De manual
El Cuerpo Médico Forense y los policías bonaerenses coinciden en varios puntos: Nisman murió por el disparo de la pistola que se encontró en el lugar, propiedad de Diego Lagomarsino, quien dijo habérsela prestado; no había pólvora ni restos del fulminante en su mano; ingirió antes de morir cantidades moderadas de psicofármacos, café y alcohol, que no obnubilaron su conciencia. Pero también hay diferencias llamativas. La fiscal Fein ya anunció que convocará a todos para que fundamenten sus aseveraciones y de persistir la bruma, a una junta médica con otros forenses, e incluso expertos internacionales, hasta llegar a una conclusión ya que ni ella ni Arroyo Salgado son médicas.
El interés de esa confrontación es relativo, ya que aún si en cada punto le asistiera la razón a los representantes de la familia de Nisman, eso no avalaría el presuroso colofón de Arroyo Salgado. El Cuerpo Médico Forense observó espasmo cadavérico en la mano derecha de Nisman, lo que indica que murió en el acto. Para los peritos de la familia, la copiosa hemorragia que se halló en el baño prueba que el corazón siguió bombeando y la muerte tardó en llegar. Además no corroboraron el espasmo cadavérico, que únicamente se produce cuando la muerte es instantánea. Pero ellos sólo vieron la filmación y las fotografías de la autopsia. También dijeron que “la posición en la que fue encontrado el cuerpo no fue la final”, cosa que Arroyo tradujo como que el cuerpo del fiscal fue movido. Ninguna de estas disyuntivas dice nada conclusivo respecto de lo primero que importa: si se mató o fue muerto. Tanto los suicidas como los asesinados pueden morir en cuanto se produce el disparo o luego de un tiempo de agonía, variable en cada caso.
Cada uno de estos dos peritajes tiene la congruencia interna de la que carecía la acusación de Nisman: quienes vieron espasmo cadavérico entienden que la muerte fue inmediata, y aquellos que mencionan la sangre como prueba de la agonía, niegan el espasmo. Son posiciones de manual. En su libro La muerte violenta, el propio Osvaldo Raffo dice que cuando una persona muere “la musculatura se relaja; transcurrido cierto tiempo, se endurece”, en el rigor mortis. Pero “en casos inhabituales la rigidez invade los músculos en el mismo momento de la muerte, sin pasar por la fase de relajación, fijando la posición y actitud que la víctima había adoptado voluntariamente. A este fenómeno, cuyo origen es vital, su requisito, la muerte brusca y su carácter, la excepción, se lo llama espasmo cadavérico”. El perito agrega que el fenómeno es excepcional pero muy importante cuando se observa “porque permite la reconstrucción del hecho y su simulación es imposible”. Pone como ejemplo un piloto de combate muerto por el choque de su cabeza contra la cúpula de acrílico de su avión. El cuerpo cayó en paracaídas y ambas manos estaban tiesas en la posición “idónea para accionar las palancas de expulsión de la cabina”. El maestro de Raffo, Emilio Pablo Federico Bonnet, incluyó en sus “Lecciones de medicina legal” la foto de un suicida por disparo de arma de fuego, sobre un charcho de sangre y con el dedo índice sobre el gatillo. La primera versión difundida sobre el espasmo cadavérico de Nisman, con el índice derecho rígido en la misma posición del libro de Bonnet, dejaba pocas dudas sobre el suicidio. La opuesta, sin espasmo cadavérico, no prueba que lo hayan matado.
Tampoco hay acuerdo entre los dos equipos sobre la hora del óbito, que los peritos oficiales ubican en torno del mediodía del domingo y los de parte entre la tarde y la medianoche del sábado. El primero en saltar ante la conferencia de prensa de la viuda fue el defensor de Diego Lagomarsino, Máximo Rosconi.
Ya se dijo aquí el último domingo que su tempestuosa actuación durante la declaración testimonial del Secretario de Seguridad, Sergio Berni, buscaba conseguir la nulidad del comienzo de las actuaciones pero podría contribuir a un efecto no buscado por él sino por Arroyo Salgado. Lento pero inseguro, terminó de entender que el pase al fuero federal no convendría a Lagomarsino, quien en ese caso sería imputado por homicidio y no por el inocuo préstamo de un fierro viejo. Aunque cueste creerlo, a cincuenta días del hallazgo del cuerpo, aún no se han peritado los gadgets electrónicos que Nisman adquiría durante sus tours de compras a Chile guiado por Cerebrito Lagomarsino, que luego Stiuso les ayudaba a ingresar sin pagar impuestos. La tarea comenzó, pero en cuanto los peritos comprobaron que la computadora de Nisman se había encendido en la mañana del domingo, la jueza solicitó que se interrumpiera, alegando razones de privacidad. Son motivos comprensibles si se atiende a la vida que su exposo se daba, pero no los había alegado antes de ese descubrimiento, contradictorio con la afirmación de los forenses de Arroyo Salgado, para quienes Nisman había muerto entre 8 y 16 horas antes. Esta es otra buena razón para que prefiera aguardar hasta que la causa llegue a manos de un coequiper de su misma Escudería, administrada por Javier Fernández.
El tercer ojo
El elegido es Luis Osvaldo Rodríguez, designado en octubre de 2012 pese a la fundada impugnación del CELS. Por sus escasos antecedentes como juez nacional, estaba 25 en el orden de mérito. Pero su examen escrito fue casi perfecto y con 95 puntos sobre 100 posibles saltó al quinto puesto. Una investigación judicial comprobó que Rodríguez solicitó en el juzgado federal de Daniel Rafecas el fallo sobre un robo de monedas, justo el tema que le tocaría en el examen escrito pocos días después. Cuando una periodista lo interrogó, Rodríguez mintió, negando los hechos. La jueza federal María Servini pudo probarlos, pero igual lo absolvió: dijo que también había pedido otros fallos, porque estaba estudiando para el examen.
Ya como juez federal, obstruyó la investigación sobre los sobornos y el tráfico de influencias en la causa por el asesinato de Mariano Ferreyra, que involucran al juez de la Cámara de Casación federal Eduardo Riggi, al prosecretario de ese tribunal Luis Ameghino Escobar, al ex juez federal Aristóbulo Aráoz de Lamadrid y al agente de la SIDE Juan José Riquelme. Cuando el fiscal en quien Rodríguez había delegado la investigación reunió pruebas suficientes como para solicitar indagatorias y ordenar detenciones, el juez reasumió la investigación y con el ritmo moroso que le imprimió consiguió que se perdieran pruebas irrecuperables, como el contenido de los mensajes de texto de los imputados, que la empresa telefónica sólo guarda por 90 días. También admitió todas las presentaciones dilatorias de los imputados, a quienes comenzó a indagar a un año y medio de comenzada la investigación, tiempo suficiente para que coordinaran sus relatos.
En otra causa, acompañó la maniobra ideada por el fiscal Ricardo Sáenz y el ex subdirector de asuntos jurídicos de la Policía Federal, comisario Marcelo Emilio Pecorelli, para que la causa que se le seguía a Pecorelli por exacciones ilegales, tráfico de influencias, negociaciones incompatibles con la función pública, enriquecimiento ilícito y violación de sus deberes funcionales, saliera del juzgado de instrucción de Juan Ramos Padilla y aterrizara en el federal de Rodríguez. “Hay que pelearla, pero ya está, empiezan los amigos ahora”, dijo exultante Pecorelli al enterarse del pase del expediente a esa vía muerta en la que quedó hasta ahora.
Como remate de su bella personalidad, Rodríguez es un conocido coleccionista de insignias nazis. Con su notorio tercer ojo, espera atento el aterrizaje de la causa por la muerte de Nisman.
El periodista de Página/12 y titular del CELS dijo que “no lo sorprende el pedido de Arroyo Salgado” y que ya había “anunciado en una nota el domingo pasado” que iba a embarrar la cancha, en relación con la causa por la muerte de Alberto Nisman.
“Hay una discordancia llamativa entre lo que dijeron los peritos que ella presentó y lo que dijo Arroyo Salgado. Y me llama mucho la atención que sólo lo haya detectado el diario La Nación en una excelente crónica publicada el 6 de marzo”.
En este sentido, Verbitsky sostuvo que “las declaraciones de Arroyo Salgado sólo buscan pasar la causa del Fuero Ordinario al Fuero Federal, donde además ya tiene preparada la causa a la cual agregar esta, que es la iniciada por Nisman, ella y Stiuso ante el juez Luis Osvaldo Rodríguez por amenazas. Está todo preparado”.
“La conferencia de Arroyo Salgado fue patética. Sobre una base tan endeble. Y al mismo tiempo aparece la ex jueza de la Corte Suprema mendocina y dice que lo mataron fundamentalistas islámicos. Estamos en un terreno de fantasía y especulación; un laberinto de hipótesis y cálculo de probabilidad. Sin embargo, hay que ver si se animan a hacer el pedido y, por otra parte, no creo que ni la fiscal Fein ni la jueza a cargo vayan a consentir el traspaso al Fuero Federal”, detalló.
“Cuando se descubrió que Nisman se había conectado a internet el domingo a la mañana, horario que desmienten la versión de la querella, Arroyo Salgado pidió que suspendieran los peritajes informáticos. Y es lógico porque por la vida que se daba este señor en sus gadgets electrónicos pueden aparecer cosas muy divertidas para los medios sensacionalistas”, dijo Verbitsky.
Por otra parte, el periodista respondió que Argentina “siempre estuvo involucrada en esta cuestión internacional solo que ahora tomamos conciencia. Desde 1989, en la presidencia de Menem, Argentina ha estado muy metida”.
En relación a si el gobierno se dejó arrebatar la agenda, el titular del CELS respondió que “si entendiéramos que ésto obedece a una operación, la respuesta es afirmativa, pero eso no me consta. Es una hipótesis plausible”.