23 mar 2015

Acuerdos recientes con China

La construcción...

 Por Aldo Ferrer *

Los acuerdos recientes con China complementan el marco regulatorio de la relación bilateral. Los resultados para nuestro país de las crecientes relaciones con esa nación dependen, esencialmente, de nuestras propias decisiones. Argentina tiene y tendrá la China que se merece, en virtud de la eficacia o insuficiencia de sus políticas para impulsar el desarrollo, la cohesión social, mantener los equilibrios macroeconómicos y, en definitiva, fortalecer su soberanía.
China participa de dos esferas de la división internacional del trabajo. En su carácter de potencia industrial comparte una de ellas con las antiguas economías avanzadas del Atlántico Norte, las mismas que, en la década de 1940, Raúl Prebisch definió como el “centro”. El “centro” contemporáneo incluye a Japón desde la posguerra y, ahora, a China y, también, a Corea, Taiwan y otras economías emergentes de Asia. La India se va incorporando a este núcleo fundamental del orden global.
La división del trabajo en el interior del “centro” ampliado es de carácter “intraindustrial” y tiene lugar en cadenas transnacionales de valor, dentro de las cuales todos sus miembros innovan, se transforman y gestionan las nuevas tecnologías. Mantienen un intercambio balanceado, en términos del contenido de tecnología y valor agregado, de lo que exportan e importan. En ese contexto, la especialización o, dicho de otro modo, la complementaridad, ocurre en el nivel de productos dentro de las mismas ramas productivas.
China es, al mismo tiempo, protagonista importante en otra esfera de la división internacional del trabajo, la relación “centro-periferia” entre economías industriales y países menos avanzados. Con las economías subdesarrolladas de Africa y América latina se comporta como proveedora de manufacturas y capitales e importadora de productos primarios. China se ha convertido, asimismo, en un protagonista importante de las finanzas internacionales. Los superávit en sus pagos externos permitieron acumular reservas de dólares y otras monedas, que representan parte principal de las reservas mundiales de divisas. China cuenta hoy con una extraordinaria capacidad de apoyar financieramente su proyección internacional y promover sus intereses globales.

Diferencias

China tiene características propias que la distinguen de las otras economías avanzadas. Siempre, desde el despegue del capitalismo y de la globalización, los Estados nacionales fueron fundamentales en el desarrollo de las economías hoy avanzadas y en la promoción de sus intereses en el resto del mundo. Pero China presenta una integración entre el poder político y las decisiones económicas sin precedentes. En otros términos, la gravitación de los intereses privados es mucho menor en China que en el resto del mundo industrializado. Las decisiones económicas fundamentales las toma el Estado.
Pero el sistema chino no es inmune a la colusión de funcionarios con actores privados surgidos del extraordinario desarrollo del país, problema existente también en otras latitudes. Este problema, en la medida en que exista, no parece comprometer la defensa de los intereses de China frente al resto del mundo. Diferencia importante con nuestra experiencia, en que la corrupción agravió al interés nacional a través de, por ejemplo, la especulación financiera y el remate del patrimonio público. Esta corrupción cipaya es la peor versión de la corrupción.
En las otras economías industriales, el mundo del dinero y el comercio internacional son, esencialmente, negocios privados, gestionados por el mercado y sus principales operadores, cuyo objetivo central es la ganancia. Existe una relativa independencia entre las esferas financiera y comercial. Un ejemplo lo suministra la situación creada por la reestructuración (autónoma de los acreedores y del FMI) de la deuda externa argentina, que generó el rechazo de los mercados financieros internacionales y los evaluadores de riesgo. El problema tiene su expresión más estrepitosa en el conflicto con los fondos buitre y el fallo de la Justicia norteamericana. Sin embargo, se mantuvo la normalidad en el resto de las relaciones económicas con el exterior. El conflicto financiero no contagió los vínculos “reales” con el resto del mundo.
En el caso de China, la totalidad de las relaciones comerciales y financieras está bajo el comando de las políticas del Estado. El objetivo de la ganancia está subordinado al servicio del interés nacional. El gobierno chino tiene un poder negociador mayor al que nunca tuvieron las antiguas potencias industriales. Las esferas comercial y financiera están integradas. Un eventual conflicto con otro país en un área puede afectar la totalidad de la relación económica bilateral.
Otra diferencia radica en el tratamiento de la inversión extranjera en su propio territorio. Las otras economías avanzadas tienen regímenes liberales de admisión. China, en cambio, como Japón en el pasado y la República de Corea en la actualidad, cuenta con el régimen más estricto de acceso, como lo destaca un reciente estudio de la OECD. En ese contexto, China promueve la posición dominante de sus empresas nacionales, públicas y privadas, incluso en los negocios conjuntos con corporaciones transnacionales. Esta política no ha desalentado el ingreso de inversiones privadas directas atraídas por el dinamismo y tamaño de la economía china. Por último, China es un nuevo miembro del “centro” pero no participa de la ideología dominante en el mismo ni pretende imponerla en los países el desarrollo. En los acuerdos de China con estos países no existen “condicionalidades” de la política económica de la contraparte, como sucede, en cambio, a través principalmente del FMI y el Banco Mundial, con los países avanzados del “centro” histórico. Los mismos cuya ideología hegemónica Raúl Prebisch definió como el “pensamiento céntrico”.

Modelo de desarrollo

China registra tasas de inversión del orden del 50 por ciento del PBI, sin precedentes en la historia económica mundial. Son posibles por la elevada tasa de ahorro provocada, por una parte, por la fuerte concentración del ingreso en las ganancias de las empresas públicas y privadas y, por la otra, el ahorro de las familias para compensar la insuficiencia del régimen de protección social. Dado el consecuente bajo nivel del consumo, el aumento de la demanda agregada depende, esencialmente, de la inversión y, en medida variable, del superávit del comercio exterior. Este es el fundamento de las “tasas chinas” de crecimiento.
Existe un convencimiento generalizado de que ese modelo de desarrollo no es sustentable en el largo plazo. En parte, por la intención de los Estados Unidos y la Unión Europea de “reindustrializarse” para enfrentar la competencia de China y otras economías emergentes. Pero, fundamentalmente, porque aumenta, dentro del país, la demanda social y política por el bienestar y equidad distributiva. Al mismo tiempo, China enfrenta un formidable desafío ambiental para evitar el deterioro del ecosistema y generar un desarrollo sustentable.
El actual plan quinquenal pretende que el aumento del consumo interno se convierta en el impulso principal del crecimiento. Se estima que el consumo estaría alcanzando el 50 por ciento de la demanda agregada. Estas tendencias provocan grandes cambios en la distribución del ingreso, la asignación de recursos, la estructura productiva y el comercio exterior. Respecto de esto último, cabe suponer un aumento sostenido y prolongado de las importaciones de alimentos y otros bienes de consumo y sus insumos, con un fuerte impacto en el comercio internacional. Las prioridades de las inversiones de China en países en desarrollo con amplios recursos naturales, como los de Africa y América latina, apuntan a satisfacer su creciente demanda de productos primarios. Esto contribuiría a sostener los elevados precios relativos de tales bienes, particularmente los alimentos.

Argentina

Respecto de China y del resto del mundo, Argentina tiene aún pendiente la resolución de un dilema histórico. Vale decir: ¿qué es la economía argentina? Esencialmente un proveedor de productos primarios (con mayor o menor valor agregado) o, en cambio, una economía industrial integrada y abierta, que deja de ser periférica para ser protagonista del cambio tecnológico e integrarse, por una parte, al “centro”, como protagonista del cambio tecnológico y proveedor de manufacturas complejas y alimentos y commodities de creciente valor agregado y, por la otra, como socio avanzado pero solidario, a América del Sur y las economías menos desarrolladas.
¿Cuál es la situación de la economía argentina en este momento de profundización de las relaciones con China?
El acercamiento de Argentina y China tiene lugar cuando, en nuestro país, ha transcurrido más de una década de una estrategia nacional y popular, que registra logros importantes. Nada menos que la recuperación del Estado nacional y la soberanía. En efecto, la reestructuración de la deuda y el desendeudamiento, la cancelación de la deuda con el FMI, la nacionalización de las AFJP, la recuperación de YPF han sido pasos decisivos para liberar al país de la subordinación a la cual lo habían sometido la especulación financiera y la estrategia neoliberal. La creación del Ministerio de Ciencia e Innovación Productiva y el énfasis en el desarrollo tecnológico constituyen otros pasos fundamentales. En este nuevo contexto fue posible colocar, en el centro de la política económica, la cuestión social y las políticas de equidad. El cambio de rumbo permitió un aumento importante de la producción y el empleo y la recuperación de la actividad industrial.
Sin embargo, tenemos aún pendiente la resolución de problemas fundamentales que incluyen los siguientes: 1) La formación de una economía industrial integrada y abierta, capaz de relacionarse con los países avanzados sobre la base de la complementaridad intraindustrial. 2) La extranjerización excesiva de actividades principales y un protagonismo insuficiente de empresas nacionales, que son, siempre y en todas partes, protagonistas indispensables del desarrollo nacional. 3) La consolidación de sólidos equilibrios macroeconómicos, esencialmente en los pagos internacionales. Padecemos recurrentemente de insuficiencia de divisas, es decir, la restricción externa, la cual contamina las expectativas, promueve la inflación y debilita la capacidad negociadora externa. 4) La fuga de capitales que impide alcanzar una alta tasa de inversión y crecimiento sustentada, fundamentalmente, en el ahorro interno.
Desde las perspectivas de la actual estrategia, cabe esperar que el despliegue de las relaciones con China sea funcional al desarrollo argentino y la resolución de los problemas pendientes. La calidad de nuestras respuestas depende, en gran medida, de la resolución de la restricción externa.
Al respecto, se plantean tres caminos alternativos. A saber:
1) Neoliberal: volver a los mercados financieros, arreglar con los fondos buitre y aumentar la oferta de dólares tomando deuda; 2) Desarrollista: obtener divisas genuinas a través de los superávit de la cuenta corriente del balance de pagos generados por el fortalecimiento de las finanzas públicas, tipo de cambio real competitivo y estable y una política monetaria consistente con la estabilidad de los precios y el financiamiento del desarrollo; 3) De emergencia: dadas la urgencia de desarrollar proyectos de gran envergadura (ferrocarriles, centrales hidroeléctricas y nuclear), la falta de divisas y la dificultad de acceder a los mercados financieros, recurrir a créditos de proveedores para financiar la adquisición de equipos y otros componentes importados.
El primer camino reproduce las condiciones que provocaron la crisis de 1983 y la debacle del 2001. El segundo es el único que conduce a una solución de largo plazo del problema. Incluye el correcto pronunciamiento del Gobierno de tomar sólo deuda para inversiones que resuelvan la restricción externa. Este planteo requiere una sólida política de orden macroeconómico. El tercero es el que se plantea en los acuerdos con China y su participación en el desarrollo ferroviario y otras áreas de la infraestructura y las operaciones de swap entre los bancos centrales.
Surgen, en este contexto, tres cuestiones de la relación con China, que merecen atención preferente.
Crédito de proveedores: El tipo de financiamiento externo condiciona, en gran medida, el origen de los equipos materiales, empleo y servicios, necesarios. Cuanto mayor es el crédito de proveedores en el financiamiento total del proyecto, menor es la participación local. Recordaré, al respecto, una experiencia personal, cuando debía decidirse, en 1970, la adjudicación del complejo ferrovial de Zárate-Brazo Largo. En la oferta preferida gravitaban los créditos de proveedores y, consecuentemente, una participación mayoritaria de componentes importados. La licitación se anuló y la obra volvió a licitarse, sin créditos de proveedores, con créditos de libre disponibilidad y el aporte del Estado a través de la Dirección Nacional del Vialidad. La obra se ejecutó exitosamente por empresas locales con una participación de componentes nacionales cercana al ciento por ciento (A. Ferrer y M. Rougier. La historia de Zárate-Brazo Largo, Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2010). La estrategia de Zárate-Brazo Largo, se generalizó a toda la inversión pública, a través de la Ley de Compre Nacional Nº 18.875, promulgada en el mismo período.
Cuando invierte, el Estado, por una parte, construye una obra necesaria y, por otra, es demandante de bienes y servicios. La orientación de esa demanda hacia la producción local es, por lo tanto, un instrumento fundamental de la política de desarrollo industrial y tecnológico. Los ejemplos más claros, en esta materia, los proporcionan China, otros países emergentes de Asia e, históricamente, las economías avanzadas del Atlántico Norte y Japón.
Los créditos de proveedores no constituyen, dentro de una estrategia de desarrollo nacional, una fuente aconsejable de recursos. En todo caso, como sostiene la fundamentación de motivos de la ley 18.875, la participación nacional se resuelve en la etapa del proyecto. Es decir, es preciso proyectar y diseñar para lo argentino. Debe respetarse este principio en la formulación de los proyectos que formarán parte del “Plan Integrado” de cinco años previsto en el Acuerdo Marco atendiendo, además, al hecho de que podría haber adjudicaciones directas cuando exista financiamiento concesional (crédito de proveedor) chino. Una vez que está diseñado el proyecto y maximizada la participación posible de la producción local, puede ser conveniente recurrir al crédito de proveedores, como los que ofrece China. La urgencia y la escasez de dólares pueden motivar el empleo de este recurso, como sucede actualmente en el equipamiento del sector ferroviario, que incluye elementos que pueden ser producidos por la industria nacional.
La participación de China en la construcción de la cuarta central nuclear pondrá a prueba el alcance del crédito de proveedores chino. Es en el sector nuclear, bajo el liderazgo intelectual de Jorge Sábato, que la Argentina desplegó las políticas más audaces de compre nacional y desarrollo tecnológico en un sector de frontera. Los componentes locales han sido los principales en la construcción de los tres centrales nucleares existentes. Cabe esperar que la cuarta, con financiamiento chino, conserve, por lo menos, una participación comparable. Pone a prueba, también, la flexibilidad de la política china cuando negocia con un país que ya ha alcanzado un respetable nivel de desarrollo industrial y tecnológico, como la Argentina.
Swaps: Estas operaciones contribuyen a aumentar las reservas internacionales del Banco Central. Pueden ser oportunas y convenientes en el corto plazo pero no sustituyen a los superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, como el instrumento esencial para acumular reservas reales, sin contrapartida de deuda.
Inversiones privadas directas: Las inversiones chinas para adquirir o constituir empresas en el país plantean el mismo problema que el de esas inversiones de cualquier origen. Es preciso argentinizar la economía nacional, reduciendo el nivel actual de extranjerización de actividades fundamentales y fortalecer la presencia de empresas nacionales, privadas y públicas, como protagonistas esenciales del proceso de desarrollo. La experiencia internacional (incluyendo la de China y economías emergentes de Asia) y la nuestra demuestra que ese tipo de inversiones sólo es útil cuando complementa, no sustituye, a los emprendedores nacionales. La constitución de empresas conjuntas, con participación nacional mayoritaria, es una vía principal de la inversión extranjera en las naciones exitosas. Es preciso evitar el predominio de filiales que subordinan su estrategia a la de sus casas matrices o país de origen.
En la Argentina y América latina, la industria automotriz es emblemática en esta cuestión. La industria está totalmente constituida por filiales. El resultado es el déficit crónico en los pagos internacionales que, en el caso argentino, constituye uno de los componentes principales de la restricción externa. Japón, China y los países emergentes de Asia integraron las cadenas de valor de la industria bajo el comando de empresas nacionales, compiten en el mercado internacional con las firmas norteamericanas y europeas y son superavitarias en sus pagos internacionales.
Una política selectiva de admisión de inversión extranjera directa no debilita su entrada. La acrecienta por la ampliación de las fronteras de la economía nacional y su proyección al orden mundial.

Conclusiones

El análisis de las relaciones con China no puede analizarse desde una perspectiva de corto plazo y, mucho menos, en el contexto de una confrontación electoral. Se trata, nada menos, que de los vínculos con un país que será la primera potencia económica mundial en el transcurso del siglo XXI y cuyas características nos confrontan con oportunidades y desafíos sin precedentes.
Es preciso un juicio crítico sereno consistente con la visión que tenemos de nuestro lugar en el mundo y la globalización. No son creíbles las críticas “nacionalistas” a los acuerdos con China surgidas de las mismas fuentes que, en el pasado, cultivaron la “relación especial” con Gran Bretaña, los “vínculos carnales” con los Estados Unidos, el neoliberalismo y la racionalidad esencial de los mercados. La relación con China debe observarse desde la perspectiva de nuestras relaciones con todos los integrantes del orden mundial, que es global y multipolar.
Debe atenderse a las asimetrías existentes entre Argentina y China. Una es la diferencia de tamaño y el peso relativo para cada país de la relación bilateral. Por ejemplo, en el comercio exterior. China representa para la Argentina alrededor el 20 por ciento del suyo, y la recíproca es inferior al 1 por ciento. El tamaño influye en el peso de cada país en la macroeconomía del otro. Pero no determina la división del trabajo y la relación financiera entre ambos. En este terreno, lo que cuenta es la capacidad de gestionar el conocimiento, la estructura productiva y la fortaleza de los equilibrios macroeconómicos. En ambos planos, comercio e inversiones, una economía industrial avanzada con capacidad de innovar puede mantener una relación simétrica con otra de mayor tamaño. Es lo que sucede en las relaciones de China con Corea y las otras economías emergentes de Asia.
¿Cómo negocian ambos países? A partir de instituciones y “estilos” muy distintos. China a partir de una posición unificada, de los intereses de las empresas y el Estado, respaldando una estrategia común en todos los terrenos de la relación bilateral. La Argentina, en cambio, negocia con una dispersión o insuficiente coordinación entre el Estado y las empresas. Como sostiene el ex consejero económico de nuestra embajada en Beijing, José Bekinschtein, es indispensable la coordinación de las esferas pública y privada, respaldando una estrategia concertada en las negociaciones bilaterales y la penetración en el mercado chino. Por ejemplo, si China hace un buen negocio vendiéndonos material ferroviario, ¿cuál es la contraprestación en términos de acceso de empresas argentinas al mercado chino?
Por otra parte, en toda negociación siempre conviene recordar el consejo del presidente Kennedy: “Nunca hay que negociar con miedo ni tener miedo de negociar”. Esto implica que nunca hay que suponer que un acuerdo es una cuestión de sobrevivencia porque, en ese caso, no hay nada que negociar, simplemente aceptar la decisión de la contraparte. Un ejemplo reciente de esta situación es el conflicto con los fondos buitre. Argentina busca el acuerdo sin ceder en su interés fundamental y asume la posibilidad de la falta del mismo, sin que se venga el mundo abajo.
Los trabajadores y sus organizaciones deben ser parte principal en el diseño y ejecución de una estrategia argentina para construir, con China, una relación desarrollista. Los trabajadores no pueden quedar al margen de una negociación que tiene y tendrá una importancia creciente en el desarrollo argentino y el empleo. La articulación de intereses entre organizaciones empresarias y sindicales, como la promovida por Adimra y la UOM para concertar posiciones sobre la economía argentina, sería una contribución fundamental al fortalecimiento de nuestra posición negociadora con China.
En este caso, nos enfrentamos con el mismo desafío histórico: defender el interés nacional. Podremos lograrlo si consolidamos la densidad nacional y, sobre estas bases, ejecutamos políticas audaces y realistas de desarrollo, con pleno ejercicio de la soberanía, integración del territorio e inclusión social. Tendremos la China que nos merecemos en virtud de nuestra capacidad de fortalecer nuestra densidad nacional y, consecuentemente, la soberanía. Se acabó el tiempo de las relaciones especiales: con Gran Bretaña, los Estados Unidos o China.
Como hemos visto, China se vincula con las antiguas economías industriales del Atlántico Norte, Japón, las naciones emergentes de Asia, América latina, Africa y el resto del mundo. Las relaciones con cada espacio las establece en virtud del nivel de desarrollo y la fortaleza de la densidad nacional de la contraparte. Depende de nosotros dentro de qué esfera de la división internacional del trabajo nos vinculamos con China.
El sector privado argentino, con todo el respaldo necesario de las políticas públicas, tiene una responsabilidad principal en el estilo de las relaciones que establecemos con China, que no sólo importa productos primarios e invierte en la exploración de recursos naturales de países de la periferia. Es, asimismo, un gran importador de manufacturas y servicios diversos, de alto valor agregado y tecnología, en muchos de los cuales el país tiene mucho que vender a China. Baste recortar las actividades del Invap y los avances en la frontera de la tecnológica de la agricultura argentina. Hay posibilidades inmensas en el gigantesco mercado chino y posibilidades de joint ventures con empresas chinas para acceder al mismo con alimentos elaborados, manufacturas y servicios complejos. Respecto del régimen para las inversiones directas, provenientes de China y de cualquier otro origen, deberíamos tomar en cuenta la experiencia de China, Corea y Japón en la materia.
Por último, la presencia china se ha generalizado en América latina. Para consolidar la integración del Mercosur y el espacio sudamericano es conveniente que concertemos nuestras políticas respecto del gran país asiático, depositario de una cultura milenaria y admirable que, después de un letargo de cinco siglos, vuelve a ocupar el lugar que le corresponde en el mundo
* Profesor emérito de la UBA.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-8364-2015-03-22.html

EL CASO BLAQUIER, EL DERECHO INTERNACIONAL Y LAS RESPONSABILIDADES EN DELITOS DE LESA HUMANIDAD


La colaboración civil con el terror

El jurista italiano Fausto Pocar comparó el caso Ledesma con el ejemplo de un general de la ex Yugoslavia que proporcionó armas luego usadas para matar civiles. Sugirió que tenía responsabilidad porque conocía el contexto en que lo hacía.
 Por Alejandra Dandan

Para Fausto Pocar, el caso Ledesma es “interesante”. El prestigioso jurista integra el Tribunal Criminal Internacional para la ex Yugoslavia desde el año 2000, primero como juez y luego en la Cámara de Apelaciones. En una conferencia en el Consejo de la Magistratura de Buenos Aires, en la que habló de los avances en jurisprudencia del Tribunal, le preguntaron por el caso Ledesma. Pocar comparó con el ejemplo de un general que proporcionó armas y que sirvieron para matar a soldados y civiles. ¿El general es responsable por los asesinatos de civiles en los que se usaron sus armas? ¿Contribuyó con esos crímenes? Pocar sugirió que sí. Y al aporte de materiales le agregó esa otra cosa más difícil de probar que es el “conocimiento”, aquello que en estos días se conoció como el “dolo” en el caso de las camionetas de Carlos Pedro Blaquier usadas por el terrorismo de Estado. “El general que ayudó –dijo– conocía muy bien la situación en Sarajevo, donde por tres años se mató a una cantidad de civiles. Las armas se podían usar para matar civiles, con lo que la mens rea (mente culpable, elemento subjetivo) está clara.”
Pocar tiene un largo currículum. Profesor de derecho internacional en Milán, estuvo 16 años en el Comité de Derechos Humanos (ONU) y fue su presidente entre 1991 y 1992. En estos días dio varios seminarios en Buenos Aires. Entre ellos, en la Facultad de Derecho de la UBA y en el Consejo de la Magistratura, donde presentó un libro del Ministerio de Justicia sobre Cuestiones actuales en la investigación de graves violaciones a los derechos humanos. En una hora y veinte minutos, Pocar dio cuenta de los avances de la jurisprudencia del Tribunal de la ex Yugoslavia, pero sobre todo de la cocina en las discusiones de casos emblemáticos. Por ejemplo, en el primer caso en el que intervino y en el que se declaró a los crímenes como delitos de lesa humanidad. O el parentesco planteado por el tribunal de Ruanda entre el genocidio y las violaciones masivas, que equipara la destrucción psíquica a la física. Más cerca de la agenda argentina de los últimos días, habló de un “tema discutido”, que es la “contribución” en crímenes de lesa humanidad: “El tema más discutido en responsabilidad penal es sobre quien ayuda a quien comete el crimen o facilita la comisión del crimen”. El que proporciona armas para la comisión del crimen, ¿hasta qué punto es responsable del crimen?
“Durante muchos años el tribunal elaboró una tesis muy simple –explicó–: el que ayuda es responsable si conocía los medios (armas) que se iban a usar para cometer el crimen. Y si la contribución que brinda a la comisión del crimen es sustancial, importante.” Ese criterio se aplicó durante un cierto tiempo, dijo, hasta que una sala absolvió a un acusado introduciendo en el actus rea un elemento adicional: la dirección específica. A partir de allí, las armas tenían que servir sólo para la comisión del crimen específico.

El caso Perisic

El caso es conocido por el general Momcilo Perisic, ex jefe del estado mayor del ejército serbio, condenado en primera instancia a 27 años de prisión por crímenes que incluyeron la matanza de ocho mil musulmanes en Srebrenica, al este de Bosnia. La Cámara de Apelaciones lo absolvió por la aplicación del criterio de la “dirección específica”. Perisic conocía el sitio de la matanza, pero aquel criterio no lo hace responsable, porque allí había una ocupación militar y las armas se podían usar no sólo para matar a civiles, sino para combatir, situación que en una guerra es legítima, explicó el catedrático. Pero aclaró: “Es evidente que con esta decisión se cae todo el sistema de responsabilidad por la ayuda porque de hecho siempre se absuelve a los que están en rangos altos”.
El caso Perisic generó polémica. Es el eje del libro del Ministerio de Justicia y llegó a introducirse en el caso Blaquier. El tribunal de la ex Yugoslavia recibió críticas de personas, grupos y otros tribunales. En otro caso, el tribunal de Ruanda rechazó la idea. Argentina lo hizo también el año pasado a través de un fallo de la Sala II de la Cámara de Casación, en el segundo juicio de la ESMA. La sala integrada por Angela Ledesma, Alejandro Slokar y Pedro David señaló que “con relación a la invención de la teoría de la ‘dirección específica’, dicho elemento no integra la participación criminal, pues se encuentra directa y materialmente en conflicto con los estándares del derecho internacional consuetudinario y con la tradición jurisprudencial del Tribunal Penal Internacional de la ex Yugoslavia desarrollada por más de dos décadas”.
Pocar mencionó ese fallo y también los fallos emitidos antes y después por el propio tribunal de la ex Yugoslavia para reducir el peso de Perisic e indicar que se volvió a la jurisprudencia anterior. Señaló a Perisic como un “incidente”, superado por fallos posteriores y al que, advirtió, “sería mejor olvidar”. “Ahora tenemos en la jurisprudencia una serie de casos que van en un sentido. Hay sólo este caso (Perisic), que va en un sentido contrario. Y después hay casos que toman de nuevo las decisiones que se tomaban la comienzo. Es decir, debería ser un problema cerrado éste del principio de la dirección específica, que no es un principio que se aplica, pero nunca se sabe qué va a deparar el futuro. Yo espero que a ese incidente le digamos así, y que el caso que introdujo el concepto de dirección específica se pierda.”

Perisic y Blaquier

Jorge Auat es el jefe de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad. En el libro escribió un comentario sobre el fallo de la Sala II, en el que advierte que ese freno a la “dirección específica” fue muy importante y un “alerta temprana”. ¿De qué hablaba Auat? De los efectos de aquel fallo en los casos de complicidad civil y económica con los delitos de la dictadura en Argentina.
El 11 de marzo de 2013, el diario La Nación publicó un editorial celebratorio del fallo Perisic en el que alentaba su uso para los civiles que estaban comenzando a ser juzgados. Con el título de “Trascendente fallo internacional”, el editorial señalaba: “La decisión de la sala de apelación del mencionado tribunal, que lleva fecha del 28 de febrero de este año, define con precisión las fronteras de la figura de la participación respecto de esos graves delitos, y seguramente tendrá efectos más allá de la jurisdicción misma del referido tribunal, incluido nuestro medio. Tanto en muchos de los procesos que, respecto de la década de los ’70, involucran a personal militar como en algunos, más recientes, que pretenden responsabilizar a algunos civiles”.
Quienes estaban en la sala del Consejo de la Magistratura leyeron estos antecedentes en el fallo de la semana pasada de la Sala IV de la Cámara de Casación. La sala integrada por Gustavo Hornos, Juan Carlos Gemignani y Eduardo Rafael Riggi no cita el caso Perisic, pero contiene elementos que en ese mismo sentido parecen elevar el estándar de la prueba como lo hacía la teoría de la “dirección específica”. Auat levantó la mano en el Consejo de la Magistratura y le dijo esto a Pocar. “Mientras usted hablaba se me venía a la cabeza el fallo reciente de la Casación”, explicó. En ese contexto, preguntó sobre lo que los jueces rechazaron: el dolo, cómo se prueba y si la reconstrucción del contexto puede pensarse como una prueba. Ahí fue cuando Pocar habló de quien contribuye con la provisión de armas a un contexto donde se sabe que desde hace años mueren civiles y combatientes.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268760-2015-03-23.html

Netanyahu no es creíble


Los vaivenes públicos del líder israelí sobre el Estado palestino señalan un claro oportunismo

EL PAÍS 

MAR 2015

El primer ministro israelí no ha perdido un minuto para desdecirse de su aparentemente rotundo no preelectoral a la idea de un Estado palestino. La aceptación ahora de esa posibilidad, que él apoyó por vez primera en 2009, no la hace más verosímil que el martes pasado. Netanyahu, consumado estratega, sabe simplemente que gobernar no es lo mismo que hacer campaña y que la estabilidad de Israel depende del amparo de EE UU, pese a la recíproca animadversión con Barack Obama.
Israel ante el Consejo de Seguridad ha resultado sin duda decisivo en esa marcha atrás. Netanyahu afirma ahora que se mantiene abierto a la idea de dos Estados, pero que no se dan las condiciones regionales para impulsarla. La realidad es que el líder israelí no parece haber creído en ello; tampoco en 2009. Su desdén por la causa palestina y el expansionismo de los asentamientos de colonos en Cisjordania desmienten la retórica. A su vez, la amenaza de Obama de reformular su estrategia y hacer vulnerable a Israel en la ONU tiene pocos visos de convertirse en política, aun cuando eventuales resquicios pudieran ser aprovechados por los palestinos. Washington deja claro que mantiene intacta su cooperación con Jerusalén en los cruciales terrenos militar, de seguridad e inteligencia. Un Oriente Próximo incendiado, con los palestinos divididos y sin liderazgo efectivo, en el que Siria se desintegra y Líbano se tambalea, con el Estado Islámico cabalgando en Irak, Yemen o Libia, parece un escenario poco propicio para el desenganche estadounidense, por leve que fuera. Incluso con un acuerdo nuclear con Irán de por medio.

Pese a su claro triunfo, Netanyahu inaugura una etapa de incertidumbre para su país. El desafío central de Israel ante el mundo son los palestinos, y una parte importante de la sociedad israelí quiere preservar un Estado democrático y con futuro; algo incompatible con la situación de millones de palestinos en Cisjordania. El complejo Gobierno que Netanyahu se dispone a formar va a hacer frente a un creciente aislamiento internacional. Ese será uno de los precios de su victoria. Los israelíes se han acostumbrado a vivir en una burbuja asentada sobre la tensión y la ocupación de territorios. La presión de la comunidad internacional debe servir de palanca para cambiar una situación inadmisible.

El sol se pone en la ‘isla del tesoro’


Los escándalos del ‘Luxleaks’, la lista Falciani o la Banca de Andorra aceleraran medidas para combatir los refugios fiscales, pero los resultados tardarán en llegar

JESÚS SÉRVULO GONZÁLEZ 
Madrid 



Un guardia de seguridad junto a la entrada de la filial del HSBC en Ginebra, Suiza. / G. C. (BLOOMBERG)

En los fabulosos años veinte del siglo pasado las grandes fortunas francesas huyeron despavoridas a Suiza ante el aumento fulgurante de los impuestos —el marginal de la renta alcanzó el 74% en 1924— y la inestabilidad política que concluyó en la Gran Guerra. Años antes los bancos suizos ya se habían agrupado en la Asociación Suiza de Banqueros, que desde entonces actúa como una especie de cartel.

Los paraísos fiscales tienen su origen en el nacimiento del capitalismo: el momento en que los títulos de propiedad sobre la tierra son sustituidos a principios del siglo pasado por títulos de valores, acciones, bonos... Hasta entonces nunca había sido tan fácil trasladar la riqueza de un país a otro y ocultar parte de ella al fisco, según relata Gabriel Zucman en La Riqueza oculta de las naciones: investigación sobre los paraísos fiscales.

Entre 1920 y 1938, las fortunas extranjeras gestionadas por los bancos con sede en Ginebra y Berna se multiplicaron por diez. Al calor de este próspero negocio se desarrollaron los bancos de Andorra, Mónaco o Luxemburgo. Desde entonces la actividad financiera de Suiza no hizo más que prosperar.

Hasta que en los años ochenta con la liberalización de los mercados financieros británicos nacieron la City y otras plazas financieras como Hong Kong, Singapur o Bahamas. Al albur de estos centros de negocios surgieron territorios o jurisdicciones off-shore como las Islas Vírgenes Británicas, Islas Cayman, Jersey, Guernsey o Gibraltar que blindaban a sus bancos con un velo de opacidad.

Zucman, profesor de la London Schcool of Economics, asegura que "gran parte de los bancos domiciliados en Singapur o las Islas Caiman no son otra cosa que filiales de establecimientos helvéticos que se instalaron allí para captar clientes". Estos refugios fiscales daban cobijo a las fortunas de los países desarrollados que eludían los impuestos pero también escondían grandes capitales de dinero negro procedente de actividades ilegales.

La OCDE lidera desde 2009 la cruzada contra los refugios fiscales

La crisis financiera que asoló el mundo en 2008 —disparó la deuda pública de los países y obligó a los Gobiernos a subir impuestos para alimentar a los desnutridos ingresos públicos mientras las grandes fortunas se mantenían seguras en sus islas del tesoro— abrió un nuevo frente contra los paraísos fiscales. En aquella época los gobernantes se daban más prisa en pronunciar frases grandilocuentes para acabar contra estas prácticas que en poner en marcha medidas para combatirlas.

El G20 y la OCDE, la organización de países más industrializados, se pusieron al frente de la cruzada contra los territorios off-shore. En 2009 aprobaron un acuerdo de intercambio automático de información entre países. Si un estado firmaba al menos 12 acuerdos de estos salía de la lista negra de la OCDE. Estos acuerdos eran muy laxos y estaban cuajados de boquetes. Actualmente este organismo ha quitado la etiqueta de paraíso fiscal a la treintena de estados que había catalogado como tal. Es decir, que para las organizaciones internacionales no existen lugares con nula o muy baja tributación y con una alta opacidad financiera. Así, por ejemplo desde 2009 Suiza no es catalogada como paraíso fiscal. Su Gobierno se esfuerza ahora por desligarse de este término y poco a poco comienza a compartir parte de su información financiera.

Sin embargo, un nuevo fenómeno ha impulsado los trabajos de la OCDE. La proliferación de noticias —y la presión de la opinión pública— en las que multinacionales se sirven de paraísos fiscales para eludir impuestos —Google, Apple, Microsoft, Starbucks...— llevó a este organismo internacional a lanzar el plan BEPS (erosión de bases imponibles y traslado de beneficios). Este proyecto, en el que participan medio centenar de países, aspira a que las grandes corporaciones paguen impuestos donde se genere su actividad. En este marco ya se han alcanzado algunos acuerdos como que las grandes compañías tendrán que detallar a partir de 2017 su contabilidad por países para mostrar donde generan valor añadido para que los países donde operan puedan gravar lo que generan en cada sitio.

El intercambio de información financiera será obligatorio en 2017

En noviembre del año pasado 54 países también firmaron en Berlín un acuerdo para el intercambio de información de cuentas bancarias a partir de 2017. "Aunque se firmen acuerdos hay países que se agarran a la letra pequeña y después ponen muchísimos problemas y trabas para dar la información que se le requiere", explica José María Peláez, inspector de Hacienda.

Bruselas también ha reaccionado a estos casos. Desde 2016 obligará a los Estados miembros a informar sobre los pactos fiscales que mantienen con las corporaciones para que paguen menos impuestos así como los acuerdos de precios de transferencia —los que se fijan para operaciones entre empresas del mismo grupo y que permite trasladar beneficios de un país a otro—.

Pero los escándalos conocidos durante los últimos meses como el Luxleaks —el caso que destapó que Luxemburgo mantenía más de 400 acuerdos con multinacionales, Amazon, Disney o Ikea, para que redujeran su factura fiscal—, la lista Falciani —el informático del HSBC que difundió las cuentas secretas de clientes de este banco en Suiza—, y el más reciente de la Banca privada de Andorra —la intervención de esta entidad por blanqueo de capitales— han dejado en evidencia los avances.

En este sentido, hay que distinguir entre los avances que dan las organizaciones internacionales, lideradas por EE UU, para que las multinacionales dejen de usar los paraísos fiscales para pagar menos al fisco, y el coladero para que el dinero negro de actividades ilícitas o de la corrupción se oculte en estas jurisdicciones para blanquearlo. En estos casos los avances de la OCDE y el G20 resultan tan poco efectivos como barrer en la playa. Y aunque el sol se ponga en el paraíso volverá a salir al día siguiente.

AJUSTE, DEVALUACION Y HUIDA DE CAPITALES ESPECULATIVOS


Fuga a la brasileña

El real acumula una fuerte depreciación en lo que va del año. Crisis económica y política agudizan la inestabilidad del mercado cambiario. La estrategia ortodoxa está profundizando la recesión brasileña.
 Por Cristian Carrillo

El real alcanzó esta semana su menor valor en doce años. La moneda brasileña se ubicó a 3,23 por dólar el viernes, en un contexto económico y político delicado para la administración de Dilma Rousseff. La recesión con niveles de inflación por encima de sus metas convive con escándalos de corrupción en obra pública vinculados con la petrolera estatal Petrobras, lo que dificulta al gobierno brasileño conseguir el apoyo necesario para poner en práctica el plan de ajuste anunciado para revertir su déficit presupuestario. Este cóctel se completa con una importante fuga de capitales, como reflejo de la apreciación del dólar a nivel global, la cual no está siendo compensada por la cuenta corriente ante la caída de los precios de los commodities. La política de apertura de la cuenta capital a los fondos golondrina permitió un ingreso de fondos en el período 2002-2010, que fortaleció su stock de reservas más que por la cuenta corriente. El ritmo de salida de estos fondos de corto plazo será el que determine este año la magnitud de la recesión y de la devaluación.
La apertura irrestricta al ingreso de capitales es un reclamo insistente de los actores del mercado argentino, quienes utilizaban la Bolsa paulista como ejemplo del potencial de inversiones al que podría aspirar el país si levantara sus controles. Sin embargo, los controles al ingreso y salida de fondos de corto plazo, mediante un esquema de encajes, están permitiendo al país aislarse de la fuga de capitales.
“Durante las dos presidencias de Luiz Inácio Lula da Silva se observó un notable despegue de las exportaciones de Brasil gracias al boom de los commodities. Pero fue más notable aún la entrada de capitales, que se acentuó cuando las calificadoras de riesgo le otorgaron la nota de investment grade”, explica el economista Ramiro Castiñeira. La apertura brasileña explicó que el país pasara de una leve salida de capitales en 2004-2005 a tener un ingreso de casi 200.000 millones de dólares en 2007, equivalente a 6,5 por ciento de su PIB. El ingreso de capitales catapultó la demanda agregada, la economía y las importaciones. “Rápidamente Brasil transformó un modesto superávit en la cuenta corriente del balance de pagos en un déficit por más de 100.000 millones de dólares”, agrega el economista.
Hasta 2012 el ingreso de capitales fue superior al déficit en cuenta corriente del balance de pagos, permitiendo a Brasil un constante incremento de las reservas en el Banco Central, que se multiplicaron por diez en una década, al pasar de 35 mil millones en 2001 a más de 350.000 en 2011. Este ingreso provocó una fuerte apreciación del real, generando un atraso cambiario que ahogó su industria hasta llevar al actual estancamiento económico. El año pasado la economía brasileña no creció, perdió su superávit comercial y fiscal primario. El déficit de cuenta corriente fue de 4,2 por ciento del PIB y el rojo fiscal, de 6 por ciento.
La probable suba de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal para mediados de año, que fortalecerá al dólar, conllevó a una huida de los fondos hacia el mercado estadounidense, en lo que denominan proceso de flight to quality (vuelo hacia la calidad). Por su parte, la apreciación de la moneda estadounidense retrajo los precios de todos los commodities, lo que favorece a economías centrales que importan materias primas y perjudica a las exportadoras. Más de 60 por ciento de las exportaciones de Brasil son materias primas y sus derivados. Los complejos minero, sojero y petrolero explican el 40 por ciento. Todos esos productos registran caídas de precios de dos dígitos en el último año. El menor ingreso de capitales en Brasil explica la devaluación del real, que asciende al 15 por ciento en lo que va de marzo y acumula una caída del 40 respecto de un año, ya que apenas alcanzan para compensar el déficit corriente. La respuesta del gabinete de Rousseff es más ortodoxia, ajuste presupuestario y suba de la tasa de interés.