Mirko Casale
28 ene 2026
Una bandera finlandesa ondea frente a una vista parcial de la ciudad de Helsinkidiegograndi / Gettyimages.ru
Durante los últimos años, Finlandia ha logrado posicionar en grandes medios, vocerías políticas e incluso círculos historiográficos el discurso de que su país es una víctima histórica de Rusia, presentada como una potencia que la habría agredido de forma casi permanente a lo largo de los siglos. En años recientes, la clase política, mediática y académica finlandesa ha logrado imponer con notable éxito la imagen de Helsinki como víctima inocente de la agresividad de Moscú, hasta el punto de justificar su ingreso en la OTAN en 2023 como una medida inevitable de autoprotección frente a la supuesta "maldad expansionista rusa".
Durante los últimos años, Finlandia ha logrado posicionar en grandes medios, vocerías políticas e incluso círculos historiográficos el discurso de que su país es una víctima histórica de Rusia, presentada como una potencia que la habría agredido de forma casi permanente a lo largo de los siglos. En años recientes, la clase política, mediática y académica finlandesa ha logrado imponer con notable éxito la imagen de Helsinki como víctima inocente de la agresividad de Moscú, hasta el punto de justificar su ingreso en la OTAN en 2023 como una medida inevitable de autoprotección frente a la supuesta "maldad expansionista rusa".



