26 mar 2014
¿Será la pérdida de Crimea la primera de una larga serie?
¿Será la pérdida de Crimea la primera de una larga serie?
Publicado el 3/26/14 •
Más allá del enfático llanto de Occidente por la adhesión de Crimea a la Federación Rusa, lo verdaderamente interesante sería saber si se trata de un fenómeno aislado o si estamos ante el inicio de una tendencia más generalizada de Europa oriental a inclinarse hacia Moscú. Al no tener otra cosa que ofrecer, aparte de la ya harto conocida sumisión a la burocracia de Bruselas, la Unión Europea teme que sus actuales clientes puedan sentirse atraídos por la libertad y las posibilidades financieras de Moscú.
THIERRY MEYSSAN / VOLTAIRENET.ORG
Los occidentales siguen lanzando alaridos de denuncia contra la «anexión militar» de Crimea por parte de Rusia. Sostienen que Moscú, en un regreso a la «doctrina Brezhnev», amenaza la soberanía de todos los Estados que fueron miembros de la desaparecida Unión Soviética o del también desaparecido Pacto de Varsovia y que se prepara para invadirlos, al estilo de lo sucedido en Hungría –en 1956– y en Checoslovaquia –en 1968.
¿Es eso cierto? Es evidente que ni los propios occidentales están convencidos de la inminencia del peligro. A pesar de estar desplegando una retórica que asimila la «anexión» de Crimea por parte de Vladimir Putin a la de los Sudetes por Hitler, nada indica que de verdad piensen que el mundo se dirige hacia una Tercera Guerra Mundial.
Lo cierto es que no han hecho más que adoptar unas cuantas sanciones teóricas contra unos cuantos dirigentes rusos –incluyendo dirigentes de la propia Crimea– bloqueando sus cuentas bancarias, si las tuviesen o quisiesen abrirlas, o prohibiéndoles viajar a Occidente, si tuviesen ganas de hacerlo. Es cierto que el Pentágono envió 22 aviones de combate a Polonia y a los países bálticos, pero no tiene intenciones de pasar de ahí, al menos por el momento.
Entonces, ¿qué pasa? Sucede que desde la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, y la posterior Cumbre de Malta, celebrada el 2 y el 3 de diciembre del aquel mismo año, Estados Unidos había estado ganando terreno, constantemente y violando una y otra vez sus propias promesas, al incluir uno a uno todos los Estados europeos –menos Rusia– en la OTAN.
El proceso comenzó sólo días después, durante la Navidad de 1989, con el derrocamiento de Ceausescu en Rumania y su reemplazo por otro dignatario comunista, Ion Iliescu, súbitamente convertido al liberalismo. Era la primera vez que la CIA organizaba un golpe de Estado a la vista de todos, poniéndolo en escena como si fuese una «revolución» gracias a un nuevo canal de televisión: CNN International. Comenzaba así una larga serie.
Seguirían una veintena de países, seleccionados como blancos y abatidos a través de medios igualmente fraudulentos: Albania, Alemania Oriental, Azerbaiyán, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Estonia, Georgia, Hungría, Kosovo, Letonia, Lituania, Macedonia, Moldavia, Montenegro, Polonia, Serbia, Eslovaquia, Eslovenia, la República Checa y Ucrania.
En la Cumbre de Malta no se firmó ningún documento. Pero el presidente George Bush padre, con Condoleezza Rice como consejera, contrajo un compromiso verbal: ningún Estado miembro del Pacto de Varsovia sería aceptado en la OTAN.
En realidad, la ex RDA o Alemania Oriental fue incorporada de facto a la alianza atlántica al pasar a formar parte de la RFA. Y así se abrió la puerta. Actualmente, son 12 los Estados ex miembros de la URSS o del Pacto de Varsovia que se han convertido en miembros de la OTAN. Los demás están en espera.
Pero, «hasta las mejores cosas se acaban». Hoy se tambalea el poderío de la OTAN y de su ala civil, la Unión Europea. Es cierto que la alianza atlantica nunca había tenido tantos miembros, pero sus ejércitos son poco eficaces. Su desempeño es satisfactorio cuando se trata de teatros de operaciones pequeños, como Afganistán, pero ya no pueden entrar en guerra contra China, ni contra Rusia sin tener la derrota como única garantía, como ya hemos podido ver en Siria durante el verano de 2013.
En definitiva, los occidentales se han quedado estupefactos ante la rapidez y eficacia de los rusos. Durante los juegos de Sochi, Vladimir Putin se abstuvo estoicamente de hacer cualquier comentario sobre lo que sucedía en la plaza Maidan. Pero reaccionó en cuanto tuvo las manos libres. Y todos pudieron comprobar entonces que estaba utilizando las cartas que había estado preparando durante su largo silencio. En pocas horas, fuerzas pro-rusas neutralizaron las tropas de Kiev presentes en Crimea mientras que se organizaba en Simferopol una revolución para llevar al poder un equipo pro-ruso.
El nuevo gobierno de Crimea convocó un referéndum de autodeterminación que registró un verdadero tsunami pro-ruso. Y después, las tropas oficiales rusas hicieron prisioneros a los militares que aún esperaban órdenes de Kiev. Y todo sin disparar un tiro, con excepción de los que hizo un francotirador ucraniano pro-OTAN arrestado en Simferopol cuando ya había abatido una persona de cada bando.
Hace 20 años, la población de Crimea seguramente habría votado en contra de Rusia. Pero hoy en día, y tratándose de garantizar su libertad, esa misma población confía más en Moscú que en Kiev, donde un tercio del gobierno está en manos de los nazis y los otros dos tercios se hallan en manos de los representantes de los oligarcas. Además, el Banco de Rusia se encargó inmediatamente de apuntalar la economía, hasta entonces en quiebra, de esa población mientras que –a pesar del FMI y de los préstamos prometidos por Estados Unidos y la Unión Europea– Kiev está condenado a un largo periodo de pobreza.
No hacía falta hablar ruso para tomar una decisión al respecto. Prueba de ello es el hecho que, contrariamente a lo que afirma la propaganda occidental, los musulmanes tártaros se pronunciaron en el mismo sentido que los rusófonos. Lo mismo decidió el 88% de los militares ucranianos estacionados en Crimea, y se pusieron del lado de Moscú con la firme intención de traer sus familias a Crimea y de obtener para ellas la nacionalidad rusa. También tomó esa decisión el 82% de los miembros de la Marina de Guerra de Ucrania que se hallaban en el mar. Muy felices de convertirse en rusos, esos marinos optaron por Rusia –con sus navíos y todo– sin haber sufrido ningún tipo de presión.
La libertad y la prosperidad, que Occidente utilizó como argumentos de venta durante casi 70 años, han cambiado de bando.
No se trata de afirmar aquí que Rusia es perfecta sino de tomar nota del hecho que para la población de Crimea, y en realidad para la mayor parte de los europeos, Rusia parece hoy más atractiva que el campo occidental.
Es por esa razón que la independencia de Crimea y su adhesión a la Federación Rusa constituyen una inversión de la situación. Por vez primera un pueblo ex soviético decide libremente reconocer la autoridad de Moscú. Lo que ahora temen los occidentales es que ese hecho tenga un efecto comparable a la caída del muro de Berlín, pero en el otro sentido. ¿Qué impide que Estados miembros de la OTAN –como Grecia– o simplemente miembros de la Unión Europea –como Chipre– sigan ese mismo camino? Se disolvería así el campo occidental y se hundiría en una fuerte depresión… como la Rusia de Yeltsin.
Se plantearía entonces la supervivencia de Estados Unidos. La disolución de la URSS supuestamente debía haber provocado la de su enemigo –y sin embargo interlocutor– ya que, también supuestamente, las dos superpotencias sólo existían por oposición entre sí.
Pero no fue eso lo que sucedió. Al verse libre de su competidor, Washington se lanzó a la conquista del mundo, globalizó la economía e instaló un nuevo orden. Hubo que esperar aún 2 años y un mes hasta la disolución de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín. ¿Quiere eso decir que asistiremos en poco tiempo a la disolución de Estados Unidos y de la Unión Europea en varias entidades, como dice Igor Panarin en los cursos que imparte en la Academia diplomática de Moscú? El derrumbe se aceleraría en la medida en que Washington reduzca las subvenciones a sus aliados y en que Bruselas recorte sus fondos estructurales.
No hay razón para ver con recelo el atractivo de Rusia ya que se trata de una potencia imperial pero no imperialista. Si bien Moscú tiene tendencia a tratar con rudeza a los pequeños países que protege, lo cierto es que su objetivo no es extender su hegemonía recurriendo al uso de la fuerza. Su estrategia militar es la «denegación de acceso» a su propio territorio. Sus fuerzas armadas son las primeras del mundo en materia de defensa antiaérea y de defensa antibuques. Son capaces de destruir flotas enteras de bombarderos y portaviones. Pero no están equipadas para lanzarse a la conquista del mundo, ni desplegadas en incontables bases militares en el extranjero.
Resulta particularmente sorprendente oír a los occidentales denunciar la adhesión de Crimea a la Federación Rusa como una violación de la Constitución de Ucrania y del derecho internacional. ¿No fueron ellos quienes desmembraron la URSS y Yugoslavia? ¿No fueron ellos quienes quebraron el orden constitucional en Kiev?
El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, deplora una supuesta voluntad rusa de «cortar Europa en dos». Pero la Rusia que se liberó de la dictadura burocrática soviética no tiene intenciones de restaurar la cortina de hierro. Es Estados Unidos quien pretende dividir Europa en dos partes para evitar la hemorragia hacia el este. Conclusión: la nueva dictadura burocrática no está en Moscú sino en Bruselas y se llama Unión Europea.
Washington ya está tratando de “amarrar” a sus aliados para que se mantengan en su propio bando, desarrollando su cobertura en materia de misiles en Polonia, Rumania y Azerbaiyán. Ya se sabe que su famoso «escudo» nunca estuvo concebido para detener misiles iraníes sino para atacar Rusia. También está tratando de empujar a sus aliados europeos a la adopción de sanciones económicas que paralizarían el continente y provocarían una huida masiva de los capitales hacia… ¡Estados Unidos!
El alcance de esos ajustes es de tal magnitud que el Pentágono está analizando la posibilidad de interrumpir su «giro hacia el Extremo Oriente», o sea el desplazamiento de sus tropas de Europa y del Medio Oriente para posicionarlas con vistas a una guerra contra China. En todo caso, toda modificación de su estrategia a largo plazo desorganizaría todavía más sus fuerzas armadas, tanto a corto como a largo plazo. Y mucho más de lo que esperaba Moscú, que mientras tanto observa con deleite las reacciones de la población en el este de Ucrania y –¿por qué no?– también en Transnistria.
Alianza Rusia-China “cambiará el equilibrio de fuerzas en el mundo”
Alianza Rusia-China “cambiará el equilibrio de fuerzas en el mundo”
Publicado el 3/25/14
RT – Europa y EE.UU. están llevando a cabo una política de aislamiento contra Rusia, mientras que China aboga por la cooperación con Moscú. Como resultado, Pekín y Moscú pueden cambiar por completo el equilibrio de poder mundial, según ‘Der Spiegel’. El diario alemán señala que Rusia y China “se preparan para firmar un nuevo acuerdo de cooperación político-militar”, el cual daría la plataforma necesaria para generar un reequilibrio de fuerzas a nivel mundial.
Por un lado, en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la resolución acerca del referéndum en la península de Crimea, China se abstuvo. Por otra parte, el periódico publicado por el Comité Central del Partido Comunista ‘Renmin Ribao’ (‘Diario del Pueblo’) escribió hace pocos días en su editorial que sobre Ucrania “se cernía el espíritu de la Guerra Fría”, por lo cual “el acercamiento estratégico entre China y Rusia se convierte en un ancla de estabilidad global”, informa el rotativo alemán en un artículo del periodista Uwe Klussmann.
Además, la publicación china hace la siguiente reflexión: “Rusia, liderada por Vladímir Putin, hizo que Occidente se diera cuenta de que en una guerra fría no hay vencedores”. Mientras tanto, el punto de vista del gigante asiático sobre la correlación de fuerzas en el mundo queda claro al leer otro periódico chino, el ‘Global Times’, donde aseguran que “en comparación con Rusia y Putin, EE.UU. y Europa parecen tigres de papel”.
‘Global Times’ también sostiene que Occidente “subestimó las intenciones de Rusia de defender sus intereses fundamentales en Ucrania”. En cuanto a la estrategia de Occidente destinada a apoyar al autoproclamado Gobierno ucraniano prooccidental, aseguran que no funciona y “conduce al caos, ante el cual Occidente no tiene ni la fuerza ni la sabiduría” para solucionarlo. Por lo tanto, en lo referente a Ucrania, los países occidentales están destinados a un fiasco, sostiene el periódico.
¿Quién es ese señor sin traje ni corbata?, desde Crimea, razones y personajes
¿Quién es ese señor sin traje ni corbata?, desde Crimea, razones y personajes
Por Rafael Cantera
Desde Crimea, razones y personajes que noticieros y periódicos no divulgaen permiten entender las razones de lo que está sucediendo a las orillas del Mar Negro.
En unos pocos días de manifestaciones, provocaciones, conspiraciones, amenazas y declaraciones a veces muy apasionadas, una provincia se separó de Ucrania e inmediatamente solicitó y consiguió la integración a Rusia. La ceremonia comenzó en Moscú con un discurso del presidente Putin frente al parlamento, reunido para la ocasión en la imponente y más grande sala de recepciones del Gran Palacio del Kremlin (la Sala de San Jorge, 1).
Las fotos publicadas por la prensa muestran a los parlamentarios sentados juiciosamente con las manos sobre la falda y vestidos de traje oscuro. Al frente, tras una mesa de ceremonias, se ven varios señores también vestidos de traje oscuro, camisa clara y corbata, otros de uniforme de guardia militar de gala y unas señoras vestidas de secretarias. Pero a la izquierda de Putin, uno de los firmantes muestra un ”look” discordante, informal, con una barba apenas recortada y sin traje ni corbata.
Los trajeados firmantes son el presidente de Rusia, el primer ministro de Crimea y el jefe del consejo de estado de Crimea. El destrajeado caballero de la izquierda, con pinta de colado, es Chaly, el flamante alcalde de Sebastopol.
El señor sin corbata es el nuevo alcalde de Sebastopol, Aleksey Chaly, un gran empresario que comenzó su carrera como ingeniero en un laboratorio soviético de innovación tecnológica y terminó al mando de Tavrida Electric, una de las principales empresas de Sebastopol (2) y pasó ahora a estar a cargo de la ciudad toda. El orígen de la empresa fue un laboratorio soviético de innovación tecnológica fundado por el padre de Chaly (Michael) en los setenta y privatizado en 1990, cuando la desintegración de la Unión Soviética acarreó una ola caótica de privatizaciones y enriquecimientos rapidísimos que dieron origen a los actuales oligarcas ucranianos y rusos.
En la página web de la empresa vemos que ya a comienzos de los ’80 Aleksey se vestía informalmente y prefería un pullover negro similar (suponemos que no es el mismo!) al que llevaba esta semana cuando entró al Kremlin a firmar el transpaso de Crimea, y su empresa, de Ucrania a Rusia. En ese entonces (1982) probablemente ni se le pasaba por la cabeza que en el futuro la empresa sería suya y establecería negocios de tal magnitud con Estados Unidos, Alemania y China que el presidente ruso le permitiría hacer una excepción al protocolo, dejándolo sentarse a la cabecera de la ceremonia en plena Sala de San Jorge, sin traje ni corbata.
Desde su filial en Canadá la empresa de los Chaly vende sus equipos en Norteamérica para las industrias de la minería, el petróleo y el gas. Es interesante notar que el presidente de Estados Unidos, luego de amenazar a Rusia con gravísimas sanciones en caso de que promoviera la secesión de Crimea, acaba de publicar una lista de once rusos y ucranianos sancionados, una lista negra, en la cual Chaly no figura (3).
La Unión Europea, en cambio, decidió incluirlo en su propia lista (4).
Aparentemente los enormes intereses económicos por el petróleo y el gas de Ucrania, algunos de cuyos grandes yacimientos están localizados en el área de Crimea, serían una parte importante del conflicto entre Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y las distintas fuerzas políticas en Ucrania.
Rusia, el mayor exportador de gas a la UE, depende en buena medida de este rubro para desarrollar su economía. Por otro lado, la industria europea se vendría abajo si se quedara sin el gas ruso de la noche a la mañana (primero la alemana y luego, con su caída, todas las demás). Los intereses a ambos lados del Atlántico no coinciden.
El principal sitio web de información sobre gas y petróleo (Oilprice.com) (5), informa sobre los contratos firmados hace poco, o casi listos para firmar, entre el viejo gobierno de Ucrania y gigantes empresas como la Shell y Exxon e informa que una de las primeras medidas del nuevo gobierno de Crimea fue nacionalizar las empresas de gas y petróleo, transfiriéndolas de este modo al gobierno ruso. En este caso, ”nacionalizar” significó transpasar esas empresas de Ucrania a Rusia y la secesión de Crimea significó que los yacimientos nuevos no serán explotados por Exxon y Shell sino por las empresas rusas.
Sabiendo esto, se comprende mejor la importancia de mantener una flota de guerra en el mar Negro y garantizar el funcionamiento de la base naval rusa en Sebastopol.
¿Cómo llegó Chaly a ocupar el puesto de alcalde de Sebastopol? Ni bien en Kiev los rebeldes del Maidán, apoyados por el gobierno de Estados Unidos (6) y varios gobiernos europeos, consiguieron derrocar al gobierno ucraniano electo, el gobierno de facto aprobó una serie de leyes que fueron mal recibidas en Crimea y otras zonas ucranianas donde la población rusa es mayoritaria. Una de ellas atentaba contra la educación en ruso y se transformó inmediatamente en uno de los argumentos con los cuales la gente de esas zonas explica su temor por las nuevas autoridades en Kiev y su deseo de separarse de Ucrania.
Los manifestantes que salieron a la calle en Crimea recibieron inmediatamente el apoyo ruso. En una de esas manifestaciones alguien propuso nombrar un nuevo alcalde, sustituyendo al alcalde designado por Kiev por uno dispuesto a apoyar sus consignas. En algunos videos colgados en Youtube se escucha a manifestates con banderas rusas corear ”Chaly, Chaly, Chaly” y en uno de ellos aparece Chaly, recibe un megáfono y comienza a hablarle a los manifestantes. Aleksey Chaly aceptó la oferta y luego de algunas discusiones y maniobras en la alcaldía fue designado en una elección apurada y confusa. Todo esto está muy bien documentado y lo resume maravillosamente bien la crónica del periodista Paul Sonne publicada por The Wall Street Journal (7).
Según textos en ruso y ucraniano (¡gracias, Olga, por las traducciones!) el prestigio de la familia Chaly en Crimea se ha ido consolidando a lo largo de las generaciones. Un abuelo del nuevo alcalde, Vasily Filopovich Chaly, fue Vicealmirante de la flota soviética del mar Negro, a cargo de una escuadrilla que luchó contra los nazis cuando estos sitiaban a Sebastopol. Otros integrantes de la familia permanecieron en Sebastopol mientras estuvo sitiada por los nazis en 1942.
Según dice la gente en los blogs, los Chaly tienen fama de ser gente leal a Rusia, inteligente y emprendedora, alejada de la política partidaria y no contaminada por la corrupción oligarca, al punto de que a pesar de que el actual Chaly es uno de los muchos millonarios enriquecidos luego de la desaparición de la Unión Soviética, los manifestantes lo consideraron el mejor candidato para representar el movimiento de masas que reivindicaba la secesión. Alguien lo convenció de arrimarse a una de las manifestaciones, alguien le pasó un megáfono y a las pocas semanas Chaly entró al magnífico hall de San Jorge en el Kremlin, a través de las enormes puertas doradas (¿será oro auténtico?) y se sentó a la izquierda de Putin a firmar el documento por el cual Crimea será parte de Rusia.
Rafael Cantera
(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Palacio_del_Kremlin
(2) http://www.tavrida.com
(3)http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/03/17/fact-sheet-ukraine-related-sanctions
(4)http://www.theguardian.com/world/2014/mar/17/us-sanctions-russian-ukrainian-targets
(5)http://oilprice.com/Energy/Energy-General/Russia-Eyes-Crimeas-Oil-and-Gas-Reserves.html
(6) http://www.informationclearinghouse.info/article37599.htm
(7)http://online.wsj.com/news/articles/SB20001424052702303880604579404851132885842
La ONDA digital
Silicon Valley y el enigma de la innovación
Silicon Valley y el enigma de la innovación
Por Joseph E. Stiglitz*
Alrededor del mundo, existe un gran entusiasmo por el tipo de innovación tecnológica que se simboliza en el Valle del Silicón. Según esta forma de ver las cosas, el ingenio de los Estados Unidos es su verdadera ventaja comparativa, ventaja que otros se esfuerzan por imitar. Sin embargo, existe también un enigma: es difícil detectar los beneficios de esta innovación en las estadísticas del PIB.
Lo que ocurre hoy en día es análogo a los avances de tuvieron lugar hace algunas décadas atrás, a principios de la era de las computadoras personales. En el año 1987, el economista Robert Solow – galardonado con el Premio Nobel por su trabajo pionero sobre el crecimiento – se lamentaba indicando que: “Se puede ver la era de las computadoras en todas partes, menos en las estadísticas de productividad”. Hay varias explicaciones posibles para esto.
economista2 150x100
Quizás el PIB realmente no capture las mejoras en los estándares de vida que la innovación de la era de la computadora está engendrando. O, tal vez esta innovación es menos importante de lo que sus entusiastas creen. Sucede que hay algo de verdad en ambas perspectivas.
Recordemos la forma cómo hace unos años, justo antes del colapso de Lehman Brothers, el sector financiero se enorgullecía de su capacidad de innovación. Debido a que las instituciones financieras habían atraído a las mejores y más brillantes mentes de todo el mundo, uno no habría esperado nada menos. No obstante, al examinar esto de manera más detenida, se hizo evidente que la mayor parte de dicha innovación implicaba idear mejores formas para estafar a los demás, manipular a los mercados sin ser descubierto (al menos, no durante un largo periodo) y explotar el poder de mercado.
En este período, cuando los recursos fluían hacia este sector “innovador”, el crecimiento del PIB fue marcadamente menor al que se registraba anteriormente. Incluso en los momentos más propicios, el sector financiero no condujo hacia un aumento de los estándares de vida (con excepción de los estándares de vida de los banqueros), y con el tiempo condujo hacia la crisis de la cual recién ahora nos estamos recuperando. La contribución social neta de toda esta “innovación” fue negativa.
De manera similar, la burbuja del punto-com que precedió a este período se caracterizó por la innovación – existen sitios Web a través de los cuales uno puede pedir en línea refrescos y comida para perros. Por lo menos este período dejó un legado de motores de búsqueda eficientes y una infraestructura de fibra óptica. Sin embargo, no es nada fácil evaluar cómo el ahorro de tiempo que implica las compras en línea, o el ahorro de costos que pudiese derivarse de una mayor competencia (debido a que es más fácil comparar los precios en línea), afecta a nuestros estándares de vida.
Dos cosas deben quedar en claro. En primer lugar, puede que la rentabilidad de una innovación no sea una buena medida de su contribución neta a nuestros estándares de vida. En nuestra economía actual en la cual “el ganador se lleva todo”, un innovador quien desarrolla un mejor sitio Web para la compra y entrega de comida para perros puede atraer a todos los clientes alrededor del mundo que usan la red de Internet para realizar pedidos de comida para perros, obteniendo dicho innovador grandes ganancias en el proceso. Pero, sin el servicio de entrega, gran parte de las mencionadas ganancias simplemente hubiesen sido percibidas por otros. La contribución neta del sitio Web al crecimiento económico puede que sea, en los hechos, una contribución relativamente pequeña.
Es más, si una innovación, como por ejemplo los cajeros automáticos en la banca, conduce a un aumento en el desempleo, ninguno de los costos sociales – ni el sufrimiento de aquellos que son despedidos, ni el aumento en los costos fiscales por tener que pagar a estas personas las prestaciones por desempleo – se refleja en la rentabilidad de las empresas. Del mismo modo, nuestra métrica del PIB no refleja el costo del aumento de la inseguridad que las personas puedan llegar a sentir cuando aumenta el riesgo de pérdida de un puesto de trabajo. Es de igual importancia el hecho de que con frecuencia la métrica del PIB no refleja, de manera precisa, la mejora en el bienestar de la sociedad que se deriva de la innovación.
En un mundo más simple, en el cual la innovación significaba simplemente la reducción del costo de la producción de, digamos como ejemplo, un automóvil, era fácil evaluar el valor de una innovación. Sin embargo, cuando la innovación afecta a la calidad de un automóvil, la tarea se torna mucho más difícil. Y, esto se hace aún más evidente en otros ámbitos: ¿Cómo evaluamos con precisión el hecho de que, debido a los avances médicos, la cirugía cardíaca tiene ahora mayor probabilidad de éxito que en el pasado, lo que a su vez conduce a un aumento significativo en la esperanza y calidad de vida de las personas?
No obstante, uno no puede evitar la incómoda sensación de que, cuando todo está dicho y hecho, la contribución de las más recientes innovaciones tecnológicas al crecimiento a largo plazo, en lo que se refiere a los estándares de vida, puede ser sustancialmente menor a la que los entusiastas afirman que es. Se ha dedicado una gran cantidad de esfuerzo intelectual a la elaboración de mejores maneras de maximizar los presupuestos de publicidad y marketing – dirigiéndose dichos esfuerzos específicamente hacia determinados clientes, en especial hacia clientes ricos, quienes realmente pueden comprar el producto. Sin embargo, es posible que los estándares de vida se hubiesen elevado aún más si todo ese talento innovador se hubiese asignado a investigaciones fundamentales – o incluso a investigaciones más aplicadas que pudiesen haber dado lugar a nuevos productos.
Sí es verdad, estar mejor conectados unos con otros, a través de Facebook o Twitter, es realmente valioso. Pero, ¿cómo podemos comparar estas innovaciones con otras como ser el láser, el transistor, la máquina de Turing y el mapa del genoma humano, cada una de los cuales ha dado lugar a una avalancha de productos que a su vez conducen a transformaciones?
Por supuesto, tenemos motivos para soltar un suspiro de alivio. Si bien puede que no sepamos cuánto están contribuyendo a nuestro bienestar las recientes innovaciones tecnológicas, al menos sabemos que, a diferencia de lo que ocurrió con la ola de innovaciones financieras que caracterizaron a la economía mundial pre-crisis, el efecto de las más recientes innovaciones es positivo.
Por Joseph E. Stiglitz*
*Economista y profesor estadounidense. Ha recibido la Medalla John Bates Clark y es Premio Nobel de Economía 2001.
Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.
Fuente: project-syndicate.org
Por Joseph E. Stiglitz*
Alrededor del mundo, existe un gran entusiasmo por el tipo de innovación tecnológica que se simboliza en el Valle del Silicón. Según esta forma de ver las cosas, el ingenio de los Estados Unidos es su verdadera ventaja comparativa, ventaja que otros se esfuerzan por imitar. Sin embargo, existe también un enigma: es difícil detectar los beneficios de esta innovación en las estadísticas del PIB.
Lo que ocurre hoy en día es análogo a los avances de tuvieron lugar hace algunas décadas atrás, a principios de la era de las computadoras personales. En el año 1987, el economista Robert Solow – galardonado con el Premio Nobel por su trabajo pionero sobre el crecimiento – se lamentaba indicando que: “Se puede ver la era de las computadoras en todas partes, menos en las estadísticas de productividad”. Hay varias explicaciones posibles para esto.
economista2 150x100
Quizás el PIB realmente no capture las mejoras en los estándares de vida que la innovación de la era de la computadora está engendrando. O, tal vez esta innovación es menos importante de lo que sus entusiastas creen. Sucede que hay algo de verdad en ambas perspectivas.
Recordemos la forma cómo hace unos años, justo antes del colapso de Lehman Brothers, el sector financiero se enorgullecía de su capacidad de innovación. Debido a que las instituciones financieras habían atraído a las mejores y más brillantes mentes de todo el mundo, uno no habría esperado nada menos. No obstante, al examinar esto de manera más detenida, se hizo evidente que la mayor parte de dicha innovación implicaba idear mejores formas para estafar a los demás, manipular a los mercados sin ser descubierto (al menos, no durante un largo periodo) y explotar el poder de mercado.
En este período, cuando los recursos fluían hacia este sector “innovador”, el crecimiento del PIB fue marcadamente menor al que se registraba anteriormente. Incluso en los momentos más propicios, el sector financiero no condujo hacia un aumento de los estándares de vida (con excepción de los estándares de vida de los banqueros), y con el tiempo condujo hacia la crisis de la cual recién ahora nos estamos recuperando. La contribución social neta de toda esta “innovación” fue negativa.
De manera similar, la burbuja del punto-com que precedió a este período se caracterizó por la innovación – existen sitios Web a través de los cuales uno puede pedir en línea refrescos y comida para perros. Por lo menos este período dejó un legado de motores de búsqueda eficientes y una infraestructura de fibra óptica. Sin embargo, no es nada fácil evaluar cómo el ahorro de tiempo que implica las compras en línea, o el ahorro de costos que pudiese derivarse de una mayor competencia (debido a que es más fácil comparar los precios en línea), afecta a nuestros estándares de vida.
Dos cosas deben quedar en claro. En primer lugar, puede que la rentabilidad de una innovación no sea una buena medida de su contribución neta a nuestros estándares de vida. En nuestra economía actual en la cual “el ganador se lleva todo”, un innovador quien desarrolla un mejor sitio Web para la compra y entrega de comida para perros puede atraer a todos los clientes alrededor del mundo que usan la red de Internet para realizar pedidos de comida para perros, obteniendo dicho innovador grandes ganancias en el proceso. Pero, sin el servicio de entrega, gran parte de las mencionadas ganancias simplemente hubiesen sido percibidas por otros. La contribución neta del sitio Web al crecimiento económico puede que sea, en los hechos, una contribución relativamente pequeña.
Es más, si una innovación, como por ejemplo los cajeros automáticos en la banca, conduce a un aumento en el desempleo, ninguno de los costos sociales – ni el sufrimiento de aquellos que son despedidos, ni el aumento en los costos fiscales por tener que pagar a estas personas las prestaciones por desempleo – se refleja en la rentabilidad de las empresas. Del mismo modo, nuestra métrica del PIB no refleja el costo del aumento de la inseguridad que las personas puedan llegar a sentir cuando aumenta el riesgo de pérdida de un puesto de trabajo. Es de igual importancia el hecho de que con frecuencia la métrica del PIB no refleja, de manera precisa, la mejora en el bienestar de la sociedad que se deriva de la innovación.
En un mundo más simple, en el cual la innovación significaba simplemente la reducción del costo de la producción de, digamos como ejemplo, un automóvil, era fácil evaluar el valor de una innovación. Sin embargo, cuando la innovación afecta a la calidad de un automóvil, la tarea se torna mucho más difícil. Y, esto se hace aún más evidente en otros ámbitos: ¿Cómo evaluamos con precisión el hecho de que, debido a los avances médicos, la cirugía cardíaca tiene ahora mayor probabilidad de éxito que en el pasado, lo que a su vez conduce a un aumento significativo en la esperanza y calidad de vida de las personas?
No obstante, uno no puede evitar la incómoda sensación de que, cuando todo está dicho y hecho, la contribución de las más recientes innovaciones tecnológicas al crecimiento a largo plazo, en lo que se refiere a los estándares de vida, puede ser sustancialmente menor a la que los entusiastas afirman que es. Se ha dedicado una gran cantidad de esfuerzo intelectual a la elaboración de mejores maneras de maximizar los presupuestos de publicidad y marketing – dirigiéndose dichos esfuerzos específicamente hacia determinados clientes, en especial hacia clientes ricos, quienes realmente pueden comprar el producto. Sin embargo, es posible que los estándares de vida se hubiesen elevado aún más si todo ese talento innovador se hubiese asignado a investigaciones fundamentales – o incluso a investigaciones más aplicadas que pudiesen haber dado lugar a nuevos productos.
Sí es verdad, estar mejor conectados unos con otros, a través de Facebook o Twitter, es realmente valioso. Pero, ¿cómo podemos comparar estas innovaciones con otras como ser el láser, el transistor, la máquina de Turing y el mapa del genoma humano, cada una de los cuales ha dado lugar a una avalancha de productos que a su vez conducen a transformaciones?
Por supuesto, tenemos motivos para soltar un suspiro de alivio. Si bien puede que no sepamos cuánto están contribuyendo a nuestro bienestar las recientes innovaciones tecnológicas, al menos sabemos que, a diferencia de lo que ocurrió con la ola de innovaciones financieras que caracterizaron a la economía mundial pre-crisis, el efecto de las más recientes innovaciones es positivo.
Por Joseph E. Stiglitz*
*Economista y profesor estadounidense. Ha recibido la Medalla John Bates Clark y es Premio Nobel de Economía 2001.
Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.
Fuente: project-syndicate.org
25 mar 2014
Ni ángeles, ni demonios
Desde México
Ni ángeles, ni demonios
Escrito por: Douglas Ifrán
Domingo 23 de marzo de 2014
Nuestro país ha demostrado en las últimas décadas tener una dificultad significativa a la hora de pensarse a sí mismo en el futuro. Hemos quedados prisioneros de un presente permanente en donde corremos tras lo puntual, procuramos solucionar este o aquel conflicto, pero sin entrar a la raíz de los problemas. Pretendemos solucionar efectos, mientras dejamos intacta la fuente que origina el conflicto. Entre muchas cosas ello resulta de un mal relacionamiento con nuestro pasado.
Si no somos capaces de comprender las claves del camino que nos ha conducido hasta acá es muy difícil que podamos, siquiera imaginar, lo que nos aguarda.
Este relacionamiento deficitario con el pasado no es algo casual, ni tampoco un efecto colateral de un desarrollo apresurado y que no nos ha dado un momento de respiro para situarnos. Ese relacionamiento con el pasado es parte de un relato general que nos ha ocultado la verdadera naturaleza de los pasos dados y esto nunca es una casualidad.
No hemos avanzado en línea recta desde el ayer hasta este hoy y no somos marionetas del destino. Tampoco nuestras instituciones y elementos de nuestra cotidianidad, son resultado de la acción de grandes héroes a los que les rendimos culto en forma de múltiples rituales. Nuestras dificultades no son fruto de la perversidad de determinados personajes que se empeñan veinticuatro horas en materializar males.
Entender esto implica redimensionar nuestra memoria colectiva, recuperar voces y eliminar silencios que se han tejido sobre las mismas. Significa un volver a vernos, a comprender que somos resultado de decisiones tomadas en determinados contextos específico y de las fuerzas que se enfrentaran oportunamente representando distintos intereses.
El relato que intenta trazar una continuidad, marcar un determinado rumbo, el que para muchos es fuente de las grandes soluciones a perseguir, está construido de muchos silencios, de mucho olvido impuesto.
Esos vacíos han pretendido ser llenados por grandes mitos que proporcionan un punto de partida que tiene la particularidad de no poder ser superado y que en definitiva, todo lo que hagamos para conquistas algo mejor, debe remitirse a ese marco definido por el mito. Los ejemplos abundan. Escuchamos de modo reiterado, volver al artiguismo, luchamos por una escuela vareliana, pero en todos los casos sin tomar en cuenta la naturaleza histórica de la figura de Artigas y de Varela, el contexto que da sentido a sus palabras.
Ello no implica renegar de su existencia, no se trata de ejercer una suerte de parricidio intelectual, tan común en el terreno de la literatura, sino de verlos y pensarlos como seres de su tiempo, con sus luces y sus sombras. Aceptar que el paso de la vida ha desgastado muchas de sus propuestas más audaces. Implica si, y ello debe ser colocado en primer plano, hacer resonar nuevamente aquellos principios y valores que se han mantenido a lo largo del tiempo y que debieran ser el eje de nuestras acciones.
Por referirme puntualmente a Artigas, me interesa menos la solución concreta que propusiera para solucionar la situación de la campaña, que su afirmación de la necesidad de luchar contras los que se oponen a la pública felicidad.
No abundaré sobre Varela porque inevitablemente al tocar la temática educativa nacional siempre vamos a ver su sombra proyectada de algún modo. El Varela que hemos de rescatar es el que no está en los museos, en los monumentos, sino el de las ideas que le fueran rechazadas, las que tuvo que abandonar en pro de llevar adelante, aunque más no fuera parte de lo que pensaba.
El relato de nuestro pasado está centrado en la presencia de grandes figuras que de acuerdo a la formación ideológica de quien las maneje, ocuparan lugares de mayor o menos proyección. Lo importante que hemos de considerar es que cada una de esas figuras, cobró significación porque era capaz de materializar una síntesis del pensamiento de un conjunto de personas que llevaban adelante una determinada pelea, una búsqueda. Esto es válido para cada una de las grandes instancias de nuestro pasado.
Es claro que esas personalidades no dejaron de estampar su sello personal. Al llevar adelante una tarea de síntesis, al consolidar un determinado sentir, una sensibilidad colectiva, también aportaban lo suyo al conjunto. Se entablaba así un juego dialéctico en donde esa sensibilidad colectiva, derivaba en pensamiento estructurado y este volvía sobre la masa nutriéndola y haciéndola avanzar en la comprensión de la realidad. Ninguno por sí y ante sí portó todas las respuestas, pero como fruto de esos colectivos de que formaran parte señalan rumbos por donde encontrar preguntas y construir teoría. Esta palabra tan denigrada en el concepto de algunos es de capital importancia ya que sin teoría no habrá nunca un cambio efectivo, sin el aporte de la teoría es imposible construir la praxis llamada a transformar la realidad.
En nuestros días parecería que ya no hay espacio para las grandes figuras, todos hemos sido reducidos al anonimato de la masa ciudadana. Somos en buena medida reducidos a números. Números que nos identifican, que nos abren el acceso a determinadas cosas, que nos ubican y dan razón a algún porcentaje con los que se pretende describir nuestro sentir.
Los partidos políticos han dejado de ser representativos de un cuerpo de ideas, de una ideología, de un arraigo en determinadas tradiciones, para pasar a representar un determinado porcentaje del electorado. Los grandes medios han contribuido a simplificar el planteo, no van más allá. Como todo debe formar parte de la sociedad del espectáculo, evitemos lo complejo ya que será de difícil comprensión y por ende no genera audiencia.
Considero que como nunca para acercarnos a una comprensión de nuestra realidad con intensión de cambiar aquello que muestra claras señales de no funcionar correctamente, debemos recordar las palabras que décadas atrás pronunciara Gabriel García Márquez en el momento de recibir el Premio Nobel de Literatura. En la oportunidad el escritor colombiano refiriéndose a la forma de vernos por parte de la vieja Europa afirmó:
“Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios.”
Tradicionalmente hemos sido importadores y consumidores – reproductores de pensamiento e ideas nacidas dentro de la lógica del pensamiento eurocéntrico. Hemos aplicado y aplicamos sus “varas” para medirnos a nosotros mismos y el resultado no es sino una imagen deformada casi grotesca de nuestra existencia.
Tiempo es que despleguemos la inteligencia. Es hora de rescatar nuestras propias voces, que definamos nuestras propias unidades de medida y que reconstruyamos nuestro pasado apropiándonos de él para con ese punto de partida lanzarnos a la aventura del por – venir. Para ello debemos aprender a pensar desde el sur, desde nuestra propia existencia.
Creo que sobre esta base es que debemos desarrollar grandes discusiones que cruzan nuestra escena nacional. No desde posiciones fundamentalistas, son desde la reflexión autónoma de cada uno. Desde la ponderación y el diálogo. Muchas veces se menciona el diálogo y se señala como tal a verdaderas conversaciones de sordos. Para dialogar hay que estar dispuesto a desplegar argumentos válidos y por sobre todas las cosas dejar la puerta abierta a considerar de que quien no comparte mi pensamiento puede tener razón, parcial o total. Ello no va en menoscabo de nuestro ego sino muestra la inteligencia para escuchar. La historia, esa que se procura ocultar demuestra que quienes se mostraron intransigentes, sordos a toda opinión en contrario, representaron a la larga un triste papel y derivaron hacia el autoritarismo y la negación de los propios ideales que pretendieron sostener.
Dialogar entonces implica hacerlo – como lo señalábamos en el título – sin caer en la disyuntiva de Ángeles o Demonios
Ni ángeles, ni demonios
Escrito por: Douglas Ifrán
Domingo 23 de marzo de 2014
Nuestro país ha demostrado en las últimas décadas tener una dificultad significativa a la hora de pensarse a sí mismo en el futuro. Hemos quedados prisioneros de un presente permanente en donde corremos tras lo puntual, procuramos solucionar este o aquel conflicto, pero sin entrar a la raíz de los problemas. Pretendemos solucionar efectos, mientras dejamos intacta la fuente que origina el conflicto. Entre muchas cosas ello resulta de un mal relacionamiento con nuestro pasado.
Si no somos capaces de comprender las claves del camino que nos ha conducido hasta acá es muy difícil que podamos, siquiera imaginar, lo que nos aguarda.
Este relacionamiento deficitario con el pasado no es algo casual, ni tampoco un efecto colateral de un desarrollo apresurado y que no nos ha dado un momento de respiro para situarnos. Ese relacionamiento con el pasado es parte de un relato general que nos ha ocultado la verdadera naturaleza de los pasos dados y esto nunca es una casualidad.
No hemos avanzado en línea recta desde el ayer hasta este hoy y no somos marionetas del destino. Tampoco nuestras instituciones y elementos de nuestra cotidianidad, son resultado de la acción de grandes héroes a los que les rendimos culto en forma de múltiples rituales. Nuestras dificultades no son fruto de la perversidad de determinados personajes que se empeñan veinticuatro horas en materializar males.
Entender esto implica redimensionar nuestra memoria colectiva, recuperar voces y eliminar silencios que se han tejido sobre las mismas. Significa un volver a vernos, a comprender que somos resultado de decisiones tomadas en determinados contextos específico y de las fuerzas que se enfrentaran oportunamente representando distintos intereses.
El relato que intenta trazar una continuidad, marcar un determinado rumbo, el que para muchos es fuente de las grandes soluciones a perseguir, está construido de muchos silencios, de mucho olvido impuesto.
Esos vacíos han pretendido ser llenados por grandes mitos que proporcionan un punto de partida que tiene la particularidad de no poder ser superado y que en definitiva, todo lo que hagamos para conquistas algo mejor, debe remitirse a ese marco definido por el mito. Los ejemplos abundan. Escuchamos de modo reiterado, volver al artiguismo, luchamos por una escuela vareliana, pero en todos los casos sin tomar en cuenta la naturaleza histórica de la figura de Artigas y de Varela, el contexto que da sentido a sus palabras.
Ello no implica renegar de su existencia, no se trata de ejercer una suerte de parricidio intelectual, tan común en el terreno de la literatura, sino de verlos y pensarlos como seres de su tiempo, con sus luces y sus sombras. Aceptar que el paso de la vida ha desgastado muchas de sus propuestas más audaces. Implica si, y ello debe ser colocado en primer plano, hacer resonar nuevamente aquellos principios y valores que se han mantenido a lo largo del tiempo y que debieran ser el eje de nuestras acciones.
Por referirme puntualmente a Artigas, me interesa menos la solución concreta que propusiera para solucionar la situación de la campaña, que su afirmación de la necesidad de luchar contras los que se oponen a la pública felicidad.
No abundaré sobre Varela porque inevitablemente al tocar la temática educativa nacional siempre vamos a ver su sombra proyectada de algún modo. El Varela que hemos de rescatar es el que no está en los museos, en los monumentos, sino el de las ideas que le fueran rechazadas, las que tuvo que abandonar en pro de llevar adelante, aunque más no fuera parte de lo que pensaba.
El relato de nuestro pasado está centrado en la presencia de grandes figuras que de acuerdo a la formación ideológica de quien las maneje, ocuparan lugares de mayor o menos proyección. Lo importante que hemos de considerar es que cada una de esas figuras, cobró significación porque era capaz de materializar una síntesis del pensamiento de un conjunto de personas que llevaban adelante una determinada pelea, una búsqueda. Esto es válido para cada una de las grandes instancias de nuestro pasado.
Es claro que esas personalidades no dejaron de estampar su sello personal. Al llevar adelante una tarea de síntesis, al consolidar un determinado sentir, una sensibilidad colectiva, también aportaban lo suyo al conjunto. Se entablaba así un juego dialéctico en donde esa sensibilidad colectiva, derivaba en pensamiento estructurado y este volvía sobre la masa nutriéndola y haciéndola avanzar en la comprensión de la realidad. Ninguno por sí y ante sí portó todas las respuestas, pero como fruto de esos colectivos de que formaran parte señalan rumbos por donde encontrar preguntas y construir teoría. Esta palabra tan denigrada en el concepto de algunos es de capital importancia ya que sin teoría no habrá nunca un cambio efectivo, sin el aporte de la teoría es imposible construir la praxis llamada a transformar la realidad.
En nuestros días parecería que ya no hay espacio para las grandes figuras, todos hemos sido reducidos al anonimato de la masa ciudadana. Somos en buena medida reducidos a números. Números que nos identifican, que nos abren el acceso a determinadas cosas, que nos ubican y dan razón a algún porcentaje con los que se pretende describir nuestro sentir.
Los partidos políticos han dejado de ser representativos de un cuerpo de ideas, de una ideología, de un arraigo en determinadas tradiciones, para pasar a representar un determinado porcentaje del electorado. Los grandes medios han contribuido a simplificar el planteo, no van más allá. Como todo debe formar parte de la sociedad del espectáculo, evitemos lo complejo ya que será de difícil comprensión y por ende no genera audiencia.
Considero que como nunca para acercarnos a una comprensión de nuestra realidad con intensión de cambiar aquello que muestra claras señales de no funcionar correctamente, debemos recordar las palabras que décadas atrás pronunciara Gabriel García Márquez en el momento de recibir el Premio Nobel de Literatura. En la oportunidad el escritor colombiano refiriéndose a la forma de vernos por parte de la vieja Europa afirmó:
“Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios.”
Tradicionalmente hemos sido importadores y consumidores – reproductores de pensamiento e ideas nacidas dentro de la lógica del pensamiento eurocéntrico. Hemos aplicado y aplicamos sus “varas” para medirnos a nosotros mismos y el resultado no es sino una imagen deformada casi grotesca de nuestra existencia.
Tiempo es que despleguemos la inteligencia. Es hora de rescatar nuestras propias voces, que definamos nuestras propias unidades de medida y que reconstruyamos nuestro pasado apropiándonos de él para con ese punto de partida lanzarnos a la aventura del por – venir. Para ello debemos aprender a pensar desde el sur, desde nuestra propia existencia.
Creo que sobre esta base es que debemos desarrollar grandes discusiones que cruzan nuestra escena nacional. No desde posiciones fundamentalistas, son desde la reflexión autónoma de cada uno. Desde la ponderación y el diálogo. Muchas veces se menciona el diálogo y se señala como tal a verdaderas conversaciones de sordos. Para dialogar hay que estar dispuesto a desplegar argumentos válidos y por sobre todas las cosas dejar la puerta abierta a considerar de que quien no comparte mi pensamiento puede tener razón, parcial o total. Ello no va en menoscabo de nuestro ego sino muestra la inteligencia para escuchar. La historia, esa que se procura ocultar demuestra que quienes se mostraron intransigentes, sordos a toda opinión en contrario, representaron a la larga un triste papel y derivaron hacia el autoritarismo y la negación de los propios ideales que pretendieron sostener.
Dialogar entonces implica hacerlo – como lo señalábamos en el título – sin caer en la disyuntiva de Ángeles o Demonios
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