terminó en el Juzgado Civil Nº 34, a cargo de González Echeverría. Esta jueza ya había dicho que por la naturaleza del reclamo, con bancos transnacionales en el medio, la competencia debía ser en el fuero federal. González Echeverría nunca solicitó informes al BCRA ni al Ministerio de Economía. Rechazó el pedido de prueba preliminar bajo el argumento de que había sido realizado “sin siquiera individualizar de qué expedientes se trata, todo lo cual generaría no sólo un caos, dado la falta de infraestructura de este edificio para soportar la carga, como asimismo al no conocerse el contenido de la información que se requiere, la dificultad del oficiado de dar cumplimiento a la medida, e incluso la posibilidad de violar el secreto fiscal amparado en la ley”. «
“Coadyuvante”
ESTADO
Es posible que el Estado tenga que presentarse “como coadyuvante” de la parte actora por el reconocimiento de los delitos de la dictadura en varias instancias institucionales previas.
http://tiempo.infonews.com/2013/09/09/argentina-109064-argentina-a-un-paso-de-investigar-a-bancos-por-creditos-a-la-dictadura.php
9 septiembre, 2013 Argentina
La fiscalía ya dio un dictamen a favor de la competencia del fuero. En la causa Garramone se busca establecer la responsabilidad corporativa de la banca internacional en el financiamiento del terrorismo de Estado en los ’70.
La Argentina está cerca de convertirse en el primer país que investigue judicialmente la responsabilidad corporativa de la banca internacional en el financiamiento de la dictadura cívico-militar. La Justicia en lo Contencioso Administrativo debe decidir si acepta comenzar un proceso por una demanda por daños y perjuicios contra el Bank of America y el Citibank, luego de que la fiscalía dictaminara a favor de la competencia del fuero. Es el primer juicio de estas características en la región –con el Estado como tercero involucrado–, que comparte un patrón común con otros países como Brasil, Uruguay y Chile (ver aparte), y en el que se intentará probar que los préstamos otorgados por bancos privados favorecieron la comisión de delitos de lesa humanidad y colaboraron con el sostenimiento de las dictaduras del Cono Sur.
La causa Garramone comenzó su derrotero en la justicia en octubre de 2010. Por casi tres años el expediente fue tramitado en el Juzgado Federal Contencioso Administrativo Nº 8, Secretaría 15, hasta que, finalmente, ahora la jueza subrogante Cecilia Gilardi Madariaga De Negre quedó en condiciones de avanzar con la investigación. Ya el 25 de enero de 2011, la fiscal Laura Magdalena Labarthe se había pronunciado por validar la competencia del fuero y por el avance de la causa, una cuestión objetada por los dos bancos demandados, que sostuvieron que no era una cuestión de la justicia federal y que el Estado no podía ser un tercero interesado. Tanto el Bank of America –que se encuentra unido a Merrill Lynch y localmente opera desde Puerto Madero servicios de banca privada a corporaciones– como el Citibank rechazaron los cargos en una instancia previa de mediación, e interpusieron recursos en los que adujeron la prescripción de los delitos que pudieran caber por complicidad civil.
El pasado 16 de agosto se despejaron todas las incidencias tras un nuevo dictamen favorable de la fiscalía Nº 7, que data del 4 de julio, precisamente el día de la independencia de los Estados Unidos, país donde está la casa matriz de ambas entidades.
De acuerdo al escrito, al que Tiempo Argentino accedió en exclusiva, se exige a los bancos que “informen y expliquen de manera cabal el rol asumido durante el gobierno militar, en orden a las operaciones financieras en las que intervinieran y de las que resultaran aportes, financiamiento, adquisición de títulos de la deuda pública de la República Argentina, préstamos propios y directos y/o en los que actuaran como colocadores y/o con cualquier clase y tipo de intermediación financiera, fundado en el derecho a conocer la verdad de los hechos que asiste a las víctimas de delitos de lesa humanidad”.
El padre de Martín Garramone fue secuestrado y desaparecido en Necochea por un grupo de tareas del GADA 601, el 31 de mayo de 1977. El hilo conductor que fundamenta la presentación judicial –que no registra antecedentes a nivel regional– se apoya en la investigación del jurista Juan Pablo Bohoslavsky, hoy a cargo del departamento de deuda soberana de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo y cuyo trabajo fue presentado en Harvard. El estudio, que incluye registros de la CEPAL y un minucioso análisis de las variables macroeconómicas del país desde el comienzo de la dictadura, concluyó que el apoyo financiero brindado a la Junta Militar fue a sabiendas de que se cometían violaciones a los Derechos Humanos y cuando el mandamás de la economía local era José Alfredo Martínez de Hoz.
GASTOS MILITARES. Desde 1977, cuando los Estados Unidos quitaron oficialmente el apoyo, y con la recomendación del entonces presidente Jimmy Carter de que ningún organismo multilateral de crédito otorgase financiamiento a dictaduras del Cono Sur, Argentina abrió las puertas a la banca privada extranjera, que financió el creciente déficit de las cuentas públicas a partir de préstamos a altas tasas que incrementaron la deuda externa. Pero estos préstamos terminaron por aumentar el porcentaje del PBI destinado a gastos militares y de seguridad interior, que creció del 2,04 al 4,39% durante esos años. Por ende, ayudaron a solventar el aparato represivo del terrorismo de Estado, que posibilitó la logística necesaria para las desapariciones, torturas y asesinatos. Bohoslavsky –quien está por presentar el libro Cuentas Pendientes junto con Horacio Verbitsky, sobre la complicidad civil empresaria con la dictadura– fundamentó jurídicamente cómo, a partir del Derecho Internacional, el comportamiento de las entidades bancarias privadas las ubica dentro de la responsabilidad civil corporativa.
Entre 1979 y 1981 ingresaron al país 15 filiales de bancos extranjeros, 12 de ellos nuevos y tres fusiones. Entre los principales deudores, de acuerdo a la CEPAL, estaba el BCRA y varias empresas del Estado, principalmente el Estado Mayor General de la Armada y del Ejército, pero también YPF, que fue endeudada más allá de sus necesidades, ya que por entonces había retraído sus operaciones.
Esta demanda por 1.666.000 pesos más intereses, según el escrito, también tiene otro punto novedoso: la posibilidad de que el Estado tenga que presentarse “como coadyuvante de esta parte actoral (los demandantes), ya que en el pasado más o menos reciente, el reconocimiento de la existencia de los delitos se ha producido en numerosas instancias institucionales”.
Aunque esta presentación apunta al Citibank y al Bank of America, la nómina de prestamistas, según los registros de la sentencia “Olmos” por la deuda externa, incluye entidades de primera línea a nivel mundial tales como Republic Bank of Dallas, Unión de Bancos Árabes y Franceses, Banco de la Sociedad Financiera Europea, D. G. Bank, Banco Europeo de Crédito, Unión de Bancos Suizos, Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), Banco de Boston, Chase Manufactures, Lloyds Bank, Wells Fargo, Marine Midland, Banco di Roma y Citicorp.
LABERINTO. Esta causa registra un antecedente que terminó en vía muerta al ser obturado por la Justicia Civil y Comercial Federal. El expediente 95.019/2009 denominado “Ibáñez y otros” deambuló por tres juzgados desde el 18 de marzo de 2009, cuando Leandro Manuel Ibáñez y María Elena Perdighe –ambos hijos de desaparecidos– realizaron la presentación solicitando una “diligencia preliminar” para que el Banco Central informe acerca de los montos que entidades financieras internacionales prestaron a la dictadura entre 1976 y 1983. El juez civil y comercial Luis María Márquez y sus pares María Gabriela Vasallo y Graciela González Echeverría se declararon incompetentes en varias oportunidades.
Pero por decisión de la célebre Sala I de la Cámara con los votos de María Susana Najurieta y Martín Diego Farrell –el tercer juez, Francisco de las Carreras, estaba de licencia–, el destino del expediente terminó en el Juzgado Civil Nº 34, a cargo de González Echeverría. Esta jueza ya había dicho que por la naturaleza del reclamo, con bancos transnacionales en el medio, la competencia debía ser en el fuero federal. González Echeverría nunca solicitó informes al BCRA ni al Ministerio de Economía. Rechazó el pedido de prueba preliminar bajo el argumento de que había sido realizado “sin siquiera individualizar de qué expedientes se trata, todo lo cual generaría no sólo un caos, dado la falta de infraestructura de este edificio para soportar la carga, como asimismo al no conocerse el contenido de la información que se requiere, la dificultad del oficiado de dar cumplimiento a la medida, e incluso la posibilidad de violar el secreto fiscal amparado en la ley”. «
“Coadyuvante”
ESTADO
Es posible que el Estado tenga que presentarse “como coadyuvante” de la parte actora por el reconocimiento de los delitos de la dictadura en varias instancias institucionales previas.
http://tiempo.infonews.com/2013/09/09/argentina-109064-argentina-a-un-paso-de-investigar-a-bancos-por-creditos-a-la-dictadura.php
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