30 ago 2015

Cambiar de nombres y de estrategias

Diario La Jornada, México

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Aunos días de su tercer Informe de gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto anunció ayer una decena de enroques, entradas y salidas en su equipo de gobierno, entre los que destacan el arribo del ex canciller José Antonio Meade a la Secretaría de Desarrollo Social; la llegada de la hasta ayer titular de esa dependencia, Rosario Robles, a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, en sustitución de Jesús Murillo Karam; el nombramiento de José Calzada Rovirosa –ex gobernador de Querétaro– como titular de la Secretaría de Agricultura, en remplazo de Enrique Martínez; la designación de Aurelio Nuño, quien se desempeñaba como jefe de la Oficina de la Presidencia, al frente de la Secretaría de Educación Pública; los nombramientos de Claudia Ruiz Massieu, Enrique de la Madrid y Rafael Pacchiano en las secretarías de Relaciones Exteriores, Turismo y Medio Ambiente, respectivamente, así como la destitución de Monte Alejandro Rubido como Comisionado Nacional de Seguridad y el nombramiento, en su lugar, de Renato Sales.
Con independencia de las dinámicas particulares, los cálculos y reacomodos políticos específicos a que hayan obedecido estos cambios en el equipo presidencial, es significativo que todos se produzcan en el contexto de una administración federal que, tras la aprobación de las reformas de cuño neoliberal en el marco del Pacto por México, no ha dejado de desgastarse en forma prematura, en buena medida por su escasa capacidad de reacción frente a las crisis que vive el país en varios frentes, particularmente el económico, el social, el de la seguridad pública, el de los derechos humanos y el de la transparencia.
Por desgracia, no hay señales de que el actual gobierno pretenda, con la referida reformulación del equipo gobernante, reconsiderar las políticas y estilos de gobierno que lo han caracterizado y que son causa principalísima de su deterioro; por lo contrario, los relevos dados a conocer ayer parecen una estrategia cosmética y de control de daños como lo fueron, en su momento, la destitución de Humberto Benítez Treviño como procurador federal del Consumidor y la salida de Jesús Murillo Karam de la Procuraduría General de la República.
Al igual que entonces, en las designaciones de ayer no puede apreciarse una voluntad por modificar el rumbo de la conducción política, económica y social de la nación: significativamente, el común denominador tras los relevos referidos ha sido la promesa de dar continuidad a los programas y acciones de gobierno en curso –como la llamada reforma educativa y la Cruzada contra el Hambre– sin importar que se encuentren desacreditados y sean vistos como generadores de conflictos con importantes sectores de la población.
Semejante falta de voluntad para ajustar el rumbo de acción no contribuye al necesario relanzamiento de un gobierno que, a menos de la mitad de su mandato, experimenta pérdida de credibilidad y capacidad de comunicación ante el conjunto de sus interlocutores, tanto en el ámbito nacional como internacional.
La situación nacional presente, recorrida por factores de alarma tanto endógenos y exógenos, requiere de una reformulación profunda del programa de gobierno que incluya, como primer paso, un cambio en la política económica adoptada hasta ahora y cuyos efectos están a la vista: debilidad estructural de la economía, crecimiento de la pobreza, deterioro del poder adquisitivo de la población y dependencia creciente respecto de los ciclos económicos del exterior. Es razonable pensar que si no exhibe una voluntad efectiva de modificar su rumbo actual y de renunciar a prácticas que han demostrado su inoperancia, la actual administración seguirá en proceso de erosión institucional que no augura nada bueno ni para ella misma ni para el país.

Tensión bilateral: Maduro ordenó extender el cierre de la frontera y Santos viaja a la zona limítrofe

El Presidente de la República, Nicolás Maduro, anunció este viernes que a partir de la cinco de la mañana de este sábado será cerrada la frontera con Colombia en los municipios Lobatera, Ayacucho, García de Hevia y Panamericano, del estado Táchira.

Tensión bilateral: Maduro ordenó extender el cierre de la frontera y Santos viaja a la zona limítrofe




Estos municipios conforman la segunda zona especial de atención que el Gobierno venezolano ha establecido para restablecer la paz y la seguridad en la zona fronteriza, en la que operan mafias paramilitares colombianas y grupos vinculados al contrabando de extracción de gasolina, alimentos y medicinas desde Venezuela hacia Colombia.
Al hacer el anuncio, el Primer Mandatario manifestó que esta medida tiene como objetivo combatir con mayor impacto el paramilitarismo, la criminalidad y el contrabando que ha ocasionado daños a la economía del país.
“Para limpiar de paramilitarismo, criminalidad, bachaquerismo, secuestro y narcotráfico, es que he decidido cerrar la frontera de la zona número dos en el estado Táchira en los municipios de Lobatera, Ayacucho, García de Hevia y Panamericano”, aseveró Maduro desde el Palacio de Miraflores, Caracas, donde recibió a venezolanos y colombianos que marcharon por la paz y en rechazo del paramilitarismo.
Durante la actividad, transmitida en cadena de radio y televisión, el Jefe de Estado también anunció la movilización de 3.000 integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) que emprenderán la búsqueda de paramilitares para su captura.
En Táchira, específicamente en la población de San Antonio del Táchira, el pasado 19 de agosto se registraron ataques paramilitares en los que resultaron heridos tres soldados de la Fanb mientras realizaban funciones contra el contrabando de extracción.
Ante estos hechos, el presidente Maduro decidió cerrar la frontera en los municipios Bolívar, Ureña, Junín, Libertad, Independencia y Rafael urdaneta, ubicados en la zona fronteriza con Colombia, hasta tanto se restituyan los derechos sociales y económicos de esas poblaciones.
“No voy a permitir que se sigan metiendo las bandas paramilitares a secuestrar, a cobrar vacuna y a atacar a nuestra Fuerza Armada. Tengo el derecho y tengo el deber constitucional de proteger la tierra y el pueblo de Venezuela”, expresó el Presidente.
En ese sentido, pidió el apoyo de los venezolanos y colombianos que apuestan al restablecimiento de relaciones de paz, respeto y solidaridad entre gobiernos de países hermanos.
“Ya basta, fuera del paramilitarismo de Venezuela. Unión cívico militar”, llamó.

Santos viaja este sábado a Cúcuta, en medio de crisis con Venezuela

El presidente Juan Manuel Santos viaja este sábado a Cúcuta, epicentro de la crisis fronteriza con Venezuela, en medio de la tensión bilateral tras la expulsión masiva de colombianos por el gobierno de Nicolás Maduro.
“El presidente Santos estará hoy en Cúcuta”, informó la Presidencia, indicando que el mandatario visitará uno de los albergues acondicionados para recibir a los cientos de colombianos deportados en los últimos días o llegados al país huyendo de Venezuela por temor a serlo.
Santos, quien ya estuvo el miércoles pasado en Cúcuta conociendo de cerca el drama de los expulsados, muchos separados de sus hijos o deportados “con lo puesto”, aseguró que con Venezuela “no es una situación fácil”.
“Nosotros siempre hemos tenido unas norma de conducta: conducir nuestras relaciones internacionales con firmeza, pero con diálogo y diplomacia”, dijo el mandatario a última hora del viernes. “Eso hemos querido hacer y eso seguiremos haciendo. Y estamos ahora concentrados en atender en la parte humanitaria que ha generado esta situación”, agregó al clausurar el VII congreso de la Asociación Colombiana de Comisionistas de Bolsa (Asobolsa).
La tensión diplomática entre Bogotá y Caracas comenzó el 19 de agosto con el cierre de algunos pasos fronterizos por Maduro tras un ataque de desconocidos a militares venezolanos, ocurrido días atrás en medio de una operación anticontrabando en el fronterizo estado venezolano de Táchira y que Maduro atribuyó a “paramilitares colombianos”.
La crisis se profundizó el jueves pasado, cuando ambos países llamaron a consultas a sus embajadores en medio de las denuncias de violaciones de derechos humanos de los damnificados. Además de las deportaciones, que ya superan el millar de personas, se estima que otros 5.000 a 6.000 colombianos han huido de Venezuela por temor a ser expulsados, separados de sus seres queridos y sin poder llevarse sus pertenencias.

29 ago 2015

ONU estimó que 300 mil refugiados ingresaron a Europa y 2.500 murieron en el intento

El Mediterráneo, principal acceso


El número de inmigrantes y refugiados que han atravesado el mar Mediterráneo en lo que va de año para llegar a Europa superó ya el umbral de los 300.000, pero muchos no lograron terminar la travesía con vida: se estima en 2.500 el número de muertos o desaparecidos.













El dato, anunciado en Ginebra por el Alto Comisariato de la ONU para los Refugiados (ACNUR), es alarmante, y no incluye el balance aún no confirmado de las personas fallecidas en la última tragedia, ayer frente a las costas de Libia.

El total de más de 300.000 llegadas registradas desde el inicio de 2015, de las cuales casi 200.000 a Grecia y 110.000 a Italia, supone "un fuerte aumento respecto al año pasado, cuando unas 219.000 personas atravesaron el Mediterráneo durante todo
el 2014", subrayó la portavoz del ACNUR, Melissa Fleming.

El año pasado, los muertos o desaparecidos en el mismo mar fueron unos 3.500.

"Pese a los esfuerzos de la operación europea de búsqueda y rescate, que en el último año salvó decenas de miles de vidas, el Mediterráneo sigue siendo, con los cerca de 2.500 muertos, la ruta más mortal para refugiados e inmigrantes", dijo Fleming.

Y el modo en el que los traficantes de seres humanos hacinan a las personas es la causa de la muerte. Según el testimonio de un sobreviviente a bordo de una barcaza socorrido frente a las costas libias el miércoles -indicó la portavoz-, los contrabandistas se hacían pagar para permitir a los pasajeros salir de la bodega para respirar.

"No queríamos estar en la bodega, pero nos obligaron pegándonos con bastones", les contó Adbel, un sudanés de 25 años.

Otro superviviente, Madhi, un cirujano traumatólogo de Bagdad, relató haber pagado 3.000 euros para que su esposa y su hijo de 2 años pudiesen estar en el puente superior. 

Los equipos de rescate encontraron 51 personas muertas sofocadas en la bodega del barco.

ACNUR subrayó que muchas de las personas que llegan por mar al sur de Europa, en particular a Grecia, provienen de países sacudidos por violencia y conflictos, como Siria, Irak y Afganistán, y todos necesitan protección internacional.

Además, "aunque los números son aplastantes para países individuales, ya sobrecargados, como Grecia, la ex República Yugoslavia de Macedonia, Hungría, Serbia o Alemania, son cifras que en cambio se pueden gestionar a través de respuestas
conjuntas y coordinadas a nivel europeo".

"Todos los países europeos y la UE deben actuar juntos para responder a la creciente emergencia y demostrar responsabilidad y solidaridad", dijo la vocero del ACNUR.

EL PRESIDENTE DE GRECIA CONVOCO A ELECCIONES PARA EL 20 DE SEPTIEMBRE


Disuelven el Congreso y llaman a votar

Las elecciones anticipadas se hicieron necesarias tras la dimisión, hace nueve días, del primer ministro Alexis Tsipras, en el marco de una severa crisis política desatada al interior de su partido y de la coalición gobernante.

El presidente de Grecia, Prokopis Pavlopulos, disolvió ayer el Parlamento y convocó a elecciones anticipadas para el próximo 20 de septiembre, horas después de que jurara en su cargo el equipo ministerial que integrará el gobierno provisional encargado de gobernar el país hasta los comicios.
El Parlamento que surja de las elecciones se constituirá el 1º de octubre, de acuerdo con el decreto firmado por Pavlopulos.
Las elecciones anticipadas se hicieron necesarias tras la dimisión, hace nueve días, del primer ministro Alexis Tsipras, en el marco de una severa crisis política desatada al interior de su partido y de la coalición gobernante tras obtener el primer desembolso del tercer rescate para Grecia. Tsipras justificó su decisión en la necesidad de pedir un nuevo mandato al pueblo tras el cambio de rumbo que dio el gobierno de Syriza y de cara a aplicar con el apoyo popular los acuerdos alcanzados con las instituciones, que incluyen un nuevo y severo ajuste.
La disidencia interna dentro de su partido y en las filas de su grupo parlamentario –donde más de 40 diputados le negaron el respaldo en la votación del tercer rescate– fueron el detonante de estas elecciones anticipadas. Uno de los resultados de esta fractura interna fue la fundación de un nuevo partido, Unidad Popular (UP), dirigido por el ex ministro de Energía Panayotis Lafazanis. La oposición de derecha y el nuevo partido Unidad Popular, formado por los 25 diputados disidentes de Syriza, deseaban que los comicios fueran una semana después para tener más tiempo para la campaña electoral.
La campaña electoral va a ser una de las más cortas de la democracia griega y, con 23 días, sólo supera en dos jornadas a la celebrada en 1996.
Poco antes de disolver el Parlamento, Pavlopulos tomó juramento al nuevo equipo de 10 ministros que gobernarán de forma transitoria junto a la presidenta de la Corte Suprema y ahora primera ministra interina, Vasiliki Thanou, que ya tomó posesión de su cargo. El nombramiento de un gobierno interino es necesario en Grecia cuando la disolución del Parlamento se produce como consecuencia de la dimisión de un primer ministro.
Una encuesta publicada ayer por el periódico Efimerida ton Syntakton registra que los griegos quieren seguir apostando por Syriza y que un 23 por ciento de los electores daría su apoyo al actual partido en el poder, frente al 19,5 por ciento que respaldaría a los conservadores de Nueva Democracia (ND).
En tanto, UP, la formación creada a partir de la escisión de Syriza, sólo contaría con la simpatía del 3,5 por ciento de los votos, frente al 2 por ciento que conseguirían los Independientes.
El 64 por ciento de los consultados cree que la decisión de Tsipras de dimitir para buscar un nuevo mandato en elecciones anticipadas fue “equivocada”, mientras que el 68 por ciento está de acuerdo en que Grecia debe permanecer en el euro a cualquier precio, incluso si eso significa más austeridad.
Un tercio de los que apoyaron al partido de Tsipras en las elecciones de enero que lo llevaron al poder ahora se muestran dubitativos de si volverán a votarlo, según el periódico. Además, según el sondeo, hay un 25,5 por ciento de indecisos, lo que supone el mayor bloque.
En declaraciones a la edición del rotativo digital Avgi, el hasta ahora primer ministro Tsipras dio por comenzada la “gran batalla electoral”.
“El pueblo griego dará un mandato fuerte para el presente y el futuro. Grecia no puede volver atrás y no lo va a hacer, solo marchará hacia adelante”, dijo Tsipras.
Los griegos votarán así por tercera vez en este movido año, en el que el país tuvo que aceptar más austeridad a cambio de un tercer plan de ayuda de hasta 86.000 millones de euros. Estos comicios son además el quinto sufragio en seis años en un país duramente afectado por la crisis, con una tasa de desempleo superior al 25 por ciento.
Las nuevas medidas económicas, entre ellas un aumento del IVA, fueron precisamente las que motivaron la escisión en Syriza. El líder de la nueva formación de los disidentes, Lafazanis, repitió en los últimos días que no excluía una salida de Grecia de la zona euro. Tsipras espera que la renovación de los 300 escaños del Parlamento le permita reafirmar su base.
La cartera de Finanzas recayó en George Chouliarakis, principal negociador de Grecia para la puesta en marcha del tercer plan de ayuda en Bruselas.
Durante el traspaso de poderes con su predecesor Eucleides Tsakalotos, el nuevo ministro subrayó que “el objetivo principal” del gobierno interino es “no perder el tiempo”. “Hay que avanzar para consolidar la economía griega lo antes posible y restablecer la confianza”, afirmó.
De la misma forma, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, recordó, en una carta de felicitación dirigida a la nueva primera ministra griega, “la necesitad de realizar reformas a tiempo para garantizar el éxito del programa” firmado entre Atenas y Bruselas.

¿Por qué hablarían los represores?

El argumento de que los represores de la dictadura dirían la verdad sobre sus crímenes si no fueran perseguidos penalmente es tan falaz como el que sostiene que la acción penal impide que ellos rompan el silencio. Estos argumentos, que se presentan como dos caras de lo mismo, se desarman con sólo examinar qué dijeron públicamente los represores cuando contaron con impunidad para sus crímenes.

 Por Claudia Feld y
Valentina Salvi *


Entre el indulto de Menem y la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad, muchos represores rompieron el silencio. Desde las declaraciones negacionistas de Massera hasta los exaltados ataques contra los organismos de derechos humanos de Etchecolatz, pasando por la defensa de la tortura del Turco Julián en Telenoche y de Astiz en la revista Tres Puntos, durante los ’90, los represores hablaron, sin condicionamientos y sin amenazas de castigos, y lo máximo que les ha ocurrido, en tal contexto, fueron juicios por apología del delito. Lo que hicieron, en todos los casos, fue poner en duda la verdad obtenida por la Conadep y el Juicio a los ex comandantes, negando lo que ya a esa altura era innegable y cuestionando el testimonio de sobrevivientes y familiares de desaparecidos. Y, por cierto, ninguno se arrepintió.
Ni siquiera Scilingo, cuyas declaraciones reimpulsaron el debate público sobre el pasado reciente en 1995, brindó informaciones que no se supieran: los llamados “vuelos de la muerte” que describió eran conocidos por declaraciones de sobrevivientes desde mucho antes. Tampoco dio los nombres de las 30 personas que dijo haber arrojado al mar. Si bien fue el único represor llevado a la Justicia en aquellos años, ya que fue citado por el juez Garzón en España y accedió voluntariamente a viajar (recordemos que Argentina respondió negativamente a todos los pedidos de extradición de los países europeos para juzgar a los represores), la experiencia demuestra que las declaraciones de represores que no se encuentran sometidos a un proceso judicial no incluyen necesariamente informaciones novedosas ni verdaderas; y mucho menos listas sobre lo ocurrido a los desaparecidos –tanto las personas adultas secuestradas y asesinadas como los niños apropiados–, de los que todavía hoy no se conoce su destino.
Sin embargo, a pesar de esta experiencia, muchas voces están tratando de instalar la idea de que los juicios por crímenes de lesa humanidad se hacen en detrimento de la verdad sobre los hechos. Los dichos del obispo Casaretto en un panel organizado por la UCA, diciendo que “cuando más justicia aplicamos, parece que menos verdad recuperamos, y cuanta más verdad queremos recuperar, más suaves tenemos que ser en la justicia aplicada”, son sólo una entre muchas expresiones que van en ese sentido, publicadas mayormente por el diario La Nación.
Los juicios son escenarios de construcción de una verdad que surge por la confrontación de distintos testimonios y documentos. Tal como afirma el CELS, permitieron aportar una gran cantidad de información sobre el sistema desaparecedor. En ese marco, los tribunales constituyen un escenario particular de enunciación de la palabra de los represores. Si bien muchos acusados permanecen en silencio o reponen sus desgastados argumentos justificatorios y reivindicativos, unos pocos han roto el “pacto de silencio”. En la causa conocida como “Guerrieri I”, Eduardo Costanzo acusó a los miembros de la patota de la Quinta de Funes y aportó información –sólo conocida por los responsables, porque no hay sobrevivientes– para averiguar la identidad de una nieta luego recuperada. Otro ejemplo es el del cabo Miguel Angel Pérez que dio detalles, acusó al Ejército y lloró, moralmente abatido, frente a los jueces cordobeses que lo juzgaron.
¿En qué condiciones hablarían entonces los represores? ¿Lo harían seducidos por esta suerte de “cultura del diálogo” tal como propone la UCA? En Argentina, ya hubo escenas de diálogo que, sin embargo, estuvieron lejos de generar las condiciones para que los represores dijeran la verdad. Durante los años ’90, los conductores de los programas Tiempo nuevo, Hora clave y Hadad & Longobardi presentaron a su audiencia, en varias oportunidades, mesas en las que ponían a dialogar a represores, integrantes de Famus, miembros de organismos de derechos humanos, familiares de desaparecidos, sobrevivientes de centros clandestinos y exmiembros de las organizaciones armadas. La imposibilidad de un diálogo, concebido en estos términos voluntaristas y al amparo de la impunidad, es decir sin un marco judicial que sustente las declaraciones efectuadas y proteja a las víctimas, llevó los dichos al sinuoso terreno de lo opinable. El punto más álgido fue cuando, en el programa de Grondona, Etchecolatz se cruzó en una fuerte discusión con el diputado Alfredo Bravo, quien fuera secuestrado y torturado por un grupo de tareas al mando de Camps, jefe directo de Etchecolatz. Revirtiendo las culpas y las acusaciones, Bravo tuvo que (volver a) defenderse de su torturador. La “cultura del diálogo” que esos programas promovieron otorgó a los represores el derecho a dar su opinión como un camino legítimo hacia la “reconciliación”, lo cual significó escuchar cómo, impiadosamente, revictimizaban a sus víctimas y a los familiares, echando sobre ellos un manto de sospechas e incluso amenazándolos.
Descalificando el escenario judicial, donde deben comparecer víctimas y victimarios, la UCA y otras universidades privadas proponen hoy un diálogo entre víctimas. Así intentan producir el pasaje, según el título de la mesa en la que se encontraron Larrabure y Morandini, “de la lógica del enfrentamiento a la cultura del diálogo”. Pero, ¿qué nueva verdad podrían decir las víctimas en ese encuentro con otras víctimas?, ¿qué verdad puede surgir de la igualación de las personas por su sufrimiento?, ¿es posible averiguar la verdad cuando ni siquiera es requerida la palabra de los responsables de la desaparición de personas y de la apropiación de niños? Esta propuesta de “diálogo” parece, por lo tanto, ubicar el terreno de la verdad fuera de las responsabilidades concretas: se trata del triunfo de la regla de “nadie”, donde todos son víctimas y nadie es culpable. Los voceros de esta propuesta no están intentando, por lo tanto, conocer información hasta hoy desconocida, que los represores siguen ocultando, sino instalar una verdad exculpatoria. Esta es la verdad que propugnan, la que justifica el camino a la impunidad.
* Investigadoras del Conicet.