24 ago 2015

Fasano responde a Amodio Pérez

DESPUÉS DE 43 AÑOS DE SILENCIO

En 1972, Héctor Amodio Pérez le entregó a Federico Fasano un manuscrito para que, a partir de él, escribiera un libro. Fasano comprendió enseguida que el libro legitimaría el golpe de Estado que estaba por producirse, y se negó a escribirlo. En esta entrevista con Caras y Caretas recuerda los detalles de aquel episodio negro y aventura las razones que pudieron haber traído a Amodio de regreso a Montevideo.


Por    Mateo Grille  ago 22, 2015





Federico Fasano Mertens es bien conocido por los uruguayos. Fue director de seis diarios nacionales, de tres radios, de dos canales de televisión y del periódico francés Le Monde Diplomatique para América Latina. También fue director de Comunicación Social de la Presidencia de la República de México y autor del Plan Nacional de democratización de la prensa, radio y televisión de ese país, que propuso una ley de 450 artículos que la Unesco consideró, en 1981, como “única en América Latina”. Ocupó la Secretaría de Cultura de la Federación Latinoamericana de Periodistas y presidió el Tribunal de Honor de la Asociación de la Prensa Uruguaya. En 1983 le fue otorgado, en España, el Premio Internacional de Periodismo, que donó a los familiares de los presos políticos uruguayos.


¿Cuándo y cómo conoció a Héctor Amodio Pérez?


Lo conocí a principios de la década del 60, cuando se fundó BPColor, el primer diario offset de América Latina. Él era dirigente del Sindicato de Artes Gráficas, trabajaba en la sección fotomecánica del matutino, y yo era dirigente de la Asociación de la Prensa y trabajaba como jefe de noticias en el diario. Ambos integrábamos las comisiones internas sindicales, en las que también militaba Samuel Blixen, cronista policial. Amodio compartió con nosotros esas jornadas sindicales, exhibiendo su solidaridad, su energía y su capacidad organizativa.

Nos hicimos amigos. Todos lo queríamos. Así como nos sorprendía su coraje, que no contemplaba consecuencias.


Un año después dejé de verlo. Había pasado a la clandestinidad. Fue uno de los fundadores del MLN.

Amodio, un hombre de acción por sobre todas las cosas –las palabras dividen, decía en esas épocas–, se constituyó en leyenda. Muchas de las increíbles acciones tupamaras que asombraron al mundo le fueron atribuidas, con o sin razón. Cuando las prisioneras tupamaras fueron liberadas de la Cárcel de Mujeres, dejaron como recuerdo un corazón dibujado con la foto de Amodio, como símbolo de gratitud por su valor.

¡Qué tragedia la de Amodio Pérez, qué tragedia! Cuanto más alto es el pedestal, más dolorosa es la caída. Los sueños, en general, vuelan alto, pero si tocan el suelo, como pasó con Amodio, se arrastran y mueren.


¿Cuándo volvió a verlo?


Diez años después. Al comienzo de la primavera de 1972, hace 43 largos años. Su padre, un proletario a quien yo había designado jefe del taller de Impresora Alborada y que había trabajado conmigo en los otros diarios que dirigí hasta que fueron clausurados, me entrega en mi domicilio, frente a la Plaza del Entrevero, una esquela de puño y letra de su hijo Héctor, donde me informa que está detenido en una unidad militar y que quiere verme para sacar un libro con sus memorias. Aclara que tiene escrito un borrador al que yo debo dar forma periodística y editarlo. Insiste en que quiere explicarme personalmente las razones de su decisión, y que si acepto, la reunión podría llevarse a cabo en el Batallón Florida. Le contesté que iba a reflexionar sobre el tema y lo llamaba.


Me llamó mucho la atención que fuera posible reunirme con Amodio en el Batallón Florida. Lo primero que hice fue hablar con mi hermano Carlos, dirigente de los GAU, quien de inmediato se reunió con Héctor Rodríguez, secretario general de su organización. Aunque había rumores, nadie sabía que Amodio estaba detenido en un cuartel. Con Rodríguez y mi hermano fuimos a ver al general Liber Seregni, quien me pidió que continuara el diálogo para saber qué estaba pasando, “que tirara del piolín a ver hasta dónde llegaba”. Le informo a Amodio padre que acepto reunirme con su hijo, pero que primero debo ver el borrador que escribió, para saber dónde estoy parado.


El domingo 24 de setiembre me entrega los originales de las 61 carillas de cincuenta líneas y ochenta espacios cada una, que debían ser transformadas por mí en un libro de trescientas páginas.


Sólo hojear esas carillas me bastó para comprender que se trataba de un texto cuya difusión implicaba el desafuero y la prisión de varios legisladores del Frente Amplio y de parlamentarios antigolpistas del Partido Nacional e, incluso, aunque en menor proporción, legisladores del Partido Colorado; gran excusa para hacer florecer las condiciones subjetivas para un golpe de Estado.


Con mi hermano Carlos y Héctor Rodríguez le llevamos el texto a Seregni, quien, visiblemente preocupado, citó a una reunión en su propia casa para la mañana del jueves 28 de setiembre, a la que asistieron Zelmar Michelini, Rodney Arismendi, José Pedro Cardozo, Juan Pablo Terra, Héctor Rodríguez y yo, mientras que a Mario Benedetti, que estaba internado con un ataque de asma, se le informó, recién al día siguiente, para conocer la opinión del 26 de Marzo. Ahí informé sobre el contenido de los apuntes y la posibilidad de mi encuentro con Amodio en el Cuartel Florida.


Hubo unanimidad: había que abortar la idea de ese libro, que comprometería a todos los antigolpistas de izquierda y de los partidos tradicionales, y para ello yo debía correr el riesgo de reunirme con Amodio en el Batallón Florida, a fin de descubrir los alcances del complot contra las instituciones. También se resolvió que la tarea le quedaba grande al Frente Amplio, asediado por el autoritarismo en ciernes, y que se debía buscar el apoyo de Wilson Ferreira Aldunate.


Culminado el cónclave me dirigí, en horas de la tarde, al despacho del presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Gutiérrez Ruiz, de quien era amigo personal, confidente de primicias en largas tertulias nocturnas que manteníamos en El Balón de Oro, cuando yo dirigía aquellos cinco diarios clausurados por Pacheco. Asombrado, el Toba convocó de inmediato a su despacho a Wilson, a quien le dije que actuaba por instrucciones del general Seregni y que estaba autorizado a entregarle una copia de las 61 páginas del manuscrito de Amodio.


A esa reunión siguieron otras en la casa de la madre de Wilson, frente al Gaucho, y finalmente Ferreira se comunicó con el entonces comandante en jefe del Ejército, general César Martínez, e intentaron proteger mi vida.


Me habían advertido que en cualquier momento me pasaban a buscar para ir al Florida. Me reúno con el padre de Amodio el domingo 1º de octubre, y la reunión queda para el día siguiente, a las 10 de la noche.


Mi esposa, Charo Márquez, médica siquiatra, un lujo de mujer, intenta por todos los medios convencerme de no encontrarme clandestinamente con Amodio, alegando el peligro al que me exponía no sólo yo, sino también a ella y a mis cinco hijos. Estoy atado al mástil, le dije. Nunca me lo pudo perdonar. Fue una de las causas de nuestra separación; cuando me condenó el Escuadrón de la Muerte, cuando me avisan que los capitanes del Florida me buscan para vengarse, cuando irrumpió el infame golpe de Estado, el asalto a mi casa, la huida, mis hijos quedando como rehenes del inspector Víctor Castiglioni, el exilio y todo lo demás. Fue otra de las tristes consecuencias de mi intervención en el caso Amodio. Y Charo tenía razón. Pero, como en las tragedias griegas, hay hechos que son inevitables. No me arrepiento de haber corrido el riesgo por una causa justa.


La reunión en el Florida finalmente se llevó a cabo en la medianoche del lunes 2 de octubre de 1972 y duró hasta las 7 y 30 de la mañana del martes 3. Me llevó el capitán Luis Eduardo González. Al entrar al Florida conmigo, la guardia se cuadró ante él. González me presentó a los capitanes Calcagno y Aguirregaray y luego me dejaron a solas con Amodio durante casi 8 horas.


¿Qué pasó en esas 8 horas?


Es muy largo para resumirlas. Algún día lo contaré in extenso, pero por ahora, después de 43 años, siento con orgullo haber cumplido con el mandato que me dieron la izquierda uruguaya y los propios compañeros tupamaros consultados: no publicar ni una sola letra de ese manuscrito.


Puedo decir que Amodio intentó convencerme de las bondades del golpe antioligárquico, protagonizado por oficiales nacionalistas de las FFAA, que detonaría en diciembre con la publicación de sus memorias.


¿Fue esa idea la que llevó a Amodio a elegirlo a usted para escribir sus memorias?


Fue multicausal. La amistad, el compañerismo sindical, el haber designado a su padre como jefe del taller de la impresora, mi revisionismo histórico, la necesidad de nuevos recursos económicos para editar un nuevo diario de izquierda, la lucha de mis diarios contra la rosca oligárquica –término éste que se constituyó en el santo y seña de la denuncia de esos diarios contra la corrupción del poder económico–, así como otras circunstancias que convergieron en una “alineación de astros” para estar en el lugar y en el momento exactos para ser parte de esta historia, para nada agradable.


Me ofreció 200 millones de pesos de la época, que yo podría utilizar para la edición del nuevo diario de izquierda, ya que todos los anteriores estaban clausurados.


Salí en defensa de Sendic, a quien respetaba por su honestidad política y personal. Y en eso fue intransigente. Culpaba a Sendic de la derrota. Todo su manuscrito resumía un gran rencor hacia la máxima figura de los tupamaros. Me aseguró que Fernández Huidobro y otros dirigentes guerrilleros, no así Sendic, estaban trabajando con los militares del Florida en la investigación de los ilícitos económicos del poder oligárquico, y que mi amigo Ettore Pierri, a quien yo había contratado como periodista en mis diarios, trabajaba en esa tarea 8 horas por día. Le dije que me parecía muy bien que los prisioneros trataran de convencer a sus captores, haciéndoles saber que estaban al servicio de la oligarquía y no de la emancipación popular. Es la regla de oro de la contradicción principal, oligarquía-pueblo.


Pero muy distinto era unirse a los militares, como hacía él, para intentar editar un libro que terminaría con el procesamiento de los principales líderes de la izquierda uruguaya y de los dirigentes antigolpistas de la burguesía nacional.


En ese punto todo se trancaba. No podía explicar cómo revelaba los encuentros del MLN con el Frente Amplio y con los líderes antigolpistas, principalmente del Partido Nacional y algunos del Partido Colorado. El manuscrito era el pretexto perfecto para el inicio del terrorismo de Estado más implacable que conoció el país.


A sabiendas de encontrarme en un cuartel, del cual podría no salir, le dije que consideraría la idea siempre y cuando se suprimieran todos los nombres de los dirigentes de izquierda y de los antigolpistas que no eran de izquierda. Me contestó que eso era lo único que no podía suprimir.


La confesión era clara. La moneda de cambio de su libertad y la de su mujer no era el arreglo de los papeles del teniente Méndez, ni la señalización de lugares o la entrega de compañeros: era la edición de ese libro, buscando el desafuero de gran parte de la clase política, para legitimar el golpe de Estado.


Amodio me miró por última vez y creo que se dio cuenta de que su misión conmigo había fracasado. Sin embargo me dejó ir con la derrota en su rostro. Quizás aún no había condiciones para intentar retenerme prisionero.


Han pasado tantos años y aún no puedo explicarme cómo a Amodio se le ocurrió pensar, aunque fuera por un instante, que yo podría escribir un libro en el que delataba a los principales dirigentes del Frente Amplio, la organización política que ayudé a formar con todas las fuerzas de los diarios de masas que fundé, sufriendo clausuras, prisión, atentados, persecuciones y penurias. Sólo la insensatez puede explicar esa falta de intuición y de análisis sobre el destinatario de su propuesta.


¿Volvió a verlo o a saber de él en alguna otra oportunidad?


Nunca más lo vi, ni supe de él.


Después de la entrevista, los hechos ya han sido revelados: mis cinco reuniones con dirigentes de todas las organizaciones frentistas y con Wilson y Gutiérrez Ruiz, mi condena a muerte por el Escuadrón de la Muerte –publicada en el semanario Azul y Blanco–, el intento de los capitanes del Florida de llevarme de nuevo por la fuerza al cuartel, desestimado por el coronel Legnani, el secuestro del que fui objeto en mi domicilio, donde me encapucharon y trasladaron a una casa secreta donde me interrogó el coronel Trabal, mi reunión con el comandante del Ejército, el general antigolpista César Martínez, mi retorno al Batallón Florida para reconocer todos los lugares donde estuve, ya que el jefe del batallón negaba mi presencia clandestina en su unidad, mis citaciones al Regimiento Nº 1, en el kilómetro 14 de Camino Maldonado, del cual dependía el Batallón Nº 1 Florida. Ese regimiento estaba comandado por un militar de honor, antigolpista, el coronel Caballero, con el cual mantuve varias reuniones con mensajes para Seregni. El primer papelito que me dio el padre de Amodio, redactado por su hijo, y que le entregué al senador Dardo Ortiz, permitió confirmar mi denuncia sobre los preparativos del golpe de Estado.


En la sesión parlamentaria del 8 de mayo de 1973, cuyas actas conservo con orgullo luego de los peligros vividos, todos los partidos políticos reconocieron, a través de las exposiciones de los senadores Ferreira Aldunate, Michelini, Paz Aguirre y Terra, que “la conducta intachable y muy digna del señor Fasano, desechando una abultadísima suma de dinero, contribuyó eficazmente a desbaratar una conjura contra las instituciones y el sistema político del país”.


¿Por qué estima que volvió Amodio Pérez?


No tengo ninguna duda, conociéndolo, de que volvió porque no quiere llevarse a la tumba su imagen de traidor.


Se irá con las dos versiones. Si el silencio lo condenaba, la elocuencia de hoy, también.

Un hombre que deja su tranquila vida de trabajador especializado y la pone en riesgo al servicio de una idea noble y solidaria, que es concretar ese sueño milenario de justicia y libertad, que nos era tan esquivo; que pierde poder en la correlación de fuerzas internas y es desplazado de todos los mandos, escurriéndosele, además, todo aliciente en la lucha social debido a su orgullo, su falta de autocrítica, su rencor frente al líder y fundador; agravada su desolación por la captura de su compañera afectiva, hundiéndose en el abismo de colaborar con los torturadores y ayudar a los terroristas de Estado en su macabro plan de exterminio selectivo de las fuerzas populares, no puede irse de este mundo sin una oportunidad de expiación personal.


Creo que en sus últimos 43 años de vida debe haber padecido un infierno dantesco. No soy de los que creen que al huir, en la forma en que lo hizo, obtuvo su felicidad.


Fui su amigo. Fue, durante una década, un idealista, y el hubris lo derrotó. Y como la historia, como me enseñó Tácito, debe escribirse sin pasión y sin ira, no puedo ocultar que me duele Amodio Pérez. No me solazo con su tragedia personal. Me entristece.


Hubiera preferido que volviera a pedir perdón a la izquierda uruguaya y a sus compañeros tupamaros por los crímenes de conciencia cometidos. Le digo lo mismo que a los militares que instalaron el terrorismo de Estado en nuestra Nación: no puede haber perdón sin un acto de contrición, sin el reconocimiento de las terribles sevicias cometidas.


Pero no fue así. Volvió con el orgullo herido, atacando nuevamente a su organización, a sus compañeros, en definitiva, a la izquierda en el poder, y lo hizo de la mano de un diario que fue el intelectual orgánico de la dictadura.

En lo que a mí respecta, sigue sin entender que hice lo que debía hacer.


Me dedica, en el libro Palabra de Amodio, veintitrés referencias. Afirma en la página 218 del primer libro de Marius, Tiranía de la miseria, que “contactar con Fasano fue uno de los errores más grandes de mi vida”.


Y tiene razón. No se le ocurre, por un instante, que si yo hubiera escrito sus memorias, el traidor era yo; traidor a mi conciencia, a mis ideas, a mi historia y a la izquierda a la que entregué mi vida. No puedo ni imaginarme en esa situación. En ese mismo libro también me acusa de haberle “tendido una trampa y caí como un chorlito” (página 218), para agregar que lo usé para “encumbrar a Fasano como salvador de la democracia y a punto estuvo de conseguirlo” (páginas 219 y 224).


En el libro reitera el tema de la trampa de Fasano (página 136) y me acusa de construirle “una encerrona con el MLN y Ferreira Aldunate” (página 197) y de haber pergeñado, junto con Trabal, Ferreira Aldunate y Fernández Huidobro, “la estratagema de mi manuscrito escrito en hojillas” (páginas 211, 219 y 220).

Acá lo único cierto es que yo no traicioné mi conciencia y él sí lo hizo, y vaya si lo estará pagando, porque Amodio es también un ser humano y también tiene conciencia, y debe estar sufriendo como sufría Shylock en El Mercader de Venecia.

Traicionar su conciencia debe ser lo más terrible que puede pasarle a un ser humano, cuando se mira todos los días al espejo de su propia alma.


Y cómo cuesta curarse de la infección del alma. La única vacuna es la humildad y el arrepentimiento.


Volvió con más de lo mismo. Denigrando a la organización que fundó, siendo funcional a los intereses contrarios a un gobierno de izquierda, llevado a todos lados de la mano del diario que fuera intelectual orgánico de la dictadura. Este rifirrafe que está protagonizando es la reiteración de un gran error.


¿Tiene algún mensaje para su ex amigo?


Se me ocurren rápidamente tres.


El primero, que intente ser el original de los años 60, tirando al basurero de su historia la fotocopia impresentable que es hoy. Y no comparo los crímenes de conciencia que cometió un prisionero aterrado ante el horror de la tortura y la muerte, suyas y de su compañera, con los crímenes de lesa humanidad que esa jauría uniformada, que gozaba con las torturas y violaciones de seres humanos indefensos, cometió contra prisioneros desarmados.


Segundo, que lea a Hegel, que explica cómo cuando se tiene una segunda derrota generalmente es por no haber comprendido el significado de la primera.


Este retorno es su segunda derrota.


Y finalmente, decirle que aún tiene espacio y tiempo para expiar sus culpas. Que aproveche esta estadía prolongada en nuestro país, no prevista en sus planes, para ponerse al servicio de la Justicia, demandada a gritos por veintiocho mujeres dignas, ultrajadas por esa cobarde pandilla de bribones armados que, violando su juramento estatal, transformaron su obligación de proteger a los ciudadanos en el miserable derecho de pernada sobre mujeres indefensas.


No creo que Amodio haya torturado a nadie. No lo concibo. Pero si es verdad, como afirma una de las denunciantes, que estaba presente en la tortura, obligado o no, si es verdad que presenció cómo violaban a sus compañeras, delito estatal imprescriptible, que agradezca al destino haber retornado, para denunciar con nombres y apellidos a esas lacras humanas. Puede ser su gran minuto de piedad de los últimos 43 años. Como decía el genio Jorge Luis Borges en su ‘Biografía de Tadeo Isidoro Cruz’, “cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Quizás este sea el momento más importante en el presente de Amodio. El momento de mirarse al espejo queriendo encontrar la imagen de su juventud perdida, comprometida antaño con el mejor humanismo, y quizás, ¿por qué no?, se anime a zambullirse en ese gesto que le propongo.


Quizás un gesto que cambie el rumbo de su desdichada vida.


Y así, podría morir en paz consigo mismo.

Revelan crímenes contra soldados durante dictadura argentina

La oficialidad durante la última dictadura cívico-militar en Argentina apañó abusos y torturas perpetrados contra sus propios soldados que combatieron por las Islas Malvinas en la guerra de 1982, revelan hoy informes desclasificados.


23 agosto 2015 |
Soldados en la Guerra de las Malvinas. Escena de la película Iluminados por el fuego
Soldados en la Guerra de las Malvinas. Escena de la película Iluminados por el fuego
En un artículo especial de su edición dominical, el diario Tiempo Argentino detalla un documento secreto el cual corrobora el plan de la jerarquía dictatorial para esconder los crímenes que la superioridad cometió contra su propia tropa.
El documento lo firmó el teniente general Cristino Nicolaides, entonces comandante en jefe del Ejército e integrante de la cuarta Junta Militar, el 30 de diciembre de 1982, seis meses después de terminada la contienda bélica.
El material fue encontrado durante la desclasificación que ordenó la presidenta Cristina Fernández, el 2 de abril pasado, de archivos relativos al conflicto con el Reino Unido.
También se hallaron nuevos casos y pruebas que los excombatientes presentarán en los tribunales federales de Tierra del Fuego en los próximos días, adelanta Tiempo Argentino.
La documentación evidencia que Nicolaides dejó asentados los lineamientos para ocultar las torturas que los oficiales y suboficiales aplicaron a los conscriptos en un escrito que dirigió al Comandante del V Cuerpo del Ejército “Teniente General Julio Argentino Roca” en los últimos días de 1982.
Ante la posibilidad de que se impulsara una investigación interna en aquel comando ordenó que los vejámenes fueran considerados como simples faltas disciplinarias.
En los casos en que eso fuera imposible por la gravedad del hecho dictaminó que se le informara la situación a él en persona para resolver el problema.
Se trató de una orden que se impartió hacia las estructuras militares del Ejército que participaron del conflicto bélico: las unidades y brigadas del I Cuerpo; el III Cuerpo; y el V Cuerpo de Ejército que viajaron a las islas, asevera la publicación.
Además, en la instrucción castrense no se citaba a declarar a las víctimas por expresa orden del jefe del Ejército, sólo se utilizaba la denuncia que habían hecho los soldados por escrito y firmado al pisar el continente.
Ante este escenario, al ser citados, los victimarios negaban los cargos en su contra. Y como no había una réplica, en muchas ocasiones el Ejército cerraba el “trámite administrativo” porque no podía “constatarse el hecho”.
(Con información de PL)

Cómo Alemania ganó 110.000 millones de dólares con la crisis de Grecia

Los estereotipos nacionales han simplificado la respuesta a estos interrogantes reduciendo la complejidad de la crisis a un enfrentamiento entre un laborioso y responsable ciudadano alemán y un vago y despilfarrador griego.

BBCMUNDO

¿Quién se ha beneficiado con la crisis griega? ¿Quién ha salido perjudicado?

No importa que las estadísticas de la propia Unión Europea muestren que los griegos trabajan más horas que los alemanes.

El estereotipo facilita la propagación de un determinado discurso gracias a una simplificación funcional a los titulares mediáticos y las citas de los políticos ante las cámaras televisivas.

La premisa de este discurso es que el principal contribuyente europeo de los rescates griegos, Alemania, ha sido el gran perjudicado.

Esta tesis dominó el debate en el Parlamento alemán el miércoles, cuando se aprobó el nuevo rescate de Grecia acordado este mes.

Sin embargo, las empresas alemanas ya se están beneficiando de la crisis griega. El gobierno de Atenas acordó vender a una compañía alemana, Fraport AG, los derechos para operar 14 aeropuertos regionales. Este convenio de 1.370 millones de dólares es el primero en una ola de privatizaciones que van de la mano del bailout.

Es más: por más que en Berlín se sientan perjudicados, un estudio del Halle Institute for Economic Research (IWH) de Alemania muestra una realidad mucho más compleja y equívoca.

Basándose en cifras oficiales, el estudio revela que Alemania ahorró unos110.000 millones de dólares en intereses desde 2010 gracias a la crisis griega.

El director del IWH, Reint Gropp, explicó a BBC Mundo la mecánica de este beneficio.

"Cuando hay turbulencias financieras se produce una fuga de los inversores hacia la calidad, es decir, hacia la inversión más segura y de menor riesgo", dice.

"Esta fuga hizo que los inversores buscaran refugio en los bonos alemanes. Con la mayor demanda de sus bonos, bajó el interés que paga el estado alemán por emitir deuda. El resultado es que, gracias a esta caída de las tasas de interés, Alemania ahorró unos 100.000 millones de euros ($ 110.000 millones)", indicó Gropp.

Los huidizos inversores

Más que a una política deliberada del gobierno alemán este beneficio puede considerarse un premio que los mercados dan a la solidez económica y garantía de un reintegro confiable del préstamo.

Las economías más fuertes del planeta tienen esta ventaja certificada por calificadoras de riesgo de inversión como Moody o Standard and Poor.

En este sentido el contraste entre Alemania y Grecia no se debe a presuntos estereotipos nacionales sino a distintos desempeños económicos anclados en complejos procesos históricos, políticos y tecnológicos.

Esta disparidad ha tenido efectos drásticos en la actual crisis y una paradójica conducta de siameses disfuncionales en el comportamiento económico de ambos países.

"Las malas noticias en Grecia se convirtieron en buenas noticias para las finanzas alemanas y viceversa. El día de la elección de Syriza en enero el beneficio automático para Alemania fue una caída del interés de sus bonos del 0,3 %. Es un ejemplo. Esto no empieza con Syriza sino mucho antes", señala Gropp.

En efecto, los 110.000 millones de dólares representan el ahorro germano acumulado con cada paso de la larga crisis griega que desde 2010 incluyó tres rescates, el actual todavía pendiente de la ratificación parlamentaria de varios países de la eurozona.

"Con la crisis los inversores no solo huyeron de Grecia: también huyeron de España, Portugal, incluso Italia. Alemania se benefició de todos ellos. Pero el mayor beneficio lo obtuvo del país con la crisis más profunda, es decir, Grecia", subraya Gropp.
Las cuentas en orden

Este beneficio disminuiría en el caso extremo de que Grecia incurriera en una cesación de pagos.

Una vez que se desgaja la exposición de Alemania en los distintos mecanismos de rescate de Grecia el Mecanismo de Estabilidad Europeo o el Banco Central Europeo se ve que ha contribuido con unos 99.000 millones de dólares.

Así que incluso si se diera el temido default griego, el saldo final para Alemania sería positivo en aproximadamente 11.000 millones de dólares.

Esta mirada más compleja ofrece otro resultado sorprendente.

Alemania se ha presentado como ejemplo de probidad fiscal al exigir un ajuste a Grecia y otros países de la eurozona, como España o Portugal.

En 2014 tuvo un superávit fiscal de 19.800 millones de dólares : un 0,6 % del PBI.

El estudio del IWH señala, sin embargo, que este equilibrio presupuestario alemán no se debe a la probidad germana en el gasto.

"Con estos 100.000 millones de euros ($ 110.000 millones), el estado alemán ha ahorrado alrededor de un 3 % de su PBI en pago de intereses. En otras palabras, si no fuera por la crisis griega Alemania tendría un déficit fiscal", indicó Gropp aBBC Mundo.

La complejidad de las cosas

Visto así a las finanzas alemanas podría convenirle que el parlamento germano no aprobara el rescate y se profundizara la crisis griega.

Gropp disiente de esta visión "extrema" de su propio análisis.

"Lo que hay que entender es que hemos aislado una consecuencia particular de la crisis, el comportamiento del sector financiero y su impacto en las tasas de interés. Este sector no constituye toda la economía. La crisis misma de la eurozona no es una buena noticia ni para Alemania, ni para la eurozona, ni para el mundo", subrayó.

Así las cosas, los "siameses disfuncionales" tendrán que seguir conviviendo mientras resuelven sus diferencias.

Entre tanto, Alemania seguirá beneficiándose de la crisis griega.

"Si se calmara la actual situación, Alemania ya no podría emitir deuda a un interés tan deprimido. Pero para eso falta. La deuda a mediano y largo plazo emitida en los últimos años va a extender esta ventaja que ha obtenido Alemania con la crisis griega por bastante tiempo", indicó Gropp. (I)

DEMOCRACIA Y MEDIOS

ARGENTINA

¡Esto es dictadura, salames!

Hay en América Latina un pésimo uso de la categoría dictadura por parte de los medios de comunicación dominantes y los llamados “formadores de opinión” que en ellos se expresan.Desde Venezuela hasta Argentina, repiten de modo sistemático que los actuales de gobiernos populares son “dictaduras”. Los Jorge Lanata y las Mirta Legrand lo expresan abiertamente, aunque nunca explican la contradicción que supone la libertad que tienen para hacerlo. Gritan que hay miedo, que no existe la libertad de expresión, ¡pero no lo hacen en reuniones clandestinas, sino en los medios de mayor difusión del país!


Y así van anestesiando a la opinión pública e introduciendo en el sentido común la idea de que vivimos una dictadura, que en todo caso sería una “dictadura populista de los votos”, una “dictadura de la mayoría”. Votos y mayoría popular, dos elementos fundamentales de la democracia que, al parecer de algunos de los genios de la comunicación, caracterizan la “dictadura”. ¿Qué será la democracia para ellos?


Pero no, dictadura es otra cosa. Es, por ejemplo, la Noche de los Bastones Largos, un hecho que ocurrió un día como hoy pero hace casi medio siglo. Eso era dictadura.


El 29 de julio de 1966, la entonces la Dirección General de Orden Urbano de la Policía Federal Argentina (PFA) desalojó a garrotazos a estudiantes, profesores y graduados que ocupaban las sedes de cinco facultades de la Universidad de Buenos Aires. La PFA había sido intervenida un mes antes por la dictadura de Onganía (esta sí, “democracia” para los medios) y recibió órdenes en el sentido de reprimir duramente.


Claro que Onganía duró poco y diez años más tarde llegaría el Proceso de Reorganización Nacional, una dictadura aún más brutal que la de Onganía y todas las anteriores.


Pero Onganía logró su objetivo, que era iniciar la decadencia cultural y académica en nuestro país, condición necesaria para el sometimiento al neoliberalismo que asomaba y que mostraría su horrible cara en 1976. Cientos de profesores y científicos fueron forzados a emigrar, generando una fuga de cerebros que no hizo más que acentuarse hasta entrados los años 2000 y que únicamente pudo empezar a revertirse en la actualidad, bajo el gobierno que los medios llaman “dictadura”; desde 2003, ya han sido repatriados más de mil científicos.


El proyecto Clementina estuvo entre los muchos que fueron desmantelados por la dictadura de Onganía. Se trataba de una computadora, nada menos que la primera de América Latina. Los militares golpistas ―que solían hablar de escudo y bandera, y a la Patria hacer traición― no podían permitir que nuestro país desarrollara un proyecto así. Las computadoras debían ser monopolio de las potencias occidentales, sobre todo de los Estados Unidos, a cuyos intereses los milicos cipayos servían de hecho. De ahí la Noche de los Bastones Largos, de la necesidad de truncar el desarrollo científico de una Argentina que pintaba para potencia mundial tras avanzar mucho con el peronismo.


Aquello, salames, fue dictadura de verdad. Lo que tenemos en Argentina en la actualidad es democracia, una democracia popular que supo restituir la dignidad de los científicos, artistas e intelectuales en general. Pero como los Lanata, las Legrand y los loros que los repiten no son científicos, artistas ni intelectuales, concluyen que vivimos en dictadura. En su mediocridad, ¿a qué otra conclusión podrían llegar estos formadores de opinión del medio pelo?


La “contribución” de la dictadura de Juan Carlos Onganía a la educación pública: bancos de la Universidad de Buenos Aires listos para hacerse leña y más de 300 científicos expulsados del país.

ITALIA RESCATO EL FIN DE SEMANA A 4400 MIGRANTES EN 22 OPERACIONES DISTINTAS


El drama migratorio confronta a Europa

“La solución humanitaria no puede sustituir a la solución política”, advirtió Roland Schilling, vicedelegado de la agencia de Naciones Unidas para los refugiados. La UE no hace mucho más que operaciones de rescate.
 Por Elena Llorente

Página/12 En Itaila
Desde Roma
Los 4400 migrantes salvados el sábado, en veintidós operaciones distintas, por la Guardia Costera italiana y otras embarcaciones por ella coordinadas, están comenzando a llegar a la península para ser distribuidos en distintas regiones. Nunca se había visto una cifra semejante de rescatados en un solo día en el estrecho de Sicilia (el espacio de mar de unos 100 km que separa la isla de Sicilia, es decir, Italia de Libia). Y éstos más de 4000 son sólo los que tratan de llegar a Italia. De Grecia, en cambio, muchos sirios y afganos que atravesaron primero Turquía decidieron llegar a la Unión Europea a través de Macedonia. Macedonia, que no es miembro de la Unión Europea pero está en Europa, se agregó así a la lista de las zonas fronterizas con grave crisis migratorias, como son Italia, Grecia, Hungría, y Francia-Gran Bretaña, por lo que ocurre en Calais.
Al principio, Macedonia trató de cerrar las fronteras con la policía, tirando incluso gases lacrimógenos. Pero la gente estaba decidida. Muchas madres con niños pequeños, ancianos y jóvenes padres de familias acamparon por varios días en torno de las fronteras, en pésimas condiciones de higiene y alimentación, haciendo presión incluso con sus cuerpos para que los dejaran pasar. El gobierno de Macedonia terminó accediendo. En las últimas 24 horas han llegado a Serbia, pasando por Macedonia, cerca de 8000 refugiados que han sido colocados en los centros de recepción de Presevo, en el sur del país, según informó el secretario de la Cruz Roja local, Ahmet Halimi. La mayor parte de estos viajeros de Siria, Irak, Pakistán y Bangladesh quiere llegar a otros países de Europa. Alemania, Francia, Inglaterra y los países escandinavos son los más requeridos, donde tal vez tienen familiares o por lo menos saben que conseguirán trabajo y una vida tranquila.
En cuanto a los 4400 rescatados, la Guardia Costera recibió 20 llamadas de auxilio el sábado por la mañana de los migrantes que viajaban en 22 barcazas o lanchas inflables. Los traficantes suelen darles un teléfono o al menos un número de la Guardia Costera para que llamen pidiendo auxilio y así ser salvados. Los colaboradores de los traficantes –que suelen ser migrantes ellos mismos y que así se ganan algunos euros– manejan las lanchas y suelen mezclarse luego con el grupo, de manera de pasar inadvertidos cuando son rescatados y llegan a tierra. A no ser que durante el viaje ocurran serios problemas, como la muerte por asfixia de más de 15 personas la semana pasada, obligados a viajar en el sótano de la barcaza sin permitírseles salir a la luz. Los que ven hechos similares a éstos al llegar cuentan su experiencia a las autoridades y la policía puede detener a algunos de los traficantes. El sábado fueron arrestados cuatro de ellos en Messina y seis en Palermo, ambas ciudades de Sicilia. Tenían entre 20 y 40 años y buena parte de ellos eran egipcios. En el caso de los arrestados en Palermo, los inmigrantes contaron que durante la navegación decenas de mujeres y niños fueron encerrados en el sótano de la nave bajo llave y sólo les fue permitido salir cuando sus familias pagaron una considerable suma –además de la pagada antes de embarcarse– como rescate.
Pero aparte de las operaciones de rescate realizadas por las autoridades italianas y ciertas cuotas de refugiados que aceptan recibir algunos de los países, la Unión Europea no está haciendo mucho más. Y en este aspecto fue muy claro el vicedelegado para el sur de Europa de la UNHCR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, Roland Schilling. “Tenemos necesidad de mayor colaboración en Europa. La solución humanitaria no puede sustituir a la solución política –dijo en declaraciones a Rai News, la televisión pública italiana–. Estamos viviendo una tragedia terrible. La mitad de la población siria está en movimiento, refugiándose en los países cercanos o en otros. Hay necesidad de una mayor asistencia humanitaria pero también de una mayor solidaridad entre los países europeos.”
“Nosotros esperamos que los gobiernos europeos den ayuda. Estamos asistiendo al gobierno griego en su actividad de coordinación y también asesoramos a Italia para ordenarse mejor. Pero queremos mantener nuestros recursos para las situaciones graves del Tercer Mundo, como siempre ha sido. Aunque, si las cosas siguen así, tendremos que aumentar nuestra actividad y dar ayudas de emergencia en el centro de Europa. Y lo haremos”, concluyó.

LABORATORIOS INTERNACIONALES QUE PATENTAN RECURSOS USADOS POR LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

Los piratas de los montes
La biopiratería es la práctica en la que grandes empresas patentan recursos utilizados por pueblos indígenas para comercializar. Esta actividad es amparada por el sistema mundial de patentes, aunque múltiples tratados internacionales intentan limitarla.
 Por Gaspar Grieco *

“En la naturaleza está nuestro alimento y nuestra medicina”, es una de las principales consignas que esgrimen los pueblos indígenas en sus múltiples reclamos por territorio en América latina. La ayahuasca, la maca peruana, la kava y el frijol amarillo son algunas de las hierbas que integran su dieta y forman parte de sus remedios tradicionales desde hace siglos. Sin embargo, las grandes corporaciones multinacionales hoy se apropian de esos recursos sin compartir los beneficios.
La actividad en la que los grandes laboratorios se adueñan de los recursos naturales y de los saberes de los pueblos indígenas alrededor del mundo es conocida como biopiratería, y a través del sistema de patentes que prima en el mundo occidental, estos piratas cuentan con una gruesa armadura.
El reconocido genetista y presidente de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética (Unesco), Víctor Penchaszadeh, opina que “los países centrales, que controlan la economía mundial y las reglas que ellos imponen a través de la Organización Mundial de Comercio, son los que impulsan a sus corporaciones trasnacionales a apropiarse de los recursos biológicos de los países periféricos, para su beneficio económico, político y militar”.
La Organización Mundial del Comercio, en sus Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Adpic), establece en su artículo 27 que “las patentes podrán obtenerse por todas las invenciones, sean de productos o de procedimientos, en todos los campos de la tecnología, siempre que sean nuevas, entrañen una actividad inventiva y sean susceptibles de aplicación industrial (...) las patentes se podrán obtener y los derechos de patente se podrán gozar sin discriminación por el lugar de la invención, el campo de la tecnología o el hecho de que los productos sean importados o producidos en el país”.
Este tipo de legislación protege a quien patenta un nuevo producto; el problema radica en que los pueblos indígenas no establecen sus criterios de esta forma. “El sistema de patentes es un invento de los países del norte para proteger los derechos de las empresas de los países del norte. La propiedad comunitaria de la tierra y los conocimientos tradicionales propios de los pueblos originarios no se protegen por medio de patentes. Simplemente es un sistema que no sirve”, manifiesta Claudio Iglesias Darriba, abogado especialista en marcas colectivas y funcionario del Ministerio de Cultura de la Nación.
Para proteger a los pueblos indígenas de los biopiratas, la Argentina cuenta con un extenso marco legal y está suscripta a numerosos pactos internacionales. Uno de los más celebrados es la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada por la Asamblea General en 2007, y el Convenio sobre la Diversidad Biológica (1992), que brega por la protección de los recursos genéticos y de la utilización de esos recursos por parte de las comunidades indígenas.
“La legislación es bastante completa, pero no hay que olvidar que estamos luchando con un sistema de patentes muy arraigado con leyes que funcionan perfectamente en los países del norte y sería ilusorio pensar que podemos reemplazarlas”, advierte Iglesias Darriba y diferencia a quienes con “esfuerzo y trabajo patentan una marca” de los “monopolios que se manejan de forma ilícita”.
Siguiendo esta lógica, Penchaszadeh se muestra cauto: “La Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética se guía en sus acciones por los lineamientos de la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos de la Unesco de 2005. De esta manera se opone a la biopiratería. Sin embargo, si bien sus acciones contribuyen a difundir la necesidad de que los estados continúen avanzando en medidas colectivas contra la biopiratería, no dispone del poder ni los medios para limitarla”.

El tesoro del pirata

La kava (Piper methysticum) era tradicionalmente utilizada por los grupos indígenas de las islas del Pacífico como desintoxicante para aliviar el estrés, pero luego de que varios laboratorios la patentaron en la década del ’90, hoy es vendida en múltiples formas en tratamientos para la caída del cabello por empresas de cosmética. Los indígenas de las islas del Pacífico nunca participaron de las ganancias que genera.
El cupuaçu (Theobroma grandiflorum) es un árbol pequeño localizado en la selva tropical brasileña cuya fruta ha sido alimento para habitantes indígenas y para animales. La compañía japonesa Asahi Foods la patentó y registró el nombre de la planta como una marca para varias clases del producto en Japón, en la Unión Europea y en Estados Unidos.
La lista continúa y pueden nombrarse cientos de casos en el mundo, pero la biopiratería no se limita al patentamiento de recursos naturales, ya que también se hace de los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios para el tratamiento de esos recursos.
La antropóloga, doctora en Ciencias Naturales e investigadora principal del Conicet María Leila Pochettino explica que “un país puede tener una planta que se puede utilizar para curar el cáncer, otro país tiene el desarrollo tecnológico y pueden hacer un convenio, desarrollan el medicamento y los beneficios se comparten. El problema es que las comunidades originarias que experimentaron con las plantas a lo largo de milenios no forman parte de un país, o los países en donde se asientan no les reconocen sus derechos”.
Limitar la biopiratería a nivel nacional también genera complicaciones, debido a que muchos pueblos originarios extienden su territorio por sobre las fronteras de los países. Por ejemplo, la gran nación mapuche se extiende entre Chile y Argentina, mientras que los guara- níes se asientan entre Argentina, Paraguay y Brasil.
De la península de Florida hasta el norte argentino crece una planta que fue utilizada históricamente por los grupos indígenas para infecciones urinarias, para combatir parásitos y para tratar patologías en la piel, entre otros usos. Los laboratorios se enteraron, pero le dieron otro uso. “Hace unos diez años, tuvo siete patentes en Estados Unidos para medicamentos inmunoestimulantes, que se usan para tratamientos de cáncer y sida. Entonces, ¿quiénes son los poseedores de los saberes o de estas plantas?”, se pregunta Pochettino.
Hoy, los científicos que trabajan en los grandes laboratorios ya no recorren los montes en busca de plantas desconocidas, sino que los desarrollos están basados en la manipulación genética de especies ya conocidas, para encontrar nuevos usos y optimizar recursos.

Memorias del despojo

La búsqueda en la naturaleza a la solución de los problemas de salud, alimento y abrigo es remota. Las célebres expediciones de Marco Polo o Darwin en busca de nuevas plantas y animales conformaron lo que se conoce como bioprospección. Sin embargo, sería erróneo presentar a la bioprospección como el antecedente de la biopiratería ya que esta última supone la protección jurídica a los biopiratas por parte de los países industrializados.
Uno de los ejemplos más emblemáticos de biopiratería es el caso del caucho (Hevea brasiliensis). A finales del siglo XIX, el inglés Henry Wickham seleccionó las mejores semillas de aldeas indígenas para llevárselas de contrabando a Inglaterra. La consecuencia fue desastrosa: en 1919, Brasil, que había disfrutado del comercio del caucho, sólo abastecía la octava parte del consumo mundial. Medio siglo después, Brasil compraba en el extranjero más de la mitad de caucho que necesitaba.
Según Iglesias Darriba, “en Estados Unidos, históricamente, fueron los privados los que instaron al desarrollo mientras que el Estado se limitó a consentir a través de los registros que pudieran llevar adelante estas prácticas sin la suficiente averiguación de los antecedentes del caso”. En Europa, en cambio, “son empresas subsidiadas por los propios estados en las antiguas colonias las que se encargaron del despojo de recursos”, completa.
Con respecto a los tratados y convenios internacionales firmados con el fin de limitar los alcances de la biopiratería, Pochettino opina que son insuficientes por no haber contado con la participación de los pueblos indígenas. “Yo creo que lo central es que estas comunidades tengan participación en cada uno de los convenios que se firmen de ahora en adelante, que estén al tanto de lo que se espera y de cómo se van a utilizar los saberes que poseen y la biodiversidad”, reflexiona.
De esta manera, a pesar de que el extenso marco legal intenta limitar la biopiratería, el modelo extractivista continúa vigente. Pero la lucha constante de los pueblos indígenas no cesa y aquella histórica consigna en la que expresan que en la naturaleza está su comida y medicina sigue impregnando sus pancartas y el color de sus wiphalas.
* Agencia CTyS.

23 ago 2015

El tema de fondo es la verdad histórica

No debería menospreciarse nunca a la derecha. Ni siquiera debemos de dejar de llamarla derecha. En realidad los poderes económicos que sostienen a la derecha política son los que tienen “el poder”, son las clases sociales que sostienen a la derecha, para no hablar con eufemismos.

No debería menospreciarse nunca a la derecha. Ni siquiera debemos de dejar de llamarla derecha. En realidad los poderes económicos que sostienen a la derecha política son los que tienen “el poder”, son las clases sociales que sostienen a la derecha, para no hablar con eufemismos.
Cuando la izquierda pierda o sea obligada a retroceder –lo que alguna vez ocurrirá– deberá recordar que haber menospreciado el papel nefasto de los medios de la derecha habrá sido su pecado más imperdonable.
La derecha es muy inteligente y aprende de sus derrotas. Maneja, además, los grandes medios –que son el principal instrumento en la lucha por la hegemonía cultural– y es capaz de montar grandes operaciones mediáticas.
Entre algunas de estas operaciones, políticas, apuntaladas u orquestadas por los medios de la derecha, cabe destacar la puesta en marcha de “la positiva” en la elección anterior, la construcción de la imagen de “Pompita”, la idea mentirosa de que las capas medias y en particular los jóvenes habían abandonado al Frente Amplio, la de Novick en la elección municipal, la reescritura de la historia reciente, y la flamante “Operación Amodio”.
Ya sabemos que olvidar la historia nos condena a repetirla. Por eso hay que guardar en la memoria colectiva, que en nuestro país, en el período 1968-1985, desde que comenzó el gobierno autoritario de Jorge Pacheco Areco hasta el fin de la dictadura, (período elegido por el gobierno para investigar las violaciones a los derechos humanos), ocurrieron muchas cosas terribles que aún esperan ser investigadas.
El pueblo uruguayo, el liderazgo político, la academia y la Justicia tienen el deber moral de investigar hasta las últimas consecuencias ese período que llamamos “historia reciente”, que condiciona nuestro presente y nuestro futuro, y donde han quedado innumerables responsabilidades sin dilucidar. Ese período es el del fascismo, como se le decía antes.
Investigar y aclarar lo oscuro de este lapso es un problema de salud política y ética nacional. Y conste que todos los viejitos, civiles y militares, que fueron cómplices de la dictadura aún no están muertos.
Al respecto, voy a hacer tres reflexiones:
Los lectores podrán hacer otras tal vez más interesantes, oportunas y apropiadas.
Primero: esa historia reciente es ferozmente disputada hoy por varios bandos –el primero de los cuales está encabezado por el ex presidente Julio María Sanguinetti y los escritores y periodistas que le son funcionales, desde libros, artículos y, sobre todo, programas periodísticos emitidos por los canales abiertos y de cable que están en manos de sus amigos.
Con ellos difunde la leyenda de que Pacheco hizo un gobierno muy respetable, que la dictadura vino por omisión de los políticos de la época (con lo cual golpea, no sólo a la izquierda y a la mayoría blanca de entonces, sino a su propio partido), que no hubo torturas masivas, ni Escuadrón de la Muerte, ni desaparecidos, ni embajada norteamericana entrometiéndose, ni Huelga General, ni manifestación del 9 de julio, ni genocidas, ni tiranos; que no fueron importantes para la derrota de los dictadores ni la resistencia de los trabajadores, de los estudiantes y de todos los demócratas, ni la entereza de los presos políticos, ni la lucha de los exiliados, ni la solidaridad internacional. Para Sanguinetti, nos sacamos a los militares de encima gracias a que los colorados consiguieron dialogar con ellos y tejer con ellos una salida pactada.
Sanguinetti, que no habla del desastre al que habían conducido al país cien años de gobierno blanquicolorado, es el mismo “historiador” que defiende el genocidio de Salsipuedes, perpetrado por los Rivera en los charrúas que habían sido soldados de Artigas.
Sanguinetti, en su libro sobre estos temas, dice más mentiras que Pinocho.
Segundo: Cuando hablo de responsabilidades pendientes no me refiero únicamente a los delitos cometidos por militares, yo creo que mucho peor fueron los de los civiles (funcionarios, políticos, banqueros y empresarios ) que se beneficiaron de la dictadura y de los cuales solamente han sido juzgados –y bien juzgados– dos, Juan María Bordaberry y Juan Carlos Blanco. No hay que olvidar nunca que los militares sólo fueron el brazo armado de la rosca financiera y de los políticos reaccionarios y corruptos a los que sirvieron.
Tercero: y más importante, esto involucra directamente a Amodio Pérez, es que algunos de esos delitos no sólo son imprescriptibles, sino que casi todos pueden perfectamente ser juzgados al amparo de la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, que yo llamo ley de impunidad porque así lo habilita su artículo 4º, que hizo posible el juzgamiento de los militares y civiles en el primer gobierno de Tabaré Vázquez.
Naturalmente los que no prescriben son, como la tortura, los crímenes de lesa humanidad.
Por sobre todo, quiero remarcar que acá no nos estamos ocupando de una discusión entre ancianos ni entre viejos tupamaros, acá la cuestión es la ética, la izquierda y la verdad histórica, ese tesoro del que quiere apoderarse claramente la derecha.
La “operación Amodio”
La “operación Amodio” fracasó y la derecha quiere enterrarla. Los medios de prensa, los canales abiertos y el diario El País –que fue el operador principal– casi han olvidado el tema. Aun peor, se pretende imponer la idea miserable de que la conciencia, las ideas, los principios y hasta el alma son productos en venta en el mercado. Que al final todo el mundo traiciona si se encuentra el precio y que Amodio fue sólo una víctima infeliz de la debilidad de la carne.
Nada más mentiroso que eso. Es verdad que la voluntad humana puede quebrarse por el dolor, pero nada justifica la traición. Nadie puede obligar a nadie a cambiar de bando y pasarse al de los asesinos, nada puede justificar que Amodio haya salido de cacería y haya enviado a sus compañeros a la máquina. No se trata sólo de un desgraciado, de una víctima de la tortura, se trata de un traidor y un criminal que la historia y su peripecia personal puso a la altura de las bestias.
La fuerza de los hombres no está en el músculo sino en la cabeza.
El acuerdo entre la dictadura uruguaya y la de Francisco Franco, que permitió ingresar a España y por el que se le adjudicó a Amodio Pérez la ciudadanía española, sus contactos con el general Luis Queirolo y el inspector Campos Hermida cuando ya vivía en Madrid, su misteriosa vida en estos cuarenta años en que se le supo colaborando en la represión a la ETA u operando para servicios de Inteligencia, y su reciente infiltración en la Izquierda Unida en la región de Madrid, podrían también ser objeto de una investigación.
El libro de Amodio es una operación de Inteligencia y una historia hecha a medida. Hasta su mujer tiene un nombre diferente al real. Ahora sabemos que se llama Celia del Bosque y no Aurora, como Amodio dice en su libro. O todo el libro es una mentira como esta o Amodio se olvidó hasta del nombre de su esposa.
No hay que permitir que esta operación de Inteligencia se silencie para disminuir el ruido de su fracaso. Hay que seguir poniendo en evidencia el amplio y muy caro operativo que trajo al traidor Héctor Amodio Pérez desde España, a toda matraca, con hotel cinco estrellas y custodia personal incluida, para que presentara un libro que es funcional a esa visión de la historia reciente.
¿Con qué objetivo se hizo todo esto?
No importa si Amodio procuraba plata o redención. Lo que importa es lo que significa Amodio en el marco de la “operación Amodio”.
El regreso de Amodio y su libro son parte de una muy cara y planificada operación de “enchastre” a las fuerzas democráticas y especialmente a la izquierda, a la que siempre la derecha trató de identificar con los tupamaros. Pero se trata, además, de una operación neoliberal que pretende imponer la cultura del consumismo hasta el límite de que el alma también se compra y se vende en la feria de las vanidades.
Amodio no sólo fue un traidor a los tupamaros, sus compañeros, a los que anduvo delatando y persiguiendo, interrogando e incluso torturando, sino que fue un traidor al país y a su democracia porque colaboró activamente con la preparación del Golpe de Estado de 1973.
Sanguinetti molesto: salió mal la “operación Amodio”
El doctor Sanguinetti bajó del Olimpo y escribió en El País, el diario de la dictadura y el que preparó la “operación Amodio”. Escribió caliente porque se le dio vuelta la tortilla.
Amodio es ahora despreciado por el país entero, los medios de la derecha tratan de olvidarlo, y Uruguay recuerda, entre otros casos, el de 28 mujeres torturadas y violadas, fruto de la actividad del delator. Se recordó el documento que obtuvo el senador Dardo Ortiz, que demostró que Amodio era inspirador del Golpe de Estado del 27 de junio de 1973, y que mintió siempre, situación –la mentira– afirmada explícitamente por los senadores Mario Heber, Washington Beltrán, Lalo Paz Aguirre, Zelmar Michelini, y hasta por el doctor Jorge Batlle.
El editorial se titula “La farsa tupamara” y tiene errores graves. Dice: “La primera observación que cabe hacer es que el señor Héctor Amodio Pérez, más allá de su participación en una organización criminal, hoy estaría beneficiado por la ley 15.737, que declaró la amnistía de todos los delitos políticos, comunes y militares conexos con ellos, desde el 1º de enero de 1962. La amnistía es de los delitos, no es un perdón personal, es la extinción del hecho criminal. A este título, sin ir más lejos, hemos tenido en esa situación a un Presidente de la República y a dos Ministros actuales (…) el MLN intenta vengarse de su ‘condenado’, tratando de hacerlo caer en la excepción del artículo 5º de la ley de amnistía. Ese artículo textualmente dice que están excluidos de la amnistía ‘los delitos cometidos por funcionarios policiales o militares, equiparados o asimilados, que fueron autores, coautores o cómplices de tratamientos inhumanos, crueles o degradantes o de la detención de personas luego desaparecidas, y por quienes hubieren encubierto cualquiera de dichas conductas’. En una palabra se trataría de demostrar que este hombre tuvo la intención deliberada (el dolo) de entregar gente para ser torturada. Lo que claramente es difícil de demostrar, cuando lo que estaba tratando era de salvarse él o aliviar su condición de prisionero de las FFAA. Insistimos en el dolo porque el delito requiere deliberación”.
El doctor Sanguinetti cita la horca en la casa del ahorcado. Afirma que “todos están amnistiados”.
Pero se equivoca, la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, que nosotros llamamos de impunidad, no es una ley de amnistía, no “olvida” ni “borra”. Al contrario, en su Artículo 4º establece que los jueces podrán juzgar, previo consentimiento del presidente de la República. Fue al amparo de ese artículo que el presidente Tabaré Vázquez pudo encarcelar a los militares que hoy están presos, y a los civiles Juan María Bordaberry y Juan Carlos Blanco.
Lo que tiene Sanguinetti es un deseo enorme de que Amodio no se quede en el país, acaso porque en su desesperación puede hablar de muchas cosas, particularmente sobre la participación de los civiles en el ascenso del fascismo o del Escuadrón de la Muerte y las bandas paramilitares. Al fin y al cabo, el pasaporte con el que salió del país rumbo a la España de Franco le fue entregado por el general Ramón Trabal, en un gobierno del cual el doctor Sanguinetti era nada menos que el ministro de Educación y Cultura.
La frase final es casi un ruego del doctor Sanguinetti: “De modo que el tema jurídico, aun con las dudas siempre posibles, no parecería incriminar específicamente al tal Héctor Amodio Pérez. Salvo que abramos del todo la Caja de Pandora y surjan de allí sapos, centellas, rayos y cocodrilos, muchos de los cuales hoy están bendecidos por la República. Ojalá todo termine cuanto antes, nuestra Justicia no quede malparada y la ciudadanía pueda atender sus enormes desafíos del presente y no seguir distraída con las peores historias de su peor pasado”.
Por el contrario, doctor Sanguinetti, nosotros creemos que hay que rever todo, que hay que investigar todo, en particular, la participación de los civiles en la dictadura y los crímenes todos; no sólo los militares deben cargar con las culpas, sino también los banqueros, terratenientes, industriales, economistas, doctores y políticos que se beneficiaron de ella…
Y que salgan los cocodrilos y los sapos de la Caja de Pandora, que al fin de cuentas, por algo el doctor Sanguinetti los tenía tan ocultos.
http://www.carasycaretas.com.uy/el-tema-de-fondo-es-la-verdad-historica/

«EL ARTE DE LA GUERRA»

Goldman Sachs – OTAN Corp.
por Manlio Dinucci

Goldman Sachs, el banco de negocios más poderoso del mundo, acaba de contratar al ex secretario general de la coalición militar más poderosa de la historia: la OTAN. Aunque algunos sólo querrán ver en ello una especie de “jubilación dorada”, los hecho nos muestran que no es la primera vez que algo así se produce: Goldman Sachs y la OTAN ya mantuvieron una “fructífera” colaboración durante la guerra contra Libia.
RED VOLTAIRE | ROMA (ITALIA) | 21 DE AGOSTO DE 2015


El banquero privado más poderoso del mundo, Lloyd Blankfein (ver foto), presidente de Goldman Sachs, decía estar haciendo «el trabajo de Dios» (sic). Para castigar a los pecadores, ahora acaba de contratar a Anders Fogh Rasmussen, ex secretario general de la OTAN.

Después de haber sido secretario general de la OTAN (bajo las órdenes de Estados Unidos), desde 2009 hasta 2014, Anders Fogh Rasmussen acaba de ser contratado como consultante internacional por Goldman Sachs, el banco de negocios más poderoso de Estados Unidos.

Es prestigioso el curriculum de Rasmussen. Como primer ministro de Dinamarca (de 2001 a 2009), se dedicó a «la ampliación de la Unión Europea y de la OTAN contribuyendo a la paz y la prosperidad en Europa». Como secretario general de la OTAN, representó a la alianza atlántica en su «pico operativo con 6 operaciones en 3 continentes», entre ellas las guerras contra Afganistán y Libia. Además, «en respuesta a la agresión rusa contra Ucrania, reforzó la defensa colectiva a un nivel sin precedentes desde el fin de la guerra fría».

También apoyó la «Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP)» (también conocido como Área de Libre Comercio Transatlántico o TAFTA, según sus siglas en inglés. NdT.) entre Estados Unidos y la Unión Europea, base económica de una «comunidad transatlántica integrada».

Rasmussen presenta por lo tanto aptitudes inestimables para Goldman Sachs, cuya estrategia es simultáneamente financiera, política y militar. Después de años de trabajo en Goldman Sachs, los dirigentes y consultantes de este enorme banco estadounidense han ido a ocupar puestos claves en el gobierno de Estados Unidos y en los de otros países. Entre ellos se encuentran Mario Draghi –quien fue gobernador del Banco de Italia y ahora es presidente del Banco Central Europeo (BCE)– y Mario Monti –designado en 2011 como jefe del gobierno italiano por el presidente Napolitano.

Así que nada tiene de sorprendente que Goldman Sachs se suba las mangas para participar en las guerras de la OTAN. Por ejemplo, en la guerra contra Libia, donde primeramente se apropió –provocando pérdidas ascendentes al 98%– de fondos públicos por un monto de 1 300 millones de dólares, fondos que el gobierno libio le había confiado en 2008. En 2011, Goldman Sachs participó también en el saqueo de los fondos soberanos libios (estimados en unos 150 000 millones de dólares) que Estados Unidos y la Unión Europea «congelaron» en el momento de la guerra. Actualmente, para administrar a través del control del Central Bank of Libya los fondos provenientes de las nuevas exportaciones de petróleo, Goldman Sachs se dispone a desembarcar en Libia en el marco de la operación que Estados Unidos y la OTAN ya tienen proyectada, bajo la bandera de la Unión Europea y la «conducción italiana».

Basándose en una lúcida «teoría del caos», se explota la situación de caos provocada por las guerras contra Libia y Siria, instrumentalizando y canalizando hacia Italia y Grecia –dos de los países más débiles de la Unión Europea– el trágico éxodo de migrantes que huyen de esas guerras. Este éxodo sirve como arma de guerra sicológica e instrumento de presión económica para demostrar la necesidad de realizar una «operación humanitaria de paz» cuyo verdadero objetivo es ocupar militarmente las zonas estratégica y económicamente más importantes de Libia. Al igual que la OTAN, Goldman Sachs contribuye activamente a la estrategia de Washington, que quiere disponer de una Europa sometida a Estados Unidos.

Después de haber contribuido, mediante la estafa de los préstamos subprimes, a desatar la crisis financiera, que posteriormente se extendió a Europa desde Estados Unidos, Goldman Sachs especuló sobre la crisis europea aconsejando «a los inversionistas sacar provecho de la crisis financiera en Europa» [1].

Según investigaciones debidamente documentadas en 2010-2012 por medios como Der Spiegel, el New York Times, la BBC y Bloomberg News, Goldman Sachs también “disfrazó”, mediante complejas operaciones financieras –como «préstamos camuflados» bajo condiciones draconianas y venta de «títulos tóxicos estadounidenses»– el verdadero monto de la deuda griega. En este caso, Goldman Sachs maniobró con más habilidad que Alemania, el Banco Central Europeo y el FMI, que no han sabido esconder el yugo que pusieron al cuello de Grecia.

Al reclutar a Rasmussen, con la red internacional de relaciones políticas y militares que este personaje ha tejido durante sus 5 años como secretario general de la OTAN, Goldman Sachs refuerza sus posibilidades de influencia y de penetración.
Manlio Dinucci

Fuente
Il Manifesto (Italia)